La transición climática que tanto vienen promocionando nuestros gobernantes, en el caso europeo, con bastante unanimidad será un fenómeno económicamente inflacionario. Esto es ineludible. Al menos creo que puede ser inflacionario durante muchos años (quizá un par de décadas), ya que tratan de invertir mucho en escalar nuevas tecnologías (que no dan frutos inmediatamente) hasta el punto en que bajen los costos o se adapten al sistema de precios de combustibles fósiles tradicional.
Sin embargo, siempre cabe la posibilidad de que podamos equivocarnos y esto podría ser inflacionario por 50 años o para siempre, mientras tratamos de mantener ciertos productos más o menos baratos, aún siendo posible, en caso de continuar por este camino supuestamente basado en evidencia científica o ideología (ahí no entraré ya que es algo que no tengo el espacio para tratar y posiblemente ambas se solapen), una quimera muy rentable para algunas empresas y oligarquías económicas.
Los alimentos saludables y amigables con el medio ambiente, por ejemplo, no serán necesariamente baratos. Requerirá mayor mano de obra o inversión de capital y de fertilizantes para alimentar grandes cantidades de población (cientos de millones en nuestro caso) nos condenará con el tiempo a consumir ultraprocesados de ínfima calidad en caso de querer comer barato.
Por otro lado, cualquier cosa cultivada en laboratorio no puede salvarnos dada la escala del asunto, con el agravante de que no será tan bien visto por los consumidores. La buena comida costará más, eso seguramente no hay forma de evitarlo (dado que difícilmente se adaptará la oferta a la creciente demanda).
Al respecto lo que se considera por nuestros políticos ecologistas como mejores fuentes de energía: geotérmica, eólica, eólica marina, (especialmente los nuevos diseños basados en aluminio), solar, nuclear (y no para todos, aún cuándo parece la opción más estable y confiable), etc. requerirán dinero y tiempo (en el caso de la nuclear quizá en menos medida ya que es ya una energía rentable pero con muchos detractores) para tener beneficios de escala y será más caro durante 20 años… o puede ser más caro durante 100 años a medida que disminuya el suministro de petróleo y gas y no tengamos alternativa.
A esto me refiero cuando digo que hay posibilidad de «nadie quiere tirar el coche a los 60km/h, así que vamos a estrellarnos contra una pared a los 100» y no haya garantías de que dicha transición pueda servir como algo más que una euforia para redistribuir inversión de capital público y privado a estas nuevas empresas nacidas al calor de dicha tendencia promocionada por políticos, activistas y filántropos (algo que ya ha pasado en países como España).
La cuestión es que nadie quiere lidiar con el dolor. Nadie quiere hacer los sacrificios necesarios para construir un futuro mejor, ni siquiera los de la transición ecológica europea, que en muchos casos ha supuesto una década quemando gas en países con las contingencias geopolíticas que eso supone al respecto ciertos potencias con las que hay conflictos a día de hoy, de los que somos realmente dependientes en dichas cuestiones.
Por supuesto, es difícil hacer algo dado que la perspectiva es la del consumidor en todas partes, que es cortoplacista a más no poder. Sin embargo, un político virtuoso debe pensar en términos de plazos de muchas décadas, quizás de 50 años, no de 5 años o 5 meses, algo que las democracias sufren especialmente al carecer de planes y programas a largo plazo por las propia dinámica interna de competencia por el poder.
La transición climática, en definitiva es un cambio de precios relativos; los alimentos y la energía se vuelven más caros (presumiblemente porque incorporan otras externalidades menos eficientes de alguna manera), por lo que aumenta el costo de vida.
El problema es que el coste de vida ya es terriblemente alto en algunas zonas de países desarrollados. Por eso, junto con …”obtener los precios correctos de la energía y los alimentos” debe ir acompañado de precios relativos más baratos para otros bienes: no celulares y automóviles, sino que vivienda, transporte, entre otros a precios más asequibles, para compensar el aumento en el coste de vida.
Eso significa que son necesarias algunas intervenciones en la economía (que de ninguna forma desde una perspectiva realista se deben desnaturalizar tal y como hacen los liberales). Lo que pasa es que las élites están tratando de forzarnos a esta transición haciéndonos asumir todos los costes: la vivienda si fuera más barata, no lo será a través de la redistribución; en su lugar viviremos en cubículos de 2×2 o compartiremos vivienda con desconocidos. No comeremos tantas veces carne, nos ducharemos menos veces, etc.
Así están nuestras élites evitando grados más grandes de necesidad mediante la redistribución de la estructura de costes por estos medios. La derecha, que en algún caso se opone a esto parcialmente (a las intervenciones «farmacológicas» en la sociedad» para aliviar o sanar problemas sociales), debería señalar que esto no es comunismo, ni específicamente de izquierda, es algo más complicado que su mentalidad de vivir en un combate de la Guerra Fría, mentalidad que no les deja entrever lo complejo del tema.
Aclarar, que cuando digo redistribución nos referimos a buscar grandes fondos indexados que impulsen el aumento del precio de la vivienda, por poner un ejemplo claro. Nada discriminación positiva, ni «reparaciones» a minorías discriminadas históricamente (narrativas para distraer de la realidad) ni nada de esa basura. Esto precisamente lo que significa para mí redistribución, algo que con unos cuantos cambios en el registro de propiedad y en las formas de adquisición de vivienda mejorarían mucho las condiciones de vida.
Conclusión y plan de máximos: No se puede obligar a la masa a cargar con todos los costes. Debemos reducir los costes de la vivienda, transporte y la educación superior, antes de imponer costes más altos de alimentos y energía a cualquier persona. Cualquier cosa menos que esto demuestra la naturaleza caprichosa de nuestras élites. Desmercantilizar la vivienda es uno de los puntos centrales a mi parecer, algo que me gustaría tratar en algún momento pero que plantearía como un desarrollo de la idea de Veblen que parte de la crítica a la idea de propietario ausente aplicado a este tema en concreto.
También existen cosas como la reindustrialización buscando trabajos más estables (limitando lo que podríamos llamar «trabajos basura»), menos economía falsa de servicios y ocio, frente a la propuesta industrial que genera industrias auxiliares que aumentan el valor asociado a una industria, etc.
Para acabar, decir que la gente piensa que la «redistribución» solo significa transferencias directas (los economistas en particular piensan que esto es así ), pero no va por ahí la cuestión, la mayor parte de estos problemas se podrían arreglar sin cambiar buena parte del sistema de recaudación y distribución centralizada de dinero por el Estado.
La distribución y las formas de socialización de riqueza en una sociedad se determinan muchas veces más por temas legales y como está configurado el sistema productivo a través de la ley (entendiendo la economía así como subsidiaria del Estado), que por el propio sistema fiscal, sin restar importancia de que este sea gravoso para algunas industrias/actividad económica deseable en un país desarrollado. Aunque esto sería ya, un tema para otra publicación, siendo tampoco mí intención alargarme más de lo necesario.
La toma de Twitter por Elon Musk.
Una victoria estratégica es una victoria que hace posibles otras victorias. ¿Podría Elon Musk comprar Twitter? ¿Qué significaría? ¿Y qué haría con él? Como le dije a un amigo: Rara vez pienso que algo tiene sentido más que para crear narrativas favorables a uno mismo. Pero creo que esto tiene sentido estratégico claro para el hombre más rico del mundo,
Finalmente se anunciaba en el diario digital el País (por citar una fuente española): «Twitter ha anunciado este lunes un acuerdo con Elon Musk, consejero delegado de Tesla y el hombre más rico del mundo, para comprar la totalidad de la red social en una operación valorada en 44.000 millones de dólares.»
¿Es esto una acción significativa? Como sabe cualquier persona, no hay acción sin conflicto. La acción cuándo es un conflicto entre partes es estratégicamente positiva si facilita la acción posterior. Por ejemplo, en una guerra, se gana una batalla si el resultado de la batalla es facilitar la próxima batalla junto con el posicionamiento estratégico, operacional, logístico y táctico ventajoso que produce dicha victoria. Lo mismo ocurre con una confrontación política.
La ocupación de Ottawa por las protestas en Canadá, por poner un ejemplo, fue una derrota, no una victoria porque dejó los poderes que serían más fuertes y los poderes que serían más débiles. La victoria de Trump en EEUU fue una victoria táctica y operacional, su presidencia también, pero esto no se tradujo en una victoria estratégica ya que la constitución material (distribución de poder en EEUU) es sustancialmente la misma, con las correcciones y acumulación de riqueza que supuso para las empresas con poca fricción de ventas en la época Covid. La historia política de Podemos como supuesto movimiento de protesta fue un fracaso porque no consiguió cambiar sustancialmente el régimen al que criticaba (Régimen del 78 español).
En todos los casos el régimen progresista se fortaleció contra cualquier futuro uso inteligente de las protestas de camioneros y probó nuevas herramientas de supresión financiera (como es el caso de Canadá) tal y como escribí en un post hace tiempo (enlace). Los participantes y organizadores se quedaron con problemas legales. La audiencia se fue a casa y se olvidó de todo. Vieron más “pruebas” de que los regímenes en el mundo angloeuropeo son lo que creen que son, como pensaban. En el caso de Trump todo acabó en desastre, en el campo de la izquierda, casos como Podemos acabó integrado en el Régimen tragándose todas las ideas de élite que defiende hasta las grandes corporaciones y medios anglosajones siendo útil para el PSOE, parte fundamental y activa del régimen del 78 en España, con el PP como muleta que conservar lo que hace el PSOE en lo fundamental.
Casi todas las acciones conservadoras (y algunas de izquierdas que se salen de los márgenes) son una derrota según este estándar, razón por la cual solo los perdedores son conservadores y revolucionarios (en los que ni mucho menos encuadro a Podemos). Es una victoria en el sentido corriente del término: una acción que consigue lo que quieren los actores. Es una victoria táctica, pero una derrota estratégica dado que el resultado general de la disputa no se resuelve en favor del atacante sino de lo establecido.
En general, la victoria en una rebelión política basada en un problema es una derrota estratégica porque reduce la energía del apoyo. El apoyo aristocrático/oligárquico de una parte de la élite (ya sea del sistema de seguridad, de cierta plutocracia, de filantropía o incluso de un poder extranjero) es crucial para cualquier rebelión de importancia. El desorden severo y los desequilibrios en el sistema conducen y producen pensamientos rebeldes entre partes de la élite, quienes comienzan a cuestionar las verdades que antes consideraban sagradas.
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La primera etapa de estos pensamientos rebeldes es la “excepción sin principios”. Un ejemplo muy estadounidense sería que en la década de 1980, votar por republicanos “duros con el crimen” violó los principios de muchas élites neoyorquinas. Al ver los resultados de sus propios principios (liberales y progresistas) en sus propias vidas, no reaccionaron haciéndose republicanos, reaccionaron votando por un republicano. No cambiaron sus principios, crearon una excepción a esos principios.
Hay tres destinos para tal excepción. Puede permanecer como es; puede desaparecer; o puede expandirse para convertirse en un cambio genuino de un excepción sin principios. Debido a que elegir a un alcalde republicano para la demócrata y progresista Nueva York creó una victoria táctica que les dio a los votantes lo que querían (una política de seguridad dura), la excepción desapareció: su perturbadora disonancia cognitiva ya no era necesaria. Si el problema persistiera, la excepción se habría quedado como estaba o se habría ampliado.
En cambio, durante treinta años, los ciudadanos progresistas de una Nueva York en su mayoría segura y en su mayoría ordenada se miraron a sí mismos y se preguntaron por qué toleraban una actuación policial tan carente de principios. Al no encontrar respuesta, retrocedieron. La inercia ya no protegía las consecuencias de la excepción, y los boomers neoyorquinos conservadores de Queens y Staten Island que se habían aliado con la excepción se marchaban y morían. Al final, la victoria táctica se perdió y se volvió casi imposible de repetirlo.
La lección general que aprendemos de esto es que, para un rebelde, todas las verdaderas victorias son totales. El que hace media revolución cava su propia tumba. Si bien esto es generalmente cierto, hay excepciones. Este es uno.
-El golpe de Twitter.
¿Elon Musk logró una adquisición privada de Twitter? Parece que lo ha conseguido dado que la empresa ha salido del mercado bursátil. No soy un experto: mi interés en el mundo corporativo es puramente político, en tanto existe relación entre capital y poder, no como el de un inversor o una persona que se preocupa por el directivo de una u otra empresa relevante.
Es importante señalar que la única victoria posible sería local pero total. Estos son los únicos tipos de victorias incrementales a las que los rebeldes deberían aspirar: «golpes de nicho» que capturan completa e irreversiblemente una parte del todo.
La victoria sólo se logra si Musk completa todo su plan: comprar Twitter y lo hacer privado, algo que parece haber conseguido (privado en el sentido de que no pueden entrar más inversores ni participar en el capital nadie más que él). Esto se debe a que, como Musk reconoce plenamente, el cumplimiento de la potencia de tener un altavoz así es económicamente óptimo. Es fácil para él poder controlar una empresa pública, dado que una empresa pública debe administrarse para maximizar las ganancias y servir a los accionistas, esto tiene el problema y la virtud de simplemente establecer incentivos que aseguren que sea rentable. Si hay un solo accionista y tiene segundas intenciones más allá del lucro, este mecanismo de control deja de funcionar y eso es lo que parece ocurrir en todo esto (como más una forma de promocionarse por parte del propio Musk que como un negocio). En cualquier otra situación de participación abierta de accionistas la administración tiene la responsabilidad fiduciaria de cumplir con ciertos criterios, en casos de propiedad individual el único problema se suele encontrar en la voluntad de la administración pública de hacerte cumplir sus designios.
¿Sería una victoria estratégica? Una vez más, una victoria estratégica es una victoria que hace posibles otras victorias. No hace falta decir que una plataforma de redes sociales monopólica que no esté en deuda con los medios de comunicación de prestigio y su única perspectiva sería ser un altavoz de quién tú quieras es una fuente de enorme poder. Es decir, herramientas como Twitter, Facebook o Instagram podrían crear todo tipo de victorias tácticas y estratégicas.
¿Qué sería lo correcto para Musk con un Twitter como administrador único? Supongamos que siguiera una estrategia de gestión y se nombrara a sí mismo director general, asumiendo toda la responsabilidad de la política y la estrategia y dejando las decisiones operativas en manos de algún lacayo competente (lo que normalmente hacen los gobiernos en temas como la guerra).
No es suficiente decir que va “acabar con la censura”, aún así tendríamos que diferenciar entre censura y moderación. La censura en este caso es simplemente mala moderación. Si un twitter propiedad de Musk terminara con moderación, los resultados podrían incluso ser lo suficientemente malos como para destruir un monopolio estable de gestión de información como Twitter.
Una posibilidad es la creación de un sistema de moderación al estilo del sistema judicial no del todo diferente al «tribunal supremo» de Facebook, pero con el propio Musk como tribunal de apelación final.
En las monarquías clásicas, el rey era el juez supremo. Obviamente, el rey (como cualquier organismo supremo) no puede molestarse constantemente con trivialidades (de ahí a una necesaria delegación). Por lo tanto, el propósito de un sistema judicial, o en el caso del Rey político o jerárquico es escalar y estandarizar la voluntad del rey, en este caso, el directivo. La definición del estado de derecho es que la voluntad del poder es uniforme y predecible, un problema especialmente difícil para un individuo como Musk, que igual que cualquier persona es necesariamente en muchos casos arbitraria.
Hoy en Twitter, como en la mayoría de las redes sociales, la justicia funciona con un estilo más o menos en lo que piensan los progresistas o liberales como totalitario. La pena normal es la ejecución permanente. No hay una explicación transparente de por qué se ejecuta (o cancela) una cuenta, ni antes ni después de la ejecución. Simplemente ha “violado las reglas de Twitter”. Las reglas públicas son extremadamente abstractas y teóricamente podrían justificar casi cualquier cancelación. El libro de reglas privado por el cual opera la policía secreta, o «Ministerio de Confianza y Seguridad», es, por supuesto, tan secreto como todo lo relacionado con la policía secreta.
Por supuesto, es fácil observar que una cuenta de spam de dos días de antigüedad no merece un juicio de seis meses, con abogados, antes de recibir la sentencia. El debido proceso en este contexto no debe ser un clon del sistema judicial al estilo occidental, que está más dañado de lo que nadie pueda imaginar.
Hay una solución simple al problema de escalar el debido proceso: escalar el nivel del debido proceso al tamaño de la cuenta. Una cuenta con un millón de seguidores (reales) bien podría merecer un juicio público de seis semanas. ¿El spammer con 20 seguidores? Cualquiera puede sacarle de enmedio dada la poca repercusión que esto tiene. Hay un uso para la justicia o moderación en línea: solo es una injusticia cuando es desproporcionada a la inversión del usuario en el servicio o plataforma. Cuando Twitter es una parte relevante de su carrera y cualquier policía o juez puede dispararte, juzgarte y cancelarte sin saber el motivo, una espeluznante atmósfera de terror lo invade todo.
Esta atmósfera de terror no es necesaria de ninguna manera, excepto para cumplir con el régimen político, en este caso el régimen y la moralidad progresista cuyas reglas son intrínsecamente inconsistentes y contradictorias, porque sus principios son inconsistentes y contradictorios. Musk realmente puede resolver esto, algo que los que somos usuarios de redes sociales veremos seguramente en un futuro próximo.
Sobre Twitter, Elon Musk y las élites progresistas.
Aclaración inicial: Usaré el término de «Régimen» o «Élites» refiriéndome a las élites de tendencia progresista de los Estados Unidos que tienen en mayor o menor medida el control de la narrativa oficial y controlan la «corrección política» y la construcción de la «realidad» mediante medios de comunicación y educación con una curiosa coordinación descentralizada.
La guardia pretoriana de cuadros cercanos a los demócratas americanos de Twitter expresó un grito de agonía ante el anuncio de que el empresario multimillonario Elon Musk había ofrecido comprar la empresa por 43.000 millones de dólares el jueves por la mañana.
Todos los estadounidenses pasaron el día descargando su ira en la plataforma, prediciendo diferentes niveles de apocalipsis ante la perspectiva de que la censura notoriamente sesgada del sitio retrocediera. Musk dejó en claro en una entrevista que sus motivaciones para comprar la plataforma no son financieras, sino que se centran en preocupaciones sobre la «libertad de expresión» y las limitaciones en el discurso que la influyente plataforma de redes sociales ha estado imponiendo en Estados Unidos y el resto del mundo. Obviamente esto es lo que dice él, las cosas suelen ser más complicadas y seguramente la plataforma sería un catalizador para aumentar la popularidad de Musk entre los que han sido «censurados» más que la creencia en el ideal.
El multimillonario tecnológico ha criticado abiertamente cómo se comporta Twitter en relación con la censura. No es un secreto que el gigante de las redes sociales tiene un largo historial de bloqueo, prohibición en la sombra o incluso eliminación total de cuentas por expresar opiniones políticas equivocadas (en su opinión), o prohibir información fáctica que contradice las narrativas políticas populares en torno a temas como Covid o el debate en curso sobre ideología transgénero/LGBT+, y Musk parece particularmente preocupado por la forma en que la censura afecta el «proceso democrático».
Una posición que está según el magnate especialmente justificada después de que la plataforma bloqueó The Post on Wednesday, de uno de los periódicos más grandes del país cuando intentó compartir revelaciones impactantes sobre Hunter Biden solo unas semanas antes de las elecciones. Esto demuestra que los medios al final, igual que las plataformas de redes sociales son nexos de poder.
Desde entonces, esa noticia de The Post ha sido reivindicada a regañadientes por otros medios principales, pero Twitter (así como Facebook) se complació en bloquear la noticia en un momento crucial en lo que fue un claro intento de ayudar al BlueEmpire (demócratas, mundo progresista americano, etc.) y beneficiar a una opción de las elecciones estadounidenses de 2020. Luego procedieron a excluir de Twitter al presidente en ejercicio de los Estados Unidos, por si acaso.
Twitter no es solo una más de las plataforma de redes sociales, y tanto Musk como sus oponentes son plenamente conscientes de ello. El sitio de microblogging puede tener una base de usuarios relativamente pequeña en comparación con sus competidores más cercanos, pero lo que le falta en volumen lo compensa con creces en influencia. Twitter es la plataforma preferida de nuestras élites. Periodistas y expertos de los medios, es decir, las personas responsables de tejer la narrativa, especialmente en EEUU, que se ven obligados (se den cuenta o no) a estar expuestos. El sitio sirve como una herramienta de red y dispensador de dopamina para la clase encargada de controlar lo que ve, oye y piensa la persona promedio. Pero esa clase se ha vuelto cada vez más terrible en su trabajo.
La razón por la que la oferta de Elon Musk es tan peligrosa para ciertas élites progresistas es que promete sacar a una clase de parásitos que controlan espacios seguros de poder, cuidadosamente diseñados y obligarlos a enfrentarse sin asimetrías a su favor, sin tener la posibilidad de manipular «la opinión publicada» con tanta crueldad de forma regular. Las reacciones inmediatas a la oferta de Musk fueron predecibles e hilarantes, ya que periodistas verificados, profesores y varias celebridades compararon a Musk con un supervillano de Marvel, una calamidad del fin del mundo… y, por supuesto, con Adolf Hitler. Max Boot, el experto político perpetuamente a favor de la guerra y antiestadounidense, incluso llegó a proclamar que el multimillonario representa un peligro para el mundo occidental porque la censura (de algunas opiniones, lo cual tiene sentido pero se presenta cínicamente) es esencial para la defensa de la «democracia».
Sin embargo, a pesar de lo glorioso que fue el histerismo de algunos notables progresistas americanos, lo interesante es el punto de mantener los nexos de poder, hay buenas razones para que aquellos que no estamos muy conformes con las novedades y crisis nerviosas del poder inseguro del Régimen de Europa Occidental y EEUU se muestren escépticos ante la oferta de adquisición de Musk. Hay dudas sobre cómo el multimillonario financiaría la adquisición masiva, ya que la mayoría de sus activos están actualmente inmovilizados en acciones de Tesla y SpaceX. Ya han comenzado a circular rumores sobre la realización de una investigación conjunta de la SEC (Comisión de Bolsa y Valores) y el DOJ (Departamento de Justicia de EEUU) sobre Tesla después de escuchar la noticia de la oferta de Musk para comprar Twitter. Además, grupos de inversión como Kingdom Holding Company y The Vanguard Group han adquirido grandes posiciones de poder en Twitter con la intención de impedir que Musk complete la adquisición (aunque en este momento no está claro que el primero tenga una participación significativa en la empresa).
Sin embargo, incluso si el multimillonario adquiriere Twitter, es posible que no veamos el cambio radical que muchos esperan. Si bien parece probable una reversión de la censura que afecta a las redes sociales, no está claro hasta dónde llegará. ¿Se restaurarían las cuentas prohibidas? ¿Se permitiría la devolución de información censurada de todo tipo? ¿Seguiría moderándose el comportamiento que actualmente se considera de «odio» o «acoso»? La libertad de expresión (para muchos este acaba en las opiniones que consideran equivocadas) es un término amplio y casi nadie tiene la misma definición, por lo que es difícil saber cómo sería la visión de Musk una vez que se aplique al sitio. Además, el hombre más rico del mundo ha expresado reiteradamente su interés en acabar con el anonimato en el sitio. Si bien Musk puede terminar con la censura en Twitter, no puede detener las represalias por las opiniones políticas heterodoxas en la vida real y la tendencia a los políticos a tratar de limitarlas.
El anonimato es una herramienta crucial que protege la capacidad de la persona promedio para expresar sus opiniones reales, y es preocupante ver a alguien que busca devolver la libertad de expresión a Twitter hablar públicamente en favor de este.
Si bien uno puede debatir la probabilidad de que nuestras élites gobernantes permitan que Musk adquiera Twitter o qué haría el magnate de los negocios una vez que adquiriera la plataforma, una cosa es segura: este juego de poder ha sacudido al Régimen. La obvia coordinación de múltiples entidades corporativas, organizaciones gubernamentales, firmas de inversión, gobernantes extranjeros y medios de comunicación para evitar que una sola pieza del aparato de fabricación cultural caiga en las manos equivocadas ha puesto al descubierto la profunda corrupción en el corazón de nuestro sistema. Es difícil para nuestras élites continuar justificando su gobierno a través de ficciones como ‘libre empresa’, ‘democracia’ o ‘el mercado de ideas’ cuando están tan dispuestas a subvertir (en caso de no tenerlas) y proteger tan descaradamente esas instituciones en el momento en que se desafía su poder. Incluso si esta táctica falla como parece que así será.
La relación entre el Poder y la falsa distinción entre público y privado.
El otro día vi este tweet (imagen de abajo) que iba en el contexto una persona que afirmaba que un hipotético gobierno republicano en EEUU debería ser más duro con las corporaciones que habían tenido políticas de relaciones públicas abiertamente partidarias y «progresista». Sin embargo, el análisis ya en origen iba errado, me explico:

La respuesta para alguien seguidista de los mitos políticos de la actualidad sería algo así (imagen adjunta más abajo). El comentario presupone que el poder público y el poder privado son dos esferas separadas, generando dicha ficción un poder estatal inhibido, algo que de ser en caso contrario percibe por la mayoría como autoritarismo.

La cuestión que resulta de esto es: ¿Por qué un poder central (Estado) debe respetar a empresas privadas (u otro tipo de organizaciones) aún este reteniendo la jurisdicción y la soberanía? Este argumento obviamente se hace por motivos políticos, dado que los que quieren inhibir al poder de su legítima capacidad de intervenir en la sociedad saben que eso empeoraría su posición partidaria en caso de un Gobierno no favorable.
Ahí podemos ver qué tenemos unas élites inseguras dado que recurren a todo tipo de subterfugios para mantener cuotas de poder independientemente de quién controle el Gobierno. Todos coincidireís conmigo en que aún habiendo un Gobierno republicano en los EEUU en el mandato anterior, por poner un ejemplo, la agenda progresista no se detuvo y aún diría más, se intensificó hasta unos grados de paranoia política nunca vistos.
Esto quizá podría explicar esa idea de que en las democracias-liberales de Europa Occidental y EEUU todos los gobiernos son en mayor o menor medida iguales.
Esto se debe a que las elecciones no son tan relevantes como parecen, de hecho en algunos casos son poco más que rituales de legitimación y sucesión de los gobiernos, sin embargo, el poder real no se encuentra en origen (votaciones) como muchos creen, se encuentra en una serie de nexos de poder que toman decisiones, pero a la vez sostienen ideas como las antes comentadas de forma compartida con el Gobierno (de ahí a que sean antes oligarquías que democracias o monarquías).
Esto vuelve a nuestras democracias-liberales algo parecido a oligarquías en tanto el poder no se encuentra únicamente en los electores o en el Estado, sino que el poder se encuentra condicionado por un montón de intermediarios y nexos de poder directa o indirectamente relacionados.
Ahí es cuándo el viejo mito liberal de Estado en tensión con la sociedad no se sostiene más que como una estrategia de competencia por el poder entre centros de poder enfrentados y no como una serie de afirmaciones realistas. Esto se sostiene bajo asunciones que parten de una ontología anárquica que presupone al individuo como independiente de la sociedad y sobre todo del Estado.
El problema por otro lado, es que en Occidente la línea de Partido (sea del tipo que sea) nunca está clara dada la naturaleza oligárquica ficticiamente distribuida y descentralizada (dado que se apoya en ficciones legales y mitos políticos que configuran unos Estados inhibidos en ciertos temas). Cuando un gobierno occidental usa su poder para obligar a la empresa privada a aceptar la ingeniería social progresista, no lo hace él solo, esto es bidireccional (ahí la distinción público y privado pierde el sentido), la promoción de estas ideas se produce desde el gobierno, desde la burocracia, y desde las empresas privadas, filantropía, academia/educación, prensa, ONG’s, think tanks, lobbies que se benefician de algún punto de dichas políticas, etc. Es decir, el hecho de tener el poder (o tenerlo), no cambia la vigencia de la línea de Partido hegemónica, y esto ocurre por lo siguiente:
1: Las luchas sociales progresistas, los derechos civiles creados por dicha ideología, la descentralización y delegación de la planificación económica a empresas privadas, y el Estado democrático-liberal de derecho en todo el mundo son la religión (secular) de los Estados occidentales, y sirven o son instrumentalizadas continuamente para fines políticos.
2: El que no haya un gobierno progresista en un país no quita que dicha maquinaria siga funcionando, dado que el poder es intraestatal y extraestatal (dado que los Estados occidentales así lo quieren/así lo permiten), el gobierno es relevante, pero los Estados occidentales llevan simultáneamente tantas políticas públicas y tantos proyectos, además de que tienen tanto personal partidario de estas ideas, que en ausencia de una purga sin igual en la historia, la agenda sigue funcionando dada la existencia de burocracias con autopoder y actores privados (subsidiarios del Estado gobernado por los conservadores, en caso que en ese momento estén en el poder, y ahí está lo gracioso).
3: Dado que el poder, por delegación o omisión estatal también es extraestatal, la filantropía, los medios, las ONGs, los académicos y numerosas corporaciones se benefician de la separación ficticia entre privado y público, afirmando que dado que existe libertad de asociación y libertad de empresa, pueden dichos individuos/instituciones ejercer sus libertades expresando y fomentando dichas opiniones.
4: Ahí, y siguiendo el argumento anterior, se manifiesta la idea de libre empresa, libertad de asociación, libre constitución de corporaciones, think tanks, lobbies y ONG’s no como una idea de neutralidad, sino como una idea de poder, ya sea de contención, dado que el poder público no puede intervenir según arbitrariedades políticas, o de ofuscación, dado que aunque estas instituciones y organismos tienen gran poder social, el gobierno no puede hacer nada (teóricamente) contra ellos, dado que se consideraría que va en contra de una idea de «libertad».
5: Nada de esto es lo que ocurre realmente, dado que un gobierno puede cambiar la ley de asociaciones, de constitución de corporaciones y empresas, puede cerrar cualquier institución o desincentivar cualquier tipo de organismo privado con unos fines determinados. Es decir, la subsidiariedad de todo estos mecanismos que el Estado decide tolerar, son simplemente formas de poder delegadas por él (dado que se constituyen y emanan de su poder soberano que garantiza la ley), que no elimina o porque el poder está interesado en ello, o porque, en el caso de los no progresistas, creen en una serie de mitos en este sentido ofuscadores.
Parece ser, y para acabar por hoy, que lo que yo planteo es autoritarismo para el mundo progresista (y liberal) aún cuando a todas estas cuestiones también se han planteado desde el propio poder progresista contra sus enemigos.
La verdadera queja de los progresistas o conservadores (y esto ocurre en ambas direcciones, aún cuando los primeros ganan de goleada) no es que la libertad de la empresa privada/asociación esté siendo restringida, sino que hay «influencia política inadecuada sobre la toma de decisiones del gobierno» -así se suele plantear por el que no tiene el poder-, esto como es lógico no nos sirve para observar lo que está ocurriendo dado que la constitución material (distribución de poder occidental) no se limita al Estado, y los planes y programas de una u otra facción se pueden seguir planteando e imponiendo sin tener el poder.
Repito de otra forma, esto se debe a que la estructura de poder se encuentra distribuida (a voluntad del propio Estado) entre una amalgama de instituciones/personas que no necesariamente tienen poder político formal, pero sí influencia política, ideológica, cultural, económica y moral. Esto genera un entorno en el que los mitos de libertad individual, libre mercado, libre concurrencia política, libertad política, entre otros parece coherente dado que la autoridad se encuentra oculta y distribuida, nadie sabe quién gobierna realmente, y de ninguna forma el Gobierno suele actuar de forma muy activa dado que se consideraría despótico.
¿El fin de la hegemonía del dólar? ¿Vamos hacía una mayor soberanía monetaria?
El 26 de febrero de 2022, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia y la Comisión Europea emitieron una declaración conjunta que muy bien podría cambiar la economía mundial para siempre. En él, estos países se comprometieron a congelar las reservas de moneda extranjera del Banco Central de Rusia en respuesta a la invasión rusa de Ucrania dos días antes. Estas reservas, que se estimaron en alrededor de $ 630.000 mil millones, se habían estado acumulando desde que se agotaron la última vez que Rusia intervino en Ucrania en 2014. Cuando se congelaron, estaban en su nivel más alto desde que se recopilaron datos. Esta acción podría marcar un cambio tectónico en el sistema monetario mundial comparable a la ruptura del dólar estadounidense con el oro en 1971 y vamos a ver el motivo.
-Guerra económica, 2014-2022.
Rusia había estado acumulando reservas de moneda extranjera precisamente para el tipo de crisis que enfrentó su economía cuando los países occidentales respondieron a la invasión rusa de Ucrania con sanciones económicas. Los rusos habían aprendido esta lección durante su anterior incursión en Ucrania. Después de que intervinieran militarmente en 2014, el rublo se desplomó. En ese momento, los saudíes también estaban aumentando sus exportaciones a un mercado petrolero ya débil y bajista en el valor de la cotización, y los precios del petróleo cayeron precipitadamente. La economía rusa entró en recesión. Sin embargo, la situación en 2022 es muy diferente de la situación en 2014. En 2014, el crecimiento global fue mediocre y la inflación fue moderada. Además de esto, los mercados petroleros en 2014 todavía tenían en cuenta el enorme aumento en la producción de petróleo en los Estados Unidos que fue posible gracias a la «revolución del fracking», que duplicó la producción de petróleo de los Estados Unidos. En 2022, por otro lado, la economía mundial se estaba y está calentando y la inflación era la más alta desde la década de 1970. La revolución del fracking había cotizado durante mucho tiempo en los mercados petroleros mundiales. Incluso si los saudíes quisieran hacer caer el precio del petróleo a principios marzo de 2022, algo que no quieren porque aumenta sus rendimientos, y no dieron indicios de querer hacerlo por otro lado, llegando incluso a negarse a responder la llamada telefónica del presidente Joe Biden, las condiciones económicas probablemente significaban que no podrían hacerlo o que la situación actual les conviene.
Esta vez, el rublo se vio sacudido por las sanciones, pero no tanto como cuando se vio afectado por la caída de los precios del petróleo en 2014/15. En 2014/15, el rublo cayó alrededor de un 48 % frente al dólar estadounidense; en 2022, cayó alrededor del 25 por ciento y ya ha recuperado su valor al de antes de la guerra. Esta caída es aún menos dramática si recordamos que, en 2014/15, el banco central ruso fue libre de volcar divisas en el mercado para estabilizar el precio del rublo, mientras que en 2022 no lo ha hecho. Esto no es sorprendente dado el comportamiento del mercado del petróleo. En respuesta a la invasión de Ucrania y la amenaza de sanciones enérgicas contra Rusia, un país que produce alrededor del 13 por ciento del petróleo del mundo, los precios aumentaron y la volatilidad se disparó. Todo el mundo en los mercados de divisas sabe que el valor del rublo está firmemente ligado al precio del petróleo. Controlando la inflación, el análisis de regresión del tipo de cambio ruso muestra que alrededor del 64 por ciento de los cambios se explican por cambios en el precio del petróleo, una demanda que no ha desaparecido y que junto con las reservas lo mantiene en un valor mejor que en 2014. De este ejercicio hemos aprendido que las sanciones son un arma económica mucho más débil contra Rusia que las intervenciones en los mercados energéticos. Incluso se podría argumentar que Rusia no necesitaba acceder a sus reservas de divisas esta vez gracias al impacto que la invasión y las sanciones tuvieron en los precios del petróleo. Si la historia juzga la incautación de las reservas de divisas rusas como un ejercicio en gran medida infructuoso tal y como parece, será una cruel ironía porque, como veremos, el acto de incautación de estas reservas podría tener efectos a largo plazo en la hegemonía financiera estadounidense dado que generará una crisis de confianza y los países no occidentales tendrán cuidado de alojar reservas de divisas en bancos occidentales.
El 16 de marzo de 2022, el presidente ruso, Vladimir Putin, pronunció un discurso en el que describió su plan económico para avanzar. Inmediatamente, una parte de ese discurso comenzó a circular en las redes sociales. Putin dijo que la congelación ilegítima de algunas de las reservas de divisas del Banco de Rusia marca el final de la fiabilidad de los llamados activos de primera clase. De hecho, EE. UU. y la UE han incumplido sus obligaciones con Rusia en una materia que teóricamente deberían ser neutrales (ahí se demuestra la subsidiariedad de la propiedad y el dinero al respecto el Estado). Ahora todo el mundo sabe que las reservas financieras simplemente pueden ser robadas/incautadas. Y muchos países en el futuro inmediato pueden comenzar, estoy seguro de que esto es lo que sucederá, a convertir sus activos digitales y de papel en reservas reales de materias primas, tierra, alimentos, oro y otros activos reales, lo que solo resultará en más escasez en estos mercados y por lo tanto mayor inflación
Si bien los responsables políticos pueden haber descartado inicialmente el discurso como una fanfarronada más del Kremlin, la gente en los círculos financieros ya había estado discutiendo precisamente este punto durante algunos días. Las monedas de reserva, como todas las monedas, dependen de su valor en la confianza. Los países eligen qué monedas mantener en reserva en función de la estabilidad de estas monedas. Las monedas cuyo valor se infla regularmente no se utilizan como monedas de reserva. Pero a un nivel más básico, el titular de una moneda de reserva debe estar seguro de que el activo no será simplemente embargado. Si un país piensa que el país que emite la moneda de reserva podría simplemente apoderarse de ella, especialmente en el momento en que más se necesita, entonces sería imprudente mantener esta moneda de reserva si hay alternativas sobre la mesa. La incautación de reservas es un ejercicio trivial en términos técnicos, ya que las reservas de la moneda de un país se mantienen en una cuenta en el banco central de ese mismo país. El país emisor siempre tiene el control total, pero hasta ahora pocos países han estado dispuestos a convertirlo en un arma a una escala tan grande.
Al congelar las reservas de divisas de Rusia, Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea señalaron al mundo que el acceso de otros países a sus reservas en dólares, libras y euros depende de su enfoque de la política exterior. El mundo prestará atención a este desarrollo, más obviamente en el caso de China. China ha tenido durante mucho tiempo grandes superávits comerciales con los países occidentales y, al hacerlo, ha acumulado enormes cantidades de reservas de divisas. Pero ahora los chinos deben ver estas reservas a través de la lente de su política exterior. Si, por ejemplo, China decidiera apoderarse de la isla de Taiwán, parece casi seguro en este punto que las reservas se congelarían. ¿Se congelarían incluso como resultado de una incursión menos ambiciosa por parte de China? Nadie lo sabe. Pero puedes apostar a que los planificadores chinos lo están discutiendo.
Todos los países ahora tendrán que considerar sus reservas de moneda extranjera a la luz de su política exterior. India tendrá que considerar si las tensiones con Pakistán podrían conducir a la congelación de sus activos. África está sujeta a una agitación constante y, a menudo, las tensiones allí generan resistencia de Occidente. Muchos países africanos también tendrán que reconsiderar sus reservas. Arabia Saudita, que posee enormes cantidades de reservas, recordará la reacción occidental ante el asesinato del periodista Jamal Khashoggi como una posibilidad de si se repite un evento así que sea castigado en este sentido. El Reino saudita ya está en conversaciones para vender algo de petróleo en yuanes chinos. Cada estado de Medio Oriente estará mirando su lista de alianzas por un lado y sus saldos bancarios por el otro.
Por supuesto, estos países tampoco querrán depender completamente de China o de la moneda y la buena voluntad de cualquier otro país. Con la Unión Europea, el Reino Unido y Canadá uniéndose al esfuerzo de los Estados Unidos, sus monedas también serán menos atractivas como competidores. Hay otros obstáculos (al menos a corto plazo) para la desdolarización. El punto no es sugerir que el abandono completo de las reservas de dólares está en el horizonte, ni que sucederá de la noche a la mañana. Sin embargo, incluso un grado moderado de mayor diversificación lejos del dólar a lo largo del tiempo podría tener un impacto significativo.
¿Los políticos occidentales entendieron todo esto cuando se apoderaron de las reservas extranjeras de Rusia? He escuchado esa pregunta muchas veces en las últimas semanas. Algunos piensan que sí, y entendieron que la acción acelera el cambio a un mundo multipolar. Otros piensan que no lo hicieron, que la invasión rusa de Ucrania los tomó por sorpresa y se vieron obligados a parecer que estaban haciendo algo, especialmente con las redes sociales y los medios frenéticos que amplifican los tambores de guerra. Creo que la última es una mejor interpretación, ya que también parece haber evidencia de que no consideran cómo las sanciones podrían beneficiar a la economía rusa al hacer subir los precios del petróleo, que de todas maneras acabarían explotando y revaloraría el rublo tras el choque inicial, dado que los nuevos demandantes de más gas y petróleo rusos, lo adquirían en rublos, yuanes o rupias, algo que debería haber sido obvio para cualquier macroeconomista competente.
-Hegemonía del dólar: la visión a largo plazo.
En el verano de 1944, delegados de cuarenta y cuatro naciones se reunieron en Bretton Woods, New Hampshire, para elaborar un sistema monetario global para el mundo de la posguerra. Además de establecer el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la conferencia estableció un sistema de tipos de cambio globales vinculados al dólar, que a su vez estaba vinculado al oro. No todos estaban a favor de esto. El economista británico John Maynard Keynes, por su parte, propuso una solución más multipolar a la que llamó «bancor», que habría proporcionado un marco mucho más flexible y equitativo para el comercio mundial. Pero los estadounidenses querían dominar el sistema y dado que toda Europa estaba muy endeudada con ellos después de la guerra, especialmente la propia Gran Bretaña de Keynes, que había vendido la plata de la familia a los estadounidenses para financiar su esfuerzo de guerra, provocó que los estadounidenses ganaran ese día. Nació el patrón dólar.
Durante algunas décadas el sistema funcionó como debía. Esto se debió al dominio estadounidense de la economía mundial después de la Segunda Guerra Mundial. Mientras Europa y Japón reconstruían sus economías, Estados Unidos impulsaba sus exportaciones a los mercados mundiales. Como la capital manufacturera del mundo, Estados Unidos tuvo superávits comerciales constantes. Esto significaba que Estados Unidos nunca debía nada de su oro a ningún otro país en cantidades significativas. Con el oro en el banco, el dólar se mantuvo estable y el sistema funcionó como un reloj.
Esto comenzó a cambiar a finales de la década de 1960. Lyndon Johnson estaba empantanado en Vietnam y sujeto a presiones internas masivas para la reforma interna. Optó por llevar una economía de «armas y mantequilla» y trató de financiar tanto la guerra como los nuevos programas sociales, principalmente a través del gasto público financiado con déficit. Como resultado, la cuenta corriente de Estados Unidos cayó en déficit con el resto del mundo en 1971/72. Esto significaba que los países a los que Estados Unidos les debía dinero podían pedir sus pagos en oro.
El presidente francés, Charles de Gaulle, había tenido durante mucho tiempo una fijación antiestadounidense en tanto, y seguramente era cierto, los Estados Unidos negaban la autonomía estratégica francesa. Después de la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses exigieron a sus aliados que otorgaran la independencia a sus colonias. De Gaulle se enfureció por esto y lo vio como algo que no incumbía a Estados Unidos. Pero en 1945 se vio en aprietos cuando tuvo que pedir a los estadounidenses un préstamo de mil millones de dólares para reconstruir la economía francesa. Francia se vengaría cuando en agosto de 1971 el presidente Pompidou envió un acorazado al puerto de Nueva York para llevarse el oro que se le debía a Francia. El oro sería retirado del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y transportado a la Banque de France en un sorprendente desafío simbólico al poder financiero estadounidense. Pronto otros países harían lo mismo. Este fue el equivalente internacional de una corralito bancario.
A mediados de agosto, los estadounidenses se dieron cuenta de que estaban atascados. Si sus socios comerciales seguían pidiendo que les enviaran oro, pronto encontrarían las bóvedas de Estados Unidos vacías. El presidente Nixon apareció en televisión un domingo y dijo lo siguiente:
«Debemos proteger la posición del dólar estadounidense como pilar de la estabilidad monetaria en todo el mundo. En los últimos siete años, ha habido un promedio de una crisis monetaria internacional cada año… He ordenado al Secretario Connally que suspenda temporalmente la convertibilidad del dólar en oro u otros activos de reserva, excepto en cantidades y condiciones que se determinen en interés de la estabilidad monetaria y en el mejor interés de los Estados Unidos. Ahora bien, ¿qué es esta acción, que es muy técnica, qué significa para ti? Permítanme dejar descansar el problema de lo que se llama devaluación. Si desea comprar un automóvil extranjero o hacer un viaje al extranjero, las condiciones del mercado pueden hacer que su dólar compre un poco menos. Pero si se encuentra entre la abrumadora mayoría de los estadounidenses que compran productos fabricados en Estados Unidos, su dólar valdrá tanto mañana como hoy. El efecto de esta acción, en otras palabras, será estabilizar el dólar.»
¿Sabía el gobierno lo que sucedería cuando hiciera flotar el dólar? ¿Tenían los asesores de Nixon tanta confianza como Nixon parecía estar en la televisión ese domingo? No. El sostén del patrón oro y sus limitaciones lógicas se habían roto a menudo en la historia, pero generalmente en situaciones de emergencia como la guerra. En la guerra, la gente sabía que el gobierno tendría que optar por el papel moneda, pero siempre se supuso que después de la guerra volvería el patrón oro. Los estadounidenses, sin embargo, estaban indicando claramente que el dólar sería un papel moneda en el futuro.
El primero en describir el nuevo sistema que surgió fue el economista estadounidense Michael Hudson. En 1972, Hudson publicó un libro de tendencia marxista titulado «Superimperialism: The Economic Strategy of American Empire» . El libro de Hudson fue despiadadamente crítico con el sistema estadounidense. Afirmó que el nuevo dólar no convertible se iba a utilizar para extraer grandes cantidades de bienes del resto del mundo a cambio de papel (sin respaldo). En el prefacio a la segunda edición en 2003, escribe:
El libro se vendió especialmente bien en Washington. Me dijeron que las agencias estadounidenses eran los principales clientes, usándolo en efecto como un manual de capacitación sobre cómo convertir el déficit de pagos en una palanca económicamente agresiva para explotar a otros países a través de sus bancos centrales. Fue traducido al español, ruso y japonés casi de inmediato, pero me informaron que la presión diplomática de EE.UU. sobre Japón llevó a la editorial a retirar el libro para no ofender la sensibilidad estadounidense.
Hasta el día de hoy, los estadounidenses han utilizado el estatus hegemónico del dólar para vivir por encima de sus posibilidades; han tomado una crítica formulada contra su sistema monetario por un economista de tendencia marxista y la han convertido en una herramienta de hegemonía geopolítica. El estado de moneda de reserva del dólar apuntala su valor a pesar de que durante muchas décadas Estados Unidos ha tenido enormes déficits en las cuentas públicas y déficits comerciales con el resto del mundo. Las importaciones baratas que compran los consumidores estadounidenses, especialmente de China, serían mucho más caras si no fuera por el estatus de moneda de reserva del dólar estadounidense.
-El impacto en los estándares de vida estadounidenses.
La pregunta ahora surge es la siguiente: ¿cuánto más caros serían los bienes importados para los estadounidenses comunes y corrientes en el caso de que el dólar se convirtiera en una moneda entre muchas? Eso depende de cuánto depende el valor del dólar de su estado de moneda de reserva de valor. Nadie lo sabe porque nadie puede saberlo realmente. Dado que el dólar siempre ha sido la moneda de reserva en la era moderna de la posguerra, no tenemos punto de comparación histórico. Por lo tanto, no tenemos idea alguna de cuánto del valor del dólar estadounidense se deriva de su condición de moneda de reserva. “De lo que no se puede hablar, se debe permanecer en silencio”, como dijo Wittgenstein.
Sin embargo, lo que podemos decir es cuánto aumentarían los precios internos las distintas depreciaciones del dólar estadounidense y erosionarían el nivel de vida en un país muy endeudado. La siguiente tabla estima el impacto probable de varias depreciaciones del dólar tanto en los precios al consumidor como en los precios de importación, obtenido por análisis de regresión lineal.
Antes de interpretar estos datos, debemos señalar dos puntos para no dejarnos engañar por los números. Primero, el modelo utilizado para derivar estas estimaciones solo puede capturar efectos de primer orden. Dado que es probable que los aumentos iniciales de precios influyan en otros aumentos de precios, el impacto real en los precios generales al consumidor podría ser mayor, especialmente si estos aumentos de precios ocurren en un entorno ya inflacionario. En segundo lugar, mientras que un aumento en los precios domésticos al consumidor generalmente puede compensarse para los trabajadores a través de un aumento en sus salarios, un aumento en el precio de las importaciones no puede. Por lo tanto, estas estimaciones muestran un impacto permanente en el nivel de vida del consumidor estadounidense; no se pueden revertir mediante aumentos de los salarios internos, ya que estos aumentos solo reducirán aún más el valor del dólar estadounidense. El consumidor estadounidense tendrá que comérselos.
Con eso en mente, ahora podemos discutir cuán malas son estas estimaciones. Una caída del 10 al 20 por ciento en el valor del dólar sería dolorosa, particularmente para las personas pobres y de clase trabajadora que se ven más afectadas por el aumento de los precios de las importaciones, ya que estos grupos compran de manera desproporcionada las importaciones chinas baratas . El estadounidense promedio se enfadaría ante una pérdida permanente del 3 al 7 por ciento de su poder adquisitivo, pero no arruinaría a la sociedad. Cualquier cosa por encima de esto, sin embargo, sería increíblemente doloroso. Una disminución del 30 al 50 por ciento en el valor del dólar significaría que los bienes importados aumentarían en un 30 a 50 por ciento y los precios generales aumentarían entre un 10 y un 17 por ciento. Eso representa una permanente disminución de los niveles de vida del 10 al 17 por ciento. Nunca en la historia, fuera de la guerra, los estadounidenses han sentido tal conmoción, y nunca en la historia se han enfrentado a una conmoción tan permanente. Esto sería una contracción en los niveles de vida que fácilmente podría generar caos y malestar social dado que EEUU no tiene un sistema de protección social.
-Sustitución de importaciones:
No existe una política que pueda revertir por completo los efectos de la caída de la moneda de reserva del dólar, aunque los estadounidenses y los europeos pueden idea una alternativa. Hay políticas que podrían ayudar a facilitar la transición: una terapia, no una cura. La más prometedora es una política de sustitución de importaciones. Esto podría hacerse de manera bastante simple. Estados Unidos, y otros países preocupados por sus monedas, deberían establecer un banco de inversión. Este banco de inversión debería tener su deuda respaldada por el banco central, al que se le debería permitir comprar esta deuda a una tasa de interés del 0 por ciento. Los contratos de deuda serán perpetuos, y los bonos nunca serán redimidos. Deben establecerse límites a la emisión de esta deuda de acuerdo con las necesidades del programa de sustitución de importaciones, preferiblemente sobre la base de un plan de cinco años para evitar la interferencia política.
El banco de inversión debe contar con economistas y analistas de mercado. Desmontarán las estadísticas de importación en busca de productos fácilmente sustituibles que actualmente se importan principalmente porque el precio del producto extranjero equivalente es más bajo. El banco de inversión trabajará entonces con la industria nacional para producir estos bienes y subsidiará la diferencia de precio entre el producto nacional y el producto extranjero. Entonces, por ejemplo, si una tostadora fabricada en China cuesta $ 10 al por mayor y un equivalente estadounidense cuesta $ 15 debido a los mayores costos de mano de obra nacional, el banco de inversión subsidiará el equivalente estadounidense o europeo por una suma de $ 5 por unidad.
Un programa de sustitución de importaciones como este facilitará la transición de un mundo que depende de la moneda de reserva del dólar. También fomentará los empleos de fabricación nacional de alta calidad. Incluso se puede utilizar como una estrategia de desarrollo regional. Entonces, el banco de inversión puede solicitar que las empresas que se acojan a los subsidios construyan sus fábricas en las regiones más pobres. Esto podría conducir a una reactivación de las áreas devastadas por la huida de la fabricación estadounidense y europea al extranjero.
Quizás algo cambie en los próximos meses. Pero parece posible que hayamos llegado al final de una era, una que comenzó en 1945, cambió de marcha en 1971 y ahora puede estar llegando a su fin. Un mundo multipolar está emergiendo ante nuestros ojos, mientras el poder unipolar de los Estados Unidos y sus aliados se está desvaneciendo. Es hora de empezar a pensar más estratégicamente.
Sobre el mito de la libertad.
Las sociedades “libres” (sea lo que sea lo que significa eso) no pueden existir sin un compromiso total con las condiciones ideológicas y materiales que hacen posible la “libertad” en cualquier sentido real. Demasiados confunden cuáles son esas condiciones o se niegan a reconocer que existen en primer lugar, y luego afirman amar la «libertad» pero esto tiene una serie de supuestos previos inmensos, de ahí a que incluso la propia idea de libertad sea paradójica ya que supone sumisión.
Me cuesta imaginar de qué «libertad personal» goza un desempleado, o un trabajador que tiene que dedicar más de un 60/70% del salario en la vivienda.
La libertad al menos en una manera limitada, sólo puede existir donde se ha abolido una serie de demandas básicas, donde no hay desempleo ni pobreza, aún cuando esto genera nuevos problemas, donde el hombre no está obsesionado por el temor de verse mañana privado de trabajo, de hogar y de pan. Sólo en una sociedad así es real, y no de papel, la libertad personal y cualquier otra posible.
Sin embargo, aún así el discurso y dicha «libertad» no deja muchas veces de ser un espejismo puede ser controlado en dicha sociedad centralizadamente, y lo único que cambia en una sociedad como la nuestra es que la gestión de la información es «oligárquica» donde se supone que hay libertad de expresión. La creencia en dicho mito no elimina la autoridad, sea esta expresa u oculta. Es decir, una serie de medios de comunicación, expertos confiables y agencias de vertificación de noticias, muchas veces concentradas en sociedades mercantiles relacionadas por objetivos (mismos planes y programas), personas relacionadas por algún motivo de filiación política o personal, hechos que sin embargo se ocultan al público, que en ocasiones con el propio Gobierno construyen la «verdad pública».
Está bien (lo digo irónicamente) que BlackRock y Vanguard Group, dos de las firmas de administración de activos más grandes del mundo, tengan participaciones significativas tanto en los principales contratistas de defensa americanos como en las principales organizaciones de medios de comunicación.
Sin embargo, por algún motivo, no está bien que Elon Musk quiera comprar Twitter y reducir la censura «progresista» en la plataforma. Incluso esto de «Reducir la censura» puede no ser más en ese sentido más allá de un cliché. La libertad de expresión no es absoluta (siempre existe corrección política, límites oficiales) y nunca lo ha sido; la única diferencia será que una persona (en este caso Musk) decidirá.
La reacción emocional al asunto Musk-Twitter simplemente válida lo que ha sido cada vez más obvio: Twitter controla una fracción significativa de la atención de los tomadores de decisiones de nuestra cultura, y muchos están aterrorizados de que se redirija a otros fines. Esto va a ser divertido.
La parte difícil será resistir los mecanismos de coacción del mundo político que en realidad están impulsando la moderación de Twitter. Es decir, lugares como Twitter y las redes sociales son palancas políticas, catalizadores de poder y discurso, por lo tanto son estratégicos.
Demostrando igualmente y para acabar con el tema de redes sociales/twitter solo decir que en la sociedad actual los magnates multimillonarios son políticamente relevantes en tanto el dinero es poder, y es en último término un mecanismo creado por el Estado para distribuirlo y socializar dicho poder social.
Una vez que uno se convierte en multimillonario, por ejemplo, es esencialmente imposible que tal individuo consuma personalmente en una magnitud equivalente al grado máximo de dicha riqueza que tiene esa persona, entonces, ¿qué otra cosa sino el poder podría motivar a la clase multimillonaria a continuar aumentando sus ingresos y su riqueza?
Esta observación básica hace retroceder la economía a la economía política y nos obliga a reconocer que gran parte de la asignación de capital del sistema financiero está motivada por la búsqueda de poder y no de “utilidad”, eso incluye la posición de Musk respecto a Twitter y esto significa que está motivada por rendimientos diferenciales en lugar de “absolutos” sobre inversión.
Imagina que eres una empresa de inversión, ¿Preferiría ganar un 10 % en un clima donde los rendimientos promedio son del 12 %, o ganar un 5 % en un clima donde los rendimientos promedio son del 1 %? La lógica de la utilidad sugiere que prefieras el primer escenario, ya que te permite consumir el doble en términos absolutos. Sin embargo, la lógica de la acumulación de poder sugiere que preferiría el segundo escenario, ya que controlar un catalizador como Twitter le posiciona y se encuentra en una posición mucho más fuerte en relación con sus competidores para todo tipo de plan y programa que tengas.
Bajo este contexto y teniendo en cuenta lo dicho anteriormente realmente deberíamos preguntarnos si se puede hablar de libertad o tiene siquiera sentido hacerlo, y no es solo porque es un mito que tiene buena prensa, sino porqué no nos sirve a su vez para interpretar los fenómenos sociales dada la concurrencia del propio poder de forma inevitable en toda sociedad siendo la instrumentación de dicho término simplemente una estratagema más.
Sobre la instrumentalización de la moralidad en Occidente.
Si algo caracteriza a los pueblos europeos y de herencia europea, es en último término la utilización de la técnica y la organización burocrática junto con otras formas de organizaciones racionales de «gestión social» de recursos materiales e inmateriales en conjunción con individuo para fines determinados. Fueron las incipientes monarquías las que crearon una idea de Estado regimentado y racionalizado, sin intermediarios entre centro y la propia sociedad, siendo la centralización de todas las funciones públicas en una única institución estatal la culminación de dicho proceso. Para conseguir esto, que obviamente no se hizo sin resistencias por los poderes subsidiarios al centro (que no dependían o eran alternativos del centro), se requirió de montones de chivos expiatorios e instrumentalización de ideas (y aquí conectamos con él tema de hoy).
Esto va desde ideas como la supremacía del poder secular de Dante expresadas en De Monarchia, hasta la teoría de la soberanía de Bodino, el Leviatán de Hobbes, las ideas de Lutero para la centralización del poder religioso en manos del poder secular, el derecho divino de los reyes de Filmer entre muchos otros pensadores medievales y modernos. Más tarde las ideas liberales que promovieron la unidad jurisdiccional y unidad de mercado fueron en una dirección similar (aunque apelaban teóricamente a la limitación formal del poder), formándose una forma de Estado que reconocemos más o menos a día de hoy, que recogía toda la soberanía sobre los gobernados frente a cualquier otro poder social (paradójicamente aumentaba el poder estatal mientras defendía su limitación), algo que le sirvió al poder de la época para terminar de acumular funciones que eran subsidiarias de poderes locales, de eliminar los poderes intermediarios entre ciudadano-Estado, de la desamortización de la tierra en posesión de la iglesia o las corporaciones locales, además de mercantilizar toda la propiedad existente en dichas sociedades en perjuicio de las élites tradicionales.
Luego y posteriormente tendríamos dos olas centralizadoras a las que acompañaron el patrocinio (como le había pasado a Lutero, Dante o Bodino, siempre fueron apoyados por algún poder interesado en justificar e instrumentalizar sus ideas para nuevas formas de gobernanza) una sería el nacionalismo decimonónico, que con una idea romántica (algunos dirían que reaccionaria y progresista al mismo tiempo) promovió la movilización masiva de efectivos en las naciones europeas para todo tipo de cometidos, especialmente la guerra contra los vecinos, o para las empresas coloniales, inaugurando así la política de masas, siendo a veces presentadas dichas empresas bélicas y expansionistas como mero lucro y dominación de recursos y espacio para no ser ocupado por otras potencias (realismo ofensivo), otras veces como misiones civilizadoras, creándose una clara conexión entre poder-ideas. La segunda ola se produjo en el contexto occidental del gerencialismo europeo junto con el marxismo leninismo, que acabarían de generar estructuras burocráticas que permitirían una gestión centralizada de la vida social desde el propio Estado bajo la idea del burocratismo individualista weberiano (dónde se plantea la pericia gerencial como una virtud basada en la objetividad de la eficiencia de gestión de recursos públicos y privados), o desde el centralismo democrático marxista-leninista, bajo una idea hegeliana del poder, con una supremacía del Partido como órgano permanente que realiza y gestiona la sociedad teniendo el control del Estado y sus múltiples funciones para llegar a un fin (dictadura del proletariado).
Me parece curioso, ya yendo a nuestros días como el lenguaje de la guerra económica (contra Rusia) y propagandística ahora se utilizan ideas y un lenguaje legitimado incluso contra individuos (vean la imagen adjunta). Todo suena realmente esquizofrénico ya que parece literalmente algo así como: «La academia de artes y ciencias cinematográficas advierten que sin sanciones, Will Smith envalentonado no se detendrá con Chris Rock. Necesitamos dejar de transmitir películas de Will Smith, dejar de alimentar la máquina de guerra.», esto en último término comparte una relación íntima en los desarrollos de cómo se ejerce el poder social en Occidente y en general en las sociedades humanas.

Quitando el tono humorístico al tema a algo como el titular anterior, es curioso como una sociedad tan transnacional como la norteamericana/occidental ha desarrollado un grado tan grande de instrumentalización de la moralidad para fines individuales o colectivos que implican voluntad de poder, esto quizá se debe a la conexión entre una especie de nihilismo, la muerte de las religiones e ideologías holistícas -que abarcaban y fundamentan todos los aspectos de la vida además de que eliminaban algunos aspectos de la arbitrariedad- en términos de Baudrillard, para sustituirlas por ideologías atomistas que tienen como sujeto el individuo alrededor del que se define la totalidad social (esto se ve claramente en la propaganda política y de las empresas).
Dicha instrumentalización de las ideas, valores y tendencias (como hemos visto al respecto la guerra de Ucrania), generan un sentimiento de corte moralista ha sido algo constante en la vida humana, pero que no es posible sin los desarrollos que hemos apuntado al principio de esta publicación, es decir, ha habido siempre instrumentalización de ideas para fines determinados (es decir buscando el consentimiento o la cooperación), para así generar consenso bajo lo que el otro día en la publicación sobre el libre mercado (enlace) llamamos «noble mentira». El fundamento de dichas mentiras obviamente es la cooperación y/o sumisión ante planes y programas promovidos y organizados desde instituciones estatales o privadas, dicha instrumentalización a su vez también sirven en ocasiones a fines individuales aunque de diferente forma.
La diferencia, es que las «fábricas de consenso occidentales» lo hacen de un modo refinado y sin apariencia de existir autoridad en un sentido tradicional, manipulando el lenguaje y utilizando constantemente una serie de mantras bajo los que la víctima (espectador o ciudadano medio) se indigna fácilmente, dado que conoce el esquema lógico alrededor de dicha instrumentalización, generando así una reacción más intensa, así y solo así un titular como el anterior tiene sentido.
Todo parece en definitiva una serie de sucesos hilados bajo una lógica argumentativa similar (en su estructura) bajo las que, aunque no se sabe porque, se espera indignación, y aunque, la acusación de blasfemia (para nuestra visión particular o cualquiera de cualquier sociedad humana) ha sido una constante histórica, lo que varía sin embargo es el grado en la que dicha utilización partidaria de las ideas sirve a la voluntad de poder en una sociedad dónde nadie cree realmente nada, dado que nadie es capaz de fundamentar los orígenes de la filosofía moral occidental (así es según Alasadir MacIntyre), siendo curiosamente, uno de los fenómenos contemporáneos más interesantes, dado que la civilización occidental, en este aspecto, parece una civilización que ha perdido sus fundamentos bajo una especie de cataclismo (una revolución cultural, basándose en nuestro caso en fragmentos dispersos de filosofía, interpretados muchas veces burdamente o en ausencia de contexto). Todo esto hace que la voluntad de poder, sea si cabe, más agudizada que en otras civilizaciones dada la flexibilidad de los fundamentos y normas sociales.
Apuntar que con instrumentalización me refiero a utilizar valores, principios morales, ideas del bien universal para fines particulares de una o un grupo de personas, es decir, ideas que buscan la cooperación en el frente interno y externo, tanto de una sociedad como a nivel internacional. El caso más claro sería la instrumentación de la democracia, derechos de minorías o derechos humanos como casus belli para una determinada política exterior como la que realizó EEUU hace un poco más de una década durante la unipolaridad o Pax Americana. A nivel interpersonal podríamos poner el caso de una respuesta violenta o incorrecta políticamente hablando, a una ofensa considerada por el ofendido como menospreciar algo que se valora. Ahí la víctima de la reprimenda instrumentaliza una idea de no violencia física como forma de que el resto empaticemos con sus fines particulares (previos o no a la agresión), esto sería básicamente el caso de Will Smith vs Chris Rock.
Lo interesante, por otro lado, es cómo se ha configurado la sociedad europea/norteamericana, para ofuscar la realidad, poniendo a unos niveles nunca vistos el uso de la moralidad en favor de los fines particulares. Esto por supuesto, le dio a los Estados contemporáneos una gran capacidad de movilización de recursos que las sociedades con moralidad más rígida y menos instrumental/transaccional no tenían, dado que estás no toleraban tan fácilmente la arbitrariedad como los estados europeos, es decir, la cooperación y movilización masiva, a parte de por motivos técnicos, el fundarla en motivos morales era más precaria.
Esto a su vez, nos ha hundido en una gran crisis existencial, en tanto la instrumentalización de los fundamentos básicos de una sociedad para fines particulares los ha erosionado progresivamente, por las vicisitudes que se han encontrado los que tenían «voluntad de poder». Esto quiere decir que cualquier certeza, cualquier verdad que nuestra sociedad podría considerar antaño objetiva e inmutable, seguramente en tanto voluble y funcional para el poder, habrá servido para fundamentar la cooperación para fines particulares.
Por otro lado, y para acabar resulta interesante el experimento de desfundamentación de nuestra moralidad, pues aunque la mayoría de los europeos/norteamericanos están de acuerdo en que una guerra de agresión, o una reacción desmedida ante una ofensa/agravio es mala, el motivo por el que la violencia es per sé inmoral es imposible de ser fundamentada por un individuo alguna fuente siendo en consecuencia una verdad axiomática desvirtuada del contexto. Es decir, no se sabe fundamentar la base de un fundamento, únicamente se considera mala una guerra de agresión o una reprimenda física por una ofensa como negativa per sé, dado que nadie sabe justificar, citar alguna fuente material (algún texto filosófico, tratado de moral, documento religioso, etc ) que sostenga dicha reprimenda contra Rusia o Will Smith.
Así podríamos concluir que aunque igual que todos los fundamentos de una sociedad son axiomáticos (premisa que, por considerarse evidente, y se acepta sin demostración, como punto de partida para demostrar otras afirmaciones), si seguimos la lógica bajo la que se construyen, esto ocurre en el cristianismo, judaísmo o en el islam, siendo el caso de las religiones totales construidas bajo ideas de un Dios creador o este como el Primer Motor aristotélico/tomista fundamentando el resto del sistemas, en cambio, nuestra sociedad el axioma se encuentra en el propio lenguaje moral y en nuestra ética, no en los fundamentos previos de la moralidad, creando así una curiosa singularidad histórica, que para lo bueno y lo malo, a quién les escribe, no le deja de inquietar, dado que aunque presupone y enlazamos aquí con el principio una mayor mutación ideológica (dado que los márgenes axiomáticos no se encuentran claramente definidos) para fines y actuaciones en favor de una voluntad del poder individual o político, sin embargo y dada esa maleabilidad.La moralidad y con esto acabamos, se sigue expresando y aquí lo vemos en los dos casos de actualidad presentados anteriormente de formas similares como un todo cojeren, aún cuando esta sea quizás más falsa y carente de sistema que la sostenga, expresándose en afirmación afirmación nunca.
La moralidad, se sigue expresando de formas intensas, y aquí lo vemos en los dos casos de actualidad presentados anteriormente, aún cuando esta sea quizás más falsa y carente de sistema que la sostenga que nunca (dado que es únicamente supuestas verdades axiomáticas encadenadas), expresándose en los casos anteriores más como un acto performativo de indignación pública que como un bien en si mismo, en el que se considera la protesta per sé cómo el acto virtuoso, aunque esto sería algo que daría para otra publicación.
Decir, para entender el fenómeno expuesto, que la sociedad de los «Estados democráticos» es el discurso público generador de legitimidad. La publicidad, la televisión, el cine, la música, el periodismo, todo es parte de este discurso Sin embargo, la retórica ya no se enseña de manera formal, a pesar de ser la ciencia del discurso. Se enseña, bajo los nombres de «marketing», «comunicaciones» y «periodismo». Sin embargo, el peso de los argumentos se asigna antes de la investigación y todo se ve a través de esa lente. No necesitas justificar tu posición cuando crees que la tuya es la única correcta y esta es quizá una de las mayores herramientas instrumentalización moral disponibles en nuestro presente en marcha.
Una defensa contemporánea del vanguardismo leninista.
Sin poder no hay comunidad. Sin comunidad, nunca existirá el grupo de vanguardia que los españoles nativos necesitan si desean sobrevivir como comunidad. Para Lenin, la Vanguardia o partido de Vanguardia como él lo veía tenía un único propósito:
“…establecer una dictadura del proletariado; una regla de la clase obrera. El cambio de clase dominante, de la burguesía al proletariado, hace posible el pleno desarrollo del socialismo”.
Mientras tanto, muchos de nosotros nos resistiremos a la idea de la conciencia de clase entre el proletariado, la elevación de los trabajadores, asalariados por cuenta ajena y propia, indefinidos y precarios o lo que se afirma como socialismo pleno o real. Sin embargo, debemos reconocer el poder de tal declaración (la de Lenin) a aquellos que ya están influidos por el pensamiento marxista. Lenin puede haber tenido algunas ideas francamente equivocadas. Sin embargo, no era tonto cuando se trataba de comprender el poder y la implicación de este además de la necesidad (del poder) para el cambio social.
El partido de vanguardia nunca iba a constituir la totalidad de lo que él llamaba clase obrera, ni Lenin tenía ningún interés en que lo hiciera. Sabía muy bien que un cuadro de élites marxistas tenía que “representar” al proletariado (al más puro estilo hegeliano de partido-pueblo), porque las masas mismas nunca pueden organizarse como un todo. Algunas de las primeras reuniones de socialistas de fines del siglo XIX se llevaron a cabo con tan solo dos docenas de miembros con un puñado de revólveres compartidos entre ellos; planearon y conscientemente se vieron a sí mismos como una fuerza que podría cambiar el mundo. Y, hasta cierto punto, lograron esto, la era democrática del siglo XX fue definida de muchas maneras por el pensamiento leninista y luego socialdemócrata. Si el dinero de Wall Street y la ayuda de las agencias de inteligencia occidentales ayudaron en este proceso es un tema para otro momento.
Esto no debería sorprendernos, sin embargo, muchos ignoran el vanguardismo como idea directora de una sociedad, quizá porque los occidentales carecemos de autoridades claras, también ignoramos el radicalismo, incluso cuando proviene ostensiblemente de un propio grupo; política, étnica o económicamente. Al tono de “revolucionario, comunista, totalitario, racista, fascista” y similares suelen ser los adjetivos que sufren los grupos que plantean la política en el sentido de una vanguardia, aún cuándo nuestro sistema tiene vanguardias, solo que nunca de encuentran claramente definidas, nadie sabe quién es nuestra vanguardia social. Tal vez este mismo fenómeno muestra el verdadero poder y la subsiguiente vacilación en torno al vanguardismo, incluso aquellos con una disposición políticamente comprometida en nuestro sistema están aterrorizados ante la idea de que su propia «clase» se vuelva «consciente», dado que la forma de hacer la política en el liberalismo posguerra fría es lo opuesto a los sistemas de masas, se basa en la despolitización de estas y la inclusión de estas en sistemas en los que todos los aspectos de la vida se encuentran mercantilizados, organizando la producción no en fines, sino alrededor del simple y llanamente una conciencia falsa de individuo soberano, que tiene únicamente como fines (aceptables) placeres hedónicos.
La extrañeza para nosotros de tal lenguaje en el que se presupone alguna autoridad que corone la cima de nuestra sociedades, a su manera, un signo de la necesidad desesperada de nuestra propia Vanguardia.
Está prohibido (más porque resta prestigio social que por otro motivo) ser parte o incluso pensar bien de cualquier grupo que pueda elevar la conciencia de cualquier europeo u occidental a un nivel en el que comiencen a reconocer la lucha que todos enfrentamos de la misma manera. Aferrarse al pensamiento radical pero tradicional de lo que constituyen las naciones europeas como España, su gente, su cultura y su orden, es separarse de la sociedad moderna educada y progresista. Para tomar una posición y decir que España, y su gente, no deben deformarse para adaptarse a la posmodernidad tal y como está planteada, con su realineamiento hacía cuestiones no materiales que se han vuelto el centro de la política moderna (luchas progresistas, que plantean todo en términos de acción colectiva para fines individuales).
En cambio, el mundo moderno debe adaptarse para adaptarse a la continuación de la nación española tanto de las personas como de los valores que la forman. A menos, por supuesto, que la posmodernidad haga completamente inviable tal continuación, en cuyo caso la posmodernidad misma debe ser rechazada por completo. Es, salir de los límites del pragmatismo al que todos estamos demasiado acostumbrados en el discurso político, pensar en lo que es verdaderamente mejor para España y su gente es rechazar la maraña de números, hechos y estudios gerenciales de los ideólogos de algún lugar de Estados Unidos, Europa o la angloesfera.
Uno solo puede representar a la masa correctamente por medio del tacto, comunicándose con los compañeros iniciados sobre el objetivo final necesario de una lucha intensamente existencial, y haciendo la pregunta muy simple pero tan a menudo pasada por alto: «¿Es esto de nuestro interés?». La única razón para el vanguardismo es que la élite proteja a la masa y busque sacarla adelante en la historia, porque la masa nunca puede actuar por sí misma.
Porque las masas no tienen el tiempo, la educación ni la diligencia para comprender completamente la crisis que enfrentan muchos de nuestros países y, en consecuencia, la nación española. Al igual que los trabajadores de finales del siglo XIX que no tenían ningún interés en la ideología marxista, incluso si tenían la suerte de saber leer. Solo cuando los objetivos de interés propio de cualquier individuo se ven interrumpidos por alguna faceta de la crisis que enfrentamos todos, que se atreven a mirar detrás de la cortina.
Para la mayoría, normalmente es demasiado tarde en la vida para intentar detener y revertir la erosión, esto de ninguna manera es un error o un accidente, los lazos familiares, profesionales, responsabilidades de todo tipo, hipotecas y similares son un profiláctico fantástico contra el pensamiento y la organización radicales. Eso es, por supuesto, si el individuo no huye y se acobarda al dar testimonio primero de la naturaleza de la tarea en cuestión, ya sea por la magnitud abrumadora de dichas tareas o por las amenazas directas y personales de quienes están dispuestos a identificar a los aspirantes a vanguardia como enemigos en una crisis de legitimidad del sistema públicamente. De hecho, la masa es consciente, pero solo en un nivel inferior, donde cada individuo se siente solo, impotente y sin voz en lo que se siente como su propia lucha singular. En este sentido explicar correctamente el estado actual de las cosas es la gran tarea del agitador”.
Esa sensación de sentirse solo a pesar de reconocer un grupo dentro del cual se pertenece o se identifica es la condición del hombre moderno, las conexiones interpersonales son forzadas (literalmente en el caso de las nuevas condiciones materiales en los trabajos más comunes en la sociedad actual), a veces con tareas estúpidas, puramente banales, o incluso inmateriales según lo permita la tecnología. La rápida expansión de las ciudades requirió la destrucción del viejo mundo, sus pueblos, aldeas y comunidades en todo el mundo. Así también fueron sus formas de organización, ya sean iglesias, gremios, gobiernos locales y milicias, corporaciones locales, por nombrar algunos, y así nacieron las masas, sacadas del orden tradicional.
Una proporción de la sociedad que nunca se puede cuantificar por completo, pero que siempre permanece lo suficientemente presente, esté en el poder o aspire a él, busca el control de la centralidad de la organización social moderna. Por supuesto, para organizar tal masa y que esta tenga éxito, se necesita propaganda. No se puede decir que la mayoría de las ideas culturales españolas, por poner un ejemplo, son una representación orgánica de los valores o personas de nuestro país. Sólo existe el charco poco profundo de los medios de comunicación controlados por cualquier facción de la élite social. Lenin también reconoció que el periódico nacional en sí mismo cumplía la función de organización de masas, esto ocurre de forma parecida en nuestra sociedades aunque ofuscado en múltiples medios, que sin embargo, suelen tener opiniones relativamente parecidas. En el caso leninista, solo medio de comunicación que podría hablar con toda la nación a la vez era el presupuesto ideal de la vanguardia en sus términos. En palabras de Jacques Ellul:
“Esta es la situación de la ‘multitud solitaria’, o de aislamiento en la masa, que es un producto natural de la sociedad actual y que es a la vez utilizada y profundizada por los medios de comunicación de masas”.
Ellul también reconoció la necesidad de destruir lo que llamó “pequeños grupos”, que nosotros hemos llamado centros de poder subsidiarios (alternativos al poder y que existen con parcial independencia de él) para hacer efectiva la propaganda en su totalidad. Sólo cuando los grupos muy pequeños son así aniquilados, cuando el individuo ya no encuentra defensas, ni equilibrio, ni resistencia ejercida por el grupo al que pertenece, se vuelve posible la acción total mediante la propaganda.
Por eso nuestro pequeño grupo, nuestra vanguardia, es tan importante. Es vital para la supervivencia de nuestro país, no solo contrarrestar el fruto al alcance de la mano del periodismo de izquierda indefinida progresista o cambiar el voto de los partidos conservadores (del progreso) en una forma marginal, sino contrarrestar el concepto mismo del parlamentarismo moderno cuando ya no refleja nuestros intereses. Oponerse al progresismo que se propaga por todos lados. Incluso aquellos que están de pie y se dice que están hablando desde un lugar de tradición, lo hacen con mansedumbre, ya que están demasiado instalados en el medio del pensamiento actualmente orientado. Solo los grupos pequeños y, en última instancia, radicales que pueden mantener su radicalismo a través de la prueba del tiempo pueden incluso comenzar a hablar de tradición en cualquier sentido que sea verdadero. Y es solo esa verdadera conexión con la tradición y el patrimonio lo que ayudará a sofocar la condición de la “multitud solitaria”, para ayudarlos a comprender su posición entre los de su propia especie, no solo a través de la difusión de ideas en los medios, sino a través de la acción misma. En este sentido se estaría actuando de una manera que posibilitaría el pleno desarrollo de una acción.
Dentro de esto uno realmente puede comenzar a ahondar en lo que hace tan especial a la vanguardia, no es el contenido de ideologías, estrategias o principios, sino la actitud misma con la que cada miembro aborda tal contenido. La persistencia y el radicalismo de la vanguardia no serán nacidos o adheridos estrictamente a las vías del racionalismo o el pragmatismo, más bien sentimientos como el heroísmo, el mito, la gloria y la autenticidad impulsarán a la vanguardia a través del tiempo y en la posición necesaria para la toma de conciencia y el cambio de la clase dominante, aún cuando los fines sean racionales.
Lo hará porque su heroísmo, su mito, se basará en un realismo que ninguna cantidad de hojas de cálculo, bases de datos o encuestas podría alcanzar jamás. Todos y cada uno de nosotros aquí reconocemos que depende de nosotros, y solo de nosotros, asumir lo imposible y remodelarlo en lo posible. Sin embargo, uno solo puede hacer esto si está dispuesto a fallar. Lo cual es un sentimiento que veo que muchos malinterpretan, un número preocupante piensa que la posibilidad de fallar en sí misma es razón suficiente para perder la esperanza. Sin embargo, creo que esto nos brinda una oportunidad fantástica para controlar y desarrollar las actitudes antes mencionadas que son demasiado cruciales para el vanguardismo, que uno no debe esperar o espera que le entreguen la victoria, uno debe estar dispuesto a tomarla, por cualquier medio necesario, o en palabras de Carlyle:
“¿Quién es el que siempre dice: Hay un león en el camino? Perezoso, entonces debes matar al león; ¡el camino tiene que ser recorrido!” – Thomas Carlyle
El libre mercado, no se trata de libertad, se trata de poder y jerarquía.
Como animales sociales, los humanos vivimos y morimos por el éxito de nuestros grupos, sociedades e instituciones. Esto plantea un dilema. Lo que es mejor para el grupo a menudo podría no ser lo mejor para los individuos dentro del grupo. Si estás rodeado de un grupo de personas , puede ser que si mientes y haces trampa puedas sacar mayor beneficio de la situación, y esto puede ser en términos evolutivos, algo coherente, desde un punto de vista de simple supervivencia y optimización de las demandas de este individuo en el medio (social y comunitario en el que vive).
Dado que el comportamiento egoísta suele ser ventajoso, ¿por qué no somos más mentirosos y tramposos? Una razón, paradójicamente, es que nos mentimos a nosotros mismos, y esto puede parecer extraño. Nos decimos a nosotros mismos o tenemos comportamientos implícitos en que lo que es mejor para los grupos también es lo mejor para los individuos dentro del grupo. Llamaré a esto la noble mentira prosocial, aunque podríamos también denominarlo tendencias cooperativas (ya que racional o irracionalmente cooperar parece dar mejores resultados que confrontar o mirar por el interés particular).
Creo que propagar esta noble mentira es uno de los roles principales de las ideologías (seculares o religiosas). Una buena ideología convence a las personas de que el comportamiento desinteresado o ciertamente cooperativo es de su propio interés. Esto promueve el comportamiento prosocial, haciendo que los grupos sean más cohesivos. Y dado que los grupos cohesivos tienden a vencer a los grupos que no son cohesivos, la mentira noble tiende a extenderse.
Dados los beneficios de equiparar el altruismo con el interés propio, uno pensaría que todas las ideologías lo harían. Sin embargo, algunos hacen lo contrario. Promueven un comportamiento egoísta como bueno para el grupo. Llamaré a esto la mentira maquiavélica.
Ahora aquí está la paradoja. La mentira maquiavélica debería ser cáustica para la cohesión social. Así que esperarías que la selección de grupo lo acabara. Pero por una mentira maquiavélica, eso no fue lo que sucedió. En lugar de desaparecer, esta mentira ha prosperado. De hecho, se ha convertido en la ideología dominante de nuestro tiempo. ¿Qué es?
La creencia en el libre mercado.
La ideología del libre mercado afirma que para ayudar a la sociedad, debemos ayudarnos a nosotros mismos. Si todos actuamos de manera egoísta, dice el pensamiento, la mano invisible hará que todos estén mejor. Así que aquí tenemos una ideología que promueve el egoísmo en nombre del beneficio del grupo. Es una mentira maquiavélica que debería considerarse además de falsa enemiga de la cohesión social y la eutaxia en sentido político de las potencias que la sufren. Sin embargo, el pensamiento de libre mercado ha vencido a muchas otras ideologías. ¿Cómo puede ser esto?
Esto es lo que creo que está sucediendo. La ideología de libre mercado, propongo, es una doble mentira:
-Primero, es una mentira en el sentido de que su afirmación central es falsa ya que en última instancia su existencia es subsidiaria del centro, que descentraliza o centraliza la toma de decisiones económicas, que planifica mediante una
acción del centro (planificación) o por omisión (descentralización a actores ajenos al Estado de la producción), sin negar sin embargo la soberanía final en el ámbito económico del Estado en el segundo caso, dado que la producción, la titularidad de cualquier corporación o bien se encuentra sometida a la arbitrariedad del poder político, mientras que a su vez, el dinero, que hace posible los intercambios fue creado (o mejor dicho reintroducido) por el mismo centro (Estado) para poder recaudar fácilmente impuestos, crear dinero para reclutar mercenarios y debilitar a terratenientes en favor de las Monarquías que estaban centralizando poder en aquel momento histórico, sin olvidar que la existencia de una «unidad de mercado», una «unidad jurisdiccional» (frente a la pluralidad de jurisdicciones medievales que hacían imposible el comercio). Podemos concluir, en este sentido que si la idea de «mercado» existe, se debe a una serie de gobernantes que estaban tratando de centralizar y aumentar el poder del Estado, no hay aquí una historia de «libertad» ni de actores racionales tomando decisiones.
-En segundo lugar, y más sutilmente, el pensamiento de libre mercado es una mentira en el sentido de que no conduce a una mayor libertad y autonomía aún cuando este es su punto legitimador central. Todo lo contrario. La evidencia sugiere que el pensamiento de libre mercado en realidad conduce a una mayor obediencia y subordinación. La difusión del pensamiento de libre mercado va de la mano con el crecimiento de una nueva jerarquía (lo que se llamó en otro tiempo al aristocracia del dinero o la plutocracia) en tanto considera que la mercantilización de todos los aspectos de la vida generan «libertad», y que por otro lado, parte del hecho del dinero como herramienta para comprar voluntades/cosas, e incluso como medidor de estatus y prestigio, algo que privilegia a quien obviamente tiene mayor acceso a este.
Entonces, el libre mercado, al parecer, no se trata de libertad. Se trata de poder en tanto la voluntad y el acceso preferente a ciertos bienes y servicios depende del dinero, un poder que en cierta manera se garantiza por el Estado con los mecanismos de propiedad y la moneda respaldada por el Estado y su Banco Central. Por otro lado, sostengo que el pensamiento de libre mercado tiene éxito en algunos lugares de Occidente porqué utiliza el lenguaje de la libertad, un mito legitimador para encubrir la acumulación de poder.
Interés del grupo versus interés propio.
Comenzaremos nuestro viaje hacia el pensamiento de libre mercado disipando su concepto central. El comportamiento egoísta de los individuos no es mágicamente bueno para el grupo. La teoría evolutiva moderna deja esto claro.
De acuerdo con la teoría de la selección multinivel , siempre hay una desconexión entre los intereses de un grupo y los intereses de los individuos dentro del grupo. Esta desconexión parece extraña al principio. Después de todo, lo que es bueno para un grupo, ¿no es bueno también para los individuos dentro del grupo?
Ciertamente, para que los grupos tengan éxito, deben reprimir el comportamiento egoísta de los individuos. Hay muchas maneras de hacer esto, pero la más común es probablemente el castigo. Para fomentar el comportamiento altruista, los grupos castigan a los individuos egoístas. Los grupos humanos hacen esto. Los grupos de animales hacen esto.. En este momento, su sistema inmunitario está eliminando las células desviadas (cáncer) que, si se deja solo, lo mataría, lo mismo ocurre con diferente grado de matices en los humanos.
Pero mientras castigar la desviación es universal para todos los organismos sociales, los humanos han desarrollado un método para suprimir el egoísmo que es único. Para promover el comportamiento prosocial o cooperativo, aprovechamos el poder de las ideas. Nos mentimos ciertamente a nosotros mismos.
Altruismo a través del autoengaño
Cuando se trata de promover el altruismo, no nos decimos la verdad, que es esta: el comportamiento de servicio al grupo implica sacrificio de la individualidad. Para ser desinteresado, debe reducir su aptitud relativa o el interés individual que obtendría si fuera egoísta. Pocas ideologías reconocen esta verdad.
Considere la ideología fallida promovida por el filósofo francés Auguste Comte . A mediados del siglo XIX, Comte abogó por una nueva ‘Religión de la Humanidad’. Su objetivo sería simple: promover el altruismo. La religión celebraría poner las necesidades del grupo por encima del interés propio. Así es como Thomas Dixon resume el pensamiento de Comte:
‘El “gran problema de la vida humana” para Comte era cómo organizar la sociedad para que el egoísmo se subordinara al altruismo. El objetivo de la Religión de la Humanidad era resolver este problema a través de la organización social y las devociones religiosas individuales.»
A primera vista, la religión de Comte parece corriente y tener sentido. Al igual que la mayoría de las religiones, celebra el desinterés por el individuo. ¿Por qué, entonces, fracasó? Una mirada más cercana revela una diferencia clave. La ‘Religión de la humanidad’ de Comte retrata el altruismo como una victoria perdida : una victoria para el grupo y una derrota para el individuo. Sin embargo, las religiones exitosas presentan el altruismo como una situación en la que todos ganan. Afirman que el altruismo es bueno para el grupo y para uno mismo.
Probablemente puedas ver por qué esta noble mentira es más potente que la verdad de Comte. Pocos de nosotros somos completamente desinteresados. Así que no hay mejor manera de motivar el comportamiento prosocial que apelar a nuestro propio interés.
El biólogo David Sloan Wilson argumenta que esta noble mentira prosocial es parte de la mayoría de las ideologías exitosas. Es algo que, en términos evolutivos, no sorprende. Las ideas que tienen éxito no necesitan respetar la verdad. Aquí está Wilson:
Los grupos gobernados por sistemas de creencias que internalizan el control social pueden tener mucho más éxito que los grupos que deben depender de formas externas de control social. Por todas estas (y probablemente otras) razones, podemos esperar que muchos sistemas de creencias sean masivamente ficticios en su representación del mundo.
La mayoría de las ideologías, al parecer, han convergido en la misma «ficción masiva». Alinean el altruismo con el interés propio. En el libro «¿Existe el altruismo?, Wilson»analiza aún más este engaño utilizando el ejemplo de los huteritas . Los huteritas son una secta comunal de protestante similar a los Amish (pongo un caso así dado que en Europa no tenemos nada parecido) en algunas cuestiones, que viven en el oeste de Canadá y los Estados Unidos. Como promotores comunitarios, los huteritas aprecian el comportamiento de servicio al grupo. Pero no representan este comportamiento como una pérdida para el individuo. En cambio, los huteritas creen que lo que es bueno para el grupo también lo es para el individuo.
La cosmovisión huterita muestra la noble mentira prosocial en acción. Los huteritas fomentan el comportamiento prosocial describiéndolo como lo mejor para el individuo. Es fácil ver por qué han adoptado esta visión del mundo. Retratar el altruismo como una victoria tanto para el individuo como para el grupo es un motivador poderoso para la cohesión del grupo.
-En el egoísmo confiamos.
Aunque aún no se ha realizado una investigación rigurosa, sospecho que la mayoría de las ideologías son similares al sistema de creencias de los huteritas. Si esquematizaramos las principales ideologías, encontraríamos que los comportamientos que son buenos para el grupo se representan como buenos para el individuo.
Curiosamente, el pensamiento de libre mercado no es una excepción a esta regla, al menos a primera vista. Utilizando las creencias de Ayn Rand como ejemplo de pensamiento de libre mercado, David Sloan Wilson encuentra algo sorprendente. Aunque rabiosamente anticomunitario, la visión del mundo de Rand parece similar a la de los huteritas. Al igual que con los huteritas, la cosmovisión de Rand no contiene áreas grises. Todos los valores son buenos tanto para los individuos como para los grupos, o malos tanto para los individuos como para los grupos.
-La visión del mundo de Ayn Rand.
Sin embargo, una mirada más cercana a la Figura 2 revela una gran diferencia entre el libertarismo de Rand y el comunalismo huterita. Los huteritas retratan el comportamiento prosocial (cosas como la comunidad y la ayuda mutua) como algo bueno para el individuo. Esta es la noble mentira prosocial. Ayn Rand retrata el comportamiento antisocial (el egoísmo) como bueno para el grupo . Esta es la mentira maquiavélica.
Según la teoría de la evolución, la mentira maquiavélica de Rand debería ser cáustica para la cohesión del grupo. Promueve (en lugar de desalentar) el comportamiento egoísta. Eso es lo contrario de lo que deben hacer los grupos exitosos. Entonces, ¿por qué, entonces, esta mentira del libre mercado es tan generalizada en algunas sociedades de la sociedades modernas?
Una posibilidad es que el pensamiento de libre mercado sea cáustico (perjudicial) para la cohesión del grupo. Esto significa que la difusión de los valores que parten de una visión anárquica del sistema social socavando lentamente los lazos sociales. Si esto es cierto, es solo cuestión de tiempo antes de que la sociedad (a) encuentre una ideología mejor; o (b) colapse bajo el atomismo del pensamiento de libre mercado.
Este razonamiento, lo admito, es mi forma predeterminada de pensar sobre el libre mercado y las ideas-dogma progresistas, que parten de la antiautoridad como mito central. El problema es que toma las afirmaciones de la ideología del libre mercado al pie de la letra. La ideología del libre mercado pretende promover el egoísmo y el interés propio. Entonces uno pensaría que adoptar estos valores conduciría a una sociedad atomista y antisocial. Esto es lógico, plausible y (creo) incorrecto.
El problema es sencillo. Si las ideologías son «ficciones», no deberíamos tomar sus afirmaciones al pie de la letra. Lo que una ideología pretende hacer será diferente de lo que realmente hace. Esta divergencia de reclamos y acciones, creo, es la razón por la cual el pensamiento de libre mercado ha tenido tanto éxito en algunos países. La ideología del libre mercado pretende promover la autonomía y la independencia individual. Pero en realidad, promueve la obediencia y el servilismo para un fin concreto (que es el teórico beneficio propio). Así que sí, el pensamiento de libre mercado es una mentira. Pero no es la mentira que crees que es.
-Altruismo a través de las relaciones de poder.
A primera vista, el pensamiento de libre mercado parece desalentar el altruismo. Pero, ¿y si en realidad motiva el altruismo?
Para dar sentido a esta última afirmación, necesitamos repensar lo que entendemos por ‘altruismo’. Solemos pensar en el altruismo en términos de actos de bondad. Soy altruista, por ejemplo, si doy dinero a los pobres. Pero hay otras formas de altruismo que tienen poco que ver con la bondad. En términos evolutivos, el altruismo es cualquier comportamiento que beneficia al grupo a costa del individuo. Aunque no solemos pensar en ellas de esta manera, las relaciones de poder califican como un tipo de altruismo.
En una relación de poder, una persona se somete a la voluntad de otra. X se somete a Y. Al hacerlo, X sacrifica su propio ego y puede que sus intereses más egoístas en beneficio de Y. Eso es altruismo. Pero si la sumisión de X solo beneficiara a Y, sería un callejón sin salida evolutivo. Las X del mundo se extinguirían, habiendo dado toda su agencia individual Y. Dado que las relaciones de poder no se han extinguido, algo más debe estar sucediendo o al menos deben estar parcialmente funcionado.
Aunque las relaciones de poder son unilaterales, pueden (en las circunstancias adecuadas) beneficiar tanto a la parte dominante como a la dominada. Este beneficio ocurre cuando los grupos compiten. Al concentrar el poder en un solo líder, un grupo grande puede actuar de manera cohesiva de una manera que de otro modo sería imposible. Si este grupo cohesionado supera a sus competidores, se recompensa el altruismo de los subordinados. Para una discusión en profundidad de este principio, vea el libro Ultrasociety de Peter Turchin . (La advertencia aquí es que un líder despótico puede usar su poder para acumular recursos, eliminando cualquier beneficio para la base).
-Justificando el poder.
Entonces, las relaciones de poder implican altruismo. ¿Qué tiene que ver eso con el libre mercado? Al pie de la letra, nada. La ideología del libre mercado afirma defender la autonomía y la independencia. Estos valores son lo contrario de lo que se necesita para las relaciones de poder (sumisión y servidumbre).
Sin embargo, no debemos tomar las afirmaciones de una ideología al pie de la letra. Sí, el pensamiento de libre mercado parece promover la autonomía. Pero lo que realmente hace, creo, es encubrir la acumulación de poder. El pensamiento de libre mercado hace encubiertamente lo que otras ideologías hacen abiertamente. Este encubrimiento puede ser la razón por la que el pensamiento de libre mercado es tan potente.
Mirando las ideologías del pasado, encontrarás que predican abiertamente el servilismo y la sumisión. En otras palabras, promueven descaradamente las relaciones de poder. La religión huterita, por ejemplo, predica la ‘obediencia’ y la ‘rendición’ a Dios (y quién sea que lo intérprete). La mayoría de las otras religiones hacen lo mismo. La iglesia católica proclama que los fieles deben dar obsequium religiosum, sumisión religiosa. El Islam va más allá aún, habiéndose nombrado a sí mismo por el acto de sumisión. En árabe, la palabra ‘Islam’ significa ‘sumisión a Dios’.
Si bien las religiones predican abiertamente la obediencia, todavía emplean una artimaña poco disimulada. La obediencia que predican es siempre a Dios. Afortunadamente (para los gobernantes), Dios (si existe) no da órdenes directamente. En cambio, tiene la costumbre de hablar a través de los poderosos o los que tienen unas nociones religiosas relevantes. Así, al predicar un orden celestial, la religión inevitablemente justifica uno terrenal.
Sin embargo, a diferencia de la religión, la ideología del libre mercado no predica la obediencia o la sumisión. Todo lo contrario. Predica la libertad y la autonomía. Entonces, ¿cómo puede el pensamiento de libre mercado promover las relaciones de poder? Es simple. La «libertad» del libre mercado es en realidad una forma de poder en tanto trae en valor a individuos con unas características concretas (una idea de lo que es la virtud en último término).
-El poder como ‘libertad’.
A primera vista, la libertad y el poder parecen ser opuestos. Pero si miramos más de cerca los dos conceptos, encontramos que están relacionados. Para ver la similitud, hagamos un poco de filosofía moral. La libertad, como yo la veo, tiene dos tipos. Hay libertad de y hay libertad para.
‘Libertad de’ se trata de restricciones. Tu “libertad de” restringe lo que otras personas pueden hacer. Si está libre de discriminación, por ejemplo, otras personas no pueden discriminar. La “libertad para”, por el contrario, tiene que ver con el poder. Si soy libre de decir lo que pienso, tengo el poder de decir lo que quiero. Es cierto que la libertad de expresión es una forma escasa de poder. Pero la “libertad para” puede ampliarse hasta que se trate inequívocamente de poder. La clave es usar la ‘libertad’ como una artimaña para mandar a la gente.
Aquí hay un ejemplo. En el mercado libre de Estados Unidos, Jeff Bezos es «libre» para administrar Amazon. Pero este uso de la palabra «libertad» es un doble discurso. Es el código del poder de Bezos para comandar a los empleados de Amazon. Este doble discurso, creo, es cómo el pensamiento de libre mercado promueve las relaciones de poder. El lenguaje de la libertad proporciona un manto para la acumulación de poder. Los reyes feudales ejercían el poder. Pero los capitalistas modernos ejercen la «libertad».
–El discurso del libre mercado y la creación de la jerarquía.
Si la ideología de libre mercado promueve la acumulación de poder, entonces la difusión del pensamiento de libre mercado debería ir de la mano con el crecimiento de la jerarquía. ¿Así es?
En los Estados Unidos o en España, la respuesta parece ser sí. A medida que se difundió la ideología del libre mercado, el poder se volvió más concentrado en instituciones no estatales, es decir estas crecieron en tamaño y relevancia en los aspectos de la vida del ciudadano.
Profundicemos en los datos, comenzando con el crecimiento del Estado. Cuando se trata del Estado, todos podemos estar de acuerdo en dos cosas. Primero, los gobiernos son teóricamente lo opuesto al libre mercado. Son instituciones jerárquicas que están diseñadas para mandar y controlar centralizadamente. En segundo lugar, los gobiernos y su intervención, dado que es soberana, pueden ser y son el enemigo mortal proclamado de los defensores del libre mercado y a la vez su sostén último, sin Estado no hay mercado como dijimos antes.
Dados estos dos hechos, uno pensaría que la difusión de la ideología del libre mercado limitaría el tamaño del gobierno. Pero en los Estados Unidos, eso no fue lo que sucedió, por poner un ejemplo. En cambio, a medida que se difundió el discurso del libre mercado, el gobierno de EE. UU. en realidad se hizo mucho más grande en términos relativos y absolutos.
¿Que está pasando aquí? Una posibilidad es que la ideología del libre mercado sea simplemente ineficaz. Esto significa que los defensores del libre mercado, como afirman, se oponen al poder concentrado. Pero son impotentes para detener el crecimiento del gobierno, que se expande dada las dinámicas internas del poder y por las necesidades que los políticos (crean o se les crea desde fuera) tienen en la jerarquía de toma de decisiones. Todo lo que pueden hacer los defensores del libre mercado es gritar indignados más fuerte, en vano, sobre el milagro del mercado.
A los vendedores ambulantes de la ideología del libre mercado probablemente les gustaría esta historia. Pero me parece poco convincente. El problema es que se centra en el crecimiento de la jerarquía pública (gobierno). Pero ignora una forma de poder igualmente importante: la jerarquía privada. Es posible que haya notado que las empresas comerciales no utilizan el mercado para organizar sus actividades internas. Usan la jerarquía. Las empresas tienen una cadena de mando que les dice a los empleados qué hacer. Dado este hecho, el crecimiento de las grandes empresas es un asalto al libre mercado tanto como lo es el crecimiento del gobierno, en tanto estás, a partir de cierto momento necesitan de cabildeo político, y aspiran en ocasiones a ser directamente proveedores de servicios al Estado. Entonces, antes de afirmar que el pensamiento de libre mercado es ineficaz, deberíamos ver cómo se relaciona con el crecimiento de la jerarquía privada.
Para medir el crecimiento de la jerarquía privada, usaré el tamaño de la clase gerencial: la porción de personas empleadas como «gerentes». Aquí está mi razonamiento. Los gerentes trabajan en la parte superior de las jerarquías. Entonces, el crecimiento de la clase gerencial es sinónimo del crecimiento de la jerarquía y la concentración del poder, esto ha sido claro desde antes de la IIGM bajo la idea de lo que Burnham llamó «Revolución Gerencial».
Al observar los datos de gestión, vemos la falla en la historia de que las ideas de libre mercado son ineficaces. Sí, el gobierno de EE. UU. Por seguir nuestro ejemplo, creció a medida que se difundió el pensamiento de libre mercado. Pero el gobierno no fue la única forma de jerarquía que aparentemente se opuso a los ideales del libre mercado. Toda la clase gerencial de EE. UU. se hizo más grande. Entonces, no es solo la jerarquía pública la que se propaga con el pensamiento de libre mercado. Es la jerarquía en general.
La observación de cualquier tamaño de la clase directiva y gerencial en el mundo occidental medido como porcentaje del empleo total ha aumentado sostenidamente en el siglo pasado y en el actual. Dada esta evidencia, hay dos posibilidades:
1-La ideología del libre mercado es notablemente ineficaz en conseguir sus fines.
2-La ideología del libre mercado hace lo contrario de lo que afirma. Creo que deberíamos considerar seriamente la última posibilidad.
Sin embargo, hacerlo requiere romper con la mayor parte del pensamiento político-económico. Si bien los economistas políticos han debatido sin cesar los méritos del libre mercado, pocos se han detenido a preguntar: ¿el pensamiento de libre mercado realmente conduce a un mercado libre? La respuesta, paradójicamente, parece ser no.
Esto tiene poco sentido si tomamos las ideas de libre mercado al pie de la letra. Pero tiene mucho sentido si tratamos la ideología del libre mercado como una «ficción masiva», un conjunto de ideas que hace algo diferente de lo que afirma. Creo que el pensamiento de libre mercado es eficaz, pero no para promover la libertad y la autonomía. En cambio, promueve el crecimiento de la jerarquía y la acumulación de poder (o un tipo de jerarquía concreta).
Podemos dar sentido a esta aparente paradoja pensando en quién promueve el libre mercado. ¿Son los propietarios de pequeñas empresas? Hasta cierto punto, probablemente sí. Pero durante el último siglo, el número de personas que trabajan por cuenta propia tienen peores condiciones que nunca. Entonces, o bien este grupo cada vez más pequeño de personas defendía más y más fuerte sobre el libre mercado, o alguna otra clase defendía estas ideas.
Aquí está mi corazonada. Los defensores más vocales de los mercados libres no son propietarios de pequeñas empresas. Son dueños de grandes corporaciones. Son personas como los hermanos Koch, capitalistas adinerados que buscan aumentar su poder. Claro, promueven la «libertad»… pero en realidad no quieren un mercado libre. En cambio, la «libertad» que buscan los líderes corporativos es la «libertad» para mandar. Eso es un doble discurso para el poder.
–Poder en nombre de la libertad: El poder de las ideas.
Durante gran parte del siglo pasado, la teoría de la evolución prestó poca atención al poder de las ideas. Se pensaba que la evolución se trataba principalmente de genes.
Afortunadamente (para aquellos de nosotros que nos preocupamos por las ideas), la investigación moderna muestra que esto no es cierto. Las antropólogas Carla Handley y Sarah Mathew descubrieron recientemente que la variación cultural entre los grupos humanos es mucho mayor que la variación genética. En pocas palabras, esto significa que las ideas importan. Lo que pensamos probablemente afecta nuestro comportamiento más que nuestros genes.
Los economistas, por su parte, siempre han reconocido el poder de las ideas. Pero lo han hecho de una manera peculiar. Entre los economistas, las ideas reciben el nombre de «preferencias». Cada individuo, afirman los economistas, está dotado de un conjunto de preferencias que determinan completamente sus acciones. Dadas tus preferencias (que son fijas), actúas de una manera que maximiza tu utilidad. El comportamiento humano explicado así es bastante burdo y nontienenen cuenta los mecanismos de patronazgo de ideas por las instituciones y el adoctrinamiento (estatal o extraestatal).
Hay dos grandes problemas aquí. Primero, los economistas asumen que conocemos nuestras preferencias. Pero esto no siempre es cierto. La evolución a menudo produce lo que el filósofo Daniel Dennett llama «competencia sin comprensión». Un organismo puede ser competente para sobrevivir sin saber lo que está haciendo. Se llama instinto, y no deja lugar a las «preferencias» conscientes. En segundo lugar, la teoría económica no deja lugar para el autoengaño. Un agente que maximiza la utilidad no puede tener preferencias que vayan en contra de su propio interés. En contraste, la teoría evolutiva moderna deja en claro que nuestras ideas pueden ser delirantes. De hecho, esperamos una desconexión entre las ideas y la realidad.
La razón es que la vida humana está marcada por una tensión fundamental. Somos animales sociales que compiten en grupos. Por el bien de nuestro grupo, es mejor si actuamos de manera altruista. Pero por nuestro propio bien, es ser en ocasiones egoísta. Cómo suprimir este comportamiento egoísta es el problema fundamental de la vida social.
La solución que la mayoría de las culturas han encontrado es mentir. Nos convencemos de que el comportamiento prosocial es bueno para uno mismo. Curiosamente, sin embargo, la ideología del libre mercado parece oponerse a esta tendencia. En lugar de predicar los méritos de la comunidad y la fraternidad, predica los méritos del egoísmo y la codicia. ¿Cómo puede eso ser bueno para el grupo?
Es posible que no lo sea. Las ideas de libre mercado bien pueden ser tóxicas para los grupos. Pero hay otra posibilidad, una que creo que deberíamos tomar en serio. La alternativa es que las ideas de libre mercado promuevan el altruismo… pero no del tipo en el que estamos acostumbrados a pensar. Promueven el altruismo a través de las relaciones de poder y lo hacen a través del doble discurso. La ideología del libre mercado utiliza el lenguaje de la «libertad» para promover la acumulación de poder tal y como hemos afirmado antes. Pensar de esta manera nos permite poner la historia humana bajo una luz diferente. Si la cohesión del grupo requiere una mentira prosocial noble, entonces la evolución cultural significa encontrar formas cada vez más convincentes de engañarnos a nosotros mismos. El «mercado libre» puede ser en síntesis y para finalizar uno de los principales mitos hasta ahora, y es esencial, para entender mejor la sociedad, desmitificarlo si queremos entender lo que realmente está ocurriendo en nuestras sociedades.
Una propuesta holística de unidad del conocimiento frente a la hiperespecialización.
La extinción de los “eruditos” o “genios” tiene menos que ver con los referentes pedagógicos o el volumen de información que requiere síntesis, y más con la oposición empirista-positivista a la unidad metafísica del conocimiento. El polimatismo (ser destacado en diversas disciplinas) no era una función de unas capacidades natas o de una «inteligencia singular», sino que era un reflejo de la cosmovisión enciclopédica que algunos eruditos destacados tenían en común. Esa visión del mundo postulaba una arquitectura cognitiva interna que estructuraba lógicamente las ciencias en un todo coherente e interdependiente, es decir se planteaba todo de forma holística.
Este ideal se persiguió bajo muchos nombres: enciclopedismo, la tecnometría de William Ames, la concepción de la combinatoria de Leibniz. Kant lo llamó Architectonica, el arte de los sistemas. Gustavo Bueno decía constantemente que era necesario un sistema que entretejiera (tal y como intentó hacer en su materialismo filosófico) todas las áreas del conocimiento, dicho conocimiento se basaba en el ideal de unidad subjetiva se ha perdido ante el falso descriptivismo del naturalismo positivista.
Sin ninguna base de unidad de la cognición en sí misma, la ciencia y las humanidades están condenadas a la fragmentación en una infinidad de fragmentos aislados, ya que el ideal de sistematización y totalización racionales no es un hecho empírico contenido dentro de la Naturaleza y la realidad, dado que las partes que la forman jamás puede aislarse objetivamente.
La capacidad misma de sintetizar los componentes de la ciencia y las humanidades en un todo se basa en ciertos compromisos metafísicos con respecto al alma/mente, su no materialidad y su libertad para juzgar y unificar las percepciones en pensamientos. Sin abandonar tales compromisos hace imposible la unidad.
Un profesor de economía y contabilidad de secundaria (muy respetado) con el que hablé hace años parecía convencido de que los campos de la filosofía y las matemáticas son diametralmente opuestos; la osificación de dichas creencias es real incluso en las mentes más brillantes.
No hay campos de conocimiento, estos son una ficción taxonómica que nos resulta en ocasiones útil, pero que nos evita pensar holísticamente como nuestros antepasados, lo que hay es una centralidad monista del conocimiento como absoluto del que se deriva todo. No son independientes entre dichas ramas, a su vez sí, las divisiones y distinciones son arbitrarias. Culpo a la presión capitalista/modernista/productivista, al menos en origen, ya que dicha concepción para especializarse cada vez más puede ser racional únicamente por el culto a la eficiencia, en el que cada uno tiene su propio pequeño trabajo que realizar con un antifaz puesto en lo que hay fuera de su disciplina, todo al servicio de la división del trabajo. En definitiva, la especialización es una trampa, un callejón sin salida, al menos a nivel intelectual y en la búsqueda del conocimiento.