Sobre la idea de Progreso: Una aproximación crítica a los posicionamientos idealistas.

Recientemente estaba sentado con un amigo, nos pusimos a hablar de los últimos dos años y las cuestiones trascendentales que habían pasado en estos, qué había cambiado y cómo nos había cambiado a nosotros. Ambos estuvimos de acuerdo en que algo grande se había movido, pero ninguno de los dos podía precisarlo. En la superficie, por supuesto, podríamos señalar los cambios obvios.

El estado de bioseguridad sin precedentes que los gobiernos habían impuesto en respuesta al covid (sin entrar en la justificación racional o no de este, o si tenía un sentido eutaxico en sentido político o no). La operación de censura mediática que acompaña al advenimiento de la rivalidad geopolítica de Occidente contra potencias revisionistas. Los pasaportes vacunales y la normalización de la vigilancia masiva, aún cuando esto es inefectivo en tanto el control total no es alcanzable (igual que lo contrario, es decir la no intervención en la vida de la autoridad política como centro de la sociedad). Lo digital intenta imponer la uniformidad de opinión sobre cuestiones clave. Profundización de las divisiones políticas, desmoronamiento de la confianza pública en las instituciones, la cadena de suministro colapsada, inflación galopante, próxima escasez de alimentos, guerra europea, etc.

Estos son los síntomas de la época, pero había una sensación compartida de que algo más estaba pasando detrás de ellos. Ambos parecíamos sentir como si algo enorme se moviera debajo de un océano profundo y solo podíamos ver las ondas en la superficie. Lo que sea que estaba pasando, de alguna manera no se sentía racional, o incluso realmente explicable. «A veces», dijo mi amigo, mirando las llamas, «siento que estoy viviendo en 1913. Como si estuviéramos al borde de algo, pero aún no ha llegado». Quizás esto sea de un idealismo extremo. Pero es obvio que el mundo es más diferente en la actualidad al respecto hace dos décadas de lo que era entre las dos décadas anteriores.

A lo largo de la historia siempre han sido los poetas, los profetas y los místicos quienes intuyen lo que subyace al tenor de los tiempos, muchas veces como simples lanzamiento de dados (en tanto si dices una afirmación coherente puede cumplirse o no, y está será siempre simple estadística y no producto de una conexión espiritual de ningún tipo.) Por lo general, la recompensa por su fanfarronería, otras veces acierto, es que se les ignore o se rían de ellos, pero por lo general están lo suficientemente lejos del centro como para que no se den cuenta o no les importe. René Guénon, sobre quién soy muy escéptico por su marco conceptual y filosófico fue uno de ellos. Creía que estamos viviendo un ‘reino de la cantidad’ como resultado de lo que llamó la ‘desviación occidental’ de la verdad eterna. Este era un mundo de pura negación, una ‘contrainiciación’ caracterizada por ‘símbolos invertidos’, pero no era el resultado de una acción puramente humana. Guénon también sintió que algo se movía debajo de la superficie y, como musulmán sufí, no dudó en nombrarlo. A esta era, escribió, ‘la palabra ‘Satánico’ ciertamente se puede aplicar apropiadamente’. El personaje cómo ven está a las antípodas de los posicionamientos que suelo presentar aquí, y quiero alejarme sin negar que deban leerse al menos como pura curiosidad intelectual.

Presentar el desorden como orden y la verdad como mentiras: esta, escribió Guénon, fue la forma en que el Satanás de Guénon funcionó. Los ‘agentes más o menos directos del Adversario’, explicó, usando el nombre bíblico de lo que los europeos luego llamarían el Diablo, siempre apuntaron a invertir la realidad. Lo correcto es incorrecto, lo negro es blanco, arriba es abajo, no hay verdad, haz lo que quieras: esta ha sido siempre la línea del Adversario, y según el autor, el día de hoy esto era prominente en todas partes. La desintegración es el tenor de los tiempos para René.

El filósofo católico heterodoxo Ivan Illich, quien murió en 2002, también creía que estábamos viviendo en la época del Anticristo, desarrollando ese curioso espiritualismo alejado también de nuestra posición, pero por razones diferentes a las de Guénon. Para Illich, cualquier afirmación de que vivíamos en una ‘era secular’ era una tontería. El Occidente moderno todavía era cristiano, dijo, pero había intentado desastrosamente codificar las expresiones espontáneas de amor que Cristo había mostrado como el deseo de Dios para la humanidad dentro de sistemas e instituciones. Primero la Iglesia, y luego los estados liberales supuestamente ‘seculares’ que la habían sucedido, habían intentado transmutar el amor cristiano en obligación y hacerlo cumplir por ley, torciendo así en una nueva forma de opresión. El Occidente moderno se había convertido en una monstruosa ‘corrupción del Nuevo Testamento’, como explicó el biógrafo de Illich, David Cayley, en un ensayo:

El Anticristo es el simulacro y la sombra de Cristo: «el conglomerado», en palabras de Illich, «de una serie de perversiones». por el cual tratamos de dar seguridad, capacidad de supervivencia e independencia de las personas individuales a las nuevas posibilidades que se abrieron a través del Evangelio”. La diferencia entre los dos es la presencia o ausencia de libertad. En el reino del Anticristo, el amor se convierte en ley y el don en garantía. Pero la Iglesia y sus descendientes seculares hace tiempo que han dejado de intentar discernir esta diferencia.

Este conglomerado, en consecuencia, crece y avanza, y tanto más eficazmente en sus modernos disfraces seculares. El resultado, dice Illich, es que “el mysterium iniquitatis ha estado eclosionando”. Él, por lo tanto, rechaza enfáticamente la idea de que la nuestra es una era poscristiana. «Por el contrario», dice, «creo que esta es la época cristiana más obvia, que podría estar bastante cerca del fin del mundo».

Aproximadamente una década antes de que Illich escribiera, el poeta judío Beat Allen Ginsberg también estaba prestando atención a la oscura corriente espiritualista subyacente de la época. Tenía una interpretación diferente de su fuente, o tal vez solo estaba usando un nombre diferente. En su obra magna Aullido, identificó la marcha hacia adelante de la modernidad industrial -y especialmente la hipocresía y la brutalidad del imperio estadounidense- con el mítico dios pagano Moloch como centro de dicho espíritu de nuestro tiempo (o del suyo), que exigía sacrificios humanos a sus devotos, como vemos la narrativa es igual que en los autores anteriores siendo este puro idealismo y antimodernidad:

«Moloch! Moloch! ¡Apartamentos robóticos! suburbios invisibles! tesoros esqueléticos! mayúsculas ciegas! ¡Industrias demoníacas! naciones espectrales! manicos invencibles! gallos de granito! bombas monstruosas!

¡Se rompieron la espalda levantando a Moloch al Cielo! Pavimentos, árboles, radios, toneladas! elevando al Cielo la ciudad que existe y está en todas partes a nuestro alrededor!!»

Casi setenta años después, la producción de cultura para nuestros autores, y la contracultura en general y sobre todo estadounidense (que ya es cultura hegemónica), a veces puede leerse como un grito gigante de dolor. ¿Qué es esto que está ocurriendo? Resultó que no había respuesta en el sexo, las drogas y el rock ‘n’ roll: eso era lo que Moloch quería desde el principio. La larga letanía de estrellas de rock muertas, poetas alcohólicos y «celebridades» drogadictas que la era posterior a los sesenta arrojó fueron solo sus últimos sacrificios. Como vemos, esa explicación idealista no tiene sentido, per sé, aunque podríamos buscar muchas explicaciones racionales y con fundamento material para explicar ese proceso, algo en lo que no me detendré por no distraernos del propósito del artículo.

Ginsberg, al parecer, también podía sentir o afirmar que el espíritu de su época no estaba bajo control humano, ni en el mundo, ni en lo que el creía junto con otros autores como alma y mente (que bien podrían ser dos de los mitos más potentes que han generado desórdenes filosóficos en nuestra época). Por lo general, es más fácil hablar de esto en poesía o ficción dado que las imposturas filosóficas a las que recurren estos autores son inmensas, aún cuando dentro haya una crítica social a lo realmente existente, la cuál puedo admitir.

Hoy podemos, de hecho, seguir hablando de estas extrañas fuerzas subyacentes, que no tienen un fundamento ya que no existen (presupondría una serie de fuerzas ajenas a la propia voluntad de los hombres que maquinan a favor en nuestra contra). Tomemos, por ejemplo, la noción favorita del filósofo de Silicon Valley, Kevin Kelly de que la tecnología tiene su propia mente y su propio propósito, otra teleología extraña e igual de metafísica: que a través de la red de lo que él llama «el tecnio», algo nos está utilizando para crearse a sí mismo. Kelly ve la tecnología creciendo hasta convertirse en algo consciente de sí mismo e independiente de sus creadores humanos, como explica en su libro What Technology Wants:

«Después de diez mil años de evolución lenta y doscientos años de exfoliación increíblemente compleja, el tecnio está madurando en su propio cosa. Su red de sustentación de procesos y partes que se refuerzan a sí mismos le ha dado una notable medida de autonomía. Puede que alguna vez haya sido tan simple como un viejo programa de computadora, simplemente repitiendo lo que le dijimos, pero ahora es más como un organismo muy complejo que a menudo sigue sus propios impulsos.»

Otros especímenes de Silicon Valley sin aliento, desde Mark Zuckerberg con su Metaverse hasta Ray Kurzweil con su Singularity, hablan regularmente en el mismo registro sobre hacia dónde nos lleva el technium, la Máquina. Nuestro trabajo, parecen dar a entender, es simplemente servirlo mientras avanza por sus propios medios, rehaciendo todo a su propia imagen, reconstruyendo el mundo, convirtiéndonos, si tenemos suerte, en pequeños dioses. Nunca consideran que quizás los dos están en esa lucha de lo que podríamos llamar como un idealismo modernista y un idealismo reaccionario, que curiosamente no sé suelen confrontar. Decir que a esto Illich o Guénon o incluso Ginsberg confirmarían si pudieran escuchar la nueva historia del tecnio: que este proyecto puede sonar como simplemente otra forma de decir ‘Anticristo’ según su visión.

Imagina por un momento que alguna fuerza está activa en el mundo que está más allá de nosotros, este suele ser el centro de estas ideológicas. Existen múltiples imposturas en este sentido: «Quizás lo hemos creado. Tal vez sea independiente de nosotros. Quizás se creó a sí mismo y nos utiliza para sus fines.» Estas entre muchas otras que se me ocurriría traer son afirmaciones prototípica de estas formas de idealismo.

De cualquier manera, en los últimos años esa fuerza, para esta gente pareciera haberse manifestado de alguna manera que no podemos identificar, y ha estimulado la locura de los tiempos, dirían ellos: «Tal vez se haya vuelto consciente de sí mismo, como Skynet; quizás se esté acercando a su Singularidad.» o «Tal vez siempre ha estado ahí, observando, y ahora está aprovechando su momento.» o tal vez simplemente está comenzando a salirse de control, ya que nuestros sistemas y tecnologías se vuelven tan complejos que ya no podemos dirigirlos en la dirección que elegimos.»

De cualquier manera, esta fuerza parece ser, de alguna manera inexplicable, independiente de nosotros, y ahí está el problema, desde una perspectiva que no recurra a este tipo de abstracciones, esto solo puede sostenerse si se desconoce la complejidad de los procesos en los que nos encontramos inmersos. Es decir, de nuestra incapacidad cognitiva de mapear la realidad, quizás como producto de la hiperespecialización, en la que a veces nos introduce en una especie de pluralismo ontológico en la que nada parece estar relacionado con nada.

Si quisiéramos darle un nombre a esta fuerza que no existe, pero ejerce una fuerte potencia psicológica en políticos, en la gente común, académicos, entre otros: un nombre menos provocador, por ahora, que Moloch o Anticristo. Mantengámoslo simple. Llamemos a esta fuerza Progreso. Entonces hagámonos una simple pregunta:

-¿Qué quiere el Progreso?

El filósofo italiano Augusto Del Noce vio la era moderna como una revolución completa y permanente, una ruptura radical con el pasado humano. Definió a una persona moderna como alguien que piensa que el “hoy ya no es posible…”’. No tendemos a ver nuestro tiempo como una continuación de lo que ha pasado antes. En cambio, creemos que vivimos después de lo que Del Noce llamó una ‘ruptura violenta con la historia’: un paso del ‘reino de la necesidad’ al ‘reino de la libertad’. En la historia del Progreso que informa nuestra visión de la historia y la sociedad, se supone que las revoluciones de la era moderna -industrial, política e intelectual- han cambiado radicalmente el mundo. Al barrer viejas formas de pensar, ver y vivir, la modernidad ha producido ‘un tipo de violencia capaz de romper el continuo de la historia’. Obviamente esto es instrumentalizado por las élites y no deja de ser teología y teleología.

Lo que el Progreso (más bien los progresistas, pero lo pongo como si tuviera personalidad y agencia un concepto únicamente para que se den cuenta de lo absurdo) quiere es el fin de la historia.

Del Noce en este sentido tenía una colección reciente de sus ensayos y conferencias, traducida al inglés (no he leído nada de él en español) como The Crisis of Modernity. Esta crisis, bajo la idea de Del Noce, es una crisis de exclusión: en la que la forma moderna de actuar deja fuera lo que importa. ¿Qué pregunta Del Noce que ‘ya no es posible’?

La respuesta… es simple: lo que se excluye es lo “sobrenatural”, la trascendencia religiosa. Para los racionalistas, la certeza de un proceso histórico irreversible hacia el inmanentismo radical ha sustituido lo que para los pensadores medievales era la fe en la revelación. Obviamente aquí estamos bajo otra crítica reaccionaria al progresismo, aún cuando curiosamente este también tiene una idea muy particular de trascendencia, aunque inmanentista, por ese motivo debe ser excluido de ser tratado como materialista.

Las ideas de Del Noce son complejas, pero esta afirmación llega al meollo del asunto. La época moderna, guiada por la ciencia, la razón y el yo, rechaza la noción de algo ‘invisible’ o ‘más allá’, sin embargo, esto no desaparece completamente, ya que aparecen las ideologías con fin de la historia. Desde el siglo XVIII en adelante, la filosofía barre con la religión: el mundo ahora se entiende en términos puramente humanos y se maneja con nociones puramente humanas (y en este sentido no seré yo quién niegue que es quizá la forma más cercana a la verdad). Todo se vuelve inmanente: literalmente con los pies en la tierra, aunque la teología no está muerta, simplemente se convierte en nuevas formas. No hay principados ni potestades, por lo que todo es potencialmente transformable y explicable a través del poder humano. Esta es otra forma de enmarcar la crítica de nuestros autores idealistas como ‘desviación occidental’ de Guénon: una ‘materialización progresiva’ que nos lleva a un ‘reino de la cantidad’, en el que asumimos el papel de creadores para nosotros mismos.

-Lo que quiere el Progreso es el fin de la trascendencia según nuestros idealistas.

Todo esto, dijo Del Noce, marca una transformación radical en la mirada humana. Es, por ejemplo, una ‘ruptura brusca con respecto a los períodos griego y medieval’. Tanto los seguidores de Platón como los seguidores de Cristo (sin mencionar todas las demás culturas antiguas de la Tierra, a su manera particular) creían que la verdad era trascendente, eterna e increada, y que podía conocerse mediante una combinación de fe, práctica y razón. Ya no, dijo Del Noce: la única ‘trascendencia’ que nuestra época permitirá es la que nosotros mismos creamos: la Modernidad marca una gran ruptura al desarrollar plenamente el tema antropológico, de modo que la trascendencia representada como ‘más allá’ es reemplazada por la trascendencia dentro de la mundo. Esto obviamente nos ha permitido a nuestra civilización desarrollar la técnica como otra, pero a la vez crea un problema de legitimidad y de mitos que fundamentan la sociedad inmensos.

En este sentido ‘Trascendencia dentro del mundo’ también se puede traducir como ‘Progreso’. Sin una verdad última o una historia superior, no hay nada que nos impida doblegar el universo a nuestros deseos: de hecho, hacerlo es nuestro deber, algo que en general yo mismo, sin ser progresista, así creo. Esto, según cuenta Del Noce, explicaba la historia del siglo XX. Habiendo reemplazado la religión por la filosofía, intentamos poner en práctica la filosofía a gran escala.

¿Cómo damos forma al universo en la era de la inmanencia? ‘El poder espiritual que en la Edad Media había sido ejercido por la Iglesia… hoy sólo puede ser ejercido por la ciencia’, escribe Del Noce. Una ‘concepción totalitaria de la ciencia’ ve la ciencia considerada como la única forma verdadera de conocimiento. Según este punto de vista, cualquier otro tipo de conocimiento -metafísico o religioso- expresa sólo ‘reacciones subjetivas’, que podemos, o podremos, explicar extendiendo la ciencia a la esfera humana a través de la investigación psicológica y sociológica. Esto hace que por un lado tengamos un problema serio de cientificismo al generar una exageración o extravagancia al sacar a la ciencia de sus límites.

Pero el auge de la ciencia no condujo al fin de la religión, por mucho que a Richard Dawkins le gustara que así fuera. En cambio, como señaló Illich, la religión respondió al desafío volviéndose inmanente. El cristianismo occidental abandonó progresivamente su compromiso con la trascendencia y se ‘resolvió en filosofía’, dejándose bajar a la Tierra, al ámbito del activismo social, la política y las ideas. ‘La conversión de gran parte del mundo religioso a la idea de la modernidad’, dijo Del Noce, ‘aceleró el proceso de desintegración’ que había desatado la revolución moderna. Es complicado afirmar esto debido a que había muchos procesos de poder, estructurales y técnicos detrás de esto, reducirlos a las ideas sería como hemos dicho antes un cerrazón de miras inmenso.

¿El Progreso quiere la muerte de Dios?

Para los autores que hemos tratado, el Hombre no puede vivir sólo de la inmanencia. La religión satisface una necesidad humana, y cuando desaparece o se corrompe, el vacío que deja tendrá que ser llenado por otra cosa. ¿Qué será eso? La respuesta de Del Noce es: revolución. Aquí podemos coincidir con nuestro autor que Occidente ha estado inmerso en un intensa revolución cultural, institucional, económica, con una velocidad de cambio nunca vista. Esto incluso autores como Marx que abogaban por el cambio, lo presidieron diciendo que el propio capitalismo había destruido todas las estructuras de vida premodernas.

La modernidad, sugiere, podría definirse como una revolución permanente y en curso. El deseo de construir la utopía sobre los huesos del viejo mundo ha sido el fuego consumidor del pensamiento occidental durante 300 años. Jacobinos, bolcheviques, comunistas, socialistas, fascistas, nacionalsocialista, neoliberales de la unipolaridad, progresistas y muchos más han intentado limpiar el suelo y empezar de nuevo, y aún no hemos terminado. ‘La actitud revolucionaria de la violencia creativa’, escribe Del Noce, ‘ha reemplazado a la actitud ascética de buscar la liberación del mundo’, algo curiosamente esto último muy cristiano.

-Lo que quiere el Progreso es la revolución permanente.

Las dos guerras mundiales del siglo XX -que Del Noce prefiere ver como un único conflicto europeo, que duró desde 1914 hasta 1945- extendieron por todo el mundo esta revolución contra la trascendencia y la tradición. Después de 1945, Estados Unidos, la nación más inmanente de la historia, monarca indiscutible del reino de la cantidad, asumió la responsabilidad mundial de librar «la guerra de la Ilustración contra su propio pasado». América, dijo Del Noce, era ahora ‘la fuente del principio de desintegración’, que, junto con sus aliados y mentores europeos, estaba extendiendo por el mundo a través de la globalización de sus instituciones y cosmovisión.

Del Noce estuvo de acuerdo con la profética Simone Weil en que «la americanización de Europa conduciría a la americanización de todo el mundo», y así lo ha demostrado.

¿Adónde llevaría todo esto? El resultado final de la revolución de la modernidad, predijo Del Noce, sería la fragmentación, el nihilismo y ‘la muerte de lo sagrado’. Los motores revolucionarios gemelos de la era de la posguerra, sugirió, eran el cientificismo y el sexo. El primero usurpó el papel de la religión y la cultura, reduciendo toda la vida al nivel de lo medible y controlable, algo que siempre es matizable pero no me ocuparé de ello aquí. El segundo, a través de la revolución sexual de la década de 1960 y la ‘sociedad permisiva’ resultante, desató un individualismo radical basado en el deseo sexual, que conduciría a la fragmentación de todo, desde la nación hasta la familia, pero dejaría al capitalismo y su clase acompañante, la burguesía, intacta, quizás incluso la potenció.

Lo que quiere el Progreso (más bien los progresistas y espero que me perdonen por la expresión) es el desarraigo de todo.

La Modernidad, en la cuenta final, apuntó a toda autoridad, a toda tradición, a todo lo enraizado y todo lo pasado. La predicción de Del Noce, hecha hace décadas, fue que el resultado final de las revoluciones de la modernidad sería el surgimiento de un ‘nuevo totalitarismo’. Esta vez no se trataría de botas altas ni uniformes. En cambio, sería una tecnocracia construida sobre el cientificismo e implementada por élites gerenciales, diseñada para asegurar que el orden pudiera continuar después de que la modernidad hubiera destruido todas las fuentes anteriores de autoridad y verdad. Obviamente el totalitarismo no es una idea posible, un Estado, élite o grupo no puede totalizar una sociedad siempre por motivos técnicos, o por propios fallos del sistema, o por sobrecarga administrativa. La intención siempre puede ser otra cuestión, pero esta siempre acaba quebrada.

La era de la revolución renunció a buscar la unidad y aceptó una fuerte oposición. El punto final ideal se identifica con la liberación de la autoridad, del reino de la fuerza y la necesidad. Sin embargo, lo ocurrido hasta ahora sugiere, más bien, que el rechazo de la autoridad, entendida en su fundamento metafísico-religioso, conduce más bien a la plenitud del ‘poder’. Esta vez, sin embargo, «la negación completa de toda tradición», incluida la de las «patrias» (naciones), conduciría al gobierno de las únicas grandes instituciones que aún quedan en pie: las corporaciones globales.

Ante este reto, Del Noce insistió en que ‘las fórmulas políticas actuales son del todo inadecuadas’. Ni la izquierda ni la derecha estaban preparadas para entender lo que estaba pasando: ambas, en cambio, normalmente se retirarían a sus históricas zonas de comodidad, con la izquierda culpando a los ‘fascistas’ y la derecha culpando a los ‘comunistas’ por las tendencias sociales existentes. Sin embargo, la fuente real de la desintegración no fue seguramente ideológica, fue material, fue técnica, fue producto del poder que necesitaba extraer fuerzas de la sociedad para hacer frente a la dialéctica de Estados, después de todo esto seguramente vinieron las ideas, o a veces estas fueron resultado para forzar cambios institucionales (en la superestructura social) tal y como he explicado otras veces, y que siempre podemos desarrollar en publicaciones futuras.

Sobre la idea de un César para los EEUU:

*Aclaración: En esta publicación me limitaré a hipotetizar sobre la idea de un César en el contexto de los EEUU y no a hacer una idea de lo que yo creo que sería lo mejor, sino un análisis de cómo sería dada la estructura de poder existente.

Un apostador seguramente diría que a medida que el peso de las democracias occidentales se relativice en el planeta tal y como viene ocurriendo desde algún momento del siglo pasado (hay autores que ya vislumbraban el siglo pasado el mundo multipolar, cuándo el peso del mundo relativo se desplazaba de Occidente a Asia), se producirán cambios estructurales sustanciales dentro de estos. Hoy sopesamos la hipótesis cesarista en los Estados Unidos, principal Estado o Estado núcleo de nuestra civilización, sostenida bajo la asunción de un sistema presidencialista reforzado por la coyuntura política. Seguramente, y siguiendo esta idea, los más colapsistas creerán seguramente que las debilidades de nuestra sociedad son múltiples e inevitablemente resultarán en fractura y caos, frente a una decadencia paulatina y pacífica que otros hipotetizan, en la que Occidente y EEUU cada vez irán reteniendo partes más pequeñas del mundo como zonas de influencia asegurada. 

Explorando, al menos mentalmente está idea nos dice que la historia y los tiempos convulsos llaman a hombres ambiciosos e impulsivos, con una mentalidad instrumental y práctica, frente a los teóricos y eruditos, que en Occidente suelen aspirar a la reconstrucción y la dinastía en el caso primero, no a la mera extracción (lo que suele caracterizarse en las sociedades primitivas) o a tareas de realización mesiánica como es el caso de los segundos.

Como dijo Napoleón sobre su ascensión al emperador: “Me encontré con la corona de Francia tirada en la calle, la recogí y la puse sobre mi espalda”. En los eventos humanos, el desempeño pasado es siempre un predictor clave de los resultados futuros. Pero ni tú (querido lector) ni yo  vamos a ser César americano, por lo que esta verdad plantea la pregunta crucial para nosotros: 

¿Qué ocurrirá en EEUU cuando venga un César?

Michael Anton, un autor estadounidense ha popularizado recientemente, en su libro «The Stakes: America at the Point of No Return», los conceptos de Blue Caesar y Red Caesar (haciendo referencia a Azul como progresista y rojo como conservador, es decir autoritarios de izquierda y derecha).

Si un «Blue Caesar» (progresista)  tomara el poder, seguramente muchos estadounidenses podrían poner en práctica muchos de los consejos de Robert Conquest de 1985 «What to Do When the Russians Come», un libro serio de consejos sobre qué hacer si los soviéticos ocuparan América (la facción conservadora adoptaría una perspectiva antiautoridad incluso más intensa que los progresistas bajo una idea de originalismo constitucional americano). Sin embargo, a priori no parece lógico la idea de «Blue Caesar»; su gobierno sería muy bufonesco y muy breve, dado que los progresistas no tienden a expresar su poder en términos de autoridad (aún cuando dominan buena parte de las estructuras de autoridad social), con la tendencia a diluir el poder y la decisión en instituciones que bien podríamos llamar como oligárquicas (en el sentido de que no son controladas de forma centralizada como presupone un César), como bien podrían ser las instituciones educativas, la filantropía multimillonaria, los medios de comunicación, las escuelas de periodismo, los gerentes corporativos de lo que se ha llamado el dinero nuevo entre otros, su poder no se basa en el principio monárquico, su gobierno no es el de uno, sino el de unos pocos.

Ningún sistema autoritario de izquierda occidental (remarco occidental porque Europa del Este, África del Norte y Asia son diferentes en este sentido) ha sido jamás ni siquiera ligeramente competente; un sistema basado en una ideología que niega la autoridad está condenado desde el principio a no utilizar esas fórmulas políticas, más teniendo en cuenta la deriva demente de la élite estadounidense la cuál ha demonizado como autoritario y totalitario al respecto cualquier gobierno con lo que me gusta llamar como «furia administrativa» típica de los líderes enérgicos para garantizar la eutaxia en sentido político. 

El hecho de que ninguno de los izquierdistas estadounidenses prominentes de la actualidad pueda ser imaginado como César sin reírse es un punto a favor. Incluso un nuevo hombre de izquierda (que los marxistas me perdonen ya que entiendo que el marxismo supera o pretende superar la división de izquierda y derecha) altamente competente, un moderno Lenin o Stalin, no podría ganar tracción hoy; sería incapaz de deshacerse de manera convincente de su privilegio blanco o de elevar adecuadamente su autoridad, además de que requeriría la furia política de purgar a todos los líderes de su facción que seguramente harían una coalición con los mismos conservadores de tendencia no autoritaria.

Si un hombre de izquierda decidido o desesperado hiciera caso omiso de esta verdad e intentara anular a toda la oligarquía progresista por la fuerza, muy pronto un pelotón de fusilamiento circular (metafóricamente hablando acabaría con él) e interseccional le haría caer ya que esto supondría desfundamentar y destruir la constitución material de las élites progresistas americanas.

En cambio, el César rojo, por otro lado, es quizá más probable. A pesar de su apodo, no estará  impulsado por una ideología (dado que alguien duramente ideologizado tiende a actuar peor políticamente hablando). Probablemente sería en cierta medida realista y oportunista, menos escorado al conservadurismo duro que muchos republicanos, seguramente más intervencionista a nivel económico que la mayor parte de estos, bajo la tendencia aislacionistas y de control de daños en el Imperio americano. Seguramente desde un punto de vista polémico (en este sentido me gusta diferenciar entre lo que se considera izquierda/derecha y lo que ocurre es realmente) se convertiría en Derecha, porque el realismo significa que rechazará de plano toda la panoplia de las creencias de la Izquierda de hoy. No tendrá ninguna ideología como hemos dicho marcadamente cristiana-evangélica porque no quedan ideologías en la derecha (el objetivismo randiano y la economía de la escuela austriaca no cuentan en este sentido ya que niegan la propia autoridad), todas las derechas fueron disueltas en las izquierdas liberales y democráticas. Nuestro César Rojo (y seguramente el azul) tendrá enfoques, caballos de batalla, opiniones, grupos favorecidos y ángulos, sin duda, pero es poco probable que sea esclavo de una ideología.

Volviendo a la idea de César clásica, creo que solo en parte, el Julio César histórico rompió el  mundo romano, o más bien abrió misericordiosamente las arterias de una República agonizante a nivel interno aún está retenía una relevante hegemonía mediterránea, pero tenía cierta inestabilidad interna. Octavio Augusto, después de una variedad de luchas de sucesión, reconstruyó algo nuevo, basado por la sabiduría de lo antiguo. Decir a este respecto que normalmente los mitos fundacionales en las civilizaciones que no tienen la idea de progreso tal y como lo entendemos nosotros se basan en una Edad de Oro pasada frente a una utopía futura típicamente europea/occidental, que no se entiende sin cierta visión determinista de la Historia. Lo ayudó la suerte, el talento y la personalidad, sin duda, pero fue el hombre indispensable en la transición de la República sin solución ante la guerra civil frente al Imperio exitoso. 

¿Cuál de estos dos hombres representa mejor al César Rojo?

No podemos saber qué habría hecho Julio César con su poder, y tal vez habría tomado un camino similar al de Augusto, pero podemos esperar históricos precedentes ¿Hay una tercera opción no necesariamente partidista en el sentido americano tradicional que intentará repartir la diferencia? No, no para ellos, las diferencias no se pueden dividir; Sólo puede haber uno, sería muy difícil detener la máquina política sin un control del sistema muy extenso y sin que la propia superestructura colapse.

La dialéctica hasta una supuesta etapa final por parte de los progresistas hace que no triunfen o sean destruidos, no puede coexistir con la realidad existente porque tienen unos fines determinados, esto crea el escenario de dialéctica hasta el fin. Los progresistas nunca dejarán de empujar hacia su utopía quimérica, por lo que mantener algunos principios de izquierda y rechazar otros, simplemente retrasaría la inevitable confrontación final. Sería como poner un vendaje perfumado en una extremidad con gangrena: es posible que ya no vea ni huela el problema, pero todavía tiene un gran problema.

Cierto, un hipotético César no será un restauracionista de derecha, lo que entristecerá a algunos. No tendrá estatuas de William F. Buckley (intelectual americano que fusionó liberalismo económico y conservadurismo con anticomunismo) y Abraham Lincoln en su palacio; no cumplirá fantasías de integralistas (ideología conservadora de EEUU). Simplemente ignorará a los tradicionalistas de derecha. Que no son una amenaza para él: la única amenaza restauracionista para nuestro César americano será la oligarquía progresista estadounidense, que ha ocupado el poder con especial importancia en las últimas décadas (no me refiero al poder formal).

En cuanto a la derecha actual, es probable que, al igual que Francisco Franco y António Salazar, mediante la coacción e intimide a todos los elementos de la derecha, y a los pocos quedan moderados o aceptables, en un partido de unidad nacional, donde sin embargo, este será un momento de la historia de alto riesgo y alta recompensa; esos tiempos inevitablemente lo son. Al igual que con sus homónimos, aunque tendemos a pasar por alto sus pecados, será desagradable de muchas maneras para los ideólogos de derecha dado que no podrán de ninguna otra forma consolidar el poder. Puede conservar el imperio de la ley liberal, como hicieron otros dictadores al respecto cuestiones no politizadas, pero incluso entonces, tanto los intereses de la justicia como los del propio César (que consolidan el poder sobre todo) dictarán las condiciones generales.

En contra de lo que seguramente muchos querrían, la persona sin importancia promedio, que no está excesivamente ideologizada fuera de absorber lo que hay en el entorno por las instituciones que difunden las ideas, y no es un parásito de la superestructura gerencial que hace esto, no tendría seguramente que preocuparse mucho por un César americano. De hecho, es probable que su vida mejore en algunas cuestiones. Si trabaja para una gran corporación, es cierto que  los antiguos propietarios pueden ser expropiados, pero ¿y qué? 

Todo el odioso departamento de Recursos Humanos con toneladas de ideología inútil tal y como vemos en algunas grandes corporaciones desaparecerá, después de todo, reemplazado por un pequeño equipo de empleados de nómina. Ya no se le obligará a sesiones de ideología racial progresista mientras que en ocasiones se elevan por encima de él individuos sobre la base de sus características preferidas.

El apoyo de la opinión pública es una herramienta útil, casi indispensable, para la transición de un hombre que lidera un cambio de una forma de gobierno a otra. Como decía José  Ortega y Gasset, la fuerza sigue a la  opinión pública, aun cuando la soberanía popular no sea un principio de gobierno, y el César americano necesitará tener y mantener la fuerza  para lograr sus fines. Si se hace bien, esta simbiosis entre la gente común, se puede crear un circuito de retroalimentación beneficioso al estilo de la relación plebiscitaria entre Líder y Pueblo.

Por otro lado nuestro gobernante no puede permitirse que su sistema presente demasiada inestabilidad durante mucho tiempo, pero al menos durante algún tiempo los órdenes superiores permanecerán inquietos, incluso si  son partidarios del nuevo orden. Para complicar todas sus acciones, y algo nuevo en la historia, enfrentará un impulso casi irresistible de adoptar  el estado de vigilancia actual, tanto en sus manifestaciones gubernamentales como privadas, para sus propios fines. La tentación totalitaria (en el sentido de un Estado que controla férreamente la desviación ideológica y no solo los enemigos al poder establecido, algo más autoritario en el segundo caso y totalitario en el primero)  es muy fuerte, y como cualquier político ambicioso sabrá que, al menos durante mucho tiempo,  su vida depende de mantener su poder, es poco probable que se niegue a utilizar cualquier herramienta, por muy problemática  que sea para mantener una sociedad digna para las ideas-dogma de sus gobernados. Por la misma razón, es probable que adopte los  objetivos de incautación de armas, tal vez limitando la propiedad de armas de fuego a aquellos inscritos en  milicias organizadas de apoyo. 

Este no sería el futuro que querían los defensores estadounidenses del derecho a portar armas, pero el hábito estadounidense de poseer armas de forma privada y desenfrenada es, a pesar de sus muy aparentes virtudes para nosotros hoy, una anomalía histórica, y por razones obvias. Estas acciones, combinadas con un giro hacia la paranoia (algo común entre los autoritarios a medida que envejecen) o un sucesor defectuoso (igualmente, si no más, común)  fácilmente podría resultar en una sociedad no mucho mejor que en la que viven ahora los estadounidenses.

Nuestro personaje, por otro lado, enfrentará muchos problemas de gestión, los frutos venenosos del sistema actual en EEUU,  cuyo manejo afectará directamente a  la población, cambiando sus posiciones relativas. Por ejemplo, si gobierna una tierra más o menos contigua a la actual de dicho país, se enfrentará a un problema central de cualquier país grande: la diversidad es exactamente lo opuesto a la fuerza. Sí, se despolitizará en gran medida la vida cotidiana  (tanto porque el ciudadano medio no tendría papel alguno en la política, algo común por parte de los líderes autoritarios), eliminando ese elemento corrosivo, sin embargo, muchos problemas culturales, raciales, regionales y económicos permanecerán.

Entonces, ¿con qué podría reemplazarlo? En la práctica, algún tipo de corporativismo incrustado en un mito de la nación, probablemente, y tal vez se le ocurra alguna nueva creencia vinculante. Podría impulsar el Espacio como una acción unificadora o podría impulsar algún tipo de conciencia nacional renovada para anular las diferencias, o, menos agradablemente, podría forzar la homogeneidad expulsando elementos de la sociedad considerados, quizás artificialmente, incompatible con su nueva visión.

Una vez más, sin embargo, no tengamos una visión demasiado halagüeña. Aunque un líder sabio podría restaurar la idea de ciudadanía que se ha ido deformando en el caso del hegemón americano, no hay razón para suponer que el propio será un modelo de virtud. Si comienza con la virtud, es muy probable que se corrompa, al menos hasta cierto punto, con el tiempo. En este sentido, todo cambio político es una tirada de dados; las visiones utópicas son para ilusos, por eso cuando se  busca dar una visión imaginativa de la cuestión, no hay que confundir los deseos con las posibilidades reales de una sociedad dada.

Estados Unidos y su búsqueda de un dominio completo de las ramas del poder.



“No me metas en una guerra de disparos con los rusos”, le dijo Obama a su jefe de la CIA durante la Guerra Civil Siria.

Esta cita del expresidente Obama tiene resonancia, porque atestigua el hecho de que diferentes partes del enorme gobierno de los EE. UU. trabajan en gran medida de forma independiente entre sí, a veces con propósitos opuestos. Siria (nuevamente) nos brinda un ejemplo de esto cuando estalló un conflicto entre los yihadistas e islamistas sunitas respaldados por la CIA y los kurdos respaldados por el Departamento de Defensa de EE. UU. en el norte de Siria.

“Estados Unidos es” o “Estados Unidos quiere”, son atajos mentales fáciles y perezosos que permiten a las personas asumir que la superpotencia más grande del mundo está unida en un propósito, cuando el hecho es que hay diferentes centros de poder, cada uno con su propias agendas, y que estas agendas a veces pueden alinearse a través de sucesos concretos con otros centros de poder para enfocarse en un objetivo determinado. Esto da como resultado la expansión (o la expansión fallida) del Imperio estadounidense en el escenario global.

La búsqueda de un dominio completo del espectro:

Ha habido un debate importante no solo en Internet entre personas anónimas y el periodista ocasional que se mete en la acción, sino también a puerta cerrada en varias partes relevantes del gobierno de los EE. UU. sobre si EE. UU. debería girar más rápidamente para China, o tratar a Rusia primero, o ambos simultáneamente. Pero antes, una explicación:

En la Teoría de las Relaciones Internacionales (RI), el mundo se divide entre hegemones (aquellos en el poder), estados revisionistas (aquellos que buscan cambiar, reformar o acabar con la actual condición hegemónica y posiblemente reemplazarlos como hegemones) y free-riders (aquellos que se benefician de la hegemonía actual o de períodos de cambios). Estados Unidos ha estado tratando de domar a los poderes revisionistas desde el final de la Guerra Fría, cada uno en su propio teatro. Los siguientes estados son “revisionistas” de mayor a menor en el orden presentado en términos RI por poner algunos ejemplos:

-China
-Rusia
-Irán
-Corea del Norte
-Turquía (en menor medida que los anteriores ya que bascula entre la OTAN y cierta independencia geopolítica).
-India (que reclama autonomía estratégica en materias como la energía y proveedores de armamento).

Cuatro de los anteriores están en posesión de armas nucleares, e Irán busca unirse al club, aunque esto depende siempre de la presión geopolítica que se le aplique (ya que a priori sin arma nuclear tiene suficiente poder para disuadir a A. Saudí su principal rival regional). Estados Unidos, como hegemonía actual en transición, busca evitar el surgimiento de amenazas a su estatus hegemónico. Esto se puede hacer de varias maneras, desde un conflicto armado hasta sanciones económicas y financieras, guerra mediática, presión diplomática, coacción militar, guerra comercial, etc.

Hay quienes, como Henry Kissinger, buscan hacer un » Nixon Goes to China «, pero a la inversa, en el que EE. UU. se involucra en una distensión con Rusia para ponerlo en juego en un enfrentamiento con China sobre quién llega a ser la principal potencia en el este de Asia. Estas personas ven a China como la mayor amenaza, en comparación con Rusia, para los intereses estadounidenses. Esto marcó el tono de la política exterior de la Administración Trump, ya que fue el primero en enfrentarse a China, al lanzar una rebelión fallida apoyada por los medios occidentales en Hong Kong, al hacer públicas las acusaciones de un supuesto genocidio en Xinjiang contra los uigures, y al imponer aranceles a los productos chinos en EEUU. El mercado estadounidense COVID-19 provocó una pausa en la escalada de EE.UU. contra Beijing.

Hay otros que insisten en que Rusia es la mayor amenaza para los intereses estadounidenses y buscan rodear y neutralizar la capacidad de Moscú para participar en la disuasión nuclear y en generar caos en el espacio postsoviético en el que se ganó gran espacio EEUU. En este contexto, el dominio de espectro completo es el concepto por el cual un ejército tiene control total sobre todas las dimensiones de cualquier campo de batalla potencial. Para lograr el Dominio de Espectro Completo, un estado debe tener Primacía Nuclear , es decir, la capacidad de ganar en una guerra nuclear, por lo que el arsenal nuclear del otro bando es aniquilado antes de que pueda lanzar cualquiera de sus misiles. El arsenal nuclear de Rusia es el único obstáculo actual hacia el dominio de espectro completo estadounidense, que no es solo la razón por la que muchos planificadores de la política exterior de los EE. UU. buscan derrotar a los rusos primero, sino que también es una gran parte de por qué esta guerra en Ucrania está teniendo lugar en la actualidad como forma de debilitar las capacidades no nucleares de Rusia.

Otros quieren ir por la tarea dura y enfrentarse a TANTO China como a Rusia al mismo tiempo. Esto grita de arrogancia, y ahora podemos concluir con seguridad que las diversas partes móviles del gobierno de EE.UU. y los centros de poder no gubernamentales han estado de acuerdo con este enfoque. El impulso por la hegemonía global mediante el cual tanto China como Rusia son atacados simultáneamente es lo que quiero decir con el término «Turbo América».

América: nunca más unida, nunca más poderosa de lo que es hoy.

Puede sonar contradictorio cuando afirmó sin rodeos que Estados Unidos nunca ha sido más poderoso de lo que es hoy. La gente señalará la desindustrialización de EE. UU., su crisis de muerte por opiáceos, la caída del nivel de vida, la desaparición de la clase media, el desmoronamiento de la infraestructura, la creciente división entre los estados rojos y azules (demócratas vs republicanos) y la crisis política de la mitad de Estados Unidos gracias a la sorpresa de Trump al ganar este en 2016 e iniciar una gran ola de lo que algunos han llamado «Gran Despertar Progresista». Todos estos puntos son válidos, pero también significan joder todo en el esquema general de las cosas.

Uno de los temas más ignorados es el matrimonio de las grandes empresas tecnológicas de EE. UU. con el estado de seguridad americano y el Estado Profundo junto con los medios de comunicación y las universidades. Esta unión es un concepto clave en lo que he llamado “Turbo América”. Las élites gobernantes, trabajando juntas, para perseguir sus propios intereses, que se alinean con los objetivos de la política exterior de Estados Unidos. Esta ecuación lo convierte en un régimen fuerte, a pesar de los detractores (y hay muchos).

El interés propio es clave aquí, ya que la idea de que estos actores pueden ser altruistas (si está de acuerdo con la política exterior de EE. UU.) es bastante risible. Eli Clifton argumenta que el interés propio de Big Tech en aumentar las amenazas percibidas de Rusia y China a EE. UU. sirve como una estrategia para evitar la regulación de la industria en los mismos EEUU al distraer el problema y presentarse como cercanos al Gobierno de los EEUU defensor de la «democracia» en el mundo.

No es una mala posición para discutir:

En 2020, Facebook, que cambió su nombre a Meta en octubre de 2021, lanzó American Edge, un grupo de defensa política que afirma representar “una coalición dedicada a la propuesta de que los innovadores estadounidenses son una parte esencial de la salud económica, la seguridad nacional y la vida individual de los EE.UU y sus libertades.”

Con vínculos financieros directos con el Partido Comunista Chino, muchas empresas chinas presentan amenazas para la seguridad nacional de Estados Unidos, pero algunos políticos de Washington están presionando por nuevas leyes que empeoren la posición de Alibaba, Tik Tok y otras empresas chinas a expensas de los innovadores tecnológicos de Estados Unidos, dice. un anuncio de YouTube de American Edge de enero que se publicó entre 100 000 y un millón de veces en el área metropolitana de Washington, DC. Edge gastó más de 1,4 millones de dólares en publicar ese anuncio y otros similares en Facebook.

Luego de la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero, Edge rápidamente aprovechó el devastador ataque de Rusia contra Ucrania para justificar una agenda anti-regulatoria.

“A medida que Rusia avanza en su invasión de Ucrania, no se puede subestimar lo que está en juego, ni puede ser más urgente la necesidad de que los legisladores estadounidenses lo hagan bien”, dijo una declaración del 30 de marzo , que concluyó con un golpe a los miembros del Congreso que apoyan reformas regulatorias.

“Los esfuerzos para impulsar una legislación contra la innovación que sea apresurada y miope podría deshacer la ventaja competitiva mundial de Estados Unidos en tecnología, poner en peligro nuestra seguridad nacional y otorgar a China y otros regímenes autoritarios una ventaja geopolítica permanente, en detrimento de Estados Unidos, la democracia , y todo el mundo libre”, concluyó el comunicado.

Un claro caso de oportunismo:

Una publicación de Facebook del 9 de marzo del grupo trazó un vínculo directo entre los intereses comerciales de la coalición de aliados en guerra en Ucrania en favor del defensor, y escribió: “Mientras Rusia continúa atacando a Ucrania, no se puede subestimar lo que está en juego, ni la necesidad de que los legisladores estadounidenses lo hagan bien. sea más urgente.»

Edge concluyó con un claro esfuerzo por usar la guerra en Ucrania para hacer retroceder una posible acción regulatoria, y escribió: «Perseguir leyes que socavarían la innovación estadounidense ofrecerá una ventaja a las tecno-autocracias que alentará sus actividades en estos sectores».

Los antimonopolistas no lo comparten:

“A primera vista, las grandes empresas de tecnología están tratando de aprovechar el miedo y la autoridad que los argumentos de seguridad nacional tienden a tener en el discurso nacional para violar la ley antimonopolio y participar en una serie de comportamientos irresponsables y peligrosos”, dijo Sarah Miller, directora ejecutiva y fundadora. del American Economic Liberties Project un grupo que promueve el movimiento antimonopolio y fortalece la regulación antimonopolio.

“No creo que debamos escuchar a un conjunto de corporaciones que se han involucrado en actividades delictivas probables”, agregó Miller, refiriéndose a las acusaciones de que Facebook y Google participaron en licitaciones fraudulentas contra anunciantes y Facebook cometió fraude contra inversionistas.»

Clifton afirma que la Big Tech tiene como socio silencioso en su búsqueda para evitar la regulación de la poderosa industria de armas:

Lockheed Martin, cuyos contratos anuales con el Pentágono son una vez y media los presupuestos combinados del Departamento de Estado (uno de los brazos del Imperio) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, financió al menos a dos de los miembros de la coalición: el instituto Lexington y Women Impacting Public Policy . “La coalición y sus miembros contarán la historia sobre el impacto positivo que la tecnología y la innovación tienen en la economía y las empresas estadounidenses, en particular las pequeñas, y cómo mejoran la libertad de expresión y la seguridad general de nuestra nación, según Edge.
.
La narrativa de Edge de que la amenaza de China a la seguridad nacional de EE. UU. requiere la inacción de los reguladores antimonopolio es casi idéntica al argumento de James Taiclet, director ejecutivo de Lockheed. Taiclet les dijo a los inversionistas el año pasado que los reguladores antimonopolio deberían «mirar a través de la lente de la competencia de las grandes potencias y cómo nos comparamos con la base industrial de defensa ciertamente de China» cuando evalúen si permitir la adquisición de Aerojet Rocketdyne por parte de Lockheed, el único proveedor independiente importante de combustible sólido para motores de cohetes de combustible en los Estados Unidos. Por otro lado el “ Consejo Asesor de Seguridad Nacional ” del grupo liderado por Facebook incluye a Frances Townsend, quien también forma parte del directorio de Leonardo DRS, una empresa de armas que fabrica aviones militares, transportadores de equipo pesado y drones. A ella se unen el miembro de la junta de Lockheed, el general retirado Joseph F. Dunford, y el exdirector adjunto de la CIA, Michael Morell, quien se desempeña como asesor de Beacon Global Strategies, una firma fundada en 2013 para brindar servicios de consultoría a contratistas de defensa. Hasta el año pasado, el consejo asesor también incluía a James Stavridis, un almirante retirado y actualmente ejecutivo de Carlyle Group, un importante inversor en empresas de armas y la industria de defensa. Ninguno de los vínculos profesionales de los miembros de la junta con la industria armamentística se revela en sus biografías de Edge, pero sus intereses económicos parecen estar esparcidos por los productos de trabajo de esta persona.

“Muestra con quién [las grandes empresas tecnológicas] están dispuestas a asociarse para cumplir sus objetivos y esa no parece ser una asociación muy agradable”, dijo Miller. “No me sorprende en absoluto que Lockheed y Facebook estén uniendo fuerzas para prevenir o difamar los esfuerzos antimonopolio en todos los ámbitos”.

Ha habido movimientos en el Congreso de los EEUU hacia la regulación en el sector Big Tech. Sin embargo, muchos de los que están en el Congreso deben toda su presencia allí a donaciones políticas de cualquiera (o de ambas) Big Tech y la industria armamentística. Sé por quién apuesto a ganar.

En este sentido, a veces hace pensar que Estados Unidos está gobernado por el sector privado y el gobierno informal ( a veces el sector privado construido por el gobierno informal o no electo) tal y como indicamos en una publicación subida en el blog el otro día, es solo una recreación histórica elaborada que los grupos de expertos ponen en marcha. Brookings, RAND, CSIS, CNAS, (ejemplos de think tanks relevantes) etc., están representados en la forma histórica de gobierno de Estados Unidos nuevamente, qué pintoresco. Me pregunto qué ‘crisis imprevistas’ ocurrirán esta vez que les permitirán implementar los planes que ya tenían abiertamente disponibles en su sitio web. Esa es mi mayor crítica (una de muchas) a las teorías de conspiración con respecto a las élites junto con todo lo anterior expuesto. No hay grandes tramas urdidas en la sombra. Básicamente, la mayoría de las élites son bastante abiertas (a menudo notablemente) con respecto a sus objetivos.

Este tipo de coaliciones desvirtúan la realidad, sus miembros contarán la historia sobre el impacto positivo que la acción privada tienen en la economía y las empresas estadounidenses, pero en último término trabajan en conjunción en muchas ocasiones con partes del Gobierno, mientras se vende cómo mejoran la libertad de expresión y la seguridad general dichas grandes corporaciones, que pueden ser consideradas, como parte del Imperio informal de los Estado Unidos.

El Estado como motor del cambio social.

El Estado puede ser concebido, entre muchas otras cosas, como ordenador de la actividad social, como una entidad que construye y permite con su legislación y su marco normativo/regulador la distribución y las formas de socialización de la riqueza y los recursos económicos. Argumentar que en un Estado soberano contemporáneo una entre las principales funciones del Estado es regular la coacción, acceso a la riqueza, proteger la propiedad privada, las formas que existir de esta, la explotación legítima, las formas de organizarse social y políticamente, entre muchas otras.

Mientras que el Estado Moderno no fue la primera forma de generación de capital, si que fue sin embargo el principal distribuidor de este al reconocer ciertas divisas puestas en curso por este para recaudar impuestos, generando así una economía nacional que creó entre otros nuevas clases sociales como la nobleza de la toga (funcionarios reales creados al calor del creciente presupuesto estatal), y burgueses (beneficiarios de la apertura de mercados internos y externos junto con las monarquías y regímenes liberales que accedían a más recursos que nunca).
Esto dio lugar a mercados financieros, que sin ir más lejos, se crearon para financiar a los Estados que habían introducido economías casi completamente monetizadas.

Todo esto junto con las empresas comerciales y de exploración patrocinadas por los monarcas además de la incipiente burguesía y aristocracia que estaba empezando a mercantilizar y monetizar sus activos en el caso de la segunda, para evitar presiones inflacionarias producidas por los monarcas que obviamente les beneficiaban (vía recaudación fiscal) y debilitaba a los propietarios inmobiliarios patrimoniales como las viejas aristocracias terratenientes y feudales.

Este sin duda fue de los eventos más importantes y de mayor alcance de creación de la sociedad desde el Estado debido al monopolio de este sobre los medios de fuerza y su capacidad utilizar esta fuerza con el fin de cobrar los impuestos y regular las actividades dentro del espacio en el que era soberano. A su vez, el Estado se reservaba abrir nuevos territorios para la explotación y crear el aparato político-jurídico necesario para proteger y ampliar los derechos de propiedad privada, los bienes mercantilizados o no mercantilizados (propiedad patrimonial de un individuo o familia, o bien manos muertas eclesiásticas).

Ahí podemos ver que lo que entendemos por mercado y capitalismo no era algo natural o preexistente, e incluso el individuo, que es una categoría ilustrada al menos en el sentido que entendemos a día de hoy, no podría existir sin un soberano que permitiera una relación unilateral entre este y la administración (dado que las relaciones premodernas siempre eran mediadas). Así todos estos conceptos son algo creado desde la autoridad central de una sociedad política, en este caso la europea de la Edad Moderna y Contemporánea que se volvió hegemónica en todo el planeta.

En este contexto la mercantilización favorecida por el Estado de la mayor parte de ámbitos de la vida social no significa simplemente vías para recaudar impuestos, sino el hecho de desbloquear mano de obra y capacidad de actuar administrativamente frente a los gobernados dado que no existe ningún intermediario entre poder y gobernado. Esto presupone mayor centralización que nunca, por eso las guerras en la época de las democracias de masas siempre fueron más asesinas que las de las eras premodernas que tenían sistemas de movilización más precarios.

También apuntar al hecho que los planificadores en el gobierno han desarrollado conscientemente la capacidad de actuar económicamente, de la distribución social del poder bajo el capital (aquí el capital es una representación de poder y no solo poder económico), siendo así las economías políticas (del por el Estado) diseñadas con el propósito expreso de la introducción de las compulsiones silenciosas de mercantilización, capitalización o descapitalización (la inflación por ejemplo era una forma de descapitalizar las propiedades inmobiliarias de los nobles rivales del Rey) considerando estás herramientas como uno de los más importantes agentes de acumulación de poder y transformación social.

Ante este panorama, siquiera pensar en ideas abstractas como la mano invisible y el mercado tienen poco sentido. Estas son solo teorías metafísicas que no explican los largos procesos de transformación social producidos desde el principio de la Edad Moderna hasta nuestro presente en marcha.

La falsa promesa de la paz democrática.

A través de la persuasión, la exhortación, los procesos legales, la presión económica y, a veces, la fuerza militar, la política exterior estadounidense reafirma el punto de vista de los Estados Unidos sobre cómo debe manejarse el mundo. Solo dos países en la historia reciente han tenido tales ambiciones de transformar el mundo en esa forma, al menos desde algún momento desde las posguerra de las guerras napoleónicas: Gran Bretaña o el Imperio Británico y Estados Unidos. En los últimos 150 años, estos son los únicos dos países cuyo poder -duro y blando, formal e informal- se ha extendido a todas partes del mundo en unas dimensiones suficientes para plantear algo así.

Cuando Estados Unidos heredó la posición global de Gran Bretaña después de 1945, también heredó el sentido de responsabilidad de Gran Bretaña por el futuro del orden internacional. Al aceptar ese papel, Estados Unidos ha sido un país que podríamos denominar como «evangelista de la democracia», con altibajos al respecto, dado que en ocasiones ha preferido la opción de gobierno militar, otras de establecer democracias-liberales al estilo de los Estados de Partidos europeos, y un objetivo central de la política exterior estadounidense desde la caída del socialismo real ha sido promover su propagación, a veces mediante cambios de régimen, cuando se considera necesario de esta forma de Gobierno.

De hecho, este libro de jugadas se remonta a la época del presidente estadounidense Woodrow Wilson. Como escribe el historiador Nicholas Mulder en The Economic Weapon: The Rise of Sanctions as a Tool of Modern War, fue el primer estadista en convertir el arma económica en un instrumento de democratización. Por lo tanto, agregó una justificación política interna para las sanciones económicas (difundir la democracia) al objetivo político externo al que… los defensores europeos de las sanciones han apuntado: la paz interestatal’. La implicación es que, cuando se presente la oportunidad, se deben utilizar medidas militares y no militares para derrocar a los regímenes ‘malignos’ (aquí podemos ver el carácter mesiánico de dicha misión universal en el caso de los EEUU).

Cuestionando la teoría de la paz democrática:

Según la teoría de la paz democrática , las democracias no inician guerras; sólo las dictaduras/autocracias lo hacen. Así pues, un mundo totalmente democrático sería un mundo sin guerra. Esta fue la esperanza que surgió en la década de 1990 con el fin del socialismo real para el campo democrático, la expectativa, famosamente expresada por el artículo de Francis Fukuyama de 1989, ‘¿ El fin de la historia? ‘, era que las partes más importantes del mundo se volverían democráticas como producto de dicha hegemonía de los Aliados de la OTAN frente al Bloque del Este.

Se suponía que la supremacía de Estados Unidos garantizaría que la democracia se convirtiera en la norma política universal. Pero Rusia y China, los principales estados comunistas de la era de la Guerra Fría, no la han abrazado; ni muchos otros centros de asuntos mundiales, especialmente en el Medio Oriente. Por lo tanto, Fukuyama ha reconocido recientemente que si Rusia y China fueran unidas en todas las cuestiones geoestratégicas, ‘entonces realmente estaríamos viviendo en un mundo dominado por estos poderes no democráticos… [que] realmente sería el fin del fin de la historia’.

El argumento de que la democracia es inherentemente ‘pacífica’ y la dictadura o la autocracia ‘guerreras’ y ‘beligerantes» es intuitivamente atractivo. No niega que los estados persigan sus propios intereses; pero asume que los intereses de los estados democráticos reflejarán valores comunes como los derechos humanos, y que esos intereses serán perseguidos de una manera menos belicosa (dado que los procesos supuestamente democráticos requieren negociación de diferencias). Los gobiernos democráticos son responsables ante su pueblo, y el pueblo tiene interés en la paz, no en la guerra.

Por el contrario, según esta visión, los gobernantes y las élites de las dictaduras son ilegítimos y, por lo tanto, inseguros, lo que los lleva a buscar el apoyo popular avivando la animosidad hacia los extranjeros, es decir, hacer política interna con la política de confrontación con otras potencias. Si la democracia reemplazara a la dictadura en todas partes, la paz mundial vendría automáticamente según estas teorías. Esta creencia se basa en dos proposiciones que han sido extremadamente influyentes en la teoría de las relaciones internacionales, aunque están pobremente fundamentadas teórica y empíricamente para cualquiera que tenga una posición escéptica.

La influencia del sistema internacional en la política interna.

La primera es la noción de que el comportamiento externo de un estado está determinado por su constitución interna, una visión que ignora la influencia que el sistema internacional puede tener en la política interna de un país. Como argumentó el politólogo estadounidense Kenneth N. Waltz en su libro de 1979, The Theory of International Politics , la ‘anarquía internacional’ condiciona el comportamiento de los estados más de lo que el comportamiento de los estados crea la anarquía internacional. Así el dilema de seguridad, bajo una situación en la que los esfuerzos de los Estados por mejorar su seguridad tienden, de manera no intencionada, a aumentar la inseguridad de otros, ya que cada uno interpreta como defensivas sus propias acciones y como potencialmente amenazantes las de los otros, la estructura de toma de decisiones también es relevante, dado que los halcones, por poner un ejemplo, que habían en los Estados Unidos durante la época Bush tenían menor aversión al conflicto que por ejemplo la administración Trump, que en general siempre tuvo una tendencia a centrarse en asuntos internos. En todo esto como pueden ver no es producto tanto de una democracia como forma de Gobierno como de una serie de factores (y muchos otros que no podemos dilucidar) que determinan la predisposición a la guerra y el conflicto geopolítico.

La perspectiva de la ‘teoría de los sistemas mundiales’ de Waltz es particularmente útil en una era de globalización, por poner un ejemplo. Uno debe observar la estructura del sistema internacional para ‘predecir’ cómo se comportarán los estados individuales, independientemente de sus constituciones nacionales. «Si cada estado, siendo estable, se esforzara sólo por la seguridad y no tuviera planes para sus vecinos, todos los estados seguirían siendo inseguros», observó , «porque los medios de seguridad para un estado son, en su propia existencia, los medios por el cual otros estados están amenazados.’

Waltz por otro lado, ofreció un antídoto vigorizante contra la suposición fácil de que los hábitos democráticos son fácilmente transferibles de un lugar a otro. En lugar de tratar de difundir la democracia, sugirió que sería mejor tratar de reducir la inseguridad global.

Aunque es innegable que existe cierta correlación entre las instituciones democráticas y los hábitos pacíficos en tanto suponen la Paz de una potencia (de EEUU), la dirección de la causalidad es discutible. ¿Fue la democracia lo que hizo que Europa fuera pacífica después de 1945? ¿O el paraguas nuclear estadounidense, la fijación de fronteras por parte de los vencedores y el crecimiento económico impulsado por el Plan Marshall finalmente hicieron posible que la Europa no socialista aceptara la democracia como su norma política?

En su lugar sostendría que, Solo los estados que son relativamente seguros –política, militar y económicamente– pueden darse el lujo de tener sociedades libres y pluralistas; en ausencia de esta seguridad, es mucho más probable que los estados adopten, mantengan o vuelvan a tener estructuras de autoridad centralizadas y coercitivas. Esto puede deberse a que las élites políticas en las sociedades democráticas no requieren de cerrar el acceso a las instituciones para seguir teniendo poder, dado que estas y el orden subyacente se justifican mediante otros medios.

Una teoría demasiado simple.

La segunda proposición es que la democracia es la forma natural del estado, que la gente de todas partes adoptará espontáneamente si se le permite. Esta dudosa suposición hace que el cambio de régimen parezca fácil, porque los poderes sancionadores pueden contar con el apoyo acogedor de aquellos cuya libertad ha sido reprimida y cuyos derechos han sido pisoteados. Al hacer comparaciones superficiales con la Alemania y el Japón de la posguerra, los apóstoles de la democratización subestiman enormemente las dificultades de instalar democracias en sociedades que carecen de tradiciones constitucionales occidentales. Los resultados de su obra se pueden ver en Irak, Afganistán, Libia, Siria y muchos países africanos.

La teoría de la paz democrática es, ante todo, vaga. Proporciona una explicación fácil para el comportamiento ‘bélico’ sin considerar la ubicación y la historia de los estados involucrados (obvia el contexto). Esta superficialidad se presta a un exceso de confianza en que una dosis rápida de sanciones económicas o bombardeos es todo lo que se necesita para curar a una autocracia de su desafortunada aflicción en palabras de algunos occidentalistas. En resumen, la idea de que la democracia es ‘portátil’ conduce a una gran subestimación de los costos militares, económicos y humanitarios de tratar de extender la democracia a partes conflictivas del mundo. Occidente ha pagado un precio terrible por tal forma de pensar y ha creado un entorno euroasiático que tiende a la multipolaridad.

Silicon Valley, Gobierno de los Estados Unidos y distinción público-privada.

Una cuestión poco comentada y muy curiosa de algunos grupos de derecha alternativa es el de la oposición/conspiración de ciertas corporaciones contra el Gobierno de los EEUU. ¿De dónde salió el meme de que Silicon Valley de alguna manera se opondría a la voluntad del gobierno de los Estados Unidos? Difícil saberlo fuera de que estas corporaciones suelen tomar partido porque están integradas en multitud de capacidades básicas para el Imperio americano (y mantener buenas relaciones con el poder hace que puedan mitigar la intervención política sobre ellas).

De hecho a veces parece una ofuscación (esta separación como entidades ajenas al Gobierno, que en ocasiones se vende que conspiran contra él) para que gobiernos extranjeros permitan funcionar estas plataformas y corporaciones de tecnología sin tener en cuenta que recopilan información y generan asimetrías en favor de EEUU, así las potencias ajenas al hegemón parecen no percibir esto como una amenaza de seguridad porque es una «empresa privada».

Aún así varios apuntes al respecto que hacen esa teoría (la de que las corporaciones de Silcon Valley conspiran contra el Gobierno de EEUU) al menos parcial o totalmente incoherente:


1) Están sujetos a la ley del gobierno de los EE. UU. El Gobierno de la República de los EEUU puede decirles que se inclinen si quiere en tanto en un simple cambio en los títulos de propiedad o reglas del juego (por ejemplo mediante control estatal indirecto mediante agencias reguladoras) podría subordinar parcial o totalmente la actividad de estas empresas.

2) Ellos mismos, dichas empresas tecnológicas, son descendientes de tercera generación de contratistas aeroespaciales y de defensa muy relacionados con el Estado norteamericano.

3) Su creación es literalmente el hijo bastardo de uno de los departamentos universitarios más liberales de los EE.UU. (Berkeley y el departamento de Ciencias de la Computación e Ingeniería trabajando con los halcones en geopolítica de la Guerra Fría).

4) La Ley de Educación de Defensa Nacional y la Ley de la Fundación Nacional de Ciencias de 1947 qu determinaron esta serie de procesos que confirman el hecho del patrocinio estatal para crear empresas punteras en la Guerra Fría y aún en la actualidad.

5) Esa zona de California (Silicon Valley) fue territorio republicano hasta la década de 1980. Los republicanos solían ganar el Condado de Los Ángeles y San Francisco por márgenes abrumadores y estos mismos patrocinaron este sector industrial que aunque ahora tiene orientaciones civiles (aún en poder blando que le confiere la gestión de tal volumen de información no tiene solo finalidades únicamente civiles), tuvo aplicaciones militares y de defensa en un inicio, muy en consonancia con lo dicho anteriormente.

6) Esto se ve claro en por ejemplo la idea completa de Google Earth y, en estos días, las capacidades de vista de calles, imágenes satelitales y mapeo de áreas, que ahora están integradas en Google Maps, se inventaron literalmente en los fondos de inversión por contrato de la CIA. Este es sólo uno más entre las relaciones entre el Estado Profundo americano y la creación de corporaciones.

Específicamente con respecto al segundo punto, el linaje o sucesión de temas a los que se dedicaron estos clústers de innovación en EEUU cronológicamente fueron y son:

1- Inversiones aeroespaciales y de defensa de la era de la Segunda Guerra Mundial/Guerra Fría en California.

2- Más investigaciones sobre redes, sensores remotos en el espacio y semiconductores patrocinados por el Gobierno de EE. UU.

3- Empresas de tecnología de la gestión de la información y publicitaria como Google.


En serio. Cualquiera que esté remotamente familiarizado con el liberalismo estadounidense dominante -que opone innovación y corporaciones punteras al Estado- (y me refiero al «liberalismo», NO al progresismo que tiene menos problemas al respecto), sabe que este mundo está controlado, también por el gobierno de los Estados Unidos.

Todos esos muchachos de tecnologías de la información, ciencias computacionales e ingenierías fueron a trabajar para Raytheon/Lockheed (dos de los fabricantes aeroespaciales y militares más importantes del mundo, siendo el segundo el proveedor del caza de superioridad aérea y furtivo más avanzado de EEUU).

En todo esto vemos poco de libre mercado y mucho de necesidades del poder para construir redes y entramados empresariales e industriales que respondan a las necesidades de seguridad del Estado, y luego, una vez estas tecnologías estén maduras, buscar aplicaciones civiles rentables. El liberalismo y sus ideas, en este contexto, únicamente tiene un valor analítico en este sentido, para complicar y esconder evidencias, siendo ideal en este y en otros casos necesario abolir la distinción público y privado, que es una ficción que nos evita entender procesos de desarrollo industrial y tecnológico en los que el Estado es el centro, impulsor, interesado y en ocasiones incluso quién lo financia de formas encubiertas (como vemos en el caso de la CIA y Google Earth).

Los boomers soviéticos: Generaciones en Europa del Este.

En Occidente, pasamos mucho tiempo debatiendo sin cesar las diversas generaciones y sus patrones de votación, valores y nichos económicos en nuestras sociedades. Si bien hay excepciones a cualquier regla, ciertas generalizaciones se han centrado en la Generación Silenciosa, los Baby Boomers, la Generación X, los Millennials y los Zoomers.

Pero, ¿y en Europa del Este? ¿Tienen una brecha generacional similar?

Bueno, nuevamente, en Occidente, esta división generacional se creó principalmente como resultado de la revolución cultural ocurrida entre los años 60. Las generaciones anteriores ciertamente diferían en sus puntos de vista y sus circunstancias históricas, pero algo cambió a partir de la década de 1960 y dividió a la población en distintas cohortes culturales. El equivalente ocurrió en el Este o países como España entre principios y finales de los 80 y principios de los 90 especialmente en el Este, tras el colapso de la Unión Soviética y la revolución cultural que se produjo después. En aquel momento, todo en el mundo eslavo giraba en torno a la URSS y la relación de la gente con ella, la memoria de ella y la actitud hacia lo que representaba.

La generación soviética es básicamente cualquiera que llegó a la mayoría de edad en la Unión Soviética y pasó sus años formativos como parte de ese sistema. Estas personas generalmente tienen una nostalgia por la URSS que está ligada tanto a sus recuerdos de su juventud feliz como a un apoyo general al sistema económico, social y político real en el que vivían. Esto se explica en parte por el hecho de que la última Unión Soviética era generalmente un estado muy paternalista, estable, libre de delitos y que abarcaba todo desde la cuna hasta la tumba. Más que cualquier otra generación, la generación soviética es en gran medida monolítica en sus puntos de vista y actitudes porque su fuente de información estaba estandarizada y no tenían acceso a medios alternativos. Esto hace que analizarlos sea bastante fácil, aunque a veces hace que conversar con ellos sea bastante tedioso: sabes lo que van a decir incluso antes de que formulen el pensamiento en sus cabezas.


Vale la pena mencionar que a estas personas a menudo se les llama de manera peyorativa la Generación Sovok, y cuando las personas en Europa del Este se refieren a «sovoks» o al estado de ser «similares a los sovok» se refieren a las actitudes, valores y formas de ser soviéticas. No es una palabra muy agradable, pero tampoco está al nivel de una maldición o un insulto. Se usa de la misma manera que los Millennials usan la frase «Ok, Boomer» para burlarse de la generación de sus padres y sus valores.

Un sovok, por supuesto, es una escoba en ruso y, por alguna razón, se hizo popular referirse a los nostálgicos soviéticos como sovoks, probablemente debido a su tendencia a negar que algo malo estuviera sucediendo durante los días de la Unión Soviética. Como ejemplo, si alguien mencionara la existencia los gulags en Siberia que la Unión Soviética había creado, el sovok negaría que tal cosa existiera y, al mismo tiempo, insistiría en que las personas en ellos merecían ser encarceladas. Seguramente los gulags existieron, el alcance de estos es otra cuestión, y será algo en lo que no tengo ni el conocimiento ni le he dedicado el tiempo adecuado para valorar la importancia al respecto.

De todos modos, por su peso demográfico, casi toda la cultura de Europa del Este gira en torno a ellos y su visión del mundo y sus gustos. Debido a que siguen siendo observadores de televisión comprometidos y dedicados, toda la propaganda oficial se transmite pensando en ellos. Como resultado, obtienes dramas continuos financiados por el estado sobre la Segunda Guerra Mundial que se repiten casi continuamente, sin apenas cortes comerciales. Oye, ¿qué puedo decir? La gente de la televisión conoce claramente su objetivo y la demanda existente, crear nueva demanda no siempre sale bien.

Además, todavía no ha habido un político como Obama (al menos en Rusia) que haya demostrado el poder de las redes sociales y el alcance de Internet entre los jóvenes para producir una victoria electoral a su favor, aunque Alexey Navalny sea promocionado desde Occidente. La televisión sigue siendo el centro neurálgico de las campañas políticas porque se dirige al bloque de votantes más grande y consistente del país. Como resultado, todos los políticos prometen aumentar las pensiones, los beneficios sociales y otras políticas dirigidas a personas de 50 años o más. Los veteranos postsoviéticos también tienen un interés económico en ser socialistas (en un sentido polémico del término que implica intervención estatal, y sin caer en precisiones teóricas obvias al respecto), ya que ahora cobran cheques del gobierno para financiar su jubilación, algo que se les prometió durante el antiguo régimen y que responsabilizan a los políticos modernos de cumplir.

Por el contrario, el sentimiento prosoviético es prácticamente inexistente o al menos minoritario en la generación postsoviética que comprende el grupo demográfico más joven. Generalmente ven la bandera roja con una sensación de estancamiento. El culto estatal oficial de la Segunda Guerra Mundial y la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania del III reich y sus aliados no resuena en la juventud, pero, de nuevo, resuena profundamente en la generación soviética, que se crió en él. En los años 70 y 80, el gobierno soviético, que había estado sorprendentemente tranquilo sobre la Segunda Guerra Mundial, comenzó a inclinarse hacia propaganda de este tipo una vez que el marxismo y la construcción de una utopía comenzaron a perder resonancia con el público. En cuanto a porqué el estado soviético se resistía a abrazar dicha ideología basada en la victoria sobre las fuerzas del Eje, inicialmente, puede haber sido porque habían incorporado a muchos de los países contra los que habían luchado en su imperio (bloque del Este).

Igual que Aliados, los soviéticos a veces demostraron una actitud de Realpolitik hacia la reincorporación y la reutilización de viejos cuadros de los diversos estados vasallos que habían conquistado, lo que llevó a que los funcionarios de las potencias del Eje de nivel inferior encontrarán empleo oficial en la recién reformada Stasi, o en otros estamentos de la administración de las potencias cercanas a Moscú, por ejemplo. De todos modos, el águila rusa de dos cabezas aún no ha superado la Segunda Guerra Mundial y su ojo, o al menos uno de ellos permanece firmemente fijo en el pasado, luchando las guerras del siglo pasado una y otra vez en su propia mente. Rusia no puede formar una visión del futuro porque aún no se ha reconciliado con su pasado.

A su vez, ya que estamos en el tema de la demografía y la Segunda Guerra Mundial, vale la pena señalar que la guerra de hecho abrió un agujero gigante en la población eslava. Si las tasas de reproducción se hubieran mantenido constantes en los años posteriores a la guerra, esta herida podría haberse curado en poco tiempo y el cuerpo social podría haberse recuperado en unas pocas generaciones. En cambio, debido a la política de industrialización soviética, el acuífero que produjo almas eslavas frescas fue destruido deliberadamente con la destrucción de pueblos eslavos donde las familias tradicionalmente tenían más de 8 hijos o más a través de políticas de colectivización implementadas por el gobierno, esto le dio un gran poder a corto plazo por una nación que pasó del subdesarrollo a ser puntera en menos de una década, a cambio claro de destruir el tejido social que mantenía cierta vitalidad demográfica. Los campesinos fueron conducidos a las ciudades para comenzar sus nuevas vidas como proletarios y abandonar sus hábitos kulak (propietarios de tierra). La crisis de la vivienda, más las reformas culturales soviéticas contribuyeron a la caída demográfica que se produjo poco después aún cuando en un primer momento supuso para el gobierno sovietico una movilización de masas para fines definidos (por el Estado) nunca visto. En este sentido, la situación soviética refleja casi exactamente lo que ocurrió en Occidente y en los Estados Unidos en particular. Un baby boom después de la guerra, seguido de una fuerte caída, que dejó una enorme cohorte demográfica eclipsando a las siguientes.

Al igual que en los EE. UU. o en España, los boomers soviéticos crecieron en una época de relativa paz y abundancia. Los trabajos surgieron de los árboles, ya que la Unión Soviética necesitaba a alguien a quien pudieran echar mano para construir rápidamente nuevas ciudades, nuevas fábricas, nuevas carreteras y nuevos misiles y armamento de toda clase. Cuando todo esto llegó a su fin tras el colapso de la URSS, la generación soviética quedó conmocionada y muchos perdieron todo por lo que habían trabajado. Las generaciones anteriores eran en gran medida autosuficientes y dependían de la red de seguridad social proporcionada por sus familias numerosas y las comunidades de las aldeas. Pero la generación soviética, ya sea que tuvieran opción o no, realmente creyó en la promesa que el estado hizo de cuidar de ellos. Como resultado, fueron la primera generación en abandonar el concepto de familias grandes, nucleares y extensas y abrazaron el estado paternalista (niñera para algunos) de todo corazón. En ese sentido se han convertido en una enorme carga para la economía postsoviética con sus constantes viajes a clínicas subsidiadas por el estado y demandas de pensiones cada vez mayores pagadas por un grupo demográfico en edad laboral mucho más pequeño y pobre que el anterior.

La mayoría de los veteranos soviéticos también han retenido fragmentos de la antigua propaganda soviética en sus mentes, aunque estos han sido distorsionados por el tiempo y los esfuerzos revisionistas de los escritores y propagandistas neosoviéticos.Como resultado, los soviéticos tienen una lista bastante ecléctica de gustos y disgustos que no tiene ningún sentido desde una perspectiva occidental. Por ejemplo, odian a Solzhenitsyn, a quien ven como un traidor y aman a Stalin, a quien ven como el salvador de Rusia. Ah, y también odian El señor de los anillos por sus temas antiindustriales y porque creen que Sauron y Mordor representan a la URSS, lo cual, en realidad, podrían llegar a pensar en ello. Pero la polémica en torno al Señor de los Anillos y su publicación en la URSS es historia para otro momento. Los boomers soviéticos generalmente votan por los comunistas o por Putin, dependiendo de si se sienten particularmente molestos con el gobierno durante ese ciclo electoral o no. Por regla general, están muy preocupados por la economía ante todo y, en particular, por la autosuficiencia económica. En el fondo son autárquicos y abrigan una ardiente esperanza por la promesa soviética de un día superar a Occidente en la producción y distribución eficiente de artilugios.

En resumen, su visión del mundo y plataforma política preferida, en pocas palabras, es el nacionalismo económico (aunque aborrecen el uso de esa palabra N en particular), el socialismo del gran gobierno de la cuna a la tumba y adorar en el altar de la religión estatal secular. de la Segunda Guerra Mundial.

También sería negligente si no señalara que la generación soviética tiene una visión extraña de la historia y en gran medida ve el siglo XX a través de una lente de conspiración. Por favor, prepárese para la siguiente parte e intente seguirla lo mejor que pueda. La mayoría de los veteranos soviéticos creen todos los puntos siguientes simultáneamente, incluso los que se contradicen entre sí. Y así, sin más preámbulos.

“No se puede confiar en los judíos. (Stalin condenó a los judíos por ser saboteadores del proyecto socialista y, posteriormente, la URSS apoyó a los árabes y su lucha contra Israel)” mientras que a la vez se sostiene que “Los judíos son muy inteligentes y tienen mucho que enseñar a los europeos orientales.” junto con ideas como los “judíos son responsables de la revolución rusa y la carnicería que siguió.” y la contradictoria idea de que “Lenin tenía algunas buenas ideas. “ junto con “Lenin era un judío secreto.” A su vez, ideas como “Hitler en secreto fue financiado por los Estados Unidos y Gran Bretaña.”

A la vez, junto con cierto antisemitmismo hay ideas prosemiticas cómo podemos observar “El antisemitismo está mal y la Unión Soviética no era antisemita.” o “La Unión Soviética salvó a los judíos de Hitler (y eso es algo bueno).” mientras que a la vez se ve como “Los judíos asesinaron al Zar, pero el Zar estaba oprimiendo a la gente por lo que tuvo que irse.”Al respecto los campos o famosos gulags cosas como “Los gulags son un mito.” junto con “Los gulags eran necesarios para eliminar a los traidores a la Unión Soviética.” o “Tu bisabuelo fue enviado a los Gulags”. junto con Solzhenitsyn mintió sobre los Gulags y fue un traidor.” Al respecto el sistema de la difunta URSS ideas como “El sistema soviético era justo y equitativo. en conjunción” junto con el pensamiento de que “La Unión Soviética robó la riqueza de los rusos y la redistribuyó a las otras repúblicas socialistas.” A nivel etnico se peude ver afirmaciones como “La etnia no es importante, el socialismo puede establecer la paz mundial.” con planteamientos como “Los turcos son una raza de criminales y sinvergüenzas.” Al respecto los líderes y el KGB, planteamientos basados en “Gorbachov fue un traidor a la Unión Soviética.”, “El camarada Andropov era un tipo estupendo.”, “Krushchev era un campesino ucraniano borracho.” o “Zhukov debería haber sucedido a Stalin”. junto con la idea de “La KGB eran solo matones de la NKVD y Chekha.” mientras se afirma que se “Tenían muchos amigos en la KGB”

En general, son una serie de contradicciones mixtas, por decirlo suavemente. Por un lado, no hay nada de malo en el nacionalismo económico e incluso se podría argumentar la implementación de algunos elementos de estatismo y planificación central para elevar los niveles de vida como parte de una plataforma política populista. Por otro lado, estas ideas simplemente no son suficientes para formar un mensaje romántico y edificante que cautive los corazones de las generaciones más jóvenes y trazar un nuevo curso de civilización para Europa del Este. Lo que es peor, estas ideas relativamente sólidas y fundamentadas están empañadas por su asociación constante y deliberada con la Unión Soviética.

De la misma manera que cualquier idea nacionalista miopes en Occidente se asocia deliberadamente con la marca Tercer Reich, los veteranos en Oriente también envenenan el pozo al asociar la reapertura de las fábricas rusas y el conservadurismo social con gulags y policías secretos sacando a rastras a la gente de sus apartamentos en medio de la noche.

Además, ellos, al igual que sus homólogos de Baby Boomer en Occidente, se consideran el pináculo de la evolución humana y, en general, tienen una actitud de saber más y ser mejores que cualquier generación que vino después. Sus hijos y nietos (si los tienen) señalarán que todo lo construido por su generación es feo, lo cual, por supuesto, los eternos sovok negarán de la misma manera que los Baby Boomers occidentales demuestran un aprecio peculiar por ciertas cosas de las decadentes sociedades europeas.
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Más que nada, la generación soviética está aterrorizada de ser llamada o acusada de supremacista rusa bajo la idea de una asociación cercana al nacionalsocialismo y hace todo lo posible para ensalzar las virtudes de «la amistad de las naciones» que supuestamente construyeron con éxito en la URSS. Con frecuencia señalarán que no hubo conflicto étnico en la Unión Soviética, porque los valores soviéticos habían derrotado al chovinismo étnico al dar a la humanidad un objetivo y una misión comunes. Si señala que la Unión Soviética logró y mantuvo esta paz incómoda a través de su poderío militar, algo que en principio no es un problema para quien os escribe (el poder en último término viene sostenido en último término -aunque no solo- en la coerción-), bueno… prepárese para que le lancen la bomba de nacionalsocialista.
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Luego, por supuesto, uno no puede dejar de notar los mensajes bastante esquizofrénicos y contradictorios en torno a la guerra en Ucrania. Tienes jóvenes nacionalistas rusos con parches de runas eslavas disparando a mercenarios neonazis con parches “SS Black Sun” que están en la nómina de un oligarca judío ucraniano. Luego están los jubilados soviéticos que salen a dar la bienvenida a las milicias de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk ondeando la bandera soviética roja aún cuando parte de las autoridades de estos lugares puedan tener ciertas tendencias irredentistas rusas. Lenin, por supuesto, creó el estado moderno de Ucrania para debilitar a Rusia (existen ejemplos ambibalentes de reforzar y debilitar periódicamente a Ucrania como estado fundador de la URSS). Putin mismo mencionó este hecho en su discurso declarando la guerra a Kiev y pidió la “descomunización” de Ucrania, mientras en otras ocasiones afirma que es una operación de desnazificación! Pero agitan su bandera roja a pesar de todo. ¡Y luego el alcalde de Mariupol continúa declarando que se construirá en el centro de la ciudad una estatua a la abuela soviética que salió de su casa y agitó una bandera roja ante las tropas ucranianas !

Esta es la esquizofrenia metapolítica de Europa del Este en su máxima expresión. Y, por supuesto, ambas partes también acusan rutinariamente a la otra parte de ser nazis en su propaganda oficial. Sergei Lavrov anunció recientemente que, sin que todos lo supieran, Hitler era en realidad judío y que los judíos son los verdaderos antisemitas. Luego fue rápidamente condenado por los judíos, quienes como comunidad acusan a Putin y su gobierno de ser fascistas y prefieren apoyar al presidente judío de Ucrania. Las declaraciones de Lavrov seguramente llamarán la atención en Occidente, especialmente entre los miembros de la Derecha Disidente. Pero, si hubieras entendido que Lavrov y la mayoría de las personas en el Kremlin y la burocracia son Boomers soviéticos, básicamente podrías haber puesto un cronómetro y poner los pies en alto mientras esperabas que soltara el obligatorio «Hitler era un judío secreto anti». -Línea semita”. Todo lo que puedo decir es que muchas cosas se vuelven más claras sobre la Rusia moderna cuando comprendes el “Sovok Mindset™”.

Se podrían escribir volúmenes sobre los Sovoks y sus mitos, igual que en el caso de los boomers occidentales, pero creo que en este punto deberíamos un poco el tono de las críticas y señalar que, en comparación con las generaciones que siguieron, estos tipos son los únicos que mantienen la línea en contra la embestida de los valores progresistas/globalistas occidentales que la juventud está tan ansiosa por engullir y copiar. Fundamentalmente, tenemos que concluir que son simplemente un producto del entorno informativo en el que crecieron. No pueden odiar a la Unión Soviética porque crecieron en ella y rechazarla es rechazar décadas de condicionamiento y arduo trabajo dedicado a la realización a la prometida utopía socialista. Es fácil burlarse de ellos y de sus creencias, pero no tenían internet mientras crecían y tuvieron que conciliar las advertencias susurradas por la generación de sus padres, mucho más sabios, y la realidad de tener que adaptarse y ganarse la vida en la Unión Soviética. Se vieron a sí mismos como la generación que fue prometida, como modernizadores que marcarían el comienzo de una era de paz y abundancia. Cuando esta visión se estrelló y se quemó, extendieron la mano y se aferraron a todo lo que pudieron para darles un sentido de conexión a tierra y propósito. Hicieron todo lo posible para racionalizar realidades irreconciliables y metarrelatos históricos y, como resultado, su visión del mundo es esquizofrénica, por decir lo menos.

Es más, parecen incapaces de darse cuenta de que su visión del mundo no es universal y simplemente no la comparten las generaciones posteriores o quienes vivieron fuera de los territorios de la URSS, incluso en parte de algunas repúblicas que la formaron. Nuevas ideas y realidades geopolíticas rebotan en ellos, ya que su visión del mundo ya se ha cimentado firmemente y es continuamente reforzada por la propaganda estatal orientada a mantenerlos felices, dejando poco espacio para la duda o el pensamiento más profundo para cambiar su visión aceptada de la realidad. Su visión del futuro es miope, ya que simplemente se basa en la nostalgia del pasado, en eso no son diferentes a los boomers occidentales. En conclusión, de la misma manera que el destino de Occidente está en gran medida en manos de la generación de la posguerra, que aún conserva cierta apariencia de riqueza y poder electoral, la situación política actual en Rusia también está dominada en gran medida por la necesidades, preocupaciones y cosmovisión de los boomers soviéticos. Curiosamente, estos dos grupos demográficos en el este y el oeste tienen más en común entre sí de lo que les gustaría admitir.

Sobre el aborto: Eugenesistas versus pobristas.

Trataré en este pequeño artículo dilucidar lo que hay tras las posiciones a favor y en contra del aborto con sus evidentes simplificaciones derivadas de ser cuestiones politizadas, partiendo de que la idea abortista es esencialmente eugenesista y la opción provida es esencialmente pobrista. Por otro lado, como me gusta indicar habitualmente, los enfoques que hablan sobre derechos y libertades son fundamentalmente falsos y se basan únicamente en la contraposición de valores con escaso espacio para la justificación (dado los desórdenes morales occidentales, tal y como indique en una publicación hace unos días, no permiten o dejan la posibilidad de fundamentar nada, únicamente de contraponer posiciones), algo que no nos ayudará a dilucidar alguna verdad.

Para comenzar, creo que es ideal pensar en el marco de la política en la cuestión del aborto versus provida en EEUU (y en el resto de la órbita de influencia del hegemón, centrándome en dicho país por la relevancia que tiene y por simplificar a su vez) es incorrecto. Esto es casi teológico. Los antiabortistas están aplastando a un ídolo progresista. Sin embargo, el aborto es uno de los ídolos más poderosos de nuestros enemigos (sin adscribirme como provida, pero si contrario al progresismo existente). Aplastar a sus ídolos y mitos es nuestra obligación. Destruirlos y lanzarlos al abismo debe ser el centro, porque como decía Gustavo Bueno, la crítica tiene que ser necesariamente destructiva.

El aborto, como ídolo y premisa no está del todo al nivel que llegó en EEUU el caso de George Floyd (que ya es un ídolo que trasciende a la persona real), así toda afirmación en este sentido es uno de sus rituales más sagrados. Entender que el progresismo es una secta tiene implicaciones y creo que debe ser un enfoque a explorar.

La cultura de la cancelación que estamos experimentando es una guerra religiosa, los argumentos son teológicos, el debate al estilo del que podríamos encuadrar en un ambiente en intelectual no es posible. Tienes que luchar con esto en mente cuándo piensas en este tipo de cuestiones.

La forma de ganar una guerra religiosa es demostrar que el Dios (o ídolo) de tus enemigos es débil, a parte de el obvio control de mecanismos de creación de opinión. Haces esto desafiando sus mandamientos, desfigurando sus templos y burlándote de sus rituales.

Los ideólogos progresistas y su plutocracia creadora de narrativa lo han entendido desde hace mucho tiempo. Por eso están tan obsesionados con instituir sus rituales en todos los lugares e instituciones de la sociedad posibles (la anticoncepción es uno de ellos). Nos han dado nuevas doctrinas del matrimonio, de las relaciones sociales, del martirio, incluso del hombre y la mujer. Así han instituido y ganado todas las victorias políticas. Este es uno de los pocos eventos que he visto que es una victoria tanto teológica como política. Algo de lo que aprender.

Por otro lado no estoy haciendo una defensa del conservadurismo, de cierto tipo de religiosidad o incluso de vuelta a la tradición. La tradición ha muerto, los tradicionalistas no pueden sostener qué es la tradición porque esta no es una foto fija.


Las sociedades cambian, no es igual la tradición de la monarquía en contra de la teocracia papal de la que habla Dante, en el entorno del conflicto entre güelfos y gibelinos, que la monarquía hispánica de Isabel y Fernando, ya ni les digo el absolutismo de las guerras de religión en comparación con las fuerzas de la «tradición» de después del Congreso de Viena tras las guerras napoleónicas. Es difícil definir que es la tradición, como podrán convenir conmigo.

Volviendo al caso del aborto en EEUU, los Demócratas estadounidenses, en el entorno actual se benefician de que el caso sea dirimido en la Corte Suprema de los EEUU descentralizando la decisión a cada Estado, al darles una excusa para que las ONG progresistas se establezcan por completo en todos los estados que desafían las normas de anticoncepción en el aborto establecidas desde los años 70.


Este tema destruye la conciencia de clase en la élite americana, razón por la cual dado que no hay consenso en quien está facultado para dirimir tales cuestiones, se permite a las oligarquías regionales decidir para someterlo al pluralismo regional del país en cuestión.

Los demócratas siempre dirán que cualquier compromiso definitivo al respecto es complicado, y también lo harán los republicanos, no lo dicen por alguna «necesidad de la lógica», sino porque tienen que hacerlo. Mantener la cara de la distinción partidista por encima de todo parece la primicia republicana. En el caso de los demócratas se parte de que el tiempo les beneficia (todas sus propuestas las aprueban por insistencia a largo plazo), obviamente posición de «DEBES DERROTAR (al enemigo) PARA SALVAR VIDAS» (sea quién sea de los bandos que lo argumente) es para los Republicanos y Demócratas demasiado incendiaria, aún cuando es la posición más coherente para republicanos dado que el tiempo corre en su contra.

En otro enfoque, el discurso y la guerra cultural sobre cosas como el aborto es el régimen predominante de ingeniería social y las plataformas partidistas (en cualquier lugar) representan dos alas del control eugenésico de la población. Ningún lado ofrece una idea de porque la libertad no es «aborto a mi hijo» (o es en el caso de los que apoyan el aborto).

Mi posición sobre el aborto es que se pueden eliminar los abortos haciendo políticas antinatalistas y natalistas a la vez que faciliten la provisión de niños de tal manera que menos personas incluso consideren abortar. La gran mayoría de los abortos son causados por expectativas de pobreza junto con inestabilidad en los núcleos familiares o relaciones sociales.

Por otro lado, el aborto es una posición de ingeniería social basada en la despoblación de los empobrecidos jóvenes (normalmente la criminalidad es más común en gente relativamente joven); siendo en este caso el responsable (dichas medidas) de reducir la tasa de criminalidad en los EE. UU y en otros lugares disminuyendo la cantidad de gente en la situación socioeconómica precaria antes indicada.

Los «cristianos» o «antiabortistas» que creen que los pobres solo necesitan «salir por sus propios medios» y criar niños en la pobreza sin ninguna expectativa de un futuro mejor para ellos son la otra cara de la moneda, y su supuesta «moralidad» es una farsa. Ambos «lados» son depravados, nada hay nada de moral en el culto al pobrismo implicacito en ese discurso.

No tengo una «posición» en «el debate sobre el aborto», porque no creo que tenga sentido discutir el tema aisladamente de la economía, la moralidad hedonica imperante, la estructura social, familiar, entre otros enfoques. A nadie le importaría el aborto si fuéramos gobernados adecuadamente. Personalmente, me opondría al aborto en mi propia circunstancia personal: sin embargo, también tengo empatía por las personas en circunstancias peores que han perdido toda esperanza en la posibilidad de un futuro mejor para cualquier futuro hijo que puedan tener (por motivos económicos, de su situación familiar, pareja sentimental, entre otros). Reprenderlos por el aborto no tiene sentido.

Mi respuesta para esto es «Revolución» — así que tómenlo como quieran — no creo en ninguna salvación electoral o procesal — creo que la futura miseria de esta sociedad está sentando las bases para su superación por vías políticas cuando ocurra un colapso demográfico, geopolítico o económico, cualquiera es posible y a cada uno de los países occidentales le afecta o se predispone más a uno u otro.

Por otra lado, no estoy teorizando sobre asegurar escaños en la Corte Suprema en el caso de los americanos, o en el Congreso de los diputados en el caso de los españoles, dado que esta es una cuestión no solo política, sino que estructural, atravesada por numerosos desarrollos que no se acaban en la política de concepción versus anticoncepción, que ha sido en el caso de la segunda, como ya he comentado en otras ocasiones, el factor técnico (o tecnológico) para poder mercantilizar a tiempo completo y durante más años la vida del sexo femenino al sistema productivo, algo que daría per sé espacio para otra publicación.

El islam en Occidente. Análisis del crecimiento de la religión musulmana en Francia.

En contraste con la situación en el mundo angloamericano, donde los datos raciales detallados dan una buena idea del rendimiento educativo y socioeconómico, la criminalidad, los patrones de votación, etc. de la mayoría de los grupos, no existe una recopilación sistemática de dichos datos en Francia. Y pongo Francia porque es uno de los países que ha tenido una política migratoria más abierta, con 9 millones de personas censadas nacidas en el extranjero para una población de 67 millones. Obviamente el número no es una realidad dado que hay muchos ciudadanos franceses que tienen origen en otro país.

Esto significa que tenemos que estimar la situación general utilizando datos indirectos, como los nombres en los registros de nacimiento y de registro de votantes, el porcentaje de niños a los que se les hizo la prueba de la enfermedad de células falciformes , o paralelos con países comparables que sí tienen algunos datos.

El encuestador francés Jérôme Fourquet ha recopilado un conjunto considerable de datos sobre las comunidades musulmanas de Francia. Como documenta en su libro «L’Archipel français», existe un patrón claro de (auto)segregación residencial y estratificación socioeconómica a lo largo de líneas etnorreligiosas:

Si bien este fenómeno [de la inmigración] no es nuevo, la concentración geográfica de ciertas comunidades, asociada a la diversificación cuasi-planetaria de los flujos migratorios y el impresionante aumento demográfico de las poblaciones del mundo arabo-musulmán o únicamente musulmán (en el caso de lugares como Pakistán) que mantienen tasas de natalidad superiores a sociedades con las que colindan como las sociedades europeas, la India y China. En el caso francés, constituyen los principales motores de la archipelización interna (en términos de nuestro autor) de los territorios franceses, algo que presumiblemente ocurrirá en otros lugares de Europa. Por otro lado esto nos da una lección curiosa derivada de que los desequilibrios demográficos en nuestros países limítrofes siempre van a generar situaciones complicadas de gestionar en nuestras áreas de influencia.

Los patrones de asentamiento están fuertemente influenciados por las “redes de familiares y conocidos” según nuestro autor. Como resultado, los grupos de inmigrantes en Francia tienden a no solo concentrarse en algunos vecindarios particulares, sino que también tienden a provenir de áreas y comunidades particulares dentro del país de origen.

Usando datos de las listas de votantes, Fourquet pudo determinar que en el municipio de Sarcelles (población 58,000, en los suburbios del norte de París), el 92% de los indios son de Pondicherry (una antigua posesión colonial francesa) o el estado circundante de Tamil Nadu. De manera similar, Sarcelles alberga una importante comunidad de cristianos caldeos provenientes en su mayoría de solo tres distritos turcos. Si le das a los inmigrantes aunque sea un punto de apoyo en el país, esto facilita enormemente que vengan en grupos más o menos cohesionados, esto se debe al arraigo etnoreligoso más común en los pueblos del Norte de África y parte de Asia.

Estos patrones de agrupación étnica son a largo plazo, determinantes para la forma de organizarse, en este caso bajo formas de autosegregación. Por ejemplo, los armenios todavía están fuertemente concentrados en ciertas áreas de Marsella (constituyendo el 10-40% de algunos barrios), a pesar de que en su mayoría llegaron a Francia después de 1915, hace alrededor de un siglo. Seine-Saint-Denis (a las afueras de París) , el departamento más afroislámico de Francia. La tendencia al agrupamiento étnico y la autosegregación se ve reforzada por la magnitud de la inmigración, en particular la islámica. Cada vez es más fácil para los musulmanes vivir entre los suyos y no tener que adaptarse a las normas francesas locales:

A mayor presencia inmigrante, mayor tendencia a rechazar los matrimonios mixtos entre musulmanes y otros grupos, supuestos que diluyen teóricamente la segregación (los matrimonios mixtos), llegando a ser dicha presencia y/u opinión cercana al 35% o incluso al 37% en barrios y municipios con muy alta presencia inmigrante (sin tener en cuenta hijos nacidos en Francia).

Un conjunto de encuestas encontró tendencias contradictorias: entre 2011 y 2016, el porcentaje de musulmanes que aceptarían si su hijo se casara con un no musulmán aumentó del 41 % al 56 %, mientras que aquellos que estarían felices si su hija se casara fuera de la fe cayó del 38% al 35%. Curiosamente, cuanto más educado es un musulmán, más probable es que se case con un no musulmán. Los musulmanes de clase trabajadora menos educados son más hostiles a los matrimonios mixtos, reproduciendo el patrón de sentimiento etnocéntrico inversamente correlacionado con la dilución de la identidad que presupone la educación occidental, cruzada con el estatus socioeconómico.

La hostilidad hacia los matrimonios mixtos sugiere el choque de valores entre los franceses nativos y los musulmanes. Como regla general, podemos esperar diferencias marcadas inicialmente entre los franceses más liberales al respecto posteriores a los años 60 y los musulmanes de primera generación provenientes de sociedades relativamente tradicionales, y luego una convergencia parcial a medida que los inmigrantes se aculturan al nuevo entorno (hasta cierto punto) son reeducados para “adaptarse” a las culturas foráneas.

La convergencia siempre ha sido limitada. Los musulmanes en Francia no son más propensos a adoptar nombres franceses para sus hijos que en el pasado (p. 161 de L’Archipel français). Los nombres musulmanes siguen sus propios patrones completamente independientes de la población francesa en general (p. 162, idem). Mientras que la población francesa apoya abrumadoramente el derecho de las mujeres al aborto o el derecho de los homosexuales a “ser libres para vivir como deseen”, solo una pequeña mayoría de musulmanes franceses también lo hacen (p. 165 idem).

La convergencia puede haber alcanzado su punto máximo, en todo caso, ya que hay evidencia de un resurgimiento en el sentimiento islámico:

Los estudios y encuestas que tenemos todos convergen en señalar una mayor frecuencia y observancia de los signos religiosos en la población de fe u origen musulmán. El punto de inflexión parece haber sido a principios de la década de 2000. (pág. 163, L’Archipel français).

A principios de la década de 1990, alrededor del 60 % de los musulmanes en Francia ayunaban durante el Ramadán, la cifra para la década de 2000 variaba entre el 67 % y el 71 % (p. 164 idem). En la década de 1990, entre el 35 % y el 39 % de los musulmanes dijeron que bebían alcohol, una cifra que cayó al 32 % en 2011 y al 22 % en 2016. La proporción de mujeres musulmanas que usaban velo aumentó del 24 % en 2003 al 35 % en 2016. Quizás lo más sorprendente es que una encuesta reciente encontró que los musulmanes jóvenes son significativamente más hostiles al sexo antes del matrimonio que sus mayores. Mientras que el 55 % de los musulmanes mayores de 50 años decían que “una mujer debe permanecer virgen hasta el matrimonio”, el 74 % de los jóvenes de 18 a 24 años eran de esta opinión (p. 167, L’Archipel français).

No está claro qué está impulsando esta reislamización (posiblemente patrocinio externo por élites religiosas). Además de la creciente confianza de la comunidad musulmana a medida que crece en tamaño, también puede ser una reacción etnorreligiosa a ciertas polémicas de principios de la década de 2000: la guerra contra el terrorismo, el renovado conflicto israelí-palestino y las nuevas medidas de los conservadores franceses, políticos que admiten que hay que limitar la islamización abiertamente (como la prohibición de 2004 del velo en las escuelas o la campaña “Le Pen-lite” del presidente Nicolas Sarkozy). El proyecto de “ley contra los separatismos” del presidente Emmanuel Macron puede tener un efecto similar, ya que apunta a eliminar el islamismo a través de varias medidas para mitigar los temores de los franceses nativos, medidas que probablemente avivarán un mayor sentimiento etno-religioso y un sentimiento de persecución (justificado o no) entre los musulmanes (aún cuando estas medidas estén más o menos justificadas).

Podemos esperar ver un ciclo continuo que refuerce el sentimiento étnico/religioso de los musulmanes y los nativos franceses, ya que las medidas que apelan a los franceses ofenden a los musulmanes, los musulmanes adoptan un comportamiento ofensivo para los nativos franceses, etc. Uno de los vectores más comunes de esto: casos de supuesta brutalidad policial que se convierten en causas célebres de protesta entre musulmanes (y africanos), en un contexto que es una espiral en la que se retroalimenta la criminalidad dentro del sistema.

Existe una fuerte evidencia de que el voto musulmán es oportunista de acuerdo con los intereses étnicos en contra de cualquier principio particular. Mientras que los turcos en Francia votan mayoritariamente por la izquierda multicultural, feminista, laica y redistribucionista en las elecciones francesas, en 2017 el 65 % de los turcos elegibles votaron a favor del referéndum que fortalece los poderes del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, un político islamista-nacionalista. De hecho, los turcos han desarrollado su propio ecosistema cultural y político en Francia, con el liderazgo espiritual proporcionado por imanes turcos pagados por el estado. Sorprendentemente, el Partido Ley y Justicia (AKP) de Erdogan presentó 68 candidatos en las elecciones legislativas francesas de junio de 2017.

Es cierto que los turcos parecen ser una comunidad especialmente endogámica, con un 85% de turcos en Francia que se casan con otros turcos (p. 170). Por el contrario, solo una pequeña mayoría de marroquíes y argelinos se casan con sus connacionales (aunque no está claro cuántos de los “exógamos” de estos dos grupos se casan con no musulmanes). Solo una cuarta parte de los inmigrantes del sur de Europa e Indochina se casan con compatriotas. Los africanos cristianos se casan más que los negros musulmanes con otros grupos etnicos.

A su vez, este tipo de inmigración genera problemas. Los inmigrantes afromusulmanes han tenido un efecto muy perjudicial en el alumnado francés. Entre los niños de 11 años, un 11,8 % de los niños ciudadanos franceses tienen un año de retraso escolar, frente al 32,4 % de los niños extranjeros (p. 208). Los niños inmigrantes de segunda generación obtienen en promedio 50 puntos peor en los exámenes PISA, una cifra que sin duda subestima el bajo rendimiento afroislámico, porque incluye a los niños inmigrantes europeos y asiáticos (quienes, según otras métricas, parecen tener un desempeño comparable al de los nativos). Existe una clara correlación entre el desempeño educativo de los estudiantes y los ingresos de los padres.

El sistema escolar está cada vez más segregado: los niños afroislámicos se concentran en ciertos vecindarios debido a una combinación de agrupamiento residencial y huida blanca. Según el investigador Georges Felouzis, el factor segregante es principalmente la etnia y no la clase social (p. 209, idem). El 37% de los profesores dice que se han autocensurado para no ofender a los alumnos y el 59% dice que el laicismo está en peligro en Francia (p. 215, idem). De hecho, esto puede ser una cuestión de vida o muerte, como descubrimos con la decapitación del profesor de historia Samuel Paty.

La afroislamización de los barrios ha coincidido con el surgimiento de “áreas sensibles” en ciudades medianas de todo el país, con patrones similares de delincuencia, tráfico de drogas y ataques a policías y bomberos (p. 184). Ha habido una explosión del consumo de marihuana en todo el país, algo que no necesariamente está correlacionado con la inmigración pero que se aprovecha de la parte más marginal de esta. En 1993, el 21% de los jóvenes de 17 años había consumido marihuana, aumentando al 50,2% en 2002 (que se estabilizó aproximadamente en torno a ese nivel, p. 195). Se estima que unas 200.000 personas viven de esta industria ilícita como traficantes y proveedores, con viajes de ida y vuelta especialmente a los productores en Marruecos (p. 198), ahí es donde se conecta con dicho problema. El 76% de los policías están preocupados por el crecimiento de las zonas prohibidas (p. 215, idem).

Todos estos datos sugieren el estado y los efectos de los musulmanes en Francia. Más allá de la explosión de los espectaculares ataques terroristas islamistas que han matado a cientos de personas en Europa desde la década de 2010, está el surgimiento cotidiano más monótono de subculturas muy distintas y endogámicas (por no decir sociedades paralelas), el crimen y relaciones sociales, económicas relativas, junto con el fracaso académico. 

No está claro si los musulmanes, más allá de formar subculturas comunitarias, ganarán en agencia política con el tiempo o si permanecerán, como los hispanos en los Estados Unidos de América, en gran medida políticamente inertes, inclinándose fuertemente hacia una izquierda universalista-feminista-secularista-redistribucionista bajo control. Paradójicamente, una fuerte identidad islámica amenaza la cultura europea y es más probable que limite las interacciones/matrimonios mixtos entre europeos y musulmanes, así como que vuelva a despertar a los europeos a su propia identidad y tradición en medio del nihilismo reinante, o por el contrario sean superados por la dinamicidad demográfica de estos pueblos, cabiendo sin embargo la posibilidad aún de la disolución, si hay políticas públicas adecuadas de las identidades no europeas mediante procesos de etnocidio cultural y dispersión de población, algo que los gobiernos occidentales por la propia moralidad progresista ni se plantean.

Sobre la economía: Una economía inflacionaria en un mundo multipolar.

La caída del mercado de valores ya está en marcha, solo que aún no se ha reflejado en los promedios porque Apple, Amazon y Microsoft realmente no han bajado tanto todavía.  La mayoría de las empresas con volatilidad media-alta ya han sido diezmadas. Es el final de un ciclo, pero la parte alarmante es que realmente no hay nada que lo siga.

Estamos mirando con poca atención la inflación, la escasez, los cierres y la implementación de una austeridad atomizada más allá de las fronteras nacionales. La verdad es que la camarilla del ‘Gran Reinicio’ nos está dominando.  Si estas personas realmente están impulsando la política o no, es irrelevante, porque todo lo que realmente hicieron fue darse cuenta de cómo se veía el punto final lógico del capitalismo global en un contexto geopolítico no unipolar. De todas maneras era inevitable. Pueden seguir bombeando liquidez para mantener los mercados y el sistema financiero a flote o pueden «intentar» evitar una inflación galopante como la que vamos a sufrir los españoles . No pueden tener ambos a la vez, este es uno de los problemas en los que se encuentran los gobiernos y los bancos centrales.

Todo suena como: «Lo siento millennials (gente nacida entre 1980 y 2003) pero ya no podéis permitiros comprar esa casa o independizaros (muchos siquiera tendrán jamás asegurada la vivienda). Tuvimos que reducir la inflación de todo el dinero que imprimimos para mantener las carteras de acciones de los Boomers, además de beneficiar a todos los propietarios de inmuebles que pueden ajustar el precio de la vivienda a inflación (dado que en algún lugar tendrá que vivir la gente esto beneficiará a un grupo reducido de personas).» -Firmado: La Reserva Federal y el Banco central europeo.

El problema de las tendencias inflacionarias actuales:

Las expectativas de inflación más altas otorgan el poder de fijación de precios a los proveedores, que pueden ampliar los márgenes elevando los precios por encima de los costos.  A medida que los salarios aumentan a un ritmo más lento, esta inflación salarial “fija” los precios más altos al mismo tiempo a medida que aumentan los costos y se normalizan los márgenes. 

Sin embargo, hay que decir que la inflación es un producto de todo lo anterior:

 1. Crisis de la cadena de suministro

 2. Codicia corporativa (tal y como hemos explicado antes).

 3. Estímulo masivo y política monetaria muy flexible. (programas de Expansión Cuantitativa).

 4. Decisiones políticas a veces estratégicas de restringir la adquisición de ciertos productos, otras veces absurdeces políticas (como la política europea de energía). 

La inflación a su vez es impulsada por la expansión del dinero-crédito por encima de la expansión de la producción real.  Esto hace que el problema provenga de actores «privados» con tanta frecuencia como del Estado/BCE/FED. Una buena parte de esta también viene derivada de un precio bajo u alto del petróleo en tanto vivimos (la Humanidad) inmersos en inmensas cadenas de suministro en las que dicho combustible fósil es el centro que permite al sistema funcionar.

En todo esto, los Bancos Centrales tienen tareas básicas:

 -Establecer el índice de reserva de efectivo.

 -Crear dinero para comprar valores.

 -Fijar la tasa interbancaria.

En cambio, los Bancos comerciales o privados:

 -Actúan supuestamente en consecuencia a lo anterior, lo que sería convincente completamente con la teoría si los ciclos crediticios no estuvieran impulsados ​​principalmente por prestamistas no bancarios. Los ciclos crediticios no dependen de la intervención del banco central (aunque los bancos centrales tienden a inflarlos o a contraerlos). Emergen cuando el crédito se otorga de manera significativa. El acto mismo de ofrecer un préstamo con interés es la creación de dinero.  La mayor parte de lo que entendemos como dinero es propiamente crédito.  De ahí que Beckert use dinero-crédito como una terminología más precisa a nuestro sistema actual. 

La falsa prosperidad en Occidente a partir de los años 70. 

Para entender el presente hay que entender el pasado, en el caso de la prosperidad estadounidense de la posguerra mundial duró casi exactamente una generación, y la respuesta de la Fed a la crisis crediticia de 1966 marcó el final. Esto es algo que tratamos desde otra óptica en la publicación «¿Fin de la hegemonía del dólar?». A partir de la década de 1970 como respuesta a la crisis del petróleo, nos embarcamos en un viaje deliberado  de inflación de activos sin fin en todos los países occidentales. Este enfoque miope en la inflación de activos en lugar de la producción real ha sido similar en Europa.  La idea de que «la propiedad de una vivienda en realidad no es más cara ahora que hace 50 años» es evidentemente absurda y cualquiera que afirme tal cosa no debe ser tomado en serio, dado que esta es quizás uno de las materias que han generado dicha inflación. En el contexto actual, fui más allá hace unas semanas, argumentando que las sanciones occidentales traería no solo una crisis de confianza en la tenencia de reservas que haría perder a Occidente la hegemonía del dólar, sino también en el sistema internacional global y su infraestructura, lo que conduciría a una desglobalización parcial.

El primer problema de casi cualquier ciudadano español, y en muchos casos occidental que vive en una ciudad de relevancia, es el tema de la vivienda, quizá pueden tomarse medidas para algunos draconianas pero que pueden generar incentivos para desmercantilizar parcialmente dicho sector. Agregue un impuesto de desocupación (tener múltiples viviendas sin uso) más un impuesto al valor de la tierra poseída por sociedades (no personas físicas), generando así o desincentivando la posibilidad de la existencia de un propietario ausente. 

Por otro lado, la forma más rápida y radical, sin embargo, para reducir los costos de vida sería prohibir que los extranjeros con fines de lucro (que no de residencia) y las corporaciones posean bienes raíces residenciales.  Decir que esto está motivado por el hecho de que fondos de inversión como BlackRock están comprando casas y pisos en zonas prime, y a veces zonas residenciales en ciudades continuamente, algo que durante la época Covid no se ha detenido ni mucho menos. (si les interesa puedo un día tratar de explicar el motivo). Esto ocurre dado que los inmuebles se consideran claras reservas de valor.

A su vez, una hipotética medida en este sentido iría dirigido a desmercantilizar la vivienda (dichos cambios legislativos e impositivos), algo sobre lo que me gustaría hablar (la desmercantilización) como un marco para solucionar numerosos problemas de asignación de recursos y socialización de la riqueza en una economía privada intervenida por el Estado, que facilita la idea de propietario ausente, tanto en empresas/corporaciones como en propiedad inmobiliaria. 

¿Esto impedirá que fondos de inversión inmobiliarios compren viviendas? Posiblemente También decir que el problema nace del reconocimiento o negación por completo a otra generación de la propiedad o acceso a la vivienda a buen precio. En ausencia de una ley (ahí nos lleva a la politización de un tema que en ausencia de dicho fenómeno continuará inexorablemente siendo un problema) que prohíba a cualquier persona/cosa más allá de las personas físicas poseer bienes raíces residenciales es difícil cambiar dicha tendencia.

Nuestro sistema en cambio, genera incentivos para un retorno de rendimientos significativo en los mercados financiarizado bienes raíces, con entidades que se endeudan para adquirir vivienda e inflan el precio de dichos inmuebles para pagar el diferencial interbancario (precio del dinero). Hay entidades que literalmente que están creando dinero de la nada (privilegio bajo el sistema de dinero-deuda .otorgado por el Estado a los bancos) para negarle al común de la población acceso a algo tan básico, que TAMBIÉN proporciona (además de ser reserva de valor) ingresos no correlacionados en ocasiones con la marcha general de la economía y además de conferirles protección contra la inflación, algo que hace inevitable sin un cambio legislativo que sigan comprando. La alternativa a la inacción sería otra generación sin hogar.

Problemas del sistema financiero y económico actual:

La mayor parte de lo que llamamos «dinero» es en realidad en la actualidad crédito/deuda.  El término de Beckert de «dinero-crédito» para describir este fenómeno es central. La oferta de dinero-crédito, idealmente debería expandirse y contraerse aproximadamente con la expansión y contracción de la economía productiva real, esto es algo que actualmente no ocurre. Todo el mercado en este sentido es actualmente un esquema Ponzi (es una forma de estafa que atrae a los inversores y paga utilidades a los inversores anteriores con fondos de inversores más recientes). El sistema de dinero-crédito EXIGE un crecimiento sin fin pero este no se sostiene en un aumento necesariamente de los bienes con base material.  El crédito es literalmente una «licuación» de valor «atrapado» en el futuro. Muy pocos entienden esto.

El crédito para el consumo y todas las operaciones usureras de nuestro sistema económico tienden ampliamente a expandir la oferta de dinero-crédito más allá de la expansión de la economía productiva.  Creo que, en última instancia, debería limitarse significativamente todo esto. No hay rescates, si una empresa quiere dinero del gobierno, puede vender el capital de dicha empresa al gobierno. 

De hecho esto podemos usarlo para refinanciar la seguridad social. A su vez, eliminar recompras y recapitalizaciones de dividendos (cuando una empresa adquiere una tonelada de deuda para pagar los dividendos de sus accionistas, el capital privado hace esto mucho).

En este sentido también tiene sentido reemplazar el Banco Central/BCE/Reserva Federal con un Banco Nacional de Desarrollo que ofrezca préstamos a bajo interés a las pequeñas y medianas empresas para que puedan tener financiación para expandir operaciones en ideas de negocio no especulativas.

Al no recurrir al dinero deuda privado creado bajo el amparo del Banco central, gran parte de nuestra «eficiencia» moderna dejaría de ser la simple externalización efectiva de costes como ocurre con la financiarización de la economía. ¡Nuestro estado de resultados parece eficiente porque los costos están siendo pagados por otros!  ¡Qué increíble eficiencia e innovación!

Dado que externalizamos costes con instrumentos de deuda que son ficciones en sí mismas, somos muy susceptibles a las cadenas de suministro internacionales, que si son a diferencia de dicho sistema de dinero-deuda muy reales, esto junto con la inflación de activos genera una economía inestable en la que si falla una parte de la cadena todos empiezan a repercutir los costes en cadena desde productor a consumidor, sumado esta repercusión de los costes a la posibilidad de cierta avaricia corporativa.

En todo esto está economía inflacionaria de activos perjudica a todos los que:

 1. No posean activos que aumentan de valor con la inflación.

 2. No ven que sus salarios aumenten con la inflación.

Es por eso que el ingresos disponibles de la mayoría se observa correlacionado con inflación de activos igual a recesión de la situación económica particular.

Sobre el concepto de economía como supuestamente científica e imparcial:

Para iniciar esta reflexión, diría que los economistas son chamanes, no científicos. Los economistas ejercen poder moldeando el comportamiento a través de las expectativas del futuro. La economía es verdaderamente premonitoria y sometida a la política en cierto sentido, porque realmente puedes reescribir las «leyes» económicas con nada más que pura voluntad. Eso hace que la propia economía no sea una ciencia y se encuentre sometida al poder. Fundamentalmente no puede ser una ciencia por la relación intrínseca con la voluntad de poder, y en concreto con la razón de Estado. 

En el estado actual de las cosas, oficialmente estamos pasando por una estanflación y ni siquiera es una de las principales historias en las noticias. El estado de ficción de nuestra economía, muchas decisiones pueden acabar con millones de dólares de riqueza en minutos si así lo desean. El dinero o buena parte de lo que se podría llamar “masa monetaria” es todo inventado. La economía no es una ciencia especialmente porque no puede serlo dado que es completamente una construcción humana. Posiciones de cientificidad de la economía sólo pueden sostenerse bajo ideas metafísicas en las que no se pone en la ecuación el poder y la voluntad humana en el cálculo. Los economistas ejercen poder moldeando el comportamiento a través de las expectativas del futuro. La economía como campo sirve para proporcionar justificaciones matemáticas de distribuciones particulares de bienes y servicios. Es una forma de justificar un programa político como “natural” u “óptimo”. En el momento en que un economista dice ser un científico de algún tipo, debemos poder estar en alerta.

La economía dominante ha sido cooptada como el método para justificar y reforzar el poder de la clase dominante capitalista. John D. Rockefeller dijo que la mejor inversión que hizo fue en la Universidad de Chicago. A su vez, creo que a lo sumo podríamos etiquetar como cercanas a «verdades objetivas» algunas verdades parciales de la economía (siempre constreñidas a un marco y no como verdades totales). 

Por ejemplo, los sistemas de precios pueden moldear las preferencias, pero estos no son una afirmación completa ya que implican las preferencias junto con la tecnología, la logística, la legislación que los moldea en cierta manera. Esto presupone que la información está codificada por tantos factores en los precios (o cualquier otra señal) y, por lo tanto, no puede declararse nada parecido a una «verdad objetiva» dada la complejidad del asunto. Los precios como señales son increíblemente en muchas ocasiones distorsionados en grados inmensos. En conclusión, la economía no puede ser una ciencia por 2 razones (ambas conectadas):

1. El futuro es fundamentalmente incierto y confiamos en la narrativa ya que el cálculo es imposible.

2. Esta dependencia narrativa de economistas, poder y condiciones técnicas y tecnológicas además de logísticas, significa que las profecías autocumplidas pueden ser comunes y podemos anular las «leyes» a través de una idea basada en la que su poder si los átomos del universo tuvieran voluntades y si suficientes de ellos decidieran (ya sea de manera coordinada o espontánea) que la gravedad es falsa y querían para hacer otra cosa, la gravedad simplemente dejó de existir. Eso está más cerca de lo que podemos estar de alguna verdad en economía.

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