Cómo manejaron los emperadores romanos el problema de la sucesión:



Las instituciones creadas por una generación de fundadores deben pasarse exitosamente a la siguiente para mantenerlas funcionales. En ausencia de tal sucesión, se produce una esclerosis organizacional o un conflicto interno constante.

El problema de la sucesión tiene dos componentes: la sucesión de habilidades y la sucesión del ejercicio práctico del poder. En el discurso público y el pensamiento político hemos tratado de resolver la sucesión de poder o la sucesión de habilidades bajo diferentes nombres. Cambiamos sin problemas entre dos estados mentales fragmentados separados dependiendo de qué componente del problema esté frente a nosotros sin siquiera darnos cuenta.

En las democracias liberales el origen del poder que son unas elecciones procedimentales está separado de por un lado la capacidad de ejercerlo y por otro lado de la destreza técnica. Nuestra cultura está impregnada de la ideología de demostrar su valía a través de la lucha. Esta visión casi darwiniana bastante degenerada bajo “ficciones humanas” está fuertemente presente en nuestros valores económicos, políticos e incluso académicos. Definimos el mérito equipándolo con el éxito en la competición bajo unos parámetros definidos socialmente sin siquiera darnos cuenta de que ésta era simplemente una de muchas opciones posibles.

Luego, estos valores respaldan varios obstáculos legales y sociales impuestos a la sucesión de poder, que se cree ampliamente que resuelven la sucesión de habilidades: creemos que al quitarles el poder a quienes ocupan puestos institucionales para elegir a sus sucesores, garantizamos que serán reemplazados en función del “mérito” definido bajo “el número de sufragios». Sin embargo, cuando se trata de nuestras decisiones privadas, tenemos una mentalidad más nepotista. En el ámbito privado, podemos pensar más claramente sobre la sucesión de poder. Sin embargo, en este modo normalmente manipulamos la evaluación de habilidades.

Asumimos que el poder y la habilidad, en el mejor de los casos, no están relacionados y, a menudo, asumimos además que el poder lo obtienen mal aquellos que lo aprovechan o toman sin ninguna habilidad justificada. Lo que falta en la comprensión occidental es que la sucesión de poder y la sucesión de habilidades no están en realidad reñidas entre sí, sino que en realidad son dos mitades mutuamente necesarias. Si su objetivo es mantener las instituciones funcionales, las soluciones que resuelven uno pero no el otro no son soluciones en absoluto.

Para explorar e ilustrar esta realidad, podemos mirar el ejemplo de la adopción de adultos en el Imperio Romano, que proporcionará una idea de qué tipo de normas sociales y características institucionales diferentes:

Roma imperial y la sucesión:

La sociedad romana se destaca con razón bajo los parámetros de aquél período histórico por su producción de individuos altamente calificados. No tenía ningún problema con la sucesión de habilidades: abundaban personas ambiciosas y de gran talento. Sin embargo, sí encontraron que la sucesión del poder era un desafío, especialmente en las últimas épocas de la civilización romana, cuando las élites senatoriales y aristocráticas de menor rango de la primera República ya no existían.

Vale la pena enfatizar cuán anómala fue la temprana República Romana. Por ejemplo, el Senado podría convocar a Cincinato para que fuera dictador en caso de emergencia y luego ganarse la admiración de sus pares eligiendo retirarse sin problemas a su granja una vez pasada la crisis, sin temor a represalias de antiguos rivales políticos.  Confiaban en que su retiro era genuino y que ya no sería una figura destacada en la política.

Comparemos esto con la Libia moderna, un ejemplo en el extremo opuesto.  La espantosa muerte de Muammar Gaddafi a manos de la milicia del Consejo Nacional de Transición es infame.  Incluso sin las intervenciones estadounidenses y francesas que lo derrocaron, si hubiera entregado el poder a su oposición política, una jubilación pacífica parecía en el mejor de los casos, improbable, lo mismo podríamos imaginar para Sadam Hussein.

El sistema republicano romano finalmente alcanzó sus límites a medida que pasó de gestionar una Roma provincial y sus estados clientes en la península italiana a gestionar una economía urbana más compleja y la vida política de todo el Mediterráneo occidental.  Los problemas que antes podrían haberse resuelto mediante fundamentos políticos alineados o el tejido social de la clase patricia se volvieron difíciles.  Recayeron cada vez más en las estructuras religiosas y legales formales de la república, es decir de las estructuras estatales de poder que ya venían tiempo reforzándose.

Estas estructuras, que alguna vez fueron el último recurso, no podían soportar la carga de una administración regular. Lo que alguna vez fueron contingencias terribles a las que sólo se podía recurrir en caso de una falla de coordinación entre la clase gobernante, pasaron a ser vistas como medidas políticas normales.  Como resultado, las élites económicas, militares y políticas romanas se volvieron cada vez menos flexibles bajo un armazón de poder, recaudación de recursos y estamentos con autopoder cada vez más grandes. Ejemplos como esos podemos verlo en un montón de sistemas burocratizados decadentes en todas las épocas dela historia.

A finales de la República, todavía surgían personas talentosas, pero se veían obligadas a librar sangrientas guerras civiles para resolver disputas.  La carrera de Sila, por ejemplo, está plagada de oponentes políticos derrotados no sólo en el Senado sino también en el campo de batalla. Una esfera política informal y sin reglas reemplazó a la formal, con consecuencias peligrosas. Mucho después de que estas guerras civiles cambiaran el Estado romano hasta dejarlo irreconocible, los emperadores romanos encontraron una solución inventiva para el problema recientemente aparente de la sucesión de poder.  En períodos posteriores de estabilidad, como durante la dinastía Nerva-Antonina, esto se logró mediante la adopción de adultos.

En la sociedad romana, la adopción no era únicamente un medio para ayudar a los niños huérfanos o abandonados, sino un mecanismo social y legal a través del cual podías convertir a un varón adulto en tu hijo y heredero, permitiéndote heredar tu posición.  En otras palabras, no era necesario que tu dinastía terminará con tu linaje.

Esta solución tenía muchas características interesantes que otorgan flexibilidad para evitar conflictos civiles de escala, la más notable de las cuales es que el emperador podía llegar a un acuerdo con un rival más joven en ascenso, devolviéndole al redil y alineando sus objetivos con los del emperador.  La adopción los posicionó de manera legible como el sucesor natural. Dado que la práctica de la adopción de adultos era bien comprendida y respetada en toda la sociedad romana, constituía una garantía creíble de coordinación institucional. Las garantías creíbles cambiaron notablemente los incentivos.

El hijo adoptivo, que antes podría haberse sentido tentado a socavar al emperador, ahora estaría a favor de ampliar una base de poder que algún día sería suya.  Los gobernantes actuales y futuros, entonces, tienen una razón para trabajar juntos incluso antes de que la transferencia de poder se vea afectada.  El resultado no es sólo una transferencia pacífica del poder, sino una alquimia política que transmuta a tu rival más peligroso en tu aliado más potente garantizando la paz social.

Una ley muy respetada y respaldada por la práctica jurídica es lo que garantiza que la riqueza y otros derechos legales se transfieran adecuadamente.  Es importante destacar que la legitimidad de la práctica social de la adopción, junto con la expectativa mutua de poder futuro, significó que las conexiones sociales intangibles, tan vitales para asegurar el poder, también se transfieran, y no fuera el linaje por sangre la única forma de sucesión.

Incluso si el sucesor y jefe de Estado elegidos no tuvieran la lealtad política más cercana debido a otros factores, este mecanismo de adopción aún podría usarse para formalizar la capacidad de dar un golpe de estado para poner a esa persona a cargo.  Esto resolvió una de las mayores dificultades de las rendiciones negociadas y de las negociaciones de paz en general: la del compromiso creíble.

El mecanismo también tenía beneficios en términos de sucesión de habilidades, ya que permitía a alguien exitoso, en este caso un gobernante experto, reconocer y elegir a otro con habilidades comparables.  Como resultado, la era de la dinastía Antonina vio un gobierno relativamente pacífico y competente.  El término «Cinco buenos emperadores» se ha utilizado para referirse a la cadena de cinco buenos gobernantes de la dinastía Nerva-Antonina (Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio).  El famoso historiador británico Edward Gibbon fue tan lejos en sus elogios como para decir que la humanidad nunca tuvo una condición tan feliz, antes o después, como bajo su dominio.

La relativa armonía de este período proporciona un contraste importante con las guerras civiles observadas anteriormente en las últimas épocas de la república y más tarde en la historia imperial.  La adopción demostró ser un método viable para resolver la sucesión de poder, permitiendo a los emperadores disfrutar de una seguridad personal que redujo el problema del enfoque local, lo que a su vez aseguró un control efectivo y el buen funcionamiento del estado romano en expansión.

Un ejemplo, durante su breve reinado, el emperador Nerva, políticamente débil, decidió adoptar al prometedor Trajano, formalizando su ascenso e integrándolo en la estructura de gobierno sin una guerra civil sangrienta. El sucesor de Trajano, Adriano, también fue adoptado, aunque los detalles son confusos, ya que los documentos fueron firmados en el lecho de muerte de Trajano. Lo que está claro, sin embargo, es que Adriano fue un antiguo miembro del círculo íntimo de Trajano (según la Historia de Augusto, fue Adriano quien le dio la noticia a Trajano de su adopción por parte de Nerva) y parece haber aprendido con éxito las habilidades de gobierno fuera de sus puestos en posiciones formales de poder. Adriano, a su vez, adoptó a Antonino Pío, quien lo había impresionado mucho con su desempeño como procónsul de Asia, con la condición de que el propio Antonino adoptara a Marco Aurelio y Lucio Vero como herederos. Así lo hizo, y tras su muerte fue sucedido por Marco y Lucio, quienes cogobernaron hasta la muerte de Lucio.

Marco Aurelio, por supuesto, nombraría heredero a su errático hijo biológico Cómodo, una decisión sujeta a un gran debate pero que parece haber resultado en un fracaso en la sucesión verdaderamente catastrófica después de en general buenas decisiones a este respecto.

La versión más desarrollada del sistema de sucesión adoptiva se implementó siglos más tarde bajo Diocleciano, el gobernante reformista que sacó al imperio del borde del colapso. La práctica de la adopción era menos prominente en la sociedad romana en ese momento, ya que ya no era una práctica cultural celebrada. Diocleciano lo revivió para usarlo como mecanismo de sucesión legal y lo desarrolló aún más implementando un sistema de antigüedad y aprendizaje más formal. Al sucesor designado se le concedió el título de César (Emperador menor) y se le permitiría administrar sus propias tierras, bajo la supervisión nominal de Augusto (Emperador mayor).

Esto endulzó el trato: no sólo te nombraré mi hijo y, por cultura y ley, te haré mi heredero, sino que también te concederé o reconoceré tu derecho a gestionar territorios ahora mismo. Una ventaja de este enfoque es que el puesto superior es directamente análogo en términos de las habilidades y responsabilidades requeridas del puesto menor. El trabajo de jefe de Estado suele ser lo suficientemente singular como para que sea notoriamente difícil conseguir preparación, capacitación y experiencia directamente relevante. Sin embargo, una desventaja de este enfoque es que favorece al partido menor, tal vez hasta el punto de hacer del conflicto prematuro una ruta viable hacia el poder.

El Imperio Romano estaba experimentando grandes dificultades en esta época, habiéndose vuelto esclerótico y burocratizado, como fue el caso de muchos imperios de la época. Las exigencias militares y administrativas, la dificultad de gestión y la fragmentación del poder hicieron que la división del Imperio en una mitad occidental y una mitad oriental fuera políticamente ventajosa. En el panorama del poder del espacio de la “civilización romana” estaba entonces compuesto por una alianza de cuatro bandos, una tetrarquía de los emperadores mayores de Oriente y Occidente, y sus sucesores menores.

Este complicado arreglo resultó más inestable que la dinastía Nerva-Antonina. El equilibrio de poder entre cuatro personas hábiles, o simplemente ambiciosas es algo difícil de mantener. De vez en cuando surgen estrategas cooperativos que pueden hacer que ese equilibrio de poder funcione, pero el requisito de habilidades para el trabajo es significativamente mayor que en el anterior acuerdo romano. La tetrarquía se mantuvo estable sólo bajo la dirección del propio Diocleciano. Logró la hazaña de jubilarse con seguridad, pero lamentablemente en su vejez también vivió para ver caer el sistema.

Los sistemas más complicados de sucesión y coordinación son generalmente frágiles, ya que en esos casos la sucesión exitosa del poder depende de la sucesión exitosa de apoyos de la estructura, ya que navegar el proceso de sucesión se convierte en una habilidad en sí misma que debe transferirse entre generaciones, desarrollándose un sistema tendente al pretorianismo.

Hay ejemplos de sistemas de sucesión aparentemente muy complejos que han perdurado durante siglos. Un ejemplo de acuerdos constitucionales complicados fue la República de Venecia, la república más longeva de la historia. Sin embargo, es mejor considerar estos acuerdos como un mecanismo legal muy complicado que valida y legaliza cualquier decisión tomada por otros medios; La selección del dux de Venecia probablemente se logró mediante negociación directa entre las familias patricias de Venecia, no mediante el procedimiento de selección nominal, o hoy en día la democracia liberal, tanto en sus variantes presidencialistas como parlamentarias, como parlamentarias de partidos que empoderan la opción de usar las elecciones como una variable estadística para establecer la sucesión.

Lecciones para la sociedad contemporánea:

Para mantener funcional una institución es necesario transferir con éxito no sólo la posición formal, sino también la informal, que permite a la cúspide del poder dar al todo una coherencia. En sociedades de mucha escala, es vital emplear soluciones que prevengan conflictos destructivos entre élites, es decir, evitar a cualquier precio la guerra civil.

La adopción de adultos fue una solución viable en el Imperio Romano mientras el tejido social que la respaldaba estuvo allí. A medida que cambiaron las normas sociales subyacentes, las normas legales que lo hicieron posible requirieron el respaldo de sistemas más enrevesados y fragmentados, que con la mayor complicación esta arquitectura resultó menos exitosa, en parte porque su complejidad la hacía más difícil de mantener.

Hoy en día simplemente no se podría copiar la solución romana, porque nuestras propias normas sociales y legales son diferentes. Si bien la adopción de adultos es legal en muchos países occidentales, la práctica social romana se consideraría una hazaña y dejaría a las empresas y organizaciones que la utilizaran expuestas a ataques legales o de relaciones públicas. El desafío, entonces, es encontrar una solución que funcione tan bien y sea lo más simple posible.

Es importante señalar que en el Japón moderno, una economía industrial tecnológicamente desarrollada, en realidad observamos una práctica similar. Un hombre de negocios elige a un yerno principalmente por su capacidad para dirigir el negocio familiar, y lo llama mukoyōshi . Se casan con miembros de la familia y toman el apellido. Esta práctica se puede encontrar en la historia de empresas como Suzuki, Kikkoman y Toyota.

Podría resultar tentador intentar imitar al mukoyōshi en el contexto occidental. El vehículo legal del matrimonio ciertamente parece más apropiado para la tarea que nuestras leyes de adopción. El problema crucial, sin embargo, reside en cómo elegimos a nuestros cónyuges en Occidente. Nuestra elección de cónyuge es una cuestión personal y romántica, más que empresarial y familiar (aunque, por supuesto, una minoría de nosotros se propone «casarse»). Esto significa que, si bien podríamos utilizar el matrimonio para la sucesión de poder, su idoneidad para resolver el problema de la sucesión de habilidades es dudosa.

A pesar de los obstáculos para su aplicación directa, la solución romana muestra características que podemos y debemos emular en nuestro propio pensamiento institucional. Al implementar reformas, establecer expectativas culturales o crear nuevas organizaciones con la intención de resolver el problema de la sucesión, debemos aspirar a la simplicidad y solidez del mecanismo, hacer que el mecanismo transfiera recursos formales e informales y asegurar que los incentivos del sucesor y el que está al mando actual esten lo más alineados posible.

Sobre la cuestión árabe-palestina: Nacionalismo árabe, fundamentalismo islámico e influencia occidental.

1- Idealismo romántico, III Reich, fascismo italiano y nacionalismo árabe.



La explotación de las energías intelectuales y políticas de las sociedades árabes como munición en las batallas ideológicas de la izquierda indefinida y definida ha tenido un recorrido curioso desde la posguerra de la IIGM. Aún así después de la Gran Guerra, las sociedades árabes, como muchas otras, llegaron a conocer por primera vez la política como un fenómeno de masas moderno en el que se utilizan tecnologías de comunicación modernas y el empleo de todo para la movilización política de masas. Por primera vez, intelectuales, periodistas, poetas y hombres de letras de todo tipo reemplazaron a las antiguas clases de eruditos religiosos convirtiéndose en la fuente de conocimiento moral y educación ética para el público.

La nueva tendencia de inspirar a la gente con una “visión” filosófica de guerra total, la conversión de sensibilidades artísticas en símbolos políticos y la unión del apoyo masivo bajo una demanda, símbolo o figura que pudiera convertirse en poder (instrumentalizar ideas para fines) se convirtieron en los pilares del movimiento nacionalista árabe levantino y la política egipcia. En el centro de esta nueva tendencia estaban las dos ideologías revolucionarias más transformadoras que ha producido la filosofía alemana: el nacionalismo romántico y el marxismo, y su lucha contra el enemigo común de posguerra que era el imperialismo occidental.

El nacionalismo árabe como fenómeno literario y artístico romántico podía discernirse en la escritura y el arte árabes de finales del siglo XIX, pero no fue hasta los años de entreguerras que el nacionalismo importó como impulso revolucionario movilizador en torno al cual se podían formar movimientos políticos y como género literario de imaginación romántica. El impulso revolucionario que comenzó a fermentar durante la Gran Guerra y se aceleró después de su fin fue un fervor generalmente antiimperialista sin contenido ideológico definido (eso podemos verlo por ejemplo ni dirección clara. Es mejor imaginarlo como un marco al que fluyeron constantemente los acontecimientos intelectuales y políticos de Europa, como el marxismo-leninismo, cierto liberalismo moderado que no negaba el Estado-Nación, el nacionalismo, el fascismo, el nazismo y el antisemitismo, y del que surgieron los movimientos políticos que hoy dieron forma a la región.

El nacionalismo árabe fue la primera y más antigua idea que articuló una ideología cohesiva para la región en las obras de su padre intelectual, Sati Al-Husri (1880-1968). Husri, ex oficial otomano de etnia árabae, se convirtió en uno de los primeros educadores árabes modernos para quienes la educación significaba la misión de preparar y producir jóvenes nacionalistas y dotarlos de un sentido militante prusiano de misión histórica que también podemos ver en Francia. La idea de que la concepción hegeliana de la comunidad política como protagonista histórico cuyos miembros forman una unidad orgánica con una misión trascendente dentro de la historia podría encontrar su inevitable realización sólo en el establecimiento de un Estado. El rechazo absoluto y la deslegitimación de la realidad actual en favor de un futuro supuestamente inevitable que es la única realidad legítima posible es un requisito previo de la acción revolucionaria hegeliana. Quienes defienden el presente se convierten naturalmente en obstáculo y enemigos de la propia historia.

Restringir la idea de legitimidad política, en sí misma un concepto filosófico moderno, a una realidad política que debe ser idéntica a una noción abstracta e ideal de una gran nación árabe o islámica, que encarna una cierta esencia mística, condujo naturalmente a la completa deslegitimación de cualquier la realidad política no alcanza ese ideal y al mismo tiempo establece la legitimidad no a la soberanía (real, material y tangible del momento), como criterio de la verdad política. Los Estados-nación reales fueron deslegitimados como productos “artificiales” del colonialismo europeo, una visión consagrada en el tratamiento ficticio e ideológico de episodios históricos como el Acuerdo Sykes-Picot. Esta concepción filosófica puede captarse claramente en todas las ideologías políticas modernas de Oriente Medio; se puede discernir, por ejemplo, en el lema baazista, “Una nación árabe con una misión eterna”, o en el de los Hermanos Musulmanes, “El Islam es la solución”, o en la propaganda del ISIS que tituló el vídeo de su desaceleración como “El fin de Sykes-Picot”.

A medida que el hegelianismo y sus ideologías moldeaban el pensamiento árabe, surgió una nueva generación de hombres de letras, principalmente en Egipto y el Levante, cuyo trabajo valoraba la autoexpresión, la búsqueda de la autenticidad, los ideales románticos y la subjetividad artística como un sentido de deber místico. hacia algún espíritu absoluto. La sensación de lucha romántica proporcionó una visión literaria fantástica de un yo heroico, rodeado por un mundo de fuerzas hostiles; Buscar superar un mundo así desbloqueando la autenticidad del ser más interior se cruzó naturalmente con un nuevo tipo de activismo político centrado en nociones profundamente místicas de la naturaleza, la sangre, el suelo, la liberación, la muerte, la violencia regenerativa y la lucha armada. Proliferaron fenómenos europeos como salones culturales, sociedades secretas y grupos juveniles militantes liderados por intelectuales, que se autoidentificaban como vanguardias, con camisas de colores únicos y portando lemas referentes a la muerte,el combate, entre otros mitos.

Por lo tanto, era inevitable que tales condiciones intelectuales y psicológicas condujeran a consecuencias no muy diferentes de las conclusiones de tales condiciones en Europa en un contexto material menos desarrollado; la aparición de movimientos políticos populares que portaban símbolos románticos devocionales fundados por autodenominados líderes que encarnaban la potente mezcla de intelectuales-políticos que encabezaban una vanguardia en la fase final de una lucha histórica hacia un futuro salvífico inevitable en el que se resolverían todas las contradicciones. En los años de entreguerras, en Egipto y el Levante proliferaron grupos comunistas, panarabistas, egipcios, sirios e islamistas que crearon un contagio mimético ideológicamente competitivo. Juntos, esos grupos formaron un espacio común donde las ideas abstractas de la filosofía alemana, el nacionalismo, el socialismo, la guerra de liberación nacional y el pensamiento revolucionario europeo se combinaron y recombinaron junto con los símbolos locales del Islam y la cultura árabe y alteraron toda la subestructura del pensamiento árabe tradicional.

Si la llegada de la imprenta árabe en el siglo XIX permitió que el nacionalismo literario y las ideas románticas proliferaran entre las nuevas clases educadas, la radio trajo una nueva fase de posibilidades llevando en sus ondas las atronadoras voces de la movilización de masas. Las nuevas posibilidades de las nuevas tecnologías se materializaron plenamente por primera vez en Oriente Medio gracias a los dos protagonistas globales como Italia y Alemania.


El primero (Italia) fundó su emisora árabe Radio Bari en 1934 y el segundo, la Voz de Berlín en árabe, en 1939. Juntos, llenaron las ondas con propaganda árabe del tipo sensacionalista que mezclaba motivos y símbolos islámicos con antioccidentalismo, antisemitismo, e incitación a la violencia masiva. Radio Bari y la Voz de Berlín defendieron la liberación nacional de todos los pueblos árabes y musulmanes y advirtieron contra las conspiraciones de las potencias imperialistas como el Imperio Britanico y Francia llamaron a una revolución contra Occidente.

Muchas de las frases antisemitas y las teorías de conspiración que todavía se encuentran en la cultura árabe actual pueden rastrearse hasta el legado de la Voz de Berlín y su presentador iraquí, Yunis Bahri. Según el funcionario de propaganda británico, Nevill Barbour, “El III Reich tuvieron la habilidad o la suerte de encontrar y emplear a un iraquí, Yunus al-Bahri, que tenía un talento notable para el sensacional tipo de radiodifusión que necesitaban. La Radio de Berlín utilizó todos los medios para inflamar el resentimiento árabe contra Gran Bretaña por favorecer al sionismo (una media verdad), para explotar todas las sospechas imaginables respecto de las acciones británicas y para burlarse de los árabes que declaraban públicamente su apoyo a la ocupación británica.

El nazismo y el fascismo sirvieron de inspiración y prototipo para muchos movimientos aspirantes como el Partido Nacional Socialista Sirio y los Hermanos Musulmanes (que en su fundación hace una sintesis entre islam y lucha nacionalista). El entusiasmo que suscitaron las perspectivas de una victoria alemana, junto con el afecto intelectual árabe por la filosofía alemana, se puede leer claramente en casi todas las memorias de quienes alcanzaron la edad política durante el período, incluidos los presidentes Nasser y Sadat en Egipto y Antun Saadah en Siria. Más importantes que los políticos, en mi opinión, son aquellos que se convertirían en los fundadores del pensamiento moderno árabe y musulmán, como el pensador egipcio Abdulrahman Badawi, el primer filósofo árabe moderno, una figura de suma importancia, cuyas memorias muestran profundas simpatías con Alemania y el nazismo y una obsesión casi patológica con el judío o el pensador argelino más destacado de la era de la liberación nacional, Malek Bennabi, que fue acusado posteriormente por Francia de haber sido colaborador de los nazis.

Durante la guerra, la minoría de intelectuales y pensadores árabes que se oponían firmemente al nazismo y al fascismo pertenecían a las generaciones mayores de probritánicos o eran jóvenes comunistas/socialistas que simpatizaban con cierto nacionalismo secular. Por lo demás, no es exagerado decir que la abrumadora mayoría simpatizaba con Alemania y el Eje y animaba a la población a hacerlo. El fervor político de la época era principalmente antibritánico, antifrancés y antijudío, y a favor de la movilización revolucionaria; la cuestión de la ideología era, en el mejor de los casos, secundaria. Es por eso que los calificativos de identidad ideológica añadidos a figuras famosas de la época, como Haj Amin el-Husseini (gran mufti de Jerusalén), a menudo oscilan entre describirlo como un nacionalista árabe y/o como un islamista.

A finales de la década de 1940 y cuando comenzó la Guerra Fría, la atmósfera de lucha había impregnado las mentes de las sociedades árabes más modernas y estaban maduras para el comienzo de su revolución. En retrospectiva, parece lógico que el fin de la era colonial en el Medio Oriente fuera marcado por una secuencia de acontecimientos que fueron la culminación de la historia descrita anteriormente y el presagio de las décadas venideras; la primera guerra árabe-israelí de 1948 y la expulsión masiva de judíos de las tierras gobernadas por árabes, el golpe de estado nacionalista en Siria en 1949 y el golpe de estado nacionalista en Egipto en 1952.

2- Revolución nacionalista y Baath sirio-iraquí.



La ola revolucionaria que ha estado fermentando durante décadas en la sopa primordial de ideas revolucionarias estalló cuando el sol se ponía sobre el colonialismo europeo para llevar a cabo la misión de liberación nacional y descolonización en Egipto, Siria, Argelia e Irak. El medio revolucionario que supervisó el establecimiento de la República Siria incluía baazistas, nacionalistas sirios, protoislamistas y comunistas. De manera similar, el golpe de 1952 en Egipto, seguido del surgimiento del nasserismo, fue un proyecto colectivo en el que todos los revolucionarios apoyaron y participaron. En otras palabras, la ola revolucionaria fue la encarnación práctica del conjunto primordial de ideas mencionado anteriormente. Formó, al principio, un medio revolucionario unificado a partir del cual un proceso de historico condujo a su posterior fragmentación en movimientos distintos pero interconectados del nasserismo, el baazismo, el islamismo impregnado de nacionalismo, la nueva izquierda árabe y el nacionalismo palestino, en los que se desarrolló la potente mezcla de ideología revolucionaria.

Uno de los miembros destacados del medio revolucionario no fue otro que Sayyed Qutb, un crítico literario que más tarde llegó a ser recordado como el fundador ideológico del yihadismo islamista. Qutb era parte de este medio revolucionario y una persona privilegiada en los pasillos del poder revolucionario. Sus consecuencias posteriores con Nasser lo convirtieron en una especie de Gramsci o Trotsky musulmán, con el que llegó a identificarse una mezcla de existencialismo revolucionario y una concepción literaria romántica del Islam. Una forma de entender la obra de Qutb es verla con los ojos de un crítico literario convertido en revolucionario, un intento de extrapolar la sensibilidad literaria del Islam, es decir, la subjetividad divina, y utilizarla para moldear existencialmente uno mismo en un entorno de aislamiento sensorial.

Las revoluciones de liberación nacional llevaron al establecimiento de estados populistas de partido único, de los cuales Egipto fue el más grande e importante. El período fue el del sentimiento eufórico de masas de unidad absoluta entre el pueblo, el Estado, el líder heroico y los intelectuales, que se celebró como una verdadera democracia popular. Un gran sector público, grandes inversiones estatales y una economía dirigida por el Estado eran la esencia del socialismo nacionalista árabe y la Unión Árabe socialista.


La santa trinidad de la unidad de las masas, la arabidad y el socialismo, la invención del Baaz, se convirtió en el credo de la nueva religión política secular árabe. Los proyectos masivos de modernización poscolonial significaron fuertes inversiones en programas de alfabetización, educación gratuita y educación superior más amplia para producir las habilidades administrativas necesarias para las nuevas y masivas burocracias estatales y el aparato de seguridad. A su vez, la confiscación de propiedades extranjeras proporcionó el capital necesario para muchos de esos proyectos.

La descolonización y la nacionalización no se dirigieron únicamente a los activos industriales y la propiedad de la tierra. Naturalmente, también se extendieron a todos los aspectos de la vida cultural, ya que el cosmopolitismo urbano de la era colonial iba a ser reemplazado por una cultura urbana panárabe. En Egipto, el Estado gradualmente tomó el control de todas las instituciones educativas, seculares y religiosas, todos los medios de comunicación, prensa y radio, compañías discográficas, así como de la industria cinematográfica egipcia, que en ese momento era una de las más grandes del mundo. En ese contexto se procedió entonces a radicalizar en masa toda la sociedad y la cultura bajo una idea de nación árabe extendida.

3- Guerra Fría e ideología occidental en la civilización árabe-islámica.


Por encima de la remodelación de la cultura popular, y dentro del contexto global de la Guerra Fría, se encontraba una nueva alta cultura árabe que estaba cambiando su orientación desde el fascismo y el nazismo (como aliados contra las potencias de ocupación coloniales) que inspiraron sus raíces hacia una forma distorsionada y adaptada hasta ser irreconocible a su contexto de marxismo, a la órbita soviética y en una medida menor pero importante a posteriori la izquierda occidental, que en ese momento se revolcaba en el pesimismo de posguerra que perdió la esperanza de una revolución en Europa y miró a las antiguas colonias en busca de salvación. A principios de la década de 1960, Jean-Paul Sartre era el intelectual en lengua árabe más leído y de moda, y los estudiantes e intelectuales árabes encontraron un segundo hogar en los cafés parisinos.

En 1955, Raymond Aron tomó nota de esto en su Opio de los intelectuales y advirtió a la izquierda francesa contra el adoctrinamiento de jóvenes estudiantes árabes y africanos en ideologías que no eran adecuadas para sus sociedades. Sin embargo, la combinación sartreana de existencialismo valiente, marxismo y descolonización, junto con la concepción francesa del intelectual público como estrella polar de la lucha sagrada, continuaron dando forma a la cultura de la juventud en El Cairo, Alejandría, Damasco, Beirut y Bagdad. Sus libros “se vendieron como pan”, escribió George Tarabishi, uno de los traductores de árabe de Sartre.

La nueva generación de intelectuales revolucionarios comenzó a descolonizar la vida intelectual reemplazando a la generación anterior de hombres de letras que habían dominado bajo la influencia británica y francesa, como Taha Hussein y Abbas Aqqad, por autores políticamente comprometidos de forma militante con esa causa. En esto, los intelectuales revolucionarios árabes estaban siguiendo los pasos de la izquierda francesa que buscaba “repudiar el espíritu de seriedad académica” de la filosofía tradicional europea, así como de la cultura burguesa europea. El concepto sartreano de compromiso se aplicó ampliamente, lo que significaba que cualquiera que quisiera participar en la producción cultural o en la vida pública tenía que estar comprometido con la política revolucionaria.

Bajo los auspicios del “compromiso de las masas”, la cultura árabe se convirtió en una cultura de lucha. En la fórmula autobiográfica del veterano comunista libanés Fawaz Taraboulsi, todos eran “comunistas poéticamente, arabistas políticamente, socialistas económicamente y existencialistas filosóficamente”. Si los héroes románticos revolucionarios fueron el contagio mimético del año de entreguerras, el existencialista de izquierda fumando en un Café, sosteniendo un libro de Sartre o de Beauvoir y haciendo pronunciamientos que son tan profundamente superficiales como superficialmente profundos fue el contagio mimético del año de entreguerras. Como curiosidad, el feminismo existencialista literario, de expresionismo sexual sin precedentes, apareció en los escritos de figuras como Laila Baalbaki y Nazik Al-Malaika.

Suhayl Idris es un ejemplo de ello. Nacido en el Líbano en 1925 en una familia religiosa sunita, Idris procedió a obtener una educación islámica clásica en derecho religioso en Beirut. Después de graduarse, se volvió laica, obtuvo un doctorado de la Sorbona francesa en literatura en 1953, y regresó al Líbano para establecer la principal publicación y publicación literaria árabe de la época que tradujo las obras de Sartre, Camus, Isaac Deutscher, Rosa Luxemburg, Gramsci, Marx y otros.

El estilo literario de Idris era lo más alejado posible del estilo religioso islámico tradicional. En 1956 escribió: “Hoy en día, el escritor árabe no puede dejar de poner su pluma en la fuente de la sangre de los mártires y héroes… de modo que cuando pueda levantar su pluma, de ella goteará el significado de la revolución contra el imperialismo”. Y en 1958, objetando el Pacto de Bagdad antisoviético y anti-Nasser, escribió: “Nosotros, los nacionalistas árabes tenemos objeciones las políticas de Turquía, Irak, Irán y Pakistán a pesar de ser países musulmanes… si el Islam realmente apoyara al imperialismo, deberíamos luchar contra él”.

Los intelectuales con inclinaciones marxistas más sofisticadas tuvieron que seguir la línea soviética que dio predominio a la intersección y cooperación revolucionaria entre la lucha de los pequeñoburgueses nacionalistas gobernantes contra el imperialismo occidental frente a una lucha marxista contra el capitalismo. Se alentó a los marxistas árabes a centrar sus trabajos analíticos en el imperialismo occidental y no en analizar la estructura de clases de sus propias sociedades en una clara posición que priorizaba las cuestiones geopolíticas a las sociales internas. Esta influencia mantuvo al marxismo restringido en dos áreas: la polémica contra las clases ricas y una visión política de las relaciones internacionales que complementaba el nacionalismo romántico.

4- Nasserismo, nacionalismo y narrativa de la descolonización.



Sayyed Qutb tras las rejas en 1966, tras ser declarado culpable de planear el asesinato del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser fue ahorcado y más tarde llegó a ser recordado como el fundador ideológico de un nuevo islam yihadista. La inevitabilidad marxista de la revolución y el derrocamiento del capitalismo occidental creó una sensación árabe de triunfo inevitable contra Occidente e Israel que a su vez condujo a un apoyo incondicional a los regímenes revolucionarios.. Una rara excepción fue el intelectual marxista iraquí Ali Al-Wardi, cuyos estudios sociológicos sobre la historia islámica en la década de 1950 intentaron proporcionar un análisis materialista histórico que enfatizara la guerra de clases como el factor históricamente significativo en el desarrollo de las creencias islámicas.

Los desarrollos ideológicos y las transmutaciones de los períodos se pueden ver en las vidas de muchas figuras de la época, como Fayez Sayegh, quien fue el primer intelectual árabe en aplicar la crítica de Sartre al racismo y el neocolonialismo a Israel. Sostuvo que lo que se aplica en el Congo y Vietnam también se aplica a Israel, y también fue el autor principal de la resolución de 1975 de la ONU sobre el sionismo es racismo. Sayegh, nacido en Siria de un ministro presbiteriano en 1920, comenzó su vida activa en la década de 1940 uniéndose al Partido Social Nacionalista Sirio, una imitación siria del nazismo bajo el liderazgo del “Führer” Antun Saadeh. Durante ese tiempo, Sayegh escribió y habló para el SSNP sobre “el peligro del sionismo para la civilización y el alma”, así como los peligros de la “psique judía”.

Después del giro a la izquierda, Sayegh se convirtió en una autoridad existencialista árabe en Sartre y Fanon. En 1965, durante su mandato en Stanford, escribió el folleto “Colonialismo en Palestina”, que fue publicado por la OLP y luego traducido a una docena de idiomas y distribuido globalmente por la Organización de Solidaridad de los Pueblos Afroasiáticos (AAPSO). Su folleto fue el documento de nacimiento de la causa global por Palestina, ya que tocó todas las notas principales tocadas por la izquierda internacional: supremacía racial, segregación, exclusión, derechos civiles, emancipación, anticapitalismo, autodefensa, derechos humanos y resistencia. —invocó a Argelia, los afroamericanos, el Congo y Vietnam, y utilizó ideas existencialistas de la alteridad. Fue Sayegh quien insertó a Palestina en el canon antioccidental de la izquierda indefinida progresista de la época. Las obras antisionistas posteriores de figuras importantes de la izquierda francesa como Maxime Rodinson no harían más que continuar la obra de Sayegh.

Este fue el momento del nacimiento de la modernidad árabe. Juntos, los nuevos intelectuales y figuras culturales comprometidos produjeron una lectura revolucionaria, antioccidental y antisemita del Islam totalmente comprometida. Durante tal movimiento fundacional de la cultura de masas árabe moderna, películas, programas de radio, obras de teatro, libros de texto escolares y más impusieron y homogeneizaron esta nueva lectura de la historia islámica, que fusionó lo que es gnóstico y religioso en el pensamiento revolucionario hegeliano con lo que es religioso y místico en el Islam.

En esta nueva lectura, la posibilidad de trascendencia fuera de la historia fue reelaborada en la posibilidad de trascendencia dentro de la historia a través de la revolución contra lo que se llamó “colonialismo”. La salvación fue secularizada y atea hasta convertirse en salvación temporal provocada por una idea de voluntad política colectiva. El mensaje genérico de que el Islam es una totalidad filosófica que debe lograrse a través de la liberación nacional y el socialismo, y la revolución progresista contra las fuerzas del colonialismo, el judaísmo (particularmente encarnado en Israel) y la reacción (encarnado en las monarquías árabes conservadoras pro-occidentales) .

Para una cultura de masas árabe recién establecida, la carrera reescrita de Mahoma como un revolucionario que llegó con un mensaje de justicia social que chocaba con una elite gobernante reaccionaria de la clase mercantil burguesa árabe y sus misántropos aliados judíos fue el tratamiento histórico fundacional de la historia islámica. El ministro de propaganda de Nasser, Fathi Radwan, ex miembro de la organización semifascista Joven Egipto, escribió y distribuyó el libro “Muhammad el Gran Revolucionario”, ensalzando los supuestos méritos revolucionarios del profeta. El fundador de los Hermanos Musulmanes en Siria, Mustafa al-Siba’i, escribió Socialismo en el Islam , que fue impreso y distribuido masivamente por la República Árabe Unida en un acto de equilibrio ideológico contra los comunistas. Figuras musulmanas históricas fueron ensalzadas y revolucionadas en películas producidas por el Estado y con presupuestos enormes.

En 1961, el Estado egipcio produjo la exitosa película Oh Islam , en la que un líder egipcio de los árabes busca a su amada perdida, llamada Jihad, con la que consigue derrotar la invasión mongola. Otra epopeya histórica de la yihad de descolonización islámica medieval siguió en 1963 en Saladino , una película con un presupuesto enorme que retrata a un sultán medieval proto-Nasser librando una yihad antiimperialista secular contra colonizadores europeos rubios y pelirrojos en alianza con fuerzas árabes reaccionarias.

Los nuevos contenidos cinematográficos y literarios de la carrera de Mahoma presentaron al profeta como un líder revolucionario que lideraba a un grupo de oprimidos, oprimidos y esclavizados para resistir el capitalismo de los comerciantes reaccionarios de La Meca y sus malvados aliados judíos. El período preislámico se describe como el de máxima explotación económica, corrupción social y caos político. Los infieles ricos, corruptos e inmorales son una clase feudal que encarga a los judíos locales, criaturas malvadas de la noche, que cometan sus oscuros actos. Una lucha dialéctica entre los dos partidos, los creyentes y los infieles, culmina con el triunfo de la revolución mahometana y la resolución de todas las contradicciones.

Una transfusión literaria como consecuencia de tal tratamiento fue sustituir la piedad por la justicia social, sustituir la trascendencia religiosa por la trascendencia histórica de una etapa histórica y sustituir la redención espiritual por la redención socioeconómica y política. Sin embargo, la más importante de todas las sustituciones, que se convertirá en una base conceptual insuperable en la cultura árabe moderna, es el desplazamiento del concepto mismo de significado de la religión propiamente dicha y su colocación en la historia en una forma hegeliana de fin de la historia. Una salvación que significó la transformación total de las condiciones políticas y económicas nacionales que a su vez se asumen como la condición humana. La meta salvífica de la historia sustituyó a una salvación de otro mundo que es la meta de Dios que conduce a una relación teológica con los componentes del movimiento histórico. ‘Muhammad, el gran revolucionario’, escrito por Fathi Radwan, un ex miembro de una organización fascista egipcia, es un ejemplo de una avalancha de producción literaria que ofrece un tratamiento revolucionario de Mahoma.


La unión entre el marxismo y el nacionalismo árabe contra los enemigos del imperialismo, la reacción, el sionismo y el capitalismo dejó una huella evidente. El marxismo proporcionó la cohesión intelectual y el lenguaje necesarios para que cualquier esfuerzo político moderno fuera respetable, mientras que el nacionalismo árabe proporcionó el medio en el que las ideas marxistas podían presentarse a las masas árabes. El marxismo árabe también conectó el nacionalismo árabe con el mundo dinámico del tercermundismo, pero más importante aún con la izquierda progresista internacional, especialmente en las capitales y universidades occidentales, dándole prestigio crítico, legitimidad internacional y un aura de heroísmo romántico noble-salvaje. La liberación nacional árabe, la descolonización y la violencia que las acompañó fueron la verificación empírica de los escritos de Sartre y Fanon.

5- La derrota árabe del 1967.



El sentido gnóstico de la inevitabilidad histórica del derrocamiento del capitalismo y la fe dogmática en sostener la verdad moral definitiva envalentonaron a una cultura árabe con vínculos ya débiles con la realidad a confundir las predicciones y profecías de los intelectuales de izquierda con promesas históricas y a navegar por el camino. El barco de los sueños árabes se aleja cada vez más de las costas de la realidad, hacia el océano del fantasmático engrandecimiento. Una completa creencia en la inevitable superioridad de la URSS llevó a apostar el futuro de sociedades enteras a su triunfo radical, junto con una negación categórica de la realidad histórica judía, viendo a Israel sólo como una efímera “entidad sionista” que pronto sería arrastrada al olvido por el grito de batalla del gigante árabe despierto. Obviamente en retrospectiva eso es fácil de valorar como megalomanía, pero lo cierto es que era un enorme error de cálculo.

Sin embargo, cuando el polvo se asentó en 1967, después de la aplastante derrota de las fuerzas del nacionalismo árabe a manos de Israel, el panorama se transformó. A las masas embriagadas por el líder y por las profecías seguras de intelectuales con conocimientos superiores, se les había despojado de su inocencia. Las narrativas del yo esencial engrandecido se invirtieron en narrativas de victimismo esencial, y el culto al héroe se invirtió en un culto al mártir. Incluso la dirección del antisionismo predominante se invirtió: el sionismo, antes visto simplemente como una estratagema en manos del imperialismo occidental, pasó a ser visto como el origen del que surge todo mal. La cultura árabe cayó en la trampa del solipsismo idealista, creada por ella misma.

La inversión fue de tal magnitud que la cultura unificada de la izquierda y el nacionalismo árabe, en la que el Estado, el pueblo, la cultura, los intelectuales y el líder eran percibidos como en un estado de unidad extática, destrozados en fragmentos, con cada en una dirección diferente. La unidad entre el nacionalismo árabe y su socialismo árabe, que alguna vez fue afirmada por muchos intelectuales, se disolvió. El nasserismo quedó desacreditado y el baazismo se dividió entre Siria e Irak. Los palestinos comenzaron su propia revolución dentro de la revolución. Al final, la acción política árabe se dividió en tres nuevos círculos: la vieja izquierda y el nacionalismo, los occidentalistas más cercanos al liberalismo y los movimientos revolucionarios de tendencia islámica y que lideraba una revolución contra la revolución.

Los intelectuales, periodistas y escritores que todavía servían a las repúblicas árabes prosoviéticas llegaron a ser conocidos generalmente como la vieja izquierda árabe, de la cual el intelectual oficial del régimen egipcio Mohamed Hassanein Heikel era el más famoso. La única manera que tenía este grupo de defender la legitimidad de los Estados humillados frente a las masas árabes radicalizadas era mediante el chivo expiatorio casi interminable de sus enemigos hasta proporciones cósmicas que sólo aumentaban la nobleza de sus víctimas. En 1968, Heikel publicó su primer libro después de la derrota, titulado Nosotros y América , que retrata la guerra de 1967 como una conspiración estadounidense para asesinar a la joven revolución egipcia. La escalera mecánica del victimismo condujo en última instancia a un antisemitismo cada vez más patológico, a una visión de un mundo cruel e implacable, así como a una mistificación del victimismo en una sensación de dolor cósmico tan vasto que disolvería cualquier realidad observable.

En 1969, la producción cinematográfica más grande del estado egipcio fue Al-Ard (La Tierra), en la que el público pudo disfrutar de una escena final donde el valiente héroe masculino egipcio, interpretado por la superestrella Mahmoud Miligy, está solo en medio de su campo de algodón después de ser abandonado y traicionado por todos, sacrificando su vida defendiendo su tierra de una conspiración británico-feudal. Se lo ve siendo cortado y acuchillado en cámara lenta, salpicando su sangre sobre las flores de algodón, mientras un coro canta dramáticamente de fondo: “Si la tierra alguna vez tiene sed, la regaré con mi sangre”. Este fue un cambio importante con respecto a la producción anterior a 1967, que normalmente terminaba con una victoria rotunda para el héroe. Si la cultura de masas árabe no tenía vínculos con la realidad antes de la guerra, ahora le había declarado la guerra.

La nueva izquierda árabe estaba formada por ex intelectuales y cuadros nacionalistas árabes que decidieron salir de la vieja izquierda y dar un giro más pronunciado sobre sus posiciones. Los primeros jóvenes intelectuales en dar este giro fueron Sadiq Jalal Al-Azm, quien en 1968 publicó su primer libro, Autocrítica después de la derrota , y Yasin Al-Hafiz, quien publicó La derrota y la ideología derrotada ese mismo año. Juntos, Azm y Hafiz impulsarían intelectualmente la nueva ideología árabe y en sus nuevos trabajos analíticos imitarían las posiciones del pensamiento izquierdista europeo de posguerra. Rechazaron el baazismo y el nasserismo como ideologías pequeño burguesas que, de hecho, eran retrógradas, reaccionarias y fascistas y debían ser reemplazadas por algo nuevo.

La vida intelectual árabe posterior a 1967 fue la de una “neurosis colectiva”. El primer autoobjeto de obsesión neurótica fue la cultura árabe y el Islam. Imitando el análisis de la Escuela de Frankfurt los intelectuales de la nueva izquierda árabe identificaron el Islam y la cultura como fuente de la propia reacción y opresión latentes de la región. La derrota de 1967 no se atribuyó a lo que hay de gnóstico y religioso en el pensamiento revolucionario, la valorización fanoniana de la violencia como un acto espiritualmente redentor, sino a la cultura tradicional, ni a la falta de organización y destreza militar.


Los nuevos izquierdistas duplicaron su apuesta y echaron toda la culpa al irracionalismo de la cultura y la religión tradicionales. La obra más importante del género, y con diferencia la obra intelectual árabe más influyente del siglo XX, fue la Crítica de la razón árabe en cuatro volúmenes , del pensador marroquí Mohamed Abed Al-Jabiri. En su trabajo, Jabiri proporcionó un análisis sistemático de los textos islámicos fundamentales que muestra que todo, desde la gramática árabe hasta la ley islámica, contenía el núcleo del pensamiento irracionalista y mágico. Su obra fue un triunfo para los llamamientos a favor de un mayor racionalismo al estilo de la Ilustración, generalmente entendido como una revolución cultural como la que vivió Occidente durante antes y después de la Revolución francesa, pero refinado con presuposiciones ateas más claras.

El segundo intelectual más destacado del género fue el profesor argelino de la Sorbona francesa, Mohamed Arkoun. Si Jabiri quería seguir el ejemplo de la Escuela de Frankfurt e impulsar el pensamiento revolucionario hacia las raíces racionalistas de la Ilustración, Arkoun quería ir por el otro lado, siguiendo el ejemplo del posmodernismo, redescubriendo las otras raíces en la cultura local. Arkoun ayudó a Derrida y Foucault, sin siquiera decirlo explícitamente, a colaborar en la excavación de la epistemología árabe islámica para descubrir sus profundas capas de relaciones de poder oscurecidas por el mito y la semiótica coránica. Jabiri y Arkoun todavía ocupan el centro de la vida intelectual de la alta cultura árabe.

Debajo de la alta cultura y el análisis sofisticado de la nueva izquierda, surgió una nueva izquierda populista, centrada principalmente en el Líbano, impulsada por la poesía de Mahmoud Darwish y Ali Ahmed Esber, conocido por su seudónimo pagano Adonis, y por los escritos de Ghassan Kanfani. A su vez, crecientes grupos guerrilleros palestinos, Fatah y el FPLP, un grupo marxista escindido del casi fascista Movimiento Nacionalista Árabe, lograron derrocar a la vieja izquierda del liderazgo de la OLP y tomaron su lugar, un hecho que fue visto como una inspiración a todas las nuevas fuerzas de izquierda árabes que sueñan con derrocar y reemplazar a la vieja izquierda árabe. Los grupos guerrilleros palestinos, inspirados por Régis Debray, estaban haciendo una “revolución dentro de la revolución”.

Esta subversión revolucionaria dentro del movimiento revolucionario árabe logró invertir la concepción de la causa palestina. Antes de 1967, el nacionalismo árabe sostenía que la unidad árabe de todas las naciones era el camino hacia Palestina. Después de 1967, los palestinos invirtieron este lema hegeliano al convertir el sueño salvador de un Israel destruido y una Palestina liberada en la esencia de la misión revolucionaria misma. “Palestina es una revolución”, se convirtió en la nueva autoconcepción de las facciones palestinas en ascenso, sumándolas a las filas de un movimiento revolucionario anticapitalista transnacional que incluía a Vietnam, Cuba, el Black Power en Estados Unidos, el terrorismo marxista alemán y otros.

Después de su expulsión de Jordania, los grupos palestinos declararon que su plan era convertir al Líbano en un “Hanoi árabe” desde el cual una guerra de liberación popular y una revolución total revolucionarían todo el Medio Oriente. Esta fue la década en la que los grupos palestinos sentaron las bases para lo que los EEUU llamó “terrorismo internacional” mediante secuestros de aviones, asesinatos y atentados con bombas. Es importante mencionar aquí que en todos los folletos ideológicos y la literatura de los grupos palestinos, se citaban continuamente las obras de intelectuales franceses y comunistas. El primer boletín de Fatah después del ataque terrorista a la Villa Olímpica de Munich incluía citas de Fanon en su portada. A la derecha de la nueva izquierda árabe estaba la «izquierda islámica», un grupo de intelectuales socialistas comprometidos que decidieron aplicar los principios maoístas de movilización popular y vieron en el Islam el vehículo más adecuado para hacerlo. No era raro que intelectuales árabes cristianos marxistas, como Munir Shafiq, se convirtieran al Islam y se convirtieran en socialistas islámicos.

En Egipto, la base más fuerte de la izquierda islámica, este medio de intelectuales estaba dirigido por Abdul Wahab Al-Missiri, Hassan Hanafi, Mohamed Imara, Adel Hussein y Nasr Abu Zayd. Al-Missiri, estudiante del existencialista árabe Abdulrahman Badawi, se centró enteramente en sintetizar una teoría crítica marxista-islámica del sionismo y el judaísmo, basándose en Lukács, Marcuse, pero sobre todo en la sociología del conocimiento de Mannheim, al producir una deconstrucción crítica en siete volúmenes de toda la cultura judía, revelando a su juicio su naturaleza inherentemente colonialista, imperialista y deshumanizadora. Cuando una vez le preguntaron a Missiri qué quedaba del marxismo de su juventud, respondió: “Nada y todo… mi marxismo se disolvió en el humanismo islámico”. Otros, como el pensador islámico Hassan Hanafi, maestro de la actual generación de intelectuales egipcios, sostenían que el marxismo es idéntico al Islam (obviamente esto es una impostura, pero recuerda en lo que se ha convertido de forma inversa a la religiosidad la religión secular progresista).

En la época de la Revolución Islámica iraní, en la que Jomeini exigió “disolver todas las ideologías en el Islam”, había suficiente interés público en una potente mezcla de fundamentalismo islámico, existencialismo y pensamiento revolucionario encarnado en intelectuales como Ali Shariati para que se desencadenara una ola de protestas en el país persa. La conversión al Islam político como centro de estas superó las filas de los militantes e intelectuales libaneses y palestinos marxistas, para quienes el Islam se convertiría en la puerta de regreso al abrazo de la política de masas que antes estaba dominada por el nacionalismo.

6- Religiosidad revolucionaria islámica versus tradición.


En Egipto, el sucesor de Nasser, Anwar Sadat, tenía el ambicioso plan de poner fin a la orientación izquierdista y prosoviética de Egipto y transformar la política y la cultura egipcias para que encajaran en el campo occidental. Esta ambición se centraba en la consecución del reconocimiento y la paz con Israel, a lo que la población y los intelectuales se oponían. La feroz resistencia que Sadat encontró por parte del establishment hegemónico de intelectuales nasseristas e izquierdistas lo llevó a recurrir a dos estrategias: la represión política de la vida intelectual y la restauración del conservadurismo islámico, e incluso del fundamentalismo, para mantener el apoyo popular al Estado.

Sin que Sadat lo supiera, en ese momento el pensamiento religioso se había disuelto completamente en pensamiento revolucionario hasta tal punto que hacía imposible ofrecer una lectura no revolucionaria del Islam. A su vez, la definición misma de vida intelectual había sido profundamente alterada para significar exclusivamente «izquierdismo». Los intelectuales, poetas y periodistas egipcios llenaron la cultura egipcia con obras anti-Sadat, antiamericanas y antisemitas. Los poetas populares escribieron canciones burlándose de Coca-Cola y del estilo de vida estadounidense. Jóvenes novelistas como Sonallah Ibrahim escribieron novelas sobre un protagonista que se come a sí mismo hasta aniquilarse debido a la invasión del capitalismo de Coca-Cola. Amal Donqol, un poeta talentoso, escribió su infame poema “No hay reconciliación”, exaltando el culto eterno a la venganza sobre Israel.

Poco antes de su asesinato a manos de revolucionarios islámicos, Sadat firmó una orden para arrestar a más de mil intelectuales egipcios. Después de que su sucesor, Mubarak, llegó al poder, y con los peligros de una revolución islamo-marxista al estilo iraní cada vez más cerca, liberó a los intelectuales encarcelados, hizo las paces y los devolvió a sus diversas cátedras al frente de universidades y agencias de medios. Se estableció una división del trabajo donde el estado trataría con Israel y Estados Unidos, mientras que los intelectuales fueron responsables de mantener una cultura nacional antiestadounidense y antiisraelí, situación reconocida hoy en Egipto como la “paz fría”. Hamás, Hezbolá, el 11 de septiembre, el Iraq baazista, la Primavera Árabe y el Estado Islámico están todos en el final de esta historia intelectual en la que Egipto también formo parte.

Por lo tanto, intelectuales de izquierda como Judith Butler y Noam Chomsky no se equivocan cuando declaran que Hamás, Hezbollah e Irán son parte de la izquierda internacional, obviamente de la izquierda según sus términos tan burdos. Un viaje de inversiones filosóficas comenzó con una inversión hegeliana de la teología cristiana, luego una inversión marxista del hegelianismo, una inversión aunque no literal del fascista-nazi respecto del marxismo, la globalización del pensamiento europeo, la conversión al nacionalismo árabe, su fragmentación en el marxismo árabe y el radicalismo palestino, y su inversión de nuevo en la teología, creando un tornado ideológico con Israel como vórtice. El resultado agregado fue la descivilización gradual y la erosión moral y social de sociedades musulmanas y árabes enteras, muchas de las cuales colapsaron en espirales de autodestrucción que fueron aprovechadas entre otros por Israel y EEUU.

La disolución del pensamiento religioso de trascendencia sobrenatural en una trascendencia política dentro de la historia transformó y reestructuró fundamentalmente la identidad de la piedad religiosa islámica en la piedad de la lucha. La identidad musulmana fue remodelada en una lucha eterna que en su origen no es la yihad de los textos clásicos, sino el mundo dialéctico alemán adaptado a un contexto nuevo. Una doctrina religiosa del martirio y la vida eterna en el más allá se fusionó con un culto a la eterna gloria revolucionaria y un culto al héroe guerrillero que también se glorificó en Occidente liberal. Ésta es la mejor explicación que se podría ofrecer para el peculiar fenómeno de que las sociedades musulmanas se hayan vuelto más religiosas desde finales de los años 1970, de una manera que sólo se tradujo en más rabia, más rebelión, menos restricciones morales a la violencia y un conspicuo culto pagano al dolor, sangre y miseria. Ésta es también la mejor explicación de por qué las sociedades del Golfo Árabe, que no se modernizaron en un sentido como el nuestro durante el siglo XX, y no parecen tener una transición a la liberalización social y a visiones del mundo menos contrarias a esa forma de revolución.

Supongamos que estoy en lo cierto, y que los islamistas obtuvieron esta idea a través de una cultura revolucionaria de la que bebieron en las cátedras occidentales en las que se educó su propia élite intelectual. ¿No cae esta teoría naturalmente en el dogmatismo religioso asociado con los intelectuales marxistas? Raymond Aron lo pensó con razón en su Opio de los intelectuales. Luego, la teoría revierte en una teología que se convierte en una religión política que libra guerras religiosas, cismas, culto ancestral y fanatismo textual. La teología hizo filosofía con Hegel, la filosofía hizo política con Marx y luego la política se convirtió en religión de nuevo. Así que, naturalmente, la conversión de la inversión marxista y nacionalista por parte de Qutb y Jomeini volvió a la teología. Pero ¿qué pierde la teología con esta doble inversión y qué gana? Mucho. Se convierte en una religión de política que algún tradicionalista podría denominar como atea o secular. Pierde toda su base de justificación religiosa y con ella toda su estructura moral y se convierte en una teología atea inmanentista que no conduce a ninguna redención, ni a ninguna trascendencia, ni a ninguna parte. Quiero enfatizar que no estoy diciendo que cualquier forma de fundamentalismo islámico pueda atribuirse al pensamiento revolucionario moderno. De hecho, todas las religiones tienen sus propias formas de fundamentalismo moderno como respuesta a la organización social liberal moderna. Pero el fundamentalismo islámico propiamente dicho significa un espíritu social rígido que se resiste al cambio social, como mejor ejemplo de ello es el salafismo que hasta hace poco dominó el Golfo Árabe.

Lo que logró la unión de ideologías europeas importadas como el marxismo, el nazi-fascismo (perdónenme por la simplificació) y el existencialismo con el Islam fue alterar profundamente todo el esquema conceptual y los fundamentos epistemológicos de las sociedades árabes, de modo que incluso el fundamentalismo islámico, sin saberlo, ya no podía proporcionar una lectura prerrevolucionaria del Islam. Las tradiciones filosóficas morales europeas y su lenguaje lograron realizar un cambio tectónico que resultó en el desarrollo de una teología política islámica moderna que es para algunos revolucionaria. El Islam de Irán, ISIS, los Hermanos Musulmanes, Hamás, Hezbolá y Al Qaeda, entre otros sin tratar de igualarlos son simplemente una variante regional del pensamiento revolucionario progresista occidental.

Sin embargo, no estoy diciendo que Occidente sea el culpable de este desarrollo. Porque si este artículo pretende afirmar algo es que la dicotomía Occidente-Islam no sólo carece de sentido sino que es delirante. El relativismo cultural y moral no tiene sentido cuando el fundamento de todo nuestro pensamiento moral y político moderno proviene del mismo lugar. Europa y luego Estados Unidos han logrado crear una cultura humana verdaderamente global que ya no tiene barreras ideacionales y en la que la moda, el estilo, las modas y las ideas forman mimetismo global y contagios ideológicos con deformaciones locales posteriores.

Esta es la historia construida por intelectuales de todos los orígenes religiosos y nacionales. La Ilustración y sus consecuencias son ahora una parte tan sólida de la estructura intelectual islámica como lo son en las culturas occidentales, y si el mundo musulmán quiere avanzar será mediante el reconocimiento y no la negación de este hecho. Si la destrucción moral y social de la región fue el resultado de intelectuales árabes incompetentes que caminaban sonámbulos en la órbita de una cultura global, la solución es la competencia. La explotación de las energías intelectuales, sociales y políticas de sociedades empobrecidas y premodernas para utilizarlas como carne de cañón en las grandes batallas ideológicas de la izquierda occidental ha tenido efectos desastrosos en el desarrollo y progreso social, económico y político de muchos países árabes y las sociedades musulmanas. En este sentido, la teología occidental sobre cómo Occidente destruyó otras sociedades se ha convertido en una profecía autocumplida por ellos mismos (árabes y musulmanes) de la que difícilmente se podrán liberar en dicho espacio civilizacional.

Izquierdismo y Revolución en el Occidente liberal: la falsa agenda social progresista.

Una revolución política en el contexto occidental sería un crimen ilegal, no una “reforma democrática” sino una toma del poder del Estado para alterar, por la fuerza, el “orden basado en reglas” imperante – y todo menos eso es pura apariencia. No se puede “reformar” el Estado estadounidense, español o el caso que se quiera eligiendo “demócratas progresistas», o «partidos socialistas/socialdemócratas» o «republicanos conservadores» o «derechas alternativas».

En el caso del Estado estadounidense es la fuente del imperialismo financiero global en su política de emitir deudas para financiar su dominio militar sobre las cadenas de suministro globales, especialmente sobre los océanos del mundo, el resto de los países occidentales son subsidiarios de esto. La única reforma que importa en Occidente es el desmantelamiento del superimperialismo estadounidense, la retirada de su presencia militar en todo el mundo y una redistribución masiva de la tierra y la riqueza de los “administradores financieros” del Estado corporativo a la gente misma. Hasta que el Estado no gobierne teniendo en cuenta una nueva dialéctica , y aquí no hay una dialéctica público -privado, si no de parásitos, especuladores y rentistas versus industriales productivos más trabajadores (mano de obra).

Para eso es necesario que el Estado sea capaz de “violar la ley de propiedad” en interés del bienestar del pueblo, y este será incapaz de producir cualquier “reforma” que marque una diferencia cualitativa en la vida del pueblo en el caso que se quiera sin tener en cuenta y destruir los viejos mitos liberales, y en parte marxistas.

En nuestro contexto puedes aumentar el salario mínimo a 100 euros la hora y lo único que sucedería es que tus alquileres, multitud de servicios de subscripción y casi toda la parte que no es economía real aumentarían en proporción a ese aumento.

Esto último es cómo se marcaría una diferencia cualitativa; lo primero es cómo se mantiene el orden prevaleciente. Todo “izquierdista occidental” está haciendo un espectáculo para desempeñar un papel en el “mantenimiento del orden prevaleciente”, y si alguna vez pidieran una revolución jurídica real (supongamos que desde dentro del poder) para derrocar el gobierno de la propiedad y los rentistas se convertirían, inmediatamente, en enemigos de estos “izquierdistas”.

Luchar por reformas graduales mediante gasto público es en el mejor de los casos lo que mantiene a la gente corriendo (en una rueda de hamster) para volver a su calidad de vida hace cinco años.

Mientras, los parásitos gerentes y propietarios ausentes aumentan la velocidad de la cinta de correr al mismo ritmo, o puedes exigir una revolución que abolir la Reserva Federal, el Banco central europeo y la totalidad del gasto deficitario estatal.

El izquierdista de hoy es el neoconservador del mañana y eso es así desde hace mucho más tiempo del que creemos. Bernie Sanders decía: “Slava Ukraine”, igual ocurre con casi toda la “izquierda indefinida europea”. Sin embargo, lo que es peor, si se da cuenta, todos sus alquileres están subiendo (la inflación significa que su alquiler está subiendo), todos sus servicios de suscripción están subiendo de precio, vivienda, seguros, educación, todos los pagos de diferentes servicios se han incrementado a lo largo del tiempo.

La redistribución que se está produciendo es por una captación clara de rentas, no por supuesto por una economía real que cambie las condiciones de juego de alguna forma que se pueda imaginar o que desarrollen algún tipo de fuerza productiva nacional, o viendo más allá que mejore el estado de la humanidad en su conjunto.

Esto se conjuga con algunas demandas izquierdistas: ¿Puede explicar alguien sobre cómo la clase dominante se beneficia de la defensa izquierdista de «desfinanciar/abolir la policía» o de inhibirla de por ejemplo defender una frontera o erradicar cualquier tipo de criminalidad o conducta antisocial? La clase dominante de la facción izquierdista o derechista tiene seguridad privada; no necesitan a la policía, tienen la suya propia. Eso ocurre con multitud de cosas en las que hacen pensar que vivimos a veces en una especie de anarcotiranía enteramente deliberada, una transformación calculada de la función del estado: de uno comprometido a proteger a los ciudadanos respetuosos de la ley a un estado que trata al ciudadano respetuoso de la ley como, en el mejor de los casos, una patología social y en el peor de los casos, un enemigo.

El izquierdismo progresista habla de aumentar los salarios, pero no hablan de minimizar los gastos de los costes de vida (o como mínimo contenerlos); se podrían mantener los salarios congelados como están ahora y si se redujera el costo de la vivienda, la educación, los seguros, los alimentos, etc., eso contribuiría más a aumentará los salarios. Sin embargo, eso requeriría golpear a las élites ricas que las financian, ya que la disminución de los precios de todo esto significa menos ganancias para los propietarios ausentes de todo tipo de industrias y nunca se atreverían a hacer eso.

El progresismo en Occidente es esencialmente capitalismo de bienestar. Siempre diré también en la misma línea que la política a seguir es destruir el banco central de reserva fraccionaria, desmercantilizar la vivienda, destruir el déficit público, reforzar el Estado. Si se aumentan los salarios arbitrariamente, el costo de vida aumenta poco después por pura especulación. Los izquierdistas no tienen ningún conocimiento de la dinámica del mercado, que realmente es una forma de tener poder social. La verdadera solución es reducir el costo de vida ( a un acceso más fácil a vivienda, servicios, alimentos, etc.). Eso se soluciona con medidas antiinflacionarias y anti mercantilización además de una lucha radical contra el hecho de que sean reserva de valor muchos bienes y servicios.

Sobre la cuestión palestino-israelí: Deshumanización, guerra y masacre.

Es más fácil a veces relativizar la actualidad y volver a los mitos y lemas, que sin duda son importantes en nuestro en presente en marcha tanto en la cuestión árabe-israelí para entender la realidad del antisionismo tanto en el mundo islámico (y en Occidente) y como interacciona con el sionismo. Decir a su vez, que el principal obstáculo al tratar esta cuestión es que criticar a Israel pareciera ser apoyar a Palestina y viceversa, pero tratemos de no caer en esa cuestión y en eso debemos sincerarnos, la fantasía de una Palestina libre siempre incluyó la idea del asesinato en masa indiscriminado de judíos en sus ciudades, calles, tiendas y lugares de culto, nada de eso es falso de una forma quizá más organizada por parte de los judíos sionistas.

Eso no implica que esté bien como llegaron los judíos a tener una situación de superioridad en la región. Cualquier musulmán, y especialmente los sirios-palestinos-libaneses-egipcios tienen una buena parte de la identidad y el pensamiento moral político y religioso centrado en la obsesión con Israel ¡Todo árabe y musulmán que sea honesto consigo mismo lo sabe!

En general en estas cuenta trato de tener una visión desencantada y desmitificada del el origen de los mitos, y las fantasías asesinas, el antisemitismo y la pesadilla política de masas en la teoría política alemana (aunque no sólo germana) del siglo XIX y XX no en algo inherente al Islam mismo o a la cultura árabe tal y como se plantea ahora en la última actualización del conflicto.

En cualquier caso, nada de esto cambia el hecho de que esta forma de pensar es demasiado prevalente y común, sistemáticamente legitimada, apoyada y defendida por instituciones académicas y políticas izquierdistas occidentales (aún cuando existe una perspectiva también antisemita en la tercera posición).

Las imágenes que vimos fueron sin duda un vistazo de cómo se vería en realidad tal fantasía. De manera simultánea ocurre esto en la estructura de toma de decisiones del sionismo y del gobierno israelí. Esto queda claro a partir de las reacciones entusiastas de demasiadas personas en el lado palestino, lo que es un cruel recordatorio de hasta qué punto ese antisemitismo es una realidad en el mundo de Norte de África y Oriente Medio además de particularmente entre las sociedades y comunidades árabes y musulmanas que cada vez son más relevantes en número en Occidente.

La mayor parte de la reacción, o la falta de ella de los países del Acuerdo de Abraham (países musulmanes con Israel), que fue realmente moderada y ayudó a solidificar una conclusión que me ha ido surgiendo, se trataba mucho menos de una nueva internalización árabe de los valores de la vida humana en un sentido Occidental o alguna nueva comprensión esclarecedora de la religión, Dios, el hombre y en su lugar en el cosmos, que de estrategia, economía, tecnología y prosperidad entendidas de manera muy estrecha y exclusiva como desarrollo económico, lo segundo no es negativo a priori, pero demuestra que el cambio es producto de maquiavelismo político (por cuestiones internas) más que un cambio moral de raíz.

Esta ida de entendimiento por otro lado cabe decir que ha sido dinamitada en beneficio posiblemente de Irán. La mayor parte de los países árabes seguramente aún cuando quisieran profundizar dichos acuerdos les será imposible por una cuestión sociologica en la que la mayor parte de la sociedad es contraria a tener relaciones de cualquier tipo con Israel.

Esto es especialmente claro en el caso de Arabia Saudí, que en beneficio de Irán se ha alejado de nuevo de Israel, y me hace pensar que en todo esto se trata menos de la supervivencia o defensa de Palestina y más de esa lógica de choque de civilización de la que he hablado al principio.

Los que aceptaron los acuerdos de Abraham quieren ganar dinero y estabilizar la región para no tener que comprometer tanto sus fuerzas armadas en confrontar a Israel y, por lo tanto, la mayoría de sus preocupaciones actualmente tienen que ver con las posibles consecuencias estratégicas regionales y la inestabilidad, más que con la continuación de una cultura deshumanizadora mutua de conflicto de civilización.

Lamentablemente, estas tendencias de deshumanización no son nativas per sé del mundo islámico únicamente. Entre la nueva generación de la Guerra Fría y la actualidd de expertos, periodistas, funcionarios, profesionales de los países islámicos de la Liga Árabe de hecho se vieron reforzadas en su mayor parte por su educación occidental y una educación liberal «libre de valores» durante el siglo XX.

En esto, puedo decir irónicamente que son los últimos liberales de los que nace una síntesis entre la cultura política de masas de Occidente y la civilización islámica, esa es la retorica al respecto la cuestión de Israel en dicho espacio geográfico. Con los israelís ocurre parecido pero es más evidente por su grado de contacto con Occidente durante siglos.

Si se crítica a Israel y cree que debería existir Palestina, continúe haciéndolo, igual al revés. Pero lo único que les pido es que sean valientes y no pretendan que el terrorismo islamista es algo siquiera legítimo, porque eventualmente eso será un problema que tendremos que enfrentar en Europa sin ir más lejos.

Ese sistema moral catastrófico por otro lado que sustenta este conflicto es realmente común desde el siglo pasado y el anterior en todo tipo de conflictos regionales, aunque también existe en menor medida en la cultura en redes de internet y política en Occidente. Todos sabemos muy bien que es demasiado común y aleja cualquier tipo de realismo y honestidad al respecto cualquier cuestión compleja.

Defender a Israel o a Palestina es parte de la cultura política de Occidente, y sea la posición que tenga, creo que debería abandonar la fascinación partidaria por todo tipo de matanzas porque tanto árabes como sionistas fantasean con el genocidio de sus vecinos como una forma de «ideología de defensa».

De hecho si la situación hubiera sido la inversa (en la que Palestina es fuerte e Israel débil) la deshumanización sería una realidad. Esto se debe en mayor o menor medida por la introducción de la política de masas en la que no sólo luchan las fuerzas armadas, sino el pueblo en su conjunto contra un enemigo común. En eso podemos decir que tanto el sionismo como el yihadismo/nacionalismo palestino son ciertamente herederos de las ideologías de masa y de guerra total del siglo XX, aún cuando esa perspectiva la ha mantenido de forma más clara el yihadismo en este caso palestino, y de una forma diferente (en instituciones estatales) los sionistas israelís.

Sobre la deuda como mecanismo de poder y la posibilidad de su anulación.

Muchas sociedades históricas han tenido una relación con la deuda diferente a la nuestra. Cada nuevo Rey en Mesopotamia; cada nuevo rey en Sumer; cada nuevo rey de la dinastía de Hammurabi en Babilonia cuando asumían el trono, liquidaban la deuda. Hay una razón sencilla. Los babilonios tenían un modelo económico de ciclo que es matemáticamente más sofisticado en parte a los modelos que se enseñan y usan en Occidente hoy.

El modelo es bastante simple: cualquier deuda, la deuda que devenga intereses es un tiempo de duplicación y crece exponencialmente normalmente en una dinámica geométrica, mientras que la economía raramente pasa de un crecimiento real aritmético, eso provoca el crecimiento de la deuda.

Si no cancelas las deudas entonces tendrías toda la tierra y todo el trabajo de la gente atrapado en deuda con los acreedores y eso genera una forma de poder social muy concreta, sin embargo los gobernantes babilonios no querían que se desarrollara una aristocracia financiera, ya que como se dice en la obra Capital As Power, el dinero y el exceso de capital es una forma de “poder social” que no solo se limita al ámbito económico.

En general, la ley en la antigua Grecia y Roma era más favorable a los acreedores y «dura e inflexible» con los deudores, sin embargo, a lo largo de la antigüedad, la cancelación de las deudas, junto con la redistribución de la tierra, fue el principal grito de guerra de los pobres, y era común la distribución de esta para los militares en servicio licenciados, de hecho, en respuesta a una crisis de deuda en el siglo VI a. C., los atenienses implementaron algunas medidas.

Un caso es el de Solón, que establecía la seisachtheia (σεισάχθεια), que cancelaba todas las deudas y anulaba retroactivamente las deudas anteriores que habían resultado en esclavitud y servidumbre, liberando a los esclavos y siervos por deudas, eso fue una forma de asegurar poder frente a la oligarquía economica y la aristocracia en favor del centro.

Según Plutarco, el gobierno democrático de Megara declaró ilegales las deudas que devengan intereses en el siglo VI a. C., mientras que los acreedores se vieron obligados a devolver los intereses cobrados. Esto fue tratado como una medida populista por fuentes griegas, y los historiadores están divididos en cuanto a la historicidad de estos eventos, considerados como un reflejo del pensamiento político antidemocrático, dado que los sistemas favorables a la deuda y la oligarquía económica solían ser “democracias a la griega”.

Los reyes espartanos también implementaron cancelaciones de deuda en su intento de reformar el estado y la economía en el siglo III a.C. El equivalente romano se llamó novae tabulae. En la Antigua Roma, la servidumbre por deudas conocida como nexum fue abolida en el año 313 a.C, sin embargo, incluso después de eso, los deudores seguían obligados a realizar trabajos obligatorios y podían ser encarcelados tras una sentencia judicial. Apiano menciona un intento del pretor Asellio de revivir la antigua ley que prohibía el cobro de intereses en el 89 a. C., lo que llevó a su asesinato, presumiblemente a manos de los acreedores.

Más tarde, Sila lo hizo en un 10% y luego Lucius Cornelio Cinna y Lucius Valerius Flaccus (en tres cuartas partes) promulgaron cancelaciones parciales de la deuda para estabilizar la economía arruinada por la guerra civil en contra de la oligarquía. Las élites romanas estaban firmemente en contra del alivio de la deuda, y Cicerón lo denunció como un ataque a la propiedad y a las clases propietarias o Patricios.

Los predecesores de la ley de quiebras surgieron a principios de la Roma imperial. Augusto instituyó la cessio bonorum, que permitía a los deudores entregar voluntariamente sus bienes a los acreedores y así evitar el arresto personal y la pérdida de capacidad jurídica (infamia). Si bien Roma nunca promulgó la cancelación total de la deuda, varios emperadores cancelaron los atrasos de impuestos, es decir, las deudas con el tesoro estatal.

Sin embargo, de alguna forma necesitas asignar recursos ociosos, y esa es la función y no otra de un sistema financiero. Cuando la economía crece en ese caso más lento que la deuda empieza el problema, ¿Qué haces cuando la cantidad de deuda crece pero la economía crece más lentamente y no puede pagar? ¿Qué haces cuando hay una mala cosecha y los granjeros no pueden pagar la deuda?

Las soluciones contrarias a el endeudamiento masivo y a esta tendencia del control por el sistema financiero de la sociedad curiosamente siempre han sido gobernantes realmente catalogados como tiránicos por la historiografía contemporánea.

Conclusión:

En Occidente en la actualidad tenemos un problema serio problema deuda, y la economía muchas veces parece constreñida en dicha ficción creada que drena presupuesto estatal en concepto de intereses (que es esencialmente el precio del dinero que se auto imponen los Estados) agravado por las décadas de papel moneda.

Por otro lado, tienes esta cancelación de la deuda babilónica, el borrón y cuenta nueva como opción liberadora, en el que las deudas liberas a todo el poder productivo y a todos los esclavos de una parte importante de Occidente, EE.UU. y España, dado que la deuda respecto el PIB y la deuda con el ingreso nacional únicamente hace que limitarlos.

Las familias deben mucho más deuda en relación con sus ingresos; las corporaciones deben mucha más deuda en relación con sus ganancias, que se pagan a los bancos en un ejercicio de una ficción inmensa. Mientras, a su vez haces que cada vez se haga cargo esencialmente de toda la economía a las finanzas. Eso hace, para finalizar, que lo que tenemos en Occidente no es el tipo de capitalismo industrial que la gente esperaba ver en el siglo XIX e incluso en el XX.

En cambio, hemos creado algo diferente a el capitalismo, un sistema parasitario de absorción de rentas por propietarios ausentes, en el que los banqueros e inversionistas son los nuevos terratenientes contra los que lucharon Adam Smith, contra el liberalismo decimonónico, contra el desarrollismo industrialista, contra John Stuart Mill, Marx y contra los socialistas.

Clase parasitaria, tiempo libre, revolución y tecnología.

Pienso que una fantasía que necesita ser superada es de que “si suficientes personas se enteraran de la corrupción de nuestro estado, tendrían una revolución”—no es así como suceden las revoluciones, y nunca ha sido así. Todo el mundo es muy consciente de la «corrupción» del Estado; este no es un problema que nadie deba aceptar, en ninguna particularidad. La gente puede creer que el Estado está dirigido por pedófilos satanistas, por vendidos a potencias extranjeras, por amigos de narcotraficantes (cualquiera de estos casos les será cercano si son de Hispanoamérica o Occidente) y todavía van a trabajar por la mañana. 

Puede creer que el Estado está dirigido por el Patriarcado Supremacista Blanco, por una secta de desviados sexuales, pederastas y degenerados y todavía van a trabajar por la mañana. Lo que sería revolucionario es darle a la gente una razón para no ir a trabajar en la mañana, eso es lo que es revolucionario, y esto comienza como una mentira que sólo puede convertirse en realidad mediante la fe, es decir: Las promesas revolucionarias son algo que solo se puede ganar mediante la auto abolición de la clase trabajadora: si no vas a trabajar y todos los demás lo hacen, pierdes, entonces, ¿cómo logras que todos participen voluntariamente en la abolición de su propio trabajo tal y como está planteado?  Pues posiblemente y a priori eso es utópico.

Esa es la pregunta: toda la cháchara de «conspiración» solo es desmoralizadora es mejor que vayas a trabajar todos los días y ores porque el Estado Profundo, la superestructura imperante, o la oligarquía de políticos, medios y corporaciones siempre gana y no puedes hacer nada al respecto, excepto difundir el “lema de la desesperación»  ¿Cómo organiza un movimiento cultural y político en torno al concepto de tiempo libre y la abolición del trabajo superfluo?  Esa es la pregunta que los marxistas y críticos con el presente en marcha han estado evitando a favor de valorizar el trabajo como un fin en sí mismo, confirmando así el fetiche del trabajo, el trabajo como un ídolo, y de este modo definiendo a los individuos exclusivamente por su papel en el proceso productivo en lugar de liberarlos de esta la esclavitud a la forma de valor de la producción. 

Es decir, los sindicatos en su totalidad son contrarrevolucionarios, ya que solo brindan “nuevas razones para ir a trabajar en la mañana”—el ritual de la huelga y la negociación salarial solo fortalece la idolatría del trabajo, la performance existe para reconfirmar la “valor” del trabajo para el trabajador por razones ideológicas—“ahora puedes estar orgulloso de trabajar”—es solo la “fiesta en la oficina” en un plano superior. Los sindicatos incluso se componen y ganan fuerza dentro de las burocracias corporativas para inculcar un espíritu común, tal vez te unas a la «Unión de trabajadores que su propaganda se basa en temas LGBTQ y feministas», pero nada de esto acerca a nadie a la abolición del trabajo superfluo y la liberación de más tiempo libre.

 Es más revolucionario reducir la semana laboral, estabilizar el gasto estatal que es por lo que se aumenta las horas de trabajo socialmente necesarias para vivir junto con la mercantilización de la vivienda a la vez que se reduce la semana laboral, eso es trascender el sistema actual de las cosas. Obviamente eso no está en la cabeza de nadie ni en la izquierda ni en la derecha. Nuestro sistema económico ha estado bloqueando las implicaciones últimas de las tecnologías de producción emergentes, la forma en que se negó el uso de tecnología y se paso a una economía de servicios creó una economía inflacionaria de consumidores aislados.  

Una de las ideas erróneas más grandes es que el WEF (World Economic Forum) lidera el cambio en las fuerzas productivas. Sin embargo, reaccionarios que intentan subordinar las nuevas tecnologías a una superestructura obsoleta de ganancias y generación de capital y plusvalía.  No sólo es subordinación al Estado liberal, sino incluso la superestructura industrial más antigua. La verdad sobre WEF es que son ‘conservadores’ (de las estructuras existentes del liberalismo tardío).  Toda la cháchara sobre el transhumanismo y el resto, todo tiene el propósito de ser provocativo e impactante: son tan alarmistas sobre el futuro como lo son sus críticos.  Es un grupo de banqueros ignorantes que se burlan del futuro y no quieren que alguien los acabe colgado o enterrando aún cuando parece que piensen:  «por supuesto que las masas no estarán de acuerdo con esto, ¡hagámoslo lo más aterrador posible!»

Nadie es un verdadero optimista tecnológico hoy en día. Las computadoras, el procesamiento de datos, la automatización,  proyectos de fuentes de energía realistas  y muchas otras cosas que junto con una transición a un sistema que trascienda la división público-privada de la economía capitalista es el objetivo, de hecho esos avances han sido retenidos en las principales corporaciones tecnológicas y no han sido desatado todo su potencial. Nuestras fuerzas productivas son perseguidas. Obviamente en una transición extrema y aceleracionista, los gerentes terminarían sin su posición social.  De hecho, las aplicaciones y censuras para el uso de tecnología y el conocimiento que permitiría la abolición del trabajo progresiva es una realidad criminal debido al sistema internacional de patentes (que es solo privilegio de producción y desarrollo).  

El conocimiento humano y la inventiva no es NUESTRA. Esta brecha solo puede cerrarse cuando la tecnología se pone a trabajar y el trabajo solo la mantiene.  Pero eso pasaría de moda a todos los gerentes, a todas las corporaciones y banqueros.  Nos liberaría a todos, aplastaría la burocracia y sería el verdadero reino del tiempo libre y la eficiencia sin límites, y todo eso sin los gerentes. El objetivo de cualquier movimiento patriota, obrerista, marxista, o meramente antiliberal sería liberar a las fuerzas productivas y a todo el poder de la tecnología sin las estructuras del liberalismo y el gerencialismo moderno, debe ser hoy la liberación inequívoca de las fuerzas productivas: el futuro ya está aquí, solo los parásitos se interponen en el camino.  

Milei, dolarización y elecciones presidenciales de Argentina.

El domingo, los votantes argentinos dieron una fuerte reprimenda al statu quo político del oficialismo peronista y Juntos por el Cambio como oposición. Javier Milei, un libertario excéntrico para muchos vestido de cuero, obtuvo el primer lugar en las primarias presidenciales del país. Ha prometido un conjunto radical de reformas basadas en el mercado para controlar la inflación catastrófica de Argentina. Es poco probable que las soluciones que propone saquen al país de su profundo malestar, pero dadas las pésimas alternativas, no sorprende que tantos estuvieran dispuestos a darle una oportunidad como un revulsivo y voto de castigo.

Como confirmaron los resultados del domingo, esta será una carrera política de tres vías polémica. El bloque kirchnerista de centro-izquierda tradicionalmente dominante, que ha ocupado la presidencia de diferentes formas bajo una forma de “peronismo” durante la mayor parte de la historia democrática del país, ocupó el tercer lugar con el 27 por ciento de los votos bajo el ministro de Economía, Sergio Massa, su peor desempeño en décadas. En segundo lugar, el bloque de derecha obtuvo el 28 por ciento de los votos, postulando a la exministra de Seguridad Patricia Bullrich sobre el alcalde bonaerense Horacio Rodríguez Larreta. Pero la opción ganadora a la espera de la segunda vuelta, con más del 30 por ciento de los votos, fue Milei, economista y personalidad de la televisión.

Hasta ahora, la contienda electoral de Argentina de 2023 y sus candidatos han estado entre los más “diversos” desde la restauración de la democracia en 1983. Por ejemplo, la candidata derechista Bullrich es una ex guerrillera de izquierda convertida en archiconservadora, y es ampliamente considerada como alcohólica debido a cargos en 2009 por conducir ebria. Por su parte, Massa prometió una vez enviar a prisión a miembros de la izquierda de su coalición, encabezados por su propia vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

Luego está Milei, cantante en una banda de covers de los Rolling Stones durante su juventud, Milei estudió economía y ganó notoriedad como comentarista político a fines de la década de 2010 y principios de la de 2020 por sus cruzadas contra lo que él llamó «casta política» de Argentina. Un agitador rimbombante, el candidato de La Libertad Avanza se llama a sí mismo libertario, o liberal en español. Sin embargo, reconociendo las sombrías perspectivas electorales del libertarismo convencional en Argentina, Milei ha girado hacia la derecha, convirtiendo su plataforma actual en una extraña mezcla de liberalismo social laissez-faire y algunas posiciones conservadoras.

En 2018 Milei se parecía a una versión más carismática y radical del excandidato presidencial del Partido Libertario de EE.UU. Gary Johnson. En esta fase anterior, expresó su apoyo a la legalización de todas las drogas y la expansión de la inmigración; apoyó la legalidad de la prostitución y la legalización de la venta de armas de fuego a civiles. Hoy, Milei sigue abierta a la legalización de las drogas en algunas circunstancias, pero se ha manifestado en contra del aborto excepto cuando pone en peligro la vida de la madre. También niega la existencia del cambio climático provocado por el hombre y ha hecho campaña contra lo que él llama marxismo cultural (algo que nada tiene que ver con marxismo, pero que se nombró así por el conservadurismo estadounidense “ que ha tomado la administración de la Argentina actual.

El conservadurismo social recién descubierto de Milei no encaja fácilmente con su historial anterior como defensor del «amor libre». En febrero de 2023, un exmiembro de su partido alegó que los miembros del partido a menudo intercambiaban favores sexuales por publicaciones, un cargo que Milei niega. Milei también ha abogado por convertir la venta de órganos humanos y de niños en el mercado libre, aunque más recientemente se ha retractado de algunas de estas propuestas. En cuanto a él, Milei es un soltero sin hijos, y prefiere adorar a sus cinco mastines ingleses, cuatro de ellos con nombres de economistas austriacos aún cuando estas cuestiones personales no deberían ser el centro del debate.

Propuestas del Libertad Avanza de Milei.

Milei ha cosechado las recompensas del desencanto resultante con la política de castigo. En el frente económico, siguiendo las enseñanzas de sus maestros austriacos, Milei prometió recortar el gasto en un 15 por ciento del PIB, privatizar las industrias estatales tuvieran ganancias o no, eliminar 11 agencias gubernamentales, cerrar el asediado banco central de Argentina y dolarizar la economía, una tarea difícil en un nación con reservas cada vez más limitadas de la moneda estadounidense. Sería imposible imaginar que tales propuestas lo llevaran a la victoria en una nación donde los políticos peronistas que abogan por una intervención estatal agresiva en la economía han dominado durante mucho tiempo la política electoral si no fuera por el hecho de que Argentina ahora languidece bajo una inflación de más del 100 por ciento anual. Milei ha cosechado las recompensas del desencanto resultante con la política habitual.

A pesar de la probable inviabilidad de la agenda económica de Milei, su mera existencia lo ha ayudado a diferenciarse de sus rivales. En una elección en la que la economía es la principal preocupación de los votantes, tanto el peronismo como los bloques de derecha han preferido hacer campaña en otros temas como el crimen. La triste realidad es que nadie sabe realmente cómo solucionar los problemas crónicos de Argentina. Bajo Mauricio Macri (2015-2019), la derecha felizmente se saboteó a sí misma y a la economía argentina con el paso de fondos no financiados. recortes de impuestos que aumentaron la deuda sin lograr un mayor crecimiento sustancial. La caída de Macri condujo a la elección del bufón Alberto Fernández en 2019, pero el nuevo ministro de Economía de Fernández, Sergio Massa, ahora el candidato presidencial de la coalición, ha visto aumentar la inflación incluso cuando ha seguido las prescripciones ortodoxas del Fondo Monetario Internacional.

El peronismo se ha mantenido dominante a través de su constante cambio de forma y oportunismo. En diferentes momentos, el movimiento ha incorporado el populismo, el nacionalismo, el neoliberalismo, el progresismo y el desarrollismo nacional. Pero en muchos aspectos, el peronismo realmente existente es más parecido a un sindicato del crimen que a un movimiento político coherente en la actualidad. Su actual máxima jefa, Cristina Kirchner, está acusada de manera creíble de malversación de miles de millones, sin mencionar el asesinato. En un país en el que prevalecen el amiguismo y la política de puertas giratorias, el estatus de forastero de Milei tiene un atractivo evidente. El improbable ascenso de Milei, entonces, resulta del agotamiento y desprestigio de las alternativas. Para ser generoso con su rama de la economía, el único beneficio que la política fiscal tan estricta es que ha traído a América de habla española fue el control de la inflación en países como Brasil y Perú, a costa, lamentablemente, de la industria, el crecimiento y el tejido social. Pero Argentina tiene la costumbre de desafiar todas las expectativas.

Dolarización y soluciones a la cuestión de la Argentina:

Obviamente y por otro lado, la dolarización y la abolición del Banco central además de una parte nada despreciable de ministerios es la gran propuesta de Milei. En la parte que el recorte afecta obviamente a cuestiones de industria política es sin lugar a dudas un aliciente que seguramente puede terminar en un ahorro evidente de fondos al estado argentino, pero la cuestión ya no es tanto esa, en la que mucha gente puede estar de acuerdo como la cesión de la soberanía monetaria y el plan de inhibir al estado argentino de cualquier estrategia a largo plazo de desarrollo y estabilización económico. 

Por un lado la dolarización puede hacer que la economía del país americano no tenga la tentación de destruir la moneda y financiar el déficit público con impresión de dinero, eso obviamente muchos otros países lo hacen, pero normalmente la credibilidad de su moneda y su impresión constante de bonos que se financian vía banco central no hacen que la moneda se destruya dado que existe credibilidad y una gama amplia de bienes y servicios de todo tipo que se encuentran denominados como esa moneda. En el caso argentino, la cuestión es que ya no solo es que vivan en una economía inflacionaria por la destrucción de moneda, sino que la estructura productiva argentina en la que las importaciones que no se pueden suplir por producción interna se hacen caras, pero al ser una economía exportadora no interesa una moneda excesivamente cara.  A su vez, la cuestión es que ha ido demasiado lejos dicha práctica, Argentina tuvo entre 1992 y 2002 convertibilidad 1 peso a un dólar. En enero de 2002 rompieron esa convertibilidad y ahora están aproximadamente a una tasa oficial de un 1 dolar vs 350 pesos aproximadamente.

Por ese mismo motivo, las devaluaciones competitivas tienen siempre el efecto secundario de provocar subidas de precios internas por culpa del encarecimiento de los bienes importados que consume la población. La devaluación es siempre sinónimo de subidas de precios, eso pasa en muchos países, no solo en Argentina. Entonces, por qué la hiperinflación parece un rasgo exclusivo de Argentina? Porque allí se produce siempre la siguiente cadena de acontecimientos. Argentina, a diferencia de otros países de su entorno, se caracteriza por tener unos sindicatos muy fuertes, la CGT.  Cuando empiezan a subir los precios al consumo a causa de las devaluaciones, los trabajadores se defienden exigiendo y logrando subidas salariales que mantengan su poder adquisitivo. 

La respuesta de las empresas a esas subidas salariales es subir otra vez los precios para, a su vez, poder mantener su nivel previo de beneficios. Y vuelta a empezar: más subidas de salarios y luego más subidas de precios. Es una espiral que crece como una bola de nieve y que, como se ve, no tiene nada que ver con la emisión de nuevos billetes por parte del Banco Central de Argentina Cuando la espiral se descontrola, algo que sucede con frecuencia en Argentina, los gobiernos suelen intentar arreglarlo con otra devaluación del peso con el mismo objetivo: intentar ganar demanda externa para la industria nacional. Pero eso vuelve a recalentar la lucha entre asalariados y empresarios por mantener sus niveles de renta y cargar la pérdida de riqueza y de poder adquisitivo sobre las espaldas del otro. En ese caso, la lucha entre empresarios y trabajadores ignora esa situación estructural y ambos lógicamente buscan eludir los costes de las devaluaciones.

El futuro presidente de Argentina, como Bukele, está creando las condiciones para candidatos disruptivos, y naturalmente, todos los «izquierdistas occidentales» los describirán como «fascistas» (cuando el libertario y el fascista tienen poco o nada que ver) porque no están parándose a seguirle el juego a los mitos progresistas de todo tipo que tanto estamos acostumbrados en España. Sin embargo, lo que nunca parece que va a tener la democracia argentina: un plan a largo plazo y una burocracia capacitada para la tarea de gobernar. En China apostaron la apertura, el desarrollo a ultranza y lo que ellos llaman «socialismo con características chinas», y nos guste o no, aprovecharon muy bien el viento de cola de la época. Por otro lado, casi todas las medidas de Milei parecen una opción vaga en la cual se va inhibir al Estado argentino de realizar un plan más que supuestamente el «mito del mercado» se encargue de desarrollar el país, y pretende bajo dicha idea falsa, y en contra de todas las experiencias de desarrollo más exitosas como Corea del Sur, la Alemania de posguerra, la Francia gaullista, el proteccionista Imperio Británico, la España franquista, los EEUU de la época de Wilson y luego de FD. Roosevelt o la más actual de la China continental, en los que la industrialización y el desarrollo tuvieron una amplia participación estatal. 

Dolarización o Desdolarización e implicaciones geopolíticas.

Gran parte de las noticias geopolíticas en los últimos meses ha sido sobre la desdolarización, tanto en buena parte de Asia, como de África, como del comercio de Argentina con China y Brasil, sus dos principales socios comerciales. A finales de abril, el gobierno anunció que comenzará a pagar las importaciones chinas en yuanes en lugar de dólares. Ese mismo mes activó el acuerdo de intercambio de 18.500 millones de dólares, pagando alrededor de 1.000 millones de dólares de sus importaciones chinas en yuanes en lugar de dólares. Argentina ha estado luchando con mantener el valor del peso versus el dólar durante años, pero este año sus reservas de divisas alcanzaron un mínimo crítico después de que una sequía histórica causara pérdidas agrícolas totales de alrededor de 17.600 millones de euros, o el 3% del PIB argentino. La escasez de dólares se está convirtiendo en un problema cada vez más común entre las economías de mercados emergentes, ya que los bancos centrales queman sus reservas de divisas en un intento desesperado por detener la depreciación de sus monedas.

El candidato más votado, Milei, y la segunda, Bullrich, son los contendientes en octubre, ambos podría decirse que pertenecen a un bloque pro estadounidense, sin embargo, la agrupación dirigida por el economista libertario y congresista Javier Milei que se pinta a sí misma como ferozmente anticomunista y el último bastión de los mitos libertarios en Argentina, y actualmente parece ser una realidad política. Dada la incertidumbre económica y la desesperación que prevalecen en el país, con la inflación aumentando a un récord de 109% año tras año en abril, Milei ha encontrado un terreno fértil para su mezcla ecléctica de demagogia y propuestas de política económica disruptivas.

Esas propuestas van desde la clásica tarifa libertaria privatizando todo tipo de servicios del Estado, eliminar los controles de divisas y “tomar una motosierra contra el gasto público”, hasta medidas más extremas que un economista podría definirse como “mejor volarlo todo”. Incluyen cerrar el banco central de Argentina, abolir el peso argentino y adoptar el dólar estadounidense como moneda oficial.

“Si se quiere acabar con la estafa de la emisión monetaria para cubrir el fisco y acabar con la inflación, dado que los políticos argentinos son ladrones, la única forma es cerrar el Banco Central y, al principio [de mi gobierno] dolarizar [ la economía]”, tuiteó Milei.

La idea goza de un fuerte apoyo entre ciertos economistas estadounidenses. Incluyen al profesor de Johns Hopkins Steve Hanke, quien una vez se desempeñó como asesor del gobierno del presidente Carlos Menem, cuya decisión a principios de los 90 de fijar el peso argentino en un valor totalmente artificial e insostenible (según algunos) de un dólar estadounidense allanó el camino a la crisis financiera según algunos. y la devaluación de la moneda de 2001, de la cual la economía argentina nunca ha podido recuperarse adecuadamente. Las cosas empeoraron mucho en 2016 cuando el gobierno de Macri rescató a los acreedores. Dos años después, solicitó al FMI el mayor rescate en la historia del Fondo, solo para que los fondos de inversión extranjeros pudieran abandonar sus participaciones en bonos argentinos y llevar su dinero al extranjero o denominarlo en dólares.

El mismo Milei describe a Menem como el mejor presidente de Argentina. También está estrechamente relacionado con Atlas Economic Research Foundation, o Atlas Network, con sede en EE. UU. y financiada por Koch, que desde su creación en 1981 ha forjado asociaciones flexibles con más de 450 grupos de expertos de «mercado libre» en todo el mundo, incluidos muchos en dicha región sudamericana. A su vez, el banco central ha estado quemando sus escasas reservas de dólares mientras intenta detener una caída en el tipo de cambio del mercado paralelo del peso. Según un informe publicado por una consultora argentina, los pasivos del país en moneda extranjera ya superan las reservas totales en alrededor de mil millones de dólares, la peor proporción desde la brutal crisis económica del país y las corridas bancarias de principios de la década de 2000.

La economía de Argentina ya está fuertemente dolarizada dada la caída de valor más o menos ininterrumpida del peso argentino en los últimos 23 años. No sólo se mantienen los ahorros en dólares; muchas transacciones inmobiliarias se realizan en moneda estadounidense. Incluso los alquileres y las transacciones más pequeñas a menudo requieren dólares.

¿Una solución rápida con implicaciones peligrosas?

Pero hay una gran diferencia entre tener un régimen de doble moneda, como es el caso de muchas economías de mercados emergentes con monedas locales débiles, y abandonar por completo su moneda nacional. También existen serias dudas sobre si Argentina podrá adoptar formalmente el dólar incluso si Milei gana las elecciones (y eso sigue siendo un gran «SI»). Para empezar, es poco probable que su agrupación política asegure el control del Congreso o el amplio apoyo político necesario para promulgar tal reforma. Además, reemplazar el peso con el dólar estadounidense requeriría importantes reservas de divisas que el país no tiene actualmente y es poco probable que obtenga, eso podría “desmonetizar” al país si no hay suficientes dólares en circulación en la economía argentina.

“Argentina no está en condiciones de emprender la dolarización porque esto requiere reservas en dólares del Banco Central que no tiene”, dijo el economista Julián Zícari, quien escribió un libro sobre la historia de las crisis económicas de Argentina, y agregó que “intentar [dolarizar] causar una evaporación completa de los salarios y las pensiones”. También significaría el fin de cualquier apariencia de soberanía argentina, como advirtió el economista surcoreano Ha-Joon Chang durante una reciente visita al país:

“Si desea adoptar dólares como su moneda oficial, debe solicitar convertirse en una colonia de los Estados Unidos de América porque eso es lo que lo hace. Esto significa que sus políticas macroeconómicas se redactarán en Washington DC”.

En cambio, dijo Ha-Joon Chang, Argentina debería centrarse en crear nuevas instituciones fiables, escalar la calidad y valor de las exportaciones, y así tener acceso a divisas destinadas a aumentar las inversiones. Pero para hacer todo eso, Argentina tendrá que estabilizar su situación macroeconómica ya que eso significa no abordar las innumerables causas de las crisis económicas que enfrenta con frecuencia, incluida su excesiva dependencia de las importaciones y su incapacidad crónica para generar suficientes exportaciones, lo que a su vez conduce a una escasez crónica de reservas extranjeras e inversión productiva.


Sea lo que sea que haga el candidato ganador, estoy seguro de que el camino, si es que el país sudamericano tiene salvación, será un camino duro que obviamente, y en eso le daremos la razón a Milei, hace falta “entrar con la motosierra” al respecto la realidad realmente existente en la República de la Argentina.

Sobre coste de las grandes Fuerzas Armadas de Estados Unidos:

En su mensaje a las tropas antes del 4 de julio, el Secretario de Defensa Lloyd Austin ofreció grandes elogios. “Tenemos la mayor fuerza de combate en la historia de la humanidad”, tuiteó, conectando esa afirmación con que EE. UU. tiene patriotas de todos los colores, credos y antecedentes “que valientemente se ofrecen como voluntarios para defender nuestro país y nuestros valores”.

Como teniente coronel retirado de la Fuerza Aérea de origen de clase trabajadora que se ofreció como voluntario para servir hace más de cuatro décadas, ¿quién soy yo para discutir con Austin? ¿No debería simplemente disfrutar del resplandor de sus elogios para las tropas de hoy, reflexionando sobre mi propio servicio honorable cerca del final de lo que ahora debe considerarse como la Primera Guerra Fría?

La hipérbole es común en la administración norteamericana y en su cultura popular. Poco después de los ataques del 11 de septiembre, el presidente George W. Bush se jactaba de que este país tenía “la mayor fuerza para la liberación humana que el mundo haya conocido jamás”. También en un discurso de ánimo dado a las tropas estadounidenses en Afganistán en 2010, el presidente Barack Obama las declaró “la mejor fuerza de combate que el mundo jamás haya conocido”. Lo curioso de los estadounidenses, es que esa “fuerza incomparable”, y lo qué significaba eso para una república de los EEUU es que alguna vez se había visto grandes ejércitos permanentes y la guerra constante como anatemas a la libertad. Esto era claro especialmente en los padres fundadores.

En retrospectiva, la respuesta es demasiado sencilla: los estadounidenses necesitan algo de lo que jactarse, ¿no es así? En la “nación excepcional”. Después de todo, este país ya no puede jactarse de tener los mejores resultados educativos del mundo, ni el sistema de salud, ni la infraestructura más avanzada y segura, ni la mejor política, así que mejor que podamos jactarnos de tener “la mayor fuerza de combate” jamás vista. Dejando ese alarde a un lado, los estadounidenses ciertamente podrían presumir de una cosa que este país tiene sin comparación: el ejército más caro que existe y posiblemente exista durante muchísimo tiempo en el futuro próximo. Ningún país se acerca siquiera a ese compromiso de fondos para guerras, armas (incluidas las nucleares en el Departamento de Energía) y el dominio mundial. De hecho, el presupuesto del Pentágono para “defensa” en 2023 excede el de los próximos 10 países (¡en su mayoría aliados!) combinados.

De todo esto surgen dos preguntas: ¿Realmente están obteniendo los estadounidenses algo de lo que pagan tan caro: las mejores, mejores y más excepcionales fuerzas armadas de la historia? E incluso si lo somos, ¿debería un país realmente querer tal cosa?

La respuesta a ambas preguntas es, por supuesto, no. Después de todo, Estados Unidos no ha ganado una guerra de manera convincente desde 1945. Si este país sigue perdiendo guerras de manera rutinaria y, a menudo, catastróficamente, como lo ha hecho en lugares como Vietnam, Afganistán e Irak, ¿cómo podemos decir honestamente que poseemos la mayor fuerza de combate del mundo? Y si, no obstante, persistimos en tal jactancia, ¿no se hace eco de la retórica de los imperios militaristas del pasado? En realidad, creo que Estados Unidos tiene el ejército más excepcional, pero no en la forma en que afirman sus impulsores y porristas como Austin, Bush y Obama. ¿Cómo es que el ejército de los EE. UU. es realmente “excepcional”? Déjame contar las formas.

-El Pentágono como agujero negro presupuestario.

En muchos sentidos, el ejército de los EE. UU. es realmente excepcional. Comencemos con su presupuesto. En este mismo momento, el Congreso está debatiendo un colosal presupuesto de “defensa” de $886.000 millones para el año fiscal 2024 (y todo el debate es sobre temas que tienen poco que ver con las fuerzas armadas). Ese proyecto de ley de gastos de defensa, como recordarán, fue de “solo” $740.000 mil millones cuando el presidente Joe Biden asumió el cargo hace tres años. En 2021, Biden retiró las fuerzas estadounidenses de la desastrosa guerra en Afganistán, teóricamente ahorrando al contribuyente casi $50.000 mil millones al año. Sin embargo, en lugar de obtener cualquier tipo de dividendo de paz, los contribuyentes estadounidenses simplemente recibieron una factura aún más alta a medida que el presupuesto del Pentágono seguía aumentando.

Recordemos que, en sus cuatro años de mandato, Donald Trump aumentó un 20% el gasto militar. Biden ahora está listo para lograr un aumento similar del 20% en solo tres años en el cargo. Y ese aumento en gran medida ni siquiera incluye el costo de apoyar a Ucrania en su guerra con Rusia; hasta ahora, entre $120.000 millones y  $200.000 millones según la fuente, y sigue aumentando.

Los colosales presupuestos para armas y guerra disfrutan de un amplio apoyo bipartidista en Washington. ¡Es casi como si hubiera un complejo militar-industrial del lobby de las armas en el Congreso de EEUU trabajando aquí! (y lo hay) La mayoría de las ideas a este respecto, y en lo que estoy pensando es en cierto discurso de despedida de Dwight D. Eisenhower en 1961. Sin embargo, y actualmenta ahora hay un enorme agujero negro del presupuesto federal en el que iIncluso cuando el Congreso y el Pentágono supuestamente tratan de hacer cumplir la disciplina fiscal de EEUU, si no la austeridad en otros lugares, la aplastante atracción gravitatoria de ese agujero sigue absorbiendo más dinero. Y esto es a veces incluso independiente de una supuesta guerra fría con China y Rusia.

Dada su naturaleza de tragar dinero, tal vez no le sorprenda saber que el Pentágono es notablemente excepcional cuando se trata de auditorías fiscales fallidas, cinco de ellas seguidas (siendo la quinta falla un «momento de enseñanza», según su director financiero), ya que su presupuesto siguió aumentando. Ya sea que esté hablando de guerras perdidas o auditorías fallidas, el Pentágono es eternamente recompensado por sus fallas. Intente administrar un negocio o una administración que no cuenta el respaldo del dólar y de la nación más rica en términos nominales del mundo sobre esa base y vea cuánto dura.

Hablando de todas esas guerras fallidas, tal vez no te sorprenda saber que no han sido baratas. Según el Costs of War Project de la Universidad de Brown, aproximadamente 937.000 personas han muerto desde el 11 de septiembre de 2001 gracias a la violencia directa en la “Guerra global contra el terrorismo” de este país en Afganistán, Irak, Libia y otros lugares, a su vez, la muerte de otros 3,6 a 3,7 millones de personas puede atribuirse indirectamente a esos mismos conflictos posteriores al 11 de septiembre, unidas a las actividades en 85 países.

Ninguna otra nación en el mundo ve a sus fuerzas armadas como «una fuerza global para el bien». Ninguna otra nación divide el mundo entero en comandos militares como AFRICOM para África y CENTCOM para el Medio Oriente y partes de Asia Central y del Sur, encabezados por generales y almirantes de cuatro estrellas. Ninguna otra nación tiene una red de 750 bases extranjeras repartidas por todo el mundo. Ninguna otra nación lucha por el dominio de espectro completo a través de «operaciones de todos los dominios», es decir, no solo el control de los «dominios» tradicionales de combate (tierra, mar y aire), sino también del espacio y el ciberespacio. Mientras que otros países se centran principalmente en la defensa nacional (o en agresiones regionales de un tipo u otro), las fuerzas armadas de EE.UU. se esfuerzan por lograr un dominio global y espacial total. ¡Esto es algo, sea simpatizante o no de EEUU, algo verdaderamente excepcional!

Extrañamente, en esta interminable e ilimitada búsqueda de dominio, los resultados simplemente no importan. ¿La guerra de Afganistán? Estropeado, chapucero y perdido. ¿La guerra de Irak? Construido sobre mentiras y al final fallido (a pesar del éxito de las operaciones militares). ¿Libia? Vinimos, vimos, murió el líder de Libia (y tantos inocentes) y luego dejo de importar, dejándole el peso de presión demográfica a la UE. Sin embargo, nadie en el Pentágono fue castigado por ninguno de esos fracasos. De hecho, hasta el día de hoy, sigue siendo una zona libre de rendición de cuentas, exenta de supervisión significativa. 

De hecho, las pocas “excepciones” dentro del complejo militar-industrial-congresional que defendieron la rendición de cuentas, personas de principios como Daniel Hale, Chelsea Manning y Edward Snowden, fueron encarceladas o exiliadas. De hecho, el gobierno de EE.UU. incluso conspiró para encarcelar a un editor extranjero y activista en favor de la transparencia, Julian Assange, quien publicó la verdad sobre la guerra estadounidense contra el terrorismo, utilizando una cláusula de espionaje de la era de la Primera Guerra Mundial que solo se aplica a los ciudadanos estadounidenses.

El registro es aún más sombrío que eso. En nuestros años de guerra posteriores al 11 de septiembre, como admitió el presidente Barack Obama, «torturamos a algunas personas», y la única persona castigada por eso fue otro denunciante, John Kiriakou, quien hizo todo lo posible para llamar nuestra atención sobre esos crímenes de guerra. 

En lo que respecta a disuasión nuclear, Estados Unidos continúa reservándose el derecho de usar armas nucleares primero, presumiblemente en nombre de la protección de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Y, por supuesto, a pesar de los países, ¡nueve! — que ahora poseen armas nucleares, EE. UU. sigue siendo el único que las ha utilizado en tiempos de guerra, en los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

¡Finalmente, resulta que los militares son incluso inmunes a las decisiones de la Corte Suprema, el máximo orden jurisdiccional en el país americano! Cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos revocó recientemente la discriminación positiva para la admisión a la universidad, creó una excepción para las academias militares. Escuelas como West Point y Annapolis aún pueden considerar la raza como algo a sobrenatural de sus reclutas, presumiblemente para promover la cohesión de la unidad a través de la representación proporcional de las minorías dentro de los rangos de oficiales, pero nuestra sociedad en general aparentemente no requiere equidad racial para su cohesión.

Esta es una de mis frases favoritas de la película The Usual Suspects: «El truco más grande que el diablo jamás hizo fue convencer al mundo de que no existía». El mayor truco del poder militar del hegemón es que disimula muy bien lo que supone dedicarse al dominio global para su población. Como señala Norman Solomon en su revelador libro War Made Invisible, el complejo militar-industrial-congresional se ha destacado por camuflar las atroces realidades de la guerra, haciéndolas casi totalmente invisibles para el pueblo estadounidense. Estados Unidos es una nación perpetuamente en guerra, sin embargo, la mayoría de sus nacionales viven sus vidas con poca o ninguna percepción de esto. Ya no hay servicio militar obligatorio. No hay campañas de bonos de guerra. No se pide que hagas sacrificios directos y personales. Ni siquiera se le pide que preste atención, y mucho menos que pague -al menos directamente- (a excepción de esos presupuestos de casi un billón de dólares al año y los pagos de intereses sobre una deuda nacional que se dispara, por supuesto).

¿Es realmente un progreso que un ejército más diverso en términos de “color, credo y antecedentes”, para usar las palabras del Secretario de Defensa Austin, haya matado y esté matando a tantos pueblos no blancos en todo el mundo? Por supuesto, el ejército de los EE. UU. no es el único culpable aquí. Los oficiales superiores afirmarán que su deber no es hacer política en absoluto, sino servir cuando el presidente y el Congreso les ordenen. La realidad, sin embargo, es diferente. El ejército está, de hecho, en el centro del gobierno en la sombra de Estados Unidos con una enorme influencia sobre la formulación de políticas. No es simplemente un instrumento de poder; es poder, y excepcionalmente poderoso en eso. Reconocerlo seguramente formalizaría el poder real, en el que las políticas públicas del hegemón mundial desde luego no vienen en casi ningún caso influenciadas y defendidas por esa abstracción llamada “pueblo” o nación.

Sin embargo, debo admitir que, a pesar de la interminable celebración del excepcionalismo y la «grandeza» de nuestras fuerzas armadas, un fragmento de las Escrituras católico que creo que es útil aquí independientemente de la situación y de la creencia individual es que: el orgullo va antes de la destrucción y el espíritu altivo antes de la caída. 

Decadencia y gasto militar.

Irónicamente, lo que la URSS tiene más en común con la URSS es el gasto paralizante del Estado (militar) como porcentaje del PIB/PNB: en los años 70, la URSS gastaba un porcentaje equivalente muy elevado de su producto nacional en las fuerzas armadas como lo hace EE.UU. ahora. La parte más «soviética» de la economía americana son las Fuerzas Armadas; si realmente se opusiera a este tipo de gasto pondría en duda el imperio global americano.   Esto es extremadamente contrario a la intuición para la gente de hoy, pero Estados Unidos se parece más a la Unión Soviética desde la caída de la Unión Soviética, porque parte de lo que provocó el colapso de la Unión Soviética fue que Estados Unidos aumentó su gasto estatal en el ejército. en un grado sin precedentes (descontando la Segunda Guerra Mundial). 

El Estado profundo estadounidense se «sovietizó» en su guerra con la Unión Soviética, y después del colapso de la Unión Soviética, no hubo una retirada correspondiente de fondos al Estado estadounidense, sino una expansión más allá incluso de los niveles de la Guerra Fría en su empresa de dominación global en el mundo unipolar. Incluso cuando invadieron Afganistán como la Unión Soviética en los años 80. De hecho muchos creen que EEUU a seguir los pasos de la Unión Soviética. 982: «La CIA también nos dice que la Unión Soviética está gastando entre el 12 y el 14 por ciento de su PNB [en el ejército] en comparación con el 5 o 6 por ciento de Estados Unidos».

En 2023 estamos gastando más que nadie en alrededor del 3,1% — Rusia está gastando alrededor del 2,7% en una guerra directa con un Estado colindante a su territorio — China gasta alrededor del 1,7%: «La CIA también nos dice que la Unión Soviética está gastando entre el 12 y el 14 por ciento de su PNB [en el ejército] en comparación con el 5-6 por ciento de Estados Unidos». Obviamente es difícil saber si ese gasto excepcionalmente alto para una economía tan grande es determinante, pero como mínimo es un dato que debería llamar la atención.

Sobre Simón Bolívar, la Gran Colombia y el «genio hispánico».

Bolívar es un personaje interesante, en tanto recuerda al típico monarca sin corona que quiere instituir una dictadura republicana modernista. La dictadura comisaria de la que habla Schmitt siquiera se adapta al contexto venezolano porque no pretende ser temporal, sino que replicarse en el tiempo. Sin embargo, el Bolivarianismo histórico (que no se limita al chavismo, y más bien el chavismo lo pervirtió) no parece pretender tampoco una realeza como quería el bonapartismo. Bien podríamos denominarlo como una personificación del caudillismo inspirado por el genio hispánico.


Por eso es tan difícil entender dicho movimiento desde el fundamentalismo democrático moderno europeo. El Bolivarianismo es una monarquía vitalicia sin corona, cuando Bolívar decía que Venezuela era un cuartel, Quito un convento y Colombia una universidad estaba tratando de representar el ethos venezolano y la constitución material de los pueblos de la Gran Colombia bajo un gran líder, aún cuando muchas veces fue más jacobino que al estilo del centralismo peninsular.


En la figura de Bolívar, como español veo esa herencia hispana del pretorianismo militar bajo un líder que podemos ver en Arsenio Martínez Campos, Miguel Primo de Rivera, en Franco, en Riego, en Espartero (quién se le acusó de querer ser un monarca sin corona), en Narváez, en Varela hombres sin corona ni realeza que se hacen con el poder.


Podría arriesgarme afirmando que el centralismo que existía en su mente, que tanto desagradó a caraqueños y bogotanos era castellano pero el que practicó gran parte de su vida política, fue jacobino, eso desagradó a las élites que defendían el Federalismo de la Gran Colombia, desagradando en gran manera al colombiano Santander o al venezolano Páez que terminaron por disolver el núcleo del «sueño de Bolívar».


Volviendo a la cuestión del decisionismo militar podemos verlo en pensadores españoles tanto regeneracionistas como tradicionales como Unamuno, Joaquín Costa y Donoso Cortés, aún adaptándose a las características de la España de su época (posterior). La característica del caudillo es muy común en el mundo hispánico y negar su importancia histórica independientemente de lo que se piense de esos personajes (Bolívar y los antes mencionados) es faltarle a la historia.


El principal enemigo de Bolívar y su proyecto de Gran Colombia muchas veces siquiera fueron solo los propios españoles, sino las propias oligarquías carqueñas y de Bogotá. Junto con la alineación con potencias extranjeras que siempre prefirieron la balcanización de la región. Hoy en día su proyecto se encuentra enterrado porque el bolivarianismo es una degeneración izquierdista malograda por el chavismo.


El rechazo a lo que se pudo llamar «el sueño de Bolívar» se produjo en los sectores liberales de Lima, Quito, Bogotá y Caracas. Ni Bolívar ni los bolivarianos pudieron superar el escollo, para que el proyecto de una república autoritaria con un dictador republicano condujera a algo real, eso término en la desaparición de Colombia. De hecho, el propio Bolívar en el fin de su vida lo denominó como una tarea que suponía «arar en el mar”.


Obviamente desde la distancia que tiene un peninsular como yo, no puedo hacer una condena a la totalidad del personaje, sino tomarlo como alguien que pertenece a nuestra civilización y que encarnó nuestro ethos para unos fines determinados. A día de hoy Bolívar y su «mito del Libertador» debe inspirar tanto a Venezuela como España, pero como una síntesis fundante de algo positivo, como un representante del «genio hispánico».


La conclusión y enseñanza, además del mensaje que yo quiero transmitir, es que los países de herencia hispana debemos reconciliar el Imperio y los libertadores para crear una suerte de nueva identidad como ya han hecho otros países entre lo viejo, y el mito fundador más moderno, o como ya han hecho los rusos con lo soviético, el tradicionalismo ortodoxo y el nacionalismo ruso, los chinos con la cultura tradicional anterior al maoísmo y el maoísmo. Aquí el estudio de la figura de Bolivar adquiere como es obvio una importancia evidente para entender y acometer dicha tarea.

Espacio postsoviético, Wagner y élite gobernante en Rusia.

¿Hacia dónde va Rusia? El motín de Prigozhin parece difícil de entender. Y eso puede ser parte de la estrategia. Muchas historias de golpes suenan sombrías incluso en retrospectiva, ya que a menudo incluían algunos elementos que nadie fuera de la mente del jugador tiene ni siquiera una idea de lo que está sucediendo hasta días, semanas o incluso meses después.


Así que hablemos de las consecuencias. Levantar un motín en el sur, lejos de la capital, puede parecer un plan tonto. A menos que esto no fuera un plan en absoluto. Mi hipótesis y está muy limitada es que parece un falso comienzo. El orden de los hechos ya sido:
23 de junio – Motín de Wagner
24-25 de junio – «Velas Escarlatas» en San Petersburgo (Se esperaba que vinieran tanto Putin como Medvedev a dicho acto).
25 de junio – Wagner y su líder no consiguen todos los objetivos, su líder se exilian.
Próximamente- Hipotéticos cambios en el ministerio de defensa e integración de Wagner en la estructura de seguridad, envío de los miembros a operaciones en África.


La élite gobernante es ante todo una élite de San Petersburgo. El núcleo del liderazgo ruso, incluidos Putin, Medvedev y muchos otros, incluido Prigozhin. Estos eran originalmente una extensa red de compinches de San Petersburgo. Con la sucesión de Putin en 2000 se convirtieron en el régimen. Levantar un motín en el sur es un plan subóptimo para un golpe. Apoderarse tanto del emperador (Putin) como de su heredero aparente (visto así por las élites) es el mejor plan que jamás haya existido. No tengo ninguna prueba de ello. Es justo lo que tiene sentido. Esto es lo que cualquier persona razonable pensaría.


Un plan algo subóptimo para marchar de Rostov-Don a Moscú tiene más sentido si no fuera un plan en absoluto, sino una solución de respaldo una vez que el Plan A no funcionó para un golpe en un país hipercentralizado, en el que estaría apoderándose tanto del gobernante como de su heredero. El festival Velas Escarlatas es la celebración anual que culmina el Festival de las Noches Blancas en San Petersburgo. Su simbolismo se basa en la novela de Alexander Grin, y todo el mundo en Rusia sabe que Putin suele visitarlo. Fue en 2022. En 2023, se esperaba que fuera con Medvedev.


Para resumir, esto parece una operación de inicio en falso que tuvo que lanzarse antes de lo planeado. Tal vez, solo un día antes. Al menos eso es lo que pienso de este motín . La otra es que sea una estrategia de chantaje bajo la lógica interna del líder de Wagner basada en la idea de que el Kremlin ceda más cuota de poder a Prigozhin. Eventos como estos a menudo salen mal porque el planificador actúa únicamente influido por su lógica interna. En este caso, Putin podría tener un motivo para organizar un conflicto interno para justificar salirse del externo, o para endurecer sus medidas de control interno. Por el motivo interno que no tiene en cuenta lo que hace el sitiado como respuesta, por eso es extremadamente arriesgado. Todo puede salir mal y muy a menudo lo hace.


El propio Ramzan Kadyrov recordó que Prigozhin se iba a convertir en el futuro Kornilov, un general conocido por un intento de golpe consevador contra Kerensky y los soviets. Es muy probable que la rebelión de Kornilov en septiembre de 1917 involucra el juego Alexander Kerensky de creciente hostilidad del general ante el izquierdismo y los leninistas fuera incluso beneficiosa para los bolcheviques. Funcionó en cierto sentido, suprimieron a Kornilov. Y al hacerlo, allanaron el camino a los bolcheviques.


El Septiembre de 1917 propicia la Revolución de Octubre. Curiosamente, el propio Putin está trazando paralelos con 1917: «Las acciones que socavan nuestra unidad constituyen la apostasía de la nación… Esta es una puñalada por la espalda de nuestro país y nuestro pueblo. Exactamente este tipo de puñalada por la espalda ocurrió en 1917, cuando nuestro país luchó en la Primera Guerra Mundial».


Estos paralelismos no son accidentales. Lo que está sucediendo es que Rusia es una potencia en decadencia en la que hay muchos centros de poder alternativos. Si bien la mayoría de los observadores discuten la posible caída del régimen de Putin, hubiera sido más exacto enmarcarlo como el final del régimen de Lenin. O mejor aún, de la assabiyah (solidaridad) de Lenin. Según Ibn Khaldun, una assabiyah vive típicamente durante cuatro generaciones: desde la conquista hasta la caída. Muy, muy raramente sobrevive a este lapso. Si no recuerdo mal, el mismo Ibn Khaldun no encontró una grupo social para la acción colectiva concertada durará más que ese tiempo. Cuatro generaciones, y eso es todo.


Para el régimen ruso actual, su conquista fundacional ocurrió en 1917. La revolución fue una ruptura radical, en el sentido de que reemplazó por completo a las élites preexistentes. Las antiguas clases dominantes fueron perseguidas hasta el olvido y, a menudo, exterminadas físicamente.


Lo que siguió a continuación fue nuevamente la dinámica típica del assabiyah. La assabiyah inicialmente democrática, una vez una amplia coalición de fuerzas heterogéneas, se consolida en una estructura jerárquica centralizada con el dogma codificado encabezado por un Gobernante Supremo semidivino (Stalin). A partir de ahí todo degenera hasta lo que es Rusia hoy.


En ocasiones, el «Gobernante supremo» usurpa toda la gloria de la conquista solo para él y se deshace de sus viejos camaradas. Pero con todos los innumerables viejos miembros del partido purgados, igualmente 1937 no constituye una ruptura en ninguna parte comparable con la de 1917.


Entonces, una vez que el usurpador muere, puede tener un intento exitoso de restauración «aristocrática». Incluso diría que el discurso público sobre Stalin y las represiones de Stalin tiene un fuerte sabor aristocrático. Mucho de esto es solo la crítica aristocrática de una monarquía absoluta. De ahí el enfoque exagerado en las purgas específicamente contra los viejos bolcheviques en la propaganda de después de Stalin.


Putin puede ser crítico con Lenin y su legado. Pero los orígenes del régimen actual se remontan a 1917. El régimen de Lenin ha evolucionado orgánicamente hasta convertirse en el de Stalin, el de Stalin en el de Kruschev y todo el camino hasta Putin sin rupturas radicales ni reemplazo de las élites sustancialmente.


Con esa evolución el primer ministro de la época, Kirienko presenta al recién nombrado director del FSB, Vladimir Putin, al Servicio de Seguridad Federal, lugar donde empezó a ser lo que es ahora Putin. Por cierto: no solo presentó a Putin. 46/85 de los gobernadores de Rusia se graduaron de la «escuela de gobernadores» dirigida por Kirienko. Más de la mitad de las regiones rusas son administradas directamente por sus hombres.


Las élites regionales no alineadas con esa aristocracia los odian a todos. «Malditos zombis» es un comentario muy típico. «Zombies» debe leerse como una descripción metafórica. Zombis (en este contexto) = personas a las que les han lavado el cerebro con cierta enseñanza pseudocientífica y tan entrenadas en las prácticas de metodología, que simplemente no puedes tratar, comunicarte o incluso negociar con ellos.




¿Entonces qué ocurre con esa cultura de élite?


En un país como Rusia el mayor privilegio que uno puede tener es el acceso al Abassiya. El acceso al cuerpo de élite. Si no comprende completamente lo que significa el Acceso al Cuerpo, entonces debe leer este poema, centrándose especialmente en la estrofa 3 y 4 de “Mi árbol genealógico” (Pushkin).


«Mi abuelo no vendía tortitas,
no ennegrecía los zapatos del zar,
no cantaba en el coro de la corte,
no saltaba al rango de príncipes de ser khokhols (cosacos) ucranianos. Entonces, ¿cómo puedo ser un aristócrata?»


Es una descripción muy precisa de cómo funciona la movilidad social en el imperio. Putin y Kirienko descienden de la assabiyah de Lenin. Sus antepasados eran miembros menores, con estatus de sirvientes, servían comida a la mesa de Lenin (metafóricamente). Pero eran miembros, no obstante del servicio en la mesa de la élite (ya sea literalmente o no), una receta perfecta para la movilidad social ascendente. La assabiyah evolucionó desde 1917 hasta 2023 en gran medida de forma ininterrumpida. No hubo reemplazo importante. Y ahora es realmente un régimen viejo. Putin es la tercera generación. Kirienko es el cuarto. ¿Romperán la regla de Ibn Khaldun? Lo que le espera a Rusia es el reemplazo radical de las élites o romper esa regla.


Discutir los acontecimientos políticos en Rusia como «la caída del régimen de Putin» es estropear el marco con el que se analiza. No se trata de la caída de Putin. Se trata de la desaparición de toda la assabiyah. El reemplazo de las élites posterior a 1917 fue limitado en escala. Después de 1953, fue en gran parte cosmético. En la década de 1990, en gran medida, solo los líderes del Komsomol cambiaron un letrero en la puerta de su oficina: NTTM «de propiedad comunitaria» -> AMK de propiedad privada.


La década de 1990 no interrumpió la continuidad de las élites de la era soviética. Falta saber si nuestra presente en marcha lo hará. La comunidad política occidental solía discutir si la caída y el colapso del régimen ruso serían ventajosos o riesgosos. Y el incidente de golpe fallido del líder Wagnerita siempre se puede interpretar como una debilidad por la fragmentación del poder interno. El conflicto entre Rusia y Ucrania es una continuación del colapso en curso de la Unión Soviética en 1991. No terminará hasta que todas las oligarquías restantes hayan sido destruidas o absorbidas por la OTAN o Rusia consolide una esfera de influencia clara y satisfactoria. Las fuerzas que impulsan el colapso son internas, pero el beneficiario de este colapso en curso será la OTAN.


La concentración y centralización del poder es una cuestión, especialmente a nivel mundial, y Rusia desde hace décadas solo ha perdido espacios. En cada paso del proceso, Rusia ha agarrado el poder y solo ha terminado entregando los espacios de la Unión Soviética en manos de sus enemigos jurados. El pretexto de que Rusia ha utilizado en este conflicto, que está defendiendo los intereses de las minorías de habla rusa en las diversas oligarquías de grupo, nunca fue creíble. Todos los pueblos de la antigua URSS estaban protegidos de caer en la esfera de la OTAN o de sus aliados, pero Rusia eliminó dicha superestructura en una situación de no retorno, algo que sin embargo empezó con los bolcheviques y su política de nacionalidades. Rusia, y solo Rusia, puso a la Unión Soviética y el espacio post sovietico en la situación actual, y esto consumirá a Moscú y a la oligarquía de Putin siempre que decidan pelear su influencia en dicho espacio geopolítico.


Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar