REALISMO OFENSIVO:¿QUE PROVOCÓ LA INTERVENCIÓN MILITAR RUSA EN UCRANIA?

PRECEDENTES QUE HAN PRODUCIDO LA INTEVENCIÓN ACTUAL.

Para empezar, no estoy de acuerdo con John Mearsheimer sobre las causas de la guerra entre Ucrania y Rusia se limiten solo a la expansión de la OTAN aún cuando puedo compartir parte de su enfoque. En cambio creo que el Realismo ofensivo que él defiende en mayor o menor medida ofrece una mejor explicación. El realismo ofensivo ofrece una mejor explicación por lo siguiente: 

Para comenzar, recapitulemos el argumento de Mearsheimer sobre las causas de la guerra entre Ucrania y Rusia.  Dicho autor argumentó durante mucho tiempo (el fin de la Guerra Fría) además de que «Occidente/OTAN/EE. UU.» creó la crisis en Ucrania al impulsar la expansión hacia el este de la OTAN (y la UE) después de la Guerra Fría.

¿Por qué la crisis de Ucrania es culpa de Occidente al menos de la misma forma que de Rusia, sin negar que Rusia la ha desencadenado finalmente?

La sabiduría convencional en Occidente culpa de la crisis de Ucrania a la agresión rusa (que lo es pero no únicamente). Pero este relato es erróneo: Washington y sus aliados europeos en realidad comparten la mayor parte de la responsabilidad, habiendo no tenido en cuenta las demandas de seguridad rusas sistemáticamente (aún cuando había precedentes de avisos rusos de que ese avance era inaceptable para ellos). 

El equivalente para Rusia sería la situación en la que un país hispanoamericano, a poder decir del Caribe (como Venezuela, Cuba o Nicaragua) acogiera la posibilidad de entrar en una alianza militar y política con Rusia que permitiera la defensa mutua y el despliegue de armas nucleares, fuerzas aéreas rusas, tropas del Ejército ruso, etc. Seguramente esa situación sería una barrera inaceptable para los EEUU dado que considera el continente americano parte de su “espacio vital” (Doctrina Monroe) en la que ninguna potencia exterior puede intervenir para amenazar la seguridad de dicho país.

Afirmar que, dado que la OTAN/UE están dominadas por EE. UU. (particularmente con el paraguas militar de la OTAN dado los enanos militares europeos), la organización, por otro lado, que se formó principalmente para contrarrestar a la URSS durante la Guerra Fría y que se ha mantenido desde entonces en activo. 

Rusia obviamente, dado que tiene una perspectiva regional, no tolera que invadan o avancen su vecindario (es decir, las antiguas repúblicas soviéticas), Rusia era demasiado débil en 2004 para mantener a los Estados bálticos fuera de la OTAN y la UE. Sin embargo, se trazó una línea dura cuando la OTAN a partir de ese momento tal y como se declaró por ella, algo que se potenció en la Cumbre de la OTAN de Bucarest en 2008, en la que se anunció que Georgia y Ucrania eventualmente se convertirían en miembros.

Los rusos dejaron inequívocamente claro en ese momento que veían esto como una amenaza existencial y trazaron una línea en la arena. Sin embargo, lo que ha sucedido con el paso del tiempo es que hemos avanzado para incluir a Ucrania en Occidente para convertir a Ucrania en un baluarte occidental en la frontera con Rusia. Por supuesto, esto incluye algo más que la expansión de la OTAN. La expansión y el avance en el espacio es el corazón de la estrategia, pero también incluye la expansión de la UE e incluye convertir a Ucrania en una democracia liberal pro estadounidense y, desde la perspectiva rusa, esto es una amenaza existencial.

Ahora recapitulemos: Estaremos de acuerdo en que los funcionarios rusos avisaron claramente,, incluso en la década de 1990, que expandir la OTAN hacia el este sería visto como una provocación para Rusia. El presidente ruso, Boris Yeltsin, había dejado muy clara la oposición de Rusia a una expansión tan extrema como la de los Países Bálticos. En un discurso de 1995, dijo:

«Aquellos que insisten en una expansión de la OTAN están cometiendo un gran error político. Las llamas de la guerra podrían estallar en toda Europa».

De hecho, funcionarios estadounidenses clave compartieron esta opinión y el presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, pareció hacerse eco de ese mensaje: “Estamos tratando de promover la seguridad y la estabilidad en Europa. No queremos hacer nada que aumente las tensiones”

Sin embargo, los funcionarios estadounidenses habían cambiado de opinión sobre el tema a finales de la década de 1990. Como señaló el subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Strobe Talbott, durante un discurso de 1997: 

«Sin rodeos, los rusos deben superar la neuralgia sobre este tema [de la pertenencia de los países del Báltico a la OTAN]».

Por otro lado, estaremos de acuerdo en que la invasión rusa de Georgia en 2008 puede vincularse con la declaración de Bucarest de expandir la OTAN  ( como una «línea roja» para Rusia). En 2008, tras la intervención en Georgia, Moscú demostró la voluntad y la capacidad de impugnar activamente la visión estadounidense de la seguridad europea, vetar la expansión de la OTAN en su vecindad y desafiar el diseño de Washington de un orden internacional normativo en el que los pequeños estados puedan decidir sus propios asuntos independientemente de los intereses de las grandes potencias. 

En pocas palabras, se ha subestimado la importancia histórica de la guerra ruso-georgiana y que la toma de Crimea por parte de Rusia en 2014 puede vincularse con el fin de la Revolución Euromaidán en Ucrania sin embargo, ¿Dónde no estoy de acuerdo con solo considerar la expansión de la OTAN y los bálticos como único punto clave? Primero, el argumento elimina la agencia de los estados de Europa del Este y los Países Bálticos que en muchos aspectos promovieron el acercamiento y la promoción de alguno de los miembros de la Alianza Atlántica (como fue el caso de Dinamarca y el Reino Unido en favor de los países Bálticos) . Estos mismos participaron en los batallones de la paz en la guerra de los Balcanes para convencer a los socios de la OTAN de su simpatía por la Alianza. La expansión oriental de la OTAN estuvo lejos de ser «impuesta» directamente por Estados Unidos o la OTAN, aún cuando se aprovechó de avanzar en sus posiciones en Europa. Fue deseado por los europeos del este.

De hecho, ellos a menudo tuvieron que tomar medidas para EMPUJAR a EE. UU./OTAN, y no al revés a su admisión, a su vez, los académicos y analistas han visto largamente que las relaciones entre Ucrania y Rusia tienen el mayor potencial de conflicto en la Europa posterior a la Guerra Fría. Tales puntos de vista son muy anteriores a la expansión de la OTAN por motivos obvios.

En tercer lugar, el argumento minimiza las opiniones imperialistas de Putin. Cómo Putin siempre ha dejado en claro, tiene intenciones de recrear, al menos partes del imperio ruso/soviético o al menos hacer un control de daños en el espacio que este ocupó, tratando de mantener la influencia rusa mayor en la medida de lo que sea posible. Lo que me sugieren estos tres puntos es que, a lo sumo, la expansión de la OTAN exacerbó una situación ya tensa. Pero no CAUSÓ que la situación fuera tensa o conllevara el potencial de conflicto. Entonces, si la guerra entre Ucrania y Rusia no fue solo causada por la expansión de la OTAN, ¿qué la explica?

Como reconoce el propio Mearsheimer, las ideas centrales del realismo ofensivo no comienzan con él. De hecho, se remontan a la Primera Guerra Mundial y al trabajo de G. Lowes Dickinson. Dickinson, al observar el inicio de la Primera Guerra Mundial en Europa, presentó el argumento de que la guerra fue causada por el deseo inherente de los estados de buscar la supremacía unos sobre otros.

Mearsheimer desarrolló elementos clave de las afirmaciones de Dickinson centrándose en la dominación regional.  Según su teoría del Realismo Ofensivo, la situación ideal para cualquier país en la política internacional es que domine su región del mundo y asegurarse de que ningún otro país domine esa región. Esta es la única manera de salvaguardar sus intereses.  El modelo de Mearsheimer para esta teoría no es Rusia, sino Estados Unidos. Sin ir más lejos, por ejemplo Destino Manifiesto y Doctrina Monroe son claros ejemplos de esto en la región americana.

Pero Rusia también siguió un comportamiento consistente con esta teoría, sobre todo durante la Guerra Fría.  Rusia sin embargo, finalmente no pudo mantener ese dominio regional. Estaba dispuesta, pero no podía. Mantener el imperio y la dominación de los países del pacto de Varsovia resultó demasiado costoso (en una variedad de formas, incluida la económica, como el regalo gratis de materias primas entre otros) de mantener, algo que me gustaría tratar en algún momento futuro, si les interesa (añado en encuesta para ver si es un tema que les suscita atención). Pero solo porque se detuvo ese proceso de mantener el control en su región, no significa que no pueda comenzar de nuevo. Eso es lo que predice el realismo ofensivo y, lo que es más importante, eso es lo que muchos en los países de Europa del Este temían.

Ese temor se basó en la retórica oficial de Rusia, en la que definía a sus vecinos como el «extranjero cercano», especialmente los estados de Europa Central y del Este, comprendiendo plenamente que Rusia volvería a buscar el dominio regional, y que estos, comprendido esto querían salvaguardar su existencia, que no soberanía y autonomía (dado que la cederían parcialmente al entrar en el bloque occidental) antes de que fuera demasiado tarde. ¿La solución? ¡Conseguir la membresía en la OTAN?

Como deja en claro la cita anterior de Clinton de la década de 1990, los funcionarios estadounidenses entendieron el riesgo: Rusia buscará nuevamente el dominio de la región y expandir la OTAN hacia el este, especialmente a las ex repúblicas soviéticas, podría crear un riesgo de seguridad para los EE. UU. Pero el Artículo 5 de la OTAN, la cláusula de defensa mutua, también es un poderoso elemento disuasorio, especialmente cuando se combina con el despliegue real de fuerzas.

Es por eso que la OTAN se ha centrado en su Enhanced Forward Presence (Presencia Avanzada Mejorada) en los últimos años. Una misión del a OTAN (en la que participa España al desplegar algunas unidades en Letonia) la cual, como consecuencia de las retiradas de personal de EEUU del continente europeo, suponía enviar por parte de otros miembros fuerzas a las zonas limítrofes con Rusia para garantizar la seguridad de los aliados. 

¿Qué significa todo esto? Significa que si hay alguna falla en la OTAN, fue no expandir la OTAN “lo suficientemente rápido” y tal y como diría el realismo ofensivo. Una vez que entraron los países bálticos, era necesario traer a Ucrania, al menos antes que Rusia pudiera preparar una ofensiva, dado que en ese momento esta no tenía capacidad de hacer valer sus intereses (esto desde una perspectiva que beneficie a la OTAN), algo que ya no es tan real a día de hoy. En resumen, el realismo ofensivo, tal como lo describe Mearsheimer en su «Tragedia de la política de las grandes potencias», explica bien el comportamiento de Rusia durante el siglo pasado y el actual, en el que como todas las grandes potencias, busca dominar su región. Eso además de todo lo comentado en esta publicación y en la anterior en última instancia, la causa de la guerra actual.

Las ilusiones liberales causaron la crisis de Ucrania: La ofensiva de Rusia es un hecho que se podría haberse evitado.

La situación en Ucrania es mala y seguramente empeorará si los rusos tienen que movilizar más tropas y recursos militares en caso de que encuentren resistencia en las principales ciudades ucranianas, sin embargo, hoy no nos ocuparemos de cuestiones tácticas ni operacionales, sino que trataremos el como se ha llegado a esta situación, que partía de un escenario en el que Rusia exigía garantías de que la OTAN nunca jamás se expandirá más hacia el este y Ucrania se mantendría neutral y desmilitarizada como un estado colchón.

Las negociaciones no tuvieron éxito, y Estados Unidos y sus aliados de la OTAN están lanzando toda su artillería de poder blando y guerra informativa que harán que Rusia pague si sigue adelante con una invasión por mucho tiempo. Esta guerra tiene importancia porque plantea que uno de sus principales actores (Rusia) no está de acuerdo con el escenario europeo de seguridad, hecho que hizo que una guerra fuera una posibilidad clara dado que el tiempo iba a empeorar la posición de dicho actor en el orden europeo.

Rusia invade Ucrania: La primera gran guerra terrestre después de mucho tiempo en territorio europeo.

La gran tragedia es que todo este asunto fue evitable. Si Estados Unidos y sus aliados europeos no hubieran sucumbido a la arrogancia, las ilusiones y el idealismo liberal y, en cambio, se hubieran basado en las ideas fundamentales del realismo, la crisis actual no se habría producido. De hecho, Rusia probablemente nunca se habría apoderado de Crimea, y Ucrania, además de que los países de Europa Oriental, más maximalistas en sus planes de amenazar a Rusia, estarían más seguros hoy. El mundo está pagando un alto precio por confiar en una teoría defectuosa de la política mundial.

En el nivel más básico, el realismo comienza con el reconocimiento de que las guerras ocurren porque no hay una agencia o autoridad central que pueda proteger a los estados unos de otros y evitar que peleen si así lo deciden. Dado que la guerra siempre es una posibilidad, los estados compiten por el poder y, a veces, usan la fuerza para tratar de crear posiciones más seguras u obtener otras ventajas. No hay forma de que los estados puedan saber con certeza lo que otros pueden hacer en el futuro, lo que los hace reacios a confiar unos en otros y los alienta a protegerse contra la posibilidad de que otro estado poderoso intente dañarlos en algún momento del camino.

El liberalismo en relaciones internacionales, visión dominante en España y buena parte de Occidente, ve la política mundial de manera diferente. En lugar de ver a todas las grandes potencias enfrentando más o menos el mismo problema, la necesidad de estar seguros en un mundo donde la guerra siempre es posible, el liberalismo sostiene que lo que hacen los estados está impulsado principalmente por sus características internas y la naturaleza de las conexiones entre ellos. Divide el mundo en «buenos estados» (aquellos que encarnan los valores liberales) y «malos estados» (prácticamente todos los demás) y sostiene que los conflictos surgen principalmente de los impulsos agresivos de autócratas, dictadores y otros líderes antiliberales. Para los liberales, la solución es derrocar a los tiranos y difundir la democracia, los mercados (abiertos en favor de estos mismos) y las instituciones basándose en la creencia de que las democracias no luchan entre sí, especialmente cuando están unidas por el comercio, la inversión y un conjunto de reglas acordadas.

Después de la Guerra Fría, las élites occidentales concluyeron que el realismo ya no era relevante y que los ideales liberales deberían guiar la conducta de la política exterior. Como el profesor de la Universidad de Harvard, Stanley Hoffmann, le dijo a Thomas Friedman del New York Times en 1993, el realismo es “totalmente absurdo hoy en día”. Los funcionarios estadounidenses y europeos creían que la democracia liberal, los mercados abiertos, el estado de derecho y otros valores liberales se estaban extendiendo como un reguero de pólvora y que un orden liberal global estaba al alcance de la mano. Asumieron, como dijo el entonces candidato presidencial Bill Clinton en 1992, que “el cálculo cínico de la política pura del poder” no tenía cabida en el mundo moderno y que un orden liberal emergente produciría muchas décadas de paz democrática. En lugar de competir por el poder y la seguridad, las naciones del mundo se concentrarían en enriquecerse en un orden liberal cada vez más abierto, armonioso y basado en reglas, moldeado y protegido por el poder benévolo de los Estados Unidos.

Si esta visión optimista hubiera sido precisa, difundir la democracia y extender las garantías de seguridad de EE. UU. a la esfera de influencia tradicional de Rusia habría planteado pocos riesgos. Pero ese resultado era poco probable, como podría haber dicho cualquier buen realista. De hecho, los opositores a la ampliación se apresuraron a advertir que Rusia inevitablemente consideraría la ampliación de la OTAN como una amenaza y que seguir adelante envenenaría las relaciones con Moscú. Es por eso que varios destacados expertos estadounidenses, incluido el diplomático George Kennan, el escritor Michael Mandelbaum y el exsecretario de defensa William Perry, se opusieron a la ampliación desde el principio. El entonces subsecretario de Estado, Strobe Talbott, y el exsecretario de Estado, Henry Kissinger, se opusieron inicialmente por las mismas razones, aunque ambos cambiaron más tarde sus posiciones y se unieron al carro pro-ampliación.

Los defensores de la expansión ganaron el debate al afirmar que ayudaría a consolidar las nuevas democracias en Europa Central y Oriental y crearía una “amplia zona de paz” en toda Europa. En su opinión, no importaba que algunos de los nuevos miembros de la OTAN tuvieran poco o ningún valor militar para la alianza y que pudieran ser difíciles de defender porque la paz sería tan sólida y duradera que cualquier promesa de proteger a esos nuevos aliados nunca se habría cumplido. ser honrado

Además, insistieron en que las intenciones benignas de la OTAN eran evidentes y que sería fácil persuadir a Moscú de que no se preocupara mientras la OTAN se acercaba sigilosamente a la frontera rusa. Esta visión era extremadamente ingenua, ya que la cuestión clave no era cuáles podrían haber sido en realidad las intenciones de la OTAN. Lo que realmente importaba, por supuesto, era lo que los líderes de Rusia pensaban que eran o podrían ser en el futuro. Incluso si los líderes rusos hubieran podido estar convencidos de que la OTAN no tenía malas intenciones, nunca podrían estar seguros de que siempre sería así.

Aunque Moscú no tuvo más remedio que aceptar la admisión de Polonia, los países bálticos, Hungría y la República Checa en la OTAN, las preocupaciones rusas crecieron a medida que continuaba la ampliación. No ayudó que la ampliación estuviera en desacuerdo con la garantía verbal del secretario de Estado de EE. UU., James Baker, al líder soviético Mikhail Gorbachev en febrero de 1990 de que si se permitía que Alemania se reunificara dentro de la OTAN, la alianza no se movería “ni una pulgada hacia el este”, una promesa. Gorbachov fracasó tontamente en pasar esto por escrito. (Baker y otros cuestionan esta caracterización, y Baker ha negado haber hecho promesas formales).

Las dudas de Rusia aumentaron cuando Estados Unidos invadió Irak en 2003 —una decisión que mostró cierto desprecio deliberado por el derecho internacional que tanto decían defender— y aún más después de que Obama superó la autoridad de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y ayudó a derrocar al líder libio Muammar al-Qaddafi en 2011. Rusia se había abstenido en la resolución, que autorizaba la protección de los civiles pero no el cambio de régimen, y el exsecretario de Defensa de EE. UU., Robert Gates, comentó más tarde que “ los rusos sintieron que habían sido engañados”. Estos y otros incidentes ayudan a explicar por qué Moscú ahora insiste en garantías por escrito.
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El secretario general de la OTAN, George Robertson, y el presidente ruso, Vladimir Putin, se reúnen en Bruselas en octubre de 2001. Cuando Putin amaba a la OTAN
El exsecretario general de la OTAN, George Robertson, quien tuvo una relación cordial con el líder ruso, recuerda una época en la que Moscú quería tener vínculos más estrechos con Occidente.

Si los políticos estadounidenses hubieran reflexionado sobre la historia y las sensibilidades geográficas de su propio país, habrían entendido cómo veían la ampliación sus homólogos rusos. Como señaló recientemente el periodista Peter Beinart, Estados Unidos ha declarado repetidamente que el Hemisferio Occidental está fuera del alcance de otras grandes potencias y ha amenazado o usado la fuerza en numerosas ocasiones para hacer que esa declaración se mantenga. Durante la Guerra Fría, por ejemplo, la administración Reagan estaba tan alarmada por la revolución en Nicaragua (un país cuya población era menor que la de la ciudad de Nueva York) que organizó un ejército rebelde para derrocar a los sandinistas socialistas gobernantes.

Si los estadounidenses podían preocuparse tanto por un pequeño país como Nicaragua, ¿por qué era tan difícil entender por qué Rusia podría tener serias dudas sobre el movimiento constante de la alianza más poderosa del mundo hacia sus fronteras? El realismo explica por qué las grandes potencias tienden a ser extremadamente sensibles al entorno de seguridad en sus vecindarios inmediatos, pero los arquitectos liberales de la ampliación simplemente no pudieron entenderlo. Fue un fracaso monumental en empatía con profundas consecuencias estratégicas.

El error se ve agravado por la reiterada insistencia de la OTAN en que la ampliación es un proceso abierto y cualquier país que cumpla con los criterios de membresía es elegible para unirse. Eso no es exactamente lo que dice el tratado de la OTAN, por cierto; El artículo 10 simplemente establece: “Las Partes podrán, por acuerdo unánime, invitar a cualquier otro Estado europeo que esté en condiciones de promover los principios de este Tratado y contribuir a la seguridad del área del Atlántico Norte a adherirse a este Tratado”.

La palabra clave aquí es «puede»: ninguna nación tiene derecho a unirse a la OTAN y ciertamente no si su entrada haría que otros miembros fueran menos seguros. Detalles aparte, gritar este gol a los cuatro vientos fue temerario e innecesario. Cualquier alianza militar puede incorporar nuevos miembros si las partes existentes están de acuerdo en hacerlo, y la OTAN lo había hecho en varias ocasiones. Pero proclamar abiertamente un compromiso activo e ilimitado para avanzar hacia el este estaba destinado a aumentar aún más los temores rusos.

El siguiente paso en falso fue la decisión de la administración Bush de nominar a Georgia y Ucrania como miembros de la OTAN en la Cumbre de Bucarest de 2008. La ex funcionaria del Consejo de Seguridad Nacional de EE. UU., Fiona Hill, reveló recientemente que la comunidad de inteligencia de EE. UU. se opuso a este paso, pero entonces el presidente George W. Bush ignoró sus objeciones por razones que nunca se han explicado completamente.

El momento de la medida fue especialmente extraño porque ni Ucrania ni Georgia estaban cerca de cumplir con los criterios para ser miembros en 2008 y otros miembros de la OTAN se opusieron a incluirlos. El resultado fue un compromiso incómodo negociado por los británicos en el que la OTAN declaró que ambos estados eventualmente se unirían, pero no dijo cuándo. Como dijo correctamente el politólogo Samuel Charap: “Esta declaración fue la peor de todas. No brindó mayor seguridad a Ucrania y Georgia, pero reforzó la opinión de Moscú de que la OTAN estaba decidida a incorporarlos”. No es de extrañar que el ex embajador de Estados Unidos ante la OTAN, Ivo Daalder, describiera la decisión de 2008 como el «pecado capital» de la OTAN para Rusia.

La siguiente ronda se produjo en 2013 y 2014. Con la economía de Ucrania tambaleándose, el entonces presidente ucraniano, Viktor Yanukovych, alentó una guerra de ofertas entre la Unión Europea y Rusia por ayuda económica. Su decisión posterior de rechazar un acuerdo de adhesión negociado con la UE y aceptar una oferta más lucrativa de Rusia desencadenó las protestas de Euromaidan que finalmente llevaron a su expulsión.

Los funcionarios estadounidenses y europeos dirigidos por su clase mediática se inclinaron visiblemente a favor de los manifestantes y participaron activamente en el esfuerzo por elegir al sucesor de Yanukovych, lo que dio crédito a los temores rusos de que se trataba de una revolución de color patrocinada por Occidente. Sorprendentemente, los funcionarios de Europa y Estados Unidos nunca parecieron haberse preguntado si Rusia podría oponerse a este resultado o qué podría hacer para descarrilarlo. Como resultado, quedaron sorprendidos cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó la toma de Crimea y respaldó los movimientos separatistas de habla rusa en las provincias orientales de Ucrania, sumiendo al país en un conflicto congelado que persiste hasta el día de hoy y que ha provocado la guerra actual.

Es un lugar común en Occidente defender la expansión de la OTAN y culpar de la crisis de Ucrania únicamente a Putin. El líder ruso puede merecernos o no simpatías. También él ha pisoteado el Memorando de Budapest de 1994, que brindaba garantías de seguridad a Ucrania a cambio de que renunciara al arsenal nuclear que heredó de la Unión Soviética. Estas y otras acciones han suscitado preocupaciones legítimas sobre las intenciones rusas, y la toma de Crimea ha puesto a la opinión pública ucraniana y europea en contra de Moscú. Si Rusia tiene razones obvias para preocuparse por la ampliación de la OTAN, sus vecinos también tienen muchas razones para preocuparse por Rusia.

Pero Putin no es el único responsable de la crisis en curso sobre Ucrania, y la indignación moral por sus acciones o su carácter no es una estrategia. Tampoco es probable que sanciones cada vez más duras lo lleven a rendirse a las demandas occidentales. Por desagradable que sea, Estados Unidos y sus aliados deben reconocer que la alineación geopolítica de Ucrania es un interés vital para Rusia, uno que está dispuesto a usar la fuerza para defender tal y como estamos viendo, y esto no se debe a que Putin resulte ser un autócrata despiadado con un cariño nostálgico por el viejo pasado soviético, sino que eso es parte de lo que considera su perímetro de seguridad. Las grandes potencias nunca son indiferentes a las fuerzas geoestratégicas desplegadas en sus fronteras, y Rusia se preocuparía profundamente por la alineación política de Ucrania incluso si alguien alineado con él estuviera a cargo. La falta de voluntad de Estados Unidos y Europa para aceptar esta realidad básica es una de las principales razones por las que el mundo se encuentra hoy en este lío.

Dicho esto, Putin ha hecho que este problema sea más difícil al tratar de obtener importantes concesiones a punta de pistola. Incluso si sus demandas fueran completamente razonables, Estados Unidos y el resto de la OTAN tienen buenas razones para resistir su intento de chantaje. Una vez más, el realismo te ayuda a entender por qué: en un mundo donde cada estado está en última instancia por su cuenta, señalar que puedes ser chantajeado puede alentar al chantajista a hacer nuevas demandas, esto ocurre en ambas direcciones.

Para solucionar este problema, las dos partes tendrían que transformar esta cuestión, la seguridad en Europa, de una que parece un chantaje a una que parece más un rasguño mutuo. La lógica es simple: no me gustaría darte algo que quieres si me estuvieras amenazando porque sienta un precedente preocupante y podría tentarte a repetir o intensificar tus demandas. Pero podría estar dispuesto a darte algo que quieras si accedieras a darme algo que yo quisiera tanto. No hay nada de malo en sentar un precedente como ese; es, de hecho, la base de todos los períodos de paz duraderos.

Estados Unidos y el enfoque de este es dudoso que vaya a funcionar. ¿Por qué no? Porque al final, el alineamiento geopolítico de Ucrania es un interés vital para el Kremlin y Rusia insistirá en conseguir algo tangible tanto ahora como después de la guerra en un hipotético tratado de paz. El presidente de EE. UU., Joe Biden, ya ha dejado claro que Estados Unidos no irá a la guerra para defender a Ucrania, únicamente se han limitado a apoyo propagandístico y material, y aquellos que piensan que puede y debe intervenir, en un área que se encuentra justo al lado de Rusia, aparentemente creen que todavía estamos en el unipolar. mundo de la década de 1990 y tienen muchas opciones militares atractivas que realmente no existen.

Sin embargo, con una mano débil para jugar, el equipo negociador de EE. UU. aparentemente todavía insiste en que Ucrania mantenga la opción de unirse a la OTAN (o lo que quede de ella) en algún momento en el futuro, que es precisamente el resultado que Moscú quiere impedir con su intervención. Si Estados Unidos y la OTAN quieren resolver esto a través de la diplomacia, tendrán que hacer concesiones reales a los rusos y es posible que no obtengan todo lo que desean. Esta situación es el precio que hay que pagar por expandir imprudentemente la OTAN más allá de límites razonables.

Este desafortunado lío da una lección a los ucranianos y sus líderes, que tienen que tener en cuenta de que tener a Rusia y Occidente peleando sobre qué lado finalmente gana la lealtad de Kiev es un desastre para su país. Ucrania debería haber tomado la iniciativa y anunciar que tenía la intención de operar como un país neutral que no se unirá a ninguna alianza militar. Debería haberse comprometido formalmente a no convertirse en miembro de la OTAN o unirse a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva liderada por Rusia. Seguiría en ese caso siendo libre de comerciar y dar la bienvenida a la inversión de cualquier país. Si Kiev hubiera hecho tal movimiento por su cuenta, entonces los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN no podrían ser acusados de ceder al chantaje ruso.

Para los ucranianos, vivir como un estado neutral al lado de Rusia no era seguramente la situación ideal, eso es lógico. Pero dada su ubicación geográfica, es el mejor resultado que Ucrania podía esperar de manera realista. Sin duda, es muy superior a la situación en la que se encuentran los ucranianos ahora, en una guerra que amenaza con despedazar su país y una posible anexión rusa. Vale la pena recordar que Ucrania fue efectivamente neutral desde 1992 hasta 2008, el año en que la OTAN anunció tontamente que Ucrania se uniría a la alianza.

El elemento más trágico de toda esta infeliz situación es que era evitable. Pero hasta que los formuladores de políticas estadounidenses no moderen su arrogancia liberal (en relaciones internacionale) y recuperen una apreciación más completa de las incómodas pero vitales lecciones del realismo y de que las potencias tienen objetivos de seguridad jerarquizados, por los cuales están dispuestos a ir a una guerra, es probable que se topen con crisis similares en el futuro.

Relaciones sino-rusas tras el comienzo de la guerra en Ucrania y dificultades del escenario de seguridad europeo.

No deja de ser gracioso que la crisis ucraniana esté obligando a recular al respecto la posición oficial sobre China que se venía dando en los últimos años al respecto la idea del respeto a la soberbia de los Estados-Nación al modo decimonónico, es decir, considerando lo que ocurre en el interior de estos como una caja negra, siendo este principio central para la relación entre Estados (algo que los mandatarios occidentales no aceptan y tienden a interferir como forma de poder blando en otros países, cuando ocurre algún suceso politizable).

A medida que las tropas rusas han ido entrando en Ucrania, los funcionarios de Pekín se han enfurecido ante cualquier insinuación de que, por proteger a Moscú, traicionan un principio básico de la política exterior china: que la soberanía es sacrosanta. Más que la mayoría de los países, China ha defendido la idea de que la soberanía nacional está por encima de otras preocupaciones, incluidas las normas sobre derechos humanos (que no son más que un arma geopolítica para justificar influencia e intervención en otros Estados por sus promotores). El concepto moderno de soberanía en China —“zhǔquán” en chino— se desarrolló a partir del siglo XIX, cuando las potencias occidentales subyugaron a los gobernantes Qing, y aún tiene vigencia dentro del gigante asiatico.

También en la política interna, el gobierno chino ha hecho de la soberanía un objetivo. Cuando las autoridades juzgan a los disidentes en secreto, rechazan las solicitudes de acceso a información alegando “soberanía judicial”. Cuando se critica la censura china en internet, los funcionarios citan el derecho de China a preservar su “cibersoberanía”, así de importante es para dicho país esa cuestión.

Obviando no sólo sus propios conflictos territoriales sino el problema de Taiwan al que considera parte de China. Para China esta es la mejor situación posible con una Rusia cada vez más dependiente y un Estados Unidos empantanado y con sus objetivos estratégicos a largo plazo en riesgo. La creciente relación económica entre China y Rusia también le ha dado a Xi cierta influencia potencial para presionar a Putin para que resuelva con celeridad la crisis de Ucrania. Con las severas sanciones impuestas a Rusia por las potencias occidentales, ahora puede que Putin necesite más que nunca a China como inversionista y comprador de petróleo, trigo y otros productos rusos.

Contra lo que se está diciendo la posición de China sobre el conflicto no es ambigua, sino su forma habitual de actuar, calificando la agresión rusa como provocada por no entender las necesidades de seguridad rusas por parte de EEUU y los países de la UE. Si llega el momento ayudará a Rusia pero no porque quiera salvarla, sino pensando en su propio interés y con la comodidad del socio senior de la relación.

Por el otro lado, Putin espera que Xi acepte, o incluso apoye, la invasión. Hasta ahora, el gobierno de Xi le ha seguido el juego, al atribuir la responsabilidad de la peor guerra de Europa en décadas a la arrogancia de Estados Unidos. China también se ha distanciado de la condena a Rusia en las Naciones Unidas.

“China cree que la causa principal de esta guerra ha sido la incapacidad a largo plazo de Estados Unidos de respetar la seguridad rusa”, dijo Xuewu Gu, director del Centro de Estudios Globales de la Universidad de Bonn, Alemania. “En ese sentido, China ve esta guerra como una autodefensa de Rusia, por lo que naturalmente no la describiría como una invasión”. Obviando no solo sus propios conflictos territoriales sino el problema de Taiwan. Para China esta es la mejor situación posible con una Rusia cada vez más dependiente y un Estados Unidos empantanado y con sus objetivos estratégicos a largo plazo en riesgo.

Por otro lado, después de escuchar el discurso de Biden, me cuesta pensar que la opción de convertir a un Estado del tamaño y poder de Rusia en un paria internacional sea una opción factible (más aún cuando los BRICS, varios países americanos, de Medio Oriente y de su tradicional zona de influencia), no han decidido participar en el embargo económico. Eso por no hablar de potenciales consecuencias para la estabilidad del sistema internacional y el cumplimiento de los objetivos estratégicos estadounidenses a largo plazo. Sumado al desacoplamiento europeo de la economía rusa, y el acoplamiento en su flanco este con China, algo que hará que Rusia tenga que perder menos cuando tenga tensiones geopolíticas con Occidente.

No es la primera vez que la URSS (en un primer momento) y un poco antes el imperio ruso fue un paria durante la primera mitad del S. XX (debido al temor del Imperio Britanico a que se expandiera hacía Oriente Medio y la India, área de influencia británica) y luego, a pesar de estar atrasada esta potencia acabó por liderar junto con EEUU la geopolítica durante parte del S.XX. Claro que la URSS de 1919, estaba en una situación mucho más desesperada que la Rusia de hoy, que además tiene una cierta presencia más allá de su región sumado a un arsenal nuclear y unas fuerzas armadas operativas.


Este aislamiento y el de la Alemania Guillermina (cuando se le negó participar de igual a igual en la política de reparto colonial), y en la primera parte del período de entreguerras respecto Weimar y el III Reich, son los dos únicos ejemplos que se me ocurre como lejanamente similares, hechos que suelen generar una tensión bastante fuerte y difícil apaciguar entre las potencias dominantes, que no quieren ceder para construir un sistema de seguridad equilibrado, con las demandas y crean entonces un “paria internacional”, que le sale más rentable romper el sistema se seguridad a mantenerlo.

La OTAN, por otro lado, está utilizando a Ucrania como carne de cañón para poder . Apela a una narrativa internacional de condena a Rusia, mientras el territorio y las vidas de los habitantes se destruye incrementalmente.

Tristemente, las alternativas para Ucrania son las siguientes:

-El Futuro de Ucrania bajo Rusia: Gobierno títere desarmado e incapacitado para tener autonomía y soberanía (suponiendo que no habrá ninguna anexión de territorio).

-Futuro de Ucrania para OTAN:
Gobierno endeudado, sectores estratégicos privatizados, armado hasta los dientes por UE y EEUU para ser carne de cañón contra Rusia. Ninguna de las dos parece una buena opción.

El verdadero aprendizaje que deben hacer los países de mediano desarrollo del conflicto en Ucrania es invertir en sus propios sistemas de Defensa que puedan disuadir lo suficiente a sus posibles amenazas, o plantear hipótesis de conflicto en las que puedan generar suficientes bajas al hipotético rival, además de tener cierta autonomía estratégica para aplicar estos planes y programas (y así no quedar atrapado en la política de dos grandes potencias rivales). Esto sirve para España, o para cualquier Nación Hispanoamericana, dominada o rodeada, en mayor o menor medida por potencias extranjeras.


La cuestión es que convertir a Rusia en un paria internacional es una mala idea dado que es demasiado grande. Un sistema de seguridad europeo sin la principal fuerza nuclear en el continente europeo es inviable. Sería como intentar hacer un sistema europeo de seguridad en la época del II Reich sin Alemania, excluyendo a dicha primera potencia continental de la toma de decisiones en ese escenario y de sus demandas como relevantes en la configuración de este.

El escenario europeo será más inestable por la megalomanía otanista de expandirse hacía Europa Oriental, y no aceptar que Rusia es una potencia relevante en la región, en vez de reconocer la relevancia de dicha potencia y apaciguarla en consecuencia, delimitando zonas de influencia para generar así la posibilidad de paz en la zona Oriental de nuestro continente.

¿LA IZQUIERDA ES HIPERCAPITALISTA?

VALORES DE IZQUIERDA COMO AUTONOMÍA, LIBERTAD E IGUALDAD ESTÁN AGRAVANDO EL DESARRAIGO SOCIAL.

Independientemente de lo que afirme cualquier izquierdista, la gran mayoría de ellos son secretamente hipercapitalistas. Es posible que ni siquiera se den cuenta de esto porque las ideas y la realidad suelen y pueden ir por caminos distintos (ellos sin saberlo ahondan en los problemas del sistema). Pueden arremeter contra usted por decirles esto. Pero es la verdad. Los valores que propugna la izquierda indefinida realmente existente en última instancia van de la mano con una especie de infierno hipercapitalista. Entonces, cuando intento explicar por qué no me identifico con la izquierda, esta es una parte de la historia.

¿Cómo la izquierda se volvió liberal-progresista en términos anglosajones?

Cuando uso Liberal aquí, no lo estoy usando como peyorativo que utiliza izquierda y derecha.  A lo que me refiero con «Liberal» es a la escuela de filosofía política que llamamos Liberalismo. La escuela de Mill, Kant, Rawls, Dworkin, Raz y otros que surgieron de la nueva ontología social de los teóricos del contrato social.

Si bien hay muchos elementos de las teorías liberales (neutralidad de las instituciones, formalismo legal, procedimentalismo, pluralismo, derechos subjetivos, etc.), el núcleo del liberalismo es la autonomía. Dos ejemplos rápidos:

Joseph Raz en su obra La moralidad de la libertad:

“Una corriente común en el pensamiento liberal considera la promoción y protección de la autonomía personal como el núcleo de la preocupación liberal. Una persona es autónoma si puede convertirse en autora de su propia vida.”

Bruce Ackerman en su obra Social Justice and the Liberal State :

“[El liberalismo es] una moralidad política individualista… preocupada principalmente por proteger y promover la autonomía de los individuos.”

La izquierda, en general, no solo ha adoptado la autonomía como un bien central que guía su política, sino que la ha intensificado . Se invoca la autonomía corporal para defender los derechos de las personas transgénero, el aborto, el trabajo sexual, las sexualidades, etc. Quizás el debate sobre el trabajo sexual es más obvio, ya que las llamadas de «antimoralismo» tienden a ser las más explícitas allí. O se apoya el trabajo sexual por la autonomía corporal, o se opone al trabajo sexual en su forma actual por la explotación/mercantilización del cuerpo (normalmente son los argumentos más habituales).

Tengamos en cuenta, por otro lado: que la «explotación» y la «dominación» tienden a ser solo formas indirectas de afirmar la autonomía. Pasan de contrabando el valor de la «autonomía» por la puerta de atrás para justificar cualquier brutalidad. Sin embargo, el trabajo sexual es «explotador» porque con frecuencia depende de mujeres que no tienen otras opciones. Por supuesto, la implicación es que si una mujer acomodada que pudiera elegir a sus propios clientes, etc., eligiera dedicarse al trabajo sexual, no habría nada malo. Autonomía corporal sería en este caso.Sin embargo, para esta izquierda progresista, no hay ningún otro principio moral en juego. Por supuesto, no todas las personas de izquierda creen esto. Pero la izquierda se ha vuelto mayoritariamente liberal.

De manera similar, la «dominación» como algo inherente a las sociedades humanas tiende a usarse como la contraparte indeseable para justificar la autonomía. La dominación se refiere a alguna situación en la que existe una distribución desigual del poder en la sociedad, lo que lleva a unos individuos a mandar y a otros que deben obedecer. Que esto sea malo se basa en una de tres creencias:

1. La afirmación de que elegir el propio destino/guiar la propia vida es bueno, aún cuando esta se encuentra tan condicionada por la cantidad de sucesos sociales,  que la libre elección es realmente imposible. En otras palabras, a menos que estemos describiendo la dominación como un hecho exagerado e implausible, lo que realmente ocurre es que estamos afirmando la autonomía. No hay autonomía para los dominados, no hay elección real en la vida, y por lo tanto el sistema de dominación es injusto e inmoral. Bienvenido de nuevo al liberalismo.

2. Que la dominación tiende a conducir a estructuras de incentivos perversas, y va en contra del bien común. Gran parte de nuestra sociedad está atrapada en estructuras de incentivos profundamente perversas, con individuos e instituciones que son recompensados ​​por actuar de manera antisocial. Smith discutió algo similar en La Riqueza de las Naciones , cuando señaló que mientras los intereses del trabajador y el terrateniente se alinean con el interés general de la sociedad, los intereses de la clase capitalista no lo hacen, ya que:

“La tasa de ganancia no aumenta, como la renta y los salarios, con la prosperidad y cae con la declinación de la sociedad, sigue su propio ciclo.”

Esta afirmación, por supuesto, exige alguna noción sustantiva del Bien más allá de la autonomía. Tal vez uno crea en un tipo de productivismo como el que parece respaldar Smith, pero uno necesita creer en cualquier noción sustantiva de la Buena vida. 

-La dominación excluye la igualdad, y la igualdad no es un bien en sí mismo:

No necesito decirles que las visiones de «igualdad» tienden a ser absurdas y delirantes. Pero lo que quizás no comprenda es que una afirmación de igualdad generalmente es una afirmación de autonomía al final del día. Quizás Peter Westen lo dijo mejor:

«La igualdad es un recipiente vacío sin contenido sustantivo propio. Sin normas morales, queda sin sentido, una fórmula que no puede decir nada sobre cómo debemos actuar.»

Los reclamos de igualdad han comenzado a desplazar los reclamos de autonomía/libertad en muchos estudios liberales, ya que la autonomía/libertad se consideran conceptos bastante inadecuados. Pero el problema, por supuesto, es que la igualdad es igualmente inútil y generalmente se reduce de nuevo al concepto de autonomía e independencia en esta erudición. Primero, como dijo Safranek en El mito del liberalismo :

“El proponente de la igualdad debe justificar su uso favorito de la igualdad… frente a otros significados posibles… Y no puede invocar el principio de igualdad porque eso es lo que se disputa.”

El erudito constitucional Kenneth Karst se basa en Rawls (quien identifica el respeto por uno mismo como «el principal bien primario» en su Teoría de la justicia ) y vincula explícitamente la igualdad con la autonomía. En su opinión, el núcleo sustantivo de la cláusula de igual protección es que la igualdad de ciudadanía exige que la sociedad trate a todas las personas con respeto y dignidad.

Para Karst, cuando los individuos perciben una desigualdad como un índice de su valor personal, su principal bien de respeto por sí mismos se daña y disminuye. (Si esto le suena a «Justicia Social», bueno,… sí) . Karst, que escribió sobre muchos temas de los derechos de la mujer, argumentó que la igualdad de ciudadanía no incluye un derecho específico a los anticonceptivos o al aborto, sino más bien un «derecho a asumir la responsabilidad de elegir el propio futuro».

La Corte Suprema de EEUU respaldó este razonamiento en Casey :

“La capacidad de las mujeres para participar equitativamente en la economía y la vida social de la Nación se ha visto facilitada por su capacidad de controlar su vida reproductiva”.

Así hemos demostrado que la «dominación», la «explotación» y la «igualdad» son generalmente solo formas de ocultar una afirmación de «autonomía». Es un intento de ser liberal, sin admitir el propio liberalismo. En ausencia de cualquier teoría sustantiva del Bien, eso es todo a lo que llegará la Izquierda indefinida actual. 

Pero está bien. Hemos demostrado que la izquierda realmente existente es en gran parte liberal, pero ¿cómo prueba esto que son «hipercapitalistas»? Parece una afirmación bastante audaz que aún no ha sido probada. Bueno, amigo, debemos investigar cuáles son los impactos de la autonomía y por qué conducen a esta sociedad hipercapitalista.

-El Liberalismo como ácido del tejido social: la autonomía lo disuelve todo:

Quiero comenzar con una afirmación que puede parecer contradictoria pero no lo es: el colectivismo es totalmente compatible con la alienación y la atomización. Incluso puede exigir esa atomización, pero no tengo el espacio aquí para probar eso. Lo que quiero discutir aquí no es «individualismo» versus «colectivismo», o «libertad» versus «tiranía», sino más bien arraigo versus atomización. Ya he discutido cómo , si «libertad» significa algo, «autonomía» no es una noción muy sustantiva de ella . Así que hoy quiero ver cómo la autonomía, la «libertad», termina conduciendo a la atomización total.

Autonomía e Igualdad exigen la total atomización. El universalismo también exige la atomización total (por lo que cualquiera que identifique a la izquierda con algún tipo de «universalismo» aún respalda esta atomización dado que cree en una idea de individuo no inmerso en su cultura y en su contexto).

Pero ¿por qué es este el caso?

La autonomía exige la atomización porque cualquier vínculo que no se elige representa una limitación a las acciones genuinamente libres. Vemos variantes de esta creencia en los llamados a la abolición de la familia y la «colectivización» (los progresistas más acérrimos) de la juventud: Además, del mismo modo que uno no elige en qué familia nace ni de qué raza es, estas cosas no pueden tener sentido si la autonomía es nuestro valor más fundamental, al menos a priori. Y si no pueden tener significado, no podemos identificarnos con ellos, ya que ( como explica Charles Taylor) cómo nos identificamos/con qué nos identificamos refleja los valores que tenemos de forma significativa, algo que debe ser disuelto para nuestros defensores de la autonomía o independencia individual. Identificarse con ellos (la familia) es apelar a algún valor fuera de la autonomía que debe prevalecer bajo esa idea atomizadora de familia.

Una asociación interesante (y quizás trágica) es la multitud de «sensaciones atrapantes» en las  relaciones sociales, especialmente cuando estas son largas y pesa un cierto grado de obligación y responsabilidad autogenerada (algo que todos seguramente hemos sentido y que seguramente nuestros antepasados no pensaron ya que no tenían alternativa en ese sentido).

Efectivamente, los «sentimientos» se ven como externos al Yo (mente-cuerpo), que es autónomo al mundo físico (separación errónea entre cuerpo y mente tan liberal, cartesiana y anti-materialista) según nuestros amigos amantes de la autonomía y, por lo tanto, debe permanecer separado y desvinculado del mundo y de los sentimientos que surgen al entrar en contacto con el mundo para tomar bajo dichos parámetros una decisión libérrima. 

¿Es sorprendente que la multitud no gestione esos sentimientos teniendo en cuenta el contexto y resuelva en él sino bajo el psicologismo de libertad, y de la mente independiente del contexto y del cuerpo, la cual se superpone al 100% con esta adoración de izquierda/liberal y su afecto por la autonomía/independencia individual como valor central de nuestra cultura occidental»? ¿No debería ser que estos (liberal e izquierdista indefinido) van de la mano? Este es el resultado final de mantener la autonomía como su principal bien, un desorden moral de implicaciones aún desconocidas.

La igualdad exige atomización no solo porque se reduce a la autonomía en el fondo (y por lo tanto tiene los mismos problemas que los descritos anteriormente), sino porque si un individuo percibe la desigualdad como un índice de su valor personal, limita su bien central de auto-valoración o respeto social. Y solo necesitas ver una o dos telenovelas para entender cómo termina funcionando. No puede haber conexiones significativas, ni apegos, ni lazos que puedan llevar a otro a percibir una desigualdad («Aman a A más que a mí») que reflejaría por otro lado un índice de su autoestima personal (aunque esto es otra cuestión).

Luego el universalismo exige la atomización porque ser verdaderamente universalista es abandonar los lazos particulares. Susan Wolf presenta un argumento bastante intrigante con respecto a lo que ella llama «Santos Morales». Uno de sus dos modelos, el Santo Amoroso, se identifica (vagamente) con el utilitarismo y señala que parece conducir tanto a una disminución general de la felicidad general como a una especie de esquizofrenia interna con respecto a los valores/motivaciones morales. El Santo Amoroso es alguien que abraza a todos sea la persona que sea. Por supuesto, si bien esto suena muy bien, el Santo Amoroso sería un individuo torturado y en gran medida desagradable. Imagínese si su «mejor amigo» tratara a cada extraño que conoce de la misma manera que lo trata a usted. No te sentirías particularmente importante o especial, y se perdería la particularidad de nuestras relaciones que las hace por lo demás significativas. Hugh LaFollette hace un poderoso argumento de dos frentes en este sentido , argumentando que las relaciones personales cercanas son requisitos previos para el desarrollo de personas moralmente buenas. Y aunque señala que puede haber una interacción entre el universalismo y la particularidad, pocos defienden ese punto de vista.

Así, una afirmación de la autonomía, la igualdad, el universalismo, etc., casi siempre va de la mano de la atomización, especialmente con la izquierda indefinida actual. El resultado final es una especie de colectivo donde todos están igualmente y totalmente alienados unos de otros. Donde nada se le puede pedir sin su consentimiento. La autonomía, la igualdad y el universalismo deben disolver todos estos lazos para eliminar la dominación.

Cuando oímos hablar de un enfoque de «consentimiento» o de «elección», nos estamos refiriendo a dos individuos enajenados que deciden establecer un vínculo que puede ser revocado en cualquier momento por uno u otro, y que no tiene un significado más profundo que el deseo de esas dos (o más) personas. El 99,9% de la industria del «cuidado personal»  (cosméticos) es efectivamente solo una forma de aplacar el vacío interior cuando pierdes esas relaciones profundas con los demás y/o cuando las relaciones te imponen exigencias que no te dejan » tenerlo todo» y te enojas porque te vendieron una mentira (o asumes que tus relaciones son malas por algún motivo a elegir).

Es irónico que sean los propios izquierdistas indefinidos (desconectados de las líneas tradicionales de izquierda) quienes hayan hecho realidad la famosa afirmación de Marx:

“Todo lo sólido se desvanece en el aire , todo lo sagrado es profanado, y el hombre se ve finalmente obligado a afrontar con sentido sobrio sus condiciones reales de vida y sus relaciones con los suyos.”

Lamentablemente, la izquierda sigue sumida en el autoengaño. Y esto es aún más peligroso, porque es este autoengaño lo que permite la atomización, y es esta atomización la que naturalmente (y quizás necesariamente ) alimenta un sistema de consumo (capitalismo gerencial si quieren).

Entonces, ¿por qué la atomización es el combustible natural de un sistema hipercapitalista?

El capitalismo y la atomización como inseparables:

Como afirma Mark Granovetter, Adam Smith afirmó tácitamente que los mercados verdaderamente competitivos requieren atomización social.

George Stigler de su Teoría del precio :

“Las relaciones económicas nunca son perfectamente competitivas si implican alguna relación personal entre las unidades económicas”

Marshall McLuhan:

“Para tener una vida altamente industrializada, comercial o de marketing, debes idear relaciones muy superficiales para las personas”.

Ahora bien, por supuesto, la queja aquí será que mientras el capitalismo exige la atomización, la atomización no conduce necesariamente al capitalismo. Si creemos que la autonomía es el bien central del mundo, entonces es la justificación final. Es el árbitro final de lo correcto/incorrecto. Algo es bueno si permite que los individuos expresen su autonomía, y malo si no lo permite. Las «relaciones personales», en la medida en que existen en un mundo que adora la autonomía, solo persisten mientras las personas lo deseen. En otras palabras, en la base de toda relación personal, de toda conexión supuestamente «no mercantilizada», se encuentra la utilidad. Todo se rige por la lógica del mercado y su principio central: el «valor». No puede haber un «amor incondicional». Todo es condicional, y está condicionado al valor.

Y como señala Paul Verhaeghe en su obra ¿Qué hay de mí?, nuestra ideología moderna de autonomía/lógica de mercado conduce a una extraña paradoja en la que siempre se espera que uno sea un maximizador de valores (de ahí el autocuidado y las narrativas de «liberación» o «vivir tu mejor vida») y, sin embargo, presenta una variedad tan vertiginosa de opciones que la identidad casi nunca es estable. Primero, si uno es verdaderamente autónomo, ¿por qué permanece en una situación subóptima de su supuesta individualidad? ¡Sal de ahí! Y si te quedas, es tu culpa, por supuesto. Tuviste la opción, y elegiste no hacerlo. Segundo, ante la inmensa complejidad y la vertiginosa variedad de narrativas de identidad superficiales, los individuos se encuentran en un estado constante de desorientación (piense en la «modernidad líquida» de Bauman).

Así, según Verhaeghe, obtenemos el resultado: una especie de «hedonia depresiva». Como señaló Bauman, frente a lo superficial, los individuos buscarán conexiones más profundas para establecer identidades más sólidas. Por supuesto, esto fallará. Porque adorar la autonomía es impedir que esas identidades existan. Más palabras de Marshall Mcluhan:

«La intensidad del control de masas y la explotación se incrementa por la multiplicación de las diferencias superficiales».

Por otro lado la atomización y la lógica del mercado transforma las redes sociales en las que existimos, una cosa que la mayoría no parece comprender es que al adorar la autonomía, cambia fundamentalmente los espacios físicos que habitamos. Muchos se quedan solo hasta cierto punto señalando que el capitalismo se opone a los «valores conservadores» (que no necesariamente tienes que defender para criticar la autonomía y el desarraigo), pero ese es un punto demasiado limitado. El punto real debería ser «El capital se opone a cualquier cosa que no pueda comercializar, y trabajará para destruir esas cosas y reemplazarlas con alternativas mercantilizadas».

El culto a la autonomía introduce la lógica del mercado en todos los elementos de nuestra vida y, además, transforma los espacios que habitamos. Los espacios no mercantilizados donde podemos acercarnos unos a otros como personas plenas son destruidos y reemplazados por espacios atomizados donde solo podemos acercarnos unos a otros en términos de la utilidad que el otro puede proporcionar.

Así, los espacios en los que nos relacionamos unos con otros en un nivel más profundo que la utilidad, como la familia, en otros tiempos nuestras iglesias, templos, mezquitas, grupos de intereses, etc. son borrados. Lo que reemplaza a estos espacios son espacios regidos por la competencia y la lógica del mercado. El lugar de trabajo, el patio de la escuela (o realmente el salón de clases tiene más sentido, ya que la amistad pasa a un segundo plano frente a la competencia), etc. La competencia está siempre presente. Todo el mundo es una amenaza. La gran cantidad de suicidios de adolescentes debería ser evidencia suficiente de eso.

Cuando la elección se convierte en consumo, hemos mercantilizado el Ser mismo, por lo tanto, los lazos no elegidos que nos unen a los demás deben ser reemplazados por alternativas mercantilizadas. Como señalé anteriormente, Charles Taylor describe cómo nuestra identidad está ligada a los valores que tenemos:

“Saber quién soy es saber dónde estoy. Mi identidad se define por los compromisos e identificaciones que proporcionan el marco o el horizonte dentro del cual puedo tratar de determinar caso por caso lo que es bueno, o valioso, o lo que debe hacerse, o lo que apruebo o me opongo”.

Así nuestra sociedad atomizada desarrolla cantidades masivas de identidades mercantilizadas y superficiales. Convierte a los clientes en fanáticos productos en obsesiones empleados en embajadores y marcas en religiones. Todas estas identidades, estos lazos, deben ser elegidos, y si se eligen en este mundo atomizado, se eligen según la lógica del mercado. En otras palabras: «En mi búsqueda y deseo de identidad demasiado humanos, me veo obligado a consumir.»

Lo aterrador de esto es que hemos ido mucho más allá de la mercantilización de nuestro trabajo, de nuestros cuerpos, quizás incluso de nuestras mentes. Nos hemos mercantilizado a nosotros mismos. Para un liberal, su identidad es una mercancía. Algo para ser recogido y arrojado a un lado de acuerdo con la lógica de cuánto valor les da. Y, sin embargo, la izquierda indefinida, en su amplio respaldo al valor de la autonomía, lo ha abrazado de todo corazón. Por lo general, no se dan cuenta y lucharán contra ti con uñas y dientes si les dices esto, pero nuestros amigos izquierdistas tienen los mismos valores fundamentales que los «capitalistas» que afirman despreciar. Sí, tal vez redistribuyen los medios de producción. Pero ese cambio palidece en comparación con lo que haces con la totalidad de nuestras relaciones sociales. La autonomía exige atomización, lo que obliga a que todo (incluida su propia identidad) se rija por la lógica del mercado, algo que no pueden eliminar. 

¿Se puede salvar la izquierda?

Si solo viniste aquí para leer sobre cómo apesta la izquierda, puedes sentirte libre de disfrutar el resto de tu día. Pero como ex izquierdista y alguien que todavía tiene muchos puntos de vista coloquiales de «izquierda», me gustaría hacer esta pregunta.

La respuesta se reduce a un dilema muy simple: o la izquierda puede abandonar la autonomía y presentar una visión moral sustantiva del Buen Vivir, o puede seguir siendo indistinguible del neoliberalismo a nivel atómico.

En lugar de adorar la autonomía, la izquierda podría argumentar que existen bienes como la comunidad, no mercantilizados, la responsabilidad propia, etc. y que estos bienes se sirven bien proporcionando más tiempo libre y asegurando más oportunidades económicas. Estas políticas de izquierda se utilizan al servicio de un bien sustantivo, más que como una forma de maximizar la autonomía del individuo.

Mucha gente parece pensar que la izquierda indefinida está genuinamente del lado de los neoliberales. Que en el fondo les gusta el sistema. Quizá este no sea el caso, pero se han convencido genuinamente de que la libertad, lo más bueno que tienen en mente, solo se logra a través de un colectivo definido por vínculos que son solo consensuados. Por supuesto, no se dan cuenta de que al hacer que los lazos sean sólo consensuales, los han mercantilizado y alienado a los individuos en unidades atomizadas. Están equivocados, incluso son realmente delirantes, pero no son partidarios secretos del sistema. Inconscientemente (o no) apoyan el sistema porque no comprenden que a nivel social, son liberales. Esos átomos pueden estar dispuestos de manera diferente para formar un «neoliberal» o un «socialista libertario», pero el nivel atómico, el bien de la Autonomía, es el mismo.

Entonces, si la izquierda puede presentar esta visión sustantiva, puede salvarse a sí misma. Eso podría significar abandonar algunas vacas sagradas del progresismo y sería mucho mejor destruir lo poco que queda de nuestro tejido social. Aunque todo de acuerdo con su afirmación de que las relaciones personales cercanas son requisitos previos para el desarrollo de personas moralmente buenas. Pero en última instancia, hasta que se presente una visión moral tan sustantiva del Buen Vivir, difícilmente se diferenciarán de lo que h

En otras palabras, la izquierda (si abandona el universalismo y su atomismo moral) puede salvarse… pero ¿quiere?

GEOPOLÍTICA DE ESTADOS UNIDOS EN UN MUNDO MULTIPOLAR:

REGIONALIZACIÓN DE LA DEFENSA EN LA LA DECADENCIA RELATIVA DEL HEGEMÓN AMERICANO.

La cuestión sobre el inédito aumento del presupuesto militar alemán, no hace más que ahondar en la idea de que el mundo multipolar en el que vivimos requerirá de potencias intermedias a nivel regional con mayor autonomía estratégica dada la incapacidad de los EEUU de defender todos los flancos de su imperio exterior.

Hacer frente a China, Rusia, controlar las rutas internacionales de comercio que le son estratégicas (Asia-Pacífico, Ormuz  y defender a todos sus aliados simultáneamente es demasiado incluso para Estados Unidos.

Uno de los síntomas del agotamiento de los imperios, entre otros, es la regionalización de la toma de decisiones, esto (el aumento del presupuesto militar de una potencia intermedia como Alemania) es un ejemplo más de ese proceso, pues el hecho de que los europeos tengan que desarrollar una defensa propia, no indica más que EEUU no puede hacerlo más, sino que detectan que el hegemón no lo podrá hacer como antes. Obviamente, la invasión de Ucrania ha sido la justificación a algo que en algún momento llegaría como producto del declive relativo estadounidense.

Entrando en el análisis, en verdad EE.UU. funciona como un sistema de partido único con pequeños matices en lo interno, pero no confundir que su Gobierno (oficial -presidente- y no oficial -élites americanas en puestos públicos y privados de toma de decisiones-) al respecto lo que hace Europa, América y el Caribe acaba siendo a grandes rasgos lo mismo, dado que  nadie pone ni pondrá en discusión que constituyen, dichas áreas geográficas, el patio trasero de la República Imperial, institucionalizado en la mal llamada Doctrina Monroe extendida fuera de las Américas en el siglo pasado.

Además del presidente de los EEUU, el hegemón tiene una red institucional y una serie de organismos de toma de decisiones compuesta por el Congreso, la Corte Suprema de Justicia, el Pentágono, Departamento de Estado, los mandos regionales de Asia-Pacífico y Europa, la Reserva Federal y un sinfín de lobbys, las universidades, la CIA, la DEA y el FBI, entre otros, que construyen de forma conjunta la política exterior americana.

Un presidente como el que fue Trump (América First) con ciertas ideas de aislamiento, ni siquiera pudo cambiar la orientación de todas estas instituciones de toma de decisiones, quedando prisionero de los andamiajes de poder del imperio, hecho que reitero, nos lleva a agudos análisis, pero que nos quede bien claro, que sea quién sea el presidente, difícilmente podrá modificar tendencias al menos con el sistema de separación de poderes americano y la dispersión del poder característica de Occidente (frente a países como Rusia o China donde el proceso de toma de decisiones está más centralizado).

Estados Unidos se encuentra en una profunda decadencia desde su pico de poder durante el momento unipolar tras la Guerra Fría, un momento de cambio y reorganización del «orden mundial, que partiendo de la premisa de que la cultura -entendida como el conjunto de elementos materiales y no materiales de un pueblo que construyen identidad- constituye la dimensión más profunda de la soberanía de los pueblos.

El autor de geopolítica norteamericano Brzezinski afirma que los cuatro ámbitos decisivos del poder global lo constituyen: a) militar, b) económico, c) científico-tecnológico y d) cultural. 

La combinación de los cuatro ámbitos es lo que hace a un actor estatal convertirse en superpotencia global (El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos).

Aunque el rostro visible de un imperio mundial se traduce a través del poder duro según John Nye – estratega estadounidense -, identificando de esa manera al segmento económico y militar, sin embargo es el poder blando – el cultural – el que alimenta y sostiene al primero. A lo largo de la historia, el Imperio de Roma, China, los Mongoles, España e Inglaterra, por citar algunos ejemplos, al ingresar en una fase irreversible de decadencia cultural fueron perdiendo la creatividad y el dinamismo económico militar.

Nada más alejado de la realidad mundial que desconocer que EE.UU. sigue siendo una superpotencia militar global, por lo que embarcarse en afirmar el inminente derrumbe de los EE.UU. es un simplismo peligroso, estamos ante una decadencia relativa, no un derrumbe. Sin embargo, podemos hallar serias grietas dentro del ámbito cultural norteamericano conducente a una crisis que nos lleva, como lo venimos sosteniendo, a un «orden» multipolar en el siglo XXI, y que es muy importante que no perdamos de vista, porque ratificamos la dimensión cultural afecta al poder económico, tecnológico y militar al brindarle creatividad e innovación. El primer síntoma de una crisis de los imperios se inicia en el segmento de la cultura (los memes o información cultural disgenésica que diría Dawkins) precisamente.

Daniel Bell ya advirtió en su momento que EE.UU. ha entrado en la «era del hedonismo» (Daniel Bell, Las contradicciones culturales del capitalismo. Tanto Samuel Huntington, en su última obra antes de fallecer denominada llamativamente “¿Quienes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense” como el citado Brzezinski, entre otros muchos, critican a fondo ese hedonismo que socava la tradición fundante calvinista cristiana y la base de moralidad social, e identifican su amenaza de declive social y hasta imperial. Ambos encuentran sorprendentes analogías con la decadencia de otros sistemas imperiales, como el historiador Paul Kennedy.

Los deslumbrantes logros tecnológicos, económicos y políticos se dan paradójicamente con problemas de decadencia moral, suicidio cultural y de desunión política entre cuyas manifestaciones Huntington señala el aumento de conductas antisociales (crímenes, drogadicción y violencia general), la decadencia familiar (récord de embarazos adolescentes), el descenso vertiginoso de la natalidad y el envejecimiento de la población, el resquebrajamiento de la ética del trabajo, la desocupación a consecuencia de la deslocalizacion de las fábricas, la concentración financiera de la riqueza, los niveles mas bajos de rendimiento escolar con depreciación del estudio y la actividad intelectual, y la erosión del puritanismo fundador de la «Gran Nación».

Francis Fukuyama es aún más radical en su libro “La gran destrucción”, donde destaca «los procesos de desintegración, comenzando por la crisis del matrimonio y la familia, bajo el influjo de un individualismo y un utilitarismo muy exasperado».

Ahora resulta muy difícil definir un consenso nacional americano ante esa presión multicultural si no es por la re-emergencia coyuntural de una conmoción patriótica. En el fondo, la búsqueda de un enemigo, ya sea el comunismo, el terrorismo, Putin, Irán, el difunto Chávez o los chinos, es lo que termina dividiendo en dos bloques a la sociedad norteamericana: la Nación Americana o la Confederación Multicultural.

Esto se agudiza por el fuerte crecimiento de las masivas inmigraciones a los EE.UU.. La cuestión de fondo se complica porque ha dejado de ser un Estado continental industrial Atlántico y predominantemente europeo, a ser europeo, pacifico, asiático y del sur continental o hispanoamericano. Ello pone en el tapete un eje central, la naturaleza de la Nación Americana está en discusión a todos los niveles como no lo estuvo desde la época de la Guerra civil en el siglo XIX. De ahí a esa idea entre la nación americana más decimonónica y la idea multicultural más reciente.

Huntington plantea en forma muy angustiada la necesidad de fortalecer la identidad nacional. La presencia hispana (y de otros grupos) en los EEUU suscita debates y temores. Huntington afirma en este sentido: «que el más grave e inmediato peligro para la identidad tradicional americana proviene de la inmediata e incesante inmigración de América de habla hispana, sobretodo de México».

Plantea el estratega norteamericano la urgente necesidad de vigorizar en tiempos que él escribió no solo por medio de la ideología política tradicional (los principios del «Credo Americano»), sino la revitalización de los elementos básicos de la cultura angloparlante (cristianismo, lengua inglesa, ética del trabajo, moralismo e imperio de la ley).

Por otro lado, el hegemón americano, se encuentra en un proceso interno de debate entre seguridad industrial o dominio comercial:

El primero es la capacidad de producir bienes y proveer servicios esenciales para la seguridad nacional, sin depender de un sistema internacional de distribución susceptible a una rotura logística por un cambio geopolítico, algo que ha sido una preocupación americana en los últimos años.

El segundo, la política llevada a cabo por EEUU desde su expansión comercial y fomento de la interconexión económica con el mundo bajo las ideas de internacionalismo liberal, proceso que ha supuesto el enriquecimiento de su plutocracia, pero que ha deslocalizado gran parte de las industrias más estratégicas de dicho país y la decadencia de polos industriales de la potencia americana.

Ambas posiciones, por supuesto, supondrán orientaciones diferentes, siendo la primera la que pasa por un mayor proteccionismo que hará que la relevancia comercial de EEUU respecto al mundo se reduzca, ya que sus megacorporaciones perderán la influencia en numerosos países en favor de otras potencias importadoras, y el segundo, por otro lado supondría la decadencia de un sector industrial que es siempre esencial para mantener la seguridad nacional, producción de tecnología que suponga ventajas competitivas en todos los sectores, además de mayor exposición a robos de tecnología por potencias rivales.

Cambiando de tema y para acabar, la decadencia relativa que hemos analizando brevemente y todas sus implicaciones, supondrá que los países de la periferia, para sobrevivir en un entorno internacional multipolar con mayor probabilidad de inestabilidad por la mayor cantidad de actores relevantes operando y especialmente los europeos acostumbrados al paraguas de defensa americano, requerirá que tengamos la necesidad de tomar decisiones geopolíticas independientes (autonomía estratégica) o al menos, menos dependientes de Estados Unidos, sin abandonar por temas de tamaño su órbita de influencia.

Implicando esto la necesaria construcción de una infraestructura de defensa propia, una industria de defensa competente que pueda cubrir nuestras necesidades, y como es lógico, una política de defensa coherente con las necesidades de las potencias intermedias como España, Francia, Alemania o Italia. Algo, que, en el caso de los políticos españoles enamorados del multilateralismo y el orden internacional liberal, la ignorancia en relaciones internacionales y geopolítica, parece a priori, difícil de conseguir, aunque esto sería tema para otra publicación.

Breve trituración sobre el mito del «Marxismo cultural».

Nadie quiere escuchar esto, pero la mayoría de las cosas que los conservadores atribuyen al «marxismo cultural» (es decir, marketing racial agresivo, abolición de roles de género significativos, cosas corporativas LGBTQ, etc.) son en realidad efectos de la extraña forma de capitalismo gerencial desenfrenado.

Las personas que siguen lloriqueando sobre el «marxismo cultural» nunca pueden explicar por qué la República Popular China (o la extinta URSS especialmente durante la gobernanza de Stalin), oficialmente un país socialista, está promoviendo la masculinidad tradicional mientras que el Occidente capitalista liberal está bajo esta ola de revolución cultural producida por el progresismo que está degenerado cualquier conexión con lo que fue dicha civilización en ciertos temas como la raza, género, orientación sexual, etc.

¿Quizás los males de la sociedad occidental moderna estaban enraizados en sus propias semillas como el desarraigo permanente (deconstrucción de lazos sociales) de cualquier tipo de vida comunitaria desde antes de la Revolución cultural, y este mal llamado “marxismo cultural” es sólo la culminación de la lógica desarraigadora?

La ironía del marxismo cultural es que el término proviene de Telos, que era una revista de la Nueva Izquierda, que se convirtió luego en en «conservadora» que denunciaba el marxismo cultural (los mismos escritores de la Escuela de Frankfurt que popularizó y de los que se inspiró). Demostrando así una vez más que «La derecha alternativa» y «La nueva izquierda» son lo mismo: el «Disidente individualista libertario» es el sujeto ideal del neoliberalismo y del militante progresista.

¿Qué es el «marxismo cultural»? Es la OSS (Office of Strategic Services antecesora de la CIA) haciendo psicoanálisis de masas en una nueva América, Y que en realidad se están creando a sí mismos un lugar en el nuevo país (dado que la mayoría eran europeos) a través del esfuerzo de guerra. De hecho los Estados Unidos de la época no eran diferentes a cualquier lugar Europa en términos morales, ante dicha tesitura supongo que el pensamiento de paranoia ¿qué hacemos para alterar el destino de la máquina de guerra estadounidense que podría volverse en nuestra contra? Pues una «Revolución cultural».

Hasta el día de hoy en mayor o menor medida, Estados Unidos realmente pertenece a las «víctimas del comunismo y el fascismo europeo», académicos exiliados que huyen a los Estados Unidos; se basa en la traición de elementos desclasificados de la sociedad europea de algún momento entre la IGM y el período de entreguerras, algo que me gusta llamarle “la aristocracia lumpen”. Si fuera estadounidense pensaría “no somos una nación de inmigrantes, somos una nación de aristocracia hereditaria que huye del comunismo y el fascismo” una nación de «refugiados», siendo el estadounidense ideal un extranjero que trabaja para la OSS (antecesor de la CIA).

El problema del mal llamado “marxismo cultural” (podríamos llamarle simplemente progresismo) es que es por otro lado la conclusión lógica del Liberalismo en los aspectos morales, visión de la vida. Suena algo tan alienante como el hecho de que te verás obligado a «ser libre». Debes tener la «libertad» para “ser lo que quieras” sus hijos deben tener la libertad de hacer lo que quieren con sus cuerpos y a sí mismos (aunque no estén lo suficientemente desarrollados mentalmente para tomar esta decisión). No parece que el marxismo nos dejara muchas enseñanzas en esa dirección

Muchas veces la total «libertad» termina en: ¿A quién le gusta cuando su hijo decide que debe tomar bloqueadores de la pubertad? Pues a la Big Pharma (o como Scott Howard en su libro en beneficio del “The Transgender-Industrial Complex”). Todo esto mueve, como es lógico dada el nivel de complejidad, mucho dinero, que no sería sostenible sin toneladas de ideología. También un bucle cíclico autocumplido de corporaciones que impulsan el despertar en Universidades/Medios y Universidades/Medios va más allá para impulsarlo en las corporaciones, y así sucesivamente, NINGUNO de esto tiene nada que ver con el marxismo o con el Marxismo Cultural y mucho con cierta clase gerencial que domina las grandes corporaciones, junto con los medios de comunicación, filantropía multimillonaria con ONG además de numerosas élites académicas.

Todo esto es una amalgama pura de la élite occidental que defiende la democracia liberal existente. Para evitar esto, se necesita control sobre los medios + control sobre los oligarcas/plutócratas + leyes de asociaciones y financiamiento restrictivas para organizaciones extranjeras + control sobre los fines de los capitales benéficos multinacionales. China y Rusia han evitado esto con dichas medidas, Hungría está tratando de hacerlo (con mayor oposición).

Por otro lado, si estamos, de acuerdo con los marxistas en que Wokeness (progresismo o mal llamado marxismo cultural) es una ideología burguesa elitista (que lo es), entonces deberíamos estar de acuerdo en que no existe el «marxismo cultural». De hecho, la propia creencia del “liberalismo clásico” tiene una trayectoria más bien definida hacia esta forma de progresismo que el marxismo en lo que respecta a una ontología anárquica, con un individuo poseedor de derechos naturales (iusnaturalismo), en detrimento de la idea del centro social o Estado como creador de la comunidad (de gobernados) y del derecho (generado por sus órganos legislativos que “crean la realidad social los derechos”, garantizados con su coerción, tribunales y policía).

En definitiva, el marxismo cultural es un invento. No puede existir marxismo disociado o sin la idea de derecho natural liberal, de ahí a que las intervenciones en países extranjeros por ideología no puedan justificarse sin creer en derechos humanos inherentes a los humanos, pero que no pueden realmente existir sin su reconocimiento por un Estado, hecho que iría en contra del materialismo marxista, que no se apunta a ese tipo de mitos confusionarios (aunque sí a otros) y que pondría en duda el esquema de la ideología de Marx.

De hecho, la Escuela de Frankfurt fue acusada de liberal por los marxistas clásicos (y era financiada por la CIA) además de que si leyeran los que creen este mito a autores como Marx, Mao, Lenin o Stalin, no repetirían un mantra con tan poco sustento teórico. El problema es que parece más fácil repetir algo y convertirlo en realidad que hacer un duro trabajo de esfuerzo intelectual que podría generar a priori disonancias cognitivas.

De hecho, los autores antes mencionados que buscaban restaurar una suerte de comunidad bajo la idea de la fraternidad de clase mediante la idea de «dicatadura del proletariado», no coincidirán, y creo que en esto todos estaremos de acuerdo, con el hecho de que una vez que te ha librado de toda obligación a la nación, la comunidad y la familia, además de librarte de las constricciones de la naturaleza humana y del sexo biologico, pero no solo, si no que también de la interdependencia social, de cualquier certeza al respecto lo que eres, sea realmente una variante de marxismo, sino que este progresismo una suerte de lo que otros han llamado por otros liberalismo cultural.

Sobre el conflicto ruso-ucraniano:

Observando la situación en Ucrania, la realidad pinta difícil para el país europeo, si las autoridades ucranianas han decidido armar a los civiles (tal y como indica la captura que les adjunto): enviar civiles para enfrentarse a las tropas rusas solo aumentaría las posibilidades de víctimas civiles. Los rusos no parecen estar buscando civiles, pero si un civil les dispara, es normal apostar que les devolverán el fuego. Por otro lado, parecen estar tratando de crear una situación de guerra asimétrica como la que Estados Unidos enfrentó en Afganistán, Irak o Vietnam (si me equivoco y alguien que me sigue tiene conocimientos respecto guerra asimétrica por motivos profesionales, por favor que me corrija). Los rusos estarán bajo presión psicológica, ya que sus enemigos potenciales ya no serán solo militares ucranianos uniformados.

Honestamente, y no son el tipo de valoraciones que suelo hacer, es repugnante: no se puede esperar que civiles sin entrenamiento manejen de manera competente armas automáticas y misiles antitanque. Están enviando a esta gente a la tumba y, al final, difícilmente ganarán por tener más mano de obra en el campo de batalla.

Toda la propaganda que nos llega como la «abuela feroz» discutiendo con un soldado ruso, vía los medios occidentales fueron una operación de preparación; destinado a fomentar la imprudencia de los civiles, con el fin de crear una narrativa manipuladora de víctimas civiles. Occidente, -como seguramente sea el caso también de sus rivales-  está actualmente dirigido por algunas de las personas más malvadas que jamás hayan existido. El hecho de que se armen a los civiles parece un truco publicitario y una apelación al sentimentalismo occidental de «revuelta popular» y «soberanía popular». Sin capacitación y organización, solo se logrará que mueran más personas. De hecho se había informado que las autoridades del país europeo había prohibido a «hombres de 18 a 60 años» salir del país para «garantizar la defensa de Ucrania».

En relación a ese posible escenario de guerra asimétrica, hace pensar que la OTAN dirigida por Estados Unidos incitó a Ucrania a un conflicto que no tenían intención de apoyar; esa es la verdadera historia aquí, en lugar de llegar a un acuerdo con Rusia y negociar de buena fe, las promesas de seguridad y de cheques en blanco le dieron a Zelensky y compañía creándoles una falsa sensación de confianza: para otros países con tendencias otanistas ya les vale aprender esa lección. El pueblo ucraniano será el más afectado aquí, se les dio una imagen totalmente falsa del apoyo de la OTAN; realmente imaginaron tanques estadounidenses entrando en Kiev para repeler a los rusos, ¡nunca iba a suceder! De hecho, el liderazgo ucraniano juega con con la esperanza de incitar a los rusos a cometer atrocidades (los partisanos no uniformados son ejecutados de manera rutinaria y esa ha sido la norma durante cientos de años); no les importa que la gente sea arrojada a la picadora de carne. 

Moviendo nuestra atención hacía EEUU, y en otro orden de cosas algunas de las peores personas en la academia estadounidense están histéricas en este momento. Muchos de ellos han perdido sus esperados trabajos de ONG y trabajo de estudio para la promoción de la democracia en Ucrania. Hecho que me alegra por parecer una especie de misioneros del mal.

También reseñar la tendencia de ciertos elementos pacifistas en Occidente y decir, a su vez, que los tuits que califican la guerra en general como un error, o que esta guerra es un error. Sin embargo, calificar la guerra como un error es no decir nada o decir algo tan vacío como que la naturaleza se ha equivocado dejando que el pez grande se coma al chico. Que tal o cual guerra en concreto es un error, así, sin más, pues no aclara mucho: ¿un error para quienes no la han anticipado como EEUU y UE o un error para Rusia que refuerza una frontera imperial que tenía pérdida? Hay que estar atentos a los «errores» porque pueden hacer mucho daño y generar situaciones como la actual. Ayuda para explicarla a parte de las típicas explicaciones, partir de la tesis de que la frontera occidental rusa es imperial, no tiene solución, es una cuestión de poder duro fijarla a un lado o a otro. La pregunta es si Putin considera que es el momento de moverla otra vez en interés de Rusia. 

¿Realmente somos tan ingenuos para creer que Putin ha llegado a realizar un uso inédito de la fuerza en Europa (quitando la balcanización de la OTAN en Yugoslavia) desde la II Guerra Mundial para forzar una firma y que todo quede sujeto sobre el papel y no sobre el territorio? Las concesiones a Rusia no pueden ser entonces más que flagrantes y esto es inaceptable para la hegemonía Estadounidense  (en beneficio de China, impidiéndole a los americanos jerarquizar intereses para Asia).  Respecto a EEUU, quedarse solo con el hecho de la ganancia de un mercado de demanda energética americana (tratando de cubrir la demanda de gas rusa) es un reduccionismo: «van a venderle gas a Europa». 

Nuevamente la enfermedad economicista. Para EEUU, sin embargo, es mucho más importante evitar un eje Moscú/Berlín o París que vender gas. Por eso la guerra le conviene ya que los europeos demandarán mayor protección americana. Obviamente todo ayuda. Los intereses comerciales no son menores, forman parte del plan geoestratégico. Ahora bien, ni por asomo son el único ni el más importante factor.

Respecto a los avances de Rusia apenas están utilizando un tercio de las fuerzas que ubicó frente a Ucrania. No está utilizando artillería a gran escala, pocos ataques aéreos y más misiles de crucero que balísticos. Putin quiere una guerra «quirúrgica» para no dar una imagen destructiva al mundo. Ahora parece que ante la lentitud del escenario, está movilizando la artillería y a los chechenos. Todo es muy dinámico y muy muy confuso. La guerra de información es impresionante y es difícil saber que está pasando fuera de pinceladas generales.

En el campo más económico y de las sanciones, en el caso que EEUU y la UE decidan expulsar a Rusia del SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication), organización que tiene a cargo una red internacional de comunicaciones financieras entre bancos y otras entidades financieras), sin dudas sería utilizar la opción económica de forma más dura para socavar financieramente hablando a Moscú. El saber si esto sería una catástrofe para la economía rusa es complicado de saber, pero el ganador sería el Sistema de Pagos Internacionales Transfronterizos (CIPS) de China, es decir, el Yuan. Por supuesto, esto no es una solución para Rusia pero es una salida. Tengamos en cuenta que el sistema chino tiene apenas 80 bancos en su haber y el SWIFT 11.000. Una diferencia abismal. India también dijo que sortearía las sanciones a Rusia comerciando en monedas nacionales.

Por otro lado ¿Qué consecuencias traería el bloqueo de Turquía a buques de guerra rusos en el mar negro? Difícil de saberlo. Puede que nada bueno para Rusia, aún cuando aplique su programa de máximos en Ucrania efectivamente. 

Para acabar y dado el ritmo informativo de la cuestión, voy a abstenerme de opinar sobre el conflicto ucraniano por unos días. Ahora hay que darle espacio al desarrollo de los acontecimientos para tener una visión de amplio espectro. La prudencia es inteligencia.

Crítica a la idea de la existencia de «valores americanos» en Europa.

¿Por qué Europa del Este o cualquier país europeo debería tener o defender valores estadounidenses? (Tal y como sugiere la foto de más abajo) Esta es la pregunta natural que surge de esto, pero lo que se debe entender, es que la concepción liberales o «valores estadounidenses» están simplemente amenazados por la mera existencia de la indiferencia en cualquier parte del universo.



Este idealismo que se trata de expandir por parte del hegemón, que podríamos llamarle americanismo progresista obviamente no tiene sentido en el contexto de la mayor parte de países europeos.

¿Qué hace que los «valores americanos» se vean amenazados por esto? Bueno, a diferencia del conservador que cree que su país hace las cosas mejor que otros, pero también que, por ejemplo, la sociedad tribal es natural en Afganistán, el liberal cree que todos sus prejuicios (las ideas progresistas) son el «sentido común» por defecto que debería tener cualquier sociedad.

Es decir, significa que todas las personas «razonables» estén de acuerdo con él. Que cualquier duda de la teleología (fines) y la ontología (explicación del ser) están finamente resueltos. Lo que ocurre es que la existencia de alguien, en cualquier lugar con un nivel de vida remotamente similar al suyo que no «comparte nuestros valores» es una refutación implícita de dichos valores, por eso es tan difícil debatir en entornos de clase media-alta occidental (muy expuestos a este tipo de propaganda) sobre cualquier cuestión moral e ideológica.

Así, mentalidad unipolar y monista de esta gente no se cumple en Rusia (y China, además de otros países asiáticos para el caso) y que, simplemente demuestran que el liberalismo (y sus derivadas) no es lo «predeterminado», y que todo es solo simplemente una ideología que existe en una civilización concreta y en un período concreto para generar consenso, clientelas a su alrededor y justificar intervenciones (en defensa del individuo o de la multiplicidad de derechos inventados por los propios Estados occidentales), relativizando así dichas verdades defendidas por los pastores progresistas (periodistas, académicos, expertos con credenciales confiables, …etc.).

Por otro lado, tanto los «valores» de liberalismo (y progresismo) cómo la política de «identidades» requieren una validación externa. De ahí se explica la idea de «globalismo». “Soy un ser humano y todos los que forman parte de la Humanidad (otro concepto universalista que se puede utilizar para multitud de fines útiles para el poder) por lo tanto la humanidad se convierte en un sujeto político,y por lo tanto la diferencia (ideológica) es una violación personal de mi dignidad y de la de todos”. Es por eso que nunca dejan de sorpeender con su paradójico moralismo.

Lo cierto es que en tiempos pasados, los imperios gobernaban indirectamente. Esto significaba que asignaban a un líder local (poder intermedio) para administrar la colonia o dominio, beneficiándose de agregar algunos impuestos, derechos comerciales privilegiados, exclusividad de dichos mercados, reclutamiento limitado, etc. Los estados clientes romanos o el Raj británico serían un buen ejemplo de esto.

Sin embargo, la liberación moderna necesita más. Sus «valores» no se autovalidan como era el caso del mos maiorum romano (las costumbres de los ancestros). No bastaba que los europeos, hispano-americanos, algunos asiáticos y musulmanes (o cualquier colonia americana de turno en algún momento histórico durante su hegemonía global) esté gobernado por un parlamento títere, también deben estar concienciados con problemas ideológicos creados por académicos y periodistas occidentales.

El hecho de que no lo fueran, el hecho de que esto sea rechazado como lo hacen chinos y los rusos (junto con otros países no europeos), hace que en sí mismo se refute dicha antropología de la liberación. Un amigo sobrio es todo lo que se necesita para hacer que un alcohólico dude de sus elecciones en la vida.

Sobre alineación geopolítica de la Federación Rusa en favor de China tras la intervención en Ucrania.


Sostengo la idea de que Washington ha arrinconado a la Federación Rusa desde la caída del bloque soviético avanzando cientos de kilómetros durante la época unipolar (Pax americana), obligando a Putin tomar medidas drásticas para proteger a las minorías rusas en Ucrania y lo que considera Rusia como su espacio vital.

Eso, a su vez, obligó a los líderes europeos a ponerse del lado de Washington y, en 48 horas, el discurso europeo se alejó de la cooperación económica con Rusia a un posible boicot al gas ruso, teniendo esto unas gigantescas implicaciones de alineación geopolítica e interdependencia económica futura.

Ahí podría decirse que los EEUU fueron padrinos de una alianza ruso-china, cuando seguramente Rusia podría haberles servido para aislar a China. Por otro lado, a China le va genial esto porque Putin dependerá de Beijing. Estén atentos a la construcción masiva de oleoductos y la integración de la industria tecnológica ruso-china.

Putin venderá el gas a China, siendo durante el mes pasado sopesada la propuesta de construir un gasoducto que multiplicaría por diez las exportaciones de Rusia de dicha materia prima. Más importante aún, los considerables recursos científicos y de ingeniería de Rusia a pesar de una economía esclerótica, pero que pueden competir en algunas áreas con la de algunas potencias con economías mucho más grandes que la rusa, se pondrán al servicio de la industria de alta tecnología de China.

Nadie se plantea este problema cuando estaban empezando las hostilidades, ni antes cuando EEUU proporcionó un apoyo parcial a Ucrania, haciéndola sentir fuerte para violar los altos al fuego.

Lo que vemos en la televisión es lo que se está haciendo en la mano izquierda (escenario europeo), pero ¿qué pasa con la mano derecha (escenario asiático)? ¿A qué sería raro que Putin y Rusia tuvieran una sola idea de forma aislada? El panorama general de todo lo que está ocurriendo ni siquiera se está examinando en Occidente.

Washington maniobró respecto a Rusia para inducirla a un temor por su seguridad. Putin estaba dispuesto a negociar el estatus de los distritos rusófonos del este de Ucrania bajo los protocolos de Minsk de 2015 negociados por franceses y alemanes, y firmados por Ucrania, Alemania, Francia, Rusia y representantes de Luhansk y Donetsk, las provincias rebeldes.

Todo el mundo habla de que Estados Unidos no se ha comprometido formalmente con Ucrania y que por eso ahora le ha dejado sufrir una derrota militar, pero ¿qué tipo de trato ha estado ofreciendo a los países de Asia no alineados con el gigante asiático como parte de su estrategia de contención de China? Parece que no se trata de compromisos al estilo de la OTAN, sino al estilo de Ucrania: «Enfurece al vecino más grande y fuerte que tú y te venderemos armas».

Por supuesto, compromisos formales para defenderlos opcionalmente si la legislatura y las perspectivas electorales estadounidenses lo aprueban. Algo que suena a: «lo defenderemos totalmente a menos que sea impopular hacerlo», pensará el político estadounidense de turno.

Por otro lado, la independencia de Ucrania no tiene ningún valor para las potencias occidentales en sí misma. Realmente, el problema con las potencias intermedias como Ucrania es que su destino termina en tragedia, ya que o se termina dividido y conquistado o siendo proxy.

Por otro lado, y dado el faccionalismo que hemos visto en redes sociales en favor de uno u otro bando, es interesante ver la posición de Pedro Sánchez y de su partido muleta Unidas Podemos, el alineamiento internacional de los supuestos antisistema (en otros tiempos en el caso de Podemos) es más que claro. Que nadie se haga el distraído. La política internacional y las posiciones en esta es la verdadera ideología de un político. Separarla de la política doméstica es de una inocencia sospechosa dado que la política

Repudiar a Washington para apoyar a Moscú (o China) es como cambiar de amo y seguir siendo esclavo. Países como España en estos casos deben aprovechar esta situación incontrolable y de creciente multipolaridad para observar y aplicar una rigurosísima neutralidad, algo que sin embargo requeriría de cierta autonomía estratégica en asuntos militares, energéticos, técnico-industriales, aunque esto sería tema para otra publicación.

Realismo político en relaciones internacionales y conflicto ruso-ucraniano.

Cantidad nada despreciable de «analistas» atados a los conceptos de gobernanza mundial, institucionalismo, multilateralismo y resto del maxiquiosco liberal les será difícil entender la forma de actuar de las potencias ya que dichos argumentos ofuscam lo que realmente está ocurriendo.

Olvidan o jamás aprendieron que el principio ordenador sistémico es la anarquía en el sistema internacional, un estado natural hobbesiano de todos contra todos; la carencia de autoridad (del multilateralismo) centra fuera de los propios Estados como estructuras o centros de poder, algo poco plausible en un mundo estatal (gobernado por una idea más o menos deformada del Estado-westfaliano europeo) como el que vivimos.

Dirigiendo todo este marco teórico a la cuestión ucraniana, decir que el mayor casus belli para cualquier potencia es el factor que afecte a su espacio vital o amenace lo que considera su perímetro de seguridad para seguir existiendo, siendo en el caso de la Federación Rusa un espacio mucho más pequeño que lo que fue el antiguo espacio soviético. Dado que lo que predomina en el sistema internacional es el Poder, las acciones en política exterior van dirigidas, al menos cuándo tienen una racionalidad de lucha por la existencia en este sentido, excluyendo las perspectivas idealistas de defensa de valores o ideas universales.

El institucionalismo/multilateralismo liberal en relaciones internacionales es un caparazón vacío, incapaz de explicar ni administrar las relaciones interestatales, es puro idealismo que utilizan algunas potencias occidentales para bajar las barreras de defensa que tienen los Estados respecto al poder blando extranjero, dado que estás instituciones internacionales, en último término son sostenidas en el poder de los Estados bajo apariencia de neutralidad.

Esta serie de eventos (crisis en Ucrania) y sus derivas podrían significar el principio del fin del orden internacional liberal; de varias décadas de un rol deficiente del multilateralismo de las Naciones Unidas y del retorno de las pugnas interestatales en su máxima expresión; la militar y la competición por los recursos en un escenario multipolar.

Decir, respecto la situación actual que los estadounidenses están cansados de que el Estado de EEUU se desempeñe como policía del mundo. Un signo más del final de la unipolaridad de los años 90 y que ha venido a menos en los últimos años.

Centrando más el objetivo, nos servirá para analizar lo que está pasando y la posición de EEUU en el tema, las propias palabras de Obama: «Ucrania es un interés central de Rusia, pero no de Estados Unidos, por lo que Rusia siempre podrá mantener un dominio progresivo allí… El hecho es que Ucrania, que no es un país de la OTAN, y será vulnerable a la dominación militar de Rusia. No importa lo que hagamos en ese sentido…»

No sé si alguien en Occidente ha sido tan honesto con los líderes ucranianos para explicarles lo que dijo Obama en 2016. Desde luego haber negociado el estatus de Ucrania era preferible al conflicto, aunque su ausencia de las negociaciones hace que estas no puedan considerarse serias.

Si como dicen los rusos no hay ocupación completa del país y se limita al Donbass y a una operación de castigo además de debilitamiento del poder militar ucraniano, el conflicto seguirá estando latente y no se solucionará hasta que se resuelva definitivamente el estatus de Ucrania.

Sin embargo, negociar un nuevo estatus para Ucrania, puede dejar el problema igual de latente en tanto Rusia considere Ucrania parte de su espacio de seguridad vital. Este estatus, además, va unido al de la OTAN en Europa del Este, que en último término es mucho más favorable a la OTAN por las políticas expansionistas de esta tras la disolución de la URSS, algo que considera Rusia una amenaza para su seguridad.

Quizá lo que habría que preguntarse es dónde está el límite fronterizo europeo que EEUU considera estratégico para enfrentar a Rusia.¿En los países OTAN actuales?

Ahí ocurre que Rusia considera ya de facto la frontera ucraniana una frontera OTAN. Y no solo eso, sino que tampoco Rusia acepta el estatus actual de despliegue OTAN en Europa del este. Por tanto, tomada Ucrania por Rusia el conflicto sigue latente: es el mismo conflicto. Más bien no es que Ucrania no sea estratégica para EEUU, es que no lo es Europa, ya que su principal amenaza se encuentra en Asia, no en Europa.

Aquí también EEUU debería ser honesta con los países europeos, pues serían estos los que llevarían el peso económico y militar de un enfrentamiento con Rusia, sumado al mantenimiento del flanco europeo de la OTAN. Si la UE no lo ve, como tampoco lo vio Ucrania, ocurre que una potencia regional como Rusia puede hacer valer su voluntad sin coordinación de la Alianza Atlántica.

Por otro lado, y volviendo a una parte más teórica, sin duda estamos ante la mayor crisis interestatal y sistémica desde la desaparición de la bipolaridad; desde el fin de la Guerra Fría. No se trata actores irregulares o proxy, ni redes ubicuas escondidas en cuevas desde África hasta Asia central. Se trata de los principales jugadores del tablero internacional (a parte de EEUU que era el único que lo hacía decididamente) actuando libremente.

La guerra es siempre el peor de los escenarios, pero es tan humano que negarlo como actor central en la historia es un utopismo.

Por otro lado, y tirando de hechos históricos, Finlandia peleó y perdió dos guerras seguidas ante la URSS de Stalin. Aún así, su resistencia fue tan tenaz y el costo incurrido a los soviéticos tan alto que lograron mantener su soberanía (limitada) y su sistema político a costa de una neutralidad forzada respecto a la URSS y Occidente (creando un colchón de seguridad).

Ucrania no tiene posibilidad de repetir ese escenario. No tiene posibilidad militar de imponer esos costes a la Federación Rusa, y además su neutralización es percibida como un interés vital para Rusia. Apostar a que Rusia sólo amagaba siempre fue muy riesgoso.

No estoy exculpando ni justificando una invasión rusa, sino, dando como hecho dos cosas:
-1 La identidad pulsión de espacio vital o perímetro de seguridad de la estrategia rusa.
2- La amenaza del uso de la fuerza encierra su posibilidad real (y el despliegue ruso esta vez fue sumamente creíble), las élites ucranianas tenían opciones costosísimas, pero menores a ser atacadas, aunque inpopulares por el relevante nacionalismo ucraniano que justificó los cambios en el más de un lustro de política interna de dicho país.

También su maniobra desde 2014 ha sido conducente hasta esta situación, y en particular desde el giro en 2020 hacia la confrontación reiniciado por Zelensky y respaldado por Biden, precipitando esta reacción (de ahí a la deshonestidad de apoyo americano como algo que hizo tomar malas decisiones a Kiev). Una enorme responsabilidad yace en Occidente también, desde el Maidán hasta incluso hoy en día.

La guerra en sí es llegar a cierto fracaso ruso porque implica bajas, más en un caso de operaciones terrestre sin mucho ablandamiento previo por parte de la Fuerza Aérea y artillería rusa, pero también con ello un fracaso estrepitoso de la política de acercamiento a toda costa a la OTAN por parte de Ucrania, que hoy, se encuentra sola.

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