Guerra ruso-ucraniana, mundo multipolar, Rimland, Heartland e inestabilidad global:

1- El Conflicto de Ucrania, que pasó a un nuevo nivel y formato a partir de la ofensiva rusa, aparece centralmente como una guerra entre Estados. Así es representado dominantemente (imagen de abajo). Si la geografía es una arma para la guerra (Yves Lacoste), los mapas-representaciones son sus balas. Hoy vamos a analizar varios mapas:

2- Desde 2014 el conflicto se expresa como un enfrentamiento entre las repúblicas populares separatistas pro-rusas de Donetsk y Lugansk que se llevó a 14.000 muertos. Ello habla de una fractura entre el Sureste y el Noroeste en un arco que va desde Jarkov al norte hasta Odesa.

3-Del sureste era el Partido de las Regiones filo-ruso del depuesto presidente en 2013 Yanukovich. Allí vemos el prediominio cultural y linguistico ruso que los nacionalistas ucranianos buscan eliminar para construir una nación homogénea y «occidental» (la idea de construcción de nación no es tan común en el Este como en el Oeste europeo del siglo XIX y XX, algo que los ucranianos han traído al presente).

4- El conflicto a nivel local expresa una lucha entre fracciones de capital/grupos de poder, donde las tres principales son los de Kiev, Dniepetrovsk y Donetsk (Akhemetov-Yanukovich/núcleo sidero metalúrgico carbonífero). El sureste es el corazón económico del país.

5- El ataque de pinzas de Rusia pareciera tener en sus objetivos envolver el sureste, terminando de romper el control del Estado ucraniano de esa región. Allí quedaría encerrado gran parte del ejército ucraniano que iba a avanzar sobre el Donbás antes del 24/02/2022 para eliminar las fuerzas separatistas pro-rusas.

6- Por esta razón un foco central es Mariúpol, la ciudad-puerto del Donbás, única salida al Mar de Azov que tenían las fuerzas ucranianas y que era vital para los intereses rusos en dicha zona marítima. Ahí tienen su núcleo el famoso (y polémico) Regimiento de Azov que tenían las fuerzas ucranianas, incorporados a la Guardia Nacional, que saltaron a la fama en 2014 por su accionar contra los pro-rusos.

7- La guerra en Ucrania es un conflicto civil y a la vez interestatal – forma dominante actual- pero sobre todo es un conflicto global donde choca la geostrategia globalista neorealista (control del Rimland) del mundo anglosajón y la UE y la euroanisanista continental de Rusia.

8- La primera busca la primicia y sometimiento de Eurasia al mar (Rimland) consolidando y profundizando el control de su periferia. Para ello es clave extender la OTAN hacia el Este europeo. Hasta la frontera con Rusia (país que se proyectó partir en tres, un estado moscovita central, un estado siberiano industrial y una república islámica en las zonas de población islamica rusa-), junto con la Unión Europea y el Transanlantic Trade and Investment Partner Ship de EEUU y la UE.

9- Para Brzezinski, uno de los objetivos geoestratégicos que formalizó la política exterior americana, era constituir un eje de seguridad en Europa (la gran cabeza de puente euroasiática para EEUU) conformado por Francia, Alemania, Polonia y Ucrania como base para las operaciones en Eurasia (🇫🇷🇩🇪🇵🇱🇺🇦). Esto se consiguió en gran medida entre 1990 y 2004 con la entrada de los bálticos (parte integrante de la extinta URSS) además de las repúblicas del pacto de Varsovia.

El caso de Bielorrusia y Ucrania, también fue un objetivo como partes de la URSS y regiones que le acercaban a EEUU al Heartland continental euroasiático, esto no se consiguió.

10- Frente al expansionismo unipolar de EEUU, China y Rusia entre otros formularon en 1997 la necesidad de construir un mundo multipolar.
El 15/6/2001 fundaron la Organización para la Cooperación de Shanghái, a la que se sumaron en los desde 2015 nada menos q India, Pakistán e Irán. Emerge Eurasia como alternativa al Rimland anglo-europeo.

11- Se dibuja un nuevo mapa de poder que cuestiona el mundo unipolar bajo la hegemonía estadounidense y su «comunidad internacional», conformada por los protectorados de Europa, Corea del Sur y Japón (no sin contradicciones internas) y los países anglosajones bajo la Corona Británica como Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

12- En 2009 surge el BRICS como expresión de potencias emergentes, que buscan un reparto del poder y la riqueza mundial, cuestionando las jerarquías interestatales existentes, y las reglas establecidas a nivel comercial y financiero por parte del Norte y el Rimland. Allí convergen con lo que se ha llamado Sur Global.

13- Estos poderes emergentes son en algunos casos semiperiferias industriales en ascenso, que tensionan con el centro/núcleo orgánico por las tareas de comando de la economía-política mundial y sus monopolios.

La excepción es China ya tiene capacidades de centro y núcleos con grandes metrópolis modernizadas como Beijing, Shanghai, Shenzhen.

14- Esta contradicción político-estratégica entre fuerzas unipolares y fuerzas multipolares o revisionistas o contrahegemónicas se ve con total claridad en el voto por país en la ONU en la resolución no vinculante que condena la invasión rusa de Ucrania.
La excepción a esta tendencia son Brasil y Argentina. Estas dos potencias regionales tienen unas élites que tienden, junto con buena parte de las de las naciones hispanoamericanas a seguir postulados americanistas/occidentalistas.

15- El eurasianismo ruso y su acción como política continental surge en los 90′ como respuesta a su profundo declive luego de la caída de la URSS, a la adopción del programa neoliberal de la posguerra de la Guerra Fría y al mundo unipolar nacido de este. Justo después de que estallara el conflicto en Ucrania 2013-14, se lanza la Unión Económica Euroasiática -UEEA-.

16-Moscú se imagina como una fortaleza asediada, vulnerable por todos los flancos, por lo cual debe extenderse sobre los territorios periféricos para amortiguar las distintas amenazas, en particular, desde Occidente. Así también justifica históricamente su propio expansionismo para sin embargo estar a la defensiva en términos estratégicos.

17- Rusia es un poder remergente con puntos preocupantes de decadencia demográfica, que se recuperó parcialmente a nivel económico y militar, y volvió a ser uno de los principales actores geopolíticos tras haber desaparecido en el año de la disolución de la URSS.

En 2008 logró imponer sus líneas rojas en Georgia, cuando Bush propuso su incorporación a la OTAN y se levantaron Abjasia y Osetia del Sur, regiones pro-rusas.

18- Rusia posee un colchón estratégico que es China. Ambos declararon el 7 de febrero «Rusia y China celebran “amistad sin límites” y frente unido ante presión de occidente».

Esto se expresa en: OCS, BRICS, apoyo chino a UEEA y la Iniciativa del Cinturón y la Nueva Ruta de la Seda que limita poder del «mar» o Rimland en una alternativa del Heartland continental. Todos estos proyectos en términos militares tienen un parcialmente un núcleo euroasiático.

19- Desde 2014 vivimos una guerra mundial híbrida y fragmentada. Tenemos guerras como Siria, el caso de Ucrania, la ofensiva contra el ISIS en Irak (ya terminada), la ofensiva turca en el norte de Siria y la intervención de este mismo país en Libia, la propia guerra de Libia, conflictos civiles en Israel-Palestina, Mali, R. Centroafricana, Sudán, Somalia, Birmania y Afganistán,
Se multiplican los enfrentamientos regionales como producto de la multipolaridad de dicha época. Entramos en la fase de «Caos Sistémico» y (des)orden mundial. Los mapas, como han visto sirven para representar dicho caos.

Contra Francis Fukuyama: El fin de su fin de la hisotria.

El infame concepto de “fin de la historia» que el Sr. Fukuyama sacó a relucir en un libro del año 1992 llamado «El fin de la historia y el último hombre» pareció novedoso en la interpretación de un incipiente mundo unipolar, sin embargo, el autor no es el primero al final de un conflicto o período histórico en pensar así, para aquellos de ustedes que no lo saben, la semana pasada, el Sr. Francis Fukuyama escribió un breve conjunto de observaciones sobre los acontecimientos actuales en Ucrania en American Purpose titulado «Preparing for defeat».

Actualmente se encuentra en Skopje, Macedonia del Norte, donde durante la última semana impartió un curso de Academia de Liderazgo para el Desarrollo. El autor de hoy hizo doce observaciones, a las que pretendo responder u ofrecer observaciones. Voy a enumerar los doce puntos a continuación y luego responderé de la misma manera.

1.Comencemos con las exposiciones de Fukuyama:

«1: Rusia se dirige a una derrota absoluta en Ucrania. La planificación rusa fue incompetente, basada en la suposición errónea de que los ucranianos eran favorables a Rusia y que su ejército colapsaría inmediatamente después de una invasión. Evidentemente, los soldados rusos llevaban uniformes de gala para su desfile de la victoria en Kiev en lugar de municiones y raciones adicionales. Putin en este punto ha comprometido la mayor parte de su ejército en esta operación; no hay grandes reservas de fuerzas que pueda llamar para agregar a la batalla. Las tropas rusas están atrapadas en las afueras de varias ciudades ucranianas, donde enfrentan grandes problemas de suministro y constantes ataques ucranianos.

2: El colapso de su posición podría ser repentino y catastrófico, en lugar de ocurrir lentamente a través de una guerra de desgaste. El ejército en el campo llegará a un punto en el que no podrá ser abastecido ni retirado, y la moral se evaporará. Esto es al menos cierto en el norte; a los rusos les está yendo mejor en el sur, pero esas posiciones serían difíciles de mantener si el norte se derrumba.

3: No hay una solución diplomática a la guerra posible antes de que esto suceda. No existe un compromiso concebible que sea aceptable tanto para Rusia como para Ucrania dadas las pérdidas que han sufrido en este momento.

4: El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha demostrado una vez más su inutilidad. Lo único útil fue el voto de la Asamblea General, que ayuda a identificar a los actores malos o prevaricadores del mundo.

5: Las decisiones de la administración Biden de no declarar una zona de exclusión aérea o ayudar a transferir MiG polacos fueron buenas; han mantenido la cabeza fría durante un momento muy emotivo. Es mucho mejor que los ucranianos derroten a los rusos solos, privando a Moscú de la excusa de que la OTAN los atacó, así como evitando todas las posibilidades obvias de escalada. Los MiG polacos en particular no agregarían mucho a las capacidades ucranianas. Mucho más importante es un suministro continuo de jabalinas, aguijones, TB2, suministros médicos, equipos de comunicaciones e información compartida. Supongo que las fuerzas ucranianas ya están siendo dirigidas por la inteligencia de la OTAN que opera desde fuera de Ucrania.

6: El costo que está pagando Ucrania es enorme, por supuesto. Pero el mayor daño lo causan los cohetes y la artillería, sobre los que ni los MiG ni las zonas de exclusión aérea pueden hacer mucho. Lo único que detendrá la matanza es la derrota del ejército ruso sobre el terreno.

7: Putin no sobrevivirá a la derrota de su ejército. Recibe apoyo porque se le percibe como un hombre fuerte; ¿Qué tiene para ofrecer una vez que demuestra incompetencia y es despojado de su poder coercitivo?

8: La invasión ya ha causado un gran daño a los populistas de todo el mundo, quienes antes del ataque expresaron uniformemente su simpatía por Putin. Eso incluye a Matteo Salvini, Jair Bolsonaro, Éric Zemmour, Marine Le Pen, Viktor Orbán y, por supuesto, Donald Trump. La política de la guerra ha expuesto sus inclinaciones abiertamente autoritarias.

9: La guerra hasta este punto ha sido una buena lección para China. Al igual que Rusia, China ha construido fuerzas militares aparentemente de alta tecnología en la última década, pero no tienen experiencia en combate. El miserable desempeño de la fuerza aérea rusa probablemente sería replicado por la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación, que tampoco tiene experiencia en la gestión de operaciones aéreas complejas. Podemos esperar que los líderes chinos no se engañen a sí mismos en cuanto a sus propias capacidades como lo hicieron los rusos al contemplar un movimiento futuro contra Taiwán.

10: Esperemos que Taiwán se dé cuenta de la necesidad de prepararse para luchar como lo han hecho los ucranianos y restablecer el servicio militar obligatorio. No seamos prematuramente derrotistas.

11: Los drones turcos se convertirán en los más vendidos del mercado.

12: Una derrota rusa hará posible un “nuevo nacimiento de la libertad” y nos sacará de nuestro miedo al estado de decadencia de la democracia global. El espíritu de 1989 seguirá vivo gracias a un puñado de valientes ucranianos.»

2️. Respuesta a Francis Fukuyhama:

Iremos punto por punto, ya que esa parece ser la mejor manera de abordar esto es ser sistematizado, algo que ayudará a ordenar ideas:

Punto 1: La derrota, ya sea en el sentido militar o político del término, no parece ser inevitable como se pretende. Todavía no se ha organizado ninguna contraofensiva ucraniana, el territorio que hayan tomado los rusos difícilmente será devuelto en caso de estancamiento, y pesar de los problemas de logística, se ha logrado un progreso constante y sostenido con un empleo de la fuerza aérea más bien escaso por parte de Rusia. Hasta ahora, los mejores mapas para ilustrar esto, según los datos disponibles, son del Instituto para el Estudio de la Guerra. Comparen el 6 de marzo de 2022 con el de hoy, 14 de marzo de 2022 (en formato Instagram segunda y tercera imagen, no pongo alguno más reciente por evitar fallos o información poco errónea).

Además, es importante abordar el tema de la incompetencia del ejército ruso. Hasta el momento, la ofensiva parece haberse visto gravemente ralentizada por interrupciones logísticas en las líneas de suministro o por no obtener combustible y municiones cuando era necesario. Decir que los rusos pretendían rendir a Ucrania rápidamente, seguramente por eso no plantearon una guerra con la demanda de municiones, otros enseres y de una cadena logística de una guerra más lenta. Es indicativo de que lo que pronostica el Sr. Fukuyama no es más que propaganda de Kiev o el último impulso de influencia en las redes sociales. Esta es una guerra de memética y simulación, donde los clips de War Thunder, Digital Combat Simulator y las imágenes editadas de 2014 han jugado un papel importante para ocultar lo que está sucediendo exactamente aquí.

En cuanto a la tasa de avance o cómo se hizo, me inclino a creer que el movimiento para invadir fue una decisión apresurada basada en la inteligencia disponible para Putin y su liderazgo militar centralizado. Antes de la invasión, hubo informes contradictorios de ataques de artillería en el Donbass, muchos artículos alegaban que los rusos respaldaban a los separatistas y los rusos reclamaban a los ucranianos una detención de un intento de recuperar el Donbass, eso propició la invasión, eso explicaría la ineficacia logística rusa a parte de la idea de que el gobierno ucraniano capitularía rápidamente. Una cantidad significativa de atención a una región sitiada ahora durante años quizá sería el origen dado el miedo de Rusia a perder ese espacio ganado. A riesgo de “lanzar propaganda rusa”, los rusos han insistido en que el Donbass era un objetivo probable para las ofensivas militares ucranianas. Esta puede haber sido la razón de la invasión, y no solo la acumulación militar que probablemente fue el cálculo ruso para traerlos a la mesa de negociaciones a los ucranianos. Incluso de boca de quienes escriben para el Atlantic Council, como Vladislav Davidzon, esperaban que armar continuamente a los ucranianos generaría disuasión. La guerra aún así y la marcha hacia Kiev, Jarkov y Odessa continúa.

Punto 2: No parece probable que el colapso sea repentino y catastrófico, si los mapas y datos recientes nos muestran algo. Hasta ahora, en Occidente sabemos poco o nada sobre la moral rusa, y nos dicen que los ucranianos están matando a más rusos en una escala comparable a las pérdidas en la Segunda Guerra Mundial en función de sus proporciones de muerte por muerte. Se siente así, si soy bastante honesto, algo que siempre es difícil de confirmar. 

Los rusos aún tienen que desplegar todas sus fuerzas, e incluso en el norte ha habido informes de que se habla del apoyo de Bielorrusia como beligerante militar en el conflicto, pero hasta ahora nada a ese respecto, algo que igualmente solo se traduciría quizá en un frente más.  En todo caso, no podemos predecir o asumir con precisión que a los rusos les está yendo mal, aunque podemos decir que hay protestas contra la guerra en Rusia, se desconoce la relevancia de estas. Mientras tanto, las potencias occidentales. y otras naciones cercanas, en algunos casos claman por la escalada en una posible zona de exclusión aérea.

Punto 3: “No hay una solución diplomática a la guerra posible antes de que esto suceda”. Había una solución diplomática disponible antes de la guerra que Estados Unidos y la OTAN rechazaron. El secretario general de la OTAN fue tan descarado que «Rusia no tiene derecho a establecer una esfera de influencia», negando la idea de realizar una política basada en las grandes potencias. Seguramente la megalomanía estadounidense en este sentido les hace incapaces de encontrar una solución diplomática después de décadas de expansión hacia el este de la OTAN y sanciones estadounidenses sin grandes respuestas directas por parte de Rusia. Mearsheimer, Maitra, Posen llevan años señalando esto. Pero en un tono más bien escalofriante y con una peligrosa indiferencia por las consecuencias, el Sr. Fukuyama parece estar sugiriendo que la solución diplomática solo puede llegar cuando las fuerzas militares rusas pierdan repentina y catastróficamente. Dado que eso no ha sucedido, ¿aboga por más fuerza militar? Teniendo en cuenta que estamos lidiando con un estado armado nuclear con un gran arsenal nuclear, deberíamos ser más considerados con la retórica dado que la disuasión nuclear existe por eso, para evitar escaladas entre grandes potencias. Obviamente las víctimas son las naciones intermedias que sufren el tira y afloja entre estas.

Punto 4: El Consejo de Seguridad de la ONU ha sido útil en conversaciones anteriores, y las famosas discusiones en la ONU fueron útiles para negociar y facilitar la paz con los soviéticos durante la crisis de los misiles en Cuba. La votación de la Asamblea General de la ONU mostró cómo algunos de los centros de población más grandes del mundo, ya fueran los BRICS o los «malos» habituales de los EE. UU. que votaron a favor de la abstención o del rotundo no. Este impulso a la sanción se debe principalmente a los seguidores de los EE. UU., la UE y la esfera de influencia de los EE. UU. en el este de Asia, difícilmente el resto de la población o la economía del mundo (adjunto mapa al respecto).

En todo caso, Fukuyama parece estar confundiendo a los actores prevaricadores con la menguante influencia estadounidense en el extranjero. Ya no son el primer socio comercial de buena parte del mundo, los chinos los han reemplazado en ese sentido, y ahora nuestras las amenazas de sancionar a India muestran a la democracia más grande del mundo que no es un socio confiable. 

A veces pareciera que los americanos hacen todo lo posible para que los rusos apliquen sin querer la doctrina Primakov (dado que es el siguiente paso lógico de los rusos como respuesta a los americanos) Dicha doctrina se basaría en el control de daños en el espacio post-soviético. Junto con una idea de China, India y la propia Rusia como contrapesos a EEUU y el mundo occidental. Falta que India aplace sus disputas con la China, algo siempre más difícil. En este sentido EEUU quiere imponerle sanciones a India su mayor socio contra China por su «relación militar con Rusia». El objetivo es castigar a India por mostrarse neutral y de paso quitarle ese enorme mercado a Rusia para dárselo al complejo militar/industrial. La megalomanía habitual. 

Punto 5: Finalmente algo que tiene sentido. Estoy de acuerdo en que negarse a declarar una zona de exclusión aérea y darles MiG a los ucranianos fueron decisiones sensatas. Parece ser el objetivo principal de EE. UU. y la OTAN en este momento asegurarse de que el conflicto permanezca localizado en Ucrania. Y debería serlo. Sin embargo, la tragedia de la situación en curso continuará mientras EE. UU. continúe entregando armas y suministros a un ejército y un gobierno que quiere que los ciudadanos ucranianos en el extranjeros vuelvan para luchar, los grupos extremistas radicales, el servicio militar obligatorio y su ejército para enfrentarse al Rusia, con ayuda humanitaria y los consiguientes corredores humanitarios en el fuego cruzado que la prensa occidental tanto explota. Si Siria puede ser un ejemplo de cómo se ve una guerra larga y prolongada contra grupos respaldados por extranjeros y un ejército estatal, esto nos dice que la opción occidental implica que solo continuará con el derramamiento de sangre. Lo ideal sería que proseguieran los esfuerzos diplomáticos y se tratara de reconocer esferas de influencia antes que usar a los ucranianos como carne que sacrificar contra Rusia. 

Punto 6: Derrotar al ejército ruso sobre el terreno requeriría muchos más recursos de los que se proporcionan actualmente a los ucranianos. Esto incurre en el riesgo de una escalada, que ya han sugerido los rusos y la posibilidad de algún comboy logístico occidental destruido por la fuerza aérea rusa. Pero este es solo el Sr. Fukuyama que viene de la cosmovisión liberal obsesionada en que Rusia debe ser derrotada, similar a Catón el Viejo con Cartago. Este pronóstico tiene una sensación de fanatismo halcón por Ucrania que no llega a ninguna consideración de la relación de fuerzas real, una vez más, tratar con un estado con armas nucleares de esa forma no tiene sentido.

Punto 7: Esto es puramente especulativo, ya que la comprensión occidental de la base de poder de Putin es limitada, y si tal y como se ha indicado, hay algún tipo de fuga de capitales en Rusia. Esto puede ser una precaución para proteger los activos de capital de los rusos ricos, los oligarcas y similares para los próximos eventos o la probabilidad de sanciones. Decir sin embargo, que una derrota sería un duro golpe para Putin, pero no creo que sea su final, al menos de inmediato. No hay rumores de un sucesor de Putin que por el momento pueda tomarse en serio, su control del poder, por ahora, parece sólido. (Después de una mayor discusión, sin un sucesor, la derrota arrojaría un golpe devastador a Putin, y a menos que su círculo tenga un sucesor viable esperando entre bastidores, esto conduciría a un vacío de poder). Con Nalvany y la oposición respaldada por Occidente más o menos encarcelados y desorganizados , el punto del Sr. Fukuyama depende únicamente de la derrota completa de las fuerzas armadas rusas y, por extensión, del estado ruso. Este no es un pensamiento racional, pero su apertura para implicar y declarar su preferencia por un cambio de régimen es coherente con su línea ideológica. Es casi como si tuviera la sensación de que no le importaría que un reemplazo viniera a Rusia en un vagón de tren. Algo que puede ser mejor para los rusos, pero también puede suponer otro candidato más agresivo.

Punto 8: Una vez más, una reiteración de las ideas preconcebidas del liberal Fukuyama, y ​​el mismo tipo de acusación de «populismo» que hemos escuchado de cualquiera que se desvíe del orden/élite gobernante actual. Es populismo cuando no es un progresista confiable o un conservador intercambiable por un progresista no enloquecido, aún cuando Bolsonaro, Trump o Zemmour tengan notables diferencias con Putin. Esto es solo hipocresía, propaganda, jerarquía de enemigos públicos y la distinción amigo/enemigo de siempre.

Fuera de algunos grupos de derecha muy concretos, los nacionalistas rusos y los enemigos habituales del orden internacional construido por los Estados Unidos, esto no ha sido algo que los principales populistas de todo el mundo hayan apoyado. Dejando a un lado la broma de Trump sobre las banderas falsas, el único «populista» al que hay que prestar atención es Bolsonaro, cuya economía depende del gas natural ruso para la nitrogenación de su fertilizante. En todo caso, los populistas están más enfocados en algo que suena mucho más a una política exterior realista que en cualquier cosa que obtengamos de la élite actual que tiende a la histeria ideológica para tratar los sucesos de política internacional.

Punto 9: Nuevamente, no es otro punto malo. El último conflicto de Rusia con un grado significativo de despliegue de infantería y blindados fue en 2008, e incluso eso no tuvo el mismo nivel de armamento y apoyo extranjero que vemos con Ucrania. Además, el último conflicto de estado a estado para el gigante asiático fue el de China contra Vietnam en 1979, por lo que el ejército de China no está relativamente probado para ese tipo de conflicto, sin embargo tiene una serie de recursos industriales y económicos más jugosos que China junto con una mano de obra virtualmente ilimitada. Me imagino que el liderazgo de China es un poco más realista en sus capacidades, sumado a que China luchará con mayor moral dado que Taiwán es considerado como parte de su territorio, algo que le dará un tinte de guerra patriótica que el caso ruso-ucraniano puede no tener.

Punto 10: ¿Es eso políticamente posible? Sin embargo, dado el valor de una promesa estadounidense en estos días, esto sería algo que los taiwaneses deberían considerar si quieren sobrevivir contra el gigante asiático.

Punto 11: Esto tiene un alto potencial de ser verdad. Probado ahora en Ucrania y Etiopía. Con Turquía tratando de reafirmarse dentro de su propia política exterior, espero que a estos drones les vaya bien en el mercado internacional, o al menos en los acuerdos con las naciones vecinas. Esto se producirá ante la ira de Rusia, donde los acontecimientos recientes en Armenia, Kazajstán y Siria solo han hecho que su relación sea más tensa. Sin embargo, no creo que esto pase de ser publicidad armamentística para Turquía.

Punto 12: Si el club de la democracia en declive solo puede ser apoyado y sostenido bajo unas ideas concretas de corte progresista y un conservadurismo amable con los primeros parece que solo es democracia si votas de cierta manera, y lo digo sin ironía. El espíritu de 1989-1991 que revindican Fukuyhama (la derrota del bloque soviético) viene con corrupción desenfrenada, estancamiento económico (y demográfico)y sobre todo pérdida progresiva de la hegemonía absoluta a nivel mundial. En todo caso, el espíritu de 1989-1991 no se debe a que un grupo de valientes ucranianos exploten a una serie de carros de combate rusos, sino que las naciones están gobernadas por un orden democrático que no ha beneficiado siempre a sus pueblos nativos durante décadas y que ha sido una herramienta de subordinación geopolítica.

3. Conclusión final.

El Sr. Fukuyama no ha dejado sus predilecciones liberales desde que se reanudó la historia (advenimiento de un mundo multipolar), Rusia no parece estar colapsando de manera inminente y tampoco su avance militar en Ucrania parece estar completamente quebrado, dado que se acerca más y más a Kiev. (Me niego a cambiar el uso del topónimo de la ciudad a Kyiv, ya que ha sido parte de los esfuerzos de propaganda principalmente occidentales). La realidad está claramente escrita en los hechos. Occidente, y principalmente Estados Unidos, todavía tiene que considerar seriamente las consecuencias de segundo orden de su campaña de sanciones o su expansión hacia el Este de la OTAN. Como apunté en otras publicaciones, los impactos de segundo orden de esto afectarán la capacidad de los EE. UU. para obtener más petróleo, ya sea porque los saudíes los ignoran (dado que no quieren perjudicar sus exportaciones a otros países) o porque un intento reciente de importar petróleo venezolano se desmorona cuando Maduro por un lado, dada la falta de inversiones, no puede cubrir la demanda creciente, junto con la noticia de hace una horas de «La Casa Blanca dice que descarta “por ahora” importar petróleo de Venezuela».

Estados Unidos se está dando cuenta rápidamente de que las opciones en su caja de herramientas se parecen más a los antibióticos, ciertamente se ha desarrollado una resistencia. Esto no quiere decir que la economía rusa no sufrirá, pero debido a la larga lista de naciones que no pertenecen a la lista de «naciones hostiles» de Rusia, Estados Unidos observará cómo estás intentan eludir las sanciones, ya sea Brasil, India, Sudáfrica, Egipto y China.

En lugar de eso, el breve pronóstico del Sr. Fukuyama fue la reanudación de la charlatanería habitual que se espera de un intelectual conservador (de lo realmente existente), si bien hay una apariencia de algún punto decente en esta lista, una vez más, esto no es más que los puntos habituales que hemos visto en los medios principales del consenso. De hecho, la historia se ha reanudado, Sr. Fukuyama, y ​​sería mejor tener eso en cuenta, algo que a quién os escribe le quita el sueño, y que tratará de traer en publicaciones posteriores.

ESPAÑA, MARRUECOS Y EL SAHARA OCCIDENTAL: UNA INTEPRETACIÓN REALISTA.

El día viernes 18.03.2022, aparecía una noticia la cual afirmaba que el “Gobierno de España ha cambiado su postura con relación al conflicto saharaui.» Pedro Sánchez y el ala socialista del Ejecutivo han apoyado la propuesta de autonomía para el Sáhara Occidental que Marruecos presentó ante la ONU en 2007 como «la base más seria, creíble y realista para la resolución de esta disputa». Todo esto a quien les escribe no le ha sorprendido dado que la política exterior española es no tener política exterior, salvo algunas llamadas a la cooperación internacional, multilateralismo y demás antiguallas ideológicas que no nos valen para entender lo que está ocurriendo entre España y Marruecos.

Para empezar, sería conveniente para nuestros intereses establecer un marco teórico basado en el realismo político (y diferentes vertientes de este), a través del cuál desarrollare varias premisas al respecto la cuestión hispano-marroquí y que servirán para ilustrar con más claridad dicha situación: 

1: El orden internacional es anárquico, el sistema internacional carece de autoridades o jurisdicciones globales obligatorias, y únicamente reina, en último término los sujetos soberanos o Estados en pugna, aún cuando las instituciones internacionales, sean vías para tratar de disciplinar dicha pulsión (vital, por la supervivencia y seguridad, dependiendo la escuela), en último término es la intervención de los Estados las que solucionan o por la negociación o por la guerra dichas pugnas.

2: La geopolítica es la lucha por el espacio, espacio en el que se desarrolla la vida social dentro de los Estados, la principal pulsión de las potencias es el mantenimiento o expansión de este, de forma directa (anexión) o vía gobiernos títeres, gobiernos afines, o gobiernos neutrales además de estados colchón (que sirvan de garantía o espacio de seguridad).

3: Los Estados, además de luchar por el espacio, luchan por equilibrar, mantener o imponer demandas de seguridad a sus rivales.

4: La búsqueda de poder, influencia, seguridad o simplemente la existencia es el factor que determina las decisiones en las estructuras de toma de decisión en los Estados. 

En conclusión y bajo dicho marco teórico, la política exterior de España, sí es que existe, está siendo todo lo contrario a lo que debe hacer un Estado para preservar sus demandas de seguridad y/o aumentar su influencia relativa respecto a Marruecos, que tiene claras demandas territoriales de territorios españoles y de zonas circundantes (tanto aguas territoriales como tierra firme) que deberían ser tomadas por España como objetivos clave de seguridad. Si tomáramos las enseñanzas del realismo ofensivo, la receta sería no aplazar la acción española dado que aún tiene un poder relativo superior ante Marruecos.

Según Mearsheimer, que desarrolló elementos clave de las afirmaciones de Dickinson centrándose en la dominación regional, su teoría del Realismo Ofensivo, la situación ideal para cualquier país en la política internacional es que domine su región del mundo y asegurarse de que ningún otro país domine esa región, este sería el caso de una España que quiere asegurar la costa norte cercana a la Península Ibérica en África. Esta es la única manera de salvaguardar sus intereses, según esta teoría en caso que esto no ocurra eventualmente habrá un conflicto entre Estados en busca de seguridad entre dos o más Estados, conflicto que España aplaza sistemáticamente dada su inacción en lo que respecta a tener cualquier tipo de acción exterior.

Por otro lado, la segunda opción de la acción exterior española es a lo sumo equilibrar al rival (realismo defensivo) con una mejora sustancial de la cooperación en contra Marruecos junto con Argelia. Todo esto no está sobre la mesa de los políticos españoles, no porque Marruecos sea más fuerte que España en el momento actual, sino porque España, que tiende a estar muy centrada en sí misma y acostumbra a inhibirse de la política internacional, está llevando a cabo una política apaciguamiento ante un rival no apaciguable (en tanto las demandas de Marruecos suponen la amenaza existencial en contra la presencia española en el Norte de África ), con el que no es una opción aplazar el conflicto, y no tomar ninguna medida, dado que incluso España, un país sin acción exterior, en un momento de amenaza existencial será normal que parte de los que componen su estamento de toma de decisiones de seguridad, sean alertados ante una situación de flagrante quebranto de los intereses del Estado español. 

Dado que el objetivo de un político experimentado en relaciones internacionales, sería interesante y previsor dado la existencia permanente de un dilema de seguridad frente a Marruecos, plantear acciones que garanticen los intereses españoles, al valorar y crear opciones disuasorias del programa de máximos de Rabat. Previsión que tiene tres ejes de actuación:

-Tratar de arrancar garantías de aliados y socios (OTAN y UE) que reconozcan las necesidades de seguridad de España en el Norte de África además de tratar de aislar a Marruecos en el acto. En caso de no ser reconocidas amenazar con no cumplir con obligaciones relevantes de la organización Atlántica y la Unión Europea, amenazando con cooperar con sus rivales geopolíticos (al menos como farol).

-Disuasión por aumento de las capacidades militares, en dichas zona geográfica, tanto en Canarias como en Ceuta y Melilla como en las zonas cercanas de Norte de África.

-Alianzas alternativas con enemigos de Marruecos como Argelia, apoyar al frente Polisario con formación, material financiación, etc.

Obviamente, y como estamos viendo esto no es lo que ha ocurrido, ni siquiera ningún político español está planteándose una hipótesis de conflicto, España no está actuando ante lo que podría ser a medio-largo plazo una amenaza existencial y una eventual pérdida de espacio ante su vecino del sur. Aunque las capacidades geopolíticas de Marruecos son inferiores a las de España en casi todos los sentidos, Marruecos tiene algo que no tiene España: Voluntad política y un plan a medio-largo plazo para conseguir lo que obsesiona a todo Estado con políticos ambiciosos que actúa racionalmente, más espacio, tanto de aguas territoriales como tierra firme es mayor posibilidad de supervivencia. La cuestión empeora cuando pensamos que si Marruecos soluciona finalmente a su favor la cuestión saharaui jerarquizará sus intereses respecto al Norte y en contrapesar a Argelia. Los marroquíes son el paradigma del realismo político derivado de una voluntad política férrea y un dilema de seguridad definido (que pasa por perjudicar a sus dos vecinos), España está perdida en la fantasía de cooperación y multilateralismo liberal.

En todo esto, decir que España ha aplicado la doctrina de la rendición preventiva. Ante el rearme marroquí en su particular carrera armamentística con Argelia, siempre hay gente que habla de la «próxima guerra con Marruecos». No habrá tal guerra, porque la acción marroquí a través de su diplomacia y su lobby en España le lleva a lograr sus objetivos. En España la defensa nacional y la geopolítica no le interesa a nadie, menos a los políticos. Ceuta y Melilla serán marroquíes en el largo plazo y sin disparar un tiro si la política exterior española termina sin tener un ápice de voluntad, aún cuando los medios para defender las ciudades autónomas existen. Decir igualmente que esta no es, una opinión mía, es la posición extraoficial española. Busquen un documento oficial del siglo XXI donde se hable de ambas ciudades y la defensa nacional.

Sea como sea, tanto en el caso de Morgenthau como de Waltz, teóricos realistas, siendo la del primero la que se basa en la idea de que los Estados buscan más poder, como la posición de Waltz, que en la mayoría de los casos mantener su posición relativa en el sistema internacional; por lo tanto, los Estados no tienden a ser expansionistas sino a operar en el entorno internacional para mantener su seguridad. Waltz concibió a los estados como actores racionales unitarios que existen en un sistema de «autoayuda» (es decir, uno en el que cada estado debe valerse por sí mismo), esto es algo que la España que defiende los mitos del multilateralismo a ultranza no ha aceptado aún. De hecho, los Estados preocupados sobre todo por la supervivencia y operando con información imperfecta según Waltz, están condicionados por la lógica del sistema en patrones de comportamiento similares.

El equilibrio interno ocurre a medida que los estados aumentan sus propias capacidades aumentando el crecimiento económico y/o aumentando el gasto militar, algo que España no parece haber sido espoleada por el aumento relativo del poder marroquí (siendo el dilema de seguridad erróneamente planteado dado que los políticos españoles no perciben a Marruecos como una amenaza). El equilibrio externo ocurre cuando los estados forman alianzas para controlar el poder de estados o alianzas más poderosos, eso no parece, dada la posición de España y la fricción que ha provocado con Argelia el distanciarse de la política de apoyo parcial al Sáhara para contentar a Marruecos.

En el caso español no se cumple ninguna de las dos teorías realistas de relaciones internacionales, ni buscar más poder, ni mantener la estabilidad y el status quo, de hecho, dado que se tiene una visión idealista de cómo funciona la geopolítica, se comunica por parte de un comunicado el Gobierno español de que la estrategia con Marruecos únicamente es la cooperación y el respeto a los acuerdos. Obviamente eso significa sustancialmente nada concreto, dado que Marruecos está dispuesto a romperlos (dichos acuerdos), especialmente en la cooperación en materia migratoria entre España y el reino alauí. De hecho, España está buscando «normalizar» la posición de un rival geopolítico que es abiertamente expansionista, algo contradictorio allá por dónde se mire.

Los políticos no estaban en clase cuando se explicó el concepto de interés nacional. La urgencia de este presidente por “normalizar” una situación en perjuicio de una zona gris (región en disputa) de manual tendrá efectos que sufriremos más pronto que tarde (en Ceuta y Melilla). Un conflicto congelado sirve para muchas cosas, empezando por mantener el statu quo. Creer que eso no servirá para blindar Ceuta y Melilla es de una candidez preocupante. Manda un mensaje de debilidad de manual. Eso sin contar con los efectos sobre Argelia y el equilibrio estratégico. No solo por asuntos vinculados con el abastecimiento energético, sino sobre todo porque allana el camino hacia la lucha por la supremacía regional marroquí. 

Lo que ocurra en adelante dependerá más de la capacidad de España para prepararse y plantear una disuasión efectiva, que conduzca las relaciones con Marruecos a un punto en el que el país alauí se vea obligado a reconocer las necesidades de seguridad españolas. Lo cierto es que es, por otro lado, difícil comprender algún tipo de racionalidad estratégica en esta decisión en favor de Marruecos. Eso sin contar que esto vuelve a demostrar que el papel lo aguanta todo, y en eso se incluye la supuesta cooperación y acuerdos de España con Marruecos. 

Sin ni siquiera entrar a valorar los efectos directos en las relaciones con Argelia  considerando además la cooperación energética vital para España respecto a Argelia. Por supuesto, la disputa de Marruecos-Argelia, en pleno rearme marroquí y del mundo en un entorno multipolar es, para España es la mejor opción para disuadir a Marruecos. Sin embargo, dada la existencia de oportunidades, la asfixia económica de partes del territorio enemigo de los marroquíes, el utilizar como arma a migrantes y refugiados, el hostigamiento de determinados sectores económicos vitales del Sáhara y de Ceuta y Melilla da sus resultados para el Reino de Mohamed VI. Marruecos es un maestro en ese sentido. A pesar de eso, España no es capaz de jerarquizar intereses correctamente de forma realista, esto incide en que España es incapaz de priorizar en su estrategia (si hay alguna) y no distingue entre intereses vitales nacionales y compromisos de menor importancia.

Por otro lado y para acabar, en relación a la jerarquización de intereses, mientras España intenta mostrarse dura con Rusia en un conflicto de baja relevancia estratégica para nuestros intereses, cede en otro que sí es importante a cambio de una fantasía, ofreciendo una imagen de debilidad que pagaremos en algún momento futuro.

En defensa de un orden neowestfaliano: ¿Una nueva política exterior de EEUU para Europa?

El punto de invadir Ucrania de Putin es una excelente noticia muy alentadora para algunos como yo que todavía creen en la historia (aún cuando la guerra sea dura como fenómeno humano): sugiere que la historia, a fines del año 2022, podría no haber terminado tal y como se pregonó por algunos intelectuales americanos hace décadas. Algunos estadounidenses creen que esto es inaceptable, que, parafraseando a FDR, la frontera de Estados Unidos está en los Cárpatos. Para aquellos que creen que Europa, incluso Europa del Este, es parte del mundo de “América”, llena de protoamericanos que aún no se han tomado la molestia de solicitar sus pasaportes azules, ¡no hay más alternativa que luchar! Defender la nación soberana de Ucrania (y sus importantes recursos energéticos, etc.), junto con los principios fundamentales del derecho internacional. Estados Unidos debe defenderse dado que su frontera exterior ha sido atacada. 

Esta agresión no se mantendrá dado que es la visión idealista del excepcionalismo americano se choca con  el concepto totalmente realista de la geopolítica en el siglo XXI. Comencemos con algunos hechos geopolíticos.

-El contexto histórico:

Ucrania era el núcleo del estado ruso original (Rus de Kiev y, hasta que New Order fue una banda (nueva orden liberal), había sido una provincia de Rusia (Tratado de Paz Perpetua de 1686 ) aproximadamente desde el momento que por ejemplo el Rey de Inglaterra todavía gobernaba en las Trece colonias. Ucrania es un poco menos rusa que Texas es estadounidense, y mucho más rusa que lo francesa que es Alsacia. Cualquier ucraniano civilizado habla ruso perfectamente bien: el «idioma ucraniano» es un dialecto campesino. El presidente de Ucrania ni siquiera habla con fluidez este argot «ucraniano», que es un poco más importante en la vida urbana normal que el galés en Gales. Solo ver la noticia del Kyiv post que decía hace aproximadamente más de un año “Zelensky quiere saber y hablar mejor ucraniano”

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Al igual que “Sudán del Sur”, la “nación” moderna de “Ucrania” es como las bromas wilsonianas redactada por el Departamento de Estado (EEUU como único país que no coincide etnia-estado que protege a todos los pequeños etnoestados) en su afán por fragmentar naciones, una coincidencia histórica concebida en la colusión de Lenin, Stalin y Alger Hiss para darle al anterior un voto en la ONU, en la muy importante Asamblea General, para cada una de sus provincias—luego dado a luz en una de las borracheras de vodka de Boris Yeltsin. Y Wilhelm II también está en la imagen, de alguna manera. Y fue una gran manera de romper la Unión Soviética.

Una aclaración sobre «Ucrania»: Un caso clásico de extraña invención nacional del siglo XIX».

Quizás una mejor descripción del significado de «Ucrania» es que esta «Ucrania» es, como «Yugoslavia» o «Checoslovaquia», dos países históricamente separados pero lingüísticamente similares unidos por diplomáticos trastornados del siglo XX. Si Putin realmente conoce la historia, esperemos que tenga la sabiduría para separar países artificiales como es Ucrania.

El primer país es Malorossiya, o “Pequeña Rusia”. Malorossiya, que tiene su propia identidad nacional, es y siempre ha sido, desde antes del nacimiento de los EE. UU., tanto una provincia de Rusia como Nueva Inglaterra es un estado estadounidense, como Oviedo es una ciudad española. Su capital es Kiev, que todo educado de la generación X conocía como una de las tres grandes ciudades rusas. Kiev era una ciudad rusa cuando Estados Unidos era el Dominio de Nueva Inglaterra o España mantenía su imperio colonial. Su segunda ciudad es Odessa, otra gran ciudad rusa.

El segundo país en todo esto es Rutenia. La manera fácil de usar esta etiqueta históricamente compleja en el mundo moderno es definirla como el área habitada por hablantes de ruteno, pero que nunca fue parte del Imperio Ruso. Su capital es Lviv, antiguamente conocida como la ciudad polaca de Lwów. Varias partes de Rutenia cambiaron de manos entre Polonia y Austria en varios momentos históricos.

Wikipedia, en su primera oración sobre el «idioma ucraniano», lo llama «ucraniano, históricamente también llamado ruteno». Como estudiantes de historia, preferimos que nuestras etiquetas para países y lenguas no se cambian históricamente por razones políticas, gracias a los diplomáticos, aún cuando wikipedia no es una buena fuente, también apunta ese hecho.

Es fácil ver a partir de los datos que el ruteno en el Imperio Ruso era un idioma del país: el 95% de sus hablantes, en el censo de 1897, se clasifican como «rurales» en lugar de «urbanos», lo que lo convierte, en un argot rústico. Compararlo con «Welsh in Wales» fue divertido, porque también supuso una excavación para recuperar el galés, una tradición anglosajona desde Shakespeare, pero tal vez sería más correcto decir que en Kiev ahora, el ruteno es aproximadamente tan importante como el español en Los Ángeles.

Si alguien te dijera que LA tiene un nombre español y que alguna vez fue parte del Imperio español, estaría diciendo la verdad. Si te dijeran que el 30 % de la población hablaba tanto español como inglés, el 15 % de la población hablaba más español que inglés y el 5 % solo español, podrías pensar que estaban mintiendo un poco. Si te dijeran que Los Ángeles estaba dirigido por hispanohablantes, harías bien en negarte a creerles.

Además, el ruteno en la Galitzia polaca y austríaca tampoco era precisamente una lengua urbana sofisticada. En el curso normal de la historia, los extraños dialectos rurales se extinguen, por muy ilustre que sea su herencia: el idioma se extiende fuera de la metrópolis. Incluso las lenguas rurales más distintivas, tan diferentes de la lengua metropolitana como el gaélico del inglés, el euskera del español o el galés, de cualquiera de las lenguas humanas, tenderán a perecer a medida que la moda las destierre.

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Tratar este dialecto ruteno, por muy extendido que esté entre los mujiks locales (campesinos rurales sin propiedades), como una lengua literaria legítima, es un caso clásico de extraña invención nacional (nacionalismo romántico decimonónico) del siglo XIX. El extenuante ejercicio cultural de elevar algún argot campesino a una importancia sucedánea tiene sentido solo por una razón: para definir la razón de ser para crear un nuevo régimen soberano, es decir de “construir una nación”.

Dado que las homilías diplomáticas de los siglos XIX y XX a veces generaron más problemas que soluciones al respecto el artificialismo de algunos países, artificialismo especialmente en los EEUU, pero que se negó en su propio caso (como único imperio universal posible), decretaron que cada lengua debería tener un régimen o Estado, cualquiera que pudiera definir una lengua podía crear un país, con su derecho a “autodeterminación.» Esta regla nos dio Yugoslavia (mayoritariamente serbocroata), Checoslovaquia con un continuum dialectal entre el eslovaco y  entre ambos), etc. Claramente parecía una buena idea en ese momento.

Invadir esta “Ucrania”, pero detenerse en la frontera de 1914 de la Rusia imperial, sería un movimiento pragmático e increíblemente fundamentado por parte de Putin. El resto de Rutenia se llenaría rápidamente con el resto de los que pertenecen a esa parte de la Ucrania Occidental o Rutenia.

La situación actual:

Ahora, recién adornado con sus laureles de ganancia de función y bañado con confeti después de la victoria de Afganistán, el Gobierno de los EE. la década de 1990, de Kaiser (que apoyó la creación de un Estado tapón «ucraniano»,, Bill de Alger Hiss (que fue asesor de Yelstin) y Boris Yeltsin (que defendió la idea de nación rusa frente a la URSS, más sobre esto en la publicación que subimos el otro día sobre la disolución de esta).

El problema de los Estados Unidos y de Europa con esto es que si tenemos un perro nuestro en esta pelea, entonces todos los perros son nuestros. Sin embargo, afirmo que no todos los perros son nuestros. Sin embargo, mi duda de que todos los perros son nuestros, o incluso por mi creencia de que no deberíamos tener ningún perro se extiende en este tipo de situaciones.

De hecho, creo que si Estados Unidos o cualquier país de la OTAN pudiera decidir que no tenemos perros en ninguna pelea además de la nuestra (¿y quién pelearía contra nosotros, sino para pelear con nuestros perros?), este “mundo sin aliados” resultaría superior no solo para todos los europeos y estadounidenses, sino también para todos. Los perros deben ser libres para correr y jugar, no deben estar encadenados todo el día, y el derecho a hacer la guerra es el atributo más fundamental de la soberanía nacional (según la doctrina clausewitziana). En nuestro estado neowestfaliano frente al sistema liberal , no hay estados títeres ni países falsos; cada nación es independiente: existe por su propia fuerza. Si eso falla, desaparece dicha nación.

Bueno, un hombre como yo puede soñar con esto. Pero este aislacionismo y apunte teórico o de principios es solo una forma de despejar la cuestión de qué debería suceder realmente aquí. Hagamos zoom y analicemos la situación desde la perspectiva de ambos jugadores. Tal vez haya un plan de cooperación en el que todos ganen.

La situación desde la perspectiva de Putin.

Juzgándolo desde la perspectiva de Putin, el Anschluss de Ucrania es una gran idea. Sin embargo, el problema con Putin es que sus grandes ideas sólo lo son en abstracto; de alguna manera, nunca alcanza la grandeza en lo concreto. Por ejemplo: ¿por qué Crimea, una de las joyas inmobiliarias del mundo, no está salpicada de ciudades chárter llenas de nómadas globales? Crimea podría ser como California, pero con policía. En cambio, hasta donde yo sé, es un remanso medio en ruinas gobernado por un matón local de poca monta.

Parece importante advertir a este discurso que si Putin se anexiona Ucrania, esto probablemente no será bueno para Ucrania, ni a largo ni a corto plazo. Pero debería serlo. Dado que este es un ensayo sobre la teoría de la política exterior, en lugar de una especie de baño de lengua patrocinado por Moscú, imaginemos un Putin abstracto e ideal. Invadir Ucrania probablemente será bastante bueno tanto para los Putin reales como para los ideales.

El Putin real fortalecerá su imagen como restaurador de la Gran Rusia y reafirmará su posición de poder interno. Las sanciones contra Rusia no dañarán su negocio como exportador de energía con excedente comercial porque tendrá alguien siempre que lo compre; la dañarán a oposición occidentalizada de Putin. (Imagínese si Rusia exigiera oro para su gas natural). El Putin ideal convertiría a Ucrania en una joya perfectamente gobernada de la nueva Europa Central post-estadounidense y post-liberal, si bien parece desafortunado que esto suceda, dé un paseo por Moscú y verá que en general es casi como cualquier ciudad europea.

La situación desde la perspectiva de Trump respecto a la de Biden.

¿Qué hay para los estadounidenses? ¿Qué hay de EEUU en todo esto? Pero, a menos que uno de estos saurios (personas mayores) se desplome fortuitamente, nos dirigimos directamente a un Biden-Trump 2024. No necesitamos mencionar al Trump real, obviamente no conozco al Trump real, pero ¿qué haría el ideal?

Si Trump triunfante regresa al cargo en 2024, su primer objetivo no debe ser usar el poder, sino tomar el poder, hacer crecer el alcance de su cargo mediante una acción. Y el escenario adecuado para esta acción es la política exterior. El objetivo de Trump es expandir su poder en lugar de obtener resultados, porque los resultados son ingresos y el poder es capital. En lugar de pescar con las manos, fabrica una caña de pescar. La acción crea poder porque la acción crea precedentes. Si Trump puede actuar en una escala en la que ningún presidente en la memoria viva se ha atrevido a actuar, sus enemigos se sentirán intimidados y asustados; sus fans estarán entusiasmados y envalentonados; y le resultará más fácil no solo obtener resultados, sino también tomar aún más poder. La victoria crea más victoria, y no existe tal cosa como demasiado poder.

Por supuesto, si estas acciones son extrañas, imprudentes y perjudiciales para los objetivos de Estados Unidos, se vuelven contraproducentes en lugar de productivas. Lo que Trump necesita no son solo acciones enormes, sino victorias, tan pronto como sea posible, tan grandes como sea posible. Y esas victorias deben pisotear las creencias y suposiciones más sinceras de sus enemigos en el estado administrativo, y luego demostrar su valía con un éxito palpable.

Es mucho más fácil para un nuevo presidente hacer valer su derecho constitucional a controlar el poder ejecutivo controlando la política exterior, ya que la política exterior, por definición, no tiene un objetivo totalmente nacional. El derecho del presidente, como jefe ejecutivo del poder ejecutivo, a dictar el presupuesto, la política y el personal de ese poder, es más claro en la diplomacia y la defensa en el exterior.

Por lo tanto, Trump necesita una victoria dramática en política exterior que sea palpablemente buena para Estados Unidos , pero que solo se puede lograr aniquilando alguna red de poder dentro de la llamada “rama ejecutiva”. Idealmente, la victoria de la política es tan completa que ninguna organización puede permanecer plausiblemente; el problema simplemente desaparece. Aclarar, sin embargo, que me centro en Trump dado que Biden ya ha dejado más o menos clara una postura bastante conservadora respecto a lo que sería la política exterior americana en Europa.

El objetivo de la política exterior de EE. UU. en Europa.

Bajo nuestra hipotética la administración de Trump, el objetivo de la política exterior de EE. UU. en Europa es influir en la política interna de Estados Unidos. No existen objetivos realistas de política exterior estadounidense, en el sentido habitual, para Europa. Los objetivos realistas de la política exterior son militares o económicos. Europa no es una amenaza militar para los Estados Unidos de ninguna manera. Europa tiene un superávit comercial con los EE. UU., lo que significa que cortar el comercio con Europa, por definición, haría crecer la economía de los EE. UU.

Más bien, bajo la administración de Trump, el objetivo de la política exterior de EE. UU. en Europa es impactar interno en Estados Unidos. Por ejemplo, la caída de Afganistán liquidó las estructuras organizativas dentro del Estado y el Departamento de Defensa que apoyaban a este caótico estado títere. Estas estructuras son resistentes, pero no pueden sobrevivir al final de su propósito (la desaparición del títere en cuestión).

La liquidación de “Ucrania”, comediantes-presidentes, magnates petroquímicos y todo, será un enorme golpe tanto para el Estado como para la Defensa. Sugerirá a todos los demás estados clientes del Departamento de Estado que Washington ya no puede garantizar su «soberanía», ya sea por la diplomacia o por la fuerza.

¿Darle a Rusia mano libre en el continente?

Pensar solo en términos de “el Texas de Rusia” es pensar demasiado pequeño. Más bien, Trump debería darle a Rusia carta blanca no solo en los territorios de habla rusa, sino hasta el Canal de la Mancha.

El objetivo de una política exterior trumpista ideal en Europa es retirar la influencia estadounidense de Europa. Esto garantizará la derrota del liberalismo en el Continente. Aquí en Estados Unidos, esto demostrará a liberales y conservadores por igual que el liberalismo es mortal, con efectos gigantescos en la moral de ambos. Y como dijo Clausewitz, todos los conflictos son principalmente sobre la moral. Las ideas liberales no son autóctonas de la región. Son ideas angloamericanas. Llegaron arrastrados por una marea de dinero, moda y bombas. ¿Y qué nación ha hecho más y mejor trabajo, en los últimos dos siglos, para derrotar al liberalismo en Europa? Mientras que los alemanes en el siglo XX pueden haberlo intentado, los rusos en el siglo XIX tuvieron éxito.

Rusia derrotó al dictador revolucionario Bonaparte. Los cascos del caballo cosaco resonaron sobre los adoquines de París. Rusia fundó la Santa Alianza y ancló la Liga de los Tres Emperadores, dedicada a la reacción europea de tintes más negros. Las tropas rusas sofocaron la revolución de 1848 y liberaron a Hungría de la tiranía liberal. La recompensa de Rusia por esto fue la loca agresión franco-británica de la guerra de Crimea, una encarnación temprana y desquiciada del imperialismo liberal del siglo XX.

Ahora es el destino de Rusia volver a restaurar el orden en Europa, aunque Rusia no tiene poder solo para eso, debería buscar replantear el escenario europeo de seguridad. Sin embargo, dado que Estados Unidos es más fuerte que Rusia, nuestro hipotético Trump debe hacerle saber a Putin que está bien hacerlo. Solo hay una forma de enviar este mensaje de manera inequívoca: retirarse de Europa.

Política para el Trump ideal.

Ordenará la retirada de todas las fuerzas y diplomáticos estadounidenses, todas las bases, embajadas y consulados, del continente europeo. Cualquier conversación diplomática, si aún es necesaria, puede manejarse por correo electrónico o zoom. Si estas instalaciones no existieran, nadie las inventaría. En su propósito nominal, la comunicación entre pares entre gobiernos soberanos, son anacrónicos. En su propósito real, la supervisión cliente-servidor de los gobiernos satélite, son detestables. Al retirar a todo el personal estadounidense estacionado en Europa, Trump no está abandonando Europa, la está liberando de ser títeres, les retira la estructura que sostiene a Europa. Algo como lo de Gorbachov que liberó el Pacto de Varsovia.

La nueva condición de Europa es que no necesita responder ante América por su forma de gobierno. Quienquiera que gobierne Francia es el gobierno de Francia; el gobierno de jure es el gobierno de facto. Como dijo el presidente Monroe hace 200 años: La política con respecto a Europa estadounidense es no interferir en los asuntos internos de ninguna de sus potencias; considerar al gobierno de facto como el gobierno legítimo para nosotros; cultivar relaciones amistosas entre EEUU y Europa y preservar esas relaciones mediante una política franca, firme, respondiendo en todos los casos a las justas demandas de cada poder, sin someterse a las injurias de ninguno.

Será mejor que Francia no se meta con nosotros. Pero ya sea que el régimen en Francia sea democrático, nacionalista, sea fascista, comunista, monárquico, estará bien comprar su vino. 

Política para el Putin ideal.

Sí tiene las manos libres en Europa, Putin ni siquiera necesitará usarlas. No habrá ejércitos de tanques arrasando euros, al estilo de los juegos de guerra de 1976. Incluso un corte de gas en invierno sería irremediablemente de mano dura. ¿Estados Unidos invadió el Pacto de Varsovia en 1989? No era necesario, era el centro de gravedad obvio de Rusia simplemente necesitó brindar respaldo y apoyo a los regímenes pro-estadounidenses que surgirán naturalmente cuando se retire la influencia Soviética.

Hay casos como el ejército francés, que ya fantasea con un golpe tal y como afirmaban los medios hace meses, se dará cuenta rápidamente de que nada en absoluto impide ese golpe, o incluso requiere que la junta resultante sea temporal. Cualquier régimen de cualquier tipo podría justificarse simplemente restaurando la seguridad pública urbana: calles seguras y limpias sin áreas prohibidas. Nadie que haya vivido el período democrático tardío olvidaría la diferencia, o la locura de dar por sentado el viejo mundo. Imagínese pensar en la miseria urbana y la decadencia al estilo de 2022 como «normal».

Muchas de las acciones de Putin parecen estar dirigidas a reforzar su autoridad interna. Esto es muy débil según los estándares históricos, ya que Putin no es de hecho un zar: tiene que pretender ser un político democrático electo bajo el estado de derecho. Esta concesión es su propia rendición, y la rendición de su país, al gobierno global de la democracia, que es, o fue, el gobierno global de Angloamérica. Pero eso fue entonces y esto es ahora: Estados Unidos se ha retirado de Europa. (Sin incluir a Gran Bretaña).

De ello se deduce que, así como la vieja Europa de posguerra era un laboratorio de democracia, la nueva Europa ideal posterior a Trump debe convertirse en un laboratorio de reacción contra el liberalismo. Una vez que Putin tenga las manos libres en el continente, todas las viejas naciones europeas encontrarán una garra de ayuda para restaurar una forma de gobierno natural a ellos: cuanto más autocrático (o no) más legítimo.

El problema fundamental del régimen de Putin es cómo expandir su poder personal tanto en profundidad como en tiempo. En el fondo, debe ser más autocrático, más capaz de mandar personalmente todo en todas partes. Con el tiempo, su régimen debe durar no sólo toda su vida, sino mucho más allá incluso de su vida. La ilegitimidad de las dictaduras del siglo XX es una mancha negra en la autocracia, porque contradice la autocracia. Una autocracia temporal tiene inestabilidad incorporada. Dado que el dictador de otra falsa nación postsoviética, Lukashenko, debe pretender ser un político electo, nadie puede estar seguro de lo que sucederá cuando Lukashenko muera. Aquí hay debilidad en el más fuerte de los regímenes, bajo el más fuerte de los hombres fuertes.

Por lo tanto, el interés de Putin en ocupar Europa es probar el futuro de Rusia como una autocracia legítima, en otras palabras, una monarquía absoluta al estilo zarista u otro sistema de sucesión que no genere una destrucción del propio sistema. Dado que todos los países europeos fueron en algún momento una monarquía, y dado que el concepto de violencia de masas, guerra de guerrillas, etc., en la Europa moderna, es cómico y fomenta una serie de experimentos, monarquía y autocracia, experimentos cuyos resultados pueden aplicarse en Rusia misma parece el movimiento obvio.

Existe cierto peligro para Rusia en la restauración real de la vitalidad de la vieja Europa. Rara vez Rusia ha podido competir libra por libra con Francia o Alemania. Pero considerando el estado actual de esas naciones, pasarán muchos años antes de que esto sea una preocupación seria.

La idea de individuo e identidad como fundante de los desórdenes morales contemporáneos.

La identidad tal y como la entendemos es falsa. Locke inventó la idea de «identidad». La identidad sólo emerge dentro de la esfera pública de la democracia liberal como algo opuesto al yo privado-doméstico.  Es una apariencia del yo, una falsificación. Si algo define a la idea de individuo libeal, es la separación o la afirmación de la identidad respecto al yo.

La expresión/tradición cultural tiene una base material en las realidades históricas, la identidad no. Cambia según el capricho de la persona porque existe sólo como una extensión del yo (que está en constante cambio), este es uno de los problemas de la idea ilustrada de que le confiere al individuo agencia moral (según Alsadir Mcintrye), con la diferencia de que se trata de definir dicha identidad en términos racionalistas, para luego crear «derechos subjetivos» como producto de ellos.

Una vez entendido esto, nos es posible entender también el lugar clave que tienen los tres conceptos en el esquema moral propiamente moderno, el de derechos, el de protesta y el de desenmascaramiento.  Rápidamente sabréis a lo que me refiero: Por «derechos» no me refiero a los derechos conferidos por la ley positiva o la costumbre a determinadas clases de personas; quiero decir aquellos derechos que se dicen pertenecientes al ser humano como tal (como si el individuo existiera antes que la sociedad, aún cuando el individuo es también una creación moderna) y que se mencionan como razón para postular que la gente no debe interferir con ellos y su búsqueda de la vida, la libertad y la felicidad.

La idea de la identidad brota de estos conceptos ilustrados, que reorganizados bajo una idea subjetivista de la identidad individual (abstracción sobre abstracción), se han puesto en el centro del panorama de los políticos occidentales. Todo esto como es lógico no podría haber surgido en una sociedad sin los desórdenes morales que hemos sufrido los occidentales, donde se ha perdido la conexión entre autoridad moral (sea humana o escrita) e individuo (concepto también creado por la ilustración).

Son los derechos que en el siglo XVIII fueron proclamados derechos naturales o derechos del hombre. En ese siglo fueron definidos característicamente de modo negativo, precisamente como derechos con los que no se debe interferir. Pero, a veces, en ese mismo siglo y mucho más a menudo en el nuestro, derechos positivos (ejemplos son los derechos a la promoción, la educación o el empleo) se han añadido a la lista. 

La expresión «derechos humanos» es ahora más corriente que cualquier otra expresión dieciochesca (del siglo XVIII). Sin embargo, y de cualquier modo, positivo o negativo, que se invoquen, se sobreentiende que atañen por igual a cualquier individuo, cualquiera que sea su sexo, raza, religión y poco o mucho talento, y que proveen de fundamento a multitud de opciones morales concretas. La mejor razón para afirmar de un modo tan tajante que no existen tales derechos, es precisamente del mismo tipo que la mejor que tenemos para afirmar que no hay brujas, o la mejor razón que poseemos para afirmar que no hay unicornios: el fracaso de todos los intentos de dar buenas razones para creer que tales derechos existan naturalmente (sin autoridad que los cree, en este caso el soberano que los garantiza). 

En la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos de 1949, la práctica de no dar ninguna buena razón para aseveración alguna, que se ha convertido en normal para las Naciones Unidas, se sigue con gran rigor. La existencia de tales derechos no puede ser demostrada, pero en este punto subraya simplemente que el hecho de que una declaración no pueda ser demostrada no implica necesariamente el que no sea verdadera. Lo que es cierto, pero podría servir igualmente para defender presunciones sobre los unicornios y las brujas. Los defensores filosóficos dieciochescos de los derechos naturales a veces sugieren que las afirmaciones que plantean que el hombre los posee son verdades axiomáticas; pero sabemos que las verdades axiomáticas no existen. Los filósofos morales del siglo XX han apelado en ocasiones a sus intuiciones, aunque esto siempre ha generado argumentos que parecen puros psicologismos que van muy conectados con esa idea de identidad.

El concepto de derechos fue generado para servir a un conjunto de propósitos, como parte de la invención social del agente moral autónomo; el concepto de utilidad se diseñó para un conjunto de propósitos completamente diferente. Y ambos se elaboraron en una situación en que se requerían artefactos sustitutivos de los conceptos de una moral más antigua y tradicional, sustitutivos que aparentaban un carácter radicalmente innovador e incluso iban a dar la apariencia de poner en acto sus nuevas funciones sociales. De ahí que cuando la pretensión de invocar derechos combate contra pretensiones que apelan a la utilidad o cuando alguna de ellas o ambas combaten contra pretensiones basadas en algún concepto tradicional, no es sorprendente que no haya modo racional de decidir a qué tipo de pretensión hay que dar prioridad o cómo sopesar las unas frente a las otras. La inconmensurabilidad moral es ella misma producto de una peculiar conjunción histórica.

Esto nos proporciona un dato importante para entender la política de las sociedades modernas. La cultura del individualismo burocrático weberiano resulta ser un debate político característicamente abierto entre un individualismo que sienta sus

pretensiones en términos de derechos y formas de organización que hacen creer que estos son una realidad, obviamente bajo una forma ficticia que tiene una serie de derechos garantizados por el poder y la burocracia estatal (aún cuando existen gracias a esta y no en ausencia de ella, ahí su desmitificación como pura voluntad derivada del individualismo burocrático y sus conceptos universales y naturales al individuo).

Las formas inacabables del debate moral contemporáneo, se producen por la interminabilidad de dichos debates como consecuencia de ser cierta una versión modificada de la teoría emotivista sobre el juicio moral que apela al individuo y a su identidad ficticia.

Así, el punto terminal de la justificación siempre es, desde esta perspectiva, una elección que ya no puede justificarse, una elección no guiada por criterios.  Cada individuo, implícita o explícitamente, tiene que adoptar sus primeros principios sobre la base de una tal elección. El recurso a un principio universal es, a la postre, expresión de las preferencias de una voluntad individual y para esa voluntad sus principios tienen y sólo pueden tener la autoridad que ella misma decide conferirles al adoptarlos. Con lo que nos hemos aventajado en gran cosa a los emotivistas, a fin de cuentas.

Esta concepción de la vida humana completa como sujeto primario de una valoración impersonal y objetiva, de un tipo de valoración que aporta el contenido que permite juzgar las acciones y proyectos particulares de un individuo dado, deja de ser generalmente practicable en algún punto del progreso —si podemos llamarlo así— hacia y en la modernidad. Esto ha pasado hasta cierto punto desapercibido porque históricamente se considera por la mayoría no como una pérdida, sino como una ganancia de la que congratularse viendo en ella, por una parte, la emergencia del individuo libre de las ligaduras sociales, de esas jerarquías constrictivas que el mundo moderno rechazó a la hora de nacer, y por otra parte liberado de lo que la modernidad ha tenido por supersticiones de las sociedades europeas pretéritas.

En muchas sociedades tradicionales premodernas, se considera que el individuo se identifica a sí mismo y es identificado por los demás a través de su pertenencia a una multiplicidad de grupos sociales. Soy hermano, primo, nieto, miembro de tal familia, pueblo, tribu, comunidad. No son características que pertenezcan a los seres humanos accidentalmente, ni de las que debían despojarse para descubrir el «yo real». 

Son parte de mi substancia, definen parcial y en ocasiones completamente mis obligaciones y deberes. Los individuos heredan un lugar concreto dentro de un conjunto interconectado de relaciones sociales; a falta de este lugar no son nadie, o como mucho un forastero o un sin casta. Conocerse como persona social no es, sin embargo, ocupar una posición fija y estática. Es encontrarse situado en cierto punto de un viaje con estaciones prefijadas; moverse en la vida es avanzar —o no conseguir avanzar— hacia un fin dado. Así, una vida terminada y plena es un logro y la muerte el punto en que cada uno puede ser juzgado feliz o infeliz. De aquí el viejo proverbio griego «Nadie puede ser llamado feliz hasta que haya muerto».

Esta concepción de la vida humana completa como sujeto primario de una valoración impersonal y objetiva, de un tipo de valoración que aporta el contenido que permite juzgar las acciones y proyectos particulares de un individuo dado, deja de ser generalmente practicable en algún punto del progreso —si podemos llamarlo así— hacia y en la modernidad. Al decir esto, por supuesto, vale la pena observar que el yo peculiarmente moderno, el yo emotivista, cuando alcanzó la soberanía en su propio dominio bajo las identidades y soberanía individual, que realmente está condicionada por el individualismo burocrático que realmente gobierna mediante instituciones la sociedad, haciéndolo todo más confuso, se perdió los límites tradicionales que una identidad social y un proyecto de vida humana ordenado a un fin dado que le habían proporcionado.  


Sin embargo, necesitamos recordar también que si el yo (y su identidad ficticia) se separa decisivamente de los modos heredados de teoría y práctica en el curso de una historia única y singular, lo hace en una variedad de maneras y con una complejidad que sería empobrecedor ignorar. Cuando se inventó el yo distintivamente moderno, su invención requirió no sólo una situación social bastante novedosa, sino también su definición a través de conceptos y creencias diversos y no siempre coherentes. Lo que entonces se inventó en este punto fue la idea de individuo, una idea moderna sobre la que se construye (a pesar de ser una ficción) buena parte de las ideas políticas de nuestro presente en marcha, siendo la principal, como indique el otro día la idea en la publicación “¿La izquierda es hipercapitalista?” Valores de izquierda como autonomía, libertad e igualdad están agravando el desarraigo social.” enlazándose perfectamente dichos desórdenes morales contemporáneos con los mitos que fundan las políticas públicas en nuestro presente actual

Las Autocracias frente a las Democracias: Desafíos de Rusia y China en la posguerra ruso-ucraniana.

La guerra ruso-ucraniana es uno de los conflictos geopolíticos más grandes desde la Segunda Guerra Mundial y tendrá consecuencias globales mucho mayores que los ataques del 11 de septiembre. En este momento crítico, China necesita analizar y evaluar con precisión la dirección de la guerra y su impacto potencial en el panorama internacional.  Al mismo tiempo, para luchar por un entorno externo relativamente favorable, China necesita responder con flexibilidad y tomar decisiones estratégicas que se ajusten a sus intereses a largo plazo.

 La ‘operación militar especial’ de Rusia contra Ucrania ha causado gran polémica en China, con eventual y opositores divididos en dos bandos implacablemente enfrentados.  Este artículo no defiende a ninguna de las partes y, para mí juicio y referencia únicamente importa analizar la toma de decisiones en China, intentando durante este realizar un análisis objetivo sobre las posibles consecuencias de la guerra junto con sus correspondientes opciones de contramedidas.

 I. Predecir el futuro de la guerra ruso-ucraniana:

1. Es posible que Vladimir Putin no pueda lograr los objetivos esperados, lo que pone a Rusia en una situación difícil.  El propósito del ataque de Putin fue resolver por completo el problema ucraniano y desviar la atención de la crisis interna de Rusia al derrotar a Ucrania con una guerra relámpago, reemplazando el liderazgo occidentalista y sustituirlo por un gobierno pro-ruso.  Sin embargo, la guerra relámpago fracasó y Rusia no puede soportar una guerra prolongada y los altos costos asociados sin poner más que los 200.000 soldados que a lo sumo tiene desplegados en contra de un número equivalente o ligeramente inferior (aún cuando la regla de oro es que cuando uno ataca la proporción debe ser 3 a 1 en favor del atacante). Lanzar una guerra nuclear tendría a Rusia en el lado opuesto del mundo entero y, por lo tanto, es imposible de ganar. Las situaciones tanto en casa como en el extranjero también son cuánto más tiempo pase más difíciles para Rusia.  Incluso si el ejército ruso ocuparía la capital de Ucrania, Kiev, y establecería un gobierno títere a un alto costo, esto no significaría la victoria final.  En este punto, la mejor opción de Putin es terminar la guerra decentemente a través de conversaciones de paz, que obliga a Ucrania a hacer concesiones sustanciales y delimitar zonas de influencia y un Estado colchón en Ucrania Occidental.  Sin embargo, lo que no es alcanzable en el campo de batalla también es difícil de obtener en la mesa de negociación.  En todo caso, esta acción militar constituye una serie de consecuencias imprevisibles que no podemos ni llegar a dilucidar. 

 2. El conflicto puede escalar aún más y no se puede descartar la eventual participación de Occidente en la guerra más activamente. Si bien la escalada de la guerra sería costosa para este a corto plazo, existe una alta probabilidad de que Putin no se dé por vencido fácilmente dado su carácter y poder. La guerra ruso-ucraniana puede escalar más allá del alcance y la región de Ucrania, e incluso puede incluir la posibilidad de un ataque nuclear, aún cuando este tipo de medidas son solo de disuasión. Una vez que esto sucede, EE.UU. y Europa no pueden permanecer al margen del conflicto, desencadenando así una guerra mundial o incluso una guerra nuclear.  El resultado sería una catástrofe para la humanidad y un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia. Este enfrentamiento final, dado que el poderío militar de Rusia no es rival para el de la OTAN, sería aún peor para Putin que únicamente está haciendo una política de control de daños, es decir, está atacando para mantenerse estratégicamente a la defensiva.

 3. Incluso si Rusia logra apoderarse de Ucrania entera y provocar una anexión (plan de máximos) en una apuesta desesperada, sigue siendo una patata caliente a nivel económico. A partir de entonces, Rusia llevaría una pesada carga y se vería abrumada. En tales circunstancias, sin importar si Volodymyr Zelensky está vivo o no, lo más probable es que Ucrania establezca un gobierno en el exilio para enfrentar a Rusia a largo plazo.  Rusia estará sujeta tanto a las sanciones occidentales como a la rebelión dentro del territorio de Ucrania, aún cuando esta por la demografía y la experiencia rusa en contrainsurgencia sea encomiable.  Las líneas de batalla serán muy largas. La economía doméstica rusa será perjudicada si tiene dificultades para exportar al mundo materias primas, más aun suponiendo que tuviera que anexar toda Ucrania y construir estructuras administrativas en el país europeo.  Este período excederá de algunos años y le dará beneficios a largo plazo, aún al ser dicho plan de máximos el más doloroso a corto plazo.

 4. La situación política en Rusia puede cambiar o desintegrarse a manos de Occidente. Después del fracaso de la guerra relámpago de Putin, la esperanza de la victoria de Rusia depende del tiempo y de la cantidad de bajas que este dispuesta a soportar sumado a la cantidad de destrucción de las zonas que luego tendrá que mantener, las sanciones occidentales han alcanzado un grado sin precedentes, aún cuando exista un desacople con Occidente. A medida que los medios de vida de las personas se ven gravemente afectados y las fuerzas contrarias a la guerra y contra Putin se reúnen, no se puede descartar la posibilidad de un motín político en Rusia, sin embargo, al occidente eliminar los medios de comunicación y plataformas que ellos controlan, seguramente esto resulte ventajoso para el gobierno ruso dado que será menos susceptible a la guerra informativa occidental.  Con la economía de Rusia al borde del colapso, sería difícil para Putin apuntalar la peligrosa situación incluso sin la pérdida de la guerra ruso-ucraniana.  Si Putin fuera expulsado del poder debido a una guerra civil, un golpe de estado u otra razón, sería aún menos probable que Rusia se enfrentara a Occidente temporalmente, con la excepción de la posibilidad de que tomara el poder una facción de nacionalismo duro/euroasianista/paneslavista, sin embargo, este escenario es muy improbable aunque supondría o seguramente sucumbir ante Occidente en el peor de los casos para ellos o detener la política exterior defensiva de control de daños en el espacio post-soviético en una política más agresiva (en el caso nacionalista/euroasianista/paneslavista).

 II.  Análisis del impacto de la guerra ruso-ucraniana en el panorama internacional:

 1. Estados Unidos mantendría e liderazgo en el mundo occidental y Occidente se vuelve una unidad política más clara.  En la actualidad, la opinión pública cree que la guerra de Ucrania significa un colapso total de la hegemonía de los EE.UU., pero la guerra de hecho traería a Francia y Alemania, que querían separarse de los EE.  UU bajo la idea de proyecto europeo, de vuelta al marco de defensa de la OTAN, destruyendo el sueño de una idea de Europa unida dispuesta a lograr la diplomacia independiente y la autodefensa.  Alemania aumentaría mucho su presupuesto militar;  Suiza, Suecia y otros países abandonarían su neutralidad. Con Nord Stream 2 suspendida indefinidamente, la dependencia de Europa del gas natural estadounidense en perjuicio nuestro sería el escenario más posible inevitablemente.  Estados Unidos y Europa formarían una comunidad más estrecha de futuro compartido y el liderazgo estadounidense en el mundo occidental se recuperaría.

 2. El “telón de acero” volvería a caer no solo desde el Mar Báltico hasta el Mar Negro, sino también hasta el enfrentamiento final entre el campo dominado por Occidente y sus competidores. Occidente trazaría la línea entre democracias y estados autoritarios, definiendo la división con Rusia como una lucha entre democracia y dictadura/autocracia.  El nuevo Telón de Acero ya no se dibujará entre los dos campos del socialismo y el capitalismo, ni se limitará a las formas de la Guerra Fría.  Será una batalla a vida o muerte entre los que están a favor y en contra de la democracia occidental (algo que parece tener bastantes precedentes). La unidad del mundo occidental bajo el Telón de Acero tendrá un efecto importante en otros países: la estrategia del Indo-Pacífico de EE. UU.  se consolidará y otros países como Japón se acercarán aún más a EE. UU., lo que formará una unidad democrática amplia sin precedentes, que ya era real pero no formal.

 3. El poder militar de Occidente, especialmente en Europa crecerá significativamente, la OTAN seguirá expandiéndose dentro de lo posible (lo que le permitan sus rivales) y la influencia de Estados Unidos en el mundo no occidental se perderá en beneficio de China que tratará eventualmente de parar ese avance.  Después de la Guerra Ruso-Ucraniana, no importa cómo Rusia logre su posguerra ya que en gran medida a las fuerzas antioccidentales en el mundo se encontrarán en un entorno de mayor polarización entre bloques. La escena posterior a los levantamientos soviéticos y orientales de 1991 puede repetirse: pueden reaparecer teorías sobre “el fin de la ideología” y otras teorías del fin de la historia occidentalistas, los gobiernos indecisos entre una u otra facción (autocracias/democracias) sufrirán obviamente más presiones que hasta ahora. Occidente poseerá más “hegemonía” tanto en términos de poder militar por disuasión respecto a las autocracias como en términos de valores e instituciones, el aumento del poder duro y su insistente poder blando alcanzarán niveles superiores bajo la idea de un dilema de seguridad polarizado. 

 4. China tendrá el riesgo de estar más aislada bajo el marco establecido. Por las razones anteriores, si China no toma medidas proactivas para responder, se encontrará en un entorno de una mayor contención e intentos de avance por parte de EE. UU. y Occidente. En ese sentido el escenario es que en ningún caso Putin caiga, esto le interesa China, ya que en ese escenario EEUU no se enfrentará a dos competidores estratégicos, sino que solo tendrá que encerrar a China en una contención estratégica.  Europa se aislará aún más de China;  Japón se transformó en la vanguardia contra China;  Corea del Sur será asegurada y Taiwán tratará de unirse al coro anti-China (bajo el conato de invasión China), el resto del mundo tendrá que elegir bando bajo la mentalidad de rebaño, aunque seguramente algunas de las potencias regionales podrán mantener mantener su independencia. China no solo estará rodeada militarmente por los EE.  UU., la OTAN,y el AUKUS, sino que también será desafiada por los valores y sistemas occidentales.

III: La elección estratégica de China:

1. China bajo la idea occidental de seguridad no puede estar atada a Putin y debe ser aislada lo antes posible, esa es la principal hipótesis angloeuropea.  En este sentido una escalada del conflicto entre Rusia y Occidente ayuda a desviar la atención estadounidense de China, China debería alegrarse e incluso apoyar a Putin, pero solo porque le impide jerarquizar a EEUU en Asia-Pácifico, de ahí a que un apoyo económico chino sea plausible en la posguerra.  Estar en el mismo barco que Putin afectará a las decisiones futuras de China en caso de que pierda el poder ya que esto podría ser catastrófico al ser aislada en su frontera norte. A menos que Putin pueda asegurar la victoria con el respaldo de China, una perspectiva que parece sombría dado que las guerras siempre trastocan la política doméstica.

Ante esta situación y complicado puzzle la ley de la política internacional dice que “no hay aliados eternos ni enemigos perpetuos”, sino que “nuestros intereses son eternos y perpetuos”.  En las circunstancias internacionales actuales, China solo puede proceder salvaguardando sus propios intereses, eligiendo el menor de los dos males y descargando la carga (tal y como ya está haciendo) en Rusia lo antes posible.  China en este sentido debe actuar con decisión si quiere disputar el papel de superpotencia planetaria contra EEUU.

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 2. China debe evitar jugar con ambos bandos al mismo tiempo, esto puede parecer un deseo parcial de quién os escribe, pero no dejar de ser neutral le hará actuar más tarde de lo que quizás es necesario para el gigante asiatico. En la actualidad, China ha tratado de no ofender a ninguna de las partes y caminó por un término medio en sus declaraciones y elecciones internacionales, incluida la abstención en las votaciones del Consejo de Seguridad de la ONU y la Asamblea General de la ONU.  Sin embargo, esta posición no satisface las necesidades de Rusia, y ha enfurecido a Ucrania y sus seguidores, así como a sus simpatizantes, poniendo a China en una situación complicada entre la política de las grandes potencias la cuál es necesariamente polarizada y dicotómica. En algunos casos, la neutralidad aparente es una opción sensata, pero no se aplica a esta guerra, donde China no tiene nada que ganar. Dado que China siempre ha defendido el respeto por la soberanía nacional y la integridad territorial especialmente en el siglo de las lamentaciones como un arma para rechazar el imperialismo japonés y occidental en sus fronteras, esto genera una situación novedosa ideológicamente hablando para la dirección del Partido Comunista chino.

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 3. China debe lograr el mayor avance estratégico posible y no quedarse más aislado por Occidente antes que se den cuenta que el frente europeo no es tan relevante (realismo ofensivo). Blindar la posibilidad de una Rusia hostil, mientras se muestra abierto a mantener su sistema de exportaciones masivo ayudará a construir un entorno en el que pueda mantener su hegemonía. Aunque es difícil y requiere mucha sabiduría, es la mejor opción para el futuro.  La opinión de que una disputa geopolítica en Europa desencadenada por la guerra en Ucrania retrasará significativamente el cambio estratégico de EE.UU.  de Europa a la región del Indo-Pacífico no puede tratarse con un optimismo excesivo aunque tampoco de puede despreciar. Ya hay voces en los EE.UU. de que Europa es importante, pero China lo es más, y el objetivo principal de los EE.UU. es evitar que China se convierta en la potencia dominante en la región del Indo-Pacífico.  Bajo tales circunstancias, la principal prioridad de China es hacer los ajustes estratégicos apropiados en consecuencia, contener las acciones estadounidenses hostiles hacia China y salvarse del aislamiento. El resultado final es evitar que Estados Unidos y Occidente impongan sanciones conjuntas a China antes que esta pueda ganar todo el espacio posible (en términos de Carl Schmitt el fin de la geopolítica).

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 4. China sin embargo debe evitar el estallido de guerras de gran tamaño que perjudican a su sector exportador y a sus crecientes demandas energéticas, que son, como es lógico susceptibles a recientemente a las fuerzas estratégicas de Rusia que retiran combustibles fósiles y materias primas del mercado internacional para presionar las economías occidentales europeas. Esto puede ser evitado por China por tratos bilaterales en temas de energía y materias primas con los principales países productores, aún cuando el efecto de sacar oferta del mercado internacional de Rusia genere un alza en los precios que no interesa a China Para demostrar el papel de China como una gran potencia responsable, China debe bascular esto, el apoyar a Putin para cubrir el flanco norte, sino que también debe tomar medidas concretas para evitar las posibles aventuras de Putin que perjudiquen a China.  China es el único país del mundo con esta capacidad y debe aprovechar al máximo esta ventaja. 

La pregunta que nos surge finalmente es, ¿podrá China vascular sus intereses estratégicos en materia de estabilidad económica y abundancia de oferta de materias primas que necesita su economía junto con apaciguar o comprender sin dar una carta en blanco el revisionismo del sistema europeo de defensa continental, esto solo el futuro lo dirá?

Lecciones de una caída: Revisando el colapso de la Unión Soviética.

Rusia no fue un país de inspiración socialista durante más de un siglo. Sin embargo, ahora que volvemos a discutir sobre Rusia, parece imposible evitar discutir también sobre dicho período histórico. Cuando Rusia (o mejor dicho la URSS) era un caso de socialismo real en declive como a finales de los años 80, rechazada, aturdida y estancada, había poco que los rusos pudieran decirles a los profesores, inversores y filántropos occidentales que llegaban en masa para darles lecciones sobre su propia historia. El imperio socialista había sido superado económica y políticamente, y tendría que adaptarse al capitalismo; las cosas parecían así de simples. Pero siguió una década de bandolerismo económico y político, para luego ver el ascenso de un presidente nacionalista, Vladimir Putin, que ganó la gratitud de la nación por poner a la mafia oligárquica bajo una apariencia de control, y ni 20 años después, Estados Unidos y sus aliados europeos han adoptado una postura de enemistad truculenta hacia Rusia, a menudo por razones de política interna..

Es natural que los rusos, y algunos occidentales de mente abierta, ahora estén reexaminando partes de la narrativa triunfalista de Occidente.  Aunque la victoria soviética sobre el III Reich sigue siendo motivo de celebración nacional, la Rusia de Putin ha sido todo menos ciega ante su oposición al socialismo.  Hay un nuevo museo del sistema de campos de prisioneros Gulag, y las obras de los disidentes del siglo XX, incluidas las del novelista Aleksandr Solzhenitsyn, aparecen en los planes de estudios escolares.

Lo que se está reexaminando es el proceso mediante el cual la tambaleante Unión Soviética de los años ochenta fue derrotada y desmantelada.  ¿Fue una revolución heroica en la que el reformador profético Mikhail Gorbachev condujo a su pueblo hacia un conjunto de ideales más nobles? ¿O era Gorbachov un comunista fiel que simplemente se equivocó y se llevó consigo a la disolución de un país de 270 millones de ciudadanos soviéticos?

Han surgido preguntas similares sobre el papel de las influencias externas en ese período. Las consecuencia seguramente tengan muchas vertientes en la fragmentación de la superpotencia  soviética, especialmente el modelo federal ya heredado del leninismo fundante. ¿Estados Unidos ayudó a Rusia una vez que la revolución estaba en marcha?  ¿Explotó a Rusia y se aprovechó, geopolítica y económicamente, de su debilidad?  Estas preguntas son de particular interés ya que Estados Unidos ahora se encuentra ocupando la posición geoestratégica que ocupó Rusia en la Guerra Fría (salvando las grandes diferencias de poder relativo que aún mantiene EEUU actualmente), como la más estancada de dos superpotencias rivales, económicamente dependiente de su rival internacional y restringiendo el discurso en sus países cercanos bajo el «Gran Despertar progresista».

La Unión Soviética no se estaba derrumbando antes de mediados de la década de 1980.  Una década antes, un observador neutral podría incluso haber dicho que era Estados Unidos el que estaba en problemas.  Una ola de revoluciones campesinas en el Tercer Mundo, la derrota estadounidense en Vietnam, la estanflación y los precios vertiginosos del petróleo (que representaron el 80 por ciento de las ganancias en divisas soviéticas) favorecieron a la URSS.

Es cierto que la industria soviética quizá arrastró problemas que derivan de una excesiva meta-planificación, dado que el Estado planificaba de forma centralizada todos los aspectos de la economía, y que seguramente por la desconfianza de los mandos a delegar aspectos claves de la producción a los técnicos, algo que suponía una ventaja en términos de escala, y una desventaja de términos de que se requerían toneladas de voluntad política para mantener el sistema funcionando, a su vez los los gastos militares estaban absorbiendo el doble del PIB soviético que de la economía estadounidense, también la natalidad no era la de unas décadas antes.  Pero la población no estaba inquieta y en ningún sentido el país tenía esa idea de decadencia.  Era, para usar el término del historiador de Princeton Stephen Kotkin, “letárgicamente estable”.

Vladislav M. Zubok, argumenta que fueron las reformas de Mikhail Gorbachev, y no los excesos que pretendían corregir, las que derrumbaron todo el proyecto. Zubok no niega que en la década de 1980 la URSS mostraba síntomas alarmantes de debilitamiento relativo: en 1984, la planta nuclear de Chernobyl, cerca de Kiev, se fundió.  En 1985, un colapso en los precios del petróleo provocó un aumento del 45 por ciento en la deuda externa. Pero Gorbachov, enérgico, moralista y miope, agravó los problemas del Estado. Trató de curar a la sociedad rusa de su apego al alcohol a través de una casi prohibición de las ventas de bebidas alcohólicas, en un momento en que los impuestos sobre el alcohol representaban una parte significativa de los ingresos del gobierno.  Ni su popularidad ni el equilibrio presupuestario del estado nunca se recuperaron por completo. Lanzó una lucha para mejorar la calidad de los productos soviéticos que tuvo el efecto de sacar muchos productos de consumo populares del propio mercado. Aunque los medios extranjeros pronto lo tratarían como un mesías, a nivel nacional Gorbachov tuvo con muchos problemas desde el principio.

Si hubo una catástrofe política característica de la era de Gorbachov, una cuyos efectos han resonado durante décadas, fue la extraordinaria Ley de Empresas Socialistas de 1987, que Gorbachov, enamorado de la terminología leninista, llamó “colectivización”.  No era nada de eso.  Entendiendo a medias cómo funcionaba el capitalismo, Gorbachov autorizó a los administradores estatales a crear una “economía de democracia socialista”.  Por increíble que parezca, a los gerentes de las empresas estatales se les permitió establecer sus propios bancos, de los que luego podían pedir prestado, y establecer empresas conjuntas con socios extranjeros. Este arreglo no produjo nada de la innovación y el vigor empresarial que había imaginado Gorbachov.  Por el contrario, los líderes empresariales de Rusia tenían muchos incentivos para obtener ganancias, pero ninguno para invertirlas.  Los ejecutivos podían vender activos estatales a sí mismos o a sus socios a precios fijados por el estado artificialmente bajos, y luego venderlos a terceros al precio de mercado.

Zubok, como Kotkin, usa la palabra “canibalización gerencial” para describir el proceso.  Kotkin señala que los exportadores “acumularon fortunas que estaban escondidas en el extranjero mediante el uso de mecanismos que la KGB había desarrollado para pagar el espionaje industrial”, creando así sin quererlo una nueva clase gerencial que vampirizó el Estado soviético. Una vez que el sistema estuvo en funcionamiento, por supuesto, los inversionistas occidentales accedieron amablemente a desempeñar este papel de asesores. El saqueo de las empresas estatales rusas y los recursos nacionales se asocia comúnmente con la administración de Boris Yeltsin después de 1991. Pero el mecanismo para ese saqueo fue puesto en marcha por Mikhail Gorbachev.  

En nuestro tiempo, los videos de los oceanógrafos publicados en línea han permitido a personas que les interesan ese tipo de cosas ver cómo un pulpo escapa de la bodega de carga de un barco a través de un agujero del tamaño de una moneda de dos euros. La Ley de Empresas Socialistas era como ese agujero del tamaño de una moneda de dos euros. A través de él, el pulpo del PNB de la Unión Soviética escapó a cuentas bancarias suizas, fondos de cobertura estadounidenses y casas adosadas en Londres. Zubok sugiere que los saqueadores, miembros bien ubicados de la llamada nomenklatura, pueden haber entendido esta transferencia como un soborno por no defender al estado soviético por medio de una represión violenta.

-Gorbachov y Yeltsin:

En el corazón del libro de Zubok se encuentran los pocos meses de 1991 cuando el atrincherado gobierno soviético de Gorbachov luchó con el advenedizo gobierno ruso de Boris Yeltsin por el futuro del estado soviético. Es un enfoque limitado que parecerá desconcertante para alguien que se haya enterado del final de la Guerra Fría solo de fuentes estadounidenses. Para Occidente, la ruptura del Muro de Berlín en 1989 marca el colapso final e irreparable de una ideología. Hay algo de verdad en eso. Pero había más en el imperio soviético que su ideología.

Gorbachov fue producto de un repentino cambio generacional.  Los gerontócratas que rodeaban a Leonid Brezhnev, que gobernó la Unión Soviética hasta la víspera del ascenso de Gorbachov, podrían considerarse como una «clase del 36».  Éstos eran los hombres que, cuando tenían veinte años, habían dado su lealtad incuestionable a Stalin durante los juicios y ejecuciones a través de los cuales purgó a la clase dirigente soviética (colapso administrativo por desconfianza de los mandos intermedios) de cualquier rival de su gobierno. Esa generación de apparatchiks fue tanto el medio de la represión de Stalin como su fin: un cuadro de seguidores 100 por ciento leal. La solidaridad generacional fortaleció al liderazgo soviético contra los levantamientos anticomunistas en los años 50 y 60.  Pero las generaciones pasan. Cuando esa generación de líderes soviéticos murieron poco más de dos años antes de la administración Reagan, Gorbachov, mucho más joven, tuvo su oportunidad.

Este había alcanzado la mayoría de edad durante la ola de reformas que siguió a la muerte de Stalin.  De hecho, él y su generación fueron formados por el “discurso secreto” de Nikita Khrushchev de 1956, en el que Kruschev denunció las fechorías de Stalin ante el Partido Comunista, de la misma manera que Brezhnev fue formado y creció durante las purgas de Stalin. Siempre había estado presente una tendencia a la “reforma” dentro del alto mando soviético, aunque no era necesariamente más abierta que la línea dura. Sin embargo, el modelo de Gorbachov no era un capitalismo de libre mercado (o planificación descentralizada para un hedonismo-individualista).  Al menos hasta la década de 1980, no vio a Lenin como lo hacen los occidentales: como un teórico maquiavélico de la dinámica estatal, la política de partidos y el marxismo práctico que sentó las bases para Stalin.

En cambio, Gorbachov vio a Lenin como un mártir de los principios comunistas, una especie de Lincoln ruso. Lo leía constantemente, guardaba volúmenes de sus obras completas en su escritorio y, según un asistente citado por Zubok, “a menudo tomaba una en mi presencia y la leía en voz alta, comparándola con la situación actual y exaltando la perspicacia de Lenin”. Rara vez habló Gorbachov en términos que serían familiares para un europeo occidental de cualquier tradición no comunista.  Sin embargo, las circunstancias hicieron posible que los líderes occidentales proyectaran sobre él un conjunto completo de compromisos progresistas, e incluso, como en el caso de Margaret Thatcher, compromisos de libre mercado.

Gorbachov estuvo fuertemente influenciado por su brillante mentor y predecesor, el líder de la KGB Yuri Andropov, quien entendió la economía global emergente como un rompecabezas y una paradoja para su país. En opinión de Zubok, el pensamiento de Andropov sobre la modernización de la URSS se parecía al de su contemporáneo, Deng Xiaoping, sobre China.  Por un lado, la Unión Soviética en un inicio había necesitado tecnología occidental para avanzar. Por otro lado, comprometerse con la economía global estimularía una demanda de bienes de consumo que socavaría las finanzas del país.  El don de Gorbachov para dominar los expedientes llevó al gélido Andropov, basado en datos, a verlo como un sucesor que podría estar a la altura de dominar este desafío.

La respuesta de Gorbachov a la calamidad que lo rodeaba cuando llegó al poder fue leer, reflexionar y escribir. Desde Woodrow Wilson, ningún líder estadounidense ha redactado un programa que dé forma a la historia de la manera solitaria en que lo hizo Gorbachov.  Las cosas que leyó en ese momento, desde el retrato de Solzhenitsyn del intrigante Lenin hasta los Manuscritos económicos y filosóficos de Marx de 1844, más culturalmente enfocados (poco leídos en la Rusia de Brezhnev) hasta los protocolos secretos del pacto Hitler-Stalin de 1939, lo conmocionaron profundamente. Era un hombre de contradicciones: bendecido con un toque común jruschovista, pero también (especialmente bajo la influencia de su ambiciosa esposa, Raisa) pretencioso, vanidoso e incapaz de resistir las trampas del privilegio.

Zubok describe los primeros esfuerzos para rescatar al país como demasiado a menudo desligados de las realidades prácticas: Uno esperaría que el Secretario General, empeñado en reformar la economía soviética, llevara con él en viajes occidentales a economistas, planificadores, directores de industrias militares, banqueros y otros tecnócratas.  En cambio, el enorme séquito de Gorbachov estaba formado principalmente por periodistas, científicos sociales, escritores, directores de teatro, cineastas y otras figuras culturales. En última instancia, Gorbachov carecía de la crueldad y el materialismo (en el sentido marxista) de su mentor. Intentó reformar el sistema en el momento en que era menos capaz de soportarlo, y terminó con un arreglo en el que sus propios instintos político, no le dieron una visión global de lo que estaba pasando. Después de la caída del Muro de Berlín, el hijo de Deng Xiaoping le dijo a un periodista: “Mi padre piensa que Gorbachov es un idiota”.

Yeltsin sintió la deriva moral de la sociedad soviética de una manera que Gorbachov no sintió.  Era un burdo y brillante palafrenero rural con una reputación que igualaba a la de Gorbachov.  No era un intelectual, pero fue uno de los políticos de gran poder del siglo XX.  Gorbachov lo nombró miembro del Politburó (el comité ejecutivo del Partido Comunista) y pronto se arrepintió de su error. Cuando el socialismo real sovietico se derrumbó, surgió una plétora de congresos de emergencia (a menudo efímeros), comités y grupos de trabajo.  El detalle que proporciona Zubok sobre estos grupos y sus interacciones cotidianas en 1991 hará que los ojos de los no especialistas se nublen.  Pero una institución merece una atención especial: el Congreso de Diputados del Pueblo de la República Federativa Socialista Soviética de Rusia, que Yeltsin, por puro instinto político, transformó de una especie de foro de ciudadanos en el núcleo dinámico de un gobierno soviético alternativo.  Estableció el cargo de presidente dentro del Congreso, consiguió que lo eligieran y luego lo usó para deslegitimar y socavar todas las instituciones sobre las que descansaba el poder soviético.

Que “Rusia” como sujeto político llegaría a ser un factor en la política soviética no había sido obvio. Pero mientras Gorbachov socavaba el gobierno central, las élites de las diversas repúblicas socialistas soviéticas nacionales (desde Ucrania hasta Armenia y Kazajstán) comenzaron a fortalecer sus instituciones provinciales que antes carecían de sentido y clamaban por la autonomía y la independencia (ahí la creación de repúblicas federativas de Lenin resultó ser un error para la disolución de la superpotencia). Una república, y sólo una república, carecía de tales instituciones: Rusia.  El estado soviético había sido el estado ruso indiferentemente, o al menos era el lugar del que más fuerzas se retiraron por parte de las autoridades soviéticas. Cuando los programas de Gorbachov comenzaron a hacer efecto y las reformas comenzaron a funcionar a través de estos pequeños estados étnicos donde tuvieron mayor aplicación, los rusos étnicos que constituían la mayoría soviética espoleados en parte por Yelstin, defendieron que también necesitan un estado, si querían evitar simplemente ser saqueados en medio de la agitación de Gorbachov. Algunos ciudadanos ilustrados y también un sorprendente número de intelectuales en el que su elección fue entre el monolito soviético en ruinas y la incipiente nación rusa.

El ascenso de la Rusia de Yeltsin a expensas de la Unión Soviética de Gorbachov es un ejemplo de una de las paradojas centrales de la política contemporánea, un caso de Imperium in Imperio, es decir, de luchas estructurales en una misma superestructura de poder que acaban como todos saben, en la destrucción de dicha superestructura. A menudo, el efecto no deseado del exceso de atención hacia las minorías es fortalecer las identidades mayoritarias donde tales identidades existen, e incluso llamarlas a la existencia donde nunca antes habían existido de esa forma. Kemal Atatürk es llamado el “padre de los turcos” no por sentimentalismo sino porque la mayoría de las personas en esa parte del mundo no se consideraban turcos a principios del siglo XX.  “Turco” describía el resto sociológico del imperio otomano después de que otros pueblos (griegos, armenios, serbios, etc.) declararán su independencia y se rebelaran. Los turcos llegaron, no demasiado pronto, a darse cuenta de que estaban en un mundo post imperial y que era a través de la identidad étnica que en adelante se ejercería el poder.

El proceso se ha repetido una y otra vez en nuestro tiempo: en la India, donde la constitución de 1949 se basa en el reconocimiento de varias castas y minorías, una mayoría previamente indefinida se ha reunido en los últimos años detrás del Partido Bharatiya Janata, condenado por los defensores de la constitución de 1949 como “nacionalismo hindú”.  En los Estados Unidos, los ciudadanos que no disfrutan de una consideración especial por parte del gobierno bajo la Ley de Derechos Civiles de 1964 (y sus posteriores evoluciones) probablemente constituyeron el núcleo del apoyo de Donald Trump, y han sido condenados, por esa razón, como “nacionalistas blancos”.  En Gran Bretaña, la capacidad de los votantes escoceses, irlandeses y galeses para crear sus propias leyes locales, mientras que los votantes ingleses no tienen esa prerrogativa, se conoce desde la década de 1970 como la «cuestión de West Lothian».  Basta con mirar el referéndum del “Brexit” sobre la salida de la Unión Europea para ver que la cuestión sigue viva. El Brexit fue derrotado en Escocia e Irlanda, pero pasó por una victoria aplastante en aquellas partes de Inglaterra fuera de Londres. Naturalmente, los votantes de «salir» fueron acusados ​​​​de «nacionalismo inglés».  El surgimiento de Rusia alrededor de 1990 fue el mismo tipo de proceso.

Cualquiera que sea su dinámica, Zubok cree que podría haber sido bloqueada.  En la URSS de Gorbachov, el estado profundo soviético todavía tenía una serie de herramientas a su disposición que, utilizadas con suficiente crueldad, podrían haber detenido su colapso. La más significativa de estas herramientas fue el propio Partido Comunista. Aunque era profundamente impopular, escribe Zubok, “la organización jerárquica del Partido de 15 millones de miembros incluía células en cada unidad de las fuerzas armadas, la policía, los ministerios económicos, las instituciones educativas y las organizaciones culturales”. En cierto modo, cuanto más anárquico se volvía la situación, se debía a que el Partido Comunista se rindió de controlar la vida cotidiana en la URSS (dado que como hemos dicho antes era un poder inseguro que tenía mandos políticos controlando a los mandos técnicos en toda la estructura social e institucional).

En agosto de 1991, el líder de la KGB, Vladimir Kryuchkov, decidió que tenía oportunidad para rescatar al país. Ordenó rodear la dacha (casa de campo) del Mar Negro de Gorbachov y tomar como rehén al propio líder. Los conspiradores, encabezados por el vicepresidente de Gorbachov, Gennady Yannaev, anunciaron un nuevo gobierno. El golpe fracasó, pero la moral de la KGB se mantuvo hasta el final. De los quinientos agentes que Kryuchkov ordenó que actuaran contra Gorbachov, solo cinco lo desobedecieron. Zubok cree que las cosas podrían haber terminado de manera diferente si los conspiradores hubieran impedido que la prensa extranjera informara y hubieran tratado al gobierno en la sombra de Yeltsin con la misma seriedad que al gobierno oficial de Gorbachov. Cuando comenzó a surgir la resistencia pública al golpe, surgió detrás de Yeltsin, no de Gorbachov.  Posteriormente, el Estado y su aparato de seguridad no fueron desmantelados;  fueron rusificados.

 El papel de Occidente:

Andropov tenía razón sobre las paradojas de modernizar la Unión Soviética.  Los prerrequisitos tecnológicos para participar en la economía global eran caros y Gorbachov tenía poco que cambiar respecto a ellos. Por lo tanto, los soviéticos tomaron el error de tener que pedir prestado para reformarse. En septiembre de 1990, un mes antes de ganar el Premio Nobel de la Paz, Gorbachov estaba, según un asistente, “pidiéndole dinero a todo el mundo”, con lo que sabemos que eso supone en términos de soberanía. Un cargo del FMI, Stanley Fischer, pensó que  20-30 mil millones de dólares  serían suficientes. En cualquier caso, Alemania, Francia, Italia, España y Arabia Saudita le dieron a Gorbachov uno o dos mil millones cada uno. El presidente estadounidense, George H. W. Bush, se mostró evasivo a este respecto, pero dejó a Gorbachov con la impresión de que un rescate estaba a la vuelta de la esquina. Gorbachov sería rechazado sin ambigüedades ni ceremonias en una conferencia de Londres en julio de 1991. Un mes después, el golpe en su contra estaba en marcha.

Bush fue criticado por los estadistas europeos en ese momento.  Por una fracción de los 100.000 millones de dólares que gastó en Irak durante la primera Guerra del Golfo, calculaban, podría haberle dado a Gorbachov la flexibilidad necesaria para reformar la Unión Soviética en una dirección más liberal.  Bush no lo vio así.  La Unión Soviética había sido el enemigo mortal de su país durante casi cincuenta años. Mientras el régimen socialista tuviera tantas armas nucleares, estuviera ocupando Afganistán y subvencionando a los enemigos de Estados Unidos en Cuba y en otros lugares, habría sido irresponsable mantenerlo con vida, entendió Bush. Su secretario del Tesoro, Nicholas Brady, fue muy directo al enunciar la doctrina financiera al respecto:  “De lo que se trata es de cambiar la sociedad soviética para que no pueda permitirse un sistema de defensa”, dijo Brady.  “Un verdadero programa de reformas los convertiría en una potencia de tercera, que es lo que queremos.”

Aunque Zubok está más centrado en el liderazgo estadounidense de la época, su análisis reivindica a Bush. El estado soviético había sido capaz de resistir incluso frente a la impopularidad masiva y el fracaso económico, sin embargo, Bush eligió correctamente para sus intereses, frente no solo a los progresistas que estaban enamorados de Gorbachov, sino también a los que tenían una posición dura heredados de la administración Reagan que instaban a una postura más confrontativa.

Esto no quiere decir que los funcionarios estadounidenses entendieran a Rusia. Independientemente de lo que hiciera esta nación deudora desesperada en el verano de 1991, no se apoyaba en la «autoridad moral» estadounidense, como afirmó el secretario de Estado James Baker. La Rusia de Yeltsin, como estado sucesor de la Unión Soviética, pudo mantener el asiento del país en el Consejo de Seguridad de la ONU y su veto.  Pero cuando buscó unirse a la OTAN como una forma de estabilizar las relaciones internacionales, Bill Clinton lo rechazó. Cualquier apertura de este tipo hacia Rusia habría complicado el curso final que tomó Estados Unidos: expandir tanto la OTAN como el alcance de la alianza para imponer la cultura estadounidense y los «valores liberales» siempre que fuera posible. Después del ataque liderado por Estados Unidos contra Serbia en 1998, se estableció el rumbo para un endurecimiento y distanciamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Estados Unidos siguió actuando como una superpotencia imperialista (como todas las potencias) tras la Guerra Fría. Pero también asumió el papel de la Guerra Fría de la Unión Soviética: se autoproclamó portador de una revelación ideológica, una nueva realidad antropológica, frente a la cual ningún gobierno, por antiguo o democrático que sea, tiene derecho legítimo a perdurar.

Sobre la geopolítica de las grandes potencias y la teoría del Heartland y el Rimland.

Se crítica normalmente a los que tenemos una visión realista en política internacional por naturalizar la política de las grandes potencias en la que pequeños y medianos estados terminan siendo repartidos en esferas de influencia, o en el peor de los casos desgarrados como producto de la competencia entre las grandes potencias. Sin embargo, a ese tipo de ideas contrarias a dicha concepción del poder no les importa la realidad, y es que lo que hacen las grandes potencias es en muchas ocasiones operar de esa forma por pura voluntad de poder y jerarquización de intereses provocadas por las necesidades reales y percibidas de seguridad, y a la vez, dado que el poder no tolera el vacío, por pura compulsión se expande ahí donde no encuentra resistencia (realismo ofensivo), o por el contrario, trata de mantener el equilibrio (realismo defensivo).

La cuestión es que el orden internacional es fundamentalmente anárquico y en él los estados actúan teniendo en cuenta permanente el dilema de seguridad. Dicho dilema puede surgir de una posición inestable en la que se realizan carreras armamentísticas entre potencias por temor a ser superados por sus rivales. La búsqueda de mayor seguridad en consecuencia y en ese contexto, puede generar mayor riesgo de escalada, pero también un Estado puede no saber si su rival está dispuesto a asumir dicha escalada.  En consecuencia el mundo está condenado a una gran competencia perpetua del poder, dado que ni existe ni puede existir un fin de la historia como el que creyeron que iba a existir los americanos en el mundo unipolar de los años 90′, aún cuando exista una clara hegemonía de un Estado que siempre es solo transaccional (dada la ley de la anaciclosis en la que todo régimen tiende a degenerar) .

Este mismo punto (la competencia entre Estados) me fue señalado por un crítico del realismo de tendencia marxista: «El capitalismo naturaliza la anarquía internacional y el conflicto internacionales». Afirmando que sucede debido al capitalismo. Para el realismo, la rivalidad entre las grandes potencias es persistente o recurrente, incluso en diferentes modos de producción y escenarios ideológicos. Por otro lado, de hecho los propios capitalistas/liberales tienden a creer más en el multilateralismo y la armonía entre Estados (paz perpetua) frente al realismo que aquí se defiende, así que sería incluso discutible dicha tesis.

 La política de las grandes potencias ha persistido y persistirá , la globalización durante la unipolaridad, el neoliberalismo, el feudalismo, el liberalismo decimonónico, la Antigua Roma y los Antiguos griegos también sufrían las consecuencias de esta constante en la vida humana, que no es más que la natural competencia entre comunidades políticas con sus vecinos. Algunos factores cambian, algunas cosas persisten. No es una «naturalización» ilegítima identificar lo que persiste.  Por ejemplo, ese mismo marxista afirmaba que la revolución socialista eliminaría la política de las grandes potencias. Lo que ocurrió es que los estados socialistas actuaron como grandes potencias e incluso se pelearon entre ellos (véase el conflicto sino-soviético).

 Los marxistas intentan eludir esto afirmando que esa experiencia histórica no cuenta, pero esto solo depende de las definiciones: argumentan que un estado verdaderamente socialista sería internacionalista por definición debido a la conciencia de clase, algo incoherente dado que incluso un Estado socialista retira sus fuerzas de un territorio dado, de una o varias naciones y no puede basar todo su proyecto en la abstracción internacionalista. Pareciera en este caso y entonces, el socialismo marxista que solo carece de un gran conflicto con la idea del poder de los realistas debido en parte a una definición conceptual. Lo que significa que tan pronto como haya algún tipo de conflicto entre estados socialistas, «dejarán de serlo» en dichos términos tan dualistas. Esto es algo que suena ridículo parece solo un juego de definición.

Por otro lado, la geopolítica de hoy, muy pronto demostrará que Haushofer tiene razón: Eurasia está dividida en dos o tres macrozonas que trabajan juntas para evitar que el Gran Poder del Mar se afiance en las tierras ribereñas.  Siendo el Heartland las naciones del centro como India, China o Rusia, y el Rimland los países de la Península Euroasiática europea, los Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, que imponen su orden bajo una perspectiva de potencias marítimas que tratan de conseguir la supremacía y así dominar el comercio internacional.

La OTAN fue creada para contener al socialismo en Europa. Después de la caída de la URSS ¿Qué objetivo persiguen? Quién les escribe diría que es contener las potencias que forman parte de este Heartland.Halford Mackinder en su teoría del ‘Heartland’ mencionaba que quien dominara esa Tierra dominaría el mundo. Sumado a que los anglosajones son tan celosos en. mantener su poder, no van a querer que otra potencia o grupo de potencias continentales encabecen un Nuevo Orden Mundial. Aquí viene el gran enfrentamiento entre Talasocracias y Telurocracias.

El primero se caracteriza por ser representado por el eje anglosajón (EE.UU, RU, etc.) y la participación parcial de los europeos de la UE. Un modelo, que en su vertiente de Estado son característicos en tener sobreoferta de mano de obra prefiriendo tener más oferta laboral (en términos del libre cambio). Optan por las privatizaciones parciales respecto a la gestión pública más dirigista. Vilipendian la labor del Estado en numerosos asuntos y prefieren el poder blando como primera opción.

En su vertiente comercial se caracteriza por el control de lugares estratégicos para el libre (ojo con el término) tránsito de capitales y productos, que en vía de mientras, crean estados descentralizados pero integrados a alguna unión supranacional (UE, por ejemplo) y organismos multilaterales (tipo ONU, BM, etc.). Globalización y orden internacional liberal en pocas palabras. Es por esto que desarrollan distintas fases del sistema como puede ser el Capitalismo de Estado, mixto, Capitalismo Liberal (conocido comúnmente como Neoliberalismo) o Neoconservadurismo. Este tipo de sistema crea comunidades (en este caso, sociedades) consumidoras en constante demanda de nuevos bienes y servicios. Ésta es una parte crucial para mantener su hegemonía, sobre todo en los tiempos actuales. El dinero manda. Es un tipo de sociedad abierta, progresista y cosmopolita.

En la segunda, la Telurocracia, las relaciones sociales, familiares y las formas en que se relaciona el sujeto en su entorno es lo que importa. Se basa en consolidar el tejido social, no simpatizan con modelos individualizadores o atomizantes para el sujeto. Comprenden que al Estado y la Nación como uno solo, junto con exigencias amplias de soberanía son lo ideal. De ahí la importancia en explotar el potencial de su propia gente para el bien (particular de dicha sociedad) y evitar la alienación individual.

Las Telurocracias se centran y se enfocan en solucionar problemáticas internas antes que de integrarse a organizaciones globales, consideran que esto conlleva una pérdida de independencia y autonomía, pues suelen ser estados centralizados celosos de ceder soberanía. En lo económico son comunidades que gastan sólo en lo necesario (es por eso que el modelo económico de la Talasocracia no termina de asimilarse ni de dar los resultados idóneos). Estas comunidades tienden a una especie de Socialismo/dirigismo gerencial-estatal de corte conservador. Preservan las tradiciones, usos y costumbres, y que éstas no se supediten a los avances tecnológicos ni al progreso como tal. El concepto de Telurocracia hace referencia al manejo y control de zonas terrestres. Naciones como Rusia serían un buen ejemplo de esto.

¿DECADENCIA RELATIVA DEL PODER BLANDO OCCIDENTAL?

EL DESACOPLE PUEDE RESULTAR EN UNA VENTAJA PARA RUSIA

Al que les escribe, le cuesta creer lo rápido que EE. UU. está gastando sus ventajas de poder blando contra Rusia. Todas estas acciones como las de la imagen que adjunto son de un solo uso. Todas las naciones contrarias a la hegemonía estadounidense ahora se ven obligadas a retirarse de la red cultural-económica-financiera estadounidense. No hay vuelta atrás después de esto.

Algo que quizá para los antiglobalistas puede sonar raro:

El globalismo está, en gran medida construido, ahora los propios americanos y europeos lo están demoliendo. Los globalistas estadounidenses (principal facción de dicho equipo) simplemente lo suicidaron rompiendo las redes que construyeron durante décadas. Rusia (China seguramente vaya también en esa dirección aún cuando le lleva ventaja en temas de ciberseguridad a Rusia) definitivamente se están desconectando del sistema de poder blando estadounidense ahora.

La UE y sus países estarían condenados y sería permanentemente dependientes si no lo hicieran. Cualquiera que no confíe al 100% en los Estados Unidos, se unirá a los nuevos sistemas o creará los prioios.

Dentro de unas décadas, nadie que tenga algún deseo de soberanía nacional utilizará las herramientas económicas y culturales (medios de comunicación y cámaras de eco con algoritmo manipulado -redes sociales-) de los Estados Unidos.

Estados Unidos es un imperio construido principalmente sobre el poder blando y los idiotas miopes a cargo simplemente parece que lo están dinamitando fuera de las zonas seguras (Europa, Canadá Australia, etc.) por un conflicto regional que no cambia realmente el escenario estratégico de la OTAN en Europa.

¿Hay algo en Ucrania tan relevante para los poderes estadounidenses que están dispuestos a sacrificar prácticamente todo y permitir el desacoplamiento del proyecto globalizador por parte de sus rivales? ¿O son simplemente completamente incompetentes?

El caso ya no solo es el punto de la desconexión del sistema financiero, también lo es en el ámbito de las redes sociales como Facebook o Twitter. ¿Si hacen esto desconectarse del Internet común, probablemente será muy malo para el dinamismo de su sociedad al principio, pero puede funcionar bien a largo plazo generando redes sociales y entornos parecidos a nivel nacional (¿podríamos llamarle ciber-soberanía?). Claramente, China, como ejemplo sufre pocos efectos negativos de dicho poder blando por estar detrás de su Gran Cortafuegos.

¿Reitero porque esto es central, si hay protestas en Rusia seguramente organizadas desde redes sociales, le están haciendo un favor quitándole las redes sociales norteamericanas en territorio ruso, las redes sociales que queden serán controladas por el Gobierno ruso más fácilmente dado que tienen sede en dicho país y será más difícil cualquier tipo de organización de disidencia interna. Así la cámara de eco que es Facebook o Twitter se la ahorran con los problemas de guerra informativa que le puedan dar sus rivales externos a través de dichas plataformas.

Un montón de rusos comunes van a sufrir durante uno o dos años. Quizás más de lo que EE. UU. y otros sufrieron los confinamientos del COVID u otras crisis de diferente tipo. Pero a la larga, el poder blando y la hegemonía de EE. UU. son los que más sufrirán. Los disidentes de EE. UU. acaban de recibir un trato dorado que solo apuntalará más sus regímenes. Antes, el régimen americano podía estrangularlos cortándolos de la banca, las tarjetas de crédito, las redes sociales, etc., pero ahora proliferará una gran cantidad de herramientas y aplicaciones extranjeras (de los países que sufren el bloqueo) que serán igual de fáciles de usar. Muchas opciones para las potencias revisionistas.

Al prohibir las redes sociales de Silicon Valley (que no son neutrales, increíble que haya que decirlo), Rusia está creando a la fuerza su propio cortafuegos digital siguiendo los pasos de China. Ahora Rusia puede apostar a las redes sociales nacionales o sumarse a las chinas. Han prohibido usar Facebook, así que obligan a la población rusa a usar Vkontakte (que, por otra parte, era la que usaban la mayoría). El problema de todo esto es que nos creemos que aislar así a Rusia es un jugadón, pero tengo mis dudas, si puede esta creara estructuras y tecnología para suplir el vacío de mercado producido por esa la situación.

Lo mejor para el Gobierno ruso en términos estratégicos y de estabilidad política es prohibir o limitar las redes sociales estadounidenses. La superficialidad idealista de la «libertad» a este respecto ni entra en discusión para mi cuando se trata de la dialéctica entre Estados como es el caso. Quizás, la conclusión que podemos sacar de todo esto es que la idea de un «Internet centralizado» por los Estados es inevitable, y que habrá un momento que bajo la idea de centralización de poder que mueve buena parte de las ideas (patrocinada por una élite ascendente o en el poder), la mayoría de los Estados importantes empiecen a hablar de «ciber-soberanía», punto que podríamos encuadrar en la necesidad de limitar el poder blando de otras potencias y en consecuencia como parte de la política de seguridad en un entorno de dialéctica de Estados/Imperios.

Por otro lado, esta crisis dejó en claro que todas las instituciones mundialistas, desde la ONU a la FIFA, son controladas por «Occidente». Más bien, son una extensión del Departamento de Estado de EEUU. Necesitamos derribar la propaganda estúpida de que son neutrales o que son controlados por el «comunismo chino» (descabellada idea de algunos republicanos de EEUU). Son producto de la hegemonía mundial norteamericana de después de 1945 y 1991.

En el terreno corporativo, es probable que con tantas empresas occidentales saliendo de Rusia y tantas empresas rusas perdiendo valor bursátil, empresarios chinos, indios y árabes llenen los vacíos del mercado ruso y compren activos rusos, a su debido tiempo, a precio de remate. También es cierto que los grandes jugadores de las finanzas de Wall Street están comprando silenciosamente bonos rusos que están al borde de ser bonos basura (ejemplo, Goldman Sachs). Así cuando el rebote obtendrá ganancias laterales. El gran perdedor quizá será Europa que sufre una inflación terrible por el colapso del mercado de materias primas, problema que ya están tratando de paliar suplicándole a Irán y Venezuela que inunde el mercado de petróleo y aumenten la oferta dado que A. Saudita se ha negado, seguramente por los beneficios de unos precios altos donde puede el país arábico negociar el precio barril en mejores condiciones.

¿UNA NUEVA ALEMANIA?

Sobre los cambios en la política de seguridad de Berlín.

En una semana, Alemania experimentó una transformación dramática en sus declaraciones, despojándose de su política exterior renuente y blanda y comprometiéndose a aumentar drásticamente el gasto en defensa. El impacto de la invasión de Ucrania por parte del presidente ruso, Vladimir Putin, incitó a Berlín a enviar miles de armas antitanques y antiaéreas a Kiev aún cuando previamente bloqueó armar a Ucrania antes del inicio de la invasión.

Un país que ha sido criticado por sus aliados por hacer muy poco y demasiado tarde ha saltado al frente del grupo para asumir un papel de liderazgo en la seguridad europea. Alemania ahora busca aislar y castigar a Rusia después de décadas de apaciguarla y acomodarla. Además, Alemania se esforzará seguramente por lograr la independencia energética de Rusia mediante la creación de nuevas fuentes de energía domésticas o vías alternativas de conseguir energía mientras se desconecta del suministro ruso.

“Está claro que debemos invertir mucho más en la seguridad de nuestro país, para proteger nuestra libertad y nuestra democracia”, dijo Olaf Scholz, el nuevo canciller, en una sesión especial del parlamento el domingo. Con un solo discurso, Scholz marcó el comienzo de una era de cambios monumentales para un país que se ha sentido cómodo con el status quo durante tres décadas. La ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, dijo que «tal vez en este día, Alemania está dejando atrás una forma de moderación especial y única en la política exterior y de seguridad».

El legado de la agresión militar alemana durante el siglo XX había producido una mentalidad que consideraba el diálogo, el uso del poder económico como arma política, y el multilateralismo como la clave, a menudo, las únicas herramientas de la política exterior válidas para el país centroeuropeo. Una dosis malsana de miedo a uno mismo estaba en el corazón del escepticismo alemán hacia el poder duro. Las alianzas estaban destinadas a contener a otros, al igual que frenaron a los alemanes, que no temían nada más que una renovada tentación hacia el unilateralismo armado y a los conflictos entre grandes potencias.

El anuncio de este cambio de sentido en la política alemana fue recibido con aplausos y ovaciones de pie de los miembros de los principales partidos en el parlamento. «Suficiente es suficiente. Se acabó el juego”, proclamó el líder de la oposición conservadora, Friedrich Merz, dirigiéndose directamente a Putin.

El nuevo gobierno de centroizquierda en Berlín nunca tuvo la intención de abandonar el enfoque de política exterior de la ex canciller Angela Merkel de equilibrar las necesidades de seguridad con los intereses comerciales ni alejarse de la aversión de la Alemania de posguerra al conflicto militar. Pero para Alemania, el ataque de Rusia a Ucrania lo cambió todo. El historiador Fritz Stern, que se fue de Alemania a los Estados Unidos en 1938, escribió una vez sobre las «cinco Alemanias» que había llegado a conocer en su vida: la República de Weimar, el Tercer Reich, la Alemania Occidental de la posguerra, y Alemania Oriental, y la Alemania unificada que surgió después de la caída del Muro de Berlín. Lo que el mundo está presenciando ahora es el nacimiento de una sexta Alemania, dispuesta a ejercer el poder militar en defensa de los valores democráticos liberales.

En los últimos días, varios tabúes políticos de larga duración quedaron en el camino a la vez. Detener el Nord Stream 2, el gasoducto ruso de gas natural que se completó en septiembre, y enviar armas letales a Ucrania son solo dos de los cambios de política del gobierno alemán. Más significativamente, Alemania se ha visto sacudida por la realidad de que el poder duro es una herramienta necesaria para salvaguardar cualquier régimen político y disuadir a los rivales de cambios en el status quo que tanto le gustaba al país germano.

Durante décadas, un tema recurrente de la política exterior alemana ha sido que no habrá paz en el continente si se excluye a Rusia . Esta doctrina había incluido la idea de que la interdependencia económica ayudaría a estabilizar la relación. También generó una política más moderada con el Kremlin, incluso después del discurso agresivo de Putin en la Conferencia de Seguridad de Munich en 2007, cuando acusó a Estados Unidos de desestabilizar la seguridad global, desmarcandose por temas económicos de EEUU. Esto continuó después de las invasiones de Putin a Georgia en 2008 e incluso a Ucrania en 2014. 

Aunque Alemania lideró la campaña europea de sanciones después de la anexión de Crimea por parte de Rusia y su incursión en la región ucraniana de Donbas, Berlín rápidamente equilibró estos movimientos con la oferta de construir Nord Stream 2 en 2015.

-Para Alemania, el ataque de Rusia a Ucrania lo ha cambiado todo.

Incluso frente a la presión de los aliados de la OTAN y los líderes de Ucrania, parecía inconcebible que Alemania abandonara su resistencia a la entrega de armas. A principios de este año, Baerbock señaló las lecciones de la historia: suministrar armas a una región donde las fuerzas alemanas mataron a millones de ciudadanos durante la Segunda Guerra Mundial solo podría generar más culpa, argumentó en la Conferencia de Seguridad de Munich en febrero.

Sin embargo, la guerra de agresión de Putin (sobre la quebhemos tratado las anteriores publicaciones) lo cambió todo en cuestión de horas. Negar armas defensivas (como granadas propulsadas por cohetes) a los ucranianos significaba pasar por alto la distinción entre guerra de agresión y guerra defensiva, algo a lo que aunque muchos nos parece un argumento moral que no explica lo que realmente está ocurriendo, y aunque quién les escribe diría que Rusia aplica una ofensiva militar para estar a la defensiva en términos estratégicos. Esto es algo que no hay que tener miedo de decirlo cuando es evidente incluso para los más prominentes pensadores estadounidenses. La cancelación y la propaganda no deben lograr que nos autocensuremos en ese sentido.

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El gobierno alemán anunció en términos inequívocos que se enfrentará a Putin y defenderá enérgicamente la democracia liberal. Algo que Scholz quizá falló cuándo  pidió una diplomacia alemana sin ingenuidad. El optimismo de persuadir a los poderes revisionistas (Rusia, Bielorrusia, etc.) con Wandel durch Handel (cambio a través del comercio) casi se ha esfumado. Mientras Putin esté a cargo de Rusia, este instrumento de política exterior será una reliquia del pasado. En cambio, Alemania parece estar dispuesta a disuadir a Putin en su búsqueda por cambiar el equilibrio de poder en Europa.

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-Una transformación costosa.

Este cambio será costoso, especialmente para el sector energético alemán que depende de las importaciones de energía. Pero como dijo al parlamento el ministro de Finanzas, Christian Lindner, del económicamente conservador Partido Democrático Libre, este costo será visto como “el precio de la libertad”. Scholz anunció que Alemania se independizará de la energía rusa. Alemania construirá dos puertos para gas natural licuado (GNL) de inmediato, acumulará reservas nacionales de carbón y gas, buscará más contratos de entrega a largo plazo en el mercado energético internacional y acelerará aún más la producción de energía renovable: «energía de la libertad», en palabras de Lindner. Para asegurarse de que tiene suficiente energía en reserva, es posible que las plantas de energía nuclear restantes de Alemania deban permanecer en línea más allá de fines de 2022, momento en el que debían cerrarse como parte de la salida de Alemania de la energía nuclear.

Mucho dependerá de si Rusia toma represalias con una reducción de su suministro de gas natural como parece que está haciendo. Alemania ahora se despojará de la acusación de aprovecharse del gasto en seguridad de otros (principalmente de EEUU). Cuando Scholz anunció una inversión única de 100.000 millones de euros en el ejército alemán y la intención de hacer que el gasto en defensa supere el dos por ciento (lo cuál sería en relación al PIB algo del orden de 76.000 de dólares, más de lo que gasta la propia Rusia o Francia como potencia nuclear continental) de la producción económica total, el objetivo establecido para los estados miembros de la OTAN , sorprendió a la comunidad de política exterior, al país e incluso muchos en su propio grupo parlamentario que no estaban al tanto de esta decisión repentina.

Scholz dejó en claro que Alemania no solo necesita aviones que vuelen, barcos que naveguen y soldados que estén bien equipados y que sean fuerzas armadas completamente modernizadas. En su discurso, el canciller planteó posibilidades que alguna vez fueron controvertidas, como el uso de drones armados y la participación en los acuerdos de intercambio de armas nucleares de la OTAN. Incluso la compra de aviones de combate F-35 de fabricación estadounidense está nuevamente sobre la mesa. Al mismo tiempo, Scholz volvió a comprometerse con la construcción de un avión de combate de sexta generación, el Future Combat Air System, que Alemania está desarrollando con Francia y España.

Como agregó el ministro de Finanzas, Lindner, unos días después, Alemania intentará convertir su ejército “en una de las fuerzas armadas más capaces, poderosas y mejor equipadas del continente”, una declaración que le habría valido la etiqueta de “belicista” solo unos días antes.

En una notable elección de palabras, Scholz se comprometió a “defender cada metro cuadrado del territorio de la OTAN junto con nuestros aliados”, un guiño a la promesa del presidente estadounidense Joe Biden de defender cada centímetro de la alianza. La fuerte declaración de Scholz es especialmente notable viniendo de un país en el que las encuestas muestran cierta vacilación sobre el Artículo 5, la cláusula de defensa común en el tratado fundacional de la OTAN, que establece que un ataque armado contra un estado miembro se considerará un ataque contra todos ellos. Qué diferencia de hace una semana.

-Liderazgo político alemán:

Scholz, quién asumió el cargo en diciembre, fue visto por primera vez como vacilante e incluso débil durante sus primeras semanas en el cargo. Su discurso y sus decisiones subyacentes han insuflado nueva vida a su gobierno. Su enfoque decisivo cierra la brecha entre Alemania y sus socios, y abre varias oportunidades nuevas de política exterior. En una semana, Alemania ha puesto la asociación transatlántica con los Estados Unidos sobre una nueva base. La administración Biden había visto a Alemania como un socio indispensable en Europa, esencial para la afirmación de que esta alianza fortalece a los Estados Unidos sin ser simplemente una sangría de recursos. Faltaría saber si todos le creyeron a la Casa Blanca.

Con un poco de ayuda de Putin, Alemania ahora está silenciando a sus críticos, especialmente en el Congreso de los Estados Unidos, donde Ted Cruz, el senador republicano de Texas, encabezaba un grupo de escépticos de Alemania. El gobierno francés, según los primeros informes de prensa, está jubiloso porque Alemania ahora puede convertirse en el socio de seguridad serio que ha estado buscando durante mucho tiempo.

Pero esta decisión tendrá sus efectos más visibles al este de Berlín. Le permite a Alemania reparar sus relaciones con los estados bálticos y otros aliados de la OTAN en el flanco oriental, que habían comenzado a ver a Alemania como egoísta y, a veces, demasiado amistosa con Rusia. El envío de unidades adicionales a Lituania, el despliegue de tropas en suelo eslovaco por primera vez y la expansión de la vigilancia aérea en Rumania representan solo el comienzo de un largo proceso que probablemente hará que se envíen más tropas alemanas a Europa del Este. Esta tendencia puede acelerarse cuando la OTAN decida abandonar el Acta Fundacional OTAN-Rusia de 1997, que limita el despliegue de tropas en los estados miembros de Europa del Este, un desarrollo de los acontecimientos que parece casi inevitable.

Europa finalmente puede sentirse cómoda con el poder militar alemán como potencia central que es. Muchas de las decisiones que Scholz describió deberán explicarse en detalle, comenzando con un plan de preparación y adquisiciones de emergencia para las fuerzas armadas. Actualmente, la mayoría de las unidades no tienen su propio equipo, y necesitan rogar y pedir prestado a otras formaciones cuando son asignadas al servicio de la OTAN en el extranjero. Un programa de emergencia buscará cambiar esta posición incómoda de la economía más grande de Europa. La Estrategia de Seguridad Nacional que el gobierno de Scholz había comenzado a redactar deberá desecharse y comenzar una nueva desde cero. El nuevo Concepto Estratégico de la OTAN, también en la mesa de dibujo, deberá ser reevaluado para tener en cuenta la nueva postura de Alemania. Esta nueva Alemania, que Stern no vivió para ver o agregar a su colección de cambios de imagen, tendrá el presupuesto de defensa más grande de Europa con diferencia. Solo que esta vez, es bienvenido e incluso alentado por todos sus vecinos inmediatos temerosos de la política exterior rusa que hemos analizado anteriormente (más al respecto en las dos publicaciones anteriores).

Alemania no solo se está transformando; la percepción de Alemania también lo es. En 2011, Radoslaw Sikorski, ex ministro de Defensa y Relaciones Exteriores de Polonia, dijo algo que en ese momento pareció extraordinario: “Probablemente seré el primer ministro de Relaciones Exteriores polaco en la historia en decirlo, pero aquí está: temo menos al poder alemán de lo que empiezo a temer la inactividad alemana». Tomó otros 11 años, pero la invasión de Ucrania por parte de Putin puede representar el momento en que la Europa de la posguerra finalmente se sintió cómoda con el poder militar central de Alemania.

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