Si bien el concepto de colonizar cuerpos celestes distintos de la Tierra, como la Luna o Marte, puede parecerle a la persona promedio como el reino de la ciencia ficción, la verdad puede ser que es una perspectiva que quizás en un futuro se podría plantear (con el permiso de los científicos). Existen planes sólidos tanto a nivel estatal como privado para comenzar este proceso y uno haría bien en notar que la tecnología tiene una tendencia a acelerarse a un ritmo insondable cuando existen dinámicas de competencia entre Estados.
Por ejemplo el caso de la Guerra Fría es uno interesante pues mientras una parte importante de la infantería en la IIGM utilizaba cientos de caballos por división para desplazar todo tipo municiones, suministros y armas, unas pocas décadas después se podía viajar al espacio y el completo de la infantería se desplazaba de forma motorizada (sin tener en cuenta el avance de la bomba y energía nuclear).
¿Quién, al enterarse del primer vuelo de los humanos en 1903, podría haber predicho lo que vendría apenas medio siglo después? Si se produjera una tasa de progreso comparable entre las décadas de 1900 y 1950 en los vuelos espaciales, el potencial es increíble. Si tuviéramos que tomar esta posibilidad como algo que debe ser tratado con la mayor seriedad, entonces una pregunta importante que se plantea es cuál sería el estado de estas colonias potenciales. La respuesta tal como está actualmente es algo turbia, déjame explicarte.
La normativa vigente que cubre el estatuto de las naves espaciales está encapsulada en una serie de tratados, convenciones y acuerdos;
-En primer lugar el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 que establecía la prohibición explícita de cualquier gobierno de la reivindicación de recursos celestes como la luna o un planeta, ya que son patrimonio común de la Humanidad. El Art. II del tratado establece, de hecho, que «el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera». Por otro lado , las implicaciones que tenía dicho tratado prohibía el establecimiento de sistemas de defensa y ofensivos.
Entre sus principios, prohíbe a los Estados la colocación de armas nucleares u otras armas de destrucción masiva en la órbita de la Tierra, su instalación en la luna o cualquier otro cuerpo celeste del espacio exterior. Se limitó exclusivamente la utilización de la Luna y otros cuerpos celestes con fines pacíficos y se prohíbe expresamente su uso para la realización de pruebas de armas de cualquier tipo, la realización de maniobras militares o el establecimiento de bases militares, instalaciones y fortificaciones. (Art. IV)
-El acuerdo de salvamento de astronautas de 1968 y el convenio de responsabilidad de 1972, el convenio de registro de 1975, la resolución 1721 (XVI) de la Asamblea General de las Naciones Unidas y, en menor grado, dado que no fue ratificado y no es vinculante, el acuerdo de la Luna de 1979. Estos tratados determinan quién es responsable al respecto de las nave espaciales y astronautas y qué se puede y qué no se puede hacer en el espacio en general. Así se definen las fuentes del derecho a grosso modo al respecto dicho tiempo.
Sin embargo, lo importante para nuestra pregunta en este momento es que estos tratados establecen que, en primer lugar, el espacio ultraterrestre no está sujeto a la apropiación nacional y, en segundo lugar, las naves espaciales y las personas están sujetas dicha jurisdicción desde la que se lanzan.
Teniendo esto en cuenta los proyectos de Space X que se pueden encontrar en la página de la misma compañía en el proyecto «Starlink Mision» dentro del «Starlink Pre-Order Agreement» afirman en sus estatutos para prestar servicios, concretamente en el artículo 10 lo siguiente:
«Para los Servicios prestados en órbita alrededor del planeta Tierra o la Luna, este Acuerdo y cualquier disputa entre los firmantes que surja y esté relacionada con este Acuerdo, incluidas la arbitrabilidad («Disputas») se regirán e interpretarán en de acuerdo con las leyes del estado de California en los Estados Unidos. Para los Servicios prestados en Marte, o en tránsito a Marte a través de Starship u otra nave espacial, las partes reconocen a Marte como un planeta libre y que ningún gobierno con base en la Tierra tiene autoridad o soberanía sobre las actividades marcianas. En consecuencia, las controversias se resolverán mediante principios de autogobierno, establecidos de buena fe, en el momento que se establezca un asentamiento humano en Marte.»
Hay bastantes cosas que analizar aquí, por ahora quería centrarme en el tono general de este artículo. Más bien implica que la colonización espacial se está considerando de una manera política y filosófica análoga a la navegación por el mar. El espacio se considera comparable a las aguas internacionales (pero, curiosamente, ¿no se considera así a la Luna?) Y se asume el derecho de que Marte es un cuerpo celeste libre en el se puede asentar un grupo de humanos a voluntad sin tener en cuenta las autoridades existentes en la Tierra.
Ahora, en este punto, hay dos amplias implicaciones que se derivan de este artículo.
La primera es que Musk y su círculo tienen cierto conocimiento de los poderes dentro del Gobierno y Estado de los EE. UU. y el hecho de que Marte será considerado una superficie planetaria libre en el futuro es muy poco probable, aún más si las superpotencias con capacidad futura de colonización espacial compiten por el «espacio» (en el sentido de tierra firme tal y como argumenta Carl Schmitt en su libro Nomos de la Tierra), pero sin embargo remotamente posible.
La segunda es que esto no se ha pensado muy bien en los intereses de los Estados por parte de Space X teniendo en cuenta que casi todas las supuestas operaciones de la corporación fuera del planeta Tierra en último término están subordinadas por delegación, cadena logística, existencia real y marco normativo al regulador de los Estados Unidos. El artículo publicado en Independent.co.uk en el que informa que «Elon Musk’s SpaceX Will Make its own laws on mars» para continuar negando cualquier autoridad de la tierra «No Earth-based government has authority or sovereignty over Martian activities» implica que la Declaración espacial de la Fundación Starlight es una guía para este enfoque utópico. Si Musk y sus cabezas pensantes creen que los Estados no defenderán sus intereses en esta materia seguramente estén siendo ingenuos.
Ya que estamos en el tema la Fundación Earthlight, que lleva una línea similar a la de Musk, realizó un interesante ver en qué consiste esta declaración y afortunadamente es breve y llena de los clichés ideológicos liberal-solipsistas tan típicos en la tradición individualista y utópica americana que os resultarán familiares:
«Es el derecho inalienable de todos los seres humanos (y sintientes) ir a cualquier lugar del universo; · Para hacer cualquier cosa que decidan hacer, · Para utilizar los recursos que puedan encontrar, · Poseer la tierra o el espacio en el que viven, · Establecer hogares, empresas y comunidades que sean libres de ser gobernadas por los habitantes y ciudadanos de las mismas en la forma que consideren conveniente, dentro de los parámetros establecidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos;
Siempre que al hacerlo, no se den los siguientes supuestos: · Dañar ni amenazar la Tierra, su vida y sus habitantes. · Dañar ni interferir con ningún otro ser humano (o sintiente), su propiedad, lugares sagrados o venerados, · Dañar los ecosistemas, o entornos de apoyo vitales, de cualquier otro ser vivo. . Por nuestro consentimiento y aceptación de estos términos, nosotros, la gente de la Tierra, declaramos y ratificamos nuestra intención de que el espacio más allá del Mundo Madre sea considerado libre por todos y para todos.»
La web de esta fundación también tiene contenido sobre los diversos elementos de esta declaración que a veces son tan confusos como se podría imaginar. Podrías pasar toda la vida dando vueltas en círculos criticando las posiciones filosóficas adoptadas en este documento, que concluye que la raíz de la libertad política es el amor:
«En cierto modo, se trata de amor. Debemos mostrar no solo amor por nosotros mismos, sino por todos y todo lo que nos rodea. Este es el camino hacia la verdadera libertad que todos deseamos.»
Por más tontas que sean en la superficie tanto el Artículo 10 de Starlink como la declaración de la Fundación Earthlight, y por cuestionables que sean desde una perspectiva teórica, debemos recordar que las ideas que se vuelven centrales para la acción política rara vez tienen éxito (de forma pura) debido a la coherencia con el entorno material en el que actúan.
Intente leer la Declaración de Independencia de los EEUU o la Declaración de Derechos Humanos de la ONU en algún momento; tienen tanto rigor intelectual como la documentos antes citados (ninguna). Mejor aún, intenta darle sentido al liberalismo desde una perspectiva teórica y espere que regrese de la experiencia real defendiendo todas sus premisas y siendo cuerdo simultáneamente, difícilmente lo conseguirá. Como tal, aún puede darse el caso de que la colonización efectivamente ocurra bajo las pautas de algo como la declaración de la Fundación Earthlight en el caso que los Estados decidieran no involucrarse (por algún extraño motivo que quizá no podamos ahora dilucidar).
Volviendo de nuevo al artículo 10 (citado al principio de la publicación) de los términos de servicio de Starlink que citamos más arriba, y concentrándose en el tema de la jurisdicción.
Decir que las actividades en la órbita de la Luna o en Marte estarán sujetas a la ley de EE.UU. en último término, ya que aunque parezca engañoso, lo firmado en los anteriores tratados, junto con el hecho de que otras potencias tienen capacidad para realizar exploración espacial, realizarán actividades en nombre (más o menos cínica) de la «Humanidad» tal y como se pregona en la normativa al respecto, sin embargo y por el contrario se defiende por Starlink que Marte no está sujeto a ninguna ley de la Tierra entrando en conflicto con la legislación existente al respecto. En lo que tiene que ver con la cuestión de la Tierra y la Luna, está en consonancia con el derecho internacional vigente. El artículo VIII de Tratado sobre el espacio ultraterrestre de 1967 estipula que:
«Un Estado que sea parte en el Tratado en cuyo registro se lleve un objeto lanzado al espacio ultraterrestre conservará la jurisdicción y el control sobre dicho objeto, y sobre su personal, mientras se encuentre en el espacio ultraterrestre o en un cuerpo celeste.»
Esto significa que, dado que Starlink se lanzó desde EE. UU., Bajo registro de EE. UU., sus servicios están sujetos a la ley de EE. UU.
Hasta ahora esto no es particularmente interesante. Esto se aplicaría a las naves espaciales lanzadas desde cualquier territorio. Ese territorio conservaría la jurisdicción y sería responsable de la nave y de las personas en la nave. Donde se pone interesante es cuando llegamos al tema de Marte, porque los términos de servicio rechazan claramente el Tratado sobre espacio ultraterrestre de 1967. Repudia directamente su estipulación de que la nave y la tripulación de un vehículo enviado a Marte están sujetos a las leyes del territorio de donde fue lanzado.
Una posible interpretación del artículo es que la cláusula de no apropiación nacional contenida en el artículo 3 de dicho tratado se está interpretando de una manera muy creativa. El artículo en cuestión establece lo siguiente:
«El espacio ultraterrestre, incluida la luna y otros cuerpos celestes, no está sujeto a apropiación nacional por reclamo de soberanía, por medio de uso u ocupación, o por cualquier otro medio.»
Ahora bien, si la colonización de Marte ocurre, entonces este artículo, si todavía se mantiene en el futuro, implicaría que tal colonización tendría que basarse en la independencia completa y total de cualquier nación de la Tierra, sino no habría otra forma de apropiarse de dicha tierra sin contradecir los artículos aprobados, y aún así es difícil que el Estado que sufriera esa negación del monopolio legal de la violencia que es efectivo en dicha exploración espacial fuera eximido de consecuencias y acciones por parte de este.
En cierto sentido, esto sería una solución alternativa Una solución alternativa similar se puede ver en la flexibilidad con la que los estados han interpretado el término “propósitos pacíficos” en el artículo 4 para permitir múltiples usos militares con tecnología situada en la órbita de la Tierra. En este caso, si los colonos realmente reclamarán la independencia y luego reclamaran territorio en Marte, entonces hipotéticamente no estarían participando en la apropiación nacional, ya que afirman que no son parte de una nación terrestre según lo previsto por el tratado. Obviamente, esto enfrentaría una serie de obstáculos si fuera el caso.
Uno de los principales obstáculos sería la necesidad de que los colonizadores obtuvieran primero un acuerdo sobre su capacidad para reclamar la independencia de esa manera. Es muy poco probable que cualquier colonia inicial de Marte sea autosuficiente y capaz de separarse total y unilateralmente de la Tierra y, por lo tanto, esté sujeta a presiones desde múltiples ángulos.
Esto no descarta la posibilidad de que puedan reclamar la independencia con facilidad, ya que esta forma de colonización no nacional sería un medio bastante elegante no solo de trabajar dentro del derecho internacional en cierto sentido, sino también de mitigar el conflicto potencial que sería creado por varias naciones de la Tierra haciendo reclamos sobre los cuerpos celestes (la lucha por el espacio fuera de la Tierra). Aunque esto sería, sin lugar a dudas, extendernos demasiado a una futura «era espacial», que puede sonar quizás a estas alturas a ficción, pero al respecto la cual se pueden hacer muchas hipótesis entretenidas para cualquier mente despierta.
Hemos tenido la oportunidad de hablar de la OTAN tangencialmente cuando tratamos temas de geopolítica, está, es una organización que lógicamente (bajo su razón de existir inicial) debería haber sido disuelta al mismo tiempo que el Pacto de Varsovia, ya que había sido creado con el único propósito de resistir a la Unión Soviética y sus aliados en el Este de Europa y en el resto del mundo. Pero esto no fue así, a día de hoy se convierte en una vasta organización de «defensa global» que ahora operará en todo el mundo. ¿Cuáles son sus prioridades hoy?
Todo el mundo sabe que sus enemigos designados hoy son la Federación de Rusia en primer lugar y China en segundo lugar. La prioridad seguramente se altera dependiendo el presidente estadounidense (principal socio de la alianza Atlántica) del momento, siendo normalmente el demócrata más proclive al conflicto estratégico y mediático con Rusia (Obama, Clinton y Biden) y el económico/comercial contra China por parte de los republicanos (Trump).
Hecho a parte es que con la elección de Joseph («Joe») Biden, el partido a favor de la guerra está de regreso. Estados Unidos ya ha comenzado a bombardear Siria nuevamente, el primer ataque de la Administración Biden en territorio sirio se ha producido contra milicias pro-iraníes asentadas en la provincia Deir al Zur, al este del país, Putin está siendo llamado «asesino» por Biden y acaban de adoptar nuevas sanciones contra China, Washington aprobó hace unas semanas nuevas medidas punitivas para bloquear el acceso a tecnología estadounidense a esas empresas y centros tecnológicos de China, algo que seguramente tenga sentido desde la búsqueda de seguridad industrial estadounidense.
Al mismo tiempo, se está llevando a cabo una vasta ofensiva propagandística para «cementar la centralidad del vínculo transatlántico». Es decir, hacer creer que los enemigos de los estadounidenses son necesariamente los de los países europeos. Volvemos al chantaje de protección de la era de la Guerra Fría: se ordena a los europeos que se alineen con las posiciones de Washington a cambio de la protección estadounidense y, por lo tanto, juren lealtad al comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, que es, como siempre, un general estadounidense. En resumen: la dicotomía en la que se posiciona a Europa como un protectorado a nivel de defensa.
Esto también es lo que dice la tribuna publicada recientemente por generales franceses, que fue firmada por varios altos mandos militares del país. Lo menos que podemos decir es que sus signatarios no se andan con rodeos, ya que dicen que la soberanía de Francia está directamente amenazada por los proyectos de la OTAN, esto seguramente sea cierto para España, Alemania, Italia y casi cualquier país del bloque europeo.
La carta abierta enviada a Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, por los miembros del «Cercle de réflexion interarmées» es de hecho una acusación real contra el proyecto “OTAN 2030”, que define las misiones y objetivos de la Organización para los próximos diez años. Este proyecto se describe como «finalmente, hacer de la OTAN una Alianza más global, es decir, que significa trabajar aún más estrechamente con socios de ideas afines para defender nuestros valores en un mundo de creciente competencia global». Pero tenemos que ir más allá si queremos comprender lo que está en juego.
El hecho importante es que la doctrina de la OTAN ha evolucionado constantemente en los últimos años hacia la integración de la guerra nuclear en todas las etapas de la batalla. En 2008, la OTAN ya se había negado a firmar el Pacto de Seguridad Europeo propuesto por Moscú. En 2010, en la cumbre de Lisboa, la defensa estadounidense de misiles antibalísticos instalada en Europa había adquirido un carácter claramente dirigido contra el «enemigo ruso». A partir de 2015, los primeros dispositivos de escudo antimisiles estadounidenses en paquetes de 24 lanzadores Mk 41 instalado cerca de las fronteras de Rusia, ya no estaban diseñados para permitir realizar solo fuego defensivo, sino también fuego ofensivo. En este sentido, durante el año 2019, Estados Unidos rompió el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) que fue firmado en 1987 por Gorbachov y Reagan.
Recientemente, un grupo de diez expertos nombrados por Stoltenberg (secretario general de la OTAN), en su libro «NATO 2030: United for a New Era», se pronunció a favor del despliegue en Europa de nuevos misiles nucleares de mediano alcance equipados con bombas nucleares B61-12. Esto nos devuelve al concepto de «batalla nuclear avanzada». Esto significa que el concepto de un ataque nuclear táctico de teatro está una vez más en la mente de los planificadores estratégicos y que la OTAN ve a Europa como un futuro campo de batalla, y los Estados Unidos, por supuesto, siguen siendo los únicos dueños del engranaje hacia la opción nuclear.
Al declarar, hace dos años que la OTAN estaba «en un estado de muerte cerebral», Emmanuel Macron causó sensación, habiéndose interpretado esta declaración como un llamado a los europeos a dotarse de una defensa común, que seguramente pasaría por una hegemonía militar francesa bajo una supuesta «unión de armas europea». Según parece no fue así.
En la entrevista a la que se refiere, Macron también dijo que «si aceptamos que otras grandes potencias, incluidos los aliados, incluidos los amigos, se pongan en posición de decidir por nosotros, nuestra diplomacia y nuestra seguridad, entonces no seremos soberanos. Pero desafortunadamente simplemente se limitó a las palabras sin acción política en este sentido, ya que el cambio que parecía deducirse de dichas declaraciones no sucedió. Cuando, en 2009, Nicolas Sarkozy decidió volver a la estructura militar de la OTAN, también pregonó que estaba eliminando así un obstáculo para el establecimiento de una futura defensa europea. Fue igualmente ilusorio o simplemente falso.
Más significativo aún: después de las declaraciones de Donald Trump que dejaron flotando la posibilidad de una parcial desconexión europea por parte de Washington, uno habría pensado que los europeos se habrían preocupado más seriamente por garantizar su propia seguridad. Ha ocurrido lo contrario. Todos los gobiernos europeos, por el contrario, compitieron en gestos de lealtad con la esperanza de influir en la posición de Estados Unidos en el hecho de que no exigiera aumentos de presupuestos de todos los miembros. Lo que ocurrió es que usan irrumpido en la puja atlántica sobre temas como la designación de China y Rusia como nuevos enemigos comunes, la inclusión del espacio entre los teatros de operaciones de la OTAN o el acceso de Estados Unidos a los programas de armamento europeos. La propia Francia reticente a estos temas y celosa de su soberanía finalmente se ha alineado con las posiciones estadounidenses y ya no está haciendo oír una voz original sobre ningún tema. Si este no fuera el caso, ¡comenzaría por disociarse de las sanciones contra Rusia y restablecer sus relaciones diplomáticas con Siria!
Una Defensa Europea no está a punto de ver la luz por la sencilla razón de que la mayoría de los Estados europeos, empezando por Alemania, no la quieren, no solo porque consideran que es demasiado cara, sino que imaginan que los buenos sentimientos son suficientes para arreglar el equilibrio de poder en este sentido, pero también porque saben muy bien que es imposible defender Europa sin ocupar el lugar de la OTAN en el caso de no construir un sistema de defensa propia, tampoco hay, por otro lado la intención de no plantear una defensa europea el hacerlo a nivel de cada nación política europea, algo que si el primer caso parece descabellado, en este caso parecería tanto a los políticos como a su entramado de opinión un resurgimiento nacionalista-militarista propio del siglo pasado (seguramente lo expresarían en estos términos una cuestión tan nuclear para la supervivencia de una nación política como su defens). . Como dijo el general francés Vincent Desportes, «cuanto más quimera es la sombrilla estadounidense, más europeos se aferran a ella». Si bien Estados Unidos tiene un presupuesto militar de casi 750 mil millones de dólares (contra menos de 70 mil millones de Rusia), los presupuestos militares de la mayoría de los países europeos son indigentes, estos mismos países prefieren además adquirir aviones y material avanzado no europeo (salvo algunas excepciones), incluyendo los sistemas balísticos para complacer al complejo militar-industrial estadounidense.
Macron se equivocó mucho al hablar de «muerte cerebral» sobre la OTAN. La OTAN no está muerte cerebral. Es Europa, ya que se niega a equiparse con los medios de poder suficientes, ya sea por una vía nacional o una vía continental. El general Vincent Desportes también lo expresa sin rodeos: «la OTAN es una amenaza para Europa», antes de añadir que «el futuro de Europa es euroasiático, no euroatlántico». Evidentemente nadie quiere reconocerlo.
Una coincidencia que puede ser simplemente anecdótica o puede demostrar una tendencia dentro de la UE es que el centro de mando de la OTAN está en Bruselas, que también es la capital de la Unión Europea, siendo Ursula Von der Leyen, antes de convertirse en Presidenta de la Comisión Europea contactada para convertirse en Secretaria General de la OTAN, por otro lado en el año 2019 afirmó “La OTAN es la alianza de defensa más poderosa del mundo […] Sin la Alianza Atlántica, la historia de Europa no podría ser contada”. Teniendo todo esto en cuenta más el interés de Biden en presionar en Europa Oriental seguramente esta relación EEUU-Europa se potenciará tendiendo en cuenta el temor más o menos fundado al poder militar ruso.
Decir sin embargo que quizá la discordia ruso-estadounidense pueda ser una forma inmediata de satisfacer los apetitos de su formidable «Lobby Militar-Industrial». El presupuesto de defensa de 750.000 millones de dólares se utiliza principalmente para administrar este gigantesco complejo económico. Eisenhower ya estaba hablando de eso en enero de 1960. Sin embargo, desde un simple punto de vista de equilibrio regional europeo, Estados Unidos como actor extracontinental desequilibra la posibilidad de un orden regional europeo equilibrado entre las naciones de Europa Occidental, Central y Oriental. Decir en su favor que esto ha sido habitual con Imperios externos al continente interviniendo en el teatro europeo como el Imperio Otomano o los propios Estados Unidos, como actores externos que generan un desequilibrio regional en el continente europeo.
Decir para cerrar el tema que nos atañe que Europa siempre ha prosperado con un equilibrio interno, pero siendo capaz en este caso de proyectar su poder hacía fuera, no orientándose en la guerra entre las naciones canónicas europeas formadas en algún momento entre el tratado de Westfalia y antes de la Primera Guerra Mundial sino orientando su poder militar, diplomático y estratégico fuera del continente Europeo.
En el año 388 a. C., Platón tenía casi cuarenta años. Había vivido un golpe de Estado oligárquico, una restauración democrática y la ejecución de su amado maestro Sócrates por un jurado de sus conciudadanos atenienses. En su juventud, Platón contempló seriamente una entrada en la turbulenta política de Atenas, pero determinó que las reformas que imaginaba de la constitución política y las prácticas educativas de la ciudad eran extremadamente improbables para que se realizarán sus planes y programas. En cambio, se dedicó a la filosofía, pero mantuvo una preocupación fundamental por la política, y finalmente desarrolló quizás la más famosa de todas sus formulaciones: que la justicia política y la felicidad humana requieren que los reyes se conviertan en filósofos o los filósofos se conviertan en reyes, esta afirmación, por supuesto tiene una implicación política muy intensa. Cuando Platón se acercaba a la edad de cuarenta años, visitó Megara, Egipto, Cirene, el sur de Italia y, lo más importante de todo, la ciudad-estado o colonia de habla griega de Siracusa, en la isla de Sicilia.
En Siracusa, Platón conoció a un joven con influencia y de mentalidad filosófica llamado Dion, el cuñado del tirano decadente y paranoico de Siracusa, Dionisio I. Dion se convertiría en un amigo y corresponsal de toda la vida. Esta conexión llevó a Platón al patio interior de la política de Siracusa, y fue aquí donde decidió probar su teoría de que si los reyes podían convertirse en filósofos, o los filósofos en reyes, entonces la justicia y la felicidad podrían florecer por fin.
Siracusa tenía reputación de venal (que se deja vender/sobornar) y libertinaje, y la convicción de Platón pronto chocó con las realidades de la vida política en Sicilia. La corte de Siracusa estaba plagada de sospechas, violencia y hedonismo. Obsesionado con la idea de su propio asesinato, Dionisio I se negó a permitir que le cortaran el pelo con un cuchillo, en lugar de hacerlo, hizo que lo chamuscaran con carbón. Obligó a los visitantes, incluso a su hijo Dionisio II y a su hermano Leptines, a demostrar que estaban desarmados haciéndolos desnudar, inspeccionar y cambiar de ropa. Mató a un capitán que afirmaba haber soñado con matarlo, y mató a un soldado que le entregó a Leptines una jabalina para dibujar un mapa en el polvo. Este era un candidato desfavorable para el título de rey-filósofo (Leptienes).
Los esfuerzos de Platón no les fue bien. Enfureció a Dionisio I con su crítica filosófica del fastuoso hedonismo de la vida de la corte siracusa, argumentando que, en lugar de orgías y vino, se necesitaba justicia y moderación para producir la verdadera felicidad. Por suntuosa que pudiera ser la vida de un tirano, si estaba dominado por un deseo insaciable de los placeres sensuales, seguía siendo esclavo de sus pasiones. Platón le enseñó además al tirano lo contrario: un hombre esclavizado a otro podría preservar la felicidad si poseía un alma justa y bien ordenada. La primera visita de Platón a Sicilia terminó en una oscura ironía: Dionisio vendió al filósofo como esclavo. Supuso que si la creencia de Platón fuera cierta, entonces su esclavitud sería una cuestión de indiferencia ya que, en palabras del biógrafo griego Plutarco, «él, por supuesto, no le haría daño, siendo el mismo hombre justo de antes; disfrutaría de esa felicidad, aunque perdió la libertad «.
Afortunadamente, Platón pronto fue rescatado por algunos de sus amigos. Regresó a Atenas para fundar la Academia, donde probablemente produjo muchas de sus mejores obras, incluidas La República y El Simposio. Pero su participación en la política siciliana continuó. Regresó a Siracusa dos veces, intentando en ambos viajes posteriores influir en la mente y el carácter de Dionisio II a instancias de Dion.
Estos tres episodios generalmente se omiten de nuestra comprensión de la filosofía de Platón o se descartan como las invenciones picarescas de los últimos biógrafos. Sin embargo, este es un error que pasa por alto la importancia filosófica de los viajes italianos de Platón. De hecho, sus tres viajes a Sicilia revelan que el verdadero conocimiento filosófico implica acción; muestran el inmenso poder de la amistad en la vida y la filosofía de Platón; y sugieren que la tesis del rey filósofo de Platón no es tanto falsa como incompleta. . Estos eventos clave se expresan de manera convincente en la Séptima Carta de Platón, que a menudo se pasa por alto. La Séptima Carta ha demostrado ser un enigma para los estudiosos desde al menos los grandes filólogos alemanes del siglo XIX. Si bien la mayoría de los estudiosos han aceptado su autenticidad, pocos han dado a su teoría de la acción política un lugar destacado en la exégesis de Platón.
(Parte 3/7)-En las últimas tres décadas, algunos académicos incluso se han movido para escribirlo fuera del canon platónico, y el comentario de Oxford más reciente lo denominó The Pseudo-Platonic Seventh Letter (2015). Quizás dado el quietismo apolítico de muchos académicos, o simplemente de que se considere inútil para sus fines y/o planes y programas con los que se encuentran comprometidos, tiene sentido que los académicos contemporáneos a menudo descuiden la discusión de Platón sobre la acción política. No obstante, la mayoría de los eruditos, incluso aquellos que deseaban que fuera una falsificación, han encontrado la carta auténtica, basada en evidencia histórica y estilística. Si volvemos a la historia de los viajes italianos de Platón, que el propio Platón cuenta en La séptima carta, podemos resucitar al Platón histórico que arriesgó su vida para unir la filosofía y el poder político.
Si bien La séptima carta se centra en la historia de los tres viajes de Platón a Siracusa, comienza con una breve sinopsis de sus primeros años de vida. Como la mayoría de los miembros de la élite ateniense, su primera ambición era entrar en la política y la vida pública (algo considerado virtuoso). En los 20 años de Platón, sin embargo, Atenas experimentó una serie de revoluciones violentas que culminaron con la restauración de la democracia y la ejecución de su maestro Sócrates en 399 a. C. «Mientras que al principio había estado lleno de celo por la vida pública », escribió Platón, « cuando noté estos cambios y vi lo inestable que era todo, al final me sentí bastante desincentivando ». Decidió que el tiempo era demasiado caótico para tener sentido una acción política serio, pero no abandonó el deseo de participar en la vida política. En cambio, en sus propias palabras, estaba «esperando el momento adecuado». También estaba esperando a los amigos adecuados.
Cuando Platón llegó por primera vez a Sicilia, un viaje que probablemente tomó más de una semana en barco por el Mediterráneo, notó de inmediato el extravagante estilo de vida de los isleños. Le sorprendió su «vida dichosa», una «repleta … de banquetes italianos» donde «la existencia se pasa atiborrandose de comida dos veces al día y nunca durmiendo solo por la noche». Nadie puede volverse sabio, creía Platón, si vive, una vida centrada principalmente en el placer sensual. El hedonismo orientado al estatus crea una sociedad desprovista de comunidad, en la que la estabilidad de la templanza se sacrifica al flujo del exceso competitivo.
Platón escribe:
«Ningún Estado podría gozar de tranquilidad, por muy buenas que sean sus leyes cuando sus hombres piensan que deben gastarlo todo en excesos y ser tolerantes con todo, excepto con las borracheras y los placeres del amor que persiguen con celo profesional. Estos Estados siempre se están transformando en tiranías, oligarquías o democracias, mientras que los gobernantes en ellos ni siquiera escucharán la mención de una constitución justa y equitativa.»
Aunque el estado de Siracusa estaba en desorden, el amigo de Platón, Dion, le ofreció una oportunidad única para influir en los gobernantes sicilianos. Dion no participó en la «vida feliz» de la corte. En cambio, según Platón, vivió «su vida de una manera diferente», porque eligió «la virtud digna de más devoción que del placer y cualquier otro tipo de lujo». Si bien hoy en día es posible que no asociemos la amistad con la filosofía política, muchos pensadores antiguos entendieron la conexión íntima entre los dos. Plutarco, un lector sutil de Platón, expresa muy bien este vínculo:
“[Amor], celo y afecto… que, aunque parecen más dóciles que los rígidos y duros lazos de la severidad, son sin embargo los lazos más fuertes y duraderos para sostener un gobierno duradero.” Platón vio en Dion «un celo y una atención que nunca había encontrado en ningún joven». La oportunidad de extender estos lazos a la cima del poder político se presentaría 20 años después, después de que Platón escapara de la esclavitud y Dionisio I hubiera muerto”.
Tampoco parecía probable que Dionisio II, el hijo del tirano mayor, se convirtiera en un rey filósofo. Aunque Dion quería que su cuñado Dionisio I le diera a Dionisio II una educación política, el miedo del rey mayor a ser depuesto lo hizo reacio a obedecer. Le preocupaba que si su hijo recibía una educación moral sólida, conversando regularmente con maestros sabios y razonables, podría derrocarlo. Así que Dionisio I mantuvo a Dionisio II confinado y sin educación. A medida que crecía, los cortesanos lo obsequiaron con vino y mujeres. Dionisio II tuvo una vez un libertinaje, con fiestas ininterrumpidas de 90 días, negándose a realizar cualquier gestiónoficial: «la bebida, el canto, el baile y la bufonada reinaban allí sin control», escribió Plutarco.
No obstante, Dion utilizó toda su influencia para persuadir al joven rey de que invitara a Platón a Sicilia y se pusiera bajo la dirección del filósofo ateniense. Dionisio II comenzó a enviar cartas a Platón instándolo a visitarlo, y Dion, así como varios filósofos pitagóricos del sur de Italia, agregaron sus propias súplicas. Pero Platón tenía casi 60 años y su última experiencia en la política de Siracusa debió de haberlo dejado reacio a volver a probar al destino. No prestar atención a estas súplicas habría sido una elección fácil y comprensible dado los sucesos de la vida del filósofo ateniense.
Dion escribió a Platón que este era el momento de actuar, “si alguna vez se cumplen todas nuestras esperanzas de ver a las mismas personas a la vez filósofos y gobernantes unidos en uno de ciertos estados poderosos. » Platón era menos optimista que Dion sobre la perspectiva de transformar a Dionisio II en un gobernante filosófico, citando la impetuosidad de los jóvenes: «los deseos de aquellos que cambian rápida y frecuentemente en una dirección contraria son peligrosos.»
Esta duda es un índice de la valentía moral de su elección para emprender el esfuerzo. A pesar de la evaluación de Platón de que el éxito era poco probable, se esforzó por hacer realidad en este mundo una posición filosófica profundamente considerada. En La séptima carta, explica: «En última instancia, me incliné por la opinión de que si alguna vez intentáramos realizar nuestras teorías sobre las leyes y el gobierno, ahora es el momento de hacerlo». Para Platón, el poder es un medio potencial para un bien superior, no un fin. Él defendió dos motivos adicionales: el vínculo moral de su amistad con Dion y el imperativo de no deshonrar a la filosofía, hechos que serán relevantes para la biografía del filósofo ateniense y que narraremos en la siguiente publicación.
Escribe Platón en La séptima carta:
“Salí de casa … temiendo sobre todo el autorreproche; no sea que me parezca sólo teoría y ningún acto realizado voluntariamente … Me liberé del reproche por parte de la Filosofía, viendo que habría sido deshonrada si yo, por pobreza de espíritu y timidez, hubiera incurrido en la vergüenza de la cobardía … Esto revela una concepción de la filosofía en la que la «teoría» se daña por la falta de una «acción» correspondiente. La legitimidad de la filosofía requiere la conjunción de conocimiento y acción.”
Cuando Platón aterrizó en Sicilia por segunda vez, en 367 a. C., se encontró en la costa con un carro real ricamente ornamentado. Dionisio II sacrificó a los dioses en agradecimiento por su llegada. Los ciudadanos también tenían la esperanza de que se produjera una reforma general y rápida del gobierno. Plutarco insinúa que Dionisio II hizo algunos avances en filosofía:
“La modestia … ahora reinaba en los banquetes … su tirano mismo se comportaba con gentileza y humanidad en todos los asuntos de negocios que se le presentaban. Había una pasión general por el razonamiento y la filosofía, de modo que el mismo palacio, según se informa, estaba lleno de por la concurrencia de los estudiantes de matemáticas que trabajaban allí sus problemas.”
Es difícil medir qué tan cerca estuvo Dionisio II de un cambio de carácter genuino y permanente al respecto la corrupción inducida por el anterior gobernante. Plutarco deja en claro que los cortesanos y rivales estaban tan alarmados por la influencia de Platón que comenzaron a cuestionar sus motivos, sugiriendo que Dion simplemente estaba usando al filósofo como una herramienta para persuadir a Dionisio II de que renunciara al poder. Otros en Siracusa se quejaron de que, si bien los atenienses no habían logrado conquistar Sicilia con un ejército durante la guerra del Peloponeso, ahora habían logrado una conquista sigilosa mediante la sofistería de un hombre: Platón. Algo, cabe afirmar complicado dada las relaciones de parcial o total enemistad de los Gobiernos atenienses al respecto el filósofo.
Los críticos de Platón y Dion sólo podían entender la filosofía en términos instrumentales, como un medio para asegurar la influencia política. Supusieron que el poder es el bien supremo que los humanos pueden obtener. En esto anticiparon la afirmación de Thomas Hobbes en Leviatán (1651) de que los humanos poseen «un deseo perpetuo e incansable de alcanzar cuotas poder, que cesa sólo en la muerte». Pero para Platón, el poder es un medio potencial para un bien superior, no un fin. Como deja claro la alegoría de la cueva en La República, los filósofos están cautivados por la belleza de las formas: quieren permanecer en el reino de la permanencia (en el poder).
Se debe hacer que regresen a la oscuridad y las sombras de la cueva, no porque maximice su propio placer individual, sino porque promueve la ciudad en su conjunto. Los cortesanos de Siracusa, sin embargo, ganaron durante ese conflicto estructural. Cuatro meses después de la estancia de Platón, Dionisio II acusó a Dion de «conspirar contra la tiranía» y lo exilió.
En las propias palabras de Platón:
“Aguante todo esto, aferrándome al propósito original por el que había venido, esperando que de alguna manera pudiera llegar a desear la vida filosófica; pero nunca supere su resistencia. El filósofo había descendido a las sombras, pero el tirano no quiso ascender a la luz.”
Platón hizo su último viaje a Sicilia cuando tenía casi 70 años. Una vez más, su predilección por la filosofía lo obligó a actuar políticamente. Tuvo la oportunidad de ayudar a Dion, que había sido exiliado por Dionisio II, y tal vez aún conservaba la esperanza de que despertara el deseo de ser el Rey-filósofo. Esta vez, la llamada vino de Arquitas de Tarento, un filósofo del sur de Italia. Por otro lado, después de toda una vida de problemas en Siracusa, es sorprendente que Platón zarpara una vez más hacia Sicilia, desafiando el mar y asumiera su puesto en la corte de Dionisio II. El rey quedó fascinado por el aura de la filosofía e incluso escribió un trabajo sobre las ideas filosóficas de Platón (aunque lleno de malentendidos y plagio).
Para ver si Dionisio II finalmente estaba preparado para emprender la práctica de la filosofía, Platón puso a prueba al rey enfatizando la dificultad radical y la transformación del estilo de vida que implica la verdadera filosofía:
“Aquellos que no son realmente filósofos pero que tienen solo una capa de opiniones, como hombres cuyos cuerpos están bronceados por el sol, cuando ven cuánto aprendizaje se requiere, y cuán grande es el trabajo y cuán ordenada debe ser su vida diaria para adaptarse tema que persiguen, concluyen que la tarea es demasiado difícil; y con razón, porque no están equipados para esta búsqueda.”
Dionisio II finalmente no pasó la prueba porque deseaba instrumentalizar la filosofía como otro medio más de poder. La prueba de Platón se basa en su fe inquebrantable en la práctica, no en el uso de la filosofía, una búsqueda que requiere el abandono del placer y el poder corporales por sí mismo. Platón describe esta búsqueda en detalle:
“Solo cuando … nombres o definas percepciones visuales y de otro tipo se han frotado unas con otras y se han probado, el alumno y el maestro hacen y responden preguntas de buena voluntad y sin envidia, solo entonces, cuando la razón y el conocimiento están en el extremo del esfuerzo humano, pueden iluminar la naturaleza de cualquier objeto.”
Una vez más, el contraste entre Platón y Hobbes es instructivo. Mientras que Hobbes considera la mala voluntad y la «envidia» como rasgos inerradicables de la naturaleza humana, Platón ve su eliminación como una condición previa para la práctica de la filosofía y, por tanto, para el florecimiento humano.”
Para Platón, los filósofos deberían ser reyes para poder influir en la naturaleza de la educación de los gobernantes. Así que Dionisio II nunca se convirtió en un rey filósofo, y Dion finalmente pereció en la sangrienta lucha civil que finalmente consumió Siracusa. El deseo de Dionisio de instrumentalizar la filosofía le llevó a buscar el conocimiento como objeto de despliegue ceremonial y herramienta de hegemonía. Pero cuando el filósofo, en cambio, exigió una reforma total de su vida y su carácter, se resistió.
Al final, los encuentros del filósofo y el gobernante de Siracusa en Sicilia se mapean perfectamente en el paisaje alegórico de la cueva en La República: Dionisio II busca ascender de la sombra de la política a la luz filosófica mientras Platón atraviesa la ruta opuesta, cayendo de la claridad de la filosofía en las sombras de la política. Decir simplemente que Platón «fracasa» en convertir a Dionisio II en filósofo es engañoso. Podría ser más razonable observar que el rey mismo fracasó, pero incluso esto impone una concepción excesivamente individualista de la formación del carácter en la antigüedad.
El personaje de Dionisio II no fue creado por él mismo; fue moldeado por su mala educación, estilo de vida opulento y la naturaleza mercenaria de quienes lo rodeaban. Culpar a Platón por no deshacer milagrosamente todas estas influencias es como culpar a un paraguas por no funcionar como paracaídas. Lo esencial para Platón no fue que logró su objetivo político, sino que practicó la verdadera filosofía y busco que ciertos poderes políticos patrocinaron y siguieran sus ideas filosóficas.
La Séptima Carta todavía sirve para recordarnos que la filosofía es una práctica , no un instrumento, aunque dificilmente (y seríamos ilusos si lo creyéramos) pueda desinstrumentalizarse por la naturaleza caída de lo político. Como escribió Platón, la filosofía «no es algo que pueda expresarse con palabras como otras ciencias». En cambio, «después de un intercambio prolongado entre profesor y alumno, en la búsqueda conjunta del conocimiento, de repente, como una luz que se enciende cuando se enciende un fuego, nace en el alma y de inmediato se nutre ».
Para Platón, quizás la razón más poderosa por la que los filósofos deberían ser reyes es que pueden influir en la naturaleza de la educación. Algunas de las propuestas de Platón sobre cómo deberían hacer esto en La República no son convincentes (por ejemplo, la idea de privar a los niños del conocimiento de quiénes son sus padres para que los jóvenes sean más flexibles). Pero la educación como cultivo del alma y práctica de la filosofía, que implica la capacidad de subordinar el «deseo de poder» individualista de Hobbes al soberano, a la búsqueda ideal y comunitaria de la justicia, sigue siendo una necesidad urgente.
En El nacimiento de la tragedia (1872), Friedrich Nietzsche declaró: “El conocimiento mata la acción; la acción requiere los velos de la ilusión ”. Aún vivimos bajo la sombría sombra de esta creencia. Nuestra era de individualismo radical y especialización sanciona la división del conocimiento y el poder, en la que los académicos persiguen uno (el saber) cómo los políticos ejercen el otro (poder). La Séptima Carta de Platón ofrece una visión diferente al recordar la conexión íntima y necesaria entre filosofía y política, comunidad y justicia, amistad, patronazgo y conocimiento.
El conocimiento no es una «ilusión» ni un mero instrumento para la búsqueda del poder (aunque puedan ir acompañados el uno del otro). Aunque quizá una era (la nuestra) de democracia de masas con mercado pletórico que fomenta el consumo y la quema sistemática de recursos en frivolidades, demuestra, igual que en la Antigua Grecia, tanto en el caso de la Atenas democrática (término, el de democrática, que desde luego no designa ni formal ni materialmente lo mismo hoy que en la época de Platón) como nuestros sistemas democráticos de partidos, seguramente sean, sin lugar a dudas, automáticamente enemigos del ideal de Platón del rey-filósofo tal y como lo fue la Atenas de la filosofía de la escuela platónica. Tanto por la distancia de esta con el sistema creado por Platón, como por la ausencia de virtuosidad en los gobernantes, como el culto al ocio-hedonismo de nuestros contemporáneos que el filósofo observó en la Siracusa de aquella época.
El debate sobre la «integración» de los inmigrantes en Europa Occidental se ha estancado durante décadas, aunque solo sea porque nunca se especifica ¿qué es integrar? ¿a una nación, a una historia, a una empresa, a un mercado laboral? Es en este contexto que algunos prefieren llamar a la «asimilación». Cabe por otro lado que utilizaré un enfoque que tiene más relación con Francia, paí s donde este tema ha tenido algo de relevancia pública frente al resto de naciones europeas.
Hace dos meses, la revista Causeur dedicó todo un dossier a esta noción, con el titular en la portada: “¡Asimilados! ¿Qué te inspira?» en países como España prácticamente no se habla de esta cuestión a pesar de ser un tema relevante dada las últimas olas migratorias de las últimas décadas.
En los círculos políticos más preocupados por el flujo migratorio, a menudo escuchamos que la asimilación sería la solución milagrosa, citaré en ese sentido fuentes francesas dado que es uno de los países donde la tradición del laicismo republicano genera más choques con las culturas de algunos grupos de inmigrantes: los inmigrantes se convertirían en «españoles, franceses, italianos o alemanes como cualquier otro», y el problema se resolvería definitivamente. Ésta es la posición que defiende habitualmente, pero también autores como Vincent Coussedière, que publicará un “Elogio de la asimilación”, o Raphaël Doan (El sueño de la asimilación, desde la antigua Grecia hasta la actualidad). Otros objetan que «los inmigrantes son inasimilables». Otros rechazan la asimilación porque necesariamente implica el mestizaje (normalmente el nacionalismo blanco y ciertos nacionalismos no racialistas pero que tienen un fuerte enfoque esencialista al respecto la cultura). Estas tres posiciones son muy distintas, e incluso contradictorias, pero todas tienen en común que consideran que la asimilación es posible, al menos en teoría, aunque algunos no la quieran o consideren que los inmigrantes no juegan en el juego político interno.
La asimilación es un concepto de carácter universalista, heredado de la filosofía de la Ilustración (la palabra ya se encuentra en Diderot). Presupone que las personas son básicamente todas iguales (ahí se niegue el existente pluriverso de culturas, pueblos y naciones como algo más que una construcción del poder). Por tanto, para hacer desaparecer las comunidades debemos conseguir que los individuos que las componen se aparten de ellas (a nivel de identidad). En cierto modo, este es un trato que nos proponemos hacer con los inmigrantes: conviértete en un individuo atomizado de su comunidad, compórtate como nosotros (como los occidentales universalistas) y serás plenamente reconocido como igual, ya que a nuestros ojos la igualdad homogeneidad especialmente en cuestiones morales (ahí es donde el espíritu fáustico universalista de lucha por el bien y por ende de un único mundo posible sale a la luz oculto bajo el subterfugio del culto al individuo occidental).
El condeconde de Stanislas de Clermont-Tonnerre en diciembre de 1789: «¡Debemos otorgar todo a los judíos la condición de individuos, debemos rechazar todo a los judíos como nación!» (Los judíos no cedieron a este chantaje, de lo contrario habrían tenido que renunciar a la endogamia y hoy no habría más comunidad judía no asmilada occidental). Emmanuel Macron no dice nada más cuando afirma que la ciudadanía francesa reconoce «la libertad racional del individuo como ser por encima de todo «.
(Parte 2/6) – Raphaël Doan es muy claro en este punto: «La asimilación es la práctica de exigir al extranjero que se convierta en un prójimo […] Para asimilar, hay que practicar la abstracción de los propios orígenes. En otras palabras, que deja de ser Otro y se convierte en el Mismo. Para hacer esto, debe olvidar sus orígenes y convertirse. Emigrar es cambiar tu genealogía. Es más fácil decirlo que hacerlo. Porque asimilar «los valores de la República» en el caso francés no significa nada. Asimilar es adoptar una cultura y una historia, una sociabilidad, un modelo de relaciones entre los sexos, códigos de vestimenta y culinarios, modos de vida y de pensamiento específicos. Sin embargo, hoy en día, la mayoría de los inmigrantes son portadores de valores que contradicen los de las poblaciones de acogida. Cuando les ofrecemos negociar su integración, simplemente olvidamos que los valores no son negociables (que una sociedad dominada por la lógica del interés propio tiene la mayor dificultad de entender).
Si me preguntaran a mí mismo: ¿crees que la asimilación es buena o mala? Ni bueno ni malo. Tiendo a pensar que es imposible. La razón principal es que podemos asimilar individuos pero no podemos asimilar comunidades, sobre todo cuando estas representan del 10 al 25% de la población y estas están concentradas en núcleos más o menos pequeños de distancia – «no porque estamos metidos en guetos, sino porque los seres humanos cultivan naturalmente el barrio de los que viven como ellos ”(Élisabeth Lévy) – en territorios que favorecen el surgimiento de contra-sociedades basadas exclusivamente en el inter-yo. Esto es especialmente cierto en un país como Francia, marcado por el jacobinismo, que nunca ha dejado de luchar contra los organismos intermediarios para devolver la vida política y social a un cara a cara entre el individuo, la comunidad y el Estado. Colbert ya había hecho grandes esfuerzos para «afrancesar» a los indios americanos. Obviamente fue un fracaso.
En Francia, la asimilación alcanzó su punto máximo bajo la Tercera República, en un momento en que la colonización estaba en pleno apogeo por iniciativa de los republicanos de izquierda, deseosos de dar a conocer a los «salvajes» los beneficios del «progreso». Pero la Tercera República también fue una gran educadora: en las escuelas, los «húsares negros» se esforzaron por enseñar la gloriosa historia de la novela nacional. Ya no estamos ahí.
Todas las instituciones (iglesias, ejército, familias, comunidades, partidos y sindicatos) tanto en Francia como en España como en el resto de Occidente que facilitaron la integración y asimilación en el pasado están en crisis. La Iglesia, formas comunitarias de organización, familias, las instituciones intermedias ya no transmiten nada más que la sensación de fósiles en una lenta pero inexorable decadencia bajo la era del mismo individuo inmerso en la sociedad de masas desmovilizada bajo una planificación para un hedonismo. En la escuela y universidad misma, donde los planes de estudio están dominados por el arrepentimiento y la culpa, no tiene nada más que transmitir excepto la construcción de una supuesta vergüenza de los crímenes del pasado.
La asimilación implica que hay un deseo de igualación y conversión a la normatividad social del lado del poder que quiere centralizar poder y genera obediencia socavando los poderes subsidiarios de la sociedad con arraigo en esa comunidad étnica extranjera establecida en el país occidental de turno, un deseo de ser asimilado a los que hacen a lo sumo unas décadas de haber llegado. Los tímidos intentos de la Francia republicana sin embargo no demuestran que no hay ni uno ni otro. Hay una necesidad de «liberar al Islam en Francia de las influencias extranjeras», dijo Macron, esbozando planes para poner fin a un sistema que permite a los imanes formarse en el extranjero, reducir la educación en el hogar y retomar el control de la financiación religiosa.
Las asociaciones tendrían que firmar un contrato que respetara «los valores de la República» para obtener subvenciones.» Por supuesto está «republicanización» o si se quiere esta parcial estatalización de instituciones subsidiarias del Estado genera un problema al respecto el cismático carácter del Islam sunnita, el cuál carece en último término de una escasa centralización en lo que respecta a autoridades religiosas, a diferencia de instituciones como la Iglesia católica.
Es difícil ver, por otro lado, qué atractivo puede seguir ejerciendo el modelo cultural occidental en los recién llegados que encuentran que los nativos, a quienes a menudo desprecian, cuando no los odian, son los primeros en no querer saber nada sobre ellos. En lo que ven, ¿qué puede seducirlos? ¿Conseguir que se emocionen? ¿Empujarlos a querer participar de la historia de Francia, España o Alemania?
En el modelo asimilacionista se supone que la asimilación progresa de generación en generación, lo que puede parecer lógico. Sin embargo, vemos que en Francia o Reino Unido ocurre exactamente lo contrario. Todas las encuestas lo demuestran: son los inmigrantes de las últimas generaciones, los que nacieron franceses, españoles o ingleses y tienen la nacionalidad francesa, española o británica, los que se sienten más ajenos a Francia, los que más piensan que la Sharia en el caso islámico prevalece sobre el derecho civil del estado europeo de turno y encuentran más inaceptable que cualquier otro el «ultraje» a su religión. En agosto pasado, cuando se les preguntó sobre la proposición en Francia «¿Es el Islam incompatible con los valores de la sociedad francesa» , el 29% de los musulmanes respondió afirmativamente, mientras que entre los menores de 25 años, esta proporción aumento al 45%.
¿Es un debate de este tipo específico de Europa Occidental? ¿A los países occidentales en general? ¿O la cuestión de la integración mediante la asimilación se encuentra en todas partes donde hay un grupo étnico dominante y uno en crecimiento pero minoritario que amenaza la hegemonía del dominante?
Los países anglosajones, al no haber estado marcados por el jacobinismo y el estatismo europeo, son más hospitalarios con las comunidades, pasando de una curiosa libertad religiosa de todas las confesiones protestantes a una apertura parcial a todas las cristianas para llegar a una apertura total de indiferencia al respecto bajo el ofuscador término de la libertad individual. Por otro lado, en los Estados Unidos, los inmigrantes generalmente no tienen animosidad (antipatía) hacia el país al que buscan ingresar salvo algunas excepciones. El «patriotismo constitucional» americano hace el resto, más aún bajo la extraña doctrina a la vez totalizante a la vez multiculturalista del Gran Despertar Progresista.
En Asia, sigue siendo diferente. Allí se desconoce la noción de asimilación, por la sencilla razón de que la ciudadanía se fusiona con la etnicidad. Para los dos mil millones de personas que viven en el norte y el noreste de Asia, en particular en la zona de influencia confuciana, uno nace ciudadano, no se convierte en ciudadano, no existe un individuo presocial sino que el individuo nace y tiene valor gracias a la comunidad.
Muchos analistas occidentales y académicos de relaciones internacionales dan por sentados los fundamentos intelectuales e históricos del arte de gobernar. Estos Invocan la » trampa de Tucídides», que es una teoría que explica la relación entre una potencia hegemónica en declive y otra en ascenso. Según este planteamiento, la tensión entre ambas potencias puede conducirlas a una guerra por la hegemonía en la que la gran potencia venza y asegure su primacía, o pierda y sea reemplazada por la potencia en ascenso.
Cuando se preguntan si el mundo podrá adaptarse al ascenso de China y citan a Maquiavelo al pensar en la práctica de la realpolitik de Pekín quizá se está siendo reduccionista, si bien estas perspectivas son importantes y útiles, tienden a interpretar el problema del poder global chino en términos analíticos derivados únicamente de la experiencia intelectual e histórica occidental. Los pensadores de política exterior de China conocen el canon occidental, por supuesto. Pero China tiene su propia tradición intelectual que ilustra su arte de gobernar tan profundamente como la tradición occidental lo hace a la de América del Norte y Europa.
El canon estratégico chino contiene debates sofisticados que cubren la mayoría de las categorías que comprenden las relaciones internacionales modernas. Hay, por ejemplo, conceptos análogos a las ideas occidentales tanto del internacionalismo liberal como de la realpolitik o realismo. Pero también es importante comprender en qué puntos en los divergen los conceptos chinos y occidentales. Sostengo que si bien los puntos de vista chinos y occidentales son bastante similares en el tema del realismo, difieren en los temas de la cooperación internacional y el orden basado en reglas que intentó edificar EEUU en las posguerra mundial.
Este desajuste es importante porque el objetivo estratégico de Estados Unidos durante las últimas tres décadas ha sido inducir de alguna manera a la República Popular China a abandonar su propio concepto de orden internacional jerárquico y someterse a uno liberal y basado en reglas. Una mirada al canon estratégico chino, específicamente la historia de » Zhu Zhiwu persuade a Qin «, muestra por qué este objetivo es inalcanzable para los chinos.
Introducción al ‘Zuozhuan’:
Los orígenes de la tradición intelectual china del arte de gobernar se encuentran en la época caótica posterior al 771 a. C., cuando el reino de Zhou, anteriormente unificado, comenzó a desintegrarse . Este periodo, que consta de los períodos de primavera, otoño y los estados en guerra, ocupa aproximadamente la misma posición en el pensamiento político chino que la época clásica greco-romana en Occidente. Estos siglos vieron pequeños estados feudales (al respecto las dimensiones chinas) compitiendo por medio de la diplomacia y la guerra para sobrevivir o dominar un sistema internacional regional cada vez más anárquico. Esta experiencia produjo uno de los libros más importantes del canon chino, el Zuozhuan , un verdadero tesoro del arte de gobernar, la guerra y la diplomacia. En “¿ Atrapado por Tucídides? Actualización del canon estratégico para una era sinocéntrica” de John Sullivan hace un excelente trabajo al presentar el Zuozhuan a los lectores occidentales, el autor sugiere que puede“ ayudar a los occidentales a comprender mejor muchos de los comentarios de Sun Tzu ”. Este ensayo responde al punto de Sullivan con una traducción de una de las historias más famosas de Zuozhuan , » Zhu Zhiwu persuade a Qin «. La historia muestra cómo un pequeño Estado se salva de la destrucción e incluso prevalece sobre adversarios mucho más grandes y poderosos mediante una hábil diplomacia. Al hacerlo, también arroja luz sobre las concepciones chinas del realismo y la ética en los asuntos internacionales intraestatales.
Un poco de trasfondo: en el momento de los eventos narrados en el Zuozhuan, los estados más pequeñas que surgieron en el período de primavera y otoño fueron gradualmente destruidas y anexadas a estados cada vez más grandes. Eventualmente, sólo sobrevivieron siete reinos bastante poderosos en un mundo que se parecía en formas importantes al sistema internacional europeo en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Los gobernantes de estados como Jin, Qin, Zheng y Chu tenían títulos feudales como duque y conde, pero gobernaron como cuasi-reyes proto-absolutistas (por poner un concepto conocido) en su propio territorio y llevaron a cabo políticas diplomáticas independientes. Algunos de estos gobernantes alcanzaron el estatus reconocido de hegemón regional, lo que significaba que habían acumulado suficiente poder y prestigio para actuar como los jefes de facto de otros estados más o menos alineados. De hecho, existía una autoridad de jure asociada con el título, ya que la hegemonía actuaba aparentemente al servicio del rey Zhou nominalmente plenipotente. La historia tiene lugar en 630 a. C., cuando Jin actuó como hegemón bajo el liderazgo de uno de los estadistas legendarios de China, el duque Wen. El sistema interestatal en ese momento también tenía una forma de ley ritual que gobernaba las relaciones entre los tribunales feudales, pero estas normas interestatales estaban bajo una presión cada vez mayor a medida que el sistema se fragmentaba y finalmente descendía a la anarquía total.
Finalmente, un poco de geografía rápida y una introducción al elenco de personajes de la historia: como se muestra en el mapa, Zheng es un estado muy pequeño situado entre los estados mucho más grandes y poderosos de Jin al norte y Chu al sur. Jin está aliado con Qin contra Zheng y Chu. Mientras tanto, Qin está al oeste de Jin y Zheng. Qin envía a su ejército aproximadamente a 160 kilómetros a través del territorio de Jin para atacar a Zheng. Cuando comienza la historia, Zheng, enfrentando un asedio de Qin-Jin, envía un enviado para persuadir a Qin de romper su alianza con Jin. Duke Wen es el gobernante de Jin y el gran hegemón de la época. Zi Fan es su tío y consejero.
El conde de Qin es el gobernante del estado de Qin, y el conde de Zheng es el gobernante de Zheng. Yi Zhihu es ministro del conde de Zheng, mientras que Zhu Zhiwu, la estrella de la historia, es uno de sus diplomáticos.
Una traducción de ‘ Zhu Zhiwu persuade a Qin’:
El duque Wen de Jin y el conde de Qin habían rodeado a Zheng debido a la falta de respeto ritual de Zheng por Jin y debido a la alianza secreta de Zheng con Chu, un enemigo de Jin. Las fuerzas de Jin estaban acampadas en Hanling y las de Qin estaban acampadas en Fan’nan. El ministro de Zheng, Yi Zhihu, le dijo al conde de Zheng: “Nuestra ciudad está en peligro de destrucción. Si envía a Zhu Zhiwu a ver al Señor Qin, Qin retirará su ejército «. El duque siguió su consejo. Pero Zhu Zhiwu se negó y dijo: “Incluso cuando era joven y fuerte, no era igual a los demás. Ahora que he envejecido, ya no poseo la capacidad de actuar «. El duque respondió: “Que no pude contratarte antes y solo ahora he acudido a ti en una emergencia es mi culpa. Pero si Zheng es destruido, usted, señor, tampoco tendrá nada que ganar con eso «. Zhu Zhiwu estuvo de acuerdo con el plan.
Por la noche, Zhu Zhiwu fue bajado por una cuerda sobre la muralla de la ciudad y salió corriendo para ver al conde de Qin. Le dijo al conde: “Qin y Jin han rodeado a Zheng. Zheng ya sabe que está terminado. Pero si destruir a Zheng tuviera algún beneficio para usted, mi Señor, ¿me atrevería incluso a molestar a sus asistentes? Dirigir a tu ejército a través del territorio Jin para anexar Zheng, sabes lo peligroso que puede ser. ¿De qué te sirve destruir Zheng solo para anexar nuestro territorio para Jin? La ganancia de Jin es tu pérdida. Sin embargo, si perdonas a Zheng y nos conviertes en el Maestro del Camino del Este, te proporcionaremos todo lo que te falta y seguramente no sufrirás ningún daño. Además, como sabes, cuando una vez le hiciste un favor a Jin, te prometieron a cambio la posesión de las ciudades de Jiao y Xia; pero Jin renegó. En la mañana, Jin envió un ejército al otro lado del río y al anochecer había construido fortificaciones alrededor de ambas ciudades. Ahora bien, ¿cuándo se satisfará el ansia de conquista de Jin? Una vez que los hombres de Jin hayan anexado Zheng a tu este, desearán extender sus territorios hacia el oeste. Si no toman tierras de Qin, ¿dónde las tomarán? Desmembrarás a Qin para beneficiar a Jin, tal vez deberías pensar en esto «.
El conde de Qin se mostró complacido y se alió con los hombres de Zheng. Qin envió a sus altos funcionarios Qi Zi, Pang Sun y Yang Sun para comandar guarniciones para Zheng, y el conde regresó a Qin con el resto de su ejército. Zi Fan, el tío del duque Wen de Jin, solicitó permiso para atacar al ejército de Qin mientras se retiraba a través del territorio de Jin. El duque dijo: “No. Si no fuera por nuestra alianza con el Conde de Qin, no hubiéramos alcanzado la altura del poder que ahora disfrutamos. Confiar en el poder de otro y luego destruirlo no es humano; perder sus alianzas demuestra falta de comprensión; transformar el orden en caos no tiene ningún sentido militar. Quizás deberíamos volver a casa «. Y el duque Wen de Jin y su ejército también partieron de Zheng.
Lecciones del ‘Zuozhuan’:
Esta historia plantea dos visiones opuestas sobre la naturaleza de las relaciones internacionales y el arte de gobernar. Un punto de vista, representado por Zheng y Zhu Zhiwu, ve el problema en términos crudos de interés propio, además ve el arte de gobernar como un arte de engaño e ilusión política en un sistema anárquico (en un sentido hobbesiano del orden natural anárquico entre Estados). El otro punto de vista, representado por Jin y Duke Wen, ve un sistema de estados más o menos unidos por normas rituales y éticas y enfatiza los límites al uso legítimo de la fuerza y la necesidad de equilibrio (esto le sonará a cualquiera a lo que promueve el internacionalismo liberal en relaciones internacionales).
En una maniobra diplomática desesperada, Zheng envía a un anciano estadista, Zhuzhiwu, al campamento de Qin para intentar apartar a Qin de su alianza con Jin. Logra convencer al gobernante Qin de que Jin es pérfido con sus aliados e insaciable en sus ambiciones territoriales. El gobernante de Qin llega a creer que un triunfo de Qin-Jin sobre Zheng terminaría con la invasión de Jin en el territorio de Qin y se convence de que cambie su lealtad al respecto o en favor de Zheng. Zheng sale ganador del conflicto. No solo evita la destrucción, sino que termina siendo mucho más fuerte en sus relaciones con Jin y Chu por medio de su nueva alianza con Qin. Mientras tanto, Jin emerge significativamente más débil, ya que ahora tiene relaciones ambiguas con Qin y se ha visto frustrado al pensar que podría castigar al poder más débil de Zheng a voluntad.
Más importante aún: el atractivo de Zheng para Qin se basa en dos movimientos retóricos. Primero, Zhu Zhiwu apela al interés propio de Qin al ofrecer garantizar, como «Maestro de la Carretera del Este», el flujo de carga a lo largo de las rutas comerciales este-oeste, aliviando así a Qin de la presión geopolítica hacia el este. En segundo lugar, convence al gobernante de Qin de que Jin es insaciable en su deseo de expansión y que eventualmente anexionará a sus propios aliados. Persuade a Qin es un triunfo de la retórica sobre la realidad, porque vemos al final de la historia que el duque Wen no es tan pérfido como afirma Zhu Zhiwu. Cuando el tío y consejero del duque Wen pide permiso para atacar al ejército de Qin mientras se retira a través del territorio de Jin, el duque se niega, ¡por motivos éticos!
La práctica de la realpolitik de Zhu Zhiwu se acerca bastante a algunos de los principios clave del realismo occidental articulados por teóricos como Hans Morgenthau. Por ejemplo, las acciones de Zheng se adhieren estrechamente al segundo principio de realismo político de Morgenthau: «interés definido en términos de poder». Yi Zhihu y Zhu Zhiwu equilibran el poder y el interés en sus respectivos roles como ministros y diplomáticos. Yi Zhihu le dice al conde de Zheng que el equilibrio de poder no está a favor de Zheng, ya que el estado enfrenta el asedio de dos de las grandes potencias de la época. El interés de Zheng es derrotar a la alianza Qin-Jin. Pero no aconseja una respuesta militar porque Zheng no posee un poder preponderante. En cambio, aconseja el camino prudente de la diplomacia que debe llevar a cabo Zhu Zhiwu para la supervivencia de su Estado. La apelación del diplomático a Qin enfatiza tanto el poder como el interés. Los intereses económicos y de seguridad de Qin serían atendidos por la ruptura de la alianza de Qin con Jin a favor de una entente con Zheng y Chu. Zhu Zhiwu también argumenta que el equilibrio de poder entre Jin y Qin favorece a Jin, que eventualmente terminaría con la anexión de Qin. El poder y el interés coinciden tanto para Zheng como para Qin, que es el cálculo que lleva al Conde de Qin a cambiar su alianza.
Mientras que Zhu Zhiwu retrata a Jin como un poder amoral motivado únicamente por la ambición, Jin finalmente demuestra que entiende que existen límites morales y prácticos para el uso de la fuerza. El duque Wen comprende que su poder no solo reside en sus propias capacidades militares, sino también en alianzas con otras potencias importantes. Atacar a Qin habría terminado con todas las relaciones con ese estado y habría aislado a Jin, posiblemente poniendo fin a su condición de hegemonía. Para el Duque Wen, el poder no es simplemente una cuestión de intimidación militar. Atacar a Qin habría sido, por el contrario, un error militar imprudente. De hecho, justifica su decisión sobre la base de que no sería ético, lo que implica un repudio de las obligaciones éticas y morales entre aliados que son en último término pilar fundamental del orden interestatal.
El propósito de Jin no parece ser la ambición territorial, como sostiene Zhu Zhiwu, sino el equilibrio del sistema dentro de un marco interestatal con ideas-dogma funcionado. Jin está dispuesto a sufrir una disminución de su posición dominante en interés de las normas éticas interestatales. Una de las justificaciones de Jin para rodear a Zheng es la violación de esas normas por parte de Zheng. La palabra usada en el texto es “falta de respeto del ritual” ( wuli無禮). Ritual es un término filosófico clave utilizado aquí específicamente en el contexto de las relaciones entre estados. Asume la existencia de obligaciones morales y políticas legítimas que unen a todos los estados en un sistema de relaciones basado en reglas.
A primera vista, el orden interestatal representado por la figura del duque Wen parece compartir características clave con las concepciones modernas de un orden internacional liberal. La comprensión de Duke Wen de que su poder militar y político depende de la cooperación de otros actores del sistema es una expresión de lo que ahora se llama reciprocidad, la idea de que la interdependencia requiere deferencia y cooperación entre estados. Esta cooperación, a su vez, requiere instituciones interestatales y regímenes y normas legales. Jin invoca estas normas en su cargo original de «falta de respeto ritual» y organiza una expedición para hacer cumplir esas normas, no unilateralmente, sino como una acción colectiva legítima sancionada por el estatus de hegemonía del Duque Wen, que lleva la autoridad del rey feudal que todos los jefes de estado sirven nominalmente.
Sin embargo, en el intercambio entre Duke Wen y su tío sobre si atacar a Qin, vemos que su concepto de orden internacional era, en última instancia, jerárquico y político-ético. En su opinión, el sistema se basaba en redes de obligaciones rituales jerárquicas de deferencia entre estados que estaban incorporadas en rituales y símbolos políticos y éticos, no en el derecho positivo codificado diseñado para gobernar las relaciones entre entidades políticas y jurídicas internacionales iguales entre sí y en la que el soberano es el único sujeto político y de derecho. Este es un principio fundamental de la cosmovisión geopolítica de China que ha persistido a través de los siglos. La concepción de Beijing del orden internacional sigue siendo jerárquica y político-ética hasta el día de hoy, y el ritual y el símbolo siguen siendo extremadamente importantes. El concepto de Pekín de un orden internacional aceptable implica deferencia por parte de las potencias regionales a las preferencias políticas y los intereses de seguridad de China. Más específicamente, implica su integración en un sistema económico de capitalismo gerencial-burocrático con planificación estatal que fomenta el “beneficio mutuo” bajo la égida teórica de Pekín como potencia hegemónica.
Sin embargo, la política estadounidense desde la normalización de las relaciones en 1979 ha priorizado la integración de China en el orden internacional liberal patrocinado por Estados Unidos, entendido como la democracia, el capitalismo posfordista (algunos le llaman neoliberalismo), la apertura comercial y financiera (bajada de barreras a capital y productos extranjeros) y la libertad como idea teológica. Las administraciones de George Bush y Barack Obama trataron de convencer a China de que estaba en su propio interés convertirse no solo en un «actor responsable» sino también en un patrocinador clave del orden estadounidense. Esta línea de pensamiento fue reafirmada más recientemente por la estrategia de Estados Unidos de que debería hacer que las élites gobernantes de China concluyan que lo mejor para China es continuar operando dentro del orden internacional liberal liderado por Estados Unidos en lugar de construir un orden rival.
Esto, como vemos aquí, está en desacuerdo con la visión del orden internacional articulada en el Zuozhuan y en siglos de experiencia histórica a partir de entonces. No se trata simplemente de que China considere que el actual orden liberal es desigual y está dominado por Estados Unidos. Beijing está afirmando un orden geopolítico completamente diferente al arraigado en su propia tradición intelectual y en su experiencia de la historia asiática.
La lectura del canon estratégico chino proporciona una perspectiva sobre el pensamiento y la práctica geopolítica china imposible de lograr con métodos derivados de la teoría occidental de las relaciones internacionales o de la historia del pensamiento estratégico occidental. Análisis de las viñetas contenidas en libros como el Zuozhuan puede ayudar a aclarar por qué Pekín se ha resistido a los llamamientos occidentales a ser un actor responsable además de homologado a Occidente y puede sugerir formas de analizar las diferencias entre los enfoques chino y occidental del arte de gobernar y de la diplomacia. Estos escritos también destacan la necesidad de un canon estratégico más completo y global. Cuando hablamos de realismo maquiavélico, cada vez más tendremos que pensar en él en comparación con el realismo de la tradición china demostrado por figuras como Zhu Zhiwu. Y cuando consideremos los requisitos de un sistema internacional basado en reglas, necesitaremos hacer las mismas comparaciones con las visiones chinas del orden global que se encuentran en la filosofía y acciones del Duque Wen de Jin y sus sucesores. Esto seguramente resulte crucial dado que las posibilidades apuntan a un mundo multipolar con posibilidad, en caso de que se generará un sistema de alianzas en torno a las dos superpotencias a decir EEUU y China.
La definición de si el fascismo (o el nacionalsocialismo) es un movimiento de izquierdas o de derechas es una de las principales discusiones existentes desde prácticamente los primeros años del nacimiento del fascismo en el período de entreguerras. Me basaré en la teoría de Gustavo Bueno y del Materialismo filosófico para distinguir como el fascismo italiano es un movimiento de «derecha no alineada con la tradición», en tanto acepta e incluye elementos de la modernidad e incluso se considera heredero de la Revolución francesa pero, y ahí es donde conecta con la derecha, sin recurrir a factores o argumentos propiamente tradicionales de “regressus” a una “edad de oro” pasada como las derechas alineadas con la tradición, sin embargo, también se distancia negando por otro lado simultáneamente la posibilidad de la utopía (como es propio en las izquierdas) y por supuesto negando el mito del progreso (núcleo ideológico que imagina un fin de la historia), trayendo la posibilidad de un fin de la historia
También decir que en su forma de operar en política real dicho movimiento triunfo numerosos grupos donde había nostalgia o respeto por lo “tradicional” (bien podríamos decir que eran derechas) pero jamás queriendo restaurarlo completamente en tanto era materialmente insostenible dado los acontecimientos y la correlación de fuerzas existentes, especialmente cuerpos de seguridad y ejército donde había numerosos simpatizantes a realizar un “regressus” al Antiguo Régimen, motivo quizás por el cual jamás en el caso italiano se abolió la Monarquía. Este problema por extendernos un poco no tuvo que sufrirlo el nacionalsocialismo ya que el Kaiser ya se había exiliado previamente con la instauración por los Aliados de la R. de Weimar, pero como derecha no alineada con la tradición, igualmente el Nacional-socialismo consiguió numerosos apoyos de los Freikorps (grupo paramilitar de soldados retirados) que en un inicio apoyaban la restauración del Kaiser, pero que apoyaron o se integraron en el III Reich por similitudes en sus planes y programas, como por la dura oposición del movimiento de Hitler al comunismo o sus posiciones irredentistas al respecto recuperar territorios perdidos durante la derrota del II Reich, el cuál habían combatido enérgicamente durante dicho período en el caso de las Freikorps.
Para empezar quizá podríamos definir las principales características del fascismo (que no del nacional socialismo, hecho que sería tema para otra publicación futura) como movimiento político nacionalista, republicano (ellos mismos en alguna ocasión se denominaron como jacobinos negros antes de tener el poder), autoritario, semicolectivista, unipartidista, anticristiano -aunque lo respetara por cuestiones tacticas y a pesar de que la religión secular del fascismo es la forma nacionalista de apología al Estado y la Nación como la culminación de la racionalidad-, corporativista, centralista, a favor de la homogeneización nacional interna llevada a cabo por el jacobinismo y el liberalismo decimonónico y irredentista con inspiraciones ideológicas del Risorgomiento en el caso italiano.
La razón por la que afirmo el republicanismo de dicho movimiento junto con otras características genéricas del fascismo como ideología serían problemáticas al encuadrarlas en la derecha alineada con la tradición (o en la izquierda), en tanto lo que mantienen del Antiguo Régimen (a diferencia de las alineadas con la tradición como la derecha primigenia, la derecha liberal y la derecha socialista) era realmente poco, ya que aunque el fascismo italiano en la política práctica mantuvo la monarquía reducida a la labor de Jefatura del Estado mientras el Régimen fascista italiano se arrogaba todas las competencias ejecutivas, legislativas (en tanto era un sistema autoritario de partido único) y judiciales, las ideas fascistas no pueden ser catalogadas per sé cómo reaccionarias (como sí podría afirmarse de la derecha primigenia que reivindicaba el regressus al Antiguo Régimen), dado que tal concentración de poder estatal sería imposible bajo el sistema más compuesto y descentralizado (y por lo tanto menos unitario) propio del fascismo.
Decir al respecto la monarquía italiana y el mantenimiento de esta institución que era heredada por el Antiguo Régimen (igual que la heredó el liberalismo y la derecha socialista), fue en el caso italiano más por motivos tácticos que ideológicos ya que la monarquía italiana tenía buena fama en la población, sin embargo Mussolini nunca aceptó las tendencias liberales de Vitorio Emmanuele II, teniendo en numerosas ocasiones la tentación de abolir la institución monárquica. En este sentido Mussolini decía:
“Tengo mucha paciencia con esta rémora monarquía. El rey nunca ha hecho un gesto desafiante hacia el régimen. Sigo esperando porque tiene 70 años y espero que la naturaleza me ayude, y cuando la firma del rey sea reemplazada por la menos respetable del príncipe podremos actuar.”
Por otro lado, no podemos considerar el autoritarismo como una idea puramente de derecha o de izquierda en tanto este fue defendido por movimientos que apostaban por una forma política regida por un partido único de ambos lados del espectro, los casos más claros serían el socialismo sóvietico en la izquierda, aunque también lo hacía la derecha primigenia creyendo en la abolición del parlamentarismo liberal y el Gobierno del Rey como monarca absoluto.
Tampoco tiene sentido categorizar al fascismo como movimiento reaccionario como se ha hecho habitualmente desde posiciones de izquierda definida e indefinida. La comparación de una forma “reaccionaria pura” en política (perdoneme el idealismo-formalista del concepto) sería el de una derecha alineada a la tradición como fue la Acción Francesa con el fascismo italiano, que aunque pretendía restaurar la monarquía y la religión catolica como oficial en Francia, reivindicaba el nacionalismo integral,que se diferenciaba del nacionalismo común del fascismo que bien podríamos catalogar de modernista en tanto defendia una modernización y centralización del Estado moderno del liberalismo decimononico de la ilustración, mientras que la posición reaccionaria de la Acción francesa lo criticaba como una construción y forma política “artificialista”, propia del republicanismo nacionalista que defendía el Estado-Nación moderno, contraponiedo en este caso una forma política localista y orgánica, pretendiendo un regressus casi a los períodos anteriores de la rápida centralización de la monarquía absolutista francesa, tratando de armonizar la monarquía y lo que denominaron como Petit Pays (respeto a las particularidades culturales de las regiones francesas).
Obviamente tampoco el corporativismo dirigista del fascismo sería por otro lado compatible con la “tradición” en tanto la forma organicista (y por lo tanto tradicional) de economía era propia de una economía descentralizada en poderes subsidiarios como los gremios, los aristócratas, los terratenientes seculares y religiosos además de ciertas concesiones comerciales a burgueses de las ciudades frente a la economía casi centralizada y gerencial que puso en práctica el fascismo, en la que toda la producción estaba sometida a los intereses estatales. Este punto, para acabar tampoco alineará al fascismo con la tradición en tanto este heredaba el dirigismo económico que podría haberse encontrado en su origen teórico por Henri Saint-Simon, que teorizó en un momento entre la Revolución Francesa y la incipiente Revolución Industrial, pretendiendo superar las contradicciones generadas por el liberalismo tras la prematura abolición de la sociedad tradicional por la sociedad industrial contemporánea, buscando (y ahí la conexión del fascismo y su dirigismo con el saintsimonismo) en el que se trataba de “eliminar la lucha de clases” mediante la integración de las masas mediante y en el Estado y la armonización entre las «clases sociales».
Por otro lado hay que reconocer las importantes analogías de la derecha socialista con las derechas no alineadas, especialmente en lo que respecta en materia económica y en la utilización política de las masas. Aunque esto supone semejanza y diferencia simultánea en tanto la primera mantiene aspectos como una relación íntima como el catolicismo, defensa de la monarquía y una predisposición no tan abierta a la modernidad como el fascismo. Es decir, si bien es lícito tener en cuenta las semejanzas entre el régimen franquista (derecha socialista) y de Mussolini (derecha no alineada con la tradición) también lo es tener en cuenta sus diferencias. Del mismo modo que hay semejanzas y diferencias importantes entre el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán.
Ni el fascismo ni el nacionalsocialismo serían «la derecha de siempre», tradicional y de toda la vida. Si decimos que son derechas no alineadas con la tradición no se puede decir que sean la derecha de siempre que viene a defender o restaurar de algún modo el Antiguo Régimen o alguna de sus instituciones.
En nuestro presente los términos «fascista» y «fascismo» no son categorías políticas cuando se emplean para señalar a partidos o personas de tal presente. «Fascismo» o «fascista» es un mero insulto, no dicen nada como categoría política (como tampoco lo dice el término «nazi»).
«Fascista» se le ha llamado a Stalin, a Franco, a Manuel Fraga, a Felipe González, a José María Aznar e incluso a algunos miembros del separatismo catalán o vasco aún cuando la mayoría no lo son y si tienen alguna similitud será tangencial. Incluso a Hitler se le ha llamado fascista, aunque concretamente nacionalsocialista. Que tiene semejanzas pero también numerosas diferencias. Aunque la mala utilización del término de fascista, sería el tema para otra publicación.
Somos terribles para ver el poder. O en otras palabras: el poder es genial para no ser visto. Debido a que el poder es un fenómeno universal humano, todo pensamiento está dentro del campo de algún centro de poder presente, pasado o en construcción (de lo contrario posiblemente sea irrelevante). El pensamiento y la cosmovisión que acompañan al campo de la política real son obvios y se elevan instantáneamente como dogmas de fe. Los pensamientos que fluyen contra esta realidad de lo político son tan lentos e imposibles de utilizar efectivamente que tienden a quedar circunscritos a grupos marginales de intelectuales y teóricos ya que su patrocinio no es útil para algún centro de poder existente.
La idea de estudiar este fenómeno seriamente en sí misma es intrínsecamente ajena al poder. El poder no quiere conocerse a sí mismo. Los poderes más poderosos y soberbios ni siquiera piensan en su poder como poder. Si el poder se conoce a sí mismo, guarda ese conocimiento para sí mismo; pero sobre todo, realmente cree o finge conocer sus propios mitos oficiales. El verdadero O’Brien (espía de la policía secreta del “Estado Totalitario de 1984 que parece ser disidente en un inicio) es una figura rara.
La idea de estudiar a los enemigos, sin embargo, es muy satisfactoria y natural. El poder en pugna tiene que conocer a sus enemigos, cualquier poder en competencia, para luchar contra otro debe hacerlo para demonizar. Cada estructura de poder que se encuentra en el campo del “enemigo” desde nuestra posición partidaria está impregnada de un brillo maligno, como si nuestro sistema inmunológico doctrinal nos estuviera advirtiendo de los picos de maldad ajenos. Idealmente, esta misma estructura no se encuentra también en la posición de uno mismo; si es así, los dos suelen distinguirse bien. Es decir, lo que se considera “amigo y enemigo” en términos de Carl Schmitt se expresan y se reconocen claramente.
Por eso la gente piensa que Mark Zuckerberg o Jeff Bezos tienen poder, poder político más concretamente. Obviamente tienen poder profesional/gerencial. Parecen algo para los que su sistema inmunológico está buscando para codificar en su sistema genético como “maldad”. En realidad, son bacterias inofensivas y sin importancia. Para el observador quizá más agudo y que va más allá, la represión y censura de grupos no normativos (podríamos decir que no progresistas o no liberales) en las redes sociales y en los entornos dominados por grandes tecnológicas 2021 demuestra todo lo contrario: los “oligarcas” tecnológicos no tienen poder en absoluto.
-Nuestras formas de gobierno:
Hay tres formas de gobierno: monarquía, oligarquía y democracia. Nuestra forma es una oligarquía, con elementos vestigiales tanto de la monarquía como de la democracia, es decir con partes electivas del sistema y con partes que dependen de una decisión que puede ser únicamente personificada por el monarca-soberano diluido en las figuras de Presidente del Ejecutivo en cada país. A los niños se les debe enseñar esto, pero no por razones obvias. Un órgano vestigial es aquel que podría ser removido sin ningún cambio serio en la vida del organismo. Cualquiera que sepa algo sobre Washington por poner el ejemplo americano puede decirle que, en todo caso, podría funcionar mejor sin ninguna Casa Blanca. Ciertamente, esto es cierto en la política nacional , es decir, la única política que importa ya que el resto se desenvuelve desde esas fuerzas internas del Imperio americano. Dado que las elecciones presidenciales son las últimas elecciones que a cualquier persona en este país americano y fuera de él todavía le importa, si el presidente realmente no importa, ni tampoco las elecciones. Todo el espectáculo es una tempestad en una taza de té.
Hay varias formas de oligarquía con diferentes tipos de jugadores. Nuestra oligarquía por ser una extensión del paraguas del Imperio Americano en términos institucionales y de tradición política es una oligarquía institucional policéntrica impulsada por el prestigio informal. Varias instituciones tienen varios niveles de prestigio informal; confieren credenciales formales a los jugadores, que luego pueden reclamar ese prestigio para su propio beneficio partidario. La mayoría de estas instituciones son «organizaciones sin fines de lucro» de algún tipo, nuestra versión de la gran tradición islámica del waqf (filantropía para casos “moralmente aceptables”) . La Iglesia Católica es una estructura vagamente similar, pero obviamente monocéntrica y altamente formalizada (la infalibilidad papal es muestra de ello).
Nuestra oligarquía toma decisiones legítimas a través de procesos formales de instituciones de prestigio. No solemos pensar en esto como poder , aunque por supuesto que lo es. La oligarquía no puede eliminar el poder, pero es maestra en camuflarlo. Y si un ataque evade el camuflaje, la oligarquía es intrínsecamente redundante. La monarquía puede morir por un ataque por la espada, un levantamiento tumultuoso o la pérdida de un conflicto bélico que modifique desde fuera la estructura, pero solo el fuego devorador del caos puede acabar con una oligarquía. Como dijo Carlyle sobre el Ministerio de Relaciones Exteriores, «la única reforma para ello es: ponerle un carbón encendido». Asegurémonos de que nadie esté todavía en el edificio cuando eso finalmente suceda.
–Poder a través de la lente de la oligarquía.
Cuando pensamos en el poder en una oligarquía, no pensamos en los pilares oligárquicos del poder de proceso y prestigio. Pensamos en los pilares democráticos y monárquicos del poder y los odiamos con una pasión salvaje denunciandolos como corruptos. Siempre asociamos el poder con el mal por un lado, y con estas formas extrañas de gobierno por el otro; por lo tanto, estas formas extrañas son profundamente malvadas a nuestros ojos. No se nos ocurre que esta pasión, que sentimos en nosotros de justicia, es en realidad una expresión más profunda de lealtad : en el término de Gaetano Mosca, una fórmula política, aunque parezca una paradoja.
Nuestro odio más virulento al poder es el odio al poder democrático . No hay nada que encontremos más despreciable que la acción colectiva espontánea motivada por el interés propio colectivo entre un consenso homogéneo. En la escala de un país, tal acción es populismo, nacionalismo, incluso racismo. A pequeña escala, es un linchamiento o un pogromo. Los linchamientos son un ejemplo perfecto de nuestro odio al poder democrático/plural. Cualquier linchamiento es, por supuesto, una forma de pena capital impuesta por algún delito real o presunto. Pero el castigo es ilegítimo, porque lo impone un consenso colectivo y no una institución falcutada para sentenciar. Si la pena capital es legítima, debe ser impuesta por un proceso oligárquico/aristocratico: un juicio. Pero un proceso oligárquico debe decidir si la pena de muerte es o no legítima.
Nuestro segundo odio más virulento al poder es el odio al poder monárquico. Este odio siempre participa fuertemente de la encantadora emoción humana que llamamos envidia. Siempre estamos buscando tiranos, reyes, magnates y otros poderosos villanos. Es difícil imaginar una película en la que el antagonista no sea una persona, sino un sistema (siempre suena abstracto); incluso The Matrix tiene que ir bastante lejos en la ciencia ficción extraña para conseguir efectivamente eso. Puede que no pienses en Mark Zuckerberg como un villano. Pero se parece mucho a un rey. Ciertamente, tiene el poder profesional de un rey sobre Facebook.También es rico como el infierno, y la palabra «poderoso o influyente» sale de tu boca después de «rico”.
En resumen: coincide con tu patrón de cómo se ve el poder. Dado que este patrón es un patrón oligárquico, siempre está buscando amenazas monárquicas y democráticas. La peor amenaza posible es que la monarquía colabora con la democracia contra la oligarquía, como si el rey azotara a una turba de campesinos para incendiar el gran templo de los sacerdotes (la oligarquía). Por lo tanto, cuando eres una persona y todavía tienes una cuenta de Facebook por alguna razón a pesar de quedar anticuado, y en esa cuenta haces shitpost (contenido irónico), y Zuck y sus secuaces te censuran, naturalmente sientes que estás prohibido por el poder del Rey Zuck. Por tanto, parece obvio y sencillo decir que Mark Zuckerberg tiene poder. Sin embargo, no podría estar más equivocado.
-Mark Zuckerberg no tiene poder en absoluto.
No dirías que sus secuaces tienen poder. No es que se identifiquen, pero nadie culpa a los moderadores de su prohibición de Facebook. El poder que te prohibió no es su poder; operan bajo el dominio de Zuck, el monarca absoluto de Facebook. El poder es siempre la causa última de acción. Entonces, ¿cuál es la causa de la acción de Zuck y sus secuaces moderadores? Debe ser él. Él es el jefe, ¿no? Bueno … no hay poder sobre él. No hay nadie que dé órdenes al poderoso Zuck. Es decir, no hay poder monárquico sobre él. No tiene un jefe aún más monárquico, ni un Palpatine para su Darth Vader o un Hitler para su Goering. Pero hay otras dos formas de poder.
¿Existe algún poder democrático sobre él? Fácilmente podríamos imaginar una elección en Facebook que eligiera una poderosa tribuna del pueblo —o al menos, una tribuna de los perfiles— cuyo poder anularía al del CEO (gerente/directivo) en cuestiones de gobernanza de la sociedad mercantil. Esto no existe y nadie lo está pidiendo, probablemente porque sería una locura . Pero quizás sería divertido. ¿Existe algún poder oligárquico sobre él? Bueno, no podemos estar seguros. Como observamos anteriormente, aunque nos resulta fácil ver el poder monárquico y democrático, que odiamos más que cualquier otra forma existente, normalmente no procesamos el poder oligárquico como poder per sé. Debido a este camuflaje, no podemos simplemente mirarlo . Debemos descubrirlo , con cuidado como arqueólogo.
Sin embargo, si Zuck está sujeto a algún tipo de poder oligárquico, está exactamente en la misma posición que sus propios moderadores. Ejerce el poder, pero no es su poder, porque no es su voluntad. El poder no fluye de él; fluye a través de él. Por eso podemos decir honesta y seriamente que no tiene poder. No es de él, sino de otra persona.
¿Por qué Zuck prohíbe a los trolls no ortodoxos ideológicamente de su red social? ¿El creador de “Facebook” está apasionadamente comprometido con la justicia social? Bien quizás. Puede que no tenga poder, pero sigue siendo un pez gordo. Los peces gordos a menudo adquieren religión (secular) y conciencia en la edad adulta, especialmente cuando todos los que los rodean la obtienen. Pero, ¿tiene otra opción ? Si no tiene otra opción, no tiene poder, seguramente el Estado americano le aplastaría simplemente suspendiendo las subcontrataciones de servicios o cambiando la titularidad en el registro de propiedad en un par de días por motivos de “seguridad nacional”.
-La esencia del poder oligárquico.
La mejor manera de describir el poder oligárquico sobre Mark Zuckerberg, o cualquier CEO de una empresa importante, es que el CEO es responsable. En principio, la rendición de cuentas es algo bueno y necesario. La estructura de gestión óptima es la monarquía responsable, que es precisamente la razón por la que la mayoría de las organizaciones exitosas, grandes o pequeñas, la utilizan. Esta forma suele ser funcional ya que está formalizado quien toma la decisión y como se toma con una libertad de acción más o menos limitada por unos intereses comunes.
Hay dos tipos de poder oligárquico: el poder formal , que se decide por proceso , y el poder informal , que se decide por prestigio . Los dos procesos formales ante los cuales el director ejecutivo de una empresa es responsable son la junta directiva y los tribunales, añadiría en ocasiones el Gobierno si quiere meter la mano en un sector en concreto o quiere centralizar poder y planificación de él en el Estado, sin embargo esto no es algo universal. Las acciones mágicas de Zuck le dan control sobre su propio tablero, no hay mucha responsabilidad allí, pero no puede burlar una orden judicial más que un vagabundo debajo de un puente. En realidad, el vagabundo tiene más posibilidades ya que puede ser más difícil de localizar en una megaurbe. En cuanto al poder informal del prestigio, bueno, por supuesto, la respuesta es obvia, ¿no es así? Depende de la cantidad de aduladores en la prensa y el la sociedad que tienes, muchos comprados y otros por verdadero convencimiento de que ayudas a la “Humanidad”.
-El CEO y la prensa.
Zuck no quiere hacer nada de esto. Sus usuarios tampoco lo quieren especialmente. Más bien, lo hace porque está bajo presión de la prensa .Ni siquiera puede admitir que está bajo coacción, o sus guardias podrían romperse y dispararle como el capitalista occidental que es. ¿Y qué le otorga a la prensa este poder aterrador? ¿El puro y bello poder del logos? ¿Qué distingue a un post bien escrito , como éste, de un artículo de opinión del Times igualmente bien escrito? Nada más que prestigio.
La diferencia entre poder oligárquico formal e informal, proceso y prestigio, no es tan grande como parece. Ambas son consecuencias arbitrarias de eventos históricos, a menudo bastante lejanos en el pasado. Ambos pueden ser extremadamente convincentes. En tiempos normales, todo CEO en su sano juicio cumplirá sin vacilaciones con el más mínimo capricho de la prensa legítima, del mismo modo que cumplirá sin vacilaciones con una orden judicial. Así es como es. No enmarcar como un poder del gobierno real a este poder es sólo jugar con las palabras.
–Aprendiendo de Corea del Norte.
Parte del problema actual de Facebook es que la prensa actual ha aprendido la irritante pero sensata estrategia de negociación norcoreana de «no aceptar un sí por respuesta».
La cultura corporativa estadounidense de hoy siempre enfatiza la importancia del apaciguamiento completo y servil al respecto de la prensa y ciertos movimientos de protesta “bien posicionados” al respecto el poder, las corporaciones normalmente son realmente prudentes a este respecto. Pero el hecho de que estas personas tengan un MBA (Master of Business Administration), usen pantalones caqui y tengan pinta de jugar a videojuegos no las convierte en estúpidas.
Cuando a cada acto de apaciguamiento le sigue no la paz, el amor y la armonía, sino una demanda nueva y más descarada, junto con una agresión cada vez más virulenta, hasta que Kim Jong-Un esté listo para atacar Seattle a menos que organicemos lo que él requiere y retiremos un par de destructores con cohetería cerca de Corea del Norte, comienza a sentir que algo anda mal en la negociación. Cuantos más censores de Facebook hay, más claro se vuelve que Facebook es cómplice de ese sistema porque seguramente no le quede otra. Las corporaciones están acostumbradas a lidiar con poderes racionales como el Estado que solo quieren más poder, para lo cual el cumplimiento disminuye la presión. No están acostumbrados en absoluto a lidiar con el tipo de poder psicópata, por el cual el cumplimiento aumenta la presión.
La regulación en favor de una gran tecnológica es difícil de imaginar, especialmente si tiene que funcionar. También es esencial que cualquiera que intente producir una solución regulatoria y / o legislativa al problema reconozca que, dado que el problema no es la propia voluntad de Facebook, cualquier poder que funcione imponiendo la voluntad de Facebook es impotente. Si desea que Facebook pueda hacer frente a la prensa, debe darle una forma de hacer frente a la prensa. No existe tal manera, especialmente porque Facebook tiene un contingente interno tan grande y enérgico de síntomas y de personal del “partido interior” o de la ortodoxia ideológica que le supondría que los servidores dejarán de funcionar durante un tiempo, es decir, tiene a los simpatizantes del partido único dentro. La otra opción es que necesita algún otro poder que pueda obligarlo con más fuerza que la prensa, como los tribunales.
Algunos han sugerido esto: «sección 230”, un artículo sobre la principal legislación sobre comunicaciones en EEUU: El artículo 230 generalmente proporciona inmunidad a las plataformas de sitios web frente al contenido de terceros. En esencia, la Sección 230 otorga inmunidad de responsabilidad a los proveedores y usuarios de un «servicio informático interactivo» que publican información proporcionada por usuarios externos.
Mucha gente del entorno Trump apuesta por esto. Lo siento. Es patético. Ahí lo dije. La Caída del Trumpenreich es tu oportunidad de tirar la toalla en la «sección 230». Haga una pausa, por un momento, para considerar la probabilidad de que los tribunales estadounidenses desafíen a la prensa para defender a algunos simpatizantes trumpistas. ¿Es posible? Ahora, divida la cantidad de veces al año que esto podría suceder, por la cantidad de cuentas de Facebook o Twitter y demás aplicaciones cerradas. No se preocupe por el desajuste de la unidad en favor de lo segundo, realmente no importa.
Esencialmente, está mal culpar de las regulaciones de las redes sociales a las empresas de redes sociales, o peor aún, a sus directores ejecutivos. Estás culpando al molino de viento por el viento. Esta es una capa . Los perdedores se las arreglan y los ganadores no. Usted está comprometido con esta situación para evitar culpar a la verdadera causa de la censura en las redes sociales: siempre y en todas partes, el poder de la prensa y de los ideólogos que le dan ideas.
Si simplemente paramos nuestra búsqueda de causalidad en “la prensa”, todavía estamos en la oscuridad. Entonces, ¿qué le pasa a la prensa? ¿Está controlado por los judíos? (por poner un ejemplo típico). Incluso en esta oscura fantasía, imaginamos un poder no oligárquico: nuestro enemigo es una raza , que es un poder democrático. Si estamos luchando contra los judíos, estamos luchando contra el demos judío.
De hecho, muchos judíos poseen periódicos y empresas bastante exitosas. Esto no prueba necesariamente que hagan valer sus opiniones, presumiblemente opiniones súper judías, aún habiendo un lobby sinoista bastante relevante representado por el AIPAC que recibe fondos de empresas judías. De hecho, cualquiera que sepa algo de periodismo sabe que no lo sabe ni puede hacerlo. La propensión de los judíos a poseer cosas se explica fácilmente por cuestiones culturales y saber desenvolverse bien en los negocios.
Solo hay un barón de periódicos que todavía puede administrar su propio periódico. Es el periódico más prestigioso del mundo, por supuesto, y ya lo era antes de que naciera cualquiera de nosotros. Está a cargo de ella porque la heredó de su padre, quien la heredó de su padre, quien la heredó de su padre. Si nuestra única trama política es la Revolución Americana, y necesitamos encontrar un Jorge III al que culpar de la censura de las redes sociales, aquí hay un candidato más lógico: no el Rey Zuckerberg, sino el Rey Sulzberger (director del NYT durante largo tiempo (1992 a 2018).Pero esto también es patético. Hemos estado aprendiendo a corregir este sesgo de ver el poder democrático y monárquico, pero no el poder oligárquico.
El hecho es que incluso si el Times y su dinastía absoluta hereditaria simplemente desaparecieran —quizás desaparecieran por algún tipo de descomunal agujero de mierda del Midtown— la prensa sería la prensa. Y si todas estas empresas de medios fueran propiedad de arios, tan arios que hicieran que los mediterráneos parezcan africanos del norte , la prensa sería la prensa y seguiría siendo oligárquica hasta el tuétano y ocultado su verdadero poder coercitivo bajo el mito de la búsqueda de la verdad.
Entender el poder de la prensa. ¿Por qué la prensa ataca a Facebook? No lo sé, ¿por qué un tiburón come focas? ¿Tiene hambre? ¿Le gusta el sabor a foca? ¿O es simplemente como matar a cualquier otro animal para alimentarse? Probablemente un poco de los tres. La prensa ataca a Facebook porque puede . Facebook, como toda infraestructura de información masiva, se usa para muchas cosas. Algunas son buenas y otras malas. Todos los días, en algún lugar del mundo, se usa Facebook para salvar a un adorable cachorrito de ser sacrificado o de dar la posibilidad de rencontrarse a dos amigos que perdieron el contacto en la facultad. De vez en cuando, y no muy a menudo , Facebook se utiliza para organizar una matanza despiadada de los inocentes. ¿Sobre qué es más probable que escriba la prensa?
Con toda seriedad, la prensa ataca a Facebook porque puede atacar a Facebook o no escribir sobre Facebook en absoluto. No hay ningún mercado para el periodismo pro-Facebook. El concepto es ridículo. Pero, ¿qué motiva a los periodistas a atacar Facebook? Primero, su motivación es profundamente oligárquica. Actúa a nivel individual. El periodista no es ordenado por nadie. Siente la oportunidad de atacar; no es un soldado en una guerra, obedeciendo las órdenes de un general; es un depredador en el océano salvaje y abierto.
El poder monárquico funciona por compulsión: órdenes y órdenes. El poder oligárquico funciona de dos formas: por coacción o por atracción . El periodista se siente atraído por la oportunidad de obligar a Facebook. O más bien, para obligar a sus usuarios, mucho más jugoso a ir hacía sus tesis. Además, el camino del poder no se detiene en el periodista; el periodista también es un mero conducto. Si bien él puede desear personalmente el poder, trabaja para un negocio, y el negocio de ese negocio es vender poder, o al menos su olor, a los lectores.
De ahí la larga cadena de poder que va desde un diplomático en Washington, hasta el Sulzberger de la dinastía que toque en este momento, ¿No es encantador todo este bucle? ¿No mencioné el fuego que todo lo consume ? Pero eso es una evasión. Veamos un par de formas en las que esto podría solucionarse: cortando el circuito. Si el lector no tuviera poder sobre Facebook, le importarían menos las cosas sobre las que no tiene poder y reduciría su demanda de hitpieces (un artículo o publicación que tiene como objetivo influir en la opinión pública presentando información falsa o sesgada de una manera que parezca objetiva y veraz) en Facebook. Esto haría que estas piezas fueran menos atractivas para el periodista.
Si Facebook (o cualquier red social) no tuviera el poder de censurar a sus usuarios, no podría censurarlos a petición de los periodistas. Esto no sería un objetivo atractivo para los periodistas, porque los periodistas no podrían obligarlo a hacer nada y, a través de él, obligar a sus usuarios a promocionar con su algoritmo ciertas líneas editoriales. En última instancia, podemos resumir la relación entre Facebook de turno y la prensa diciendo que Facebook pierde poder. Ofrece un conducto o infraestructura por el cual los periodistas pueden ejercer poder sobre los usuarios de Facebook, presionando a la compañía o su director general. Dado que hay muchos usuarios de Facebook, una gran cantidad de poder quiere precipitarse por ese conducto. Zuckerberg no podría bloquear este flujo de energía más de lo que puede bloquear un rayo. Esto genera una serie de implicaciones que explicaremos en la siguiente publicación.
La fe es siempre y en todas partes una consecuencia del poder. Si los budistas militantes conquistaran Estados Unidos, mataran a sus líderes y convirtieran a sus hijos al budismo, nuestros nietos crecerán como budistas. Algunos intentarán pensar por sí mismos, no muchos y normalmente no les irá muy bien. La extraña idea de que no puede haber «ninguna obligación en la religión» no tiene sentido y es esencialmente una idea reduccionista . Si la religión es una filosofía personal, no un vínculo obligatorio, no existe la religión. Esto ciertamente se puede intentar pero siempre ha sido la transición a religiones que sí que tenían poder sobre el mundo secular o eran una práctica de marginados sociales o minorías.
Pero la fe no es solo una consecuencia del poder. La creencia también puede producirse mediante el poder de atracción. La gente siempre quiere creer en las cosas que la hacen sentir poderosa. Entonces la víctima crea al matón. El hecho de que Facebook o la red social que quieran pueda ser intimidado hace que la gente, tanto los periodistas como sus lectores, quieran intimidar a dicha red social. La fuga de energía que indicamos en la anterior publicación produce una especie de oasis de energía: agua en el desierto. El agua provoca las palmeras; las palmeras no causan el agua.
Facebook no fue diseñado para ser un dispositivo para administrar las mentes de miles de millones de personas. Pero como nos enseñó ese hombre mono en 2001 , si algo es un arma, algún bandido o persona hábil para este tipo de cosas eventualmente descubrirá cómo usarlo como arma. ¿Existe un ataque coordinado en Facebook? Sí: el estanque de fugas está rodeado por un círculo perfecto de palmeras, cualquier cosa menos un patrón aleatorio. Los árboles no necesitan ningún árbol general para ordenarles dónde crecer, con este poder oligárquico ocurre similar. De hecho, Facebook y la red social que quieran está rodeada de enemigos, pero son enemigos de su propia creación. Su modelo de negocio crea una enorme reserva de poder sin una forma real de defenderlo.
Lo mismo ocurre con la tecnología en su conjunto, si definimos «tecnología» como el modelo de negocio de «agrupar x usuarios en un servidor lógico gigante». La gran tecnología no está siendo atacada porque sea poderosa. Está siendo atacada porque está indefensa y tiene mucho poder potencial que no puede usar para defenderse pero sí para atacar. Cada recompensa en este sentido será devorada más fuerte y hambriento. Y una vez que la bolsa está vacía.
Lo que vemos aquí es un caso de coordinación espontánea . No se ordenó a las palmeras que crecieran alrededor del estanque de agua. Cuando tratamos de entender lo que sucedió, debemos partir de dos axiomas: que aquí hay orden, pero no hay un centro que discipline el orden. Los periodistas, como los políticos, no tenían más remedio que atender a estos lectores super necesitados y potenciar su poder de influencia: si un periodista no lo hiciera, los cinco siguientes lo harían.
Lo que vemos aquí es una forma de coordinación ideológica que, oligárquicamente, obtiene el mismo resultado que la coordinación monárquica, sin ningún centro coordinador. Nadie ordenó a todos estos periodistas que comenzaran a pensar que las redes sociales deben censurar a ciertos usuarios o que sus directivos deben promocionar la ortodoxia ideológica del momento. Sin embargo, la alternativa de no hacerlo seguramente supondría un coste demasiado elevado para esta estructura.
Otros casos de coordinación oligárquica:
Esto es interesante, porque también vemos otros casos de aparente coordinación donde no existe un mecanismo de coordinación obvio. Algunos de ellos pueden incluso ser más importantes. Por ejemplo: ¿por qué diablos todos y todo se están concienciados con cosas que hace años no lo estaban ahora mismo? Nadie les ordenó que cambiaran de opinión en esta dirección. ¿Están simplemente abriendo sus almas, independientemente, pero al mismo tiempo, a la hermosa luz de la razón? Si es así, ¿por qué no lo hicimos todos hace mucho tiempo? Diría una voz crítica.
Quizás aquí veamos otro caso de coordinación atractiva . La Alemania del III Reich tenía un proceso llamado Gleichschaltung, que a veces incluso se traduce como coordinación, y que simplemente significaba obligar a todos a ser en mayor o menor medida nacionalsocialista. En realidad, como un estadounidense o europeo del país que quieran orgulloso, que no obstante no dejaría que su hijo juegue al fútbol, todos los partidos de la Premier League hoy comienzan con una bendición de rodillas contra el racismo , que aparentemente es tan peligroso como lo eran las drogas cuando éramos pequeños. Al menos, se supone que debemos decirle la misma palabra. También usan brazaletes, etc., Pyongyang completo pero con una estética decadente, penosa y cursi.
¿Qué causó que esto sucediera? ¿Quién es la Nancy Reagan (mujer del presidente de EEUU Ronald Reagan que generó grandes campañas antidrogas) del racismo? ¿Quién ordenó que todos estuvieran de acuerdo en que el racismo es mucho peor que las drogas ? ¿Qué pasaría si el Manchester United, el Chelsea o incluso el Brighton Hove Albion dijera: “eh, en realidad, hemos estado en una reunión y estamos desolados dado que las drogas son un problema. No hay respuestas buenas u obvias a ninguna de estas preguntas.
No podemos identificar ningún tipo de estructura de mando en este caso bastante sorprendente de coordinación a una escala literalmente global. Puede temblar la Open Society , pero el programa no sufrirá ningún contratiempo cuando fallezca el George Soros y aunque sea la personificación del mal en ojos de los progresistas de ninguna manera depende todo de él. Los Ancianos de Sion no se están reagrupando en la Dark Web (lo digo irónicamente). Nadie ni nada está en el asiento del conductor; este es el verdadero orden espontáneo. Quizás ningún poder ordenó este Wokeschaltung (referencia a woke en el sentido del gran despertar progresista), como Goebbels ordenó su Gleichschaltung (expansión de la doctrina nacionalsocialista). Quizás este patrón extremadamente no aleatorio sea otro caso de coordinación por prestigio entre una serie de una instituciones relevantes.
–Ideas poderosas.
Para confirmar esta hipótesis, necesitamos encontrar una fuga de energía, una fuente de energía, como la energía disponible para cualquiera que pueda intimidar a Facebook por parte de otra institución. Probablemente hayas oído hablar de la extraña idea del mercado de ideas. Quizás incluso hayas creído en ella aunque no de la forma que crees. Considere una pequeña e importante boutique en ese mercado: las mentes de los periodistas e ideólogos. Estas personas no son piratas, sorprendentemente creen en sus ideas. Pero todos compran sus ideas en el mismo mercado.
En ese mercado, una idea que sea verdadera (es decir que tiene utilidad política) tiene una ventaja. Lo mismo ocurre con una idea que es poderosa , por ejemplo, la idea de que Facebook es cómplice de todo lo que no censura para obligar a purgar a ciertos usuarios. Estas poderosas ideas entusiasman al periodista y a sus lectores. Por supuesto, las ideas más exitosas son verdaderas y poderosas. Pero, francamente: ¿qué tan común es eso?
Todo mercado de ideas es un grupo de memes darwinianos. Lo que se nos dice es que la evolución en este grupo solo selecciona la verdad, aunque eso no es del todo cierto, selecciona lo que canaliza energía, es decir poder. Crees que el laboratorio de ideólogos está desarrollando una vacuna terapéutica a un problema pero realmente está desarrollando un arma biológica.
Una idea poderosa es simplemente una idea que justifica el ejercicio del poder. Las ideas poderosas son los componentes básicos de las fórmulas políticas , que son ideas que justifican la legitimidad de un gobierno o en este caso de la oligarquía distribuida donde no existe un centro activo por omisión del Gobierno de turno. En el siglo XX, los gobiernos legítimos que ejercían el poder crearon mucha más mortalidad que todas las pandemias juntas por sus contingencias geopolíticas. Aunque por supuesto, también hicieron muchas cosas buenas como mejora de condiciones sanitarias, infraestructuras, reducción de la mortalidad infantil, entre otros.
El problema con el periodista-activista ciertamente y en raras ocasiones asocian su compromiso apasionado con la justicia social con algo tan burdo como el mero placer. Pero si pudiera calmar ese malestar por la “injusticia” con una prueba de opción múltiple, como: (a) porque siento que importo ; (b) porque es importante para mí tener un impacto en la sociedad ; (c) porque siempre quise cambiar el mundo cuando fuera mayor ; (d) porque creo que tenemos que ayudar a otras personas ; (e) todo lo anterior —probablemente obtendría una gran cantidad de (e). Lo que obtendría es varias versiones diferentes, algunas más francas que otras, de: Me gusta sentirme poderoso. Definitivamente parece como si el despertar fuera un árbol que crece bien a orillas de un estanque con fugas de energía.
¿Por qué gotea este poder del Estado a estas personas? ¿Qué le da a la gente el poder de sentirse poderosa? Sólo el gobierno —cuyo negocio es contener todo el poder que pueda bajo su aura de influencia— para mantener el monopolio del poder. Pero si el gobierno no hiciera este negocio a la perfección, se derrumbaría. Permitiría que fuerzas externas ejercieran poder fuera de él, o incluso ejercer poder sobre él. Por ejemplo, la mafia y los traficantes de drogas se ganan la vida ejerciendo poder fuera de lo que el gobierno autoriza; si tiene un negocio en la parte equivocada no se le paga a dos recaudadores de impuestos, ahí el Gobierno pierde energía por un intercambio informal y a la vez tampoco puede efectivamente (por falta de voluntad o por incapacidad) recuperar esta filtración de energía. Pero la cantidad de ganancias disponibles de esta manera es eclipsada por la cantidad de ganancias disponibles para cualquier sector que pueda obtener poder sobre el gobierno y viceversa, que, después de todo, puede hacer casi cualquier cosa (el Gobierno).
-Explicando la catedral.
Facebook o la red social de turno pierde energía y también lo hace el Gobierno. Se filtran de formas extremadamente diferentes. En el caso del Estado/Gobierno es mucho más complicado. Pero la dinámica básica en el ilusorio mercado de ideas es la misma. Una fuga de energía, que permite a las entidades externas capturar poder sobre la organización y / o sus usuarios, libera energía gratuita en el mercado de las ideas. Este poder envenena el mercado; en lugar de un mercado de la verdad, se convierte en un mercado de poder (como no puede ser de otra forma).
Nadie puede evitar jugar a este juego y pensar en ideas poderosas. Inevitablemente, las ideas poderosas triunfan en el mercado y se convierten en ideas de prestigio.
Todas las instituciones que forman parte del mismo iluso mercado de ideas deben pensar las mismas ideas, por lo que todas nuestras universidades, periódicos y fundaciones parecen estar de acuerdo entre sí en los fundamentos o axiomas básicos. Debido a que asumimos que estos mercados son mercados de la verdad, razonamos que esto solo significa que todos tienen mucha razón, o eso pensaría alguien bienpensante.
No hay espacio real para la heterogeneidad intelectual entre instituciones o individuos. Es lo mismo si treinta universidades, o una universidad, respalda alguna doctrina. En realidad, solo hay una universidad (en sentido de corriente de pensamiento, no de institución) de todos modos que coopta el asesoramiento y el diseño de las políticas públicas. Cada muestra tiene un tamaño de muestra de uno. Todos están de acuerdo entre sí, no porque se les ordene que estén de acuerdo, sino porque todos persiguen las mismas fugas de energía de poder consciente o inconscientemente.
Si modelamos todas nuestras prestigiosas instituciones intelectuales como una sola institución —que algunos llaman la catedral— e ignoramos el carácter ateo de sus doctrinas, es muy fácil observar la naturaleza fundamentalmente teocrática de esta forma de gobierno. Por otra parte, Estados Unidos y (en menor medida Europa por contaminación americanista) ha sido el líder mundial en teocracia durante los últimos 400 años, desde que los Peregrinos llegaron a tierra.
Quizás estas cosas nunca cambien, aunque espero que cualquier persona de cualquier «lado del espectro” que salga de esta publicación al menos tenga una mejor visión del mundo (además de algo alterada de lo presentado en los canales habituales) y de nuestro presente en curso.
¿Cuál es la naturaleza del movimiento izquierdista (por ponerle un nombre que entendamos todos) contemporáneo que avanza actualmente en los Estados Unidos y su imperio bajo una desconcertante variedad de nombres que incluyen ‘Progresismo’, ‘Justicia social’, ‘Antifascismo’, ‘Antirracismo’, ‘Las vidas negras importan? ‘,’ Critical Race Theory ‘y’ Wokeness’ (que significa algo así este último como concienciado con las causas sociales) entre otros, mientras reciben apoyo logístico, financiero y político de casi todos los medios corporativos, el Partido Demócrata, el sistema educativo global, Silicon Valley, Fortune 500, el sector cultural global y partes del sistema legal?
En un ensayo reciente, el pensador político y activista israelí Yoram Hazony al parecer con una visión bastante común en los conservadores americanos defendió la concepción del “movimiento que actualmente busca derrocar al liberalismo” como “una versión actualizada del marxismo”, argumentando que su política recapitula la teoría política de Marx de cuatro maneras cruciales: la polémica central de opresor / oprimido, una doctrina de falsa conciencia que oscurece los intereses reales, un programa revolucionario de reconstitución despiadada de la sociedad y una visión utópica de una desaparición posrevolucionaria del antagonismo entre grupos sociales. La nueva versión ha “ido más allá de la jerga técnica ideada por los comunistas del siglo XIX”, pero el marco esencial sigue siendo el mismo según el israelí. Hoy en día, «categorías racialistas como blancos y personas de color» se utilizan para designar a «los opresores y los oprimidos en nuestros días, ”Pero el impulso político sigue dependiendo“ enteramente del marco general de Marx para su crítica del liberalismo y su plan de acción contra el orden político liberal. Es simplemente un marxismo actualizado para el autor. Obviamente es complicado aceptar este marco y he hecho varias historias y contenido por negarlo en el pasado.
El análisis de Hazony sigue teorías previas del «marxismo cultural» donde se sostiene que la adopción en la posguerra fría de las estrategias de Gramscianas de realizar una «larga marcha a través de las instituciones» oculta una continuidad política con el bolchevismo. Pero, ¿qué tan plausible es?
A pesar de las protestas de quienes desean leer a Marx como un filósofo humilde, o entender la izquierda como un movimiento obrero y la versión contemporánea como una corrupción neoliberal, la realidad de alguna relación entre la izquierda contemporánea y el marxismo histórico es complicada en tanto consideremos que no existe «una izquierda» sino diversas izquierdas, igual que ocurre con las diversas modulaciones de la derecha.
Además de las propias afirmaciones de Hazony típicas en el mainstream político conservador, las características clave del movimiento contemporáneo recapitulan los dispositivos clásicos del socialismo marxista pero sin seguir sus ideas antiliberales y autoritarias. Esto incluye el término Antifascismo, la invención de propaganda exterior de la Comintern estalinista, que organizó milicias antifascistas a través del Partido Comunista Alemán, contra lo que denominaron «socialfascistas» de Weimar o el SPD, a su vez seguramente a la URSS en la Guerra Fría le interesó como parte de una estrategia para intensificar las divisiones sociales dinamizar el conflicto racial en EEUU, pero aún siendo eso cierto las élites americanas supieron reconducirlo mucho bajo figuras políticamente confiables como Luther King y el movimiento de los derechos civiles frente a otras fuerzas que iban desde el supermacismo/nacionalismo negro hasta el de grupos comunistas mayoritariamente formados por negros urbanitas en los EEUU.
Esta táctica también se está repitiendo ahora de redirigir lo que está al borde o fuera del sistema pero esta vez por una élite política militar y corporativa que patrocina y en los últimos años canalizado cientos de millones de dólares hacia los militantes de BLM y la producción de propaganda «Antiracista».
Sin embargo, despojadas de puntos de referencia contemporáneos, ambas estrategias son más antiguas que el marxismo. La historia de las élites gobernantes que trabajan con criminales-mercenarios, agitadores y vanguardias culturales para atacar los intereses de la clase media trabajadora normal, por ejemplo, se extiende al Egipto de Akhenaton. Aristóteles observa que los dueños de esclavos dividen sus equipos en hombres de diferentes razas para evitar que se unan contra sus amos. Estas mismas tácticas son empleadas hoy por Amazon, un partidario declarado de BLM. En junio, Jeff Bezos declaró que estaba «feliz de perder» a un cliente que se oponía al apoyo del gigante tecnológico al movimiento; dos meses antes, un informe interno filtrado había revelado que el aumento de la diversidad de la fuerza laboral reduce el riesgo de sindicalización de sus tiendas Whole Foods.
Se repite un patrón general: el mal llamado marxismo cultural (gran despertar progresista) participa en las estrategias delineadas de este tipo pero no las inventa. Aunque el marxismo constituyó, hasta cierto punto, un momento revolucionario en la filosofía política con su giro de la interpretación a la acción, y su respaldo a la violencia política para conseguir el poder mediante un golpe de Estado para establecer lo que el marxismo-leninismo llamó «dictadura del proletariado» (el libro de Carl Schmitt sobre la Dictadura explica bien el concepto marxista además de los muchos otros existentes) su influencia sobre el discurso político se limita a una reivindicación del lenguaje y a lo sumo de su punto «revolucionario» de antes de conseguir el poder, pero siempre haciendo referencia o partiendo de una posición anárquica típica de nuestra sociedad liberal que el marxismo-leninismo despreciaba, y como es típico esa teórica irreductibilidad revolucionaria nunca alcanza la dimensión política clave, que es el Estado, sino una serie de luchas que han sido politizadas por la dialéctica entre estructuras políticas existentes pero que superan las discusión al respecto el Estado como cuestión política fundamental (el caso del feminismo, LGTB y antirracismo son quizá los más claros ejemplos).
La visión de un programa revolucionario del Despertar (o el mal llamado marxismo cultural) de reconstitución de la sociedad corresponde a una lógica mesiánica de Ley Natural no escrita (aunque a veces se hace referencia a documentos escritos como las declaraciones de los Derechos Humanos con nula fundamentación filosófica y simplemente siendo enumerados como ideas-dogma), decir por otro lado que mientras que la visión utópica de una desaparición posrevolucionaria del antagonismo de clases, razas y géneros es por otro lado una visión originalmente una visión especialmente utópica y milenarista (en tanto se plantea una forma de fin de la historia). La idea de un antagonismo central polarizado se deriva de la cosmología maniquea y se repite a lo largo de la historia de los movimientos milenaristas en forma de ideología, que separan rigurosamente a sus seguidores de los señalados como representantes del mal y vigilan violentamente la ortodoxia continuamente. La doctrina de la falsa conciencia que oscurece la divinidad se puede encontrar en formas de gnosticismo, de ahí el famoso análisis de Eric Voegelin de que los movimientos ideológicos más radicales son fundamentalmente gnósticos por naturaleza.
Marx no es el ‘nombre del demonio’ como algunos conservadores plantean, sino solo la forma más familiar de un complejo de tendencias más antiguas y profundas que lo preceden y se expresan a través de él, aún cuando Marx habla de una forma pretendidamente científica en sus escritos. En el contexto de esta historia, el marxismo constituyó un desarrollo curioso en la historia occidental donde el liberalismo decimonónico era reinante, a pesar de no ser una invención original dados los precedentes de movimientos religiosos que proponían formas de protosocialismo incluso en la propia Inglaterra de la Revolución Puritana teniendo como caso claro los Diggers y Levellers como grupos cristianos radicales. Transformando algo muy antiguo a las circunstancias y conceptos de su tiempo, y de una manera diferente a la nuestra, supo expresar en un nuevo lenguaje viejas exigencias.
Como hombre religioso mismo, en cierto nivel, Hazony sin duda es consciente de esto; como tal, la idea central de su argumento quizás se entienda mejor tácticamente, como un intento de revivir la antigua alianza anticomunista de la Guerra Fría entre liberales y conservadores, un objetivo que de hecho afirma explícitamente pero que no puede estar más desconectado de la realidad dada las posiciones de los “liberales”. Sin embargo, en su ansia de luchar en un terreno familiar que ya no existe, algo que aquí hemos llamado como derecha “boomer” (que vive aún inmersa en la cosmovisión y correlación de la Guerra Fría incoherente en el mundo multipolar en el que vivimos), también está cayendo en una trampa. Cabe destacar que BLM no anuncia ninguna filiación marxista, no emplean términos marxistas ni siguen una estrategia marxista. “¿Alguna vez los ha escuchado hablar sobre ‘materialismo histórico’, ‘relaciones sociales’, ‘acumulación capitalista’ o cualquiera de los otros conceptos que son centrales para la ideología marxista? !No! Sin embargo, estas fueron las únicas características que realmente distinguen al marxismo como un conjunto único de ideas de lo que sea que estemos tratando de desentrañar.
El Antifa no solo evita decir algo sobre la economía gerencial contemporánea, sino que apunta a la represión de quienes lo hacen, desafiando el famoso aforismo útil de Horkheimer: «El que no quiera hablar de capitalismo debería guardar silencio sobre el fascismo». Se puede hacer un punto equivalente con respecto al concepto de ‘marxismo cultural’: ¿es realmente plausible imaginar una simpatía intelectual entre figuras como Adorno y Gramsci en el que seguramente el segundo tenga mucho más que ver los movimientos “pseudorevolucionarios” actuales?
Surge la sospecha al respecto los dos polos de esta discusión de que el nuevo movimiento publicita su “revolución” es realmente cuestionable por el tipo de sociedad en el que se produce por la misma razón por la que Hazony y el argumento típicamente conservador que se opone a él, es decir: para apelar al romance de las mismas mitologías revolucionarias y de lucha contra ella que Hazony rechaza pero en las que la izquierda estadounidense salpica. . Las mismas razones que han permitido que lo que Hazony llama marxismo se adapte con éxito a las nuevas circunstancias, y que ignoren un siglo de cien millones de asesinatos con la misma facilidad con que una estudiante universitaria interseccional se quita el vestido por una cámara web, también impiden que su análisis se teniendo éxito estratégicamente.
Aunque repulsivo para Hazony, el marxismo no evoca ni puede evocar el mismo horror más allá del campo antitotalitario ya convencido, en la medida en que es también, paradójicamente, la repulsión lo que atrae a los rebeldes al ‘marxismo’ en primer lugar.
El enfoque de Hazony avanza, pero también se corresponde con los recientes intentos liberales de James Lindsay y Helen Pluckrose, en particular, de identificar las raíces de la nueva ideología Woke en el posmodernismo. Pero, ¿qué es el posmodernismo sino una especie de hiperliberalismo radicalizado? Esto seguramente podamos percibirlo en su obsesión por la libertad de los cuerpos (libertad sexual e interseccionalidad) más la obsesión de la autonomía de todos los individuo al respecto sus relaciones orgánicas (familia, pareja, etc.) mezclado con una retórica de comunitarismo artificialista mediante el Estado que es insostenible en último término sin lazos orgánicos fuertes.
Por otro lado en este sentido para los conservadores el marxismo puede verse como una especie de mecanismo de chivo expiatorio. En el corazón de este problema, y a lo que nuestro análisis debe remontarse es la oposición a un enemigo puramente político que no se es capaz de describir.
Por otro lado decir que los pensadores de una era, especialmente los rebeldes del siglo XIX contra la tradición (entre los que además de muchos otros estaba Marx, sean responsables de la estructura y las condiciones del siglo XX y XXI es ofuscador e injusto. Las implicaciones aparentes en el evento real de dominación de lo que fue a los ojos de un liberal conservador americana el socialismo real seguramente sea diferente de las ideas más radicales o aventureras de cualquiera de estos pensadores dado que la mayoría (incluido Marx) jamás llegaron a ver el advenimiento de una sociedad de masas y el dirigismo económico-gerencial naciente durante el fin del siglo XIX y principio del XX.
Su grandeza residía en el hecho de que percibían su mundo como uno invadido por nuevos problemas y perplejidades que nuestra tradición de pensamiento era incapaz de afrontar. Para ello, es necesario, no precisamente olvidarse del marxismo, sino reconocerlo, paradójicamente, más como un amigo que como un enemigo, a pesar de sus errores históricos pasados ya que aún siendo una tradición política quizá con argumentos rudimentarios, sigue siendo efectivo para tratar de denunciar en lo que se han convertido nuestras sociedades totalmente desarraigadas. Hecho que es consecuencia algo producido por la creencia y la reivindicación del individuo presocial sujeto a derechos inherentes frente a la sociedad y al soberano, el derecho natural, presentado en la ideología de los derechos humanos y la democracia liberal como forma política predeterminada es su justificación moral, somete en este caso al derecho positivo que es en último término la voluntad del soberano. Nada de todo lo anterior lo veremos jamás en el marxismo pero sí como algo común a nuestra sociedad liberal.
Quizá la solución a nuestra civilización sea relativismo y el derecho positivo como la mejor arma contra el cristianismo ecumenista en decadencia del conservadurismo o el universalismo progresista, que se ampara en una supuesta ley natural que no existe. Por supuesto, el Derecho positivo es Soberanía suprema de las leyes nacionales en perjuicio de la «ley natural» (siempre instrumenzalidada por algún centro de poder). El conservador o cristiano ortodoxo, igual que un día de estos se va a dar vuelta la torta y que la ortodoxia se impondrá ante la heterodoxia – pero vienen perdiendo por goleada desde el Siglo XVIII, el progresismo (y no el marxismo es heredero de este juego). Básicamente, para el cristianismo (y el progresismo) toda legislación debe someterse a la ley natural (determinada en derechos inherentes al ser humano y que se justifican a sí mismos por su bondad), sin tener en cuenta que a lo sumo si tienen importancia es porque el Estado los garantiza con su maquinaria coercitiva. La visión positiva emancipa a la ley, volviéndola soberana. Si adoptas la postura positiva, entonces niegas una ley objetiva, absoluta y de validez universal.
La idea de una ley natural no se limita al cristianismo canónico. Ha sido adoptada por liberales, conservadores y progresistas, etc. Ejemplo: derechos humanos, democracia liberal, nociones que, según estas tesis, son superiores y deben ser promovidas e impuestas. Todo un evangelio secular. Con Hobbes entiendes que tienes dos opciones: o someter los asuntos públicos a una ley que le es propia al Estado soberano o aceptas subordinarse una ley que se pretende universal. El derecho positivo es lo que manda el Soberano, tiene una justificación por su origen no por su «esencia».
Por razones relacionadas con nuestro propio horizonte histórico, el drama de la Guerra Fría, nuestra nostalgia por la teología secular de lucha entre el bien y el mal o en este caso entre el mundo liberal y rl marxismo se retiene en la mente de las facultades analíticas de muchos. Pero en la rigidez de este agarre, algo más escapa a nuestro alcance. En última instancia, el marxismo es solo una expresión en la historia más amplia.
¿Cuál es esta estructura violentamente reivindicativa de identidad (nosotros y ellos) y rabia, cuyos elementos se pueden identificar en todas partes, desde prácticamente antes y durante la Reforma, especialmente en el Reino Unido cuando los radicales se distancian del oficialismo de la iglesia Anglicana y forman numerosas sectas -más información consultar las publicaciones sobre la «Construcción de la Inglaterra Moderna concretamente la referida a las sectas de la Revolución Puritana-, el gnosticismo, el París revolucionario, el nacionalismo decimonónico, los juicios de Moscú, el macartismo, el wilsonianismo o la revolución cultural maoísta?
Al escribir sobre Ur-Fascismo, Umberto Eco calculó mal drásticamente. Lejos de constituir un invariante histórico, el fascismo, desarrollado originalmente por el exsocialista italiano Mussolini, fue una variación de estos revuelos religioso-seculares similares al estalinismo (bastante asegurado de la lealtad al centro soberano), o (para aplicar un vocabulario más antiguo), de ahí la intensa rivalidad mimética entre los bolcheviques, la democracia liberal y especialmente las potencias del Eje con los primeros. El fascismo italiano en particular nunca fue nada más que un momento histórico específico en la Europa industrial de entreguerras, como un veterano desmovilizado combinado con las contradicciones del Risorgimento y la debilidad política liberal para intentar un salto mortal futuro-modernista, esta gravitación perpetua hacia el poder de un impulso secularizador que buscaba revolucionar la sociedad mediante el nacionalismo y la potenciación del Estado, todo esto una historia más larga y profunda que se inicia tranquilamente con la construcción de los Estados modernos.
Pasando por el nihilismo en la Rusia imperial prerrevolucionaria, o el posmodernismo en la América imperial tardía, la humanidad desnuda regresa a movimientos de este tipo, la respuesta eterna a una pregunta que nadie hizo, o que se olvidó de hacer: el deseo religioso insatisfecho reconducido bajo nuevas ideas seculares de realización de la utopía en la tierra. No hace falta ir más lejos que a frases hechas utilizadas por líderes de progresistas de renombre como Obama, sin ir más lejos para su último libro A PROMISED LAND (Una tierra prometida) para ver el mesianismo difícilmente aceptable bajo los ojos pretendidamente científicos del marxismo ortodoxo.
Todos los que no estén viviendo una realidad paralela pueden sentir el estancamiento y el declive que nos rodea en Europa y en EE. UU, aunque el caso lo aplicaremos al caso estadounidense . Muchos pesimistas piensan que nuestros países creen que nuestros sistemas colapsarán en unas cuantas décadas a causa del envejecimiento, sin embargo, el declive sería como el de Roma occidental, donde las élites estaban de acuerdo con que los invasores bárbaros reemplazaran a los nativos mientras mantuvieran sus propiedades. Es complicado saber si esto ocurrirá o si todavía es posible, pero nuestro declive dentro de la civilización occidental puede tener un inconveniente. Estados Unidos como «core state» (estado núcleo) será el marco de referencia pero problemas de este tipo pueden ser aplicados a España, Reino Unido, Alemania o Francia (obviando las diferencias internas) puede ser socialmente tan degenerado como Weimar o económicamente tan corrupto como el antiguo régimen de Francia, pero estructuralmente se parece más al Imperio Austro-Húngaro.
La ruptura estadounidense parece más atractiva a medida que avanzamos. Encuestas recientes han mostrado porcentajes extrañamente altos de estadounidenses que apoyan la secesión de sus Estados. ¿Y si Estados Unidos no está destinado a un colapso, sino a una ruptura? La fuerza con que la élite actual aguanta sin cambios puede ejercer presión creando una mayor fragmentación interna. Un ejemplo histórico que Estados Unidos podría estar avanzando es el desmantelamiento del tipo del Imperio Austro-Húngaro.
El Imperio Austro-Húngaro fue uno de los viejos enfermos de Europa que se enfrentó a unas pocas crisis políticas en su último siglo de existencia que amenazaron la estructura misma de su existencia debido a su carácter polarizante entre las naciones que constituían ese Imperio. El gran estadista Metternich estaba constantemente presionando para conseguir permanentemente la paz, usando la diplomacia y citando tratados para evitar que se repitiera «la Revolución» (temor principal de la dinastía Habsburgo como una de las últimas dinastías del Antiguo Régimen) y para prevenir las costosas guerras, ya que las finanzas de la AHE siempre estuvieron en pésimo estado. El propio hombre promulgó un sistema interno de censura política, lectura de cartas de disidentes y espionaje por parte Metternich, pero su sucesor lo utilizó con mayor eficacia.
Después de Metternich, hubo un compromiso político interno , pero en realidad, el imperio era un imperio compuesto multiétnico con pocos motivos para mantener todo unido. Esto se reveló cuando las crisis externas en el complicado entorno europeo en el que fueron forzados a participar por parte del Imperio Austro-Húngaro. Grandes pérdidas durante la Gran Guerra, así como tropas desleales, movimientos separatistas que se rebelaron activamente, inflación masiva y el desmoronamiento o descrédito de los militares que estaban dirigiendo el poder en los últimos años.
Por otro lado, el sistema parlamentario que nunca agradó a la Monarquía austriaca que veía sus competencias mermadas por la común dialéctica existente en países que mantuvieron ciertas instituciones del Antiguo Régimen y el Parlamentarismo liberal- decimonónico. En abril de 1897, el primer ministro Badeni intentó concesiones lingüísticas a diferentes grupos, pero esto enfureció a los alemanes, especialmente a los burócratas alemanes que habían engrosado las filas administrativas del Imperio. Ese mismo abril vio la aparición de partidos étnicos como el húngaro (que cobró poder) y eslavos además de la disidencia anarquista y socialista habitual que estaba más fuertes que nunca. La fragmentación y la escasa homogeneización interna además de la nula percepción de intereses comunes a todos los constituyentes dañaba las posibles mejoras desde un poder central activo. No era solo político, sino social, ya que ¿qué sentimiento de cohesión tenían los campesinos en Eslovenia con los vieneses o con los magiares con tendencias más feudales? Cada intento de reforma durante el reinado de Francisco José I fue saboteado porque algún grupo de interés lo suficientemente poderoso lo detendría (suena familiar a nuestras democracias).
Oscar Jaszi escribió el buen “La disolución de la monarquía de los Habsburgo” y, a pesar de estar demasiado entusiasmado con la promesa de un sufragio extendido como solución holizadora (igualadora dentro del Imperio), señala motivos que mantuvieron unida a la AHE y motivos que la separaron a parte de la dialéctica de Imperios entre las potencias centrales que tanto en el caso. El ejército, la aristocracia, la situación económica que era de crecimiento lento con un control masivo por parte de unos cuantos banqueros internacionales/extranjeros más otros bancos con sede en Viena debido a que las empresas tenían poco capital disponible propio para utilizar en general para cualquier proyecto.
Las cosas que destrozaron el Imperio Austro-Húngaro fueron el nacionalismo fraccionario que era antagónico con la idea de Imperio, el antagonismo entre los dos grupos de peso pesado (alemanes-magiares), la falta de un sistema de educación que promoviera la unidad y el irredentismo de algunos grupos o lo que llamaríamos secesionismo o separatismo. ¡Incluso había alemanes en Austria que querían un Anschluss con la Alemania de Bismarck! También hubo corrupción dentro del gobierno y los intereses comerciales, actuando como si hubiera una puerta giratoria. La crisis de la Gran Guerra por otro lado empujó al Imperio al precipicio con la ayuda de los aliados que deliberadamente estaban interesados en trocear el país centroeuropeo, pero no es demasiado absurdo ver paralelismos con la América de hoy.
Se asemeja salvando las obvias diferencias al mapa del censo de 2010 del NY Times con filtro de raza activado. Estados Unidos es un Imperio con una mezcla de etnias dentro de sus fronteras. Algunos de estos grupos tienen barreras lingüísticas específicas, otros culturales y todos están atomizados en sus pequeñas unidades étnicas. Estas etnias mixtas también son genética y racialmente más dispares que los grupos que estaban incluidos en el Imperio Austro-Húngaro. Las reuniones demócratas se parecen a Sion (ciudad multicultural) en The Matrix en comparación con un Congreso del Imperio Austro-Húngaro También hay una importante división «germano-magiares» dentro de los Estados Unidos. Los alemanes eran vieneses en cultura y notablemente cosmopolitas, mientras que los magiares eran más feudales y agrícolas.
Esto se adapta bien a los blancos de élite del interior y la élite de los blancos de la zona costera en EEUU. Curiosamente otra pregunta que surge al respecto es la siguiente: ¿Qué cantidad de ideas culturales liberales (progresistas en EEUU) modernas se basan en élites de la zona de Nueva Inglaterra y Nueva York?
Hay otro grupo que tuvo un ascenso meteórico en Viena con una sobrerepresentación en todos los puntos de poder (excepto los militares) similar a su posición actual en Nueva York sin tratar de llamar a la conspiración, de los 2 millones de habitantes de Viena entre 150.000 y 200.000 eran judíos. Estos tenían una gran penetración en puestos de influencia en numerosos estamentos culturales y académicos de importancia.
Yendo al caso de EEUU tenemos una élite gerencial que necesita una escala masiva y centralización para que puedan mantener el control. Centralizar las finanzas a través de la dependencia de la FED alimenta su sistema. Nuestro complejo industrial militar necesita el Imperio y la centralización. También tienen que luchar por nuestros acreedores extranjeros para mantener el reciclaje de petrodólares. No es solo económico, sino simbólico.
EEUU tiene un ejército alrededor del cual los blancos anglosajones se unen, pero no tiene el efecto de unión entre nacionales de los días de la Segunda Guerra Mundial y las posteriores décadas. Sin embargo, la destreza militar estadounidense es la única característica restante que el hombre común de EEUU disfrutará y respetará. Sin embargo, el movimiento progresista americano (heredado por anteriores administraciones republicanas y demócratas) que ha utilizado la bandera para la incursión en Ucrania, Libia, Siria, Afganistán y Irak lo ha demostrado.
También tenemos un sistema de educación por otro lado en Europa en menor medida y en EEUU más concretamente que realiza propaganda que educa la obediencia a la nueva autoridad distribuida del progresismo (no formalizada) mientras adecuada al tiempo que alienta a las minorías a protestar y odiar el mismo sistema que realmente las necesita y protege. Es una yuxtaposición interesante. Todavía tengo que conocer a un padre que esté contento con el sistema educativo, incluso si les gusta su escuela específica.
En el caso del Imperio Austro-Hungaro siguió avanzando pesadamente, apoyado por Alemania como su aliado confiable. Se necesitó un problema interno (los Balcanes) para forzar su defunción y crear un problema externo que los destruyó. A su vez, a diferencia de los países occidentales actuales no tenían un sistema de asistencia social de transferencia financiera gigante para mantener feliz a la gente, que es una gran diferencia entre el decadente Imperio y los Estados Unidos además de Europa. El dinero fácil mantiene a las personas descontentas de acuerdo con un sistema, ya sea asistencia social o dinero fácil para que las familias de clase media compren cosas para sentirse mejor que las clases bajas y estabilizar el sistema.
Por eso el sistema de Estados Unidos y Europa se basa en esas bajas tasas de interés. Las encuestas sobre la secesión en EEUU ya muestran un porcentaje extrañamente alto de estadounidenses que apoyan la separación de algunos estados de la Unión, y todavía no se ha tomado una sola decisión económica o financiera difícil que trate los problemas a largo plazo.
Algunos hispanoamericanos lideran el apoyo a la secesión, por lo que hay sombras de irredentismo étnico. El 53% de los antiguos Tea Party apoya la secesión de una parte de los Estados. Cuanto más joven es, mayor es apoyo. Al igual que el Imperio Austrohúngaro algunos grupos étnicos tienen enclaves y comunidades propias de las foráneas. Considere las economías y poblaciones de diferentes estados (o grupos regionales) en relación con otras naciones del primer mundo. En algún momento, el dólar perderá su principal condición de moneda de reserva, habrá un impacto en el dólar o en las tasas de interés y pasaremos por la transición. El Imperio necesitaba una guerra, el descrédito del ejército y la clase dominante y fricciones internas antes de que la autodeterminación se convirtiera en un objetivo apoyado principalmente por EEUU y más concretamente por Wilson.
Incluso al final, fue una fuerza externa que empujó a los actores internos del Imperio de de Austria-Hungría, que los estados estadounidenses pueden necesitar. Si bien los Estados Unidos tienen 50 gobiernos estatales en funcionamiento que permiten una disolución conceptual, habrá quienes estén tan hundidos en el sistema actual que lucharán contra él. La sobreproducción de élites hará que algunos deseen ser peces grandes en estanques más pequeños. Hungría declaró su independencia, rompiendo todos los lazos con la mitad austriaca. Dentro de Hungría, los líderes se acusaron mutuamente de traición o de ser agentes extranjeros. Los rumanos en Estados Unidos advirtieron que esto era un ardid para engañar a los aliados; Tenga en cuenta que la advertencia rumana era falsa, pero aún así se publicó en los periódicos mundiales.
Hungría declaró su independencia, mientras que Bohemia, los checos y en menor medida los eslovacos expresaron deseos cada vez más fuertes de libertad, creando una «opresión histórica» que requería atención de la nada. El emperador del Imperio de Austria-Hungría propuso el federalismo para apaciguar tanto a sus súbditos como al presidente Wilson. Esto fue rechazado y Estados Unidos prendió fuego para liberar a los grupos étnicos que forman el Imperio, animándolos a buscar su independencia. El New York Times incluso publicó el rechazo del secretario de Estado Lansing al plan del emperador. Los checos fueron apoyados pero también utilizados como carne de cañón en Rusia por los aliados.
El apoyo tuvo un costo. ¿De que sería útil para los ciudadanos estadounidenses que ven el leviatán del gobierno de Estados Unidos por lo que es educar a sus conciudadanos o al menos discutir sobre Rusia y China en términos neutrales o favorables?
Hoy en día China dice diferentes sistemas para diferentes naciones; Rusia ve el imperio de Estados Unidos por lo que es un nido de halcones que le acosan en sus fronteras de Asia central y Europa del Este. Ambos tendrán un interés personal en dañar a la hegemonía actual animando a los disidentes internos. El New York Times incluso publicó la debilidad de Estados Unidos que al parecer puede derrotar limpiamente a entidades como Al-Qaeda, los talibanes o los insurgentes iraquíes.
Mire el mapa de puntos raciales de Estados Unidos nuevamente y piense en las inclinaciones políticas de los Estados más los conflictos generados entre estadounidenses tradicionales y la ideología progresista y su retórica incendiaria de las minorías haciéndolas creer que se encuentran sistemáticamente oprimidas (generando artificialmente un sujeto subersivo futuro para potencias extranjeras). Cuando se acabe el dinero, ¿qué partido puede tener más culpa de las promesas vacías? ¿Qué pasa si algunas poblaciones emigran a lugares más seguros para ellos?
La gente buscará orden y seguridad para sus familiares y amigos, y sabrá instintivamente que la diversidad más cercana es igual a tasas de conflictividad social alta. Parece que el Imperio Austro-Húngaro es un modelo recurrente para la ruptura de un Estado sin homogeneidad interna, algo que comparte de forma creciente con EEUU. ¿La cuestión final es si existirá un Estados Unidos al respecto Austria-Hungría después de la IGM que trate de fragmentar en su peor momento al hegemón americano? Aunque esto ya es contenido para otra historia.
Para quienes estén familiarizados con sus escritos más famosos, puede parecer que Carl Schmitt es un enemigo del liberalismo. En textos como El concepto de lo político (1932) y Legalidad y legitimidad (1932), Schmitt criticó la República de Weimar y la tradición liberal, cuyas debilidades parecía encarnar Weimar. El liberalismo, argumentó Schmitt, depende de neutralizaciones sistemáticas: ficciones por el cual todos los individuos y puntos de vista son imaginados como iguales, y por el cual las confrontaciones de la vida política parecen transformarse en debates pacíficos regidos por reglas con resultados indeterminados y abiertos. Sus escritos durante antes del III Reich respaldaron una nueva comprensión de la política en la que tales procedimientos engañosos son reemplazados por las decisiones de un líder cesarista y carismático que actúa en nombre de un pueblo homogéneo contra sus enemigos internos y externos. Curiosamente lo que se suele llamar por el periodismo bienpensante como los “radicales de derecha e izquierda” se han inspirado en el análisis del liberalismo de Schmitt y llaman a ir más allá hacia una teoría realista y comprometida que reconozca los conflictos insuperables en el corazón de la política.
En su ensayo de 1960 «La tiranía de los valores», sin embargo, Schmitt reconsideró el liberalismo. Abogó por un orden legal neutral que al menos pretendiera respetar todos los puntos de vista y disfrazará la naturaleza violenta y aterradora de lo político. La política, argumentó, no debería imponer “valores” ( Werte ) a los individuos, sino que debería ofrecer el tipo de orden legal neutral en cuanto a valores ( Wertfrei ) y ficciones neutralizadoras que había criticado en sus escritos de la era de Weimar. Schmitt basó este argumento tanto en un relato histórico de la idea de «valores» como en un relato psicológico de lo que es ser un ser humano creando e imponiendo valores en el mundo.
Para comprender lo que expresa Schmitt en su crítica de los «valores» se requiere un contexto adicional, particularmente porque el concepto de «valor» tenía un significado específico en la filosofía y la cultura política de su época que ya no tiene en la nuestra. Trabajar a través de este contexto histórico permite apreciar no solo el significado de la «Tiranía de los valores» dentro de la trayectoria intelectual de Schmitt, sino, lo que es más importante, ver lo que su llamado de posguerra a una política de valores neutrales, algo que podría tener que enseñar a los liberales mismos que jamás consiguieron esa utopía de la imparcialidad.
Como los escritos antiliberales anteriores de Schmitt continúan fascinando a los intelectuales en Occidente y, cada vez más, en China, las circunstancias de este llamado a la neutralidad de valores y los argumentos que lo sustentan merecen una atención cuidadosa. Mucho de lo que circula en nuestro discurso contemporáneo se hace eco de las críticas al liberalismo de la era de Weimar de Schmitt. Desde sectores de opinión tan variados como los conservadores desilusionados por sus derrotas en la guerra cultural hasta los “radicales de izquierda indefinida” ansiosos por rehacer Occidente en torno a nuevas doctrinas de «antirracismo», se escucha que la neutralidad es imposible hasta marxistas ortodoxos asombrados bajo el pensamiento decisionista del alemán.
En estos relatos, tanto el realismo político como la seriedad moral exigen una confrontación con el carácter abiertamente partidista y cargado de valores que avanza a un todo politizable, desde la ley hasta los actos de discurso privado. A este conjunto de posturas posliberales, o antiliberales, el Schmitt de la posguerra ofrece una advertencia: tal confrontación sólo puede resultar en una catástrofe, de la cual los útiles mitos del liberalismo han sido funcionales para una aparente época de lo que Baudrillard denominaba el fin de las grandes narrativas.
La obra de Schmitt nunca puede leerse en abstracción de la política, como nos recuerda Zeitlin. En Concepto de lo político , Schmitt insiste en que «todos los conceptos, imágenes y términos políticos tienen un significado polémico». Algo “polémico” no es meramente un tema controvertido, sino una cuestión de tal intensidad que crea un estado de “polemos” (guerra). Schmitt define lo político como aquello que tiene que ver con la distinción entre «amigo y enemigo», que lleva el conflicto al «grado máximo de intensidad», es decir, a la guerra.
Los “conceptos políticos” para Schmitt son el centro de la definición de la amistad y la enemistad, es decir que dan posibilidad a una guerra o conflicto. Los conceptos políticos, afirma Schmitt, «se centran en un conflicto específico y están vinculados a una situación concreta». No revelan verdades duraderas sobre la naturaleza humana. Más bien sirven a las estrategias y tácticas retóricas que, por el momento, parecen convenientes para una parte cuando ataca a otra. Todas las ideas políticas, por tanto, son «incomprensibles si no se sabe exactamente a quién afectarán, combatirán, refutarán o negarán», Gustavo Bueno lo ejemplificaba afirmando que siempre se pensaba en contra de algo o alguien. Por lo tanto, hay que preguntarse qué intención polémica había detrás de la afirmación de Schmitt de que todos los conceptos políticos tienen una intención política , y qué enemigo pretendía negar esta afirmación.
Al aplicar estos principios hermenéuticos a la “Tiranía de los valores”, Zeitlin afirmaba que el texto era parte de una estrategia más amplia para rehabilitar a quienes habían apoyado al III Reich. En «La tiranía de los valores», así como en textos como «Amnistía, o la fuerza del olvido» (1950), Schmitt argumentó que los ex nazis estaban siendo perseguidos por el estado de Alemania Occidental de posguerra, que utilizaba el concepto de «valores universales ”Para mantener a sus antiguos enemigos fuera del proceso político”. A los principales pensadores y funcionarios de la era del III Reich como el propio Schmitt se les prohibió enseñar y sus escritos fueron censurados. Este trato supuestamente injusto se hizo en nombre de los “valores” oficiales de Alemania Occidental de proteger la democracia desde puntos de vista antidemocráticos, valores que estaban consagrados en su constitución, la Ley Básica de 1949 para la República Federal de Alemania.
Schmitt, sin embargo, había sido uno de los principales defensores de la idea de que la constitución alemana debería proteger los «valores». En su Legalidad y legitimidad de 1932 , Schmitt atacó al régimen de Weimar por su falta de referencia a los valores, y argumentó que el apego de sus defensores a un liberalismo supuestamente «neutral en cuanto a valores» sería su ruina. El Estado de Weimar, como los estados liberales en general, era solo un caparazón formal y legalista de principios vacíos, afirmó Schmitt. La constitución ofrecía «la misma oportunidad de alcanzar el poder político» a cualquier partido que pudiera ganar las elecciones, incluso si esos partidos, como los nacionalsocialistas y los comunistas, prometían instalar un régimen autoritario una vez en el poder. Los defensores de Weimar reconocieron demasiado tarde que la única forma de salvar la esencia de la constitución era suspender algunos de sus principios, como las elecciones abiertas, y derogar los derechos de quienes se oponían a la democracia.
En el epílogo de 1958 a la reedición del texto, Schmitt intentó convencer a los lectores de que la legalidad y la legitimidad tenían la intención de “salvaguardar la última esperanza de la Constitución de Weimar desde una forma de jurisprudencia que se negó a plantear la cuestión del amigo y enemigo de la constitución ”. Citó documentos de la posguerra que sugerían que la nueva constitución de Alemania Occidental se había inspirado en sus críticas. Los defensores de la constitución ya no permitirían que se expresaran opiniones antidemocráticas; suspenderían el derecho a la participación política de quienes se oponían al régimen, tal como Schmitt les había instado a hacer para ser coherentes en 1932.
El alemán aquí da una respuesta innovadora a las afirmaciones anteriores del propio Schmitt de que el liberalismo es incapaz de reconocer los conflictos de valores que constituyen la vida política actualizándose en este sentido tras la posguerra de la IIGM. Dar sentido a esta respuesta requiere no solo que tengamos en cuenta que «Tiranía de los valores» es una polémica contra el estado de Alemania Occidental.
La genealogía de los «valores»: tecnología, nihilismo y politeísmo, avanza la tesis de que el gobierno de Alemania Occidental de la posguerra no solo utilizó la retórica de los “valores” democráticos para silenciar a los ex-nazis, sino que los valores son, inherentemente, motores de violencia política. Una política basada en valores es una política persecutoria. Esto último al parecer el liberalismo afirma nuestro autor que los actores políticos generan la ficción de que el Estado es indiferente a la diversidad de valores de sus ciudadanos y que todos los puntos de vista están protegidos por los mismos derechos universales.
Para hacer afirmaciones que realiza en la tiranía de los valores, Schmitt se involucra en un argumento histórico indirecto sobre el origen de la «filosofía de los valores». Esboza una genealogía de cómo los «valores» se convirtieron en un tema central del pensamiento alemán moderno, tomado de Heidegger, y en particular del yo de Heidegger «La palabra de Nietzsche: ‘Dios ha muerto'» (1950).
Heidegger, según Schmitt, sostiene que la cultura europea del siglo XIX fue lanzada a una “crisis de nihilismo” por el surgimiento de la tecnología industrial y el pensamiento científico, especialmente cuando este último comenzó a aplicarse a los seres humanos en las ciencias sociales emergentes. El creciente poder de las disciplinas e instituciones que concebían a la sociedad como un conjunto de comportamientos y normas predecibles y manejables «amenazaban la libertad del ser humano y su responsabilidad religioso-ético-jurídica». Los seres humanos se convirtieron en un objeto más a estudiar y manipular a través de los instrumentos de los expertos.
Las otrora prestigiosas e influyentes disciplinas de la teología, la filosofía y la jurisprudencia, mediante las cuales los individuos habían tratado de usar su razón para articular leyes para la acción humana, se basaban en una concepción de los seres humanos como de naturaleza estable, transhistórica y una medida inalienable de libertad, y por tanto responsabilidad. A medida que los seres humanos fueron transformados por la sociedad industrial y las nuevas ciencias sociales en partes cada vez más intercambiables de una masa social manejable, cada vez más distante de las normas tradicionales, estas premisas ya no parecían evidentes por sí mismas.
El nihilismo, en la lectura que hace Schmitt de Heidegger, es el sentido de que la vida humana no puede parecer significativa en una sociedad así. Si se puede entender que nuestras acciones están determinadas por procesos biológicos, psicológicos y sociales que pueden ser estudiados (y manipulados) científicamente, entonces parece que no hay libertad para los seres humanos y, por lo tanto, no hay significado para sus vidas, todo se reduce a una conjunción de hechos mecanicistas encadenados.
Respondiendo a la crisis del nihilismo que surgió de esta necesidad insatisfecha, surgió la “filosofía de los valores” a fines del siglo XIX. Formada por pensadores como Friedrich Nietzsche, esta filosofía sostenía que hay un «reino de valores» fuera y en oposición al «reino de un ser únicamente definido causalmente» (es decir, el reino en el que la ciencia determinista explica el comportamiento humano). En el ámbito de los valores, los seres humanos plantean significados y distinciones, estableciendo estándares de belleza y fealdad, bien y mal, etc. Las distinciones que encontraron los dominios estético, moral y otros como áreas específicas dentro del ámbito de los valores no tienen base en un orden racional inmutable. En cambio, son hechos por seres humanos particulares en momentos particulares, y surgen de actos contingentes, arbitrarios de «establecimiento de valores» (Wertsetzung).
Podría parecer que la «filosofía de los valores» rescata la libertad humana del determinismo científico y de la desesperación nihilista. Sin embargo, nos obliga a abandonar la idea de que nuestra postura de valores tiene una base racional. Debido a que son completamente “libres”, nuestras diversas evaluaciones de la belleza, la bondad, etc., no pueden verse como participando en mayor o menor grado en lo Bello o lo Bueno, o en algún otro dominio ideal contra el cual se puedan medir los valores. El «reino de los valores», en este sentido, no es tanto autónomo como anárquico. Así, los conflictos opuestos entre diferentes concepciones del valor, entre diferentes áreas de valores (como la estética y la moral), o entre diferentes sociedades organizadas en torno a diferentes valores, no pueden resolverse apelando a la razón.
Aquí Schmitt revela sus deudas no solo con Heidegger sino también con Max Weber. En su conferencia de 1918 «La ciencia como vocación «, a la que asistió Schmitt, Weber explicó que tal comprensión de los valores implica que tanto los valores como los seres humanos están necesariamente en conflicto. Entre diferentes estándares de valor, no puede haber ni un debate real ni un orden racional general. En cambio, hay un «politeísmo» de valores rivales, cada uno un «dios» para aquellos que creen en él. Es posible que podamos mantener una especie de pluralismo de valores, acomodando la adoración de todos estos dioses con un espíritu de tolerancia. Pero, advirtió Weber, «diferentes dioses luchan entre sí, ahora y para siempre».
Schmitt observa que Heidegger consideraba que la “filosofía de valores” había sido un fracaso y que el politeísmo de Weber no tenía ninguna solución. La idea de que nuestras experiencias de belleza, bondad y cosas por el estilo se basan en actos de «establecimiento de valores» le pareció a Heidegger como un «sustituto positivista de lo metafísico». Pensó que era necesario volver a las cuestiones fundamentales de la metafísica y luego ir detrás de ellas, deshacer la serie de errores intelectuales que habían conducido al determinismo científico y, por tanto, al nihilismo y la «filosofía de los valores». Pero Schmitt no respalda la sugerencia de Heidegger de que la “filosofía del valor” había entendido mal el carácter de la moralidad, la estética, etc. Tampoco dice que la filosofía del valor acertó y reveló con sinceridad el carácter de establecimiento de valores de la psicología humana.
En cambio, en «La tiranía de los valores», mantiene una relación ambigua con Heidegger, utilizando la genealogía de la «filosofía del valor» de este último, pero ignorando que Heidegger pretendía que esta genealogía inspirara un rechazo de la noción misma de «valores». Esto permite a Schmitt tratar la descripción de la filosofía de valores del conflicto interminable de valores irracionales como verdaderos, al menos mientras Schmitt necesite que sea cierto con el fin de socavar el lenguaje de valores de la constitución de Alemania Occidental.
El ataque de Schmitt a la constitución de 1949, el objetivo real detrás de su genealogía de valores, le obliga a respaldar la opinión de que la genealogía de la filosofía del valor de Heidegger es históricamente precisa, pero también que la filosofía del valor describe verdaderamente la naturaleza humana. Aquí debemos tener en cuenta el punto de Zeitlin sobre la aplicación de la hermenéutica de Schmitt a sus propios escritos. De acuerdo con los principios de interpretación de Schmitt, un pensador siempre usa un concepto con un propósito polémico (es decir, bélico) o con múltiples propósitos a la vez. Como dice en Concepto de lo político , “una palabra o expresión puede ser simultáneamente reflejo, señal, contraseña y arma de un enfrentamiento hostil”.
Así como una afirmación de la verdad es siempre polémica (atacar a algún objetivo), también es siempre histórica, o «sólo es cierta una vez». Así lo afirma Schmitt en un ensayo de 1955, “La estructura histórica de la oposición mundial contemporánea. Notas sobre el texto de Ernst Jünger». Vale la pena citar el pasaje en su totalidad, ya que revela la combinación de astucia y franqueza con la que Schmitt habló sobre el tema de la verdad histórica. Cuando los seres humanos «se creen históricos y se aferran a lo que solo fue cierto una vez, olvidan que una verdad histórica sólo es cierta una vez». Es decir, si nos encontramos en una situación histórica en la que predomina el pensamiento historicista (en la que nos preguntamos, como hace Heidegger, por ejemplo, cómo son los seres humanos en nuestro momento histórico concreto y no como tal para todos los tiempos) entonces (y quizás solo entonces) es cierto que las afirmaciones verdaderas solo son verdaderas «una vez», es decir, en un caso histórico particular. En la medida en que no creemos en una naturaleza humana duradera, las verdades solo son válidas para nosotros para algún propósito específico y por una duración limitada. Así, Schmitt les dice a los lectores con bastante franqueza que cualquier afirmación que haga sólo debe ser considerada verdadera durante un tiempo indefinido, así como les dice que estas afirmaciones siempre apuntan al corazón de algún enemigo interno o externo.
Una respuesta a Strauss: . En “La Tiranía de los valores”, Schmitt rompe con algunas de las principales afirmaciones de su obra anterior. Presumiblemente, su momento de verdad histórica había pasado. No sólo abandona la crítica del liberalismo neutral en valores que se adelantó en Legalidad y Legitimidad, sino también la comprensión de los “valores” sobre los que se habían construido los principales argumentos del Concepto de lo político. Esta ruptura fue, como sugiere la propia hermenéutica de Schmitt, una respuesta polémica a una situación histórica específica en la Alemania de posguerra. Pero también fue una respuesta filosófica a las críticas que Leo Strauss había planteado sobre la comprensión de Schmitt de los «valores» en su comentario de 1932 sobre el concepto de lo político. Schmitt en ninguna parte menciona a Strauss en «La tiranía de los valores», pero su aparente giro hacia el liberalismo es incomprensible sin hacer referencia a su diálogo de larga duración. . En Concepto de lo Político, Schmitt se basó en Weber para argumentar que la política es una de las áreas distintas dentro del ámbito de los valores, como la estética y la moral. Así como estos últimos dependen, respectivamente, de actos de valoración que distinguen la belleza de la fealdad y el bien del mal, la política sólo es posible porque distinguimos amigos de enemigos, personas que comparten nuestra forma de vida de quienes la amenazan. Los valores de la amistad y la enemistad no tienen ni requieren una base racional, ni necesitan referirse a ningún otro tipo de valores (no tenemos que creer que alguien es feo y malo para odiarlo).
El liberalismo, afirma Schmitt, no reconoce «la naturaleza objetiva y la autonomía» de la política. Los liberales, por tanto, imaginan que la amistad y la enemistad, como los valores estéticos y morales, pueden acomodarse en el tipo de politeísmo que describió Weber. Aquí Schmitt rompió con Weber, o radicalizó el pesimismo de Weber, para insistir en que los liberales no comprenden que lo que hace que los valores políticos sean diferentes de otros tipos de valores es su peligrosa intensidad. Uniéndonos a otras personas en un grupo de amigos opuestos a algún enemigo, el establecimiento de valores políticos nos lleva a la posibilidad extrema de un conflicto violento.
Este malentendido por parte del liberalismo puede parecer que hace que los liberales sean ingenuos y que su forma preferida de gobierno quede expuesta de manera única a los peligros no reconocidos del desacuerdo político. Pero precisamente porque los liberales no pueden imaginar que hay un área distinta de la política, separada de la moralidad y otros tipos de valores, transforman los conflictos políticos en morales. Incapaces de ver a sus enemigos simplemente como enemigos (sin valoraciones morales involucradas), los liberales los imaginan como malhechores que deben ser eliminados. Las luchas políticas moralizadas dentro de las democracias no solo son hipócritas (los liberales no admiten que ni siquiera estén haciendo política) sino también «inusualmente intensas e inhumanas».
Como señaló Leo Strauss en su comentario al texto, Concepto de lo político define la relación entre valores y política de una manera inconsistente. Por un lado, Schmitt tomó de Weber la idea de un reino de valores dividido en distintas regiones, de las cuales la política es solo una. Bajo esta luz, el error del liberalismo fue haber ignorado una región particular del reino de los valores, y la tarea de Schmitt en Concepto de lo político fue llamar la atención sobre esta área descuidada. Por otro lado, Schmitt argumentó que cualquier valor puede volverse político si se vuelve lo suficientemente intenso como para crear la distinción entre amigos y enemigos. Esto significa, como observó Strauss, que de hecho todo acto de establecimiento de valores es potencialmente político y una causa de luchas mortales.
Schmitt tomó en serio la crítica de Strauss, como ha demostrado Heinrich Meier. Hizo cambios en la edición posterior del texto para alejarse de su formulación anterior de la política como un dominio del reino de los valores, afirmando más claramente que todos los valores pueden adquirir una dimensión política. Sin embargo, estas revisiones no abordaron las implicaciones más importantes de los comentarios de Strauss. Si, como sugirió Strauss, en lo que Schmitt estaba realmente trabajando era en la noción de que todo establecimiento de valores como tal es político, entonces había pocas bases para criticar al liberalismo por moralizar los conflictos políticos. La crítica de Schmitt al liberalismo dependía de la posibilidad de mantener distintas áreas del reino de los valores entre sí. Pero, como observó Strauss, esto es imposible si todos los valores pueden volverse políticos. El intento de Schmitt en el Concepto de lo político limitar la intensidad de los conflictos políticos manteniéndolos distintos de las cuestiones morales es, por tanto, absurdo.
En Tiranía de los valores, tres décadas después del Concepto de lo político, Schmitt finalmente asumió todas las consecuencias de la crítica de Strauss, reconociendo que la fijación de valores de cualquier tipo podría convertirse en una fuente de conflicto político. Pero en lugar de utilizar esta visión radical como base desde la cual terminar la crítica del liberalismo que había comenzado en la era de Weimar, Schmitt ahora argumentó que reconocer la dimensión política inherente del establecimiento de valores es una amenaza aterradora para la humanidad.
La violencia derivada de la moralización política:
“Tiranía de los valores” ofrece una visión de la existencia humana como el juego de impulsos de fijación de valores que nos llevan al conflicto político, es decir, a la enemistad y al riesgo de muerte. Sólo negando y disfrazando el carácter peligroso de todo establecimiento de valores, sugiere Schmitt, podemos darnos alguna medida de protección contra el potencial de violencia inherente a los actos psicológicos básicos mediante los cuales damos significado al mundo.
Después de rastrear la historia de los «valores» como concepto en la filosofía alemana, Schmitt extrae las consecuencias de las afirmaciones hechas por la «filosofía del valor». Observa que “la libertad puramente subjetiva de establecer valores” no puede estar contenida en el tipo de politeísmo tolerante que Weber había esperado. Más bien, conduce a una condición peor incluso que la del «antiguo bellum omnium contra omnes» . de Thomas Hobbes «. Hobbes fue una figura central en los escritos de Schmitt anteriores a la guerra, como Concepto de lo político en Doctrina del Estado (1938) de Thomas Hobbes. También tiene un papel fundamental en «La tiranía de los valores», proporcionando un modelo mediante el cual un miedo generalizado al conflicto puede justificar la creación de un orden político.
En el relato de Hobbes, podemos imaginar a individuos en un “estado de naturaleza” antes de la existencia del estado político viviendo en constante temor a una muerte violenta a manos de otras personas. Incluso si no hay violencia en un momento en particular, señaló Hobbes, las personas aún deben temer que estalle. Otras personas son siempre capaces de cometer violencia, y el miedo de los individuos a los demás podría conducir, por sí mismo, a un conflicto. La omnipresente posibilidad de violencia hace que el estado de naturaleza sea tan aterrador que cualquier persona razonable trataría de escapar de él, incluso al precio de la obediencia a un gobernante.
Schmitt insiste en que las cosas están peor de lo que pensaba Hobbes. Los individuos no se temen tanto como agresivos, iniciando conflictos para imponer sus valores. El “establecimiento de valores”, argumenta Schmitt en un esbozo de psicología que le debe mucho a Nietzsche, comienza en conflictos dentro de la psique de un individuo. Los valores son «establecidos» por impulsos, fuerzas instintivas irracionales que compiten por el dominio de la personalidad. El impulso victorioso de establecimiento de valores busca entonces realizarse a sí mismo, lograr la satisfacción tomando el control no solo de la personalidad individual, sino también de otras personas. Cada individuo, por lo tanto, está dividido por luchas internas entre los impulsos de establecimiento de valores, y se ve obligado por ellos a entrar en conflicto con otras personas mientras todos intentan imponerse sus valores unos a otros. La causa básica de la violencia y el miedo no es, como dice Hobbes, la vulnerabilidad humana, sino la agresividad inherente al «establecimiento de valores». Schmitt advierte que «siempre son los valores los que avivan la batalla y mantienen despierta la enemistad».
Por tanto, es imposible tener una sociedad en la que los diferentes valores puedan reconciliarse mediante un espíritu de pluralismo tolerante. El acto psicológico de postular un valor para uno mismo es inseparable del deseo de realizar ese valor en el mundo. No se puede tener un valor moral o estético solo para uno mismo. Cuando se establece un valor, se atribuye a objetos y temas de la esfera pública, se lo articula como norma general y se lo impone a los demás. Por supuesto, estos otros tienen sus propios valores que también están tratando de realizar en el mundo. Cada uno de nosotros busca dar expresión concreta y lograr el reconocimiento social de nuestros valores. Por lo tanto, darnos cuenta de nuestros valores en el mundo significará luchar contra quienes tienen otros. La «agresividad potencial que es inmanente a cualquier escenario de valores», es decir, a la psicología humana como tal.
En lugar de preguntarnos cómo debemos reconocer y enfrentar este potencial de violencia, como lo hizo en Concepto de lo político , Schmitt ahora pregunta cómo podemos escondernos de él. La «batalla de los valores subjetivos» tal vez pueda «terminar de otra manera» que en una guerra de todos contra todos, dice, pero solo si ocultamos la peligrosidad del establecimiento de valores. 21 Esto se puede lograr mediante un giro en las ideas de Hobbes sobre el paso del estado de naturaleza al estado político. Para Hobbes, los individuos desesperados por escapar del terror del estado de naturaleza aceptarán ceder su libertad a un gobierno poderoso. Este último, el Leviatán, impone obediencia a sus súbditos y los priva de la capacidad de violentarse unos a otros. Sin embargo, desde la perspectiva de Schmitt, esto no es suficiente para limitar la violencia de nuestros impulsos de establecimiento de valores. Incluso después del paso del estado de naturaleza al gobierno del Leviatán, estos impulsos continúan operando dentro de nosotros y buscan la realización en el mundo, provocando más conflictos.
Lo que necesitamos, insiste Schmitt, es un orden político que pueda engañar a sus súbditos y dominarlos. Se debe hacer creer a los individuos que los valores pueden confinarse a una esfera privada distinta, que los valores opuestos no están en conflicto serio y que el Estado y otras instituciones no siempre están siendo utilizados por un grupo u otro para realizar valores particulares y aniquilar otros. Se les debe hacer pensar en el estado, y particularmente en el sistema legal, como un espacio de valor neutral en el que pueden esperar encontrar “reglas calculables y ejecutables” que aseguren sus derechos. Todas estas son ficciones, por supuesto. El carácter de establecimiento de valores de la existencia humana no puede suspenderse ni por un momento, o acordonarse en un dominio no político distinto.
Algunos dirían que nunca salimos del estado de naturaleza. El Leviatán puede contener las formas más obvias de violencia que otras personas podrían perpetrar contra nosotros, pero no puede detener, y de hecho no puede dejar de ser un instrumento de proyectos políticos basados en valores para reconstruir el mundo. Antes o dentro del estado, la vida es una lucha incesante por imponer los valores propios a los demás.
Podemos entender el liberalismo como un sistema de tales mediaciones. Nos convence de que existe una esfera privada de valores personales, separada de los valores sostenidos por otras personas. Nos convence de que podemos tener debates racionales sobre nuestros valores en la esfera pública o crear reglas universalmente válidas para llevarnos bien con las personas independientemente de los valores que tengan. Nos convence, finalmente, de que el estado puede ser neutral con respecto a todos nuestros diferentes valores. Negando así que el problema exista, el liberalismo puede «obstaculizar el terror de la imposición inmediata y automática del valor».
Impidiendo que el terror de la verdad se manifieste, el liberalismo es una especie de katechon , «el que retiene». Esta oscura figura del Nuevo Testamento es un concepto crítico en el pensamiento de posguerra de Schmitt. Ciertas tradiciones escatológicas cristianas entienden que el katechon frena la llegada del Anticristo y, por lo tanto, resiste el mal y retrasa la segunda venida de Cristo. Schmitt consideraba que la Iglesia católica, el Sacro Imperio Romano Germánico habían ejercido en varias ocasiones la función del katechon.
Podemos decir, desde la perspectiva de la «Tiranía de los valores», que el liberalismo, con sus mitos mediadores, neutralizadores y despolitizadores, es un katechon en cierta manera. De esta manera, la teoría política liberal no parece débil o ingenua en su hipocresía . Más bien, parece más astuto y más cínico que las tradiciones intelectuales antiliberales que intentan revelar el potencial irresoluble de enemistad que cada ser humano tiene. Al llamar la atención sobre este potencial, pensadores como el primer Schmitt simplemente «avivan e intensifican» la «dura batalla de convicciones».
Aplicado a la situación específica de la Alemania de posguerra, las descripciones históricas y psicológicas de los «valores» de Schmitt implican que el gobierno de Alemania Occidental no debería reprimir a los antiguos nazis por tener valores antidemocráticos y antiliberales si quiere ser coherente con sus valores teóricamente imparciales. Uno puede encontrar esta implicación cuestionable, las políticas del gobierno de Alemania Occidental justificadas y las tácticas retóricas de Schmitt despreciables. Sin embargo, si tenemos en cuenta estas cuestiones, podemos encontrar que «Tiranía de los valores» ofrece una visión duradera sobre el liberalismo y sus enemigos.
Quizás el más importante de ellos es que el liberalismo es para perdedores (de ahí a la supremacía de la derivada progresista frente al liberalismo clásico) . Son aquellos que son débiles, que están en minoría, o que por cualquier motivo no pueden imponer sus valores a otros, los que apelan a los principios liberales de neutralidad de valores, una separación de la vida privada y pública, la igualdad de derechos, etc. oportunidad de ejercer el poder (es decir, si alguna vez dejan de ser perdedores), es probable que abandonen los principios liberales. Sólo cuando pudo verse a sí mismo como una víctima de la agenda basada en valores del estado, Schmitt pudo ver el atractivo de las neutralizaciones liberales que alguna vez había despreciado, pero por realismo político. Esto parece una mala noticia para el liberalismo. Sus aparentes amigos son de hecho perdedores impotentes que recurren a los principios liberales por falta de una alternativa.
La buena noticia, tal como está, es que desde la perspectiva que ofrece la innovadora combinación de Schmitt de “filosofía de valor” y Hobbes, todos tenemos que preocuparnos por ser perdedores. En una guerra de todos contra todos, en la que incluso nuestros propios impulsos psicológicos internos luchan entre sí, no podemos saber qué valores saldrán victoriosos mañana, y mucho menos al día siguiente. Hoy podemos encontrarnos entre aquellos cuyos valores morales, por ejemplo, son dominantes, pero la naturaleza inestable y polémica de nuestros impulsos de establecimiento de valores implica que la coalición contingente que establece el orden moral actual puede colapsar repentinamente.
Dado que cada uno de nosotros puede perder la lucha por los valores, todos tenemos algún incentivo para estar de acuerdo en fingir que hay límites para esta lucha, o áreas de la vida en las que nos negaremos a reconocer que la lucha está teniendo lugar. Como posibles futuros perdedores, tenemos motivos para mantener a nivel táctico los mitos mediadores y neutralizaciones del liberalismo.
Los lectores occidentales del siglo XXI pueden no encontrar convincente la idea de que los «valores» y el «establecimiento de valores» son elementos básicos de la psicología humana. Nietzsche, Weber y Heidegger no son puntos de referencia típicos para nuestra autocomprensión cotidiana. A medida que Estados Unidos y Europa descienden a una nueva fase de las guerras culturales, una crisis desorientadora en la que los estándares morales son inciertos y nuestra vida común está dividida por luchas, acusaciones y cancelaciones. La opción del liberalismo para perdedores puede ser una opción temporal aunque a largo plazo inefectiva para el que no comulga con los valores dominantes.
Hay una serie de dificultades obvias con esta sugerencia. Por un lado, a muchos puede parecerles perverso respaldar un régimen político y una ideología porque son falsa. Tanto los pensadores liberales como los antiliberales podrían desear desafiar la explicación de los «valores» o la genealogía de la «filosofía del valor» mediante la cual Schmitt llega a una conclusión tan pesimista. Schmitt al menos parece explicar algunas características importantes de nuestra propia vida y momento histórico.
En los Estados Unidos y Europa de hoy, los activistas de izquierda y derecha pretenden exponer las agendas partidistas y existencialmente amenazantes que funcionan en las instituciones supuestamente neutrales del estado, y de hecho, no solo del estado, sino de una manera cada vez más integral del dominio de lo que una vez se había considerado una vida privada apolítica. En respuesta, los activistas exigen no que se logre una neutralidad genuina, sino que se elimine la misma pretensión de neutralidad.
Por ejemplo, cuando los radicales antirracistas afirman que «el silencio es violencia», o que todo, desde el sistema judicial hasta los Oscar, son instrumentos de la supremacía blanca, siguen estas afirmaciones sobre el partidismo supuestamente omnipresente en nombre de los blancos con demandas de un igual lucha implacable contra ellos. Como señaló Allan Bloom los activistas postliberales y antirracistas a menudo suenan como Schmitt de la era de Weimar.
Cosas que antes se entendían como pertenecientes a dominios autónomos de valor fuera de lo político, como la distribución de premios cinematográficos o la existencia continuada de estatuas decimonónicas, ahora se vuelven, como decimos, «politizados», adquiriendo el grado de intensidad emocional por lo que nos dividen en amigos y enemigos. Nuestra vida política aparece cada vez más como la interminable agitación de conflictos entre grupos, con las nociones liberales de neutralidad, la separación de lo público y lo privado, y así sucesivamente, sirviendo solo como instrumentos siniestros o distracciones impotentes de la lucha por el poder.
Muchos en la derecha también se están desencantando con el liberalismo y anhelan una política conservadora que descarte el lenguaje de los derechos individuales y la inviolabilidad de la esfera privada para imponer sus valores, a menudo empaquetados, de manera vaga y atractiva, como el “ bien común.» El primer Schmitt, cuyas críticas supuestamente realistas de una democracia liberal cada vez más ineficaz iban de la mano con meditaciones político-teológicas sobre la Iglesia como modelo de gobierno, es de clara utilidad para tales conservadores posliberales.
De hecho, tanto una izquierda que abandona el liberalismo por una guerra interminable contra los símbolos de una supremacía blanca supuestamente ubicua como una derecha que abandona el liberalismo por varias fantasías de orden moral pueden encontrar un arsenal de argumentos en los escritos de Schmitt de la era de Weimar. Pero tienen tantas razones para prestar atención a sus advertencias de posguerra como lo hacen los liberales rezagados que puedan quedar en el panorama político. Schmitt sugiere que, en la medida en que seamos perdedores en las luchas de hoy o de mañana por los valores nos interesará una política más neutral y aséptica, una política de mucha administración y poca política.
No es difícil simpatizar con la posición de Schmitt cuando consideramos que en los Estados Unidos y Europa de hoy, aquellos que pierden los conflictos políticos y las «guerras culturales» parecen convertirse rápidamente en parias morales y sociales, considerados individuos reprobables y peligrosos a los que se debe obligar desaparecer de la vida pública.
Aquellos que sostienen o sostuvieron lo que ahora se consideran puntos de vista «erróneos» (es decir, los puntos de vista del bando que perdió) sobre cuestiones políticas como los derechos civiles, el feminismo, el matrimonio homosexual, etc., o que incluso se aventuran a expresar opiniones en las proximidades del mal, puedese encuentran privados de empleo, sin plataformas de expresión y socialmente excluidos. Muchos han llegado a la conclusión de que, dados los aparentes riesgos de la derrota política, no se debe dar cuartel a los enemigos: el partidismo provoca el partidismo, hasta que ningún área de nuestras vidas esté libre de la aplastante intensidad de la política.