En Occidente, pasamos mucho tiempo debatiendo sin cesar las diversas generaciones y sus patrones de votación, valores y nichos económicos en nuestras sociedades. Si bien hay excepciones a cualquier regla, ciertas generalizaciones se han centrado en la Generación Silenciosa, los Baby Boomers, la Generación X, los Millennials y los Zoomers.
Pero, ¿y en Europa del Este? ¿Tienen una brecha generacional similar?
Bueno, nuevamente, en Occidente, esta división generacional se creó principalmente como resultado de la revolución cultural ocurrida entre los años 60. Las generaciones anteriores ciertamente diferían en sus puntos de vista y sus circunstancias históricas, pero algo cambió a partir de la década de 1960 y dividió a la población en distintas cohortes culturales. El equivalente ocurrió en el Este o países como España entre principios y finales de los 80 y principios de los 90 especialmente en el Este, tras el colapso de la Unión Soviética y la revolución cultural que se produjo después. En aquel momento, todo en el mundo eslavo giraba en torno a la URSS y la relación de la gente con ella, la memoria de ella y la actitud hacia lo que representaba.
La generación soviética es básicamente cualquiera que llegó a la mayoría de edad en la Unión Soviética y pasó sus años formativos como parte de ese sistema. Estas personas generalmente tienen una nostalgia por la URSS que está ligada tanto a sus recuerdos de su juventud feliz como a un apoyo general al sistema económico, social y político real en el que vivían. Esto se explica en parte por el hecho de que la última Unión Soviética era generalmente un estado muy paternalista, estable, libre de delitos y que abarcaba todo desde la cuna hasta la tumba. Más que cualquier otra generación, la generación soviética es en gran medida monolítica en sus puntos de vista y actitudes porque su fuente de información estaba estandarizada y no tenían acceso a medios alternativos. Esto hace que analizarlos sea bastante fácil, aunque a veces hace que conversar con ellos sea bastante tedioso: sabes lo que van a decir incluso antes de que formulen el pensamiento en sus cabezas.
Vale la pena mencionar que a estas personas a menudo se les llama de manera peyorativa la Generación Sovok, y cuando las personas en Europa del Este se refieren a «sovoks» o al estado de ser «similares a los sovok» se refieren a las actitudes, valores y formas de ser soviéticas. No es una palabra muy agradable, pero tampoco está al nivel de una maldición o un insulto. Se usa de la misma manera que los Millennials usan la frase «Ok, Boomer» para burlarse de la generación de sus padres y sus valores.
Un sovok, por supuesto, es una escoba en ruso y, por alguna razón, se hizo popular referirse a los nostálgicos soviéticos como sovoks, probablemente debido a su tendencia a negar que algo malo estuviera sucediendo durante los días de la Unión Soviética. Como ejemplo, si alguien mencionara la existencia los gulags en Siberia que la Unión Soviética había creado, el sovok negaría que tal cosa existiera y, al mismo tiempo, insistiría en que las personas en ellos merecían ser encarceladas. Seguramente los gulags existieron, el alcance de estos es otra cuestión, y será algo en lo que no tengo ni el conocimiento ni le he dedicado el tiempo adecuado para valorar la importancia al respecto.
De todos modos, por su peso demográfico, casi toda la cultura de Europa del Este gira en torno a ellos y su visión del mundo y sus gustos. Debido a que siguen siendo observadores de televisión comprometidos y dedicados, toda la propaganda oficial se transmite pensando en ellos. Como resultado, obtienes dramas continuos financiados por el estado sobre la Segunda Guerra Mundial que se repiten casi continuamente, sin apenas cortes comerciales. Oye, ¿qué puedo decir? La gente de la televisión conoce claramente su objetivo y la demanda existente, crear nueva demanda no siempre sale bien.
Además, todavía no ha habido un político como Obama (al menos en Rusia) que haya demostrado el poder de las redes sociales y el alcance de Internet entre los jóvenes para producir una victoria electoral a su favor, aunque Alexey Navalny sea promocionado desde Occidente. La televisión sigue siendo el centro neurálgico de las campañas políticas porque se dirige al bloque de votantes más grande y consistente del país. Como resultado, todos los políticos prometen aumentar las pensiones, los beneficios sociales y otras políticas dirigidas a personas de 50 años o más. Los veteranos postsoviéticos también tienen un interés económico en ser socialistas (en un sentido polémico del término que implica intervención estatal, y sin caer en precisiones teóricas obvias al respecto), ya que ahora cobran cheques del gobierno para financiar su jubilación, algo que se les prometió durante el antiguo régimen y que responsabilizan a los políticos modernos de cumplir.
Por el contrario, el sentimiento prosoviético es prácticamente inexistente o al menos minoritario en la generación postsoviética que comprende el grupo demográfico más joven. Generalmente ven la bandera roja con una sensación de estancamiento. El culto estatal oficial de la Segunda Guerra Mundial y la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania del III reich y sus aliados no resuena en la juventud, pero, de nuevo, resuena profundamente en la generación soviética, que se crió en él. En los años 70 y 80, el gobierno soviético, que había estado sorprendentemente tranquilo sobre la Segunda Guerra Mundial, comenzó a inclinarse hacia propaganda de este tipo una vez que el marxismo y la construcción de una utopía comenzaron a perder resonancia con el público. En cuanto a porqué el estado soviético se resistía a abrazar dicha ideología basada en la victoria sobre las fuerzas del Eje, inicialmente, puede haber sido porque habían incorporado a muchos de los países contra los que habían luchado en su imperio (bloque del Este).
Igual que Aliados, los soviéticos a veces demostraron una actitud de Realpolitik hacia la reincorporación y la reutilización de viejos cuadros de los diversos estados vasallos que habían conquistado, lo que llevó a que los funcionarios de las potencias del Eje de nivel inferior encontrarán empleo oficial en la recién reformada Stasi, o en otros estamentos de la administración de las potencias cercanas a Moscú, por ejemplo. De todos modos, el águila rusa de dos cabezas aún no ha superado la Segunda Guerra Mundial y su ojo, o al menos uno de ellos permanece firmemente fijo en el pasado, luchando las guerras del siglo pasado una y otra vez en su propia mente. Rusia no puede formar una visión del futuro porque aún no se ha reconciliado con su pasado.
A su vez, ya que estamos en el tema de la demografía y la Segunda Guerra Mundial, vale la pena señalar que la guerra de hecho abrió un agujero gigante en la población eslava. Si las tasas de reproducción se hubieran mantenido constantes en los años posteriores a la guerra, esta herida podría haberse curado en poco tiempo y el cuerpo social podría haberse recuperado en unas pocas generaciones. En cambio, debido a la política de industrialización soviética, el acuífero que produjo almas eslavas frescas fue destruido deliberadamente con la destrucción de pueblos eslavos donde las familias tradicionalmente tenían más de 8 hijos o más a través de políticas de colectivización implementadas por el gobierno, esto le dio un gran poder a corto plazo por una nación que pasó del subdesarrollo a ser puntera en menos de una década, a cambio claro de destruir el tejido social que mantenía cierta vitalidad demográfica. Los campesinos fueron conducidos a las ciudades para comenzar sus nuevas vidas como proletarios y abandonar sus hábitos kulak (propietarios de tierra). La crisis de la vivienda, más las reformas culturales soviéticas contribuyeron a la caída demográfica que se produjo poco después aún cuando en un primer momento supuso para el gobierno sovietico una movilización de masas para fines definidos (por el Estado) nunca visto. En este sentido, la situación soviética refleja casi exactamente lo que ocurrió en Occidente y en los Estados Unidos en particular. Un baby boom después de la guerra, seguido de una fuerte caída, que dejó una enorme cohorte demográfica eclipsando a las siguientes.
Al igual que en los EE. UU. o en España, los boomers soviéticos crecieron en una época de relativa paz y abundancia. Los trabajos surgieron de los árboles, ya que la Unión Soviética necesitaba a alguien a quien pudieran echar mano para construir rápidamente nuevas ciudades, nuevas fábricas, nuevas carreteras y nuevos misiles y armamento de toda clase. Cuando todo esto llegó a su fin tras el colapso de la URSS, la generación soviética quedó conmocionada y muchos perdieron todo por lo que habían trabajado. Las generaciones anteriores eran en gran medida autosuficientes y dependían de la red de seguridad social proporcionada por sus familias numerosas y las comunidades de las aldeas. Pero la generación soviética, ya sea que tuvieran opción o no, realmente creyó en la promesa que el estado hizo de cuidar de ellos. Como resultado, fueron la primera generación en abandonar el concepto de familias grandes, nucleares y extensas y abrazaron el estado paternalista (niñera para algunos) de todo corazón. En ese sentido se han convertido en una enorme carga para la economía postsoviética con sus constantes viajes a clínicas subsidiadas por el estado y demandas de pensiones cada vez mayores pagadas por un grupo demográfico en edad laboral mucho más pequeño y pobre que el anterior.
La mayoría de los veteranos soviéticos también han retenido fragmentos de la antigua propaganda soviética en sus mentes, aunque estos han sido distorsionados por el tiempo y los esfuerzos revisionistas de los escritores y propagandistas neosoviéticos.Como resultado, los soviéticos tienen una lista bastante ecléctica de gustos y disgustos que no tiene ningún sentido desde una perspectiva occidental. Por ejemplo, odian a Solzhenitsyn, a quien ven como un traidor y aman a Stalin, a quien ven como el salvador de Rusia. Ah, y también odian El señor de los anillos por sus temas antiindustriales y porque creen que Sauron y Mordor representan a la URSS, lo cual, en realidad, podrían llegar a pensar en ello. Pero la polémica en torno al Señor de los Anillos y su publicación en la URSS es historia para otro momento. Los boomers soviéticos generalmente votan por los comunistas o por Putin, dependiendo de si se sienten particularmente molestos con el gobierno durante ese ciclo electoral o no. Por regla general, están muy preocupados por la economía ante todo y, en particular, por la autosuficiencia económica. En el fondo son autárquicos y abrigan una ardiente esperanza por la promesa soviética de un día superar a Occidente en la producción y distribución eficiente de artilugios.
En resumen, su visión del mundo y plataforma política preferida, en pocas palabras, es el nacionalismo económico (aunque aborrecen el uso de esa palabra N en particular), el socialismo del gran gobierno de la cuna a la tumba y adorar en el altar de la religión estatal secular. de la Segunda Guerra Mundial.
También sería negligente si no señalara que la generación soviética tiene una visión extraña de la historia y en gran medida ve el siglo XX a través de una lente de conspiración. Por favor, prepárese para la siguiente parte e intente seguirla lo mejor que pueda. La mayoría de los veteranos soviéticos creen todos los puntos siguientes simultáneamente, incluso los que se contradicen entre sí. Y así, sin más preámbulos.
“No se puede confiar en los judíos. (Stalin condenó a los judíos por ser saboteadores del proyecto socialista y, posteriormente, la URSS apoyó a los árabes y su lucha contra Israel)” mientras que a la vez se sostiene que “Los judíos son muy inteligentes y tienen mucho que enseñar a los europeos orientales.” junto con ideas como los “judíos son responsables de la revolución rusa y la carnicería que siguió.” y la contradictoria idea de que “Lenin tenía algunas buenas ideas. “ junto con “Lenin era un judío secreto.” A su vez, ideas como “Hitler en secreto fue financiado por los Estados Unidos y Gran Bretaña.”
A la vez, junto con cierto antisemitmismo hay ideas prosemiticas cómo podemos observar “El antisemitismo está mal y la Unión Soviética no era antisemita.” o “La Unión Soviética salvó a los judíos de Hitler (y eso es algo bueno).” mientras que a la vez se ve como “Los judíos asesinaron al Zar, pero el Zar estaba oprimiendo a la gente por lo que tuvo que irse.”Al respecto los campos o famosos gulags cosas como “Los gulags son un mito.” junto con “Los gulags eran necesarios para eliminar a los traidores a la Unión Soviética.” o “Tu bisabuelo fue enviado a los Gulags”. junto con Solzhenitsyn mintió sobre los Gulags y fue un traidor.” Al respecto el sistema de la difunta URSS ideas como “El sistema soviético era justo y equitativo. en conjunción” junto con el pensamiento de que “La Unión Soviética robó la riqueza de los rusos y la redistribuyó a las otras repúblicas socialistas.” A nivel etnico se peude ver afirmaciones como “La etnia no es importante, el socialismo puede establecer la paz mundial.” con planteamientos como “Los turcos son una raza de criminales y sinvergüenzas.” Al respecto los líderes y el KGB, planteamientos basados en “Gorbachov fue un traidor a la Unión Soviética.”, “El camarada Andropov era un tipo estupendo.”, “Krushchev era un campesino ucraniano borracho.” o “Zhukov debería haber sucedido a Stalin”. junto con la idea de “La KGB eran solo matones de la NKVD y Chekha.” mientras se afirma que se “Tenían muchos amigos en la KGB”
En general, son una serie de contradicciones mixtas, por decirlo suavemente. Por un lado, no hay nada de malo en el nacionalismo económico e incluso se podría argumentar la implementación de algunos elementos de estatismo y planificación central para elevar los niveles de vida como parte de una plataforma política populista. Por otro lado, estas ideas simplemente no son suficientes para formar un mensaje romántico y edificante que cautive los corazones de las generaciones más jóvenes y trazar un nuevo curso de civilización para Europa del Este. Lo que es peor, estas ideas relativamente sólidas y fundamentadas están empañadas por su asociación constante y deliberada con la Unión Soviética.
De la misma manera que cualquier idea nacionalista miopes en Occidente se asocia deliberadamente con la marca Tercer Reich, los veteranos en Oriente también envenenan el pozo al asociar la reapertura de las fábricas rusas y el conservadurismo social con gulags y policías secretos sacando a rastras a la gente de sus apartamentos en medio de la noche.
Además, ellos, al igual que sus homólogos de Baby Boomer en Occidente, se consideran el pináculo de la evolución humana y, en general, tienen una actitud de saber más y ser mejores que cualquier generación que vino después. Sus hijos y nietos (si los tienen) señalarán que todo lo construido por su generación es feo, lo cual, por supuesto, los eternos sovok negarán de la misma manera que los Baby Boomers occidentales demuestran un aprecio peculiar por ciertas cosas de las decadentes sociedades europeas.
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Más que nada, la generación soviética está aterrorizada de ser llamada o acusada de supremacista rusa bajo la idea de una asociación cercana al nacionalsocialismo y hace todo lo posible para ensalzar las virtudes de «la amistad de las naciones» que supuestamente construyeron con éxito en la URSS. Con frecuencia señalarán que no hubo conflicto étnico en la Unión Soviética, porque los valores soviéticos habían derrotado al chovinismo étnico al dar a la humanidad un objetivo y una misión comunes. Si señala que la Unión Soviética logró y mantuvo esta paz incómoda a través de su poderío militar, algo que en principio no es un problema para quien os escribe (el poder en último término viene sostenido en último término -aunque no solo- en la coerción-), bueno… prepárese para que le lancen la bomba de nacionalsocialista.
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Luego, por supuesto, uno no puede dejar de notar los mensajes bastante esquizofrénicos y contradictorios en torno a la guerra en Ucrania. Tienes jóvenes nacionalistas rusos con parches de runas eslavas disparando a mercenarios neonazis con parches “SS Black Sun” que están en la nómina de un oligarca judío ucraniano. Luego están los jubilados soviéticos que salen a dar la bienvenida a las milicias de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk ondeando la bandera soviética roja aún cuando parte de las autoridades de estos lugares puedan tener ciertas tendencias irredentistas rusas. Lenin, por supuesto, creó el estado moderno de Ucrania para debilitar a Rusia (existen ejemplos ambibalentes de reforzar y debilitar periódicamente a Ucrania como estado fundador de la URSS). Putin mismo mencionó este hecho en su discurso declarando la guerra a Kiev y pidió la “descomunización” de Ucrania, mientras en otras ocasiones afirma que es una operación de desnazificación! Pero agitan su bandera roja a pesar de todo. ¡Y luego el alcalde de Mariupol continúa declarando que se construirá en el centro de la ciudad una estatua a la abuela soviética que salió de su casa y agitó una bandera roja ante las tropas ucranianas !
Esta es la esquizofrenia metapolítica de Europa del Este en su máxima expresión. Y, por supuesto, ambas partes también acusan rutinariamente a la otra parte de ser nazis en su propaganda oficial. Sergei Lavrov anunció recientemente que, sin que todos lo supieran, Hitler era en realidad judío y que los judíos son los verdaderos antisemitas. Luego fue rápidamente condenado por los judíos, quienes como comunidad acusan a Putin y su gobierno de ser fascistas y prefieren apoyar al presidente judío de Ucrania. Las declaraciones de Lavrov seguramente llamarán la atención en Occidente, especialmente entre los miembros de la Derecha Disidente. Pero, si hubieras entendido que Lavrov y la mayoría de las personas en el Kremlin y la burocracia son Boomers soviéticos, básicamente podrías haber puesto un cronómetro y poner los pies en alto mientras esperabas que soltara el obligatorio «Hitler era un judío secreto anti». -Línea semita”. Todo lo que puedo decir es que muchas cosas se vuelven más claras sobre la Rusia moderna cuando comprendes el “Sovok Mindset™”.
Se podrían escribir volúmenes sobre los Sovoks y sus mitos, igual que en el caso de los boomers occidentales, pero creo que en este punto deberíamos un poco el tono de las críticas y señalar que, en comparación con las generaciones que siguieron, estos tipos son los únicos que mantienen la línea en contra la embestida de los valores progresistas/globalistas occidentales que la juventud está tan ansiosa por engullir y copiar. Fundamentalmente, tenemos que concluir que son simplemente un producto del entorno informativo en el que crecieron. No pueden odiar a la Unión Soviética porque crecieron en ella y rechazarla es rechazar décadas de condicionamiento y arduo trabajo dedicado a la realización a la prometida utopía socialista. Es fácil burlarse de ellos y de sus creencias, pero no tenían internet mientras crecían y tuvieron que conciliar las advertencias susurradas por la generación de sus padres, mucho más sabios, y la realidad de tener que adaptarse y ganarse la vida en la Unión Soviética. Se vieron a sí mismos como la generación que fue prometida, como modernizadores que marcarían el comienzo de una era de paz y abundancia. Cuando esta visión se estrelló y se quemó, extendieron la mano y se aferraron a todo lo que pudieron para darles un sentido de conexión a tierra y propósito. Hicieron todo lo posible para racionalizar realidades irreconciliables y metarrelatos históricos y, como resultado, su visión del mundo es esquizofrénica, por decir lo menos.
Es más, parecen incapaces de darse cuenta de que su visión del mundo no es universal y simplemente no la comparten las generaciones posteriores o quienes vivieron fuera de los territorios de la URSS, incluso en parte de algunas repúblicas que la formaron. Nuevas ideas y realidades geopolíticas rebotan en ellos, ya que su visión del mundo ya se ha cimentado firmemente y es continuamente reforzada por la propaganda estatal orientada a mantenerlos felices, dejando poco espacio para la duda o el pensamiento más profundo para cambiar su visión aceptada de la realidad. Su visión del futuro es miope, ya que simplemente se basa en la nostalgia del pasado, en eso no son diferentes a los boomers occidentales. En conclusión, de la misma manera que el destino de Occidente está en gran medida en manos de la generación de la posguerra, que aún conserva cierta apariencia de riqueza y poder electoral, la situación política actual en Rusia también está dominada en gran medida por la necesidades, preocupaciones y cosmovisión de los boomers soviéticos. Curiosamente, estos dos grupos demográficos en el este y el oeste tienen más en común entre sí de lo que les gustaría admitir.