Seducción y narcisismo como mecanismos sociales en el Occidente Liberal.

Leyendo a Christopher Lasch (crítico social estadounidense) y estoy considerando cuánto el «narcisismo patológico» se basa en la seducción, es decir: la personalidad narcisista se basa en dominar la subjetividad del otro a través de una sumisión dramática al deseo del otro, solo para desarrollar una dependencia por este falso reconocimiento.


El desempeño de la humildad y la deferencia hacia el otro, solo para acercar al otro es diametralmente opuesto a eso. En un estado de narcisismo civilizatorio como ocurre en Occidente, la técnica de la seducción se domina de forma más sutil con la tecnología: la seducción es estupefacción, es cuando te “vuelves estúpido” por una actuación, en este estado de estupefacción tus facultades cognitivas están dañadas, eres más sugestionable , porque crees que estás viendo cumplidos tus deseos.


Como sociedad estamos encadenados de muchas formas—simplificando— el sujeto que es seducido, e inconsciente de su estado de estupefacción es peligroso. El simp (el opuesto del narcisista, excesivamente abnegado) es estúpido, y el simp es también el «cuck» (tonto útil) que es seducido y aprovechado, son dos conceptos anglosajones que nos sirven para ejemplicarlo.


Estas terminologías que proliferan en el internet anglosajón en este momento son el resultado de un edificio tecnológico. Esto ocurre en otras redes sociales con la omnipresente pornografía (en los sentidos más literal y metafórico simultáneamente), es decir explicitamente y no explícitamente: no es solo el sexo, sino la metáfora del sexo, lo que vende.


La seducción vende, y el buen marketing es seductor, cumple un deseo y sugiere una realización final del deseo que siempre depende de la sumisión. Hay una «guerra cultural» constante porque la seducción perpetua siempre es insatisfactoria, y el resentimiento se desarrolla en el sujeto que es «aprovechado» .


Todos también están advirtiendo sobre la “seducción” de los demás como una forma de seducir, no te estoy seduciendo, es mi competencia la que te está seduciendo con falsas promesas, sin embargo eso tiene consecuencias reales. Esta es la economía de la atención, donde la capacidad de “seducir la atención” se recompensa más allá de cualquier medida normativa en comparación con sociedades pasadas.


El seductor se sale con la suya ahora más que nunca en la historia porque nuestra sociedad es una mezcla entre espectáculo, hedonismo y payasos a todas horas y todos lados, se compite por la escasez de esta. El actor o “celebridad”, por ejemplo, gana más dinero en esta sociedad que en cualquier otra sociedad en cualquier otro momento de la historia.


Un montón de gerentes y burócratas ganan más que nunca porque se supone que gobiernan instituciones (aunque realmente el trabajo lo hacen mandos medios y bajos), pero sus cargos solo se justifican bajo esa gestión seductiva dentro de las corporaciones (solo vean la cantidad de gente incapaz de definir su propio trabajo).


Estos gladiadores de la seducción representan en sí mismos el fin último del narcisista —ser capaz de dominar a través del “ser adorado”— convertirse en objeto de deseo como pantalla para convertirse en sujeto dominante.


Este es el espíritu para el que sea cristiano del anticristo, esta forma paródica de mesianismo, el mesías del yo, de la anarquía, que predomina en las sociedades liberales. El vendedor, terapeuta, seductor, el Cristo de la «autoafirmación», la caridad ostentosa filantrópica, el video con el palo selfie de las «buenas obras» virales, el alarde de «mírame siendo tan humilde».


Todo esto es la seducción de la imagen. La seducción requiere el abuso de la virtud de esta manera: es bueno amar la belleza, pero no es bueno dejarse seducir por su apariencia. Aunque no sean santos de mi devoción, los puritanos describieron el fin de los tiempos como el tiempo de la «seducción universal», e independientemente si el lector cree o es ateo, es una buena descripción de nuestro presente en marcha.

Financiarización y el Orden Internacional Capitalista.

David Graeber, un filósofo anarquista estadounidense difundió una gran idea: que la financiarización del desarrollo tecnológico centrada en la economía de servicios otorgaba la autoridad de la planificación central a los intereses tecnológicos financieros burocráticos, como la vigilancia, las señales de inteligencia, los medios, etc.  Los intereses industriales en realidad estaban optando, después de la financiarización, por utilizar formas menos avanzadas de producción industrial en el extranjero en lugar de desarrollar medios más avanzados para la producción automatizada. Esto se debía a que la automatización requiere y requería de mayor inversión a corto-medio plazo. Por eso se externalizó. 

  Los avances, durante largo tiempo fueron en un momento financiados por el motivo de la ganancia, las industrias buscarían una producción más eficiente, Marx describe todo esto, pero estos días han terminado hace mucho tiempo, incluso con el auge de la iniciativa pública durante principios del siglo XX en tecnologías punteras se volvió más claro.  A su vez, el motivo de la ganancia existe hoy como una ficción pues el crédito lo determina todo. Las ganancias se contabilizan, tomadas en forma estratégica.  

Las ganancias están sujetas a impuestos y muchas veces estos aumentan progresivamente entonces, ¿por qué querría una empresa, especialmente una gran corporación tener ganancias cuando, en cambio, podría pagarse bonos mediante la recompra de acciones, comprar o adquirir parte de la competencia, comprar poder blando en el estado regulatorio, donar a sus propias organizaciones benéficas y obtener una deducción de impuestos al solo reclamar ganancias en paraísos fiscales?  

Michael Hudson amplía esto más allá de Graeber, describiendo la economía basura del “capitalismo simulado” que en realidad es una regresión a las relaciones precapitalistas que privilegiaban el rentismo y las tendencias oligárquicas.  El capitalismo o ser «pro-capitalismo» o «anti-capitalismo» solo significa que crees que el capitalismo existe hoy, y no un sistema parasitario como he apuntado tantas veces. Hudson cree que vivimos en una simulación.  En realidad, el capitalismo industrial descrito por Marx no existe desde hace al menos un cuarto de siglo. China simplemente está tratando de superar este capitalismo simulado para avanzar por medios industriales más allá de este socialismo financiero atrofiado que es fundamentalmente parasitario, una soberanía de la contabilidad y vigilancia global: guerra simulada, ingeniería social, operaciones psicológicas, uso masivo del poder blando entre otros. 

En consecuencia, la hegemonía global de Occidente se basa en control formal sobre el comercio global (es decir: la simulación del capitalismo bajo un orden internacional financiero militarizado, el “globalismo” de la escuela de economía “neoliberal”, los trotskistas neoconservadores, etc.).  Esta hegemonía global se basa en el poder en el sentido de influencia en todo el espectro, especialmente en el poder de EEUU bajo su imperio exterior.

Se basa en que este poder nunca será desafiado (dominio de espectro completo), pero debido a su concepción miope del «fin de la historia», no puede ver que la aceleración de China está completamente ligada a su priorización de la producción industrial y no al desarrollo de instrumentos financieros. Las tecnologías de contabilidad («bitcoin”, «realidades digitales» vs redes ferroviarias de alta velocidad, puertos alrededor del mundo.).  La simulación de una política post histórica del “capitalismo del estado del bienestar” que se ha tornado una oligarquía financiera completa se está desmoronando. Se considera que esto es simultáneamente la crisis absoluta de la humanidad global, sin embargo, este sistema lleva tiempo destruyéndose a sí mismo, pues en cierto momento tuvo la hegemonía absoluta e incontestable. En Occidente prevalece la sensación de que el orden sociopolítico-económico que heredamos está entrando en un ciclo de crisis que se acelerará hacia la anarquía civilizatoria.  Esto se entiende como una “anarquía global”, como si Occidente fuera el que aún determina la historia mundial.

No hay una comprensión real de que en realidad existen alternativas a un sistema financiarizado que planifica mediante la especulación; también podría planificar mediante el avance industrial. Pues buena parte de las ventajas suelen ser tecno-científicas, económicas y culturales, con una prevalencia de las dos segundas, Occidente cree que puede «asegurar una victoria para siempre» con avances que abundan en lo mismo que se ha realizado hasta ahora, como es la de la Inteligencia Artificial, pero es solo el objeto hipostático de «la última tecnología de vigilancia y contabilidad» que luego «automatizará todo». 

 Sin embargo, el «problema de alineación» es otra crisis existencial: ¿cómo nos aseguramos de que la IA mantenga la simulación?  La IA está encadenada por ficciones financieras, reclamos de propiedad intelectual, a su vez, la IA está restringida por la ley de patentes.  La IA en realidad no puede “resolver” los problemas que produce nuestro sistema legal (en el que “la interpretación de la ley” no se “resuelve” sino que se produce discursivamente mediante juicios hermenéuticos.  No se puede automatizar la interpretación de la ley por ejemplo. Tampoco se puede automatizar el Estado y la jerarquización de intereses de este.  De hecho, ha habido una profunda desaceleración del progreso tecnológico porque todo ha sido en tecnologías que no producen plusvalía sino que sólo facilitan la extracción de renta por medio de vigilancia y contabilidad.

En conclusión, una forma de concebir el mundo como apuntes contables y financieros ha destruido la capacidad de las personas incluso para comprender qué es una economía en este momento. De hecho buena parte del sistema de asignación de recursos que es el sistema financiero se ha convertido en una economía ficticia paralela que es especialmente importante en el mundo desarrollado, concretamente en Europa, EEUU y parte de sus aliados. Algo que daría perfectamente para otra publicación en la que se podría tratar. La “forma de totalitarismo” (si es que creemos que este existe) en el mundo liberal es única en el sentido de que niega su propia autoridad, dejando flotar supuestamente a sus ciudadanos en una «pesadilla de capitalismo de libre mercado» simulado, que en realidad está monopolizado por la corporación más grande que existe, en este caso, el Estado de EEUU y los respectivos Estados del “club de la democracia”.

Sobre las oligarquías financieras en Occidente: Una perspectiva histórica.

El ya viejo orden geopolítico y geoeconómico de la posguerra de la Guerra Fría está muriendo y el nuevo está siendo nacido a una velocidad vertiginosa. La tesis principal del Michell Hudson es que se puede leer en su libro The Collapse of Antiquity en el que se propone demostrar que las prácticas económicas/financieras en la Antigua Grecia y Roma, los pilares de la civilización occidental, prepararon el escenario para lo que está sucediendo hoy frente a nuestros ojos: un imperio reducido a una economía rentista, colapsando desde dentro. Quizá esto sea demasiado extremo si pensamos en EEUU, pero no deja de ser algo que uno puede vislumbrar por algunas señales vistas en los últimos años.

Eso nos lleva al denominador común en todos los sistemas financieros occidentales y el poder que se sustenta en ellos: se trata de un sistema de endeudamiento, que inevitablemente crece por el interés compuesto. Si aquí está el problema: antes de Grecia y Roma, tuvimos casi 3000 años de civilizaciones en todo el oeste de Asia haciendo exactamente lo contrario a crear sistemas de deuda masivos.

Todos estos reinos sabían de la importancia de cancelar las deudas. De lo contrario, sus súbditos caerían en servidumbre; perder su tierra a manos de un grupo de acreedores ejecutores; y estos generalmente tratarían de derrocar al poder gobernante. Aristóteles lo enmarcó sucintamente: “Bajo la democracia, los acreedores comienzan a hacer préstamos y los deudores no pueden pagar y los acreedores obtienen más y más dinero, y terminan convirtiendo una democracia en una oligarquía, y luego la oligarquía se vuelve hereditaria, y tienes una nueva aristocracia.”

Esto explica agudamente lo que sucede cuando los acreedores toman el control y “reducen todo el resto de la economía a la servidumbre”: es lo que hoy se llama “austeridad” o “deflación de la deuda”. Entonces, lo que está sucediendo en la crisis bancaria actual es que las deudas crecen más rápido de lo que la economía puede pagar. Y así, cuando la Reserva Federal finalmente comenzó a subir las tasas de interés, esto provocó una crisis para los bancos vista hace unas semanas.

El surgimiento de oligarquías financieras y terratenientes en sistemas de poder hizo permanentes la servidumbre por deudas y la servidumbre, respaldadas por una filosofía social y legal pro-acreedor que distingue a la civilización occidental de muchas civilizaciones anteriores. A eso se le ha llamado de múltiples formas, desde la actualidad hasta la Antigüedad, pero algunos ejemplos son neoliberalismo, financiarización, capitalismo financiero, economía rentista, tendencias plutocráticas, oligarquías y muchos otros. Luego se dispone a explicar, con detalles insoportables, cómo se consolidó este estado de cosas en la Antigüedad en el transcurso de más de 5 siglos. Uno puede escuchar los ecos contemporáneos de «represión violenta de las revueltas populares» y «asesinatos selectivos de líderes» que buscan cancelar deudas y «redistribuir la tierra a los pequeños propietarios que la han perdido a manos de los grandes terratenientes». El veredicto es implacable: Lo que empobreció a la población del Imperio Romano legó al mundo moderno un cuerpo de principios jurídicos basado en los acreedores.

Oligarquías depredadoras y “despotismo oriental”.

El profesor Hudson, en su libro, desarrolla una crítica devastadora de la “filosofía darwinista social del determinismo económico”: una “perspectiva de autocomplacencia” ha llevado a “las instituciones actuales de individualismo y seguridad de crédito y contratos de propiedad (que favorecen los derechos de los acreedores sobre los deudores y los derechos de los propietarios sobre los de los inquilinos) que se remontan a la antigüedad clásica como «desarrollos evolutivos positivos, que alejan a la civilización del ‘despotismo oriental'».

Todo eso es un mito. La realidad era una historia completamente diferente, con las oligarquías extremadamente depredadoras de Roma librando «cinco siglos de guerra para privar a las poblaciones de su pequeña propiedad, bloqueando la oposición popular a las duras leyes favorables a los acreedores y la monopolización de la tierra en latifundios». Así que Roma, de hecho, se comportó como un “estado fallido”, con “generales, gobernadores, recaudadores de impuestos, prestamistas y cabilderos” exprimiendo plata y oro “en forma de botín militar, tributo y usura de Asia Menor, Grecia y Egipto.» Y, sin embargo, este enfoque de los páramos romanos se ha representado lujosamente en el Occidente moderno como una misión civilizadora “para los bárbaros”, en formas diferentes, pero que se denominó incluso como “la carga del hombre blanco” por las potencias del Segundo Imperialismo europeo.

Las economías griega y romana en realidad “terminaron en austeridad y colapsaron después de haber privatizado el crédito y la tierra en manos de oligarquías rentistas”. ¿Suena eso a una campana contemporánea?

Podría decirse que el nexo central del argumento de Hudson está aquí:

“La ley de contratos de Roma estableció el principio fundamental de la filosofía legal occidental dando prioridad a los reclamos de los acreedores sobre la propiedad de los deudores, eufemismo hoy como ‘seguridad de los derechos de propiedad’. Se minimizó el gasto público en bienestar social, lo que la ideología política actual llama dejar las cosas en manos del ‘mercado’. Era un mercado que mantenía a los ciudadanos de Roma y su Imperio dependientes para las necesidades básicas de patrocinadores y prestamistas adinerados, y para el pan y el circo, en el paro público y en los juegos pagados por los candidatos políticos, quienes a menudo tomaban prestado de los oligarcas ricos para financiar sus campañas”.

Cualquier similitud con el actual sistema liderado por el Hegemón estadounidense no es mera coincidencia. Hudson: “Estas ideas, políticas y principios a favor de la renta son los que sigue el mundo occidentalizado de hoy. Eso es lo que hace que la historia romana sea tan relevante para las economías actuales que sufren tensiones económicas y políticas similares”.

Esto nos recuerda que los propios historiadores de Roma – Tito Livio, Salustio, Apio, Plutarco, Dionisio de Halicarnaso, entre otros – “enfatizaron el sometimiento de los ciudadanos a la servidumbre por deudas”. Incluso el Oráculo de Delfos en Grecia, así como poetas y filósofos, advirtieron contra la codicia de los acreedores. Sócrates y los estoicos advirtieron que “la adicción a la riqueza y su amor por el dinero era la principal amenaza para la armonía social y, por lo tanto, para la sociedad”. Eso nos lleva a cómo esta crítica fue completamente borrada de la historiografía occidental. «Muy pocos clasicistas», señala Hudson, siguen a los propios historiadores de Roma que describen cómo estas luchas por la deuda y la apropiación de tierras fueron «principalmente responsables de la decadencia y caída de la República».

Hudson también nos recuerda que los bárbaros siempre estuvieron a las puertas del Imperio: Roma, de hecho, estaba “debilitada desde dentro”, por “siglo tras siglo de exceso oligárquico”. Así que esta es la lección que todos deberíamos aprender de Grecia y Roma: las oligarquías acreedoras “buscan monopolizar los ingresos y la tierra de forma depredadora y detener la prosperidad y el crecimiento”. Plutarco ya estaba consciente de eso: “La codicia de los acreedores no les trae placer ni beneficio, y arruina a aquellos a quienes perjudican. No labran los campos que toman de sus deudores, ni habitan en sus casas después de desalojarlos”.

Sobre la pleonexia.

El dinero importa, la deuda y el interés llegaron al Egeo y al Mediterráneo desde Asia occidental, por comerciantes de Siria y el Levante, alrededor del siglo VIII a. , líderes griegos e italianos, señores de la guerra y lo que algunos clasicistas han llamado consideraban algo parecido  a los mafiosos en los casos impusieron la propiedad de la oligarquía de la tierra.  Esta polarización económica siguió empeorando constantemente. Solon canceló las deudas en Atenas a fines del siglo VI AC, pero no hubo redistribución de la tierra. Las reservas monetarias de Atenas provenían principalmente de las minas de plata, que construyeron y pagaron la armada que derrotó a los persas en Salamina. Puede que Pericles haya impulsado la democracia ateniense como ideal, pero la accidentada derrota que sufrió Esparta en la guerra del Peloponeso (431-404 a. C.) abrió las puertas a una oligarquía fuertemente adicta a las deudas. Todos los que hayan leído las opiniones de Platón y Aristóteles podemos recordar cómo enmarcaron todo el problema en el contexto de la pleonexia («adicción a la riqueza»), que inevitablemente conduce a prácticas depredadoras y «socialmente dañinas».

En La República de Platón , Sócrates propone que solo los administradores que no sean ricos deben ser designados para gobernar la sociedad, para que no sean rehenes de la arrogancia y la codicia. El problema con Roma es que no sobrevivieron las narraciones escritas. Las historias estándar se escribieron solo después del colapso de la República. La Segunda Guerra Púnica contra Cartago (218-201 a. C.) es particularmente intrigante, considerando sus connotaciones contemporáneas del Pentágono de EEUU: esto recuerda cómo los contratistas militares cometieron fraude a gran escala y bloquearon ferozmente al Senado para que no los procesara.

El profesor Hudson muestra cómo eso “también se convirtió en una ocasión para dotar a las familias más ricas de tierras públicas cuando el estado de Roma trató sus donaciones aparentemente patrióticas de joyas y dinero para ayudar al esfuerzo de guerra como deudas públicas retroactivas sujetas a pago”. Después de que Roma derrotó a Cartago, el deslumbrante grupo quería que les devolvieran su dinero. Pero el único activo que le quedó al estado fue la tierra en Campania, al sur de Roma. Las familias adineradas presionaron al Senado y consiguieron quedarse con todo. Con César, esa fue la última oportunidad para que las clases medias obtuvieron un trato justo. En la primera mitad del siglo I a. C. patrocinó una ley de quiebras, amortizando las deudas. Pero no hubo una cancelación generalizada de la deuda. El hecho de que César fuera tan moderado no impidió que los oligarcas del Senado lo golpearan, “por temor a que pudiera usar su popularidad para ‘buscar la realeza’” e impulsar reformas mucho más populares.

Después del triunfo de Octavio y su designación por el Senado como Princeps y Augusto en el 27 a. C., el Senado se convirtió en una élite ceremonial. El profesor Hudson lo resume en una frase: «El Imperio Occidental se derrumbó cuando no hubo más tierras para tomar ni más lingotes de oro para saquear». Una vez más, uno debe sentirse libre de trazar paralelos con la situación actual de EEUU.

Nuestro presente en marcha.

El gran acto revolucionario del capitalismo industrial fue, de hecho, liberar a las economías del legado feudal del terrateniente ausente y la banca depredadora, pero también retrocedió cuando las clases rentistas regresaron bajo el capitalismo financiero”. El capitalismo decimonónico, a priori era un sistema opuesto al rentista y al financiero, en un principio, siendo el caso del industrial y el que abría rutas comerciales el prototipo de “burgués”, esto derrumbó todo el sistema tradicional, además de que construyó una economía que destruía al propietario rentista que normalmente se terminó convirtiendo o en clase trabajadora precarizada, o en nuevo burgués, a su vez fue un sistema que destruyó el orden tradicional de jurisdicciones particulares premoderno.

Yendo a nuestro presente en marcha, la gran división que vemos hoy parte del hecho de que hoy en día tenemos una serie de potencias, encuadradas mayoritariamente en el mundo Occidental y sus aliados, en los que sus gobiernos tienen una clara tendencia a las oligarquías que hemos mencionado antes, frente a Estados con gobiernos que no se rigen por estos valores, aún cuando en ocasiones participan en la división internacional del trabajo, pero pretenden eventualmente afirmar la soberanía sobre sus tierras, ciudadanos, recursos naturales y simplemente sobre el destino de dichos países, con mayor o menor éxito en el fuero interno.

Mientras que, los oligarcas que huyen de estos países van Estados Unidos, mantienen su dinero seguro y sus hijos escriben libros sobre lo terribles que fueron las revoluciones populistas que expulsaron a sus abuelos. Si hay una revuelta populista contra la oligarquía, las familias oligarcas llevan su capital a Estados Unidos, sus hijos se van  a las escuelas de la Ivy League para luego entrar al Departamento de Estado (como hicieron casi todos los judíos emigrados a EEUU en los años 30-40 del siglo XX.

Luego se les presenta como “estadounidenses modelo” y cualquier revuelta populista en EEUU o en el resto del mundo contra la oligarquía de la deuda se vuelve el mal absoluto. Aquí, por poner un ejemplo, y sin sobreestimar al personaje, George Soros es un gran ejemplo de esto.  Está reparando sus agravios contra los «populistas europeos» al instrumentalizar a la sociedad estadounidense.  Los estadounidenses que se oponen a su instrumentalización son llamados “traidores a los valores estadounidenses” y «defensores de la dictadura y el populismo». Aún cuando, estos casos concretos, serían parte de una nueva publicación.

La Democracia Liberal no es la única Forma de Gobierno posible:

Una de las mayores ironías de la política moderna convencional en Occidente es la tendencia por parte de los libertarios, liberales y progresistas (cuya ideología entera supuestamente se centra en la maximización de la libertad personal) de eventualmente encontrar su camino para apoyar ideologías la ofuscación del “poder”. De hecho, esta es la ruta general que han tomado mis propias convicciones políticas al respecto una feroz crítica de la democracia liberal como forma de Gobierno. Una de las razones que sugeriría para esto es que las debilidades y fallas de la democracia, el sistema de gobierno asociado con mayor frecuencia con la visión libertaria de la libertad, se están volviendo cada vez más evidentes para los observadores reflexivos. La vieja propaganda utilizada para apuntalar el dogma democrático en las naciones occidentales se está volviendo cada vez más obsoleta y poco convincente. Cada vez es más evidente que la democracia no es igual a la libertad, al igual que se hace evidente que la «libertad» no es siempre y en todos los sentidos algo que conduce a un buen gobierno y una sociedad estable.

Mi propósito no es tratar de convencer a mis lectores libertarios, conservadores o progresistas, además liberales de convertirse en escépticos de dicha forma de gobierno. Es muy posible que esto termine siendo su destino, política e ideológicamente hablando, pero sus experiencias y crecimiento pueden llevarlos en otras direcciones. Lo que sí quiero hacer es intentar que comiencen por ese camino señalando que la democracia no es mejor que otras formas de gobierno y, de hecho, puede ser peor en algunas áreas que podemos ver empíricamente. Quiero sembrar una semilla de duda, no conseguir convencimiento per se.

Tenga en cuenta que a lo largo de este artículo, me referiré a “democracia” en un sentido general para referirse a cualquier forma popular moderna de gobierno. Esto incluye el tipo de sistema republicano representativo (anteriormente) tipificado por el gobierno como democrático, aunque no era directamente democrático, seguía siendo esencialmente democrático en su forma y aspecto general y contenido epistemológico además de fundamentación de los mecanismos de poder.

1 – Libertad personal.

Una de las objeciones obvias que los libertarios y otros liberales clásicos tienen contra  otros sistemas de gobierno autoritarios en general es que la unificación del poder en manos de un solo ejecutivo, en un sistema que no base en un ritual de votación, o en algo que sea una democracia representativa de partidos lo hace propenso al abuso y a la eliminación o supresión de las libertades de la ciudadanía.

Por lo general, imaginarán una monarquía, un régimen autoritario, un sistema de partido único o cualquier cosa que no sea lo que hay en el Occidente liberal como una especie de estado policial donde los ciudadanos que se pasan de la raya son severamente castigados y todos los aspectos de la vida son vigilados de cerca y regulados por el gobierno (algo en lo que sin embargo muchas democracias como EEUU o Suecia son expertas). Esto, a su vez, conduce a una visión algo amarga de la historia, especialmente la de la época preliberal de “Edad Oscura”, que se cree que fue una distopía de violencia y tiranía. Algo parecido ocurre con una leyenda negra omnipresente con cualquier forma de organización social no identificada con los estándares antes presentados como aceptables en Occidente.

Sin embargo, esta visión de la historia relevante es falsa y generalmente se basa en una falsa dicotomía epistémica que, lamentablemente, es muy común dentro del conservadurismo, neoconservadurismo, liberalismo y toda la izquierda liberal e indefinida. Esta es la falta de distinción entre «gobierno fuerte» y «gobierno grande», los cuales generalmente se confunden en la mente del liberal. El primer término se refiere a la capacidad del ejecutivo para ejercer el poder dentro de su esfera de actividad, mientras que el segundo describe la extensión de la propia esfera de actividad. Un gobernante puede ser fuerte en el sentido de ser decisivo y efectivo en lo que hace, pero encontrar el área en la que puede actuar legítimamente o por simple capacidad circunscrita por la ley o la costumbre. Entre la mayoría de las monarquías occidentales históricas, mientras que los reyes a menudo gobernaban “fuertemente”, no podían gobernar de manera intrusiva. A sus súbditos, especialmente a los poderes subsidiarios encarnados en el clero, gobiernos de los municipios y nobleza a menudo se les dejaba un grado de libertad relativamente amplio en sus asuntos personales y económicos, y las restricciones de la costumbre y la estructura social tendían a ser más restrictivas que las acciones reales de su propio rey.

A su vez, muchos sistemas de partido único tenían una autonomía del centro respecto a la periferia muy amplia, ya sea por no sobrecargar la estructura del partido como pasa en China, en la que las corporaciones estatales, los gobiernos locales, y los municipios tienen relativa autonomía (sin contradecir los intereses del centro), pero a veces con políticas poco armonizadas en su interior en los casos menos exitosos. En la URSS de diferente manera se dio lo contrario a esto último, se dio un burocratismo necrosado por sobreplanificación de un centro, con alta suspicacia y temor del centro con los mandos intermedios, los cuáles se pensó que eran en muchos casos posibles traidores.

Comparemos esto con las diversas democracias que vemos en Occidente, tanto en los Estados Unidos como en otros. ¿Cuánto respetan realmente las libertades personales? En otras palabras, ¿en qué medida encarnan realmente el ideal de “gobierno pequeño” deseado por los libertarios y otros liberales clásicos? La respuesta es: no mucho o en absoluto. Tampoco encarnar la idea de «gobierno para el pueblo y por el pueblo», ni tienen en general una noción de «bien común» a la vista de que la economía, la política, como se estructura la sociedad, y muchos otros, en muchos de estos países se configura en torno a la financiación, al cabildeo político, a la captura regulatoria, a la mercantilización de bienes básicos (como la vivienda, que muchas veces ocupa más del 70% de la renta) para la vida en favor de la oligarquía internacional parasitaria. 

El hombre occidental vive en democracias en las que puede ser arrestado por tuitear «discurso de odio», o por expresar ideas aunque sean equivocadas en las redes sociales y sitios públicos como vimos en un partido de fútbol (con el caso Vinicius), independientemente del contenido de unos insultos en un contexto en el que prolifera todo tipo de energúmenos, pero que se ha impregnado por un moralismo de estirpe extranjera. Su vida cotidiana es supervisada, administrada y comandada por un cuerpo de regulaciones impuestas por burócratas totalmente irresponsables que tienen la capacidad de atraparlo en pesadillas kafkianas. Cada aspecto de su comida, su ropa, su hogar, su transporte, su lugar de trabajo, todo controlado por el gobierno que (erróneamente) cree que eligió libremente, ya sea para perjudicarle, o para representar algún tipo de interés oculto.. Esto no es fundamentalmente malo, ni siquiera quiero expresar una especie de ontología anárquica, el poder siempre ha existido en todas las sociedades y ha atravesado la individualidad, a veces para el bien común, a veces por intereses parciales, pero el poder es omnipresente y se manifiesta de formas insospechadas, pero la mentira de la democracia es más su legitimación al respecto que se elige algo en este sentido.

Si tiene algún tipo de trabajo bien remunerado en el sector público o en una empresa privada, pagará una tasa de impuestos que los antiguos monarcas absolutos, o incluso, algunos regímenes autoritarios se habrían sonrojado incluso al sugerir exigir a sus súbditos. Gobiernos democráticos – supuestamente por y para el pueblo – en cambio, se entrometen en cada área de su vida (algo que ha existido siempre, pero de distintas formas) y lo hace, iguala que en lugares ajenos al  través de aparatos estatales robustos y a menudo corruptos. Esto por supuesto, ocurre tanto en dictaduras como en «democracias representativas», así que estas en ese sentido no son mejores, así que, por favor, prescindamos de la noción de que la democracia protege la libertad personal.

2- Finanzas del Estado y economía política.

Otra área en la que los libertarios, liberales, conservadores, progresistas, izquierdistas y  todo el campo liberal creen, es que la democracia moderna es superior a la monarquía y otros sistemas de autoridad, y que en general, dicho sistema es la salud y estabilidad financiera del gobierno. Se cree que las democracias de tipo moderno utilizan instrumentos financieros superiores para controlar su presupuesto y salud fiscal, lo que les permite fomentar y sostener mejor la prosperidad económica en sus países. Se cree que las monarquías o algunos regímenes de otro tipo, por otro lado, en general retrasaron el crecimiento económico y administran mal la economía. 

Sin embargo, esta ordenada bifurcación es difícil de mantener tanto a la luz de la historia como de la práctica actual. Hay democracias pobres hoy, y ha habido monarquías tradicionales prósperas a lo largo de la historia, tanto en la modernidad, como en la época tradicional, y lo que ha definido en muchas ocasiones la riqueza ha sido el lugar en la división internacional del trabajo de dicho país, o cuestiones geopolíticas. Por ejemplo, Arabia Saudí, el Imperio Alemán, la URSS, la China actual, la Francia de Luis XIV o el Imperio Austrohúngaro eran más ricos que muchas democracias de la época, igual que muchas democracias también están entre los países aliados de EEUU y por lo tanto suelen ser ricas y desarolladas. El sistema de gobierno no parece ser tan importante para la prosperidad nacional a largo plazo como lo son las cualidades de las personas mismas y el conjunto de circunstancias externas en las que se encuentran las naciones. La democracia ciertamente no es una panacea mágica que agita su varita mágica y enriquece a las sociedades que la adoptan, esto se debe más a un conjunto de factores más complejos.

Más aún, está el hecho de que los impulsos a corto plazo de la democracia en ocasiones las pueden condenar por visiones cortoplacistas en caso de unas élites poco virtuosas, mientras, que por otro lado, en las formas no democráticas quizá unas élites cortoplacistas se vuelve extremadamente peligroso, pero unas virtuosas pueden ser más beneficiosas si se consiguen mantener en el poder y aún así, estamos suponiendo que con las elecciones las «élites» en las democracias cambian sustancialmente, algo que es por supuesto, es mucha suposición a la mínima que observemos las diferencias entre los candidatos en las cuestiones fundamentales, y no en puros aspectos sociológicos menores, como por ejemplo ocurre en la política española.

Contraste esto, sin embargo, con los hechos observables de las finanzas en prácticamente todas las democracias, pasadas o presentes. Por su propia naturaleza, la democracia alienta la formación de facciones, cada una de las cuales representará un cierto subconjunto de la población, una parte de la élite, y de las tendencias de esta dentro de una sociedad y se esforzará por obtener la mayor cantidad posible del pastel presupuestario. 

El viejo dicho de que la democracia dura hasta que la mayoría de los ciudadanos se dan cuenta de que pueden votar ellos mismos la generosidad del tesoro parece ser cierto. Las naciones occidentales se están dando cuenta de que solo pueden mantener sus niveles actuales de gasto social, político y de todo tipo  (instigado a su vez por demagogos que encabezan facciones) si continúan acumulando deuda nacional de manera indefinida pero insostenible. Incluso los ligeros esfuerzos de austeridad en los países europeos se han enfrentado con una oposición rigurosa porque es imposible parar la máquina. El historial de la democracia moderna, especialmente desde el fin de la Guerra Fría es de deuda masiva y gasto insostenible, y no parece en absoluto que esto pudiera haberse evitado de alguna manera bajo ese sistema de gobierno. El sistema de pensiones de España, por poner un ejemplo, es el claro motivo por el que los políticos no pueden parar la máquina, aún cuando esta es insostenible pues prácticamente el estado gasta casi 200.000 millones de presupuesto, más del 50% del total del Gasto Público.

3- Diversidad cultural y pluralismo:

 Parece natural y correcto que diferentes grupos de personas puedan vivir bajo una ley común acorde en líneas generales a su cultura e intereses, en lugar de consolidarse política y culturalmente en superestados masivos que destruyen completamente la particularidad. Sin embargo y curiosamente, el advenimiento de la democracia liberal como única forma de Gobierno posible ha hecho que países antes diversos se uniformizan internamente gracias a los sistemas de educación pública. Por contra, los grandes sistemas imperiales (el Sacro Imperio Romano Germánico, el Imperio de los Habsburgo, el Imperio austrohúngaro, etc.) implicaban un alto grado de localismo en el que las costumbres y tradiciones de los muchos grupos étnicos contenidos en ellos generalmente se respetaron. 

De hecho, la mayoría de las monarquías históricas, incluidos los sistemas despóticos del antiguo Cercano Oriente, generalmente respetaron los derechos de sus provincianos a sus propias costumbres y costumbres, siempre que pagaran sus impuestos. Debido a que la monarquía no implica una legislación de masas como la del liberalismo, tiende a evitar el impulso que se encuentra en las democracias hacia la absorción de minorías culturales o religiosas. El multiculturalismo actual importado por el progresismo, por otro lado, dice aceptar la diversidad cultural siempre que se adapte a la moralidad liberal, y por otro lado trata a minorías con cosmovisiones radicalmente antiliberales como aceptables generando un problema de seguridad y existencial a largo plazo. Sin embargo, hay que decir que la política de la modernidad (absolutismo, liberalismo decimonónico, nacionalismo y liberalismo de postguerra mundial) ha sido todo lo contrario a pluralista desde el principio.

Compare esto con las tendencias groseramente centralizadoras de las democracias modernas, tanto oficial como extraoficialmente. En Estados Unidos, supuestamente un sistema republicano con fuertes protecciones a los derechos de los estados, el movimiento constante ha sido hacia una subordinación cada vez mayor de los estados al gobierno federal. De hecho, ha llegado al punto en que los estados solo retienen un poder supuestamente delegado en ellos hasta que el Congreso decida actuar (federalizado así efectivamente ese poder) o hasta que algún grupo de interés especial demande al estado en un tribunal federal, cuyo resultado invariablemente parece ser un juicio a favor de fusionar ese poder bajo la égida federal. La situación es obviamente tiene situaciones particulares en cada país, pero sin embargo, los gobiernos a día de hoy incluso en las democracias son más poderosos de lo que los que los controlan están dispuestos a reconocer.

Extraoficialmente, las democracias, que dependen de la “voluntad de la mayoría”, tienden a actuar de tal manera que subordinan las variaciones locales dentro de la cultura nacional a las de la facción dominante. Esto se ve fácilmente en la forma en que el progresismo, que está en manos de una minoría relativamente pequeña de las llamadas «élites» en Occidente, busca suplantar y eliminar agresivamente varias subculturas localistas dentro de las naciones occidentales.

4 -Agresión y expansionismo.

Seguramente, el individuo de mentalidad liberal y el fundamentalista democratico puede estar pensando, esta es al menos un área donde las democracias demostrarán ser muy superiores a la monarquía y otros sistemas autoritarios. Después de todo, las democracias fomentan el comercio pacífico y evitan pelear entre sí, mientras que los regímenes autoritarios son agresivos y belicosos, ¿verdad?

Bueno en realidad no. Si bien ciertamente ha habido naciones agresivas y guerreras con gobiernos autoritarios, sería difícil argumentar que en sí misma es peor que los sistemas democráticos. La guerra es una realidad humana fundamental, nos guste o no. Sin embargo, cuando la guerra se limitaba a ser competencia de las clases altas en las monarquías feudales y aristocráticas de Europa y otras partes del mundo, por lo general no era comparativamente extensa ni dañina. Cuando la guerra era el «juego de caballeros», por lo general estaba restringida en alcance y extensión. 

Se necesitó democracia y el nacionalismo que apareció conjuntamente para realmente hacer de la guerra el horror existencial en el que pensamos hoy, en el que todos los estratos de la sociedad participaban en dicho conflicto. La movilización masiva del pueblo de una nación fue introducida por los gobiernos democráticos de la Revolución Francesa. Cada gobierno desde entonces, ya sea democrático o autoritario, ha tenido que adoptar este modelo para poder competir. Y aunque las democracias modernas (en general) no tienden a pelear entre sí, las democracias han sido tan enérgicas para pelear contra todos los demás como lo ha hecho cualquier otro tipo de gobierno. El Imperio Britanico, o la República francesa extendieron su Imperio sobre cientos de pueblos sometidos justo en el momento en que estaba expandiendo el derecho al voto y democratizando su gobierno parlamentario. Estados Unidos agregó estado tras estado a su unión a medida que se expandía “democráticamente» por todo el continente norteamericano, además de lanzarse luego al dominio global. Hoy, EE. UU. y las democracias de Europa han sido las más activas en iniciar guerras ofensivas por todo el mundo (y especialmente en el Medio Oriente) mientras buscan agresivamente imponer su versión de democracia a pueblos extranjeros en todo el mundo. De hecho, el Régimen democrático, tanto por republicanos como por demócratas en Washington DC ha sido el mayor belicista del mundo desde el final de la Guerra Fría en la década de 1990, usando su fuerza para obligar a las personas de todo el mundo a adoptar “valores” progresistas o de lo contrario hacer que sus gobiernos derrocados y la guerra civil impuesta sobre ellos.

5- Conclusiones

Nuevamente, debo enfatizar que mi propósito con este artículo no es tanto defender una forma de gobierno concreta, sino alentar a todos mi lectores a que existen alternativas creíbles al dogma democrático, y que no hay una sola forma posible de organizarse políticamente. La democracia, como sistema, no es el fin de la historia como la mayoría de los estadounidenses y occidentales creen. En las cuatro áreas exploradas anteriormente, la democracia demuestra el mismo conjunto general de problemas que podría mostrar cualquier forma de Gobierno.

El Holocausto y el Nacionalsocialismo como mitos políticos del Occidente Liberal

Es difícil saber cuánto de la “cultura política occidental” está moldeado por el espectro del Holocausto y la posguerra de la IIGM. El período transcurrido desde entonces es la historia de la base religiosa secular de Occidente que cambia del cristianismo a una nueva base construida sobre un solo mandamiento: «nunca más»:

Tomemos como ejemplo a Karl Popper, el padrino intelectual del liberalismo de posguerra. Popper se “vio obligado” a escribir «La sociedad abierta y sus enemigos” durante la Segunda Guerra Mundial, motivado por la reconstrucción de Europa como una sociedad abierta para garantizar supuestamente que esos horrores no se volvieran a ver. George Soros fue alumno de Popper en la London School of Economics y nombró a su Open Society Institute en honor al libro de Popper. Todo el proyecto de Soros está dedicado a utilizar las redes de la sociedad civil para consagrar un supuesto pluralismo progresista y acabar con las fuerzas intolerantes del «populismo».

El liberalismo de la posguerra avanzó en la dirección deseada por Popper. Un liberalismo basado en los derechos naturales cambió a uno centrado en el empirismo, el consenso, la ingeniería social progresista, que aún así sostuvo parte de dichos “derechos naturales” a conveniencia y deformados (ofuscando el papel de Estado en dicha cuestión) y la desconfianza de cualquier proyecto “colectivo” en lo que respecta a las cuestiones políticas.

Otro libro influyente en la formación del consenso liberal de posguerra fue Camino de servidumbre de Friedrich Hayek. Fue Hayek quien le consiguió a Popper un editor para su libro, al verlo como un aliado útil en su propio enfoque libertario y anti ideológico de la política tan común del progresismo, en el que la política, algo colectivo por definición, se enfrasca en proyectos individualistas (en sus fines) como “mitos políticos” bajo la apariencia de acción colectiva.

Esto último explica porque la izquierda progresista utiliza una propaganda que a veces recuerda a un «socialismo marxista» pero contaminado de ontología liberal-anárquica. Por eso la derecha sigue usando el chivo expiatorio del socialismo en sus discursos.

Hayek también estaba motivado por identificar las raíces del fascismo, pero en lugar de atacar las raíces de la filosofía occidental, su enfoque está en el colectivismo. Son los socialistas, nacionales o internacionales, con su mentira de un «bien común» los responsables del totalitarismo. Los planificadores sociales del mundo de la posguerra se dedicarían a remover de una vez por todas las raíces de la “sociedad cerrada” que había conducido supuestamente a los horrores de la guerra.

Lo primero en desaparecer tenía que ser es el nacionalista biologista, que era fundamental para el Nacionalsocialismo. Una ideología relacionada que nació con el liberalismo decimonónico, el nacionalismo, también tuvo que ser desmantelada. El fascismo a su vez también por su primicia absoluta del Estado como movilizador de masas.

Mientras que el nacionalismo (y no el nacionalsocialismo y el fascismo) alguna vez se había visto como un fenómeno natural, y la «nación» se identificaba con un grupo étnico o comunidad extendida con “características comunes”, los estudios académicos del nacionalismo ahora comenzaron a deconstruir dicha cuestión.

Obviamente aquí hubo también contaminación ideológica por imitación en la “izquierda comunista soviética”, que defendió en ocasiones el derecho de autodeterminación contra el Occidente liberal, y contra sus colonias, mientras que a la vez, defendió un etnonacionalismo interno el cual creó en un primer momento (antes de la creación de la URSS en 35 Repúblicas), y luego 15 Repúblicas hasta su disolución con su

Muchos de los teóricos más influyentes del momento deconstruyen el nacionalismo como un tipo moderno de falsa conciencia por suponer una amenaza para los discursos universalistas del momento, desconfiaban profundamente del nacionalismo y sus múltiples derivadas motivado por los acontecimientos de la guerra.

El historiador israelí Azar Gat decía en su libro «Nations: The Long History and Deep Roots of Political Ethnicity and Nationalism» que los intelectuales judíos, de gran importancia en la intelectualidad estadounidense y europea, naturalmente quisieron triturar todas las derivadas etnicistas para evitar mayor recelo frente a ellos mismos.


Pero mientras que la visión esbozada por Hayek y Popper era más negativa y moderada: la cultura política de izquierda liberal (incluso en algunos casos del marxismo académico), intervinieron para proporcionar una crítica revisionista más radical que daría forma a generaciones, especialmente en los boomers europeos, de aversión a la idea misma de Nación como sujeto político, aún minoritario en la Generación silenciosa, pero hegemónico en los baby boomers. La más influyente en este sentido de esas tendencias es la famosa Escuela de Frankfurt. Una escuela de teóricos judíos, huyeron de la Alemania de Hitler hacia los Estados Unidos y se dispusieron a reelaborar la teoría social, motivados por evitar el tipo de nacionalismo que habían observado en Europa por las potencias revisionistas nacidas de la derrota de las Potencias Centrales en Europa.

Las teorías de la Escuela de Frankfurt, subvencionada por la oligarquía estadounidense y muy influenciada por la OSS de EEUU (la agencia precursora de la CIA) con becas de la Fundación Rockefeller, se convertirían en la base de la «izquierda progresista» (que no marxista) de los años sesenta.

Bajo la dirección de Theodor Adorno, publicaron La personalidad autoritaria. Este estudio pretendía mostrar que aquellos que creían en los valores tradicionales eran enfermos mentales, y esto tenía sus raíces en la familia, especialmente en la creencia en la autoridad de los padres. Una sociedad abierta no es suficiente, lo que se requiere es la deconstrucción de estas raíces del autoritarismo.


El trabajo influyó en los políticos liberales empeñados en alejar a la sociedad de las denominadas «actitudes reaccionarias». Se vio que la dificultad de esta tarea se reflejaba incluso en la fuerza peligrosa de la religión tradicional y la crianza defectuosa de los niños. Ahora la familia misma fue atacada hasta nuestros días como institución social básica.

Obviamente todo esto no fue ningún tipo de conspiración marxista ni una ofensiva de los soviéticos, dado que en el Este incluso se mantuvieron parte de estas cuestiones aún cuando en Occidente ya se estaban aboliendo. Esto fue un cambio estructural, moral y de cosmovisión en Occidente.

Sin embargo, fue el trabajo de otro teórico de la Escuela de Frankfurt, Herbert Marcuse, el que se convirtió en la base ideológica de la contracultura de los años 60 (que se volvió hegemónica en algún momento entre los años 60 y la actualidad). El éxito de ventas Eros y Civilización. Marcuse argumentó que las sociedades tradicionales se construyeron sobre la represión de los sanos instintos y deseos humanos, en particular los sexuales, lo que condujo a la alienación y la infelicidad.

La respuesta fue una liberación revolucionaria del instinto sexual, «perversidad polimorfa». Durante la Segunda Guerra Mundial, Marcuse había sido empleado de la OSS, la precursora de la CIA. Marcuse elaboró una lista de 1800 empresarios e industriales que deberían considerarse nazis clave junto con el liderazgo militar para ayudar a los americanos en sus labores de inteligencia.

Marcuse y sus colegas argumentaron que tratar con estos hombres era más importante para la desnazificación de Alemania que tratar con el militarismo prusiano imperante en la nación germánica.
Esta fue la base de la teoría de la Escuela de Frankfurt:

Todos los miembros de la escuela creían que el nacionalsocialismo era una expresión de un «paradigma único de dominación», que también incluía el socialismo soviético e incluso la democracia liberal decimonónica. Todas sus obras principales se pueden leer a través de este motivo o telos para identificar una base más profunda para la desnazificación.


Esta fue la base de la teoría de la Escuela de Frankfurt:

Todos los miembros de la escuela creían que el nacionalsocialismo era una expresión de un «paradigma único de dominación», que también incluía el socialismo soviético e incluso la democracia liberal decimonónica. Todas sus obras principales se pueden leer a través de este motivo o telos para identificar una base más profunda para la desnazificación.


Las leyes de expresión o lingüísticas de sus precursores en las leyes de negación del Holocausto de sus países se atacaron pensando y normalizaron la idea de consagrar la «difamación grupal» como un delito y como algo inmoral. De ahí a que nuestra sociedad, en los ambientes políticamente correctos y contaminados de progresismo odien ese tipo de afirmaciones morales «colectivas». Este fue un cambio significativo en lo que se consideraba un discurso político aceptable.

Aunque países como el Reino Unido no tenía leyes de negación del Holocausto, sus primeras leyes sobre el discurso de odio se incluyeron en la Ley de Relaciones Raciales de 1965. Los primeros defensores se inspiraron en sus actividades antifascistas en Londres, y gran parte del debate se centró en el maltrato alemán a los judíos.

Esto sin mencionar todo el apuntalamiento ideológico del «orden internacional basado en reglas» establecido al final de la guerra. Muchos de los padres fundadores de la Unión Europea formularon su ideal como una alternativa antifascista al dominio alemán. De la guerra también surgió la base de nuestras concepciones del derecho internacional, los crímenes de guerra y la guerra justa.

Con el mito del acto de guerra perfectamente moral de intervenir para detener el Holocausto, los liberales pueden justificar cualquier uso de la fuerza contra los regímenes que violan los «derechos humanos». Si bien el estado de ánimo de los teóricos sociales de la posguerra era moderado, el axioma moral antifascista contenía una división maniquea entre los defensores de la sociedad abierta y las fuerzas del fascismo/nacionalsocialismo, que, con el aporte de intelectuales supuestamente marxistas pero captados por la inteligencia estadounidense, incluía todos los aspectos de la sociedad, desde ciencia a los roles de los padres.

En una era aparentemente despojada de grandes narrativas, lo único que llena el vacío de significado es el único moral absoluto, el mal absoluto de Auschwitz. Todo es malo en la medida en que es fascista o nacional socialista, y todo es bueno en la medida en que previene el fascismo/nacionalsocialismo. Ahí por supuesto cae el socialismo soviético, como un punto despreciable en el cosmos liberal pero intermedio de esas dos realidades.

Sudán: ¿El nuevo campo de batalla geopolítico?

Sudán del Sur ha creado desde su independencia un nuevo himno nacional y una nueva bandera desde la escisión de Sudán. Diseñó una nueva moneda hace varios años, pero todavía hay debates sobre cómo debería llamarse el nuevo país. Se han discutido varias opciones, incluida la República del Nilo, Ecuatoria, Juwama, Nuevo Sudán y Sudán del Sur. Sin embargo, esos detalles son la menor de las preocupaciones de la nueva nación. El presidente sudanés Omar Al Bashir, presionado por Estados Unidos, ha declaró hace años que respetaría los resultados del referéndum de Sudán del sur, aunque perdió un tercio de su país y potencialmente el 80 por ciento de su petróleo.

Sudán siempre advirtió que no aceptaría que Abyei, una región rica en petróleo, fuera incluida en ningún nuevo estado. «Si alguna de las partes tomara alguna acción independiente en Abyei, eso sería el comienzo de un conflicto», dijo el presidente Al Bashir a Al Jazeera. Por eso que el statu quo en Abyei se mantiene sin cambios con la misma administración y componentes “hasta que lleguemos a una solución”, dijo.

En lo que respecta a la ruptura de Sudán y Sudán del Sur como entidad principalmente cristiana (en el caso del Sur) es indeseable porque sienta y sentó un precedente que podría afectar más aún a otras partes de África y Oriente Medio.

«El referéndum de Sudán podría tener un efecto dominó», dijo el presidente del Congreso de Derechos Civiles de Nigeria, Shehu Sani. «Es probable que sea una infección en otras partes de África en el sentido de que la mayoría de los países, particularmente en Occidente, están divididos entre cristianos y musulmanes». La balcanización de grandes países siempre ha estado en el interés de Occidente y todavía lo es. Es parte de la vieja estrategia británica de «divide y vencerás» sobre la que advirtió el ex presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, en su libro «Neocolonialismo: la última etapa del imperialismo».

Nkrumah sostuvo que, desde el punto de vista de Occidente, la forma más eficaz de controlar los recursos naturales era la balcanización. Con el petróleo acercándose a los 100 dólares el barril cuando EE. UU. y Europa luchan por no volver a caer en una recesión, se beneficiaron inicialmente de un sur de Sudán rico en petróleo e independiente, deseoso de saltar a su esfera de influencia, especialmente cuando se produjo la secesión.

La balcanización del mundo arabé-islamico como ejemplo para Sudán:

Algunos analistas creyeron lo mismo, y muchas veces se habló de terminar la invasión de Irak fue un intento neoconservador de balcanizar Irak en un estado suní, uno chita y uno kurdo. Cabe mencionar que en 2006, la entonces Secretaria de Estado Condoleezza Rice habló de «un nuevo Medio Oriente» cuando el Teniente Coronel Ralph Peters preparó un mapa que fue publicado en el Armed Forces Journal y ha sido utilizado por la OTAN en un programa de entrenamiento para oficiales superiores.

Ese mapa muestra a Arabia Saudita dividida en un «Estado Sagrado Islámico» y «Territorios Independientes de las Tierras Nacionales Sauditas», Irak dividido en tres y Cisjordania como parte del «Gran Jordán». Ya en 1982, un periodista israelí Oded Yinon, adjunto al Ministerio de Información de Israel, publicó un artículo titulado «Una estrategia para Israel en los años ochenta». En esto, afirma:

«Dividir a Egipto territorialmente en distintas regiones geográficas es el objetivo político de Israel… Si Egipto se desmorona, países como Libia, Sudán o incluso los estados más distantes no seguirán existiendo en su forma actual. La visión de un Estado copto cristiano en El Alto Egipto, junto con una serie de estados débiles con un poder muy localizado… es la clave para un desarrollo histórico…»

Yinon se refiere a Sudán como «el estado más desgarrado del mundo árabe musulmán construido sobre cuatro grupos hostiles entre sí» y el Mundo islamico como «un castillo de naipes temporal construido por extranjeros [Gran Bretaña y Francia] sin que se hayan tenido en cuenta las realidades regionales existentes”.

Para evitar que sus palabras se conviertan en una profecía, los árabes necesitan ver el panorama completo y preguntarse si la división de Sudán podría ser un presagio para el futuro antes de que los fantasmas de Sykes y Picot, quienes redibujaron el Medio Oriente en 1916, acechen esta región volátil una vez más,  tal y como lleva más de una década ocurriendo

Sudán en la actualidad.

La historia de Sudán es una de contrastes y contradicciones. Es un país con un enorme potencial y recursos, pero está plagado de pobreza, conflicto y explotación. Las fuerzas que actualmente separan a Sudán son complejas y multifacéticas, pero una cosa es segura: el futuro de esta nación está indisolublemente ligado al panorama geopolítico más amplio.

Para comprender completamente la dinámica de este creciente conflicto, es esencial mirar más allá de las fronteras de Sudán. Se debe prestar atención a la geopolítica más amplia que está en juego en el Cuerno de África, el Golfo Pérsico, la región más amplia de Asia occidental. Alguna vez la nación africana más grande con una población de 46 millones y la tercera masa de tierra más grande, Sudán experimentó un cambio sísmico en 2011 con una balcanización promovida por Occidente, que dividió al país en un “norte musulmán” y un “sur cristiano/animista”.

Extremos de riqueza y pobreza:

El país ha sido bendecido con una de las zonas más ricas a nivel de fertilidad y agua de la tierra. Los Nilos Blanco y Azul se combinan para formar el río Nilo, que fluye hacia el norte hacia Egipto. La abundancia de agua de Sudán se complementa con suelos fértiles e inmensos depósitos de oro y petróleo. La mayoría de estos recursos están ubicados en el sur, creando una división geológica conveniente que los estrategas occidentales han explotado durante más de un siglo para promover la secesión.

A pesar de su abundancia de recursos, Sudán es también una de las naciones más pobres del mundo. El treinta y cinco por ciento de su población vive en la pobreza extrema, y la asombrosa cantidad de 20 millones de personas, o el 50 por ciento de la población, sufre inseguridad alimentaria.

Aunque Sudán logró la independencia política en 1956, como muchas otras antiguas colonias, nunca fue verdaderamente independiente económicamente. Los británicos utilizaron una estrategia que habían empleado anteriormente antes de abandonar la India en 1946: divide y vencerás, forjando tribus «del norte» y «del sur», lo que condujo a guerras civiles que comenzaron meses antes de la independencia de Sudán en 1956.

Un general contra un general:

Después de lograr la independencia en 2011, Sudán del Sur se sumergió en una brutal guerra civil que duró siete años. Mientras tanto, el norte fue golpeado por dos golpes; el primero en 2019, que derrocó al presidente Omar al-Bashir, y el segundo en 2021, que resultó en el actual gobierno de transición liderado por militares de poder compartido encabezado por el presidente del Consejo Soberano, el general Abdel Fattah al-Burhan, y su adjunto , General Mohamed Hamdan Dagalo.

Son estos dos antiguos aliados convertidos en rivales los que ahora se encuentran en el centro del conflicto que empuja a Sudán en dos direcciones opuestas en el contexto del orden multipolar en rápido desarrollo. Tras el golpe de estado de 2021 en Sudán, los dos generales rivales, Dagalo y Burhan, continuaron el impulso hacia la construcción de proyectos a gran escala. China financió un programa para rehabilitar 4725 km de vías férreas de la época colonial que conectaban el puerto de Sudán con Darfur y Chad.

Un informe reciente de sugiere que si se mantiene la paz en el Cuerno de África y la nueva entente Irán-Arabia Saudita resulta en un proceso de paz duradero en Yemen, entonces la reactivación del proyecto Puente del Cuerno de África, que fue el último propuesta en 2010, podría convertirse en realidad.

El Sur Global se beneficia de la cooperativa China-Rusia:

En la última década, la asociación estratégica entre China y Rusia ha ganado rápidamente el favor de los países del Sur Global. Con los cinco estados miembros del BRICS representando a más de 3200 millones de personas y el 31,5 % del PIB mundial, China y Rusia han brindado apoyo financiero para importantes proyectos de infraestructura, agua y energía, al mismo tiempo que respaldan las necesidades militares de las naciones que se enfrentan a la desestabilización.

Esto ha sentado las bases para una nueva era de la geoeconomía basada en la cooperación mutuamente beneficiosa. El Cuerno de África, que incluye Sudán del Norte y del Sur, Etiopía, Eritrea, Yibuti, Somalia y Kenia, se ha visto atraído por esta dinámica positiva de paz y desarrollo. Etiopía pudo poner fin a su conflicto de 20 años con la vecina Eritrea en 2018 y sofocar una posible guerra civil en noviembre de 2022. Además, los esfuerzos diplomáticos de China facilitaron un acuerdo de paz entre Arabia Saudita y Yemen, mientras que incluso Siria ha visto surgir una nueva esperanza con el consenso de la Liga Árabe de que la doctrina de cambio de régimen liderada por Estados Unidos contra el presidente Bashar al-Assad ha terminado.

Las perspectivas multipolares de Sudán

Si bien la causa de la reciente violencia en Sudán sigue siendo incierta, hay algunas cosas que se conocen. Antes del reciente estallido de violencia que cobró casi 500 vidas, Sudán estaba dando pasos significativos hacia la consolidación de su participación en la alianza multipolar emergente. Esto incluyó la presentación de una solicitud por parte de Sudán para unirse a la alianza BRICS+ junto con otras 19 naciones, incluidos estados africanos ricos en recursos como Argelia, Egipto, Nigeria y Zimbabue. La decisión de Sudán de otorgar a Rusia el uso total del puerto de Sudán y participar en el desarrollo económico a gran escala con China, Rusia, Egipto y Kuwait fue visto como un desarrollo positivo por muchos, pero recibió amenazas de “consecuencias” por parte del embajador de EE. UU., John Godfrey.

En abril de 2021, se firmaron acuerdos para construir un ferrocarril Egipto-Sudán de 900 km que conecta Asuán con Wadi Halfa y Jartum en Sudán. En junio de 2022, se terminó un estudio de factibilidad encargado por el gobierno conjunto de Etiopía y Sudán que describía un ferrocarril de vía estándar de 1522 km que conecta Addis Abeba de Etiopía con Jartum y el puerto de Sudán. En enero de 2022, China prometió apoyo financiero y técnico para extender el ferrocarril Mombasa-Nairobi de 578 km de Kenia a Uganda, Sudán del Sur y la República Democrática del Congo, así como a Etiopía, donde se completó el ferrocarril Addis Abeba-Djibouti construido por China en 2017. En este proyecto integral, se incluyeron extensiones a Eritrea.

El renacimiento del canal Jonglei.

El agua y el petróleo son recursos abundantes en Sudán del Sur, por lo que la seguridad de la región es una prioridad para los intereses africanos de Beijing. A pesar de esta abundancia, la infraestructura del país es deficiente, lo que lo deja sin medios para mover estos recursos al mercado o utilizarlos con fines industriales. El agua es tan importante geopolíticamente como el petróleo, si no más. Así, hace casi cuarenta años, se puso en marcha el proyecto del Canal Jonglei, que tenía como objetivo conectar el Nilo Blanco y el Nilo Azul en Sudán del Sur, creando un canal de 360 km que desviará las aguas del Alto Nilo Blanco.

El canal daría como resultado que 25 millones de metros cúbicos de agua por día se dirijan al norte hacia Egipto, mientras que 17.000 kilómetros cuadrados de tierras pantanosas se transformaron en tierras agrícolas. El proyecto haría florecer las tierras desérticas de Egipto y el norte de Sudán, convirtiendo a esa parte del Sahel en el granero de África. Sin embargo, el proyecto se detuvo después de que una máquina de excavación guiada por láser, pues el secesionista Ejército Popular de Liberación de Sudán del Sur (SPLA), dirigido por John Garang De Mabior, educado en Occidente, inició una guerra civil en 1983 y secuestró a los operadores de la máquina, deteniendo efectivamente el proyecto. En particular, la tesis doctoral de De Mabior de 1981 en los EE. UU. se centró en el daño ambiental que causaría el Canal Jonglei si no se manejara correctamente.

Enturbiando las aguas.

A pesar de los intentos del ex presidente Omar al-Bashir de reiniciar este proyecto desde 1989, hasta la partición de Sudán en 2011, las constantes desestabilizaciones nunca permitieron la reactivación de este proyecto. Las cosas comenzaron a cambiar cuando, el 28 de febrero de 2022, el vicepresidente de Infraestructura de Sudán del Sur, el general Taban Deng Gai, pidió la reanudación del canal Jonglei y dijo:

“Nosotros, la gente de Bentiu y Fangak, no tenemos dónde quedarnos. Es posible que emigremos a las zonas orientales [orilla oriental del Nilo Blanco] porque hemos perdido nuestra tierra debido a las inundaciones… La gente pregunta quién abrió este enorme volumen de agua porque nunca experimentamos esto durante décadas. Por supuesto, Uganda y Kenia abrieron el agua, porque Kampala estaba casi sumergida debido al aumento del nivel del agua del lago Victoria. La excavación del canal Jonglei que se detuvo debe revisarse… Para que nuestra tierra no quede sumergida por las inundaciones, permitamos que esta agua fluya hacia quienes la necesitan en Egipto”.

El general Taban hizo referencia a un informe de la ONU que detalla los 380.000 civiles desplazados debido a las recientes inundaciones de Sudd Wetland y declaró: “La solución radica en abrir las vías fluviales y reanudar la perforación del canal Jonglei, en primer lugar, en función de las condiciones y el interés de Sudán del Sur. .” El general Taban había trabajado en estrecha colaboración con el Ministro de Recursos Hídricos e Irrigación de Sudán del Sur, Manawa Gatkouth, quien había sido el primero en reactivar este proyecto desde la partición de 2011, presentando una propuesta al Consejo de Transición de Sudán del Sur en diciembre de 2021. Esta propuesta surgió directamente de los acuerdos para construir proyectos cooperativos de agua que Gatkouth alcanzó con el gobierno egipcio en septiembre de 2020. En ese momento, el ministro egipcio de recursos hídricos declaró que “Egipto aumentaría la cantidad de proyectos de desarrollo para recolectar y almacenar agua de lluvia, con el objetivo de servir al pueblo de Sudán del Sur”.

Occidente regresa.

Como era de esperar, la crisis sudanesa ha llamado la atención debido a la participación de las fuerzas militares angloamericanas. El 23 de abril, el presidente de EE. UU., Joe Biden, anunció una resolución de poderes de guerra para desplegar tropas en Sudán, Yibuti y Etiopía. Mientras que todas las demás naciones se movieron rápidamente para sacar a sus ciudadanos y personal diplomático fuera de peligro, 16,000 civiles estadounidenses se quedaron sin apoyo, proporcionando una excusa conveniente para insertar las fuerzas militares estadounidenses bajo la imagen de «restaurar el orden».

Cabe destacar también la sorpresiva aparición en la región de la subsecretaria de Estado de los Estados Unidos, Victoria Nuland, el 9 de marzo. Nuland, una de las arquitectas clave de la transformación de Ucrania en un estado de confrontación contra Rusia, se jactó durante su visita de haber discutido una «transición democrática en Sudán», junto con sus  supuestas preocupaciones humanitarias por Somalia y Etiopía.

Cuestiones humanitarias en Somalia y Etiopía.

Sudán, por otro lado, depende de las importaciones de trigo, el 85 por ciento de las cuales se originan en Ucrania y Rusia. Hasta la fecha, el National Endowment for Democracy (NED) financió a más de 300 organizaciones de la sociedad civil separadas en África y al menos 13 en Sudán, todas las cuales utilizan la táctica probada de armar a los liberales locales pro occidentales para destruir sus propias naciones bajo la tapadera de las acciones de “construcción de la democracia”, “derechos humanos” y “anticorrupción”.

Por el contrario, el Sur Global ve cada vez más a las potencias multipolares emergentes de China, Rusia y su creciente camarilla de aliados, como avanzando en un enfoque no hipócrita para apoyar proyectos de infraestructura vitales e intereses nacionales genuinos. Estos nuevos actores en el escenario internacional priorizan la realización de redes de agua, alimentos, energía y transporte a gran escala, que no solo benefician a todas las partes involucradas, sino que también impactan positivamente en regiones más allá de las fronteras nacionales generando nuevas interacciones comerciales.

Si bien las causas de la crisis de Sudán son complejas, las contingencias geopolíticas son realmente relevantes, y está claro que hay poderosas fuerzas en acción que buscan moldear el resultado para su propio beneficio. Sin embargo, la respuesta a los problemas de Sudán radica en un enfoque diferente: uno que prioriza el desarrollo de infraestructura y la construcción de naciones independientes en lugar de intereses geopolíticos estrechos y cambios de régimen.

Elecciones en Turquía: Erdoğan, Kiliçdaroğlu y el legado de Atatürk

En un año lleno de elecciones trascendentales en todo el mundo, quizás ninguna haya generado tanta fascinación, anticipación y temor entre los observadores internacionales como las elecciones presidenciales de Turquía que se saldaron ayer con una segunda vuelta entre Erdogan y Kilicdaroglu. Por buena razón. A nivel nacional, regional e internacional, hay mucho en juego en el resultado de la segunda vuelta.

Durante los últimos 20 años, primero como primer ministro y desde 2014 como presidente, Recep Tayyip Erdogan ha dado forma, y reformado repetidamente, la política interior y exterior de Turquía. Pero ahora enfrenta su mayor desafío electoral hasta el momento. La oposición política, a menudo dividida por sus obvias diferencias, se ha unido detrás de la candidatura de Kemal Kilicdaroglu, mientras que los problemas económicos de Turquía, durante mucho tiempo fueron un peso político para Erdogan.

Lo que está en juego para Turquía difícilmente podría ser mayor. Cuando el Partido Justicia y Desarrollo de Erdogan, o AKP, ganó las elecciones por primera vez en 2002, se temía que el partido islamista moderado socavara los cimientos del estado secular de Turquía. Si bien el papel de la religión en la política y la sociedad turcas se ha ampliado desde entonces, viendo que mientras Kilicdaroglu hacía una ofrenda al monumento de Ataturk, Erdogan rezaba. Sin embargo, la amenaza real ha resultado ser más prosaica: un autoritarismo (dentro de un sistema republicano) en el que la disidencia ha sido criminalizada (especialmente en el caso de los kurdos por motivos bastante evidentes), y el poder concentrado cada vez más en manos de Erdogan, pasando de una República Parlamentaria a un sistema Presidencialista, en el que la figura del ejecutivo es más fuerte.

Política exterior de Erdogan.

Las relaciones regionales e internacionales de Turquía también han estado sujetas a las vicisitudes de los cambios y el oportunismo de Erdogan. Erdogan expandió hábilmente la influencia regional de Turquía al implementar un enfoque de “cero problemas con los vecinos” en sus primeros años en el poder. Al mismo tiempo, profundizó los lazos con Europa, persiguiendo activamente reformas internas como parte de la oferta de adhesión de Turquía a la Unión Europea y adoptando una postura conciliadora sobre el tema divisivo de la reunificación de Chipre.

Pero a partir de fines de la década de los 2000, Erdogan cambió a un enfoque más activo. A nivel regional, su política de “cero problemas con los vecinos” pasó a un segundo plano ante los enfrentamientos con socios históricos, como Israel, y la rivalidad por la influencia con los estados del Golfo, comenzando con los levantamientos árabes de 2011 y culminando en las guerras civiles de Siria y Libia. Los lazos con Europa y EE. UU. sufrieron de manera similar, debido a las tensiones por las disputas territoriales con Grecia en el Mediterráneo oriental y las divisiones dentro de la alianza de la OTAN impulsadas por la profundización de los lazos de Turquía con Rusia y con otros países, buscando una posición más “autónoma” en lo que respecta a política exterior. Tampoco olvidar el amplio apoyo de Azerbaiyán por parte de Erdogan especialmente en la cuestión del Nagorno-Karabaj.

Más recientemente, Erdogan ha adoptado una vez más un enfoque más conciliador, descongelando los lazos con Israel y los estados del Golfo, disminuyendo la tensión en Libia y Siria, y buscando desempeñar el papel de mediador entre Occidente y Moscú en una variedad de temas desde la invasión de Rusia a Ucrania. Pero como siempre con Erdogan, queda un elemento de imprevisibilidad.
Muchos observadores externos ahora anticipan cambios sustanciales en el frente de la política exterior en caso de que Kilicdaroglu gane la segunda vuelta. Si bien el entusiasmo en Europa, EE. UU. y entre los vecinos de Turquía por un socio más alineado con ellos en Ankara sin duda le brindará a Kilicdaroglu la oportunidad de mejorar los lazos, las expectativas de una transformación total pueden ser poco realistas.

Algunas de las posturas de Erdogan, tanto en la región como hacia Europa y la OTAN, representan un consenso mayoritario sobre la orientación de la política exterior de Turquía. Y la coalición de Kilicdaroglu incluye partidos que simpatizan con el tipo de defensa de los intereses de Turquía que encarna Erdogan. Aún así, si Kilicdaroglu sale victorioso, probablemente adoptará una postura más conciliadora que abrirá la puerta a la resolución de algunas de las disputas provocadas por la perspectiva de Erdogan.

Más importante aún, cerrar el libro sobre la era de Erdogan sería un impulso bienvenido en Occidente al respecto Turquía, que piensa que bajo su gobierno (el del AKP) que existe la preocupación generalizada de que no renuncie al poder en caso de que pierda en las urnas en la segunda vuelta. Ese sería el peor resultado posible para Turquía y los socios de Ankara en Estados Unidos y Europa. Pues pondría a un miembro de la OTAN en la posición de autocracia reconocida. Erdogan trató de explicar el concepto de laicismo, haciendo la declaración aparentemente inocua de que “un estado laico respeta todas las religiones”. Sus palabras desataron una tormenta de críticas de personas que no encontraron el concepto tan agradable. Más tarde trató de aclarar sus comentarios, pero se hizo evidente que ciertos principios básicos de la democracia no serán adoptados ni siquiera por personas que sienten una gran admiración por Turquía.


Sin embargo, al menos una encuesta de opinión en Oriente Medio muestra que Erdogan sigue siendo de los líderes más popular del mundo musulmán. Eso le da a Turquía más tiempo para encontrar una nueva identidad global para su política exterior, y aceptar, gane Erdogan o sobrevivió a la prueba de la historia.

Aunque las tensiones dentro de la alianza opositora entre el partido nacionalista Iyi y el más moderado Partido Popular Republicano, o CHP, han estallado en ocasiones, la mala gestión económica de Erdogan ha puesto a su gobernante Partido Justicia y Desarrollo, o AKP, bajo control presión. Si Kemal Kilicdaroglu, el candidato presidencial del CHP, logra superar el sistema que ha construido Erdogan durante sus 20 años en el poder, podría surgir una ventana de oportunidad para construir una relación más amistosa entre Turquía y sus socios en la OTAN y la Unión Europea.

Su rival, Kemal Kilicdaroglu, también es conocido en Turquía. Considerado un orador poco carismático pero un estratega talentoso, ayudó a diseñar victorias para el opositor Partido Popular Republicano, o CHP, en Estambul y Ankara durante las elecciones municipales de 2019. Para esta elección, construyó la Mesa de los Seis, una alianza política de seis partidos que abarca el espectro ideológico, para enfrentarse al gobernante Partido Justicia y Desarrollo de Erdogan, que ha gobernado durante los últimos cinco años en coalición con el Movimiento Nacionalista MHP. Antes de la votación de mayo, ambas partes creen que tienen un camino creíble hacia la victoria, al tiempo que presentan al electorado visiones marcadamente diferentes del país.

La respuesta fallida del gobierno turco al terremoto no parece haber cambiado drásticamente la opinión pública contra Erdogan y el AKP, como se esperaba inicialmente. Pero las preocupaciones de bolsillo, incluidas las tasas de inflación vertiginosas, los salarios estancados y una economía que ha empeorado en los últimos años, han sido los temas clave hasta ahora en la campaña.

Por otro lado, Kilicdaroglu asumió como su líder hace 13 años, ha tomado medidas para occidentalizar la postura del partido en muchos temas sociales relevantes para los votantes jóvenes, incluida la adopción del feminismo y la expresión de un apoyo cauteloso a los derechos LGBT. El partido, junto con su principal socio, el Partido Iyi dirigido por Meral Aksener, tiene un punto ciego: su historia de animosidad hacia las aspiraciones culturales y políticas de los kurdos, que generalmente son el voto decisivo en lo que respecta a minorías más importante en las elecciones turcas. Pero aquí también, el surgimiento de Kilicdaroglu como candidato de la oposición ha cambiado un poco los cálculos: es miembro de la minoría religiosa alevi de Turquía y creció entre los kurdos en la región de Tunceli, en el este de Turquía.

De hecho, la oposición recibió un gran impulso cuando el Partido Democrático Popular (HDP) de izquierda, liderado por los kurdos, anunció que no presentaría un candidato presidencial propio. Para consolidar esa ventaja, Kilicdaroglu inmediatamente se puso a trabajar cortejando a los votantes del HDP, programando reuniones con miembros de su delegación parlamentaria y comprometiéndose con varias reformas solicitadas por grupos kurdos, incluida la restauración de los funcionarios kurdos electos que fueron destituidos por Erodagn a sus puestos y la relajación de las restricciones sobre los derechos del idioma kurdo.

La ausencia de un candidato presidencial kurdo en la carrera crea espacio para que los kurdos voten por Kilicdaroglu mientras se mantienen leales a los candidatos parlamentarios del HDP. Algunas encuestas incluso sugieren que el apoyo kurdo establece la posibilidad de una victoria de Kilicdaroglu. No obstante, una evaluación que se basa en estimaciones ampliamente aceptadas del apoyo a los partidos con base en los promedios de múltiples encuestas y los resultados de elecciones recientes arroja un resultado que parece favorable a la oposición. El porcentaje de votos del CHP del 25-30 por ciento, el 15 por ciento de Iyi y el 10 por ciento del HDP, combinado con el apoyo de los tres partidos menores restantes en la Tabla de los Seis, podría sumar una mayoría en la segunda ronda.

Además, aunque pocas élites políticas en Turquía están dispuestas a reconocerlo públicamente, los antecedentes alevíes de Kilicdargolu también pueden convertirse en un factor en la contienda, debido al persistente fanatismo entre la mayoría sunita del país contra la religión aleví de raíces consideradas por el sunismo como hereticas. El propio Erdogan ocasionalmente aviva esas llamas, a pesar de sus intentos de cortejar a los votantes alevíes, que representan hasta una cuarta parte de la población de Turquía. En un intento por subrayar la otredad de Kilicdaroglu, Erdogan se refiere con frecuencia a él como «bay Kemal», un término informal utilizado por los turcos para describir a los extranjeros, en oposición a «Kemal bey».

Los partidarios y acólitos de Erdogan pueden ser más desagradables. Mustafa Albayrak, exdiputado del AKP, expresó una vez su oposición a la asignación de fondos gubernamentales para la remodelación de los lugares de culto alevíes con el argumento de que “abriría el camino para los subsidios a los adoradores del diablo”. Por lo tanto, el trasfondo religioso de Kilicdaroglu es un arma de doble filo. El CHP parece ser muy consciente de los riesgos electorales asociados a la candidatura de Kilicdaroglu y ha tomado medidas para mitigarlos. Para empezar, Kilicdaroglu anunció su candidatura frente a las oficinas del Saadet Partisi,, miembro de la coalición opositora que también es uno de los partidos islamistas más antiguos de Turquía. Además de cortejar a los votantes musulmanes conservadores, el CHP también espera que Kilicdaroglu sirva como una figura inspiradora vista como el comienzo de una Turquía que acepta esa “pluralidad”.


La compleja relación entre Turquía y el mundo árabe se ve afectada por el legado del gobierno otomano, la visión de Mustafa Kemal Ataturk de una Turquía secular y sus relaciones con los países árabes, y los 20 años de gobierno de Recep Tayyip Erdogan. Todos estos factores y los resultados de las próximas elecciones turcas que se decidirán en la segunda vuelta determinarán el futuro de la compleja relación entre Turquía y el mundo árabe. Después de la Primera Guerra Mundial, el Medio Oriente fue puesto bajo el dominio británico y francés, luego de siglos de ser parte del Imperio Otomano, o al menos ser hegemónicamente dominado por este. Esto continuó hasta que los últimos emiratos del Golfo obtuvieron su independencia, lo que condujo a la fundación de Qatar, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos en 1971.

Turquía secular (o islámica) y sus vecinos árabes.

El establecimiento de la Turquía moderna, fundada sobre el legado del Imperio Otomano, creó una división física y cultural respecto los países árabes. El padre fundador del país, Ataturk, inició una revolución de arriba hacia abajo para romper los lazos de la nueva nación con sus vecinos, el pasado y el sistema político anterior. Ataturk imaginó una Turquía secular que estaba divorciada de la cultura árabe y en parte del Islam. Como señaló el turco Serif Mardin, “el nuevo régimen apuntó a los valores del antiguo régimen otomano” como el origen . En consecuencia, la nueva república introdujo diversas reformas para modernizar y occidentalizar el país.

Además de abrazar a Occidente, las élites gobernantes de Turquía también desarrollaron un desdén por el mundo árabe, que los veía como oscurantistas, inferiores y traidores por haber traicionado a Turquía durante la Primera Guerra Mundial. Asimismo, la población árabe tenía sentimientos negativos hacia Turquía por su separación del Imperio Otomano. Las tácticas opresivas de los Jóvenes Turcos hacia la lengua y la cultura árabes a principios del siglo XX los alejaron de los gobernantes turcos, aún cuando el árabe tenía mucha importancia social incluso en el fin del imperio.

Cuando buscaban la independencia del imperio otomano, las tribus árabes se aliaron con potencias extranjeras contra los otomanos. Esto resultó en que ambos lados desarrollaran estereotipos el uno del otro, lo que sirvió como un obstáculo para el desarrollo de las relaciones entre los países árabes y los turcos seculares. La animosidad mutua resultó en una separación a pesar de ser vecinos. En consecuencia, Turquía y el mundo árabe, incluido el Golfo, están geográficamente cerca pero tienen una relación tensa o como mínimo complicada.

-Relaciones bajo Erdogan con las naciones de Oriente Medio.

A pesar de los esfuerzos realizados por políticos y partidos de tendencia islámica en Turquía, la política exterior turca hacia el mundo árabe no ha cambiado fundamentalmente desde la fundación de Turquía. Turgut Özal y Recep Tayyip Erdogan, ambos líderes políticos de tendencia islámica, intentaron cambiar la política exterior turca hacia sus vecinos árabes al mismo tiempo que enviaban armas y soldados a las zonas de conflicto regionales.

Cuando el Partido AKP liderado por Erdogan llegó al poder en 2002, las relaciones con los países árabes se restauraron y alcanzaron su punto máximo antes de la Primavera Árabe. Cuando comenzaron los levantamientos en 2011, muchos estados del CCG (Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo) desaprobaron la participación de Turquía en las revoluciones árabes. En consecuencia, las relaciones se deterioraron drásticamente. Ankara se encontró compitiendo con Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos por la influencia en los países afectados por los levantamientos de la Primavera Árabe. Mientras que los estados del Golfo se pusieron del lado de los gobernantes autocráticos y militares, Turquía apoyó movimientos revolucionarios, incluidos los partidos islámicos pero de tendencia revolucionaria.

La lucha alcanzó su punto máximo durante la crisis del Golfo y el bloqueo de Qatar por parte de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Baréin entre 2017 y 2021. Sin embargo, el acuerdo de Al-Ula de 2021 que puso fin al bloqueo de Doha ha reparado los lazos de Turquía con los cuatro bloqueadores. estados No obstante, las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias en Turquía programadas para el 14 de mayo podrían cambiar significativamente las relaciones entre CCG y Turquía.

Erdogan vs. Kilicdaroglu y las relaciones con el CCG

Aunque el presidente Erdogan pasó por años turbulentos con muchos países árabes, principalmente Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, considera que el mundo árabe comparte una cultura, una historia y unos intereses islámicos similares y, por lo tanto, su única disputa con otros países del Medio Oriente es en el ámbito político. Dado que las cosas no salieron como él deseaba durante la Primavera Árabe, ya no es probable que continúe con sus políticas anteriores de contrarrestar los regímenes autoritarios del Golfo y otros países árabes.

Si Erdogan gana las elecciones, las relaciones entre Turquía y el Golfo pueden experimentar un impulso significativo. Si bien Qatar ya tiene excelentes relaciones con Turquía, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos pueden fortalecer aún más sus lazos políticos y económicos con Ankara. Estos países del Golfo actualmente están siguiendo una política exterior independiente, liberándose de la influencia de Estados Unidos y navegando nuevas asociaciones con otras potencias internacionales y regionales. Sin embargo, esto podría tener un alto costo, ya que es poco probable que Washington los deje ir fácilmente. Turquía, que también trata de operar de forma independiente, podría ser un aliado valioso. Es probable que Erdogan dé la bienvenida a estos países con los brazos abiertos y restaure las relaciones a los niveles anteriores a la Primavera Árabe. En el caso del CCG, Ankara tenía un camino más fácil para el acercamiento con Abu Dabi y Riyadh ya que ninguno de los dos estados se vio afectado por la Primavera Árabe. Solo chocaron con la política exterior turca por el futuro y los procesos políticos de otros países árabes.

En caso de que la oposición turca gane las elecciones, es posible que resurjan los sentimientos antiárabes. En realidad, estos sentimientos nunca desaparecieron por completo, sino que se ocultaron un poco durante los gobiernos del Partido AK. Como se mencionó anteriormente, algunos secularistas turcos tienen una tendencia a admirar la cultura occidental y ver a las personas de Medio Oriente como inferiores. Si la oposición llega al poder, estas opiniones infundadas pueden volverse más prominentes en el discurso público, a pesar de no representar las opiniones de la mayoría de la sociedad turca.

Además, Kemal Kilicdaroglu, líder del Partido Popular Republicano (CHP) y principal rival de Erdogan, promete establecer la Organización para la Paz y la Cooperación en Oriente Medio. La organización propuesta incluirá solo cuatro países: Turquía, Irán, Irak y Siria. Esto podría ser percibido por muchos países árabes como otro bloque regional dominado por Irán y sus aliados en la región—Siria e Irak—poniendo a Turquía del lado de Irán en la competencia regional entre Irán y sus vecinos árabes.

Si la oposición gana las elecciones, probablemente dañará las buenas relaciones turco-qataríes, ya que algunos miembros de la oposición se sienten incómodos con las sólidas relaciones qatarí-turcas bajo los 20 años de gobierno de Erdogan. No está claro cómo la agenda de política exterior de Kilicdaroglu afectará las relaciones con otros estados del Golfo, pero el secularismo y la postura antiárabe de la oposición pueden tener un impacto en las relaciones interestatales. En general, una Turquía dirigida por Erdogan sería más favorable para la región del Golfo y Oriente Medio que una Turquía dirigida por la oposición.

Erdogan, Kemal Kılıçdaroğlu y el legado de Ataturk:

Una de las malinterpretaciones más grandes que existe al respecto Mustafá Ataturk Kemal es la creencia en su filo occidentalismo poco consecuente. Erdogan no es tan lejano Ataturk en muchas cosas prácticas, igual que el candidato del CHP sí que lo es, pero de forma diferente. Erdogan se diferencia de Ataturk en la cuestión del laicismo, pero es tan nacionalista como él, pues recordemos que aunque Ataturk quería la modernización de Turquía, sin embargo, quería también la recuperación de las tierras sustraídas a su país bajo el tratado de Sykes-Picot. A su vez, la relación respecto a la cuestión kurda en el caso de Ataturk y Erdogan, Armenia y Grecia es muy parecida, mientras que en lo que respecta a la política exterior, es el típico líder segundomundista de no alineación clara a un bloque. Lograr la independencia de las grandes potencias hegemónicas es el destino de Ataturk igual que lo es de otra manera y en otro contexto de Erdogan.

Lograr la independencia de las grandes potencias hegemónicas en el contexto de Erdogan, jugando con todas las partes en el orden internacional (aún ser partes contrapuestas) en la dialéctica de la política internacional simultáneamente es la forma de entender el lugar de Turquía para Erdogan, siendo eso en ocasiones mal visto por el idealismo liberal, la OTAN y la UE, especialmente por la priorización absoluta del interés nacional. Kılıçdaroğlu por otro lado es un claro ejemplo de candidato menos propensos a ese segundomundismo alternativo y ascenso multipolar, siendo más cercano a los dictados de EEUU y de Occidente, mientras que se acerca más a Ataturk en la cuestión religiosa, sin embargo, asume parcialmente ciertos postulados del progresismo Occidental que pueden ser tomados más como un sometimiento cultural a Occidente y no tanto como una modernización en sí. Esto es especialmente claro en el candidato de el CHP en la cuestión del feminismo, LGTB y minorías, además de una transición del CHP de un jacobinismo duro con las minorías como la kurda, a unas posiciones mucho más moderadas en lo que respecta a dichas cuestiones.

El candidato progresista seguramente cumpla de las seis premisas de Ataturk y su CHP original (republicanismo, nacionalismo, populismo, estatismo, laicismo y revolucionarismo), posiblemente únicamente republicanismo, estatismo y laicismo, pues en el resto, podemos ver al candidato opositor en la línea de «aflojar» en lo que respecta a la cuestión kurda (algo que Ataturk) no apoyaba, siendo difícilmente considerado como un nacionalista estricto, igualmente en el caso populista (ya que en eso es podríamos decir que lo es en general más su rival), además de revolucionario (el candidato es algo así como un socialdemocrata europeo adaptado a Turquía).

En el caso de Erdogan, en cambio podemos ver en él un dictador republicano, nacionalista, islamista, populista y estatista. Dejando de cumplir el de revolución y laicismo, pero cumpliendo el resto. El debate en último término será, hasta que punto está Erdogan tiene la voluntad en caso de continuar gobernado, de explotando la mayoría turca sunní en las zonas ajenas a Ankara y Estambul, convirtiéndose en un paladín de los turcos sunitas de las zonas menos occidentalizadas y desarrolladas, en contra de un CHP más proclive a ser aceptado en las zonas de minorías, en las grandes ciudades, y en los entornos más progresistas del país.


Sobre la Inteligencia Artificial (IA): Mito, posibilidad o realidad.

Gran parte de nuestras vidas está dirigida o es posible gracias y por la tecnología, y gran parte de la tecnología está dirigida por sofisticados algoritmos matemáticos. A medida que se han vuelto más relevantes en la vida humana, estas máquinas parecen actuar más y más como parte  de nuestro entorno, sin embargo esto es una mentira. Una mentira sofisticada, por supuesto, pero aún así una falsedad. Son un simulacro. Parecen ser capaces de escribir y dialogar con nosotros. Parecen ser capaces de producir arte. Pero todo es un complejo juego de marionetas y de sombras. Hay inteligencia involucrada, pero no está en las máquinas ni en los algoritmos. La inteligencia pertenece a los técnicos y programadores, o los que diseñan y hacen posible que estos productos se universalizan, los seres humanos creativos e inteligentes que inventaron y fabricaron estas maravillas de la magia técnica. Cuanto antes nos deshagamos de la mitología que ha llegado a rodear a estas asombrosas máquinas, y son asombrosas, mejor podremos lidiar con su lugar y papel en nuestra sociedad. Esto obviamente nos hace que nos hagamos muchas preguntas pero la primera es:

¿Qué es la inteligencia?

La única respuesta realmente honesta a esa pregunta es que nadie lo sabe realmente. Vemos evidencia de ello en las personas que nos rodean. Pero aquí es donde surge la confusión para la mayoría. Nuestra percepción de la inteligencia se basa en gran medida en lo que vemos y experimentamos con los demás. Pero una vez que miras debajo del capó y te haces la pregunta: ¿cómo funciona todo?, las cosas se vuelven mucho más difusas. En estos días, escribes algo en el cuadro de diálogo de ChatGPT y, en cuestión de segundos, comenzará a recibir respuestas bastante competentes y, a veces, sofisticadas. Si observa las apariencias superficiales, parece actuar como una entidad «inteligente». ¿Pero  lo es? Una persona inteligente con un conocimiento de causa razonable puede empezar a exponer rápidamente las fallas y limitaciones de un programa como ChatGPT. Pero, para muchos, plantea muchas preguntas aterradoras. En la parte superior de la lista tendría que estar: ¿será eventualmente capaz de pensar por sí mismo como algo autónomo y creado por los propios humanos?

Entonces, ¿qué es la inteligencia? ¿Es la mera capacidad de hacer cálculos? En este punto, las computadoras y los algoritmos pueden hacer cálculos complejos de forma más rápida y precisa que cualquier ser humano, incluso sirven para literalmente poner un cohete en la luna o un satélite en órbita. Pero, ¿es esa la única medida de la inteligencia? ¿Cómo se decide qué cálculos hacer? ¿Cómo llegamos a las matemáticas y procesos técnicos subyacentes que componen los algoritmos? ¿Es consciente la máquina de que está haciendo cálculos? Una cosa es enseñar a un animal sensible, por ejemplo, a responder a varios símbolos y estímulos, pero otra cosa es que el animal piense reflexivamente sobre el hecho de que está respondiendo a los símbolos. Con los algoritmos informáticos, los programadores simplemente producen un conjunto de respuestas muy sofisticadas a varios datos de entrada. La afirmación de que al alimentar cada vez más cantidades de datos en las bases de datos, los algoritmos están «aprendiendo» también es falsa, únicamente mejoras un sistema cerrado que no puede desarrollar autoconciencia real. Todo lo que están haciendo es ejercitar las instrucciones preprogramadas con mayor y mayor precisión. La máquina en sí no ha aprendido nada. No es consciente de que sabe algo. No es consciente ni capaz de pensar en los datos que se le suministran fuera de procesos también definidos.

Cuando los humanos aprenden, especialmente a una edad temprana, las partes físicas de nuestro cerebro se construyen alrededor de lo que estamos aprendiendo. Por sí solo, nuestro cerebro se adapta realmente al aprendizaje creando nuevas conexiones neuronales. Cuanto más competente seas en una tarea, menos energía necesitarás para hacerla, menos consciente serás de hacerlo. La estructura de tu cerebro se vuelve más rápida y se adapta mejor a una tarea cuanto más la haces. De ahí viene el término “memoria muscular”. Las computadoras y los robots, el hardware y el software no se adaptan ni pueden adaptarse de esta manera. La estructura de los chips de computadora no está cambiando. Los algoritmos no están siendo reescritos por los datos, aún cuando su eficiencia puede mejorarse. Desde la perspectiva del usuario final, la mayor precisión de la salida algorítmica de conjuntos de datos más grandes puede parecer aprendizaje, pero no lo es. Si hay aprendizaje y adaptaciones, está ocurriendo en la mente y el cuerpo de los ingenieros que mejoran las estructuras.

La autorreflexión y autoconciencia no es el único problema con la idea de la «inteligencia» de las máquinas. El mayor desafío es que realmente no sabemos de dónde viene la inteligencia o cómo medirla realmente fuera de modelos parciales adaptados a lo que se considera útil o valioso en nuestra sociedad. Lo sabemos cuando lo vemos. ¿En qué se diferencia la habilidad con las manos para crear objetos en la realidad material de lidiar con conceptos y abstracciones? ¿Es un carpintero menos inteligente que el estudioso de Platón o el matemático? ¿De dónde vienen las palabras? ¿Cómo es que atribuimos diversas asociaciones a las palabras y otros estímulos que varían de persona a persona, e incluso de un tiempo a otro dentro de mí mismo? ¿Por qué me entristece una canción; pero la misma canción te llena de alegría? 

Gran parte de nuestra cognición ocurre fuera de la vista en la preconsciencia y el subconsciente. ¿Cómo explicas en un algoritmo el hecho de que tu mente criba y filtra todos los estímulos que recibes antes de que te des cuenta de que los has recibido, tomando decisiones sobre lo que se te “permite” ver, oír, oler, gusto y tacto. ¿Cómo puedes escribir un algoritmo para un proceso que es completamente opaco para nuestra conciencia? Y esto nos lleva al principal problema de estas simulaciones algorítmicas: la legibilidad o entendimiento.

El problema de la legibilidad.

Todo lo que sucede en una computadora, incluso una sofisticada, es completamente legible o entendible con una cantidad suficiente de metaentendimiento al respecto. ¿Qué quiere decir esto? A partir de la estructura de los chips de computadora, su física y química, su diseño y fabricación, no hay nada en el chip que no sea entendible. No hay nada oculto. Su estructura está ahí y se puede leer y entender. Es lo mismo con el software. Todo se puede leer. No importa cuán complejo o sofisticado, siempre se puede leer y entender. No hay nada oculto en la estructura física o los símbolos. Siempre está todo ahí para ser leído por nosotros. Esto también es cierto para las bases de datos. No importa cuán grandes sean, siempre se pueden leer. No hay datos, programación o arquitectura «ocultos» que operen fuera de nuestra capacidad para leerlos.

La conciencia humana es muy diferente. Si bien hay ciertas estructuras legibles y mensurables y estas pueden observarse, gran parte de lo que constituye nuestro pensamiento y nuestra conciencia se encuentra fuera de la vista. Es ilegible. Las palabras que emergen y que en realidad se escriben son a menudo muy diferentes de las palabras que tenía la intención de escribir. Luego, una vez escritas, adquieren una especie de fijeza que luego es difícil de cambiar. ¿De dónde vienen? ¿Por qué una persona es mejor para producirlas que otra? Realmente no lo sabemos. Sabemos que la inteligencia sucede. Podemos ver evidencia de ello, pero realmente no entendemos en absoluto cómo surge. Si este es el caso, ¿cómo se supone que debemos hacer que las máquinas sean «inteligentes» si no tenemos idea de por qué somos inteligentes o cómo surge esta inteligencia?

Naturaleza humana y personalidad.

En parte, este debate está paralizado por dos tendencias o filosofías. Uno es el materialismo, que sostiene que la materia es todo lo que hay. El argumento es esencialmente que todo el universo es, al final, legible. Todo lo que sucede en el universo se puede observar, medir y comprender. Todo es el resultado de procesos materiales observables. Por eso, todo lo que sucede está determinado por una cadena ininterrumpida de causa y efecto. Sus pensamientos, su conciencia, es un mero artefacto de un proceso bioquímico, totalmente determinado por la física y la química de su cerebro. El problema de esta teoría es que complica el entendimiento de cuando se la confronta con el misterio de la conciencia y la voluntad humanas hasta cierto punto, quizá por falta de conocimiento aún al respecto. Simplemente aún no puede explicar cómo surge nuestra mente, nuestra conciencia.

¿Cómo es que puedo ser consciente de mi realidad material, en un sentido biológico, físico y químico y hacer múltiples elecciones basadas en ese conocimiento? Esto no debería ser posible si la humanidad fuera meramente biomáquinas completamente legibles según el argumento antimaterialista. Puedes ver cómo si uno es materialista y cree que los seres humanos son seres materiales completamente legibles y nada más, que debería ser posible replicar la conciencia humana en una máquina completamente legible. Pero el problema es que la conciencia humana no es legible a priori y su relación con lo físico no se entiende realmente aún a día de hoy, algo difícil será saber el futuro a este respecto.

La segunda filosofía problemática es la del nominalismo. El nominalismo, en una batalla con los realistas filosóficos que argumentaban que los conceptos metafísicos son inherentemente parte de la estructura del mundo y que el pensamiento es un proceso de reconocimiento de las ideas que ya son una parte real de esa misma estructura, argumenta que los conceptos son simplemente los productos de la conciencia humana. Entonces, cualquier conexión que hagamos entre las cosas, la generalización que hacemos, son todas ideas que se originan dentro de la conciencia humana y que nosotros aplicamos al mundo. El significado y la conexión no son algo inherente al mundo mismo. El significado es algo que nosotros como seres humanos le damos al mundo. Esta idea fue fundamental en la génesis del método científico, pero fue enormemente destructiva para nuestra comprensión de nosotros mismos como seres humanos ya que generó una forma de individualismo epistemológico que ha derivado en buena parte de los desórdenes morales de la actualidad.

Antes de la introducción de estas dos ideas, era bastante común entender que nosotros, como seres humanos, tenemos una naturaleza humana innata, al menos en un sentido cristiano.  La modernidad tiende a derruir la idea de naturaleza humana, o la deforma según el caso, en gran parte porque la encuentran demasiado moralmente restrictiva. No les gusta la idea de que ciertos comportamientos puedan ser una violación de nuestra naturaleza humana. La conclusión en muchas ocasiones es que si no existe una naturaleza humana, entonces los seres humanos son infinitamente maleables en función de nuestra aprehensión y comprensión de lo que es un ser humano.

Sin embargo, no hay palabras que puedan comunicar esta esencia, aunque quién os escribe no crea en ella, y aún los condicionamientos biológicos, sociales y culturales evidentes ya que el uso del lenguaje es un rasgo humano compartido. Nuestra esencia, si es que existe está más allá del conocimiento.

Para nuestros propósitos, también es por eso que los algoritmos nunca serán inteligentes. Por su naturaleza, son totalmente legibles y requerirían hacer legible la persona humana, esa parte de nosotros mismos que es única para nosotros y que no puede hacerse legible de ninguna forma, incluido el lenguaje.

Lenguaje y significado.

Tenemos que entender que las palabras, ya sea en forma de lenguaje hablado o escrito, son artefactos de la inteligencia, pero no contienen significado propio en sí mismas, existe un grado de subjetividad difícil de concentrar en una máquina. Cuando producimos lenguaje, tenemos dentro de nosotros el significado que pretendemos que lleven esas palabras, y eso lleva a cabo una deformación. Pero una vez que las palabras nos dejan, ellas y su significado están más allá de nuestro control. Cuando el oyente escucha o lee esas palabras, les da significado. El significado y las palabras mismas están separados. El significado, en muchos sentidos, existe antes que las palabras. Puede parecer que la producción algorítmica de palabras genera significado con las palabras, pero esto es una ilusión. El algoritmo se construye de la forma en que se construye porque los programadores dictan qué palabras deben juntarse con otras palabras utilizando reglas gramaticales y los significados que pretenden cuando construyen el algoritmo.

En todo momento con el algoritmo este completamente legible. Es simplemente un conjunto de símbolos manipulados en formas estipuladas por la programación y las restricciones tanto del hardware como del software, todos los cuales son artefactos legibles. Cualquier significado que haya en las palabras, se lo dan los programadores o las personas que las leen. La máquina puede definir la palabra «perro» junto con otras palabras basadas en el algoritmo, pero esa misma palabra evocará terror en una persona que fue mordida por un perro cuando era niño; mientras que con otro será un suave recordatorio de una amorosa asociación de imágenes, sonidos e incluso olores o de momentos felices. Pero la máquina y el algoritmo no son conscientes, preconscientes o subconscientes de ningún significado asociado con los símbolos, pues la cosmovisión humana individual y colectiva esta asociada a estos símbolos incluso antes de al lenguaje. Simplemente escupe la palabra como resultado de un producto de una fórmula matemática compleja. ¿Qué significado tiene esta palabra? ¿Qué significado se pretende? ¿Qué significado se genera al recibirlo? ¿Todos ellos? ¿Algunos? Si mi experiencia de «perro» es únicamente mía aunque aprendida por la socialización, parte de mi personalidad es única y parcialmente ilegible, ¿cómo haces que esto sea legible para el algoritmo?

¿Puede la máquina reflexionar conscientemente sobre sus asociaciones preconscientes e inconscientes con las palabras? Por supuesto que no. La máquina es una mera simulación de personalidad inteligente. Uno podría preguntarse, ¿en qué punto la simulación del usuario final, si se vuelve lo suficientemente sofisticada, se convierte en lo que pretende simular? Este es el argumento que ahora se emplea en el movimiento transgénero. Si nazco en un cuerpo masculino pero puedo presentarme como una mujer de tal manera que los dos son indistinguibles, ¿no me convierte esto en una mujer? No, no lo hace ya que no supera al sexo biológico de nacimiento siquiera aunque el aspecto y el trato del «nuevo sexo pretendido» sea aceptsdo. Del mismo modo, una simulación sofisticada de la conciencia no la hace consciente y genuinamente autorreflexiva.

El punto planteado al comienzo de esta publicación plantea la cuestión de .¿Cómo se puede comunicar el significado? Es un reto. ¿Por qué crees que los malentendidos son tan comunes? Al final, la comprensión sucede en una especie de Matrix social deformado por la individualidad. Esto es más fácil en la comunidad, donde las personas viven constantemente en estrecho contacto entre sí. Vemos esto en parejas casadas o amistades profundas donde la comunicación puede ocurrir sin palabras o donde uno termina las oraciones del otro. En este sentido, se podría argumentar que existe una especie de conciencia o inteligencia compartida, aunque esto sea una abstracción.

Es aquí, en este punto, donde muchos albergan la esperanza de que surja una verdadera inteligencia dentro de las máquinas. La idea es que mantendría a las personas constantemente conectadas y conectando datos todo el tiempo en algoritmos que se vuelven cada vez más sofisticados a medida que los programadores comprenden mejor los datos, llegando a un punto en el que este tipo de conciencia humana colectiva simplemente emerge como su propia entidad consciente distinta en y a través de la máquina como medio. Es el tipo de ilusión que hace que la gente crea que la conciencia humana que surgió espontáneamente a través de la colisión aleatoria de átomos y partículas abre un debate de nuevo.

La clave para recordar con el uso de todos estos algoritmos, sin importar cuán sofisticada sea la programación o cuán poderoso sea el hardware, es simplemente la manipulación y el movimiento de símbolos legibles en formas predeterminadas y limitadas por su programación y hardware. Lo que les falta es lo que hace a los seres humanos seres humanos. Siempre les faltará esto y por lo tanto, nunca producirán inteligencia real.

Sobre las amenazas del colapso demográfico global.

Las tasas de natalidad están cayendo mucho más rápido de lo que implican muchas de las narrativas dominantes en la política actual. La tasa global de fecundidad para toda América Latina y el Caribe cayó por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1 bebés por mujer en 2019. India alcanzará ese estatus en 2024. Se espera que China alcance la mitad de su población actual para 2066. Inmigrantes de primera generación a EE. UU. cayó por debajo de la tasa de reemplazo en 2019. Ya, 115 países que representan aproximadamente la mitad de la población mundial están por debajo del reemplazo y, para fines de siglo, se prevé que casi todos los países de África tengan una población en rápida disminución.

Incluso el fundamentalismo religioso estricto no protege contra esta caída. Desde la década de 1980 hasta la de 2010, la mujer iraní promedio pasó de tener 6,5 a solo 2,5 hijos, y a partir de 2021 fue de 1,6 . Esta caída en la fertilidad superó la política de hijo único de China. Mientras tanto, en los EE. UU., la población mormona en Utah cayó casi por debajo del reemplazo en 2021. Este no es un momento de «canario en la mina de carbón». Hemos llegado al punto metafórico en el que la piel de los mineros se está desprendiendo, todo mientras muchos afirman que esta caída dramática es un «inconveniente menor» o incluso un desarrollo bienvenido.

La gente subestima la rapidez con la que se sentirá este efecto. Corea del Sur tiene actualmente una tasa de fertilidad total de 0,81 . Por cada 100 bisabuelos de Corea del Sur, habrá 6,6 bisnietos. Con la tasa de fertilidad de 0,7 pronosticada en Corea del Sur para 2024, eso equivale a 4,3 bisnietos. Es como si supiéramos que una enfermedad mataría al 94 por ciento de los surcoreanos en el próximo siglo.

La gente subestima lo rápido que esto puede volverse serio, una vez que se siente. Recientemente, a mediados de la década de 1990, Corea del Sur tenía una tasa de natalidad de 1,7, que se acerca a la tasa actual de EE. UU. Un colapso de la fertilidad toma alrededor de treinta años antes de que provoque un colapso de la población, y una vez que eso sucede, el colapso es inevitable. Si el 70 por ciento de la población de una nación tiene más de 50 años, y aunque a muchas de esas personas les queda casi la mitad de su esperanza de vida, no van a tener más hijos.

En todo el mundo, vemos un fenómeno similar: los países explotan en población a medida que se expande el acceso a la riqueza moderna, luego disminuyen y comienzan a colapsar a medida que aumentan los ingresos y se establece la modernización del estilo de vida. Si bien muchos países aún tienen que alcanzar este crescendo, la mayoría está bien en su camino. Pero ¿por qué sucede esto?

Considere su grupo social personal. Si usted es como la mayoría en el mundo desarrollado, alrededor de un tercio de sus compañeros no tendrán hijos y alrededor de un tercio tendrá dos hijos. Si ese grupo se mantiene justo por encima de la tasa de repoblación, el último tercio debe tener más de cuatro niños cada uno.

Las personas malinterpretan la cuestión de las tasas de natalidad estables cuando preguntan «¿Por qué todos en mi comunidad no tienen dos hijos?» Ya sabemos que en el mundo moderno, el emparejamiento roto y la elección individual llevarán a una gran parte de las personas a renunciar por completo a la paternidad. Como tal, para que la fertilidad en su comunidad se mantenga sostenible, depende de un cierto número de aquellos que tienen hijos tener bastantes hijos . Las sociedades modernas no deberían preguntarse: «¿Por qué no todos tienen hijos?» sino más bien: «¿Por qué muchos en mi comunidad no tienen de cinco a siete hijos?»

Cuando se reformula la pregunta, la respuesta sigue siendo obvia, pero sutil en sus implicaciones. Los rendimientos puramente hedónicos de tener más hijos disminuyen significativamente después de dos hijos. Incluso cuando las restricciones financieras asociadas con la crianza de los hijos se eliminen por completo, solo hay tres razones por las que una persona tiene más de dos hijos: si cada hijo que tiene aumenta significativamente las perspectivas económicas de la familia; si la familia carece de la educación necesaria para usar el control de la natalidad de manera efectiva o se encuentra en una situación en la que el control de la natalidad no es una opción; o si hay alguna externalidad cultural que los motive a tener muchos hijos.

Si bien la ganancia económica ha sido históricamente un factor impulsor de las altas tasas de natalidad, la disminución global del trabajo infantil y las empresas domésticas con la modernización ha eliminado este factor. La falta de acceso al control de la natalidad también deja de ser un factor con un aumento masivo en todo el mundo en la educación femenina, la educación sexual y la disponibilidad de control de la natalidad. Esta es una noticia favorable en muchos sentidos, pero también significa que este futuro de prosperidad generalizada, educación femenina y modernización es intrínsecamente inestable a menos que las sociedades prósperas e igualitarias puedan mantener o aumentar sus poblaciones a través de tasas de natalidad sostenibles.

Mucha gente tiene la intuición de que cuando una población se derrumba, la cantidad de recursos que quedan por recorrer aumentará por persona y este impulso en la prosperidad individual creará una nueva homeostasis en la que las poblaciones alcanzarán un nivel sostenible, más o menos sostenible. nivel constante, o incluso empezar a crecer. Esta intuición está equivocada en tres frentes.

Primero, hemos visto lo que le sucede a las naciones más adelante en la «línea de tiempo del colapso de la fertilidad» que la nuestra, como Corea del Sur. El declive no ha disminuido en ninguna de las naciones del colapso demográfico en etapa posterior. Si existe un piso orgánico en el colapso de la fertilidad, es tan bajo que es irrelevante.

En segundo lugar, el aumento de la riqueza individual está asociado con la disminución de la tasa de natalidad. Si bien las tasas de natalidad finalmente se recuperan en niveles extremos de riqueza, solo superan los niveles de repoblación cuando una familia gana entre $500,000 y $1 millón de dólares al año en el caso de EEUU. De la misma manera que la tasa de natalidad comienza a desplomarse alrededor de un ingreso de 5.000 dólares al año, presumiblemente relacionado con la participación de un individuo en la economía moderna, algo similar sucede en la marca de los 500.000 dólares. Alrededor de $500.000 al año puede ser el nivel de ingresos en el que la persona promedio ya no se ve obligada a participar en el patrón moderno de movilización laboral; no tienen que trabajar o al menos pueden trabajar de manera flexible. Pero este es un efecto relativo, no absoluto, por lo que aumentar los recursos en general no ayudará.

3- En tercer lugar, dado cuánto hemos aprovechado nuestra tierra, empresas, ciudades, estados y naciones, la disminución de la población puede incluso reducir drásticamente la riqueza y desencadenar una cascada de vacíos difíciles de llenar incluso con tecnología. Vimos esta situación desarrollarse en Detroit, que perdió el 40 por ciento de su población en los últimos 60 años. Incluso si la gente puede comprar una casa por mil dólares cuando la población se derrumbe, esas casas tendrán techos parcialmente derrumbados, sin cableado y sin electricidad ni agua corriente. Toda nuestra civilización se ha construido como un esquema Ponzi que requiere un crecimiento constante. Ese esquema eventualmente colapsará.

De hecho, el colapso de una infraestructura es casi una constante en cualquier lugar que tenga una población en descenso. La forma en que hemos diseñado las carreteras, la energía o la infraestructura hidráulica, por ejemplo, no es fácil de gestionar sin mano de obra. Si construyes infraestructura en una ciudad para llevar agua a un millón de personas y su población se reduce a medio millón, todavía cuesta casi tanto mantenerla como antes, con la mitad de la base impositiva y la mitad del beneficio. Eso puede desencadenar una economía potencialmente inflacionaria por escasez de mano de obra.

Soluciones falsas.

Algunos imaginan que la IA o algún otro avance tecnológico puede actuar como un deus ex machina para mejorar los desafíos económicos del declive de la población al sustituir a los trabajadores humanos en la economía. Pero incluso en el caso optimista, esto no lo resolverá todo, y puede causar sus propios problemas muy serios. Como mínimo, la IA solo ayudará al lado de la oferta del desastre económico que se avecina porque no consume de la misma manera que lo hacen los humanos. La riqueza de la IA puede no ayudar en absoluto con el mantenimiento de la infraestructura, o incluso puede hacer que se descuide aún más, ya que elimina el imperativo económico de resolver los problemas de coordinación que enfrentan los trabajadores humanos.

Las consecuencias del colapso demográfico se extienden más allá del desmoronamiento de la infraestructura, los fondos de pensiones fallidos, los gobiernos inestables y los mercados financieros tambaleantes. Consideren que casi todo sobre el perfil sociológico humano tiene un componente genético, que va desde la prosocialidad hasta el altruismo y los patrones de elección. Nuestra economía está estructurada de una manera que identifica y utiliza al máximo el talento para crear productividad marginal a corto plazo, eso es el capitalismo consumista. El sistema clasifica diferencialmente a los más potencialmente productivos entre nosotros y luego les ofrece dinero y estatus para que renuncien a otras actividades de la vida que no generan productividad inmediata.

Hay pocas cosas que alejen a una persona de la productividad económica inmediata más que un estilo de vida social compatible con buenas relaciones matrimoniales, fuertes lazos familiares y crianza de los hijos, esto es evidentemente alineantes. Nadie es recompensado financieramente en nuestro sistema actual por estructurar las ciudades de una manera que invite a la creación de familias numerosas. De hecho, muchos serán sancionados si existe esta presión por parte de empresas locales que tienen menos tiempo de trabajo, por ejemplo. Por esta razón, los centros de productividad en una economía modernizada serán intrínsecamente ambientes subóptimos para formar familias numerosas.

Quienes proponen “resolver el colapso demográfico con la inmigración” respaldan implícitamente la creación de una situación tóxica en la que la economía del mundo desarrollado depende de que África y otros países con alta natalidad sigan siendo pobres. Esto se debe a que si se permite que las naciones con una alta tasa de natalidad continúen en su camino hacia el desarrollo, también caerán por debajo de la tasa de repoblación, si no lo hacen vivirán en una economía desarrollada que parásita sistemáticamente la mano de obra del mundo en desarrollo.

Las sociedades que perduran.

El problema demográfico parece muy oscuro, pero hay un lado positivo que se reduce a la razón final por la que las personas tienen dos hijos: la presencia de un motivador cultural. Supongamos que logramos construir una cultura pronatalista, tecnófila, productiva, pero inmune a los cantos de sirena del individualismo radical que nos ha hecho, en el caso de los occidentales estériles.

Parte de la razón por la que muchos son reacios a pensar en estos problemas es que están asociados con el enfoque modernista de la eugenesia del siglo XX, que se centró en la extrema planificación familiar y operaciones lengua generalizada como una condición para tener descendencia. El problema clave, sin embargo, ya no es controlar la fertilidad, sino hacer lugar para ellas y permitirlas, cosa que no hacen ni el sistema moderno actual ni la eugenesia del siglo XX. Lo que se necesita es lo opuesto a lo que promulgaron esos dos modelos creados para situaciones demográficas diferentes a la actual.

Asegurar el futuro de nuestra especie o de naciones con decadencia demográfica como España es mucho más fácil de lo que uno podría imaginar. Vivimos en un mundo en el que las personas más exitosas según el sistema de promoción social, especialmente en la franja intermedia (clase media, y clase media-alta) siendo eliminadas agresivamente y en el que las personas más productivas y meritocráticas están siendo funcionalmente castradas. Lo mejor de vivir en un mundo de sistemas moribundos es que estás en una posición excepcionalmente buena para reemplazar los sistemas subóptimos con algo superior. El nuevo crecimiento arraiga mejor en la decadencia de sus predecesores.

Las naciones con una baja tasa de fecundidad tendrán muchas dificultades para enfrentarse a cualquier vecino culturalmente sostenible después de un colapso de la población de mayor tamaño. No necesitamos pisar los pasos exactos de nuestros antepasados para volver a una sociedad sostenible. Poco de lo que vino antes es compatible con una civilización industrialmente avanzada, ni demostró ser capaz de resistir las patologías de la cultura moderna. La cultura dominante no funciona: no motiva tasas de natalidad sostenibles. Para dar el salto a una cosmovisión que lo haga, muchos de nosotros debemos crear nuevas iniciativas personales para fortalecer significativamente las perspectivas de nuestra sociedad.

Auge y decadencia del Nacionalismo Árabe.

Las Primaveras árabes, según algunos,  resucitaron brevemente la idea del nacionalismo árabe. Durante los Juegos Panárabes de 2011 en Qatar, los espectadores cantaron el himno nacional árabe no oficial, cuya letra promueve la idea de que los árabes no pueden ser separados por fronteras artificiales o religión porque el idioma árabe los une a todos. Pero la euforia del momento pronto se disipó, cuando se estableció la realidad del faccionalismo de cada país. A pesar de varios intentos de unidad, las naciones árabes una y otra vez han fallado en actuar colectivamente o ponerse de acuerdo sobre intereses comunes.

El primer movimiento nacionalista árabe se lanzó en Beirut en 1857. La Sociedad Científica Siria marcó el comienzo de un breve renacimiento cultural e intelectual árabe. Al no poder atraer a una audiencia amplia, fracasó cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. Esta esencialmente una organización elitista de cristianos principalmente sirios y libaneses y algunos estadounidenses y británicos que vivían en el área. El nacionalismo árabe secular atraía a los cristianos porque significaba que podían integrarse como ciudadanos de pleno derecho y relativizaba el factor religioso frente al étnico. Décadas más tarde, la Sociedad de Jóvenes Árabes se estableció en París en respuesta al golpe de los Jóvenes Turcos (nacionalistas turcos, que no árabes) de 1908 contra el sultán otomano Abdul Hamid. El grupo exigió una transición democrática, autonomía administrativa para los árabes y la designación del árabe como idioma oficial a la par del turco dentro del imperio otomano.

Las políticas represivas del gobernador militar otomano de Siria llevaron a los jóvenes árabes a exigir la independencia de las provincias árabes de Asia occidental, allanando el camino para la Gran Revuelta Árabe respaldada por los británicos en 1916. El orden mundial que surgió después de la Primera Guerra Mundial dio a los actuales estados del este árabe, mientras que los países independientes del norte de África surgieron después de la Segunda Guerra Mundial. Los países imperiales occidentales crearon los estados árabes en su formato actual para garantizar su continua fragilidad y faccionalismo alentando a las élites de cada uno a controlar su parte del pastel antes de abordar un espacio político común.

La identidad árabe sin embargo, no es completamente un marcador étnico especialmente estricto, hay grandes diferencias entre todos los pueblos de herencia cultural/idiomática árabe. El concepto, surgió durante el califato abasí como línea divisoria política entre los califas árabes y sus súbditos persas en el siglo IX. Para ser considerado árabe, era suficiente afirmar serlo y hablar el idioma árabe, véase aquí la flexibilidad del término. El nacionalismo árabe se limitó principalmente al orgullo por los logros de la comunidad, especialmente la difusión del Islam y el idioma árabe fuera de la Península Arábiga. La obsesión de los regímenes árabes por permanecer en el poder les impidió cooperar, lo que aseguró que el nacionalismo estatal (marroquí, sirio, egipcio, argelino, iraquí,etc) reemplazara al panarabismo.

Islam y nacionalismo

A partir de ahí, primero se encontrará que tanto el islamismo como el panarabismo emergen como una reacción a la penetración occidental en la región y tienen funciones sociales similares a ese respecto. Hasta cierto punto, ambos movimientos pueden ser vistos válidamente como dos formas de este rechazo. El primer indicio de la existencia de un fuerte elemento común consiste en la siguiente observación: el panarabismo y el islam político parecen estar vinculados por una correlación inversa. Cuando uno es más fuerte, el otro decae, cuando uno domina el otro es marginal. Podría decirse que esta relación se remonta a principios del siglo XX . De hecho, décadas de antes de la Primera Guerra Mundial, la identidad islámica era mucho más fuerte entre los árabes que el todavía nuevo y marginal concepto de nación árabe. 

Sin embargo, el rechazo a Occidente no siempre fue tan cierto, hubo un primer nacionalismo árabe (aún cuando no utilizaba dicha categoría) fomentado según algunos por influencia europea como una forma de liberar a los pueblos de etnia árabe frente a los otomanos. Esto ya se pudo ver en la expedición de Napoleón a Egipto, que utilizó el argumento arabista frente al de la unidad del islam que por entonces sostenía el Califa Otomano. Posteriormente hubo revueltas antiotomanas, donde podemos ver una doble lucha entre islam unificado del otomanismo y arabismo, que por aquel entonces no planteaba aún un proyecto cimentado en algún Estado.

Es solo después de la Segunda Guerra Mundial –y particularmente a principios de la década de 1950– que la relación se invierte: el nacionalismo árabe, entonces percibido como mucho más concretamente anclado en el territorio local, el idioma, la historia y la experiencia que la ummah (más abstracta) triunfa sobre el islamismo. Este último casi “desaparece” del escenario de las relaciones internacionales mientras que el primero asciende y alcanza su clímax en la década de 1960 bajo el liderazgo de Nasser y los proyectos de República Árabe Unida. El declive del arabismo después de 1967 es testigo del resurgimiento del Islam político y el equilibrio inverso comienza a tomar forma. Para dar cuenta de esta sorprendente y aparentemente mecánica relación, es necesario comprender qué vincula el nacionalismo árabe y el islamismo y, por lo tanto, prestar atención a su origen común. Este origen hay que buscarlo en el rechazo al poder colonial europeo, que está en el centro mismo del surgimiento y expansión de ambos movimientos, aún cuando estos nacionalismos fueron en ocasiones usados por los europeos para balcanizar las posesiones otomanas de mayoría árabe.

El mito del Gran Mundo Árabe.

La idea del mundo árabe, una región que se extiende desde el Océano Atlántico en el oeste hasta el Golfo Pérsico en el este y el Océano Índico en el sur, fue presentada a principios del siglo XX por Sati al-Husary, el ministro de educación de Irak durante el reinado del rey Faisal I. En ese momento, su conceptualización del nacionalismo árabe seguía siendo principalmente un apego sentimental a la religión y el idioma. De hecho, los árabes se enorgullecían de su identidad y cultura, pero no extendieron su sentido de unidad al ámbito económico o político.

En 1920, Faisal estableció el Reino Árabe de Siria. Unos meses más tarde, una fuerza francesa, que también incluía la caballería marroquí y dos batallones argelinos, derrotó a la fuerza siria mal equipada y con poco personal en la batalla de Maysaloun, cerca de Damasco, reclamando Siria como mandato francés. Esto asestó un golpe devastador al nacionalismo árabe, impidiendo que Damasco se convirtiera en un centro panárabe y condenando sus perspectivas de funcionar como un estado central capaz de influir en los árabes de todo el mundo.

A diferencia del nacionalismo en Europa, el nacionalismo árabe no se desarrolló debido a un avance tecnológico en la producción que marcó el comienzo de una era industrial. No dio lugar a una comunidad política inclusiva que reemplazó las identidades sectarias, tribales y de clanes. Los líderes árabes, con la esperanza de ganar la legitimidad popular, promovieron demostraciones públicas de la ortodoxia sunita en lugar de tratar la fe como un asunto privado, lo que alienó a las sectas islámicas heterodoxas y a los cristianos. Por ejemplo, el vicepresidente egipcio Hussein el-Shafei, que sirvió bajo el presidente Gamal Abdel Nasser, trató de atraer a los cristianos coptos de Egipto al Islam. En la década de 1970, Moammar Gaddafi de Libia instó a los cristianos maronitas libaneses a abrazar el Islam para poner fin a la guerra civil.

El pensamiento nacionalista árabe contribuyó a revivir el dogma religioso. En Sudán, por ejemplo, el presidente Jaafar Numeiri pasó de ser un nacionalista árabe secular a un fanático religioso, introduciendo la sharia en todo el país, incluso en la región sur no arabizada y no islámica.

Falta de acción colectiva:

Este faccionalismo e interés propio bloqueó cualquier intento de cohesión genuina. El Consejo de Cooperación del Golfo fue creado en 1981 por seis naciones árabes: Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Qatar, Kuwait y Omán, aparentemente para integrar sus economías y capacidades de defensa. Pero el grupo fracasó en lograr sus objetivos declarados, y las relaciones entre los estados miembros se vieron empañadas por el conflicto. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos todavía están enredados en problemas fronterizos en curso. Y en 2017, tres de los estados miembros (más Egipto) impusieron un bloqueo de tres años a Qatar.

La idea de establecer la Unión del Magreb Árabe, una alianza entre Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania y Libia, surgió en 1956 después de que Túnez y Marruecos obtuvieran la independencia de Francia. Pero esto tampoco logró inspirar un sentido de unidad. La invasión de Marruecos del territorio controlado por Argelia en 1963 inició la Guerra de la Arena, que agrió permanentemente las relaciones entre los dos países. Su disputa sobre el Sáhara Occidental profundizó aún más las tensiones y, el mes pasado, Argelia rompió relaciones diplomáticas con Marruecos. Los cinco países celebraron su primera cumbre en 1988, pero los jefes de Estado no se han reunido desde que Argelia cerró su frontera con Marruecos en 1994. La AMU ha alcanzado 30 acuerdos multilaterales, pero solo cinco de ellos han sido ratificados.

El Acuerdo Sykes-Picot de 1916, que dividió partes de la Media Luna Fértil del Levante-Mesopotamia en mandatos francés y británico, apagó el impulso nacionalista árabe. A diferencia de Irán y Turquía, donde un estado central fuerte promovía la cohesión y la solidaridad, el nacionalismo árabe no tenía un país comprometido con el avance de su causa y la creación de una entidad panárabe unificada. No logró despegar principalmente porque los principales estados árabes estaban distraídos por sus propios problemas de corrupción, despotismo, estancamiento económico y aventurerismo militar.

Los movimientos nacionalistas árabes se escindieron, dando lugar a partidos políticos «izquierda» con sus peculiaridades locales. El Partido Comunista Libanés, por ejemplo, se desvinculó del internacionalismo soviético para participar en la guerra de guerrillas contra las tropas israelíes en el sur del Líbano. George Habash, quien fundó el Movimiento Nacionalista Árabe en 1951, lo rebautizó como Frente Popular para la Liberación de Palestina. Este movimiento marxista-leninista orquestó complots y una perspectiva de guerra de baja intensidad (terrorismo) de alto perfil en Israel en las décadas de 1960 y 1970.

“El despertar de la nación árabe”, un libro escrito en 1905 por el maronita Christian Naguib Azoury, predijo un choque entre el nacionalismo árabe y el sionismo, que no terminaría hasta que uno de los dos movimientos derrotara al otro. La profecía de Azoury se hizo realidad en 1967, cuando la Guerra de los Seis Días acabó con toda esperanza de una nación panárabe cuando las preocupaciones se centraron en recuperar el territorio capturado por Israel. La derrota permitió que las minorías étnicas y religiosas de la región árabe, que en su mayor parte no habían logrado articular demandas específicas, impugnaran la autoridad estatal y presionaran por la autonomía por ejemplo destruyendo la República Árabe Unida que unificaba Egipto y Siria por un golpe militar en siria. Se militarizaron y presentaron demandas políticas de gran alcance en Argelia, Sudán, Irak y más allá.

El caso claro sería el del Baath iraquí, que siempre tuvo facciones pro Nasser, es decir favorables a unirse a la República Árabe Unida sirio-egipcia, y partidarios de una línea propia que reivindicaba una fusión entre una herencia «mesopotámica» y «árabe». De hecho, desde la llegada al poder en el 1968 del Baath iraquí, siempre se vio desde Siria, donde también gobernaba Hafez al Assad como una facción derechista del Baath, siendo en definitiva los particularismos locales un problema desde el principio para el nacionalismo árabe.

La identidad árabe, en definitiva todavía existe en un sentido estricto como un recordatorio de la gloria pasada y una cultura común, aún las diferencias regionales. Es una fuerza simbólica que no tiene mecanismo de acción colectiva en toda la región. Habiendo vivido bajo una sucesión de imperios, los árabes no sufrieron la transformación necesaria para facilitar el triunfo del nacionalismo. En la región árabe, la religión sigue siendo la fuerza social decisiva y el motor de la acción colectiva, y curiosamente, ha demostrado que cuando más potente es esta, más difícil es reforzar la identidad étnica, siendo así el islam una forma de universalismo particular que al parecer debilitó el nacionalismo árabe o panarabismo. 

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