Relaciones sino-indias desde la perspectiva de China.

Igual que ayer hablamos sobre Pakistán, hoy lo haremos sobre la India desde la perspectiva de China. Dada las diversas advertencias que lleva haciendo EEUU desde hace casi un mes respecto a la posición tibia o neutral de la India con Rusia y el gigante asiático, creo que llegó el hora de hipotetizar un poco. No sin tener en cuenta EEUU quiso hace unas semanas imponerle sanciones a India su mayor socio contra China por su «relación militar con Rusia». El objetivo es castigar a India por mostrarse neutral y de paso quitarle ese enorme mercado a Rusia para dárselo al complejo militar/industrial.

En este contexto, partir del punto que ahora, si quién os escribe estuviera en la jerarquía de toma de decisiones de China, mi principal objetivo sería, por un lado, tratar de mantener Rusia lo más atrapada (acoplada) a mi economía posible, es decir, que su dependencia hacia mi fuera clara para poder tener acceso a combustible barato, mientras trataría de fomentar en la India un aplazamiento o una solución compartida por las zonas en disputa sino-indias.

El caso de la India, archienenemigo continental de la R.Popular de China, por entre otros temas como la disputa por ser el hegemón regional (algo en lo que China lleva mucha ventaja) y las reclamaciones territoriales entre ambos gigantes asiáticos (especialmente por el trozo del Cachemira chino o Askai-Chin), podrían ser aplazados para llegar a un entendimiento sobre el orden regional asiático en beneficio propio y en perjuicio de EEUU, que necesariamente, y únicamente por tamaño, necesita contar con la India.

La idea rectora de dicha hipotética política de entendimiento común se basaría en aplacar el dilema de seguridad de la India en el que el país hindú ve a China como su principal amenaza regional junto con Pakistán. El objeto, por supuesto, es evitar que EEUU tenga una opción geopolítica que consiste en vascular a nivel regional con la India en contra de China y así garantizar su estrategia en el Asia-Pacífico. La política de Pekín debería ser en este sentido propiciar que esto no sea una opción viable para Washington dado que los indios considerarían esto un perjuicio contra su soberanía.

Existen precedentes de entendimientos entre potencias teóricamente irreconciliables, siendo el caso más claro el alineamiento entre Washington y Pekín en contra la Unión Soviética. Alineamiento que se produjo a instancias de varios factores (entre otros) a decir:

-1: El distanciamiento sino-soviético constante producido desde la muerte de Stalin, achacado a algunos por el alejamiento ideológico de la élite China de la soviética. Siendo el proceso de la desestalinización visto por China como una forma de revisionismo liderado por Kruschov.

-2: Las disputas territoriales entre la URSS y la R.P. China por la cuestión de Mongolia y el apoyo soviético a la independencia de dicho país mientras la posición China de anexión, junto con el conflicto de fronterizo de 1969 derivado de dicha situación.

-3: Intereses divergentes entre una potencia emergente y una potencia consolidada, buscando en el caso de China una política exterior más agresiva y la segunda una coexistencia pacifica en un primer momento con las potencias occidentales.

-4: Necesidad chinas dictadas por puro Realpolitik de contrapesar a una URSS mucho más potente en todos los ámbitos con una potencia externa a la plataforma Euroasiática

Un imperativo de la política China sería procurar que ni los rusos, ni los chinos entran en una estrecha alianza con los estadounidenses consiguiendo que una potencia euroasiática de la envergadura de indios y rusos sirva de pivote en el Heartland (zona continental) para una potencia que basa su poder en el control del mar (Rimland) como es el caso de EEUU.

Teniendo esto en cuenta, junto con la experiencia soviética la cual fue encerrada por el Centro y Sur de Europa por un lado, por Oriente Medio a través de Turquía, Pakistán, los países del golfo, y por Extremo Oriente a través de China, Japón y Corea del Sur, la acción de China de tratar de atraer a la India se fundamentaría en:

1: Apoyo menos explícito a los Pakistaníes en materia militar, sin negar los proyectos de China en la potencia islámica aspectos económicos (dado que son claves para la nueva ruta de la seda).


2: Cooperación contra disidencia radical islámica que preocupa tanto a hindúes como a chinos.


3: Transferencia de tecnología civil no estratégica para modernizar la industria India de menor desarrollo que la China y así generar retroalimentación positiva entre ambas economías.

4: Plantear que las intenciones americanas y la acción de amenaza de sanción contra la India si esta sigue cooperando con Rusia en temas de armamento, es un ataque contra la soberanía de India, y que la relación de igual a igual será la tónica general frente a la hegemonía y subordinación en temas de defensa que plantea la megalomanía americana.

5: Garantías y solución al conflicto territorial sino-indio, que se trata fundamentalmente de una zona no estratégica del norte de la India, con una comisión paritaria que evite la intervención de organizaciones internacionales y otras potencias al respecto.


6: Reconocimiento de la soberanía India en zonas en disputa con Nepal y Birmania, negociación de la área de influencia en el Cachemira ocupado por China, a cambio solicitar el reconocimiento de Taiwán por parte de la India como legítimo, y la no intervención de India en cualquier acción de la R.P China contra Taiwán (principal hipótesis de conflicto de Pekín).

El objetivo final sería apostar por un mundo multipolar que beneficie a ambas potencias asiáticas, dado que ambas sacan réditos positivos de tener un sistema internacional que no sea bipolar, en el que China puede comerciar con potencias occidentales vendiéndoles productos manufacturados, mientras se mantiene la puerta abierta a los recursos naturales de países como Rusia, África, junto con la posibilidad de la India de mantener autonomía estratégica. Algo que no sería tan posible en el que dos bloques se disputan la pertenencia del resto del planeta a un bando u otro.

Lo curioso es que sin quererlo, y por otro lado, la Rusia de Putin está llevando a cabo (más por las vicisitudes de la situación internacional actual que únicamente por ellos mismos) algo parecido a la Doctrina Primakov, que se base la política de control de daños en el espacio post-soviético, junto con una China, India y la propia Rusia como contrapesos a EEUU y el mundo occidental. Falta que India aplace sus disputas con la China tal y como parece que se planteó en la última reunión entre ambas potencias, solo el tiempo dirá si esto ocurre finalmente.

Geopolítica de los últimos sucesos en Pakistán:

Durante esta mañana aparecía el siguiente mensaje (captura más abajo) que ha pasado relativamente desapercibido a pesar de la relevancia de este. Básicamente y sintetizando mucho, Estados Unidos apoyó a la oposición para presentar una moción de censura contra el gobierno de Imran Khan. Según el oficialismo Estados Unidos creó un plan de cambio de régimen porque Imran Khan estaba del lado de China y Rusia, y Pakistán tenía una política exterior más o menos independiente que no complacía a Estados Unidos. Según el presidente había traidores escondidos entre el partido del primer ministro y estaban conspirando para votar en contra de su propio primer ministro en la moción de censura.  El primer ministro Imran Khan tuvo que esperar hasta el último día de la moción para exponer a estos disconformes y solo entonces ir a las nuevas elecciones con gente nueva.

Esto nos enseña algo, cada país tiene su propia élite política, que en su mayoría trata de encontrar un gobierno que obedezca a la política exterior que creen beneficia al país a largo plazo. Los estadounidenses presionaron a cierta élite paquistaní para que abandonara la cercanía con Pekín y, por lo tanto, se posiciona contra Rusia sobre Ucrania. Mientras tanto, esto no podría ser posible mientras el primer ministro Imran Khan permaneciera en el asiento dado que era uno de sus puntos fundamentales, deseando mantener relaciones amistosas con ambas potencias euroasiáticas (especialmente con China para contrapesar a la India).

En términos de opinión pública, quizá esa opinión es la más coherente y aunque se ha sabido poco que Pakistán en el mundo hispanohablante es, de hecho, uno de los países más antiestadounidenses del mundo. En el apogeo de la guerra contra el terrorismo, la aprobación de EE. UU. como un socio confiable era solo del agrado del 11 % de los habitantes encuestados, esto se debe a que los ataques aéreos de EE.UU. violaron repetidamente la soberanía de Pakistán en esos años en sus zonas tribales.

Pakistán es un país, por contextualizar, que no es bien entendido en Occidente. En el Reino Unido, su antiguo señor colonial cuando formaba parte del Raj británico y en Europa además de en el mundo hispanohablante, el país se percibe en gran medida a través de estereotipos como un país más en el mundo islamico a pesar de este poseer armamento nuclear, y unas fuerzas armadas que son por tamaño la sexta del planeta con 650.000 personas en activo, junto con una gran diáspora extranjera del país en el mundo. 

En realidad, Pakistán es una república multiétnica que se mantiene unida apelando a una identidad islámica común, que lo distingue fundamentalmente de la India de mayoría hindú, de la que alguna vez formó parte. El prolongado conflicto con Nueva Delhi que dura desde 1947 es lo que ha definido la mayor parte de la turbulenta historia del país, que por supuesto se ha visto sacudida por la inestabilidad política y étnica (como principales los: Punjabis , pastunes , sindis , Saraikis , emigrados , Baloch , paharis , Hindkowans).

Volviendo a la política del país asiático, esta semana, parece que Pakistán enfrenta otra crisis. El gobierno de Imran Khan, un famoso exjugador de críquet, se enfrenta a una revuelta de los partidos de la oposición que están impulsando una moción de censura en su contra, acusándolo de manejar mal la situación económica del país. A partir del 29 de marzo, los que abogan por la votación están, según se informa, a 9 de los 172 votos para tener éxito, algo que no ha triunfado dado que se ha disuelto el Poder Legislativo. Khan, sin embargo, protesta porque «fuerzas extranjeras» están detrás del intento de sacarlo del poder, citando objeciones a su perspectiva de política exterior que ha buscado alinearse con China y Rusia, y se aleja de la cooperación con los Estados Unidos tras el final de su conflicto en Afganistán. Afirma a su vez que hay una «carta secreta» que lo prueba dirigida desde la embajada de EE.UU., de la cual no puede publicar por tratarse de un «secreto nacional».

Para cualquier espectador, tal afirmación parece ser una excusa fantasiosa y conveniente. La situación, por supuesto, es mucho más compleja. La política de Pakistán ha sido propensa a trastornos tan frecuentes por el hecho de que se esfuerza por reconciliar muchas identidades étnicas diferentes bajo una coalición de identidad islámica. Esto incluye a los pueblos tan diversos como los presentados antes, lo que genera presiones políticas contra el estado en forma de movimientos separatistas e incluso terrorismo. Esta inestabilidad subyacente ha llevado a las fuerzas armadas de Pakistán a convertirse en la principal «columna vertebral» para mantener unido al Estado, siendo  su institución política más poderosa, que a menudo ha oscilado entre hacer de fuerza pretoriana (intervención política de las fuerzas de seguridad) y restaurar los golpes y gobiernos militares como forma de hacer política. Si el gobierno de Imran Khan se derrumba, tal toma de poder nuevamente no es descartable.

Sin embargo, por otro lado, los reclamos de fuerzas extranjeras que interfieren en el país no son tan absurdos como pueden parecer, aunque algo simplificados. Pakistán importa más estratégicamente de lo que cree el público occidental. En primer lugar, Islamabad no es un país débil. Tiene una población enorme, un ejército formidable y armas nucleares. En segundo lugar, su ubicación geográfica implica un puente terrestre estratégico que se extiende desde la provincia china de Xinjiang hasta el Océano Índico occidental.

Esto lo convirtió en la pieza central de la «Iniciativa de la Franja y la Ruta» (BRI, por sus siglas en inglés) de China a través del «Corredor Económico China-Pakistán» (CPEC, por sus siglas en inglés), que le brinda a China una ruta para evitar el subcontinente indio y un punto de acceso para obtener energía de la Península Arábiga. sin pasar por las traicioneras aguas disputadas del Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional dominadas por las potencias occidentales, es decir, es básico para una estrategia continental de China, donde el ejército estadounidense y sus aliados tienen consolidada una relevante presencia naval.

Junto con esto, Pakistán ha mostrado un fuerte apoyo a China como socio estratégico. Imran Khan ayudó a refutar las acusaciones contra los uigures en Xinjiang, asistió a los Juegos Olímpicos de Invierno en Beijing, rechazó la «cumbre de la democracia» de Estados Unidos a fines de 2021 y visitó Moscú el día que comenzó la guerra contra Ucrania. 

El colapso de la relación de interés mutuo de Estados Unidos con Islamabad como socio cuando Afganistán llegó a su fin supervisó en última instancia su giro hacia otros socios estratégicos no occidentales, siendo China su principal benefactor para ayudar a Pakistán a recibir apoyo económico y militar para protegerse contra la propia India. El año pasado, EE. UU. agregó posteriormente varias empresas paquistaníes a su propia «lista de entidades» del Departamento de Comercio debido a sus vínculos con China, prohibiéndoles comprar productos de origen estadounidense.

Dado esto, la importancia de Pakistán no debe subestimarse. Está muy en el interés estadounidense fomentar un cambio de gobierno en este país con el fin de avanzar en su contención de China, jugando con las inestabilidades derivadas de las vicisitudes del país y en cambio esperando un gobierno más tibio con la India y pro-occidental que anule su creciente dependencia estratégica de Pekín.

Sin embargo, queda por ver si tal resultado es realmente probable, especialmente dado que los militares seguirán jugando como “hacedores de reyes” y la posibilidad de que hagan gala del pretorianismo típico de los países islámicos. Si bien los críticos han acusado a China de fomentar una «trampa de la deuda» sobre Islamabad, en la práctica, China le ha brindado al país oportunidades económicas que de otro modo nunca había tenido a lo largo de toda su historia. Con la posibilidad de un nuevo proceso electoral en Pakistán, solo el tiempo dirá si Imran Khan sobrevive en lo que, independientemente, será un punto de inflexión en el futuro estratégico de Pakistán.

¿Quién gobierna realmente en Rusia?

Al describir a Vladimir Putin y su círculo íntimo, he pensado en un comentario de John Maynard Keynes sobre Georges Clemenceau, primer ministro francés durante la Primera Guerra Mundial: que era un individuo completamente desilusionado que “tenía una ilusión: Francia”. Algo similar podría decirse de la élite gobernante de Rusia, y ayuda a explicar la apuesta colectiva arriesgada que han tomado al invadir Ucrania.

Pueden ser despiadados, codiciosos y cínicos, pero no son cínicos acerca de la idea de la grandeza (o la idea de esta) de Rusia. Los medios occidentales emplean el término “oligarca” para describir a los rusos súper ricos en general, incluidos los que ahora residen total o parcialmente en el oeste. El término ganó fuerza en la década de 1990 y durante mucho tiempo ha sido mal utilizado. En la época del presidente Boris Yeltsin, un pequeño grupo de ricos empresarios dominaba el estado, que saquearon en colaboración con altos funcionarios. Este grupo, sin embargo, fue purgado y quebrado por Putin durante sus primeros años en el poder. Tres de los siete “oligarcas” principales intentaron desafiar políticamente a Putin. Boris Berezovsky y Vladimir Gusinsky fueron expulsados al extranjero, y Mikhail Khodorkovsky fue encarcelado y luego exiliado. A los demás, y a sus numerosos equivalentes menores, se les permitió mantener sus negocios dentro de Rusia a cambio de una subordinación pública incondicional a Putin.

Cuando Putin se reunió  con los principales empresarios rusos después de lanzar la invasión de Ucrania, no hubo duda de quién estaba dando las órdenes. El crítico de Putin Mikhail Khodorkovsky, exjefe de la compañía petrolera Yukos, enjuiciado en mayo de 2005 por supuesto fraude y evasión fiscal crítico de Putin, el magnate Boris Berezovsky (fallecido en 2013), visto en Londres en 2003 con una máscara de Putin. La fuerza que quebró a los oligarcas fue la antigua KGB, reorganizada en sus diversos servicios sucesores. El propio Putin, por supuesto, vino de la KGB, y una gran mayoría de la élite superior bajo Putin son de la KGB o de estados asociados a la antigua URSS (aunque no de las fuerzas armadas). Este grupo se ha mantenido notablemente estable y homogéneo bajo Putin, y son (o solían ser) cercanos a él personalmente.

Bajo su liderazgo, han dirigido su país (aunque a diferencia de los oligarcas anteriores, han mantenido la mayor parte de su riqueza dentro de Rusia). Se han hecho eco tanto de la despiadada propaganda de Putin para restaurar cierta importancia geopolítica de Rusia como de sus denuncias al respecto de la decadencia occidental. A medida que Rusia se hunde cada vez más en la necesidad de utilizar la herramienta militar tal y como hablamos el otro día en otro artículo (enlace), a su vez, una pregunta central es si, si la guerra no termina rápidamente y se alarga meses o años, y sin un acuerdo de paz, las propias élites rusas pueden destituir a Putin (o persuadirlo para que renuncie) a fin de tratar de sacar a Rusia de dicha situación, o por el contrario cierran filas con el líder.

Evaluar las posibilidades de esto requiere una comprensión de la naturaleza de las élites rusas contemporáneas y, sobre todo, del núcleo interno de Putin. A modo de ilustrar la profundidad de la catástrofe rusa de la década de 1990 e identificarse con todos los que la sufrieron, Putin ha dicho que en un momento se vio reducido, cuando aún era teniente coronel en servicio de la KGB, a trabajar como taxista independiente para complementar sus ingresos. Esto es bastante plausible. En 1994, en Rusia y en general en el espacio de la antigua URSS, había cargos de la KGB. Sus pensamientos seguramente irían en la línea de: “Pensábamos que éramos la columna vertebral de la Unión Soviética”, “Ahora míranos”

Seguramente muchos de estos cargos se ven a sí mismos como “Verdaderos Chekistas” (nastoyashchy chekist) fue una frase de propaganda soviética que se refería a las cualidades de disciplina despiadada, coraje, compromiso ideológico y honestidad supuestamente características de la Cheka, la primera policía secreta soviética formada por Lenin y sus asociados. Se convirtió en el tema de muchas bromas soviéticas, pero no hay duda de que Putin y su élite superior continúan viéndose a sí mismos bajo esta luz, como la columna vertebral de Rusia, aunque Putin, que es cualquier cosa menos un revolucionario, parece identificarse mucho más fuertemente, con las élites de seguridad de la Rusia imperial sin romper con el pasado sovietico completamente.

Una interesante ilustración de esto viene de Union of Salvation ( Soyuz Spaseniya , 2019), una película sobre la revuelta radical decembrista de 1825, realizada con el apoyo del estado ruso. Para sorpresa considerable de rusos que fueron educados para reverenciar a los decembristas, los héroes de esta película son el zar Nicolás I y los leales generales y burócratas imperiales que lucharon para preservar el gobierno y el orden contra los rebeldes. Aunque han acumulado un poder y una riqueza inmensos, Putin y su círculo inmediato siguen resentidos por la forma en que la Unión Soviética, Rusia y su propio servicio se derrumbaron en la década de 1990, y un gran poder mezclado con un gran resentimiento es una de las mezclas más estiumlantes tanto en la política nacional como en la internacional.

Hace unos días en una reunión televisada del Consejo de Seguridad Nacional en vísperas de la invasión de Ucrania, donde fue humillado por Putin  Alexei Nikolsky, podría indicar, que a medida que crecen las tendencias autocráticas de Putin, el poder real (a diferencia de la riqueza) dentro del sistema ha llegado a depender cada vez más del poder del presidente y no tanto de su oligarquía, como todo régimen con estas tendencias -y aquí no queremos mostrar prejuicios sino decir que es algo común cuando se centraliza poder- el número de personas con dicho acceso al poder y al presidente se ha reducido, especialmente desde que la pandemia de covid llevó al drástico aislamiento físico de Putin, a un puñado de asociados cercanos.

Cinco del círculo íntimo de Putin Serguéi Lavrov , 71 años, ministro de Asuntos Exteriores Sergei Naryshkin , 6 años,, jefe de inteligencia exterior Nikolai Patrushev , 70, secretario del consejo de seguridad de Rusia Igor Sechin , 61 años, director ejecutivo de Rosneft Sergei Shoigu , 66 años , ministro de defensa, serán los principales individuos con acceso a Putin seguramente. Esto seguramente ha cambiado, en sus primeros años en el poder, Putin (que era un oficial de la KGB relativamente joven) podía ser considerado como “el primero entre iguales” en una élite superior de amigos y colegas. No más. Cada vez más, incluso los siloviki se han reducido públicamente a servidores del autócrata, como lo ilustra la humillación de Putin a su jefe de inteligencia exterior, Sergei Naryshkin, en la reunión televisada del Consejo de Seguridad Nacional en vísperas de la guerra.  El núcleo interno incluye al ministro de defensa Sergei Shoigu (ex ministro de emergencias y no soldado profesional); Nikolai Patrushev, exjefe de inteligencia nacional y ahora secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Rusia; Narishkin; e Igor Sechin, el ex viceprimer ministro designado por Putin para dirigir la compañía petrolera Rosneft. En la medida en que los altos funcionarios económicos con inclinaciones “liberales patrióticas” alguna vez formaron parte de este núcleo interno, hace mucho tiempo que han sido excluidos.

Todos estos hombres son conocidos en Rusia como los » siloviki » – «hombres de fuerza». Para entender esto, se debe trazar una línea clara entre los siloviki y las élites rusas más amplias: grandes y muy dispares, desunidas conglomerados de importantes empresarios, altos funcionarios fuera del círculo interno, figuras destacadas de los medios, altos generales, intelectuales patriotas y el variopinto grupo de notables locales. intermediarios y mediadores que componen la dirección del partido Rusia Unida de Putin. Entre algunas de las élites rusas más amplias seguramente haya mayor malestar (aún sin ser seguramente relevante) con dicha centralización de poder de Putin. Naturalmente, esto será más claro con las élites económicas, dada su profunda participación en los negocios con Occidente y su comprensión del impacto de las sanciones occidentales en la economía rusa (que tratamos en el artículo anterior).

Roman Abramovich, cuya incomodidad era bastante clara mientras buscaba compradores para el Chelsea Football Club, descubrió que la venta se detuvo esta semana cuando se congelaron sus activos en el Reino Unido. Mikhail Fridman, presidente de Alfa Group (ya gravemente afectado por las sanciones occidentales) y uno de los ex «oligarcas» sobrevivientes de la década de 1990, ha pedido un pronto fin de la guerra, al igual que el magnate del aluminio Oleg Deripaska. Si no hay un acuerdo de paz y la guerra se prolonga hasta un punto muerto  estos individuos seguramente serán más duros con el Kremlin, pero al carecer de las instituciones colectivas y, quizás lo que es más importante, de las identidades colectivas que les permitirían combinarse fácilmente para derrocar a Putin, cualquier ilusión en este sentido es improbable, de hecho es poco posible que así ocurra dado que el Kremlin seguramente los tendrá vigilados o chantajeados de muchos formas.

En la Duma, por otro lado, sería inútil buscar en ella algún tipo de liderazgo político dado el dominio de esta por Rusia Unida. El ejército, que en otras partes del mundo sería la institución habitual detrás de un golpe, ha sido decididamente despolitizado, primero por el Estado soviético y ahora por Putin, a cambio de una enorme financiación estatal. Ahora también está comprometido con la victoria militar en Ucrania, o al menos con algo que pueda presentarse como una victoria por eso las aspiraciones occidentales a que esto ocurra son improbables. Esto significa que, si bien los militares no se moverán contra Putin, también es muy poco probable que se muevan para salvarlo. Parte de la presión más efectiva sobre la élite de Putin puede provenir de sus propios hijos. Casi todos los padres crecieron y comenzaron sus carreras en los últimos años de la Unión Soviética. Sus hijos, sin embargo, en muchos casos han sido educados y han vivido principalmente en el oeste o han nacido en una Rusia post-soviética. Muchos están de acuerdo, al menos en privado, con Elizaveta Peskova, hija del portavoz de prensa de Putin, Dmitry Peskov, quien protestó contra la guerra en Instagram (la publicación fue eliminada rápidamente). Las conversaciones de cena en la familia Peskov deben ser asuntos interesantes en estos días.

Los siloviki , sin embargo, están tan identificados con Putin y la guerra que un cambio en el régimen ruso tendría que implicar la salida de la mayoría del poder, posiblemente a cambio de la promesa de que no serían arrestados y conservarían la riqueza de su familia. (esta fue la garantía que hizo Putin con su antecesor Yeltsin). Creo que una de las razones por las que [los siloviki] se ven a sí mismos como representantes del estado y sienten que ser más pobres que un grupo de empresarios es una humillación, incluso un insulto.

Según sus detractores los siloviki han sido retratados con precisión como profundamente corruptos, pero su corrupción tiene características especiales. Los altos exfuncionarios soviéticos,durante la época soviética, la mayoría serían relativamente felices con una casa de campo , una televisión en color y acceso a tiendas especiales con algunos productos occidentales, además de vacaciones en Sochi. Seguramente estarían perfectamente cómodos y se compararían con el resto de la población, no con las élites occidentales que solían tener a diferencia de ellos mucho dinero y no estos privilegios materiales que quizás no todos tendrían acceso.

Eso es lo que la década de 1990 le hizo a la sociedad rusa seguramente desarrollar una obsesión por el dinero. Los siloviki, por otro lado, están naturalmente apegados a la idea del orden público, un orden que garantiza su propio poder y propiedad, pero que también creen que es esencial para evitar que Rusia vuelva a caer en el caos de la década de 1990 y la guerra civil. El desastre de la década de 1990, en su opinión, supuso no solo un declive catastrófico del Estado y la economía, sino también una anarquía moral socialmente destructiva, y su reacción no ha sido diferente a la de la sociedad estadounidense conservadora en la década de 1960 o la sociedad alemana conservadora en la década de 1920 al desorden (salvando las diferencias).

En esto, Putin y los siloviki cuentan con la simpatía de una gran parte de la población rusa, que sigue estando amargamente resentida, tanto por la forma en que fueron traicionados y saqueados en la década de 1990 como por lo que perciben como el abierto desprecio mostrado hacia los rusos comunes por las élites culturales liberales occidentalizadas de Moscú y San Petersburgo.

Los siloviki y la élite oficial rusa en general están total e irrevocablemente comprometidos con la idea de Rusia como una gran potencia. Por otro lado, uno de los peores o menores efectos de esta guerra será el profundo y duradero aislamiento ruso del oeste, esto será interesante para unos y malo para otros. Sin embargo, creo que Putin y los siloviki (no tantos en las élites más amplias) dan la bienvenida a este aislamiento. Están impresionados con el modelo chino que en parte se basa en esa idea de: una economía tremendamente dinámica, un aislamiento del resto del planeta en algunas cuestiones culturales, una sociedad disciplinada y una superpotencia militar en crecimiento gobernada con férreo control por una élite que combina una enorme riqueza con un profundo patriotismo, promoviendo la idea de China como una civilización separada y superior.

Es posible que a su vez haya facciones del poder ruso empujen a Rusia a los brazos de China por motivos económicos o por confluencia de objetivos, a pesar del riesgo de que esto convierta a Rusia en un títere de Beijing. Por supuesto, la guerra en Ucrania consolidará el sentimiento patriótico en Rusia detrás de su gobierno, además de permitirles participar en una represión intensificada en nombre del apoyo al esfuerzo bélico (la guerra como herramienta de centralización de poder). Esta represión ya ha comenzado, con el cierre de los últimos medios extranjeros de Rusia y leyes que limitan las redes sociales occidentales. Sobre todo, por profundas razones históricas, culturales, profesionales y personales, los siloviki y la élite oficial rusa en general están total e irrevocablemente comprometidos con la idea de Rusia como una gran potencia y un polo de un mundo multipolar. Si no cree en eso, no es parte del establecimiento de poder ruso, al igual que si no cree en la primacía global de los EE. UU., no es parte de la élite de seguridad exterior de los EE. UU. (Tanto del formal como informal).

El lugar de Ucrania en esta doctrina y política de poder rusa fue resumida con precisión por el ex asesor de seguridad nacional de EE. UU. Zbigniew Brzezinski: “Sin Ucrania, Rusia deja de ser un imperio euroasiático”. El establecimiento en el poder ruso está completamente de acuerdo. También creen, al menos durante los últimos 15 años, que la intención de Estados Unidos es reducir a Rusia a una potencia subordinada de tercera categoría. Más recientemente, han llegado a la conclusión de que Francia y Alemania nunca se opondrán a Estados Unidos, algo que nunca fue claro del todo dado los negocios con franceses y sobre todo con alemanes en temas de energía y electrónica. “Hacia el oeste, solo tenemos enemigos”, sería la idea dominante en la estructura de toma de decisiones. La élite rusa ve el fomento del nacionalismo ucraniano como un elemento clave en la estrategia antirrusa de Washington. Parecen preparados, si es necesario, para luchar sin piedad durante mucho tiempo, y con un costo y un riesgo inmensos, la cuestión es si su régimen aguantaría, y si están dispuestos a hacer lo que sea necesario para enfrentar dicha situación, eso solo el tiempo lo dirá.

Biden, Estados Unidos y geopolítica de la energía según la orientación partidista.

El otro día aparecía la noticia de que Alemania planeaba ser independiente del gas ruso para mediados del año 2024. La noticia tenía su interés por la serie de implicaciones herencia de la política exterior germana que ya analizamos el otro día (enlace) y que ahora que ha terminado el período de Merkel nos gustaría tratar en el futuro.

Esto habría sucedido antes si no hubieran desechado el acuerdo Merkel-Trump de reducir la dependencia alemana de Rusia. Obviamente esto interesaba a Trump dado que el mundo republicano siempre ha estado muy relacionado con el sector energético (mucho lobby de la energía tiene mejor salud en dicha fuerza política), sin embargo, esto hubiera mejorado en caso de crisis la dependencia europea de Rusia, pudiendo vascular en términos energéticos entre las dos grandes potencias.

A su vez, ahora tenemos que fingir que Biden ha tratado de influenciar a los estados árabes que ya suministran gas natural licuado de un intento de golpe estratégico fallido (del que nadie habla) para bajar el precio del crudo y el gas y perjudicar a Rusia y mejorar la situación de Europa. Obviamente esto no ocurrió porque las relaciones saudíes-americanas están en un mal momento, distanciándose dichas monarquías de EEUU desde el cambio de presidencia y la Guerra de Ucrania. Por otro lado tenemos a Arabia Saudí (y a Emiratos en mayor medida) basculando entre Rusia, beneficiándose ambas de un petróleo y gas caros, y China como un gran socio con una demanda creciente de este tipo de recursos.

El partido de Biden por otro lado, se opone al sector energético estadounidense tradicional, siendo su partido el del mundo de la cultura, parte de las grandes tecnológicas, comunicación activismo, un mundo que tiene un rencor personalizado y especial contra Rusia. Mientras que el Partido Republicano en los últimos tiempos ha sido el partido favorable a los sectores de energía manufacturas y el sector armamentístico, teniendo tradicionalmente mejores relaciones con las monarquías del Golfo y peores con China (dado que China perjudica al sector manufacturero de EEUU y absorbe energía que podrían comercializar las empresas favorables a los republicanos).

Estas dos opciones o partidos dentro del Imperio estadounidesnse que tienen un conflicto estructural permanente (Imperium in imperio, que podríamos denominar «Estado dentro del Estado» o «poder dentro del poder») el cuál configura incluso las decisiones económicas de todo el planeta, que sin ir más lejos nos afectan a los europeos ahora mismo con un precio alto de la energía como consecuencia de un conflicto estructural americano.

Para los liberales esto sonará duro, pero la economía es política (y subsidiaria al poder político) y los Estados más «librecambistas» (y sus facciones en el poder) también la utilizan para sus fines estratégicos, fusionándose en el caso presentado en el frente interno, el frente externo y las relaciones económicas generando la síntesis que sería el contexto actual.

A su vez, el enfoque del partido Biden (P. Demócrata) es fundamentalmente globalista y contrario al Estados Unidos más realista que quiere basar su poder (nacional) en cosas más tangibles como armas, energía e industria, este es uno de los problemas fundamentales entre el idealismo globalista y el «América First».

Decir para finalizar, que los primeros tienen a su vez tendencia a perseguir rencores a través de guerras de poder y conflictos empantanados fabricados en los años de la unipolaridad, mientras se asume a regañadientes y con poca predisposición a cambiar (dicha decadencia industrial) el poder material que se derivan de dichas industrias frente a una economía de servicios y ocio (dónde los Demócratas dominan ampliamente).

Sobre las sanciones a Rusia: ¿Son tan graves como parecen?

Occidente, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, ha reaccionado a la invasión rusa de Ucrania introduciendo un régimen de sanciones a su parecer “paralizante ”. Es una “guerra económica y financiera total” destinada a “provocar el colapso de la economía rusa”, admitió con franqueza el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire . Y, sin embargo, muchas de las sanciones actuales parecen ser restricciones comunes y corrientes utilizadas contra varios países en el pasado. Varios de ellos, incluidas las prohibiciones de exportación y la congelación de ciertos activos, se han impuesto a Rusia desde su anexión de Crimea en 2014. Incluso la muy discutida exclusión de varios bancos rusos del principal sistema bancario internacional, SWIFT, no es nuevo, ya que se ha utilizado contra Irán, con resultados menores de los esperados.

El aspecto más controvertido del nuevo régimen de sanciones es sin duda la congelación de las reservas de oro y divisas extranjeras de Rusia en alta mar (aproximadamente la mitad de sus reservas totales), pero incluso esto tiene precedentes: el año pasado, EE. UU. congeló las reservas extranjeras en poder de Afganistán ante la tesitura de la llegada al poder de los talibán, para que estos no accedieran a sus fondos; Estados Unidos también ha congelado previamente las reservas de divisas de Irán, Siria y Venezuela.

Entonces, tomadas individualmente, estas medidas no son tan excepcionales como se las ha presentado. Sin embargo, nunca antes se habían desplegado tantas sanciones a la vez: ya hay 6.000 sanciones occidentales impuestas a Rusia, más de las que existen contra Irán, Siria y Corea del Norte juntas. Aún más importante, ninguno de los objetivos y víctimas de las anteriores de las sanciones era remotamente tan poderoso como Rusia, miembro del G20 y una de las principales potencias nucleares del mundo.

Asimismo, ninguno de los 63 bancos centrales que son miembros del Banco de Pagos Internacionales (BIS) en Basilea, conocido como el banco central de los bancos centrales, ha sido nunca objeto de sanciones financieras. El propio BIS incluso se ha unido a las sanciones para impedir el acceso de Rusia a sus reservas en alta mar. Esto realmente no tiene precedentes: desde su establecimiento en 1931, el BIS nunca había tomado tal medida, ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial.

Entonces, ¿qué debemos esperar de las sanciones? Los expertos y periodistas occidentales tienen pocas dudas: las sanciones paralizarán la economía rusa, sembrarán el descontento entre el pueblo y las élites rusas por igual, y posiblemente incluso causen la caída del régimen de Putin, al menos eso creen. Como mínimo, se nos dice, obstaculizarán los esfuerzos de guerra de Rusia. Pero la historia sugiere lo contrario : véase Irak, o más recientemente Irán, el cuál en el caso de la último ha tenido una política mucho más hiperactiva en Oriente Medio a pesar de las sanciones. Mucho más probable es que este resulte sea un error de cálculo estratégico occidental (por blando o por duro, depende que objetivos y que papel tenga Rusia para cada potencia sancionadora) en una larga lista de errores estratégicos, de los cuales la ignominiosa retirada de Estados Unidos de Afganistán es sólo el ejemplo más reciente.

Después de todo, Rusia se ha estado preparando para este momento durante bastante tiempo. Después de la primera ola de sanciones occidentales, en 2014, y en parte como represalia contra ellas, Putin se embarcó en lo que los analistas denominaron una estrategia de reforzar la «Fortaleza de Rusia» , acumulando las reservas internacionales del país y diversificándose lejos de dólares estadounidenses y libras esterlinas, reduciendo su exposición al extranjero, impulsando su cooperación económica con China, India y los BRICS, aplicando estrategias de sustitución de importaciones en varias industrias, incluidas las de alimentos, medicina y tecnología, en un esfuerzo por aislar a Rusia tanto como sea posible de los choques externos.

Es cierto que Putin cometió el error de dejar alrededor de la mitad de esas reservas aparcadas en bancos centrales extranjeros, lo que resultó en su confiscación. No obstante, Rusia todavía tiene acceso a más de $300 mil millones en oro y reservas de divisas, más que la mayoría de los países del mundo y más que suficiente para amortiguar cualquier caída a corto plazo en las exportaciones o apuntalar el rublo (por un tiempo). Hecho que seguramente juegue en su favor el negociar petróleo y gas con la India y China en rublos, yuanes o rupias.

Además, el banco central ruso reaccionó a las sanciones deteniendo los flujos de capital fuera de Rusia y nacionalizando las ganancias en divisas de los principales exportadores, requiriendo que las empresas rusas conviertan el 80% de sus ganancias en dólares y euros en rublos, es decir “convirtió en rublos su economía exportadora”·. También elevó las tasas de interés al 20% en un esfuerzo por atraer capital extranjero. Estas medidas tienen como objetivo reforzar el valor del rublo y proporcionar un flujo de divisas al país. Parecen estar funcionando: mientras que el rublo ronda su valor desde el inicio del conflicto (93 rublos al día 31 de marzo, por cada euro frente a los 86 de antes de la guerra), la caída libre de la moneda rusa parece haberse detenido por ahora, registrando incluso un repunte en las últimas dos semanas. Por el momento, la cuenta financiera de Rusia, la diferencia entre el dinero que entra y sale del país, está lejos de ser desastrosa.

No olvidemos que la principal fuente de las reservas de divisas de Rusia, las exportaciones de petróleo y gas , ha sido excluida de las sanciones por razones obvias: para la mayoría de los países europeos, Rusia representa una gran parte de sus importaciones de petróleo y gas (y otros productos básicos), y simplemente no hay forma de reemplazar esas fuentes de energía de un día para otro. En definitiva, Rusia no corre el riesgo, a corto plazo, de quedarse sin reservas y no poder pagar sus importaciones. Pero incluso suponiendo que Occidente decidiera poner fin a todas sus importaciones de Rusia de la noche a la mañana, no hay razón para creer que esto detendría la maquinaria militar rusa o su acción geopolítica. La noción de que “estamos financiando la guerra de Rusia comprando gas y petróleo”, como afirmó recientemente el primer ministro finlandés, está fundamentalmente fuera de lugar ya que hay suficiente demanda en el mundo para dichas materias primas, especialmente por parte de China e India, potencias con las que Rusia ha ofrecido descuentos precrisis de ucrania en la negociación de petróleo.

La maquinaria militar rusa, en su mayor parte, no depende de las importaciones (en todo caso, Rusia es un exportador de armas ). Es de origen nacional y, al igual que los salarios de sus soldados, se paga en rublos, que el banco central ruso puede crear en una cantidad ilimitada, tal como lo hace el BCE cuando se trata de euros. Igualmente infundados son los rumores de un inminente default ruso. En los últimos años, el gobierno ruso ha tomado medidas para reducir sus pasivos externos: su deuda denominada en moneda extranjera asciende hoy a unos 40.000 millones de dólares , una cantidad pequeña en comparación con el tamaño de las exportaciones anuales de Rusia de más de 200.000 millones de dólares en petróleo y gas. Cualquier decisión de incumplimiento sería totalmente política y tendría unas consecuencias limitadas. No debemos olvidar que los mismos acreedores que esperan ser reembolsados en dólares son los mismos que acaban de confiscar una buena parte de los dólares de Rusia — si estos últimos incumplieran sus pagos, sería un problema aún mayor para sus países occidentales. Acreedores que al igual que con las exportaciones de petróleo de Rusia, lastimar a Rusia significa inevitablemente lastimarnos a nosotros también, uno de los problemas, sin duda de la idea liberal de la interdependencia mutua.

Además, gracias a los esfuerzos exitosos del gobierno ruso para impulsar la producción agrícola nacional, la producción nacional de alimentos ahora representa más del 80 % de las ventas minoristas , frente al 60 % en 2014. Esto significa que Rusia es en gran medida autosuficiente en cuanto a alimentos. Entonces, incluso si sus ingresos por exportaciones cayeran en picado (lo cual es poco probable), el país no pasaría hambre, a diferencia del resto del mundo, especialmente algunos países occidentales, y lo más probable es que pudiera continuar financiando sus esfuerzos de guerra.

¿Podría resultar más eficaz una prohibición selectiva de las exportaciones de componentes occidentales específicos de alta tecnología, algunos de los cuales se utilizarán en la industria de defensa de Rusia? Posiblemente. Pero Rusia ha estado reduciendo la dependencia de su aparato militar-industrial de componentes y tecnologías extranjeros durante años. Más importante aún, ambas hipótesis, que la economía y el ejército de Rusia pueden ponerse de rodillas mediante prohibiciones de exportación y/o importación, se basan en la suposición errónea de que todo el mundo está de acuerdo con las sanciones. Pero eso está lejos de ser el caso.

Si bien la mayoría de las naciones del mundo (143 de 193) votaron a favor de una resolución en la Asamblea General de la ONU que condena a Rusia, los 35 países que se abstuvieron incluyen a China, India, Pakistán y Sudáfrica, así como varios estados africanos y latinoamericanos de importante tamaño. Estos y muchos más países, incluidos varios que votaron a favor de la resolución, como Brasil , han criticado duramente las sanciones contra Rusia y se espera que continuar comerciando con Putin. Francamente, es muy difícil llamar a Rusia aislada cuando algunas de las economías más grandes del mundo se han negado a apoyar el régimen de sanciones de Occidente.

China, en particular, ha sido muy elocuente en su apoyo parcial a Rusia. Pekín ya es el principal socio comercial del Kremlin, y solo él puede absorber enormes cantidades de energía y productos básicos rusos (con la ayuda de la India en menor medida), así como proporcionar a Rusia básicamente cualquier producto industrial y de consumo que este último importe actualmente de Occidente. China también opera una alternativa al sistema SWIFT administrado por Occidente llamado CIPS para administrar transacciones transfronterizas en yuanes, lo que podría permitir a Rusia eludir parcialmente el bloqueo financiero de Occidente . A pesar de que el yuan todavía representa un pequeño porcentaje de las transacciones internacionales, su papel crecerá rápidamente en los próximos años (considere la noticia de que Arabia Saudita puede comenzar a fijar el precio de sus ventas de petróleo a China en la moneda de este último). Todo esto ayuda a explicar por qué incluso los analistas financieros occidentales, como Goldman Sachs y JP Morgan, predicen una contracción interanual de la economía rusa de alrededor del 7%, mala, pero difícilmente catastrófica (el Covid provocó una caída mucho mayor en el PIB para la mayoría de los países).

Sin embargo, mucho dependerá de la respuesta política del gobierno ruso. Obviamente, la retirada de muchas empresas extranjeras y la disminución de las inversiones extranjeras aumentarán el desempleo. Pero el gobierno ruso puede amortiguar el golpe recurriendo a una política fiscal expansiva «keynesiana» destinada a impulsar la inversión interna y respaldar los ingresos. Si alguna vez hubo un momento para que Rusia abandonara su históricamente estricta política fiscal, como han argumentado varios economistas rusos durante algún tiempo, es ahora. Hace tiempo sugerí que, al menos a corto plazo, Estados Unidos se beneficiaría del conflicto en Ucrania. Sin embargo, a largo plazo, poco a poco se está volviendo claro que el orden occidental global liderado por Estados Unidos sufrirá. La imposición de sanciones por parte de Occidente, que involucra no solo a gobiernos, sino también a empresas privadas e incluso a organizaciones supuestamente apolíticas como los bancos centrales, ha enviado un mensaje claro a los países del mundo: Occidente no se detendrá ante nada para castigar a los países que se salgan de línea. Si esto le puede pasar a Rusia, una gran potencia, le puede pasar a cualquiera. “[Nunca más] estaremos bajo la más mínima ilusión de que Occidente podría ser un socio confiable”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov.. “Haremos todo lo posible para que nunca, de ninguna manera, dependamos de Occidente en aquellas áreas de nuestra vida que tienen un significado decisivo para nuestro pueblo”.

Esas palabras seguramente tienen apoyos en todo el mundo, con implicaciones dramáticas para Occidente. Como ha advertido Wolfgang Münchau : “Que un banco central congele las cuentas de otro banco central es un gran problema… Como resultado directo de estas decisiones, hemos convertido el dólar y el euro, y todo lo que está denominado en esas monedas , de hecho activos de riesgo”. Como mínimo, inevitablemente empujará a los países a diversificar sus reservas y aumentar sus tenencias de yuanes, para aflojar el control de Occidente sobre sus economías y reforzar su resiliencia económica y autosuficiencia. Incluso si no empuja a los países directamente a los brazos de Beijing, como ya está sucediendo con Rusia, probablemente conducirá al surgimiento de dos bloques cada vez más aislados: un bloque occidental dominado por Estados Unidos y uno de Eurasia oriental dominado por China.

En esta nueva pseudo-Guerra Fría, los países “no alineados” podrían encontrar que están en una mejor posición para afirmar su soberanía que bajo el imperio global estadounidense. Olvídese del “colapso de la economía rusa”, esto podría ser el resultado de la nueva guerra económica de Occidente, la cuestión es si se convertirá en un sistema de bipolaridad entre dos grandes potencias y una serie de potencias medianas y pequeñas que hacen seguidismo, o por el contrario, mantendremos un sistema multipolar donde los países se alinean y desalinean con China y EEUU según intereses particulares.

¿Por qué siempre gana la opción progresista?



*Aclaración: En este artículo utilizaré izquierda y derecha, progresista y conservador de forma correlativa y indistinguible, aunque esto pueda tener muchos matices (dado que existen diversas izquierdas y derechas). En este sentido usaré el modelo mental más común que circula en nuestra sociedad y que políticamente y polémicamente (en el sentido de dialéctica maniquea) considera que pertenece a una facción u a otra sin grandes matización para simplificar, aún cuando en mi opinión dicha cuestión es más complicada (dado que no existe ni una izquierda, ni unos solos progresistas, ni una derecha).
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En 2016, Donald Trump dijo: “Vamos a ganar mucho, ustedes pueden incluso cansarse de ganar”. No hace falta decir que era algo optimista. Sin embargo, el futuro es casi siempre más “progresista” que el pasado, o al menos la experiencia histórica nos dice eso, es decir la teleología de dicho grupo se cumple (hay que decir en su favor que con gran esfuerzo por las élites progresistas). Toma a cualquier individuo de hace 150 años, probablemente eran autoritarios, religiosos, imperialistas, antidemocráticos, “racistas”, patriarcales, etc. incluso en casos de personas que se encuadran en la izquierda definida. Si existieran hoy, serían considerados ‘de extrema derecha’. De hecho, si algún político de izquierda mantuviera los mismos puntos de vista durante los últimos 20-40 años, hoy sería considerado marginal. Obama y Clinton podrían oponerse al matrimonio homosexual en la década de 2000, ahora ni siquiera se atreverían a criticar a las mujeres trans que compiten en deportes femeninos a pesar de que pueda ser injusto para el resto de competidores.
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Para la historia reciente, la hipótesis de que el mundo (y la historia) avanza hacía algo (aún cuando esto racionalmente no tenga sentido) utilizaré una extraña analogía que espero que no complique las cosas. Decir que «Cthulhu siempre nada hacia la izquierda». ¡Cthulhu es el monstruoso dios con tentáculos de H.P Lovecraft que todos deben adorar! En la ficción de dicho autor, se profetiza que Cthulhu se despertará lentamente de su sueño, hundiendo a la humanidad en el caos y la locura. La guerra cultural inevitable y constante de nuestra sociedad, que hace que todo hace que avance hacía algo podría ser la cosmología del progreso (hacía algo) igual que para la ficción de Lovecraft el fin era Cthulhu.
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Desafortunadamente nadie explica claramente porqué nuestro destino es Cthulhu, es decir que nuestra sociedad nada hacia el progreso o los planteamientos progresistas. A veces de forma polémica se representa a la derecha como el orden, la izquierda en cambio es representada en ocasiones como la anarquía y la entropía.
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Lo que está claro es que la izquierda indefinida progresista (que no todas las izquierdas) tiene hambre de poder, cuanto más caótico sea todo más poder hay para compartir. Atrae a aquellos que quieren la emoción de tomar el poder o de sentirse individuos soberanos, por lo que ellos (nuestras élites progresistas-cosmopolitas) ganan más y más poder, hasta que nuestro sistema político se vuelve inviable, esa es la base de la revolución cultural que vivimos en nuestros tiempos, todo es una estrategia de centralización poder, especialmente las narrativas de nuestras élites con dicha orientación. El derechista que apoya la centralización del poder para crear orden, no puede darse el lujo de compartirlo para ganar más seguidores. Además, ¿por qué el impulso de la derecha o el conservadurismo para crear orden no puede reunir suficiente fuerza para tomar el poder y parar dicha revolución cultural, o incluso volver atrás (a parte de porque los otros son más poderosos y quizá volver atrás sea un espejismo o algo imposible, y quizás incluso en algunas cosas no sea ni deseable)? No es obvio que el argumento funcione fácilmente.
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Un resquicio de sentido común es que la teoría de Cthulhu como la del progreso inacabable es una mera tautología que surge de nuestras definiciones de izquierda (como si solo hubiera una, aunque matizar esto nos haría complicarnos y sería tema para otra publicación) y derecha, de conservadurismo y progresismo. La derecha quiere conservar, mientras que la izquierda es la coalición para el cambio. Si hay algún cambio político, será por definición de progresistas según nuestro lenguaje político actual. Sin embargo no creo que esto sea justo, hay momentos en la historia en que la derecha ha ganado y generado cambios (no diré si mejor ni peor ya que este no es el tema aquí). Por ejemplo, realmente hubo un retroceso sustancial del Estado en los años 80 y 90 en numerosos países bajo ciertas ideas de derecha liberal, en la posguerra napoleónica las derechas tradicionalistas restauraron parcialmente el Antiguo Régimen durante un tiempo, y por pequeña que haya sido esa victoria para ellos, lo cierto es que esto ocurrió, aunque ni siquiera creo que todas las derechas la reclamarán como una victoria.
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Si queremos estar seguros de que estamos más cerca de Cthulhu o del progreso (ironía), seguramente nuestra sociedad seguirá moviéndose hacia el progreso, pero entonces necesitamos una teoría de izquierda y derecha y una teoría de por qué ganan siempre las opciones progresistas a las conservadoras a largo plazo. Deseo presentarles ambos: la dinámica de centralización de poder progresista, el segundo es el teorema del votante medio.
La dinámica de centralización de poder del progresismo se sostiene que la derecha representa los intereses de los que tradicionalmente se consideraban ‘virtuosos’, aquellos con rasgos o posiciones que implican tener o ganar riqueza, premios y prestigio en una sociedad meritocrática (ya sea en un sentido capitalista o tradicional). La izquierda (progresista) representa a los débiles, aquellos que desean quitarle la riqueza y el prestigio a los virtuosos. Esto parece encajar en la historia. La derecha ha representado a la nobleza, la burguesía (en el caso de la burguesía quizá es una simplificación dado que hubo numerosos burgueses de izquierda al principio de la Revolución Francesa) y los capitalistas/gerentes. La izquierda representa a los pobres, la clase trabajadora, las mujeres, las minorías étnicas, los ‘desviados sociales’ (no se adecuan a la norma del momento) y aquellas ‘minorías sexuales’ que probablemente serían rechazadas y pobres sin el apoyo del estado para elevar su estatus hace unas décadas. Todos han sido sujetos con los que alguna izquierda, ya sea la que tenemos en el poder, como otras izquierdas han instrumentalizado para conseguir poder.
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Pero debo señalar que su debilidad no exige que la izquierda siempre esté equivocada. Por supuesto, existen justificaciones morales para apoyar a los débiles a expensas de los fuertes. El poder en un sentido tradicional o capitalista basado en virtudes (sean estás falsas o no no es tema de este artículo) no siempre tiene la razón.
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La coalición de izquierda entiende que debe mantener el poder sobre el gobierno o estaría mucho peor bajo un sistema meritocrático de virtudes. Como tal, los individuos de izquierda son partidarios muy leales. Un político o un rey que eleva el estatus de una minoría siempre puede contar con su apoyo. Antes hemos analizado esto, pero el caso claro es como los reyes absolutistas aprovechaban la burguesía incipiente y estudiosos sin estatus social como administradores de su Estado dado el recelo que le tenían a los nobles que tenían poder desde la cuna y no le debían nada (eran poderes subsidiarios parcialmente independientes de él).
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Esta teoría de izquierda y derecha encaja muy bien en nuestra teoría de la política: el teorema del votante medio. Imaginemos una democracia con votantes de un rango de ingresos. Votan por una política: un impuesto sobre la renta para financiar una renta básica universal. Los pobres quieren impuestos y bienestar más altos y los más ricos quieren impuestos y prestaciones que implican un sistema fiscal menls exigente para el contribuyente, por eso quieren los impuestos a niveles más bajos, por lo que votan (teóricamente) en consecuencia. Sólo ganará la política que consiga la mayoría de los votantes. Como tal, la persona con el ingreso medio tiene el voto decisivo y decide el nivel de impuestos. Cuanto más pobre es el votante medio, es decir, cuanto más sesgada sea la distribución del ingreso hacia los ricos, mayor será el nivel de impuestos por el que votará.
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Por supuesto, este modelo se puede ampliar. Para empezar, no necesitamos democracia para que esto ocurra. Los ricos, el Estado o la élite social pueden pagar sistemas de seguridad para sofocar la disidencia, pero hay menos dificultad de canalizar el descontento con nuevos productos (ideología) antes que arriesgarse a la coerción física tradicional. El número de seguidores siempre importa. Las políticas que ganen siempre tendrán que atraer a suficientes personas, no pueden beneficiar solo a la persona más rica o a la más pobre. Además, la cuestión de la política no tiene por qué ser sobre los ingresos. Todo tipo de bienes, como el estatus y los puestos de trabajo, se distribuyen entre la población y pueden redistribuirse con la acción política. Por ejemplo, el estatus y el prestigio se pueden redistribuir con acciones de discriminación positiva, además de privilegiando algún tipo de formación o característica particular. En nuestro modelo, la izquierda progresista quiere redistribuir el estatus y los ingresos hacia ellos y la derecha mantener el status quo. Entonces, bajo este modelo de política, ¿qué causa el cambio político?
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El votante medio apoya más redistribución cuanto más desigual es la distribución de bienes. Si el 1% superior es súper rico, puede aumentar mucho los impuestos y en principio no perjudica a la masa social. Si el 1% superior es apenas diferente de la familia promedio, aumentar los impuestos perjudicará al votante medio pero le dará a cambio solo un ingreso básico muy pequeño.
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El votante mediano también apoya una mayor redistribución cuanto más inelástico sea el trabajo de los ricos a los aumentos de impuestos: si los impuestos solo desaniman débilmente a los ricos a trabajar, entonces el votante mediano los gravará más. Cuanto más se sienten los ricos y poderosos más impuestos pagan. Esta es la lógica de la curva de Laffer (a partir de cierto punto hay rendimientos decrecientes en una misma medida). Cuanto más se vuelven ‘John Galt’ los ricos y dejan de trabajar o abandonan el país, menos dispuesto está el votante medio a gravarlos.
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Bajo nuestro modelo, la izquierda sólo puede seguir ganando si la sociedad se vuelve cada vez más desigual y los teóricamente virtuosos (bajo la moralidad de nuestra sociedad comercial) más apáticos a ser atacados. Voy a argumentar que ambos fenómenos están ocurriendo y son causados por el crecimiento económico. Mientras nos hagamos más ricos, Chtulhu inevitablemente nadará más a la izquierda. Sí, voy a abogar por una idea basada parcialmente en el materialismo histórico.
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Desde al menos la década de 1970, la riqueza y la desigualdad de ingresos han ido en aumento. Más generalmente para nuestros propósitos, los ricos son más ricos que nunca, creando más riqueza que otros quieren redistribuir.
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De manera más general, vemos desigualdades crecientes en otros aspectos. La migración masiva promovida por los partidos progresistas, para apoyar su poder, ha creado desigualdades derivadas de la etnicidad que en los Estados europeos de hace unas décadas que eran notablemente homogéneos, no existían. El extraño aumento de las enfermedades mentales está creando una desigualdad en la satisfacción y la felicidad que se refleja en nuestra política. El culto LGBT (como ideología, no hablo de ser homosexual aquí) ha creado un contagio de identidades trans, bisexuales y otras «identidades» fabricadas que hacen que muchos se sientan víctimas de la sociedad. Las mujeres en el lugar de trabajo han hecho que las desigualdades económicas aumenten, mientras igualmente tienen mayor «independencia» (habría que discutir si el concepto es siempre positivo y real para cualquier individuo), son más sobresalientes a nivel laboral y adquisitivo que antes, pero debido a que hay un exceso permanente de mano de obra, han generado un sistema laboral más competitivo si cabe. La desigualdad sexual está aumentando con pocos hombres que tienen muchas relaciones sexuales, mientras la mayoría de las mujeres son más exigentes con los hombres que nunca, aspirando a una parte muy pequeña de hombres que se aprovechan de tener relaciones sexuales transacionales con dichas mujeres hipergamicas (dónde el sexo para el hombre deseado por la mujer promedio es un fin), generando mucha más gente sola (además de los incentivos aparentes de estar en pareja parecen bajos).
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Estas crecientes desigualdades que están provocando un giro hacia la izquierda en nuestra política son muy similares a la teoría de la sobreproducción de élite de Peter Turchin. Más personas que nunca están pasando por la educación superior para alcanzar estatus social, pero eso solo sirve para beneficiar a cierta burocracia educativa y corporativa privada de formación, ya que hay tanto aspirante a estatus que se crea un deseo de redistribución, ya sea a través de impuestos, discriminación positiva o prestigio en general. Robert Nozick pensó que esta era la razón por la que los profesores son normalmente progresistas: son inteligentes y se sienten con derecho al estatus y la riqueza, pero tienen poco de ambos. El desarrollo socioeconómico no solo aumenta la cantidad de riqueza que se puede redistribuir, sino que también aumenta la desigualdad. En la historia reciente, el crecimiento económico está asociado con el aumento de la desigualdad dado que la riqueza no se socializa (se reparte mediante el consumo, producción, impuestos, etc.) de forma equilibrada en toda la estructura social (no digamos igualitaria), el cómo hacerlo o si esto es posible lo desconozco.
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El desarrollo económico permite mayores recompensas en escenarios en los que el ganador se lleva todo o una buena parte. Esto se debe a que podemos hacer que los productos sean más ‘no rivales’, vendiendo el mismo producto a más y más personas a la vez. Cuando millones pueden ver un partido de fútbol, los mejores jugadores pueden atraer salarios mucho más altos. Cuando las mujeres pueden elegir entre miles de hombres con solo deslizar una pantalla, los mejores hombres obtienen más recompensas. La imprenta, la radio y la televisión, Internet, Instagram, Twitter aumentan y redirigen las ganancias solo a los mejores creadores de contenido (o los mejor publicitados).
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Por lo tanto, el crecimiento económico inevitablemente fomentará una mayor redistribución en el modelo de votante medio. En este contexto el boomer de clase media no va a luchar contra la discriminación positiva (de los progresistas), tanto a nivel de incentivos como de recursos humanos en el mundo laboral público (y privado) o la capacitación en diversidad cuando tiene un buen salario y una pensión que proteger. Así, los cabilderos de los nuevos «derechos» y demás creadores artificios ideológicos de nueva invención con los que se centraliza más poder, saben que pueden salirse con la suya creando un ambiente de trabajo cada vez más opresivo. En última instancia, estamos viviendo una trama donde en un mundo con comodidades relativamente importantes en los países occidentales y en ella que nadie está dispuesto a renunciar a su riqueza luchando contra el sistema.
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Así como los ricos que siguen trabajando cuando pagan impuestos se permiten pagar más impuestos en el modelo de votante medio. Las crecientes comodidades de la modernidad fomentan el derecho a aguantar el ataque del gran despertar progresista. Con tres componentes: crecimiento económico, centralización de poder y el teorema del votante mediano, hemos demostrado por qué Cthulhu siempre nada hacia la izquierda. En ausencia de un colapso económico y social, ¿podemos hacer algo para luchar contra Cthulhu?
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Sé que dije que el teorema del votante medio incluso puede ayudarnos a comprender las sociedades no democráticas, pero ser menos democrático puede ayudar contra Cthulhu. Si el partido gobernante necesita el apoyo de solo el 30% de la población en lugar del 50%, puede ofrecer menos redistribución. Crear los incentivos para el derecho a resistir a Cthulhu requiere el derecho a radicalizarse, adoctrinarse para poner sus creencias por encima de su comodidad material. Esto es francamente difícil y cualquiera que me lea coincidirá.
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El método más fácil para frenar a Cthulhu es encontrar una manera de reducir las disparidades en los resultados y el estado que causan las demandas de redistribución de estatus progresista. Sin cambiar la demografía, también podemos mejorar el estatus y la riqueza de los partidarios progresistas y sus centros de poder mediático, filantrópicos y burocrático para que ya no necesiten quitársela a otros (y parar así la revolución cultural). Esto tiene un nombre: socialismo (¿Conservador?), que tiene como objetivo hacer que los pobres sean más ricos y emplearlos de forma preventiva, disuadiéndolos de exigir una redistribución costosa que implique la convulsión moral y política a la que ha llegado nuestra sociedad. La solución es crear nuevas normas que no se encuadren en el conservadurismo que no es capaz de solucionar estos problemas cuando está en el poder, y a su vez, afirmar que para los débiles que tienen estas normas culturales, cambiar la sociedad para redistribuir en la forma actual más solo hará daño. Si bien el crecimiento económico hace que el ascenso de ideas progresistas cosmopolitas (insisto con el término ya que me cuesta llamarles izquierda aunque lo haga porque tiene un sentido polémico) sea inevitable, comprender a Cthulhu puede ayudarnos a responder y defenderse. Si fallamos nuestra sociedad seguirá en esta dinámica incesante de revolución cultural, centralización del poder, mercantilización de todos los aspectos de la vida (a veces oculto en ideas progresistas de todo tipo), que solo generará más frustración social.

Crítica a la obra Enemigos del Comercio de Antonio Escohotado.

A petición de un seguidor, realizo una crítica a la obra dada mi decepción al respecto la obra de Escohotado Enemigos del Comercio. La crítica será por puntos para ser lo más esquemática posible y facilitar la ordenación de conceptos:

1: La primera y sobre la que se construye es la inexistencia de una definición de libertad clara que vertebre y contextualice la utilización de este concepto en los tres tomos de la obra, libertad en abstracto es una premisa realmente vaga que nos dice poco, aún cuando tenga en la dialéctica política de nuestra civilización cierta importancia.

2: Sacralización de la Ilustración tanto francesa como anglosajona y los mitos derivados de esta, como el mito del progreso y el fin de la historia que lleva implícito (frente a otras concepciones cíclicas, realistas, o que no introducen la idea de principio y fin cristiana secularizada).

3: Defensa de la democracia como sistema virtuoso con citas que parecerían sacadas de un tratado de teología respecto a este, sin hacer hincapié en aspectos más concretos al respecto la democracia procedimental (como la democracia formal que planteaba García Trevijano), de las que se deriva un sistema de propiedad como la que el autor español defiende, dejando poca constancia entre los diferentes sistemas que nuestro autor considera «democráticos», matización sin embargo, que podría ser injusta dado que el concepto democrático, como tal se utiliza como el de libertad.

4: Un tratamiento increíblemente superficial en lo que respecta a la apertura de mercados internacionales derivada del Imperio Español como proyecto universal católico, que realizó una primera globalización intercontinental, aún con un sistema interior compuesto y a medio camino entre la modernidad y el medievo.

5: Una tendencia a la mitificación de los imperios comerciales de corte taslocrático británico y holandés (hace gran hincapié en el segundo libro) que en muchas ocasiones acaba en una actitud negrolegendaria, que sin caer en mitificar los imperios continentales o no talsocráticos, es injusto sin embargo con la realidad.

6: Una exageración de la Europa protestante como símbolo de la virtud, acabando por posicionar a sectas protestantes calvinistas como ejemplo de la libertad, llegando a un incoherentes halagos al cristianismo primitivo de estas sectas produciendo una contradicción o paradoja teniendo en cuenta que el autor mitifica a la sociedad comercial, sociedades que sin embargo son diametralmente opuestas a estos valores de las sectas inconformistas protestantes.

7: Una tendencia a la Sacralización del dinero como elemento que rige o debe regir una sociedad humana sana y próspera. Es decir la mercantilización sin limites que sufre la vida humana desde hace más de 600 años como un proceso moralmente deseable además de un modo de vida particularmente transaccional, siendo sin embargo tratado no como una forma de revolución social de las estructuras sociales, que en ocasiones puede haber generado abundancia, pero en otros casos, desarraigo y desarticulación social bajo una idea de individuo como agente moral autónomo.

8: Una igualación de la crítica a la sociedad comercial del tradicionalismo reaccionario y del socialismo tanto utópico como marxista, que en realidad dichas críticas de posicionamientos respectivamente se encuentran en las antípodas, aún cuando los motivos que estos plantean para criticar el liberalismo sean comunes, centrándose en el primero en aspectos sociales, éticos y morales, frente a los más economicistas del socialismo.

9: Una tendencia a ignorar la permanente dialéctica entre Estados en los procesos políticos, reduciendo la obra a una especie de lucha maniquea entre enemigos del comercio y amigos del comercio. En todo esto el autor obvia la naturaleza del poder en los conflictos estructurales internos (entre élites), que utilizan chivos expiatorios, promoción de ideas y visiones de la sociedad para argumentar además de legitimar la intervención estatal o el ascenso de élites en perjuicio de otras (o limitar a una élite en el poder en caso de no ostentarlo). A su vez, el autor ignora las condiciones geográficas y geoestrategicas de las potencias continentales y/o las marítimas (Telurocracias y talasocracias) para configurar y determinar su economía, siendo las primeras más propensas a estar más orientada hacía la agricultura, cierto conservadurismo, la industria y el desarrollo militar terrestre, y las segundas al comercio, multiculturalismo (localizados al menos en algunos nodos comerciales), control de los mares y puntos de estrangulamiento logísticos a nivel internacional, políticas de libre mercado para los rivales y mercantilismo para uno mismo, entre muchos otros factores.

10: Una posición, la de nuestro autor, digna de la historiografía whig anglosajona (por lo tanto parcial) al respecto el Imperio Romano, que acaba en una mitificación del buen salvaje muy propia del idealismo alemán en lo que respecta a los pueblos bárbaros de la Edad Antigua.

11: La extraña tendencia a estar leyendo un libro en el cuál la dialéctica Atenas vs Esparta se encuentra expandida al resto de sociedades políticas históricas creando analogías y taxonomías realmente disonantes al respecto la realidad histórica.

12:A su vez, sorprende la no introducción de muchos autores de la escolástica española y discernir si sus planteamientos son amigos o enemigos del comercio aún cuando lo hace extensivamente del mundo anglosajón. Sin hablar del momento que habla de Baruch Spinoza siendo este punto negrolegendario a más no poder, afirmando que su pensamiento sólo era posible en la progresista y librepensadora Holanda, momento cuando la misma comunidad judía y calvinista que gobernaba los Países Bajos le expulsaron por hereje.

Estas y muchas otras reservas podrían ser hechas a la obra del autor español, aún así he tratado de ser sintético, siendo sin embargo unas obras

Progresismo, gran capital corporativo y capitalismo de crisis: ¿Una relación simbiótica?

*Aclaración: Durante la publicación utilizaré ejemplos anglosajones dado que estos serán más desapasionados  para el lector no ideologizado y nos permitirá ver el más claramente la hipótesis presentada.

En el verano de 2020, durante lo que se suponía que sería un confinamiento global por Covid-19, vimos cómo se incendiaban las mejores propiedades inmobiliarias estadounidenses a manos del grupo de activistas políticos Black Lives Matter. La cobertura mediática justa e imparcial -título que se auto otorgan los medios hecho que garantiza que la forma de gobierno existente en Occidente sea, que es básicamente lo mismo que un sistema en el que el Estado controla a la prensa pero al revés – no se dio, eso es normal, estos son organismos dominados por él (lo que sea que es el activismo progresista) pero lo que me saltó a la vista, es lo siguiente ¿Cómo llamas el grado en que el mundo corporativo respaldó y alentó activamente los disturbios y la destrucción? Seguramente esto fue «Woke Capitalism» que hemos observado otras veces yendo demasiado lejos (o más de lo que nos tiene habituados).

Estas corporaciones no estaban simplemente siendo políticamente correctas; este no fue solo otro caso de paranoia macartiana al estilo progresista (paranoia política), ni un anuncio corporativo exclusivamente femenino o una pareja mestiza/interracial un anuncio de televisión. Fueron participantes activos (en términos propagandísticos) en disturbios sociales masivos y violencia políticamente motivada. Era casi como si tuvieran una «participación» en la crisis, un papel claramente definido que jugar y ese papel era el de la mano guía, el tejedor de narrativas.

El llamado «Capitalismo de partes interesadas», o lo que podríamos llamar «relación simbiótica entre gran capital y progresismo» y, por lo tanto, menos discutido de los planes y programas de nuestra élite y su agenda 2030 junto con el Gran Renicio. El mayor villano (sin querer maniqueo) puede ser explotado por afirmaciones extravagantes sobre el transhumanismo, ecología, cuestiones de género, la posesión de nada, etc. pero lo que el tema de las «relaciones de lo público-privado» (si es que esa distinción tiene sentido) tiende a quedar en el aire, dado que aunque las primeras tiene cierto escrutinio público, las segundas suelen estar más ocultas o no tienen tanta «exposición a los medios».

Siento que es importante enfatizar aquí: el capitalismo (o lo que sea que tenemos como sistema económico) no es nuevo ni es una creación del Foro Económico Mundial, exclusivamente EEUU, FMI o cualquier país o institución existente. Las asociaciones público-privadas para construir el sistema existen desde hace mucho tiempo, especialmente en Europa. Lo que es nuevo, sin embargo, es la escala.

El capitalismo de accionistas (gerencialismo) y lo que hay hoy, se debe al impulso para generar ganancias para los accionistas a toda costa se tambalea y se reemplaza por corporaciones que desempeñan un papel mucho más activo en la vida pública, con la «ética» al frente y al centro. Da la casualidad de que esas éticas son la justicia social y el progresismo.

Como explica el WEF (World Economic Forum), es decir, el llamado a más asociaciones entre lo público y lo privado no se limita a la «crisis climática». Puede nombrar casi cualquier desafío social apremiante relevante para nuestras élites, y es una apuesta segura que se ha propuesto una asociación público-privada para abordarlo. Parecen ser la respuesta institucional de referencia para abordar una variedad de desafíos sociales, desde el «crecimiento sostenible» (que mueve miles de millones) hasta la mejora y el fomento de la diversidad y la inclusión y, más recientemente, el abordaje de la pandemia. Lo que está claro, es que hacer política desde las corporaciones, tienen potencial transformador.

Más explícitamente dice el WEF: «Todos sabemos que este no es el momento para el pensamiento aislado, sino para la resolución colaborativa de problemas. Es hora de que el sector privado colabore para promover el bien social y buscar el cambio sistémico, y que el sector público facilite los incentivos de mercado. El sector privado necesita hablar el idioma del cambio social, y el sector público necesita crear incentivos económicos para aprovechar la innovación y la experiencia del sector privado para abordar los desafíos de la sociedad. Con objetivos compartidos, acciones específicas e impacto monitoreado, podemos ir más allá del diálogo y la aspiración a la creación conjunta de un futuro más inclusivo, próspero y sostenible.»

Lo que parece estar descrito aquí, y las descripciones de lo que hemos llamado antes «relación simbiótica entre gran capital y progresismo» , es el marco del «capitalismo despierto» (woke capitalism) junto con las tediosas e interminablemente promocionadas banderas del arcoíris. El mundo corporativo tiene una «participación» en la sociedad y no está simplemente en el negocio de generar ganancias para los accionistas, eso quiere decir que según nuestras élites el campo de batalla es también el mundo privado (aunque siempre lo ha sido, ellos mismos se han emergido, en muchos casos desde este). Más bien, es un sistema gerencial con un ingreso constante y la capacidad de interesarse a largo plazo en cómo funciona la sociedad en términos de moralidad e ideología. Es decir, que el gerencialismo no es neutral (tal y como dicen los ideólogos), por lo tanto es político y susceptible a la politización.

Los episodios de George Floyd y BLM son en realidad incidentes relativamente menores que cité para facilitarnos el camino, porque las partes interesadas («relación simbiótica entre gran capital y progresismo») tienen ambiciones mucho, mucho mayores que informar erróneamente protestas pacíficas o feroces.

El crescendo del caos político que terminó en 2020 en el caso americano, fue por supuesto, la elección estadounidense fortalecida que vio a Donald Trump (supuestamente para algunos, y no seré yo quién se posicion) derrotado por Joe Biden. Trump y la multitud del trumpismo afirmaron que las elecciones fueron manipuladas y se negaron a aceptar el resultado. En los emocionantes días posteriores a las elecciones, Time publicó un artículo infame sobre lo que realmente ganó las elecciones para Biden, afirmando:

«Una segunda cosa extraña sucedió en medio de los intentos de Trump de revertir el resultado: las empresas estadounidenses se volvieron contra él. Cientos de importantes líderes empresariales, muchos de los cuales respaldaron la candidatura de Trump y apoyaron sus políticas, le pidieron que cediera. Para el presidente, algo no estaba bien. “Fue todo muy, muy extraño”, dijo Trump el 2 de diciembre. “Pocos días después de las elecciones, fuimos testigos de un esfuerzo orquestado para ungir al ganador, incluso cuando todavía se contaban muchos estados clave”.

Y luego más:

«Es por eso que los participantes quieren que se cuente la historia secreta de las elecciones de 2020, aunque suene como un sueño febril paranoico: una camarilla bien financiada de personas poderosas, que varían en industrias e ideologías, trabajando juntas detrás de escena para influir en las percepciones, cambiar las reglas y leyes, dirigir la cobertura de los medios y controlar el flujo de información. No estaban amañando las elecciones; estaban construyendo un entorno de realidad. Y creen que el público necesita comprender la fragilidad del sistema para garantizar que la democracia en Estados Unidos perdure.»

La pregunta que plantea dicha tesitura es: ¿Por qué las corporaciones y las grandes tecnológicas tenían interés en los resultados de una elección democrática?

La corrupción del proceso democrático para obtener ganancias financieras ciertamente no es nada nuevo, sin embargo, en las elecciones estadounidenses de 2020, las ganancias no fueron el motivo (o al menos no solo). El motivo fue ideológico y ético, es decir, que estos poderosos jugadores tenían “participación” en la elección y, en consecuencia, moldearon, promovieron o censuraron diversas narrativas, según de qué lado las sostuvieron. Al menos nos debemos esta duda, sin querer hacer partidismo por el trumpismo.

El sistema gerencial y de estado profundo estadounidense tenía un gran problema. No querían a Donald Trump en el cargo hasta dentro de cuatro años. Su solución a ese problema fue llamar al sector privado para obtener ayuda, quienes estaban más que felices de ayudar. Así comenzamos a ver la realidad de la configuración de la «relación simbiótica entre gran capital y progresismo», que es anterior a este, dado que esta intervención no hubiera sido posible sin existir previamente.

Los disturbios de BLM tuvieron lugar bajo la sombra de las elecciones de 2020, pero las elecciones de 2020 en sí mismas tuvieron lugar bajo la sombra más grande de la pandemia de Covid-19, y es aquí donde podemos ver al «capitalismo de las partes interesadas» desplegando completamente sus alas y extendiéndolas por completo. La pregunta «¿Cómo se benefician de cualquier situación eventual?»

Unos meses después de que el virus Covid-19 empezará a ser el tema central, gobiernos como el británico revelaron sus planes de batalla contra la pandemia. En el mes de marzo de 2020, la estrategia de batalla contra la pandemia del gobierno británico, por poner un ejemplo fue lo que se describió como «inmunidad colectiva», lo que significa que no iban a hacer mucho más que proteger a los ancianos y vulnerables. Unas semanas más tarde, ese plan se descartó por completo y se reemplazó con confinamientos, mascarillas y distanciamiento social. El entonces asesor principal de Boris Johnson, Dominic Cummings, explicó más tarde que «Bill Gates y su gente intervinieron con una propuesta de plan».

Estrictamente hablando, fue Bill Gates y la Organización Mundial de la Salud financiada por Gates quienes tenían el plan, siendo la fundación Melinda y Bill Gates una de los principales donantes (por no decir el principal) de la OMS, donando 250 millones en aquel momento puntual (teniendo en cuenta que EEUU, la economía más grande del mundo dona entre 400/500 millones dice mucho de ello, sin ir más lejos, es el segundo donante más importante de dicha fundación por encima de Gobiernos y otras entidades), pero lo que nos preocupa aquí es que su plan mucho más draconiano pudo anular los planes de un gobierno de una de las principales potencias mundiales (una potencia nuclear). La tarea del gobierno (público) era aceptar la política dictada por el sector privado.

Bill Gates había gastado más de una década y miles de millones de dólares posicionándose a sí mismo y a las ONG aliadas en el centro de la salud mundial. Como un especulador en el viejo oeste que compra un terreno para construir una estación de tren con la esperanza de que algún día llegue el ferrocarril, Gates esperó. Y, como por arte de magia, ese ferrocarril llegó hasta su porche, posiblemente eso fue suerte, dado que la diversificación es una de las reglas del buen inversor, y bien podría haber sido otra cosa en la que estaba invirtiendo Gates el caballo ganador, pero lo cierto es que esa política de ONG’s de todo tipo dio sus resultados. Demostrando, como venimos afirmando que estas no son entes «inocentes e imparciales por el bien de la humanidad», más dado que la filantropía millonaria, que a veces ejerce verdadera influencia en la sombra, tiene interés en ella como herramientas para sus fines (a parte de la satisfacción que les dé el coronarse como campeones filantrópicos de la humanidad).

Gates, entonces, tenía interés en la pandemia, las vacunas y la implementación de políticas (como cualquiera que quiere o tiene influencia, no puede negar que la política es siempre relevante), pero ciertamente no estaba solo. De hecho, durante la pandemia, los hombres más ricos del mundo duplicaron su riqueza, mientras que Big Pharma ganó millones de euros a través de las vacunas. No discuto aquí la conveniencia o no de estas, dado que no es mi campo, sino que lo hago de quién estaba interesado en todo esto igual que, hace unos años, los cargos políticos que trabajaron en la petroleras que estaban interesadas en la política agresiva de EEUU contra Irak, apoyaron los planes de Cheney y Rumsfeld en la invasión del país de Oriente Medio.

La política de confinamiento permitió que las tiendas de las principales marcas permanecieran abiertas, dado que tenían menos fricción para vender (es decir, no necesitaban que un cliente se desplazara al lugar de venta física para estos vender, muchas veces era solo un par de clics en un ordenador), es decir, que dependían de la logística y no de la venta minorista localizada, mientras que las empresas familiares más pequeñas fueron cerradas por la fuerza. Esto, obviando la conveniencia o no por motivos de salud, género una redistribución masiva de riqueza de ventas en todo tipo de bienes que nunca hemos presenciado antes.

En tiempos pasados, esto se describiría como un sindicato del crimen robando cínicamente al hombre común. En la era de las relaciones públicas y la representación mediática comprada y pagada, lo llamamos «asociaciones público-privadas» tal y como dice WEF.

A menudo, el lado «público» de la ecuación es simplemente una máscara que usan las partes interesadas privadas, y no necesariamente existe una subordinación de uno a otro, ya que ambos son simbióticos. El NHS de Gran Bretaña es un excelente ejemplo de esto, como explica Reuters:

«El brazo tecnológico del Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña ha estado trabajando en una aplicación para teléfonos móviles con Google de Alphabet Inc y el fabricante de iPhone Apple que el gobierno espera ayude a poner fin los confinamientos del coronavirus, informó el periódico Sunday Times.», rezaba hace unos meses dicho medio de comunicación.

La Big-Tech también participó en la acción y disfrutó de la mayor cantidad de datos personales de ciudadanos jamás vista, una práctica que ahora está en proceso de normalizarse con la infraestructura legal para la identidad digital que se completa por algunos gobiernos occidentales. Como dice el Foro Económico Mundial, el papel de lo público (Estado) es crear incentivos para que las empresas se conviertan en partes interesadas de la sociedad de las que puedan obtener beneficios. Este es un gran cambio de los negocios existentes que se limitaban, al menos teóricamente, a ofrecer bienes y servicios que el público puede elegir según sus gustos o que deseaba por mimetismo y propaganda. 

En el modelo de asociación público-privada, al público se le asigna el papel de la parte directora (que por lo demás siempre ha tenido), sin embargo, los incentivos no están impulsados ​​por la demanda de un producto, sino por la necesidad de una solución a una crisis.

Los disturbios de BLM/George Floyd fueron una crisis, la elección de Trump fue una crisis, la pandemia fue una crisis. Cada crisis involucró narrativas y/o soluciones proporcionadas parcialmente por el sector privado corporativo. Si el capitalismo tradicional se basaba en el poder del dinero que abría nuevos mercados de los que sacar provecho, entonces me parece que el capitalismo de las partes interesadas, o la relación simbiótica entre élites progresistas, y élites corporativas y filantrópicas, se beneficia al abrir nuevos estados de excepción o calamidades que luego exigen soluciones de las partes interesadas del sector privado.

El problema con un modelo de capitalismo basado en la crisis es que ninguna crisis dura para siempre. El miedo al virus ha disminuido (junto con su menor virulencia a lo largo del tiempo), la gente se cansará de las inyecciones de refuerzo interminables y el pánico general se vuelve agotador. Por lo tanto, el golpe de gracia perfecto no es tanto una serie interminable de desastres, sino un cambio gigante hacia un nuevo paradigma, un «Gran Reinicio» si lo desea como respuesta a una crisis tan vasta que todo tiene que ser cambiado fundamentalmente, y es más difícil pensar en una crisis más grande que la tierra misma ardiendo debido a la sociedad tecnológica.

Hace unos cuatro o cinco años, los medios corporativos comenzaron a filtrar constantemente artículos sobre carnes cultivadas en laboratorio, hamburguesas de gusanos y reemplazos a base de plantas para productos animales. Se veía como una broma y los productos en sí se encontraban casi siempre en la sección «rebajada» del supermercado en las corporaciones que lo comercializaban porque a nadie le interesaba el producto.

Una vez más, la clase multimillonaria estaba invirtiendo océanos de dinero en efectivo en un producto que nadie parecía querer comprar, ¿una ilusión? ¿Fue simplemente un complejo de salvar el mundo y una señal de virtud? En realidad estaban construyendo otra estación de tren en medio de la nada sabiendo de antemano que algún día llegaría el ferrocarril. No solo carne falsa, sino también baterías, molinos de viento de identificación digital y energía solar, infraestructura y transporte. La crisis misma crea el mercado (que es moldeado y dirigido por el Estado).

La Agenda 2030 podría describirse con mayor precisión como »Una crisis para gobernarlos a todos». Cuando Rusia invadió Ucrania, muchos bromearon irónicamente diciendo que una crisis había cambiado la percepción de la anterior. Al mismo tiempo, se trataba de una crisis geopolítica, una buena guerra a la antigua con estrategia militar, soldados y demostraciones de poder duro que tenían un tono diferente a la naturaleza más suave e insidiosa de la tiranía tecnocrática que parecíamos tener antes.

Al parecer, para describirlo, esto parecen ser dos formas diferentes de poder. La guerra Rusia/Ucrania parecía ser un retroceso en lo que es «relevante» para nuestras élites. Después de todo, ¿quién tiene tiempo para cuestiones de género o de prestarle atención al cambio climático y la sostenibilidad cuando estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial o de un conflicto regional de tanta relevancia?

Como es ahora una práctica estándar, las corporaciones ideológicas aumentaron la histeria anti-Rusia como nunca antes y trabajaron en conjunto con los gobiernos occidentales para sancionar a Rusia hasta límites insospechados. Quizás la red tecnocrática que se extendía por todo el mundo no era tan sólida después de todo, quizás la ballena corporativa estaba a punto de ser arponeada. Pero entonces algo curioso comenzó a suceder. Las sanciones impuestas a Rusia gradualmente comenzaron a parecerse más a que Occidente se imponía sanciones a sí mismo a medida (que obviamente también hacían daño a Rusia, pero a su vez al mismo Occidente, demostrando las vulnerabilidades estructurales, como la dependencia del gas ruso, quedaban al descubierto. Las terribles predicciones sobre la futura escasez de trigo y fertilizantes e incluso la posible caída del dólar significan que Occidente parece particularmente vulnerable a cadenas de suministro internacionales.

¡Sin embargo, hay un mercado para las soluciones! De repente, el término «sostenibilidad» se ha desvinculado de su asociación con el cambio climático y ha entrado en el ámbito de la geopolítica e incluso el lenguaje bélico contra los enemigos geopolíticos. De hecho, la guerra de Ucrania no solo no está interrumpiendo el modelo público-privado, sino que lo está acelerando positivamente. En realidad no me gustan las teorías de conspiración porque una explicación generalmente conduce a otra conspiración. Sin embargo, a medida que avanzamos de emergencia en emergencia en Occidente, es difícil no darse cuenta de que la clase multimillonaria, gerencial y filantropica tiene interés en perpetuar una forma de capitalismo que parece necesitar una serie de crisis para funcionar.

Lo único que todos necesitaríamos, quizás es volver a alguna forma de normalidad, y eso es lo único que no se nos permite. Recuerdo cuando la izquierda tradicional y definida ridiculizaba o miraba con recelo las asociaciones entre lo público y las corporaciones. Fueron vistos como un caballo de batalla para lo que estos llamaban «neoliberalismo y el nuevo gerencialismo público». Ahora, los miembros electos y los servidores públicos aplauden en silencio este tipo de relaciones, por su capacidad para evitar el desorden de los mandatos democráticos, evitar la transparencia a la que está sometido el sector público y eludir las restricciones legislativas. Los corporaciones pueden encontrar el favor de ambos lados del entorno político y el elemento privado, a diferencia de lo público, no está encadenado por las preocupaciones de los votantes o los derechos civiles, incluso podrían defender felizmente los “derechos humanos” en un lugar y no hacerlo en otros. Es decir, tienen una libertad de acción libre de exposición mediática, algo que nos debería hacer reflexionar sobre la constitución material del poder en nuestras sociedades. 

Sobre España en el entorno internacional actual:

El mundo está cambiando rápidamente, los intercambios entre 3 potencias euroasiáticas -China, Rusia, India- están efectuando en monedas nacionales (algo inédito dado que venimos del patrón-dólar); la dinámica económica se desplaza del Atlántico al Pacífico, Europa es un enano militar el cuál hace y va a hacer de mercado cautivo de armamento en favor del complejo militar-industrial estadounidense dada la percepción de necesidad de capacidades ofensivas y defensivas (de los 200.000 millones que se van a gastar una parte nada despreciable irá a EEUU) crecientes en el mundo actual.

Sin embargo, tenemos autores, periodistas, propagandistas y políticos atlantistas en el mundo hispanohablante americano y peninsular, que sistemáticamente viven sometidos a la propaganda contraria a nuestros intereses, y esto ocurre tanto a un lado del Atlántico como en el otro. En el caso español se ve claro con el sistemático sometimiento de las élites españolas desde que F. González decidió meternos en la OTAN, con el precedente de ciertos sectores americanistas dentro del franquismo.

Todo esto nos ha alineado en temas geoestratégicos a intereses ajenos desde un largo tiempo. La crisis ucraniana, sin ir más lejos ha demostrado que España no es capaz de jerarquizar intereses, aún cuando a una persona de Madrid, Barcelona, Tenerife o Sevilla le afecta mucho más lo que ocurre en el Norte de África y África Occidental, especialmente en el caso de la dialéctica Marruecos-Argelia, junto con la decisión de Marruecos de ser una potencia regional norteafricana, que el equilibrio de poder OTAN vs Rusia en Europa del Este.

Los únicos beneficiados de todo este entorno cambiante serán:

  1. La propia Rusia y todo lo que pueda arrancarle a Ucrania, junto con un claro desacople a todos los niveles (económico, de tecnología, exportaciones, financiero y cultural) de Occidente que le permitirá ser más duro en futuras acciones contra este dada una menor interdependencia. A su vez, Rusia podrá justificar el vender y comprar sus bienes y servicios, además de exportar energía en rublos, yuanes o rupias, algo que reforzará a largo plazo dichas monedas.
  1. Estados Unidos por otro lado conseguirá asegurar más tiempo la Estados Unidos por otro lado conseguirá asegurar más tiempo la zona de influencia europea, además de evitar una coordinación regional la región, siendo hegemónica sobre las potencias intermedias europeas en temas militares. Esto garantizará su presencia en el continente europeo por el dilema de seguridad y la temerosidad europea a Rusia, mientras consigue que Europa le compré gas (GLP) y energía a EEUU, energía que es por lo demás más cara que la rusa, y que no satisfará la gran demanda europea, junto con el hecho de que serán los EEUU su principal cliente de armas, aviones, tecnología militar, etc.
  1. China, como pozo sin fondo de consumo de energía se beneficiará de un acceso preferente a las materias primas rusas, y podrá, dada la ambición americana de evitar que Rusia comercie con India, una posible distensión con la India que le permitirá a Rusia dar salida a sus materias primas y tecnología además de a China la capacidad de centrarse en el conflicto con Taiwán, además de un Estados Unidos menos centrado en Asia-Pacifico debido a la actividad militar rusa y el hecho de tener que gestionar dos frentes. 

Los grandes perjudicados entre los que se encuentra España, por otro lado serán los países europeos, que disfrutarán de menor autonomía estratégica, mayor dependencia de un solo socio (EEUU) para cuestiones estratégicas de relevancia, un acceso más limitado a países proveedores de energía como Argelia y Rusia (dada la posición de la UE en favor de Marruecos y lo antes afirmado, hecho que se enlaza en que los países europeos no aceptarán fácilmente comerciar con rublos en temas energéticos) junto con la ya tradicional desunión interna que sufren los países occidentales (dado que son una coalición de Estados sin un mando centralizado, con intereses a veces contrapuestos entre los miembros de dichos Estados).

Ante esto, España no debe ser ingenua tal y como lleva ocurriendo habitualmente, algo que lo que los propagandistas atlantistas no son capaces de ver, ni de percatarse en que los intereses de la OTAN y la estrategia de centro/este de Europa no coinciden con el interés nacional español, dado que el equilibrio europeo, y una frontera rusa en los términos actuales, en Kiev, o en Varsovia.

Esta hipotética situación, no modifica sustancialmente nuestra posición más que para un idealista democrático (que cree que la expansión de la democracia es un fin en si mismo de la política exterior), algo que, como realista, es decir cómo alguien que únicamente valora los intereses entre Estados y no se deja engañar por premisas ideológicas a la hora de analizar la dialéctica entre Estados, no debería tener ningún sentido más que el dialectico o propagandístico.

La gran estrategia española debe pasar por el esfuerzo de traducir los intereses nacionales en un orden de prioridad. Entendemos por gran estrategia lo siguiente: “la dirección y el uso que se hace de cualquiera o todos los activos de una comunidad de seguridad, incluido su instrumento militar, para los propósitos de la política según lo decidido por la política”. Es decir, del objetivo de crear unos planes y programas que busquen abordar los intereses, metas y objetivos de España; las políticas, los compromisos mundiales y las capacidades necesarias para cumplir esos objetivos; y el uso de elementos del poder nacional para lograr esos objetivos.

En el caso español, la idea de una gran estrategia tal y como planteamos pasaría como es lógico por, en el caso de mantener la pertenencia de España a las organizaciones internacionales (OTAN y UE)  existentes, no subordinar, sin embargo nuestros intereses a ellas, sino que utilizaras como catalizadores o vehículos para influir en nuestro favor. Ante la situación, por contra, no mantenerse en ellas, ese escenario, que sería una vía soberanista dura, supondría aún más dificultades a corto plazo, aunque por otro lado, permitiría una mayor autonomía y la priorización clara del interés nacional frente a los intereses de agrupaciones de Estados como las antes mencionadas. 

La mayor dificultad al respecto pasa por el hecho de que nuestra élites, perezosas en ese sentido, les requeriría mayor liderazgo para llevar a cabo dicha gran estrategia, sumado a que, al menos desde hace más de 150 años, España carece de política exterior, salvo en dos o tres momentos puntuales, haciendo que no exista un conocimiento en las propias instituciones (que se lega de generación en generación) de práctica de política exterior clara y definida. Materia en la que la inercia, a veces hace mucho más de lo que podría uno creer.  

Las relaciones entre la R.P. de China y Rusia no son lo que parecen.

Los observadores occidentales de asuntos internacionales hicieron sonar la alarma después de una declaración conjunta aparentemente entusiasta del presidente Vladimir Putin y el secretario general Xi Jinping. Publicado durante la visita del presidente ruso a China, la primera vez que Xi se reunió con un jefe de estado extranjero desde antes de la pandemia, la declaración parecía indicar una alineación cada vez mayor entre dos poderes contra Estados Unidos y sus aliados. Según el documento, se podría suponer que China apoyaría el ataque de Rusia a Ucrania. La verdad, sin embargo, es bastante diferente, tanto en este tema en particular como en la evaluación general de China sobre Rusia.

La naturaleza de la relación chino-rusa ha sido difícil de definir y hay mucho desacuerdo sobre sus características. ¿Es tan fuerte como una alianza ? ¿Es tan simple como puro Realpolitik y conveniencia? La verdad es que la relación es que ambos. Esta paradoja es el resultado tanto de una alineación como de una desalineación en diferentes áreas de sus intereses nacionales. Si bien ciertos factores innatos de la relación chino-rusa los separan, los dos están actualmente unidos por su visión compartida de que Estados Unidos y el mundo occidental representa una amenaza para sus intereses fundamentales. Por lo tanto, una evaluación precisa de la profundidad, las fortalezas y las debilidades de las relaciones chino-rusas es clave para determinar dónde los dos países se confabulan y dónde no en los asuntos internacionales, esto es especialmente patente en Europa y Asia. Hablaremos entonces de una comprensión de cómo China ve su relación pasada, presente y futura con Rusia, siendo el primero el socio más fuerte de la ecuación.

¿Cómo podemos entender la evaluación de China del poder integral de Rusia y, en consecuencia, la alineación de las visiones política, estratégica y económica de China y Rusia? Encuentro que una estrecha alineación para contrarrestar a Estados Unidos entre Beijing y Moscú se debe principalmente a su percepción de relativa «hostilidad por parte de Estados Unidos» al hecho de que ambas son potencias revisionistas (aunque de diferente forma) del orden nacido de la posguerra de la Guerra Fría. Mientras tanto, las preferencias de liderazgo, especialmente la afinidad personal de Xi hacia Rusia y Putin, también juegan un papel clave en impulsar la alineación con Rusia, posiblemente más allá de los intereses nacionales de China. Sin embargo, estos factores no niegan el hecho de que China y Rusia difieren fundamentalmente en sus visiones y enfoques del sistema internacional. Su alineación se basa principalmente en su agenda antiestadounidense y de contrapeso a los intereses nacionales del hegemón americano por el dominio del Rimland que acorrala el Heartland sino-ruso.

¿Cómo entender lo que piensa Beijing de Moscú?

Dadas las restricciones de viaje durante la época Covid y el control producido por el cortafuegos de China, mi análisis se basa más en investigación de artículos académicos chinos en inglés. También me apoyo en los trabajos de expertos en Rusia desde hace mucho tiempo, como Feng Yujun y Ji Zhiye, ex vicepresidente y ex presidente de los Institutos de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China (CICIR), respectivamente. CICIR es el grupo de expertos en relaciones internacionales con mayor autoridad en China y desempeña un papel inigualable en el aparato de seguridad chino, algo parecido al Council of Foreign Relations de los EEUU. Como tales, sus puntos de vista tienen un peso significativo.

También hay voces en China que cantan grandes elogios por la relación chino-rusa y su valor. Estas voces satisfacen las preferencias de Xi y son políticamente convenientes, pero obstruyen una lectura clara de las evaluaciones e intenciones chinas. Aún así, encuentro que tanto los que abrazan a los rusos como los que critican a la relación con ellos comparten la misma evaluación básica: que Rusia es una potencia destructiva del orden internacional actual, China es revisionista pero no plantea dicha crítica en términos tan duros como los chinos dado que hay puntos del sistema internacional actual que le benefician, debido a eso existe una diferencia fundamental en los objetivos y enfoques del sistema internacional ruso y chino. En China, lo que separa a los partidarios y los críticos de una relación chino-rusa sólida es si uno cree que las oportunidades y los beneficios de asociarse con Rusia superan los riesgos y los costos, y por cuánto tiempo.

-Unidos por un adversario mutuo:

China y Rusia están unidas por dos factores. El primero es la amenaza compartida que plantea Estados Unidos. El segundo es una nostalgia a nivel político por la asociación chino-soviética para luego tener un claro distanciamiento tras la muerte de Stalin. Sin embargo, la característica más destacada de la alineación chino-rusa en la actualidad es su percepción de seguridad respecto a un EEUU hostil. Esto no significa que China y Rusia no tendrían ninguna relación sin esta perspectiva compartida: siempre la han tenido y siempre la tendrán. Pero sí significa que la forma y la salud de su relación serían completamente diferentes si la percepción de amenaza compartida de los Estados Unidos no estuviera presente.

Antes de la crisis de Ucrania de 2014, China y Rusia tenían una relación algo más tibia. Sin embargo, la crisis creó un hito que llevó a los expertos del gobierno chino a designar 2014 como “ un año de aceleración anormal en la mejora de las relaciones chino-rusas ” , aunque esta aceleración debe ser parcial ya que China aún no ha reconocido la anexión de Crimea por parte de Rusia. Aun así, en esa época, la ansiedad estratégica de China por la estrategia estadounidense de “reequilibrar Asia ” coincidió con el temor de Rusia por la posible expansión de la OTAN a Ucrania. Como tal, China tomó una determinación que “China y Rusia enfrentan la misma presión internacional estadounidense en una amplia gama de temas, desde la gobernanza global hasta su vecindad y sus asuntos internos o sus asuntos de seguridad más inmediatos”. Para Pekín, tanto China como Rusia se identifican como potencias revisionistas en el orden internacional (aunque el título común oculta las distinciones críticas de sus objetivos deseados). Además, Estados Unidos constituye la amenaza más importante para ambos países en sus teatros principales: China en el Pacífico occidental y Rusia en Europa del Este. Por lo tanto, se busca la alineación y la cooperación, casi instintivamente, para mitigar el aislamiento de China y Rusia por parte de Occidente, dividir la atención y los recursos estadounidenses y complicar la planificación militar estadounidense en ambos teatros genera en ese sentido que EEUU le cueste más jerarquizar intereses.

Tal alineación es importante para aliviar la presión estratégica sobre China, al menos psicológicamente. Como mínimo, brinda la seguridad de que China no está contrarrestando sola la hegemonía estadounidense. Mientras Estados Unidos persiga la “ doble contención ” tanto de China como de Rusia, la alineación sino-rusa tendrá motivación y justificación. Dado el tema general de la estrategia de seguridad nacional china que define a Estados Unidos como la principal amenaza de China, cualquier desacuerdo con Rusia se considera secundario y las capacidades diplomáticas y militares rusas se considerarán un activo valioso.

Sin embargo, la afición de Rusia por las maniobras estratégicas, como la utilización de la guerra híbrida, también constituye un riesgo importante para China. Cuatrocientos años de relaciones chino-rusas han enseñado a los chinos que durante los conflictos de China con otros, el modus operandi ruso es maximizar sus propios beneficios en nombre de la mediación y la asistencia a China. Por ejemplo, Rusia se hizo con un millón de kilómetros cuadrados de territorio chino a través de su mediación en la Segunda Guerra del Opio. Por lo tanto, la evaluación por parte de China en manos de Rusia es que Moscú no solo ve la “ nueva Guerra Fría” entre Washington y Beijing como beneficioso para Rusia, pero que Rusia también es responsable de “explotar y profundizar la sospecha, la hostilidad y el miedo” entre Washington y Beijing a través de maniobras y manipulaciones diplomáticas. Sin embargo, estos expertos también advierten enérgicamente sobre los actos rusos de » equilibrio y unión » con China.

Mientras Estados Unidos siga siendo la mayor amenaza para China y Rusia, esta última manejará sus diferencias para cumplir el objetivo más importante de contrarrestar la presión estadounidense. Sin embargo, mientras tal alineación es fuerte en términos de palabras y posturas, es débil en las acciones. Como lo atestigua la declaración conjunta de China y Rusia durante la visita más reciente de Putin a Beijing, los dos países son expertos en expresar verbalmente sus posiciones compartidas y su apoyo mutuo, pero les faltan políticas concretas que adoptar. Por ejemplo, mientras China intenta medir el apoyo sustantivo de Rusia en el Mar Meridional de China y en Taiwán, no han surgido más que declaraciones tibias, junto con un ejercicio militar conjunto en el Mar Meridional de China en 2016. Si bien el apoyo en este dominio limitado no es suficiente para decir que existe la coordinación de China y Rusia a escala global, la autenticidad de la amistad chino-rusa se pone a prueba por cómo Rusia actuará hacia las preocupaciones de seguridad más importantes de China, como Taiwán y el Mar de China Meridional.

La alineación chino-rusa también es vulnerable a los cambios en el equilibrio de las relaciones entre Estados Unidos, China y Rusia. Esta es la principal debilidad de una relación impulsada por factores externos, a los ojos de los analistas chinos. Tal como lo expresó Ji Zhiye , expresidente de CICIR, la relación chino-rusa es “temporal, incierta, vulnerable y podría verse gravemente debilitada incluso por cambios leves en el factor externo (la política de EE. UU. hacia ambos)”. La mejora de las relaciones con los Estados Unidos, ya sea por parte de China o Rusia, socavará la confianza de la otra parte. Además, la abrumadora dependencia rusa de China por las amplias sanciones occidentales sembrará las semillas del descontento ruso contra China y dará como resultado esfuerzos para distanciarse y contrarrestarla en caso que EEUU y la UE aflojen la apuesta contra Rusia.

-Unidos desde la cima.

Aunque el factor estadounidense es el principal impulsor de la relación chino-rusa, hay un impulsor menos conocido y más oculto en el lado chino: el “complejo de Rusia ” de Xi . Después de 1949, la nueva China adoptó la sovietización/estalinización completa en sus sistemas ideológico, político, económico y militar. La mentalidad y la cultura soviéticas fueron admiradas, abrazadas y absorbidas en China “ hasta unos niveles muy elevados. La formación académica de Xi estuvo profundamente moldeada por la cultura rusa, lo cual reconoció durante su visita a Rusia en 2014. La nostalgia y la preferencia por la historia y la cultura rusas es un fenómeno amplio observado entre personas que crecieron en las décadas de 1950 y 1960, especialmente en países que tuvieron una deriva socialista. Xi, como príncipe de esa generación, se encuentra entre los más saturados por la influencia soviética. Además, según expertos chinos, el “complejo de Rusia” de Xi incluye una gran admiración por Putin como líder fuerte y un profundo deseo de ser un par de Putin . Xi es poderoso porque China es poderosa, pero Putin es visto como poderoso incluso cuando Rusia es mucho más débil que el gigante asíatic . En la cultura popular china, Putin es apodado “ el Gran Emperador ” (大帝), que es inteligente, decisivo, manipulador y poderoso. Este es un estatus que Xi desea profundamente según algunos analistas de geopolítica, siendo el factor psicologista de la cima de la toma de decisiones de China en este caso relevante.

El resultado principal del “complejo de Rusia” de Xi y la admiración por Putin es un sesgo selectivo en su juicio sobre el poder nacional de Rusia. Xi es propenso a sobrestimar las fortalezas y la confiabilidad de Rusia, mientras subestima sus debilidades y los riesgos que representa para China. Significa que es más probable que Xi vea a Rusia bajo una luz favorable, al igual que ve a Estados Unidos a través de una lente hostil. En consecuencia, está a favor de alinearse con Rusia, especialmente dadas sus “ luchas con EE. UU .” para reclamar el lugar que le corresponde a China en el mundo. Como factor interno, el “complejo de Rusia” de Xi acelera y agrava el alineamiento de China con Rusia, y algunos expertos chinos han argumentado que la creciente relación entre China y Rusia va en contra de los intereses nacionales de China en algunos casos, algo que podríamos matizar.

-Evaluación de China del poder nacional de Rusia:

Independientemente de los impulsores circunstanciales, el determinante más importante de las relaciones entre China y Rusia es cómo China ve a Rusia como una potencia, su fortaleza, sus debilidades y cómo afectan a China. Ahí es donde debe comenzar un análisis de la relación de China con Rusia. En China, Rusia es considerada como una de las tres únicas potencias mundiales con influencia global, junto con Estados Unidos y China. Esta evaluación no se basa en factores singulares como la riqueza económica o los activos militares, sino más bien en un juicio sobre el poder nacional integral de Rusia.

Cuando China mira a Rusia, ve una nación dividida entre ambiciones de gran potencia y capacidades decrecientes.. Esa tensión, en opinión de China, es el origen fundamental de la inseguridad, la ansiedad y las opciones estratégicas de Rusia en la actualidad. Sin embargo, a juzgar por la mayoría de los indicadores internos, Rusia no es una gran potencia. Su economía se ha estancado , con una tasa de crecimiento anual no especialmente abultada, y sin una gran demografía a futuro. Además, la economía rusa se contrajo un 3,1 por ciento en 2020 debido a los efectos de la pandemia de COVID-19. El producto interno bruto de Rusia ocupa el puesto 11 en el mundo, que es solo el 7 por ciento y el 10 por ciento de las economías de EE. UU. y China, respectivamente. En 2021, el gasto en investigación y desarrollo de Rusia ascendió a 60.570 millones de dólares, o alrededor del 10 por ciento del gasto chino y estadounidense, respectivamente. En 2020, el gasto militar de Rusia fue de 61.000 millones de dólares , lo que representó alrededor del 24 % y el 7,8 % del gasto en defensa de China y Estados Unidos, respectivamente. Si el gasto es el indicador más convincente de la fortaleza y la trayectoria futura del país, el de Rusia no inspira confianza, aún cuando esta sea una potencia regional relevante. Aún sin ser lo que se entiende como gran potencia.

Aunque la tasa de crecimiento económico de Rusia llegó al 4,7 por ciento en 2021, China no ve una trayectoria positiva para la economía rusa en los próximos años. Los esfuerzos para frenar las emisiones de carbono de China más para disminuir la contaminación de sus grandes urbes reducirán los ingresos por exportación de energía de Rusia a largo plazo aún cuando China sigue necesitando utilizar combustibles fósiles masivamente. La fuga de capitales en Rusia es común debido a una élite nacida de la época poscomunista más reciente. Esta élite económica bastante occidentalizada junto con la fuga de cerebros de intelectuales y élites rusas es quizá uno de los principales problemas para el país euroasiático. No importa cómo lo mire China, desde las regulaciones nacionales hasta la competitividad internacional, desde la cantidad y el nivel de educación de la población hasta la reducción de la capacidad de alta tecnología, la economía rusa no cuenta con una perspectiva a largo plazo ganadora, estando en la tesitura de gestionar su decadencia lo mejor que pueda.

China también considera que el entorno externo de Rusia se ha deteriorado significativamente desde la reciente crisis de Ucrania por las demandas de seguridad rusas, especialmente en sus relaciones con Occidente. La gobernanza mundial, incluido el sistema financiero internacional, el comercio, no son el punto fuerte de Rusia, y su papel en la gobernanza mundial se limita al poder de veto del Consejo de Seguridad de la ONU y la influencia en Asia Central, el Cáucaso y Europa Oriental, es decir un papel de potencia regional. Rusia ha trabajado vigorosamente para consolidar su influencia dominante en Eurasia, aunque el resultado es, en el mejor de los casos, mixto cuando se consideran los 11 estados de la Comunidad de Estados Independientes.

Tradicionalmente, China tiene un gran respeto por Rusia como potencia militar, pero ese respeto está disminuyendo. El gasto militar de China es actualmente cuatro veces mayor que el de Rusia. En el discurso chino, si Rusia no tiene el presupuesto para investigación y desarrollo militar y actualizaciones de sistemas, se quedará cada vez más rezagada respecto al gigante asiatico, aún cuando puede mantener cierto liderazgo en algunas áreas, siendo este una opción fuera del mundo occidental a material militar.

Pero hay un aspecto del poder nacional de Rusia que suscita el mayor respeto de los estrategas chinos: la visión estratégica de Rusia y su fuerte voluntad y capacidad para utilizar, combinar e integrar el poder militar, la maniobra diplomática y la guerra híbrida para promover tal visión. Rusia combina varias herramientas para crear el caos o situaciones que le beneficien, ayudándola a lograr objetivos geopolíticos que de otro modo no habrían sido sostenibles para un país de su tamaño y medios. La capacidad de combinar habilidades diplomáticas, manipulación estratégica y guerra híbrida para lograr objetivos geopolíticos es el único rasgo que China por ejemplo a día de hoy no tiene.

En comparación con todos los países excepto Estados Unidos, Rusia disfruta de una fuerza superior en capacidades diplomáticas, militares, energía y de inteligencia, pero es inferior en poder tecnológico, económico y financiero. Según destacados expertos chinos sobre Rusia, esta discrepancia es la razón fundamental por la que a Rusia no se le debe subestimar, pero tampoco infraestimar. La fuerza de Rusia no reside en su capacidad para ser una potencia generadora de grandes espacios geopolíticos como es el caso de EEUU, sino en su capacidad para disuadir y tratar de evitar la formación o ampliación de estos. Rusia no puede cooperar ni liderar como fuerza hegemónica global, pero puede socavar y destruir los esfuerzos de otros. Esta es la esencia de la “ estrategia del caos ” de Putin en la narrativa occidental. Entendiendo este aspecto del poder ruso, China sigue rechazando una alianza, aún cierta alineación de intereses con Rusia a partir del 28 de febrero de 2022 y ahora mismo, días después de la invasión rusa de Ucrania.


¿Posibilidad de desalineación?

Al evaluar la alineación chino-rusa, es importante examinar sus grandes objetivos estratégicos, no sus posturas a corto-medio plazo. En pocas palabras, ¿China y Rusia comparten la misma visión final y el mismo enfoque del sistema internacional? Con esta pregunta en mente, las perspectivas de una cooperación chino-rusa a largo plazo se ven limitadas en última instancia por cuatro factores importantes:
-Primero, China y Rusia tienen visiones diferentes del orden internacional.
-En segundo lugar, como se argumentó en la sección anterior, China cree que las ambiciones de Rusia superan sus capacidades.
-Tercero, China teme una traición rusa a China (al igual que China traicionó a la Unión Soviética durante la Guerra Fría). Algo que es más remoto dada la disputa occidental y rusa por Ucrania.
-Cuarto, las dos economías no son mutuamente complementarias a largo plazo a excepción de temas energéticos. Profundizar en estos factores debería decepcionar a los entusiastas de una alianza chino-rusa.

China y Rusia difieren significativamente en la forma en que ven sus roles y su relación con el sistema internacional. Como ha señalado Xi Jinping , China es beneficiaria del sistema internacional desde el final de la Guerra Fría. Por lo tanto, Xi busca reformar el sistema, pero no busca reemplazarlo. Muchos observadores han encontrado esta declaración incrédula, viendo la visión de Xi, como la Comunidad de Destino Común, como un reemplazo del orden internacional actual tal como lo conocemos. Sin embargo, el hecho es que China se ha beneficiado enormemente de esto, y Beijing no querría perder su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y el libre comercio con Occidente que ha hecho crecer en proporciones inmensas sus exportaciones y acceso a capital internacional.

En comparación, Putin califica de tragedia la disolución de la Unión Soviética y ve a Rusia como una víctima del mismo sistema internacional del que China se ha beneficiado. Como tal, la estrategia de China ha sido en gran medida un “ascenso pacífico”: apostar por la supremacía mundial superando a Estados Unidos sin una guerra o una interrupción importante. Esta es la esencia del “ nuevo modelo de relaciones de las grandes potencias”, propuesto por Xi como mecanismo pacífico para gestionar la transición de poder y evitar un enfrentamiento, obviamente Pekín defiende esto porque prevé que la economía china absorberá más y más influencia simplemente por su gran tamaño. Por el contrario, la ventaja comparativa de Rusia —su poder militar y diplomático y su enfoque de guerra híbrida— radica en su estrategia de caos para maximizar la influencia rusa y el poder de negociación. En otras palabras, Rusia se beneficia de la inestabilidad, mientras que China prefiere la estabilidad. Ambos buscan revisar el orden internacional, pero difieren en el proceso por el cual quieren cambiarlo y la magnitud de los cambios que prefieren.

No se puede negar que China también se beneficia hasta cierto punto del caos que crea Rusia. Como mínimo, Rusia podría distraer a Estados Unidos y mitigar el impacto de la competencia estratégica de Washington sobre China. Sin embargo, más allá de su agenda antiestadounidense compartida, China y Rusia difieren en su gran visión del orden internacional. El orden internacional deseado por China es jerárquico , con China a la cabeza. Dentro de ese orden, Rusia es inferior a China y tendría que mostrar deferencia. Sin embargo, este no es el futuro deseado de Rusia. Rusia busca el estatus de par con China y está alineando activamente sus posiciones con India, Japón y el sudeste asiático para contrarrestar la influencia geopolítica de China.

Desde el punto de vista chino , Rusia no solo busca convertirse en el “tercer polo” en el sistema internacional y líder de un nuevo Movimiento de Países No Alineados, sino que también quiere liderar ese movimiento para contrarrestar tanto a Estados Unidos como a China. En consecuencia, Beijing cree que Moscú no se pondrá del lado de Beijing para confrontar a Washington, sino que aprovechará la competencia entre Estados Unidos y China para allanar el liderazgo de Rusia en un nuevo orden mundial. Aquí es donde China y Rusia se separan, y por qué Rusia persigue la venta de armas y la cooperación en defensa con India y Vietnam ,dos grandes dolores de cabeza para China.

El desajuste entre China y Rusia también se refleja en su bajo nivel de comercio bilateral, cuantitativa y cualitativamente. El comercio chino-ruso aumentó en la impresionante cantidad de 146.900 millones de doláres , o 38.5% por ciento, en 2021. Sin embargo, la mayor parte de este aumento provino de la inflación de los precios de la energía. El volumen del comercio entre ambas potencias aumentó en el orden del 6 por ciento. Para poner esto en perspectiva, el comercio chino-ruso es menor que los 166.000 millones de doláres en comercio de China con Vietnam. Además, el comercio aún está desequilibrado ya que los recursos naturales representan más del 70 por ciento de las exportaciones totales de Rusia a China.

El desequilibrio en sí mismo no sugiere una desalineación, pero sí lo hace el papel principal de Rusia como proveedor de materias primas. La transformación económica de China se basa en altas tecnologías, como la IA y los nuevos recursos energéticos. Como se mencionó, el gasto en investigación y desarrollo de China es 10 veces mayor que el de Rusia. En cuanto a las nuevas energías, el compromiso de China de reducir las emisiones de carbono, únicamente para reducir su dependencia de las materias primas importadas y reducir la contaminación en sus ciudades, eventualmente conducirá a una disminución de las importaciones de energía de Rusia. En otras palabras, Rusia jugará un papel menor en esta transformación económica de China fuera de las necesidades crecientes de esta de crudo y gas, ya que China no es capaz de descarbonizar su economía tan rápido como crece y se desarolla.

En el contexto de la disociación entre Estados Unidos y China, Rusia no desempeña ningún papel en la sustitución de las pérdidas de China en productos de alta tecnología, y la posición de Rusia en la industria mundial de alta tecnología está muy por detrás de China, quizás con la única excepción de las tecnologías militares. Por ejemplo, después de la crisis de Ucrania de 2014, Rusia ha confiado en China para importar chips de semiconductores. En otro ejemplo, durante la reciente guerra comercial entre Estados Unidos y China, los dos países esperaban que la soja rusa pudiera compensar la pérdida de China en la soja estadounidense. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que la producción total de soja de Rusia ( menos de cinco millones de toneladas por año ) era menos del 20 por ciento de las importaciones de China desde los Estados Unidos (32 millones de toneladas en 2021). En general, aunque podría equivocarme, debido al tamaño y la estructura de la economía rusa, Rusia no es un candidato probable para un papel más importante en el futuro de la economía china.

-¿Y entonces, qué sigue?

¿Cómo podemos cuadrar el círculo entre la visión crítica y negativa de la alineación política china sobre Rusia y la alineación aparentemente cada vez mayor entre los dos países? De hecho, como parece sugerir la declaración conjunta del 4 de febrero , China y Rusia se apoyan mutuamente en muchos dominios de la política internacional. La declaración de una asociación “sin límites” entre China y Rusia parece estar teniendo lugar en la crisis de Ucrania, donde China se ha abstenido de oponerse a Rusia.

La declaración conjunta y la aquiescencia de China (o incluso el apoyo tácito) en la crisis de Ucrania ilustra una realidad difícil: en respuesta a la creciente competencia estratégica con los Estados Unidos, China está recurriendo a Rusia en busca de apoyo, a pesar de la desalineación entre los intereses nacionales de Beijing y Moscú que puedan ocurrir a largo plazo por diferentes vicisitudes, que aún no se han dado por motivos de interés nacional mutuo. No hay mejor ejemplo de “matrimonio de conveniencia” que esté, y hay que ver hasta qué punto, si se formaliza una alianza teniendo en cuenta la conveniencia, hasta qué punto pagará China (o Rusia) un alto precio por esta elección. Dado que, y salvado las obvias diferencias, Rusia se parece más a la posición del Imperio Austrohungaro, y China a la Alemania Guillermina. Una potencia en decadencia, con problemas internos, pero con un poder continental relevante, frente a oro que es una potencia ascendente, que quiere discutirle el poder y el control de Eurasia y de los mares a EEUU.

Es difícil predecir la longevidad y la estabilidad de la actual alineación chino-rusa. Comienza y termina con la agenda antiestadounidense de China y su demanda de energía y materias primas, pero se fortalece con las preferencias personales de Xi y futuros líderes chinos de su cuerda. Hay un famoso dicho chino entre manos rusas que dice que China y Rusia solo pueden compartir miserias, pero no felicidad (中俄只能共苦,不能同甘). Sin visiones, objetivos y enfoques compartidos, China y Rusia se alinearán contra un enemigo común. Sin embargo, se dividirá de manera destructiva cuando ese delicado equilibrio sea interrumpido por cualquier cambio estructural, aunque esto es solo una hipótesis, y de ninguna manera podemos hablar de esa situación a día de hoy, el futuro durante este siglo dirá, y esperamos estar ahí para verlo.

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